jueves, 4 de diciembre de 2008

Wovenhand, "Mosaic"


De gira actualmente por Europa, presentando un nuevo trabajo que responde al nombre de “Ten Stones”, reivindico aquí el que para servidor es el mejor disco grabado hasta la fecha por Wovenhand. Editado en el año 2006, “Mosaic” es pura Iglesia. Pero Iglesia gótica y mala onda. Un trabajo que es capaz de zambullirnos directamente en la oscuridad, descubriendo mundos atmosféricos, oníricos, incluso abstractos, en el marco de una densidad sonora que surge desde la espiritualidad, la religión y los miedos atávicos del país de las barras y estrellas. Recordando en ocasiones a Sisters of Mercy o la Bauhaus, incluso a la Joy Division más siniestra, siempre y cuando estos grupos se hubieran formado en algún árido poblacho de Colorado, Wyoming, Oklahoma o Nuevo Méjico.

Y ese es el discurso de Wovenhand, un western gótico y crepuscular oficiado por Su Santidad el reverendo Edwards. ¡Ah! Que no lo había dicho. Detrás de esta gente se halla el gran David Eugene Edwards, líder de los tristemente desaparecidos 16 Horsepower, a los que ya dediqué una entrada hace tiempo. Un tipo que, según cuenta la leyenda, es hijo de un predicador cristiano. Lo que cuadra a la vista de la retórica y ademanes que se gasta

viernes, 28 de noviembre de 2008

Gira de Electric Six


Estos seis cabrones de arriba son los miembros de Electric Six, banda de Detroit liderada por el inefable Dick Valentine. Su carta de presentación es una versión del característico sonido garage de su ciudad natal, a la que añaden elementos propios del retrodisco

El caso es que en el transcurso de su gira 2007, tuvimos la suerte de verles en la Sala Durango. Pero como no todos los días son fiesta, ahora que vuelven a coger la furgoneta y rodar por las salas españolas, se han saltado Valencia para ir a parar al Auditorio de Murcia. En fin… Como no pienso acercarme hasta allá abajo, me quedo con los recuerdos y me consuelo revisando sus desopilantes vídeos. 

Dejo aquí aparcados los tres mejores: “Danger, High Voltage”, a la postre su primer “gran” éxito (con la curiosidad de que las voz de la chica es realmente la de Jack White de The White Stripes);  la archiconocida “Gay Bar”; Y el homenaje burlesco del clásico de Queen “Radio Ga Ga”.

Gay Bar 

Radio Ga Ga

Danger! High Voltage 

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Danko Jones - Never too loud

Con cinco álbumes ya sobre las espaldas, Danko Jones lanzó este 2008 “Never too loud”, un buen disco de hard rock muy fiel a ese estilo cañero y macarra, rebosante de energía y fácil de escuchar para cualquier rocker de medio pelo. Según dicen la propuesta mejora en los directos. Ahí el gamberro músico canadiense y sus secuaces se dejan el alma e incluso algo más. Confiado de que alguna vez se presenten por estas tierras para comprobarlo, que mejor manera de esperar que con la escucha de este elepé. Editado por el sello sueco Bad Taste Empire, que tiene el honor de haber publicado sus dos mejores discos. Os hablo de este último y por supuesto de su antecesor “Sleep is the enemy”, en el que se incluía la archiconocida “First Date”.

Centrándonos de nuevo en “Never too loud”, decir que Mr. Jones se hace acompañar otra vez por John Calabrese al bajo y Dan Cornelius a la batería. Y el trío factura once temas repletos de sonidos afilados, certeros y totalmente compulsivos, marca de la casa. Aunque con menos decibelios y agresividad que antaño. De entre los cortes destacan “Code Of The Road”, single de presentación cuyo vídeo incrusto en el post, “King Of Magazines”, mi favorita, o la extraña “Forest For The Trees”, donde colabora el ínclito John García (Kyuss) y que para muchos es la mejor del álbum.

Lógicamente a quiénes ya seguíais a Danko Jones no os va a sorprender el disco. Pero al resto y muy especialmente a aquellos amantes de los sonidos más roqueros que no le conocierais, estoy seguro que os va a molar la peculiar propuesta de un tipo cuya personalidad y actitud no ofrece discusión. 


domingo, 23 de noviembre de 2008

Damien Jurado en el Black Note - 21/11/2008


El pasado viernes noche tuve la suerte de ver en directo, por primera vez y espero que no la última, a uno de mis cantautores predilectos. Os hablo por supuesto del norteamericano Damien Jurado. La expectativa por tanto era muy alta. Más si cabe cuando el de Seattle acaba de lanzar su nuevo álbum, el noveno en apenas diez años de carrera. “Caught in the trees” que así se llama y que es, desde mi punto de vista, lo mejor que ha publicado hasta el momento. Un trabajo en el cual se respiran nuevos aires, sobre todo comparándolo con “And Now That I´m In Your Shadow”, su anterior entrega en formato quasi suicida. Bien es cierto que el cambio se refiere exclusivamente a lo instrumental, porque en lo que respecta a las letras “Caught in The Trees” es hasta más triste que aquel. O deliciosamente triste, para tirarme un pegote literario cual columnista de postín. Según parece, tiene que ver con el matrimonio Jurado, roto tras la friolera de trece años de felicidad. Cumpliendo con ese tópico que reza que los discos nacidos de un corazón partío tienen un algo especial que nos engancha y hace sentir como propias las desgracias ajenas. Esto sí que es un encuentro con el otro y no lo que contaba Kapuscinski.

Un poco antes que Damien, a eso de las diez y media, se plantó sobre el escenario el tal Llum, semidesconocido cantautor de la terreta. Y lo hizo a través de cinco o seis temas de folk desnudo y de habitación que no sonaron para nada mal. Para los que no lo sepáis, Llum no es otra cosa que el proyecto musical en solitario de Jesús Sáez, baterista de los valencianos Polar y también crítico musical. Inmediatamente después y tras saludar educadamente al respetable, salió a escena un Damien Jurado que de inmediato comenzó a desgranar los maravillosos cortes de su nuevo álbum. Empezando por “Gillian was a horse”continuando con “Paper Kite” y “Go first”, hasta alcanzar el clímax con “Caskets”, la mejor canción del disco y de la que os enlazo el bonito vídeo promocional.

La verdad es que, acudí al concierto sabiendo de la calidad de los cortes incluidos en “Caught in the Trees”, por lo que esperaba un bolo de padre y muy señor nuestro. Aun así la incertidumbre estaba en ver en qué plan nos visitaba su hacedor. Cuestión que quedó disipada tras los primeros acordes de “Gillian was a horse”. La cosa iba muy en serio. Damien y su grupo de acompañamiento vinieron a ofrecer un conciertazo, repleto de momentos mágicos a recordar durante años. Dignificando todos y cada uno de los trece cortes incluidos en el último trabajo. Teniendo tiempo para rememorar de forma brillante algunas cositas del pasado.

No he mencionado que la banda de acompañamiento estaba formada por Eric Fisher y Jenna Conrad, quienes intercambiaron instrumentos a lo largo de todo el show. De hecho, esta última se convirtió en una pieza fundamental en el engranaje del grupo, adquiriendo mayor protagonismo como cantante. Y es que su cálida voz funciona como un complemento ideal a la del maestro de ceremonias. El gran Damien Jurado. Un puto genio. Ojalá nos dure. 

martes, 11 de noviembre de 2008

Ladytron, “Velocifero”


Una de las agradables sorpresas musicales de este 2008, es lo último de los británicos Ladytron. Quién nos iba a decir en el 2001 que estos cuatro chicos de Liverpool, con pinta de aprendices de Kraftwerk y  nombre de canción de la Roxy Music, iban a volver con este pedazo de disco bajo el brazo. Y es que Ladytron están de vuelta con “Velocifero”, el cuarto trabajo en su aún corta trayectoria. Desde ya uno de los momentazos del año en lo que a lanzamientos se refiere.

El álbum se presenta como un perfecto cruce de melodías pop ochenteras, ramalazos de rock machacón y, sobretodo, bases electrónicas de todo tipo y condición. Más cañeras en el caso de “Runaway”, o tirando a lánguidas como en el de “Ghosts”. Es por ello que se haga difícil bautizar estilísticamente el nuevo artefacto. La receta se compone de diferentes elementos que, una vez mezclados y adecuadamente presentados, configuran un sonido propio con el que es complicado establecer comparaciones. No obstante, aunque parezca contradictorio y seguramente lo sea, escuchando algunos de los cortes me vienen a la cabeza mil grupos… Desde My Bloody Valentine, a Nine Inch Nails, pasando por Butterfly Messiah… Aunque luego los vas descartando uno tras otro.

Con todo, lo más interesante de “Velocifero” es como ahonda en esos sonidos teñidos de oscuridad, muy en la línea del electro-dark centroeuropeo, pero sin renunciar a las melodías dulces conducidas por la voz seductora de Helen Marnie. Tampoco a las distorsiones, a las potentes percusiones y a las guitarras, por supuesto. A mí lo que más me gusta es la contundencia rítmica en canciones como “Black Cat”, cantada en búlgaro por Mira Aroyo. También las siniestras atmósferas de “Burning Up”, a mi modo de ver, el mejor corte de todo el álbum. Sin perder de vista el que es y será el pepino promocional: “They Gave you a Heart, They Gave you a Name”.

Así pues y en resumen, gran retorno el de Marnie, la búlgara y los dos maromos a través de un gran disco que no decae en ningún momento durante sus trece canciones. Que no obtendrá el inmenso caudal de loas y parabienes de su predecesor “Witching Hour” y eso que, en varios aspectos, lo supera. Lástima no poder ver su puesta en escena y eso que lo tuve cerca. Hace unos meses pasaron por Valencia en el marco de su gira española y me los perdí. Otra vez será.

sábado, 1 de noviembre de 2008

Escuchando a Jason Molina

Una voz y una guitarra, ¿acaso hace falta algo más? Con eso el líder de Songs:Ohia y Magnolia Electric Co., dos de las mejores bandas surgidas en la última década desde los EEUU, se basta y se sobra para crear este disco de nueve cortes en el que nos muestra todo lo que lleva dentro. El de Ohio compuso las piezas en 2004 en Bloomington, Indiana, aunque de forma inexplicable el álbum no vería la luz hasta el pasado 2006. Se titula “Let me go, let me go, let me go” y al igual que su anterior trabajo, sólo es posible adquirirlo en formato vinilo. Bueno, también se puede descargar de Internet pero eso no tendría mucho sentido. Si hay un cantautor contemporáneo cuya voz se ve especialmente favorecida por el peculiar zumbido del vinilo, ese es Jason Molina.

Estamos ante un elepé maravilloso, triste como él sólo, en el que Molina se desnuda y nos hace partícipes de sus sentimientos más íntimos. Parece pensado para esos días de lluvia y frío tan habituales por esta época del año. Si bien, llama la atención que los temas de la cara A sean un tanto más homogéneos en cuanto a concepto y sonoridad, que los de la cara B. En estos últimos se aprecia una mayor complejidad compositiva, amén de un mínimo empleo de otros acompañamientos. Con todo, la escucha de cualquiera de las caras del plástico supone una experiencia casi mística. En la primera parte sobresaliendo esa preciosidad titulada “Everything should try again”. Pero las mejores composiciones están al final. Concretamente en los cortes octavo y noveno, oseasé los dos últimos del álbum. “It costs you nothing” y muy especialmente el que da nombre a todo el disco y con el que se me ponen los pelillos de punta una y otra vez. Cerrando un trabajo enorme -¡otro más!- de este Rey Midas de la música americana. Y es que todo proyecto en el que se embarca Molina, en
 solitario o con sus amigotes, da un fruto memorable. Ansioso del próximo estoy, no digo más.

sábado, 25 de octubre de 2008

Americana All Stars



El pasado viernes en la Sala Matisse y bajo el cuestionable título de Americana All Stars, tocaron Stacey Earle & Mark Stuart junto al incombustible Jason Ringenberg, pero sin sus “chamuscadores”. Digo esto porque alguien debería delimitar de una puñetera vez ese estilo en el que todo cabe llamado americana. No puedo entender que con la misma etiqueta se identifique a bandas con un sonido tan diferente como los Drive-by Truckers, Pedro the Lion o Jason Ringenberg, por referirme a alguno de los que actuó anoche.
En todo caso y volviendo al tema que nos ocupa, asistimos a un buen concierto. Sorprendentemente bueno, añadiría. Porque la cosa no pintaba bien de inicio. Primero por la escasa afluencia de público. Inexplicable teniendo en cuenta el nivel de los artistas, el asequible precio de las entradas y el que se celebrase un viernes en una ciudad como Valencia en donde este tipo de eventos escasean. De ahí que haya escogido ilustrar la entrada con un escaneo de mi entrada, la número 0001. Por reivindicación y también porque debe ser la primera vez en mi vida que me pasa. En segundo lugar por la ubicación escogida para celebrar el evento, la Sala Matisse, en donde he padecido espectáculos lamentables por culpa de su pésima sonorización.

La cosa comenzó a eso de las once menos cuarto, cuando apareció en escena Jason Ringenberg ataviado con un sombrero de cowboy, botas camperas y una llamativa camisa roja con chorreras y flecos que es la misma que porta en la portada del disco recopilatorio del año pasado. Como ya he comentado venía sin The Scorchers, pero acompañado de su inseparable guitarra, ataviada para la ocasión con una gran pegatina de apoyo a Obama. La actuación fue divertidísima, alternando algunas de sus canciones más conocidas con monólogos y chistes, en inglés y español, lo que le valió para meterse al público en el bolsillo. Señalar que, más allá de su faceta como showman, el de Illinois es un músico enorme, lo cual quedó patente en la hora y cuarto que duró el concierto.

A continuación salieron a escena los cabeza de cartel: Stacey Earle y su inseparable Mark Stuart, pareja artística y en la vida real. Al igual que su telonero, la banda liderada por la hermana pequeña del gran Steve Earle, ofreció otro buen concierto de country, desgranando los once cortes de su último elepé titulado “Communion Bread”. Álbum un tanto más suave que sus anteriores y claramente dominado por esos bonitos juegos de voces, masculino – femenino, protagonizados por la feliz pareja. Tal vez debido al escaso aforo o por el buen rollo que se percibía en el ambiente, durante el último tramo Stacey y Mark bajaron a la arena para interpretar un par de temas rodeados del escaso público. Como colofón volvió a salir su amigo Jason, con quien ejecutarían los dos últimos temas de la noche.

Para acabar, un par de curiosidades. Primero decir que en mi vida había seguido un concierto sentado en un taburete. Y es que al principio éramos tan poquitos que se podía estar a dos pasos del escenario, disfrutando de una cerveza y bien sentadito. De hecho en el recinto hacía hasta fresco. Cosa extraña en un espacio que, a poco que se llena, se transforma en una sauna finlandesa. La otra anécdota tiene que ver con la actualidad política. Y es que el concierto se convirtió en una especie de acto de campaña en favor de Barack Obama, candidato demócrata a la presidencia de los EEUU. Al parecer tanto Ringenberg como Earle y Stuart son fervientes obamitas y es por ello que, además de llevar camisetas con el lema Obama'08, regalaban un póster promocional de su gira en el cual aparecían proclamas en favor del candidato negro.

Aunque lo más importante es que, en definitiva, lo pasamos de puta madre. En una muy agradable sesión de música COUNTRY - escrito así con mayúsculas- protagonizada por tres músicos de larga trayectoria que se mostraron muy próximos y hasta cariñosos con el respetable. Especialmente Ringenberg, en modo granjero loco, que departió y se hizo fotos con todo aquel que se le acercó.


Ah! Y lo siento por vosotros que faltasteis. ¡Pringaos!

viernes, 24 de octubre de 2008

Nine Inch Nails on Tour


Me acaban de pasar un puñado de espectaculares fotografías tomadas por Rob Sheridan durante la última gira de Nine Inch Nails. “Lights In The Sky: Over North America 2008”, que así se llamaba la cosa, embarcó durante el pasado verano a los chicos de Trent Reznor a través de los Estados Unidos y Canadá. La verdad es que las imágenes son espectaculares. Como los conciertos de la banda, vaya. Y casi cualquier cosa en la que Mr. Reznor ande metido.

Ahí van unas cuantas:




viernes, 3 de octubre de 2008

The Posies - Valencia 02.10.08


En el mundo de la música se imponen nuevas modas. Una de las últimas es la celebración de conciertos nostálgicos. Aquellos en los que veteranos de la escena reinterpretan sus discos clásicos o los sacan a pasear tal cual fueron concebidos originalmente. A eso último se han apuntado los Posies, embarcados en una gira que los llevará por diez ciudades españolas, incluyendo Valencia, dedicada a revisar los cortes de su trabajo más emblemático, el “Frosting on the beater” de 1993. Según cuenta Ken Stringfellow, cofundador de esta banda formada en Seattle a finales de los ochenta, el motivo de la gira se debe a que “nos dimos cuenta de que ese álbum cumplía 15 años, nosotros 20 como banda y nuestro sello en España, 10; nos lo ofrecieron y decidimos aceptar; no me gusta mucho la nostalgia y, claro, ese álbum no es mi favorito de la banda, pero entiendo que significó mucho para mucha gente; va a ser emocionante y osado”.

La verdad es que volver a escuchar el goloso sonido de The Posies siempre apetece. Más ahora que la banda ha dejado de ser una prioridad para sus miembros, con proyectos paralelos que ocupan la mayoría de su tiempo. Porque los años no pasan en balde para nadie y tanto Stringfellow como su amigo Jon Auer han sufrido una clara evolución y no sólo en lo musical. De hecho, en las horas previas al evento y mientras disfrutábamos de un bocata y unas cervecitas en un bareto frente al Greenspace, apareció un irreconocible Ken Stringfellow. Y cuando digo irreconocible, creedme. La mitad de lo que era antes, cuando tampoco es que nunca fuera un fortachón. Asemejaba a un secundario de “La Novia Cadáver” y con eso lo digo todo. Más impactante fue la puesta en escena de Jon Auer, por motivos opuestos. El menda se debería mirar lo de su peso. Y no es que antes fuera una sílfide, pero joder como se ha puesto de gordo el cabrón. Parecía un luchador de sumo con melena.

Ya hablando del concierto que es lo que importa, decir que no pasará a los anales de la historia, ni falta que hace. Porque sería injusto menospreciar el esfuerzo por interpretar dignamente canciones como “Dream all day”, “Solar Sister” o “Flavor of the month”. Tres de las mejores de su amplio repertorio y que probablemente no habrían tocado en directo desde hace años. Más o menos en eso consistió el show, hora y media largas de powerpop, buenas melodías y nostalgia noventera. Demostrando que los doce cortes que conforman tan icónico disco no han perdido un gramo de fuerza quince años después.

Un par de cuestiones aún antes de terminar. Me alucina la capacidad de salivar del señor Stringfellow. Y lo digo en serio. El tipo se pasó la noche lanzando gargajos a diestro y siniestro. Sí, ya me sé las probables causas de tan odiosa capacidad, pero aun así fue exagerado. Hasta el punto de que el bajista no se atrevió a acercarse a él por miedo a recibir un gapo. O quizás para no resbalarse con tamaña cantidad de líquido corporal esparcido sobre el escenario. La segunda es para reflejar una de las estampas más peculiares -por no decir cutres- que jamás haya presenciado en un evento de estas características. Y es que justo después de terminar el último tema, nos dirigimos raudos hacia el stand habilitado para la venta de cedés, vinilos y merchandising. Como llevábamos algo de prisa y queríamos echar un vistazo antes de marchar, llegamos bien colocados en el grupo de cabeza. Que no los primeros. Y es que la extraña pareja fue capaz de dejar sus instrumentos, sortear el mar de saliva generado por el flaco Stringfellow y correr hasta el stand más rápido que nosotros, que sólo estábamos a diez metros. Y con eso nos topamos, con Auer y Stringfellow tras el expositor haciendo aspavientos y salpicando a todo bicho viviente con sus efluvios corporales. Al estilo vendedora gitana de mercadillo, cedés en mano… “quemeloquitandelajmanoooo!!!”. La escena será recordada por muchos como uno de los episodios más bizarros jamás vistos. Una historieta del “gordo y el flaco” en vivo y en directo, y a todo color. Obviamente al final no tuvimos tiempo de mirar nada. 

A pesar de esto último, tengo que reconocer que el concierto fue bastante decente. Los Posies nos hicieron pasar un buen rato. Y quién sabe si era la última oportunidad de escuchar en directo a una de las bandas de rock más importantes e influyentes de los noventa. Supongo que no. Aunque solo el tiempo nos lo dirá.

lunes, 15 de septiembre de 2008

M.I.A.

Tras estas siglas se esconde la artista británica de origen tamil Mathangi Arulpragasam. Más fácil decir M.I.A. que significa tanto “missing in action” -desaparecido en acción o en combate-, como “Missing in Acton” que alude al barrio londinense donde nació Maya hace treinta y una primaveras. Esta joven licenciada en bellas artes, cinematografía y vídeo por la Universidad de Londres ha adquirido gran fama internacional, en parte gracias a diversas polémicas en los EEUU. La última ocasionada por su último sencillo “Paper Planes” -Aviones de papel- en la que se alude al fatídico 11-S. Hasta ahora había publicado tres álbumes en los que la irregularidad es la tónica: “Piracy Funds Terrorism” de 2004, “Arular” de 2005 y “Kala” de 2007. Un montón de composiciones que entremezclan elementos propios del hip hop, del reagge, el afrobeat, la electrónica y las músicas tradicionales indoasiáticas. Trabajos por los que algún crítico musical, con bastante mala baba, calificó su propuesta como una suerte de “Bollywood on acid”. Lo cierto es que es bastante injusto. La fórmula de la británica es mucho más interesante que eso, destacando por esas letras tan políticas que no eluden cuestiones polémicas como el conflicto armado en Sri Lanka, además de otros temas de la actualidad internacional. No es casual que sea hija de un importante revolucionario tamil.

A pesar de haberse labrado un nombre en su país, gracias a ilustres apoyos como el de Justine Frischmann de Elastica, la repercusión fuera no fue importante hasta que la Casa Blanca decidiera censurar algunas de sus letras. De hecho la cadena musical MTV prefirió no emitir su single “Sunshowers” hasta que no se retirasen las alusiones a la OLP. A mayor abundamiento en fechas recientes le negaron el visado para entrar en los EEUU, aspecto este que es tratado con ironía en la ya mencionada “Paper Planes”.

Con esta canción M.I.A. reinvidica su lugar en esta nueva onda tan en boga en la actualidad, que recurre a bases de hip hop y a miles de beats pegadizos sobre los cuales se insertan retazos provenientes de la música étnica. Y es de justicia remarcar que, al margen de la polémicas, “Paper Planes” es un pepinaco. Lo mejor que ha parido hasta el momento. Con esos efectos de sonido que incluyen disparos y el clink de cajas registradoras, que auguran un éxito instantáneo. Ahí os dejo el vídeo…


domingo, 31 de agosto de 2008

De aquellos pozos...


Que Daniel Day-Lewis es uno de los dos o tres mejores actores que tenemos en la actualidad es algo bastante obvio. Si no lo crees así, échale un ojo a “Pozos de Ambición” (There will be blood, 2007) de Paul Thomas Anderson, en dónde pone cara al protagonista principal. Una actuación magistral que le valió para obtener el Globo de Oro al mejor actor en la categoría de drama, así como el Oscar al mejor actor. Y ya sé que hay quiénes no están muy de acuerdo con esto. Sin ir más lejos tengo un amigo bastante desubicado, al que no convence el histrionismo de Daniel y me martillea en cada debate cinéfago con aquello de que “el británico siempre sobreactúa”. Pues bendito histrionismo… ¡Y viva la sobreactuación! Day-Lewis es capaz de llorar sin caer en el dramatismo facilón, sonreír y hacernos reír sin que resulte ridículo, hacer que sus personajes rezumen simpatía o antipatía y que de las dos maneras parezca verosímil. Alguien capaz de fumar con tremendo estilo y sin que resulte impostado, con la importancia que eso tiene en el mundillo de la actuación; que cuando bebe o come nos transmite sed y hambre, pero de verdad, con lo difícil que es… Resacoso, dormido, sereno, borracho, triste, radiante, tullido o hasta de espaldas a la cámara lo hace de puta madre… Y esta película no podía ser la excepción. El gachón está excelente, sin ningún género de dudas. Aunque le joda a mi broda’.

Premiada en el último Festival de Berlín, en la gala de los Oscars y por el Círculo de Críticos de Nueva York, la cinta es una adaptación de la novela “¡Petróleo!” que Upton Sinclair publicara en 1927. Narra la historia de un buscador de petróleo de Texas, que hace fortuna durante los primeros años del negocio, a comienzos del siglo XX. Transcurrido un tiempo y ya transformado en magnate, intentará adueñarse de un importante yacimiento ubicado en una pequeña población de interior. Encontrando la oposición de un predicador cristiano que se transformará rápidamente en la horma de su zapato.

La primera parte de la película es excepcional. Con apenas diálogos y casi sin música, sobresalen esas escenas iniciales en las que vemos cómo se va forjando el personaje. Los sufrimientos de quien acabará deviniendo en eso tan valorado por la sociedad norteamericana, lo del hombre hecho a sí mismo. La filmación es de un cuidado preciosismo, bellísima. Destacando los abundantes claroscuros que resaltan más si cabe la rudeza en los rostros y también lo duro de la empresa emprendida. Ya entonces y a través de la afilada cámara de P.T. Anderson vemos como ese hombre asume ser un canalla sin redención. Aunque no va a ser hasta la segunda parte que observaremos como el monstruo despliega sus alas. Ciego de ambición, no cejara en el empeño hasta convertirse en millonario. Comportándose como un miserable capaz de todo con tal de colmar sus ansias de riqueza. Y saciar su sed de petróleo, por supuesto.

Y es que, por si no había quedado claro, “Pozos de ambición” es la historia de una ambición desmesurada. El auge y caída de un ser humano cuya codicia le llevará hasta la destrucción moral y también física más absoluta. Obra oscura, deprimente y opresiva como pocas. La única pega es, por decir algo, el exceso de frialdad en algunas de las escenas. Aquellas que parecen filmadas no tanto para resultar claves en el desarrollo de la historia, sino para que el director se luzca. Y que nos quedemos con la boca abierta ante esa belleza quasi pictórica. ¡Bendito problema! Tampoco estoy de acuerdo con un metraje a todas luces excesivo. En esto sí creo que el director se equivoca. Debería haber acortado un poco hacia final, ahorrándonos ciertas teatralizaciones. Esas con las que recalca mensajes que tienen que ver con la eterna fricción entre el poder, la religión o la familia, y que ya habían quedado más que claros. Esa “violencia tragicómica con la que se resuelve el final” tal cual lo ha definido algún crítico.
A pesar de todo y con las reservas expuestas, me ha encantado la película. Siendo además una extraordinaria muestra de estilo. El del siempre interesante P.T. Anderson, director californiano también responsable de films como “Embriagado de amor” (2002), “Magnolia” (1999), “Boogie Nights” (1997) o Sidney (1996). Desde luego que merece la pena tragarse las más de dos horas y media de imágenes. Aunque solo fuera por la prodigiosa primera hora, por la fastuosa interpretación de Daniel Day-Lewis, por la primorosa planificación, por la bellísima fotografía, por su elegante tratamiento sonoro y porque, seamos serios, tampoco es que haya tantas obras maestras pululando por nuestros cines. Y esta no lo será, de acuerdo, pero se le acerca mucho. Y sino al tiempo…  

sábado, 30 de agosto de 2008

El mercader de la muerte


Sobre estas líneas Viktor Bout, más conocido como “el mercader de la muerte”. Más que un sobrenombre, un calificativo y a los hechos me remito. Encarcelado en Tailandia desde el pasado 8 de marzo tras ser detenido en un operativo conjunto de varios países, con asistencia de la Interpol. Es durante estos días cuando se habrá de resolver sobre su extradición a Estados Unidos o Rusia, para que responda por cargos de terrorismo.

Este ex oficial del Ejército Rojo nacido hace cuatro décadas en Dusanbé, capital de Tayikistán, tiene el dudoso honor de ser el mayor traficante de armas del mundo. Y es que tras la desintegración de la URSS, Bout se recicló para convertirse en un hombre de negocios. Se especializaría en la venta de armas, prestando servicios principalmente en África, Latinoamérica y Afganistán. Tras licenciarse en la Escuela Militar de Lenguas Extranjeras de Moscú, su destino fue Mozambique y Angola, donde le sobrevino el colapso de la URSS. Ambos países eran por aquel entonces escenario de violentos conflictos. Una gran oportunidad para Bout que vio ahí un nicho de mercado. Con apenas veinte años por aquel entonces, aprovechó su don de lenguas - habla con fluidez ruso, inglés, francés, portugués, uzbeko y varias lenguas africanas- y su aguda inteligencia para poner en marcha servicios de transporte aéreo con viejo equipamiento soviético. Ganándose la fama de garantizar vuelos a las regiones en conflicto más peligrosas. Y es que sus pilotos, veteranos aviadores soviéticos, se arriesgaban a ir allí dónde otros no querían.

Comenzó suministrando armas en Afganistán, primero a la Alianza del Norte antitalibán y después a los muyaidines. Más adelante se mudaría a Sudáfrica, manteniendo bajo control el abastecimiento de material armamentístico a las diversas facciones enfrentadas en las guerras de Angola, Liberia, Sierra Leona y el Congo. Además de distribuir armas, sus aviones volvían cargados de minerales, flores o hasta pescado, para su venta en los Emiratos Árabes Unidos. Tras un intento fallido de asesinato volverá a Moscú. Allí contactará con nuevos clientes y proseguirá con sus labores, incluyendo en sus negocios equipamiento militar pesado proveniente de Moldavia, Ucrania y Bulgaria. Llegando incluso a prestar sus servicios a la campaña estadounidense en Irak, cuestión esta confirmada por el periodista de la BBC y The Guardian Misha Glenny. Lo que motivó que su nombre fuese borrado, al menos temporalmente, de las listas de delincuentes más buscados por la Interpol. También está documentada su participación en turbios negocios en Colombia que implicarían a las FARC.

La personalidad de Viktor Bout contribuyó a su éxito. Tremendamente educado, muy inteligente y aún más ambicioso, pero a la vez prudente y modesto. De hecho su figura ha servido de inspiración para dos películas recientes del universo Hollywood. Se trata de “Diamante de Sangre” (2006) de Edward Zwick y “El señor de la guerra” (2005) de Mike Niccol. La alargada sombra de Bout se cierne tras la figura del contrabandista interpretado por Leonardo Di Caprio en la primera, y en el traficante de armas Yuri Orlov, a quien pone cara Nicolas Cage, en la segunda.

No se le conoce inclinación política alguna, lo que unido a su falta de escrúpulos, explica que al mismo tiempo proveyese a sendos contendientes de un conflicto armado en Afganistán o Angola. O que le vendiese su mercancía a diferentes guerrillas revolucionarias y también a las milicias presidenciales que las combatían. Además se le conocen negocios de otra índole, como el transporte de fuerzas de paz de la ONU en Somalia y Ruanda, de negociadores de paz en Filipinas, el envió de suministros al Programa Mundial de Alimentos a África o de materiales humanitarios a Sri Lanka. Esa participación en varias misiones para las Naciones Unidas, en los mismos lugares devastados por las armas que sus empresas habían suministrado, define muy a las claras de que tipo de personaje estamos hablando. Genio y figura hasta la sepultura el amigo Viktor.  

sábado, 23 de agosto de 2008

Retomando a Thoureau


“Camina por la tierra dos años
sin teléfono, sin piscinas, sin mascotas
… sin cigarrillos.
Libertad absoluta. Un extremista
un viajero de lo estético cuyo hogar es el camino.
Después de dos años intrincados,
llega la aventura final y más importante.
La batalla culminante para matar…
al falso ser interno y concluir
victorioso la revolución espiritual.
Sin estar ya más envenenado
por la civilización, él huye…
camina solo por la tierra
para perderse en la naturaleza”

Alexandre Supertramp (Chris McCandless). Mayo de 1992


Anoche por fin vi “Into the Wild”, película dirigida por Sean Penn en el 2007  en la que adapta la odisea de Christopher Johnson McCandless, basándose en el diario de este y también en las investigaciones realizadas por el periodista de la revista Outside, Jon Krakauer, recogidas en su libro “Hacia rutas salvajes” (1996).

Más allá de las buenas interpretaciones al cargo de Emile Hirsch, Marcia Gay Harden o Hal Holbrook, la excelente fotografía de Eric Gautier, o esa joya que es la banda sonora de Eddie Vedder, lo más interesante de la cinta es la historia de Chris McCandless. Un tipo carismático y bonachón, excéntrico en la utilización de sus recursos personales, convencido de su misión en la vida, demasiado confiado y un tanto asceta. Las fotografías que se conservan sobre él, una de las cuales ilustra este post, muestran a una persona extremadamente delgada, rayana en lo famélico cual Jesucristo contemporáneo. Si bien, lo que más llama la atención es su pose autosuficiente y ese rictus alegre, que es como él se sentía rodeado de la naturaleza salvaje.

Fue en abril de 1992 y a meses de iniciarse la Olimpiada de Barcelona, cuando este joven de 24 años rompió con una apacible vida burguesa para seguir su sueño de refugiarse en la naturaleza. Dejando atrás a familia y amigos, marchó hacia los agrestes territorios de Alaska para sobrevivir a la soledad, al frío y a los osos. Cuatro meses más tarde encontrarían su cadáver en avanzado estado de descomposición. Estaba dentro de la carcasa de un autobús extraviado, entre una maraña de vegetación y nieve. Tiempo después se supo que, antes de morir, McCandless había recorrido el norte del continente en su coche, haciendo autostop, en tren, en canoa o simplemente andando. Aquellos que entraron en contacto con él en su travesía lo recuerdan como un muchacho tranquilo y silencioso, aunque también como un ser humano poseído por fantasmas personales. Alguien que huía de un modelo de civilización representada por una familia de clase media disfuncional, la suya y de una mala relación paterno filial.

Devoto de la literatura rusa, de Ralph Waldo Emerson y Thoreau, de Kerouac y, por supuesto, del aventurero Jack London con quien compartía el amor por los paisajes desoladores de Alaska. Chris creía a pies juntillas en la máxima lockeana que reza “el héroe se hace grande frente a las fuerzas desatadas de la naturaleza” y sus diarios, encontrados tras su muerte y que son una suerte de diálogos con Tolstoi y el resto de autores mencionados, dan fe de ello. En ellos habla de una vida y de unas experiencias sin que lleguemos a tener claro cuánto hay de realidad, que es ficción o si es algo aspiracional. Todos están escritos en tercera persona y utilizando alter egos. De ahí surge con fuerza lo de Alexander Supertramp o simplemente Alex, el principal de sus dobles y aquel que aseguraron conocer todos aquellos con los que se cruzó durante el viaje.

No se nos pueden escapar las similitudes con la filosofía de vida de uno de sus autores de cabecera, el mencionado Henry David Thoreau. Escritor, poeta y filósofo trascendentalista que en su obra más conocida, el “Walden”, narra sus años viviendo en una cabaña en la reserva de Walden Pond, en Massachusets. Un proyecto de vida solitaria, al aire libre, cultivando sus propios alimentos y escribiendo sus vivencias, con el que pretendía demostrar que la vida en la naturaleza es la única posible para aquellos que ansíen liberarse de las esclavitudes que impone la sociedad. Idea que no difiere mucho del leitmotiv del viaje de McCandless. “La vida que lleva la mayoría de la gente me parece insatisfactoria. Siempre he querido vivir experiencias mucho más ricas e intensas”, escribiría en uno de sus diarios. No lo logró del todo. Lo que sí consiguió fue ser rescatado del olvido después de su muerte convirtiéndose, gracias a Jon Krakauer y ahora a Sean Penn, en una leyenda. Y es que, tras la publicación del libro se produjo lo que muchos vinieron a denominar como “el fenómeno McCandless”. Jóvenes que van hasta Alaska para desafiarse a sí mismos y emular la aventura de Chris, o simplemente para hacer un viaje de peregrinación hasta este autobús – ahora santuario- en el que pasó sus últimos días.

Placa homenaje fijada dentro del santuario dedicado a Chris McCandless
No puedo terminar esta entrada sin comentar que no todo el mundo tiene esa visión heroica o romántica de lo que hizo. Muerto por inanición en las proximidades del Parque Nacional Denali, sin mapa alguno y desconociendo que había un puente a pocas millas de su asentamiento, además de varias cabañas de emergencia con suministros…  Eso hace que muchos lugareños no simpaticen demasiado con el chico. Más aún cuando se comprobó que algunas de las cabañas estaban destruidas y los suministros estropeados. Especulándose con que fuera obra del propio McCandless, en esa búsqueda por llevar hasta las últimas consecuencias su idea de vivir con lo mínimo y valiéndose de sus propios medios para abastecerse.

Soñador o iluso, loco o más cuerdo que todos nosotros, en todo caso no fue el primero ni tampoco será el último en embarcarse en una aventura de este calibre. La propia película se hace eco de esto mencionando a Everett Ruess, artista y escritor norteamericano que emprendió una odisea similar a comienzos del siglo XX. Un precedente más cercano que el de Thoreau, cuya experiencia se sitúa a mitad del siglo XIX.

jueves, 31 de julio de 2008

Un país de imbéciles (I)


Inauguramos esta sección dedicada a la pléyade de subnormales que pululan por nuestra querida España, “esta España mía, esta España nuestra ♪ ♫”.  Y lo hacemos con la que fuera eurodiputada socialista Rosa Díez. Resulta que a la señora, actual lideresa del grupo parlamentario de Unión Progreso y Democracia, no le hace gracia que unos críos de Novelda tengan una banda de rock bautizada como The Juana Chaos. Y no solo eso, sino que ha removido cielo y tierra para que no puedan tocar en el Raïm Festival, encuentro musical a celebrar los días 1 y 2 de agosto en su población y al que habían sido invitados. El argumento de la tiparraca es que el nombre de la banda es una apología del terrorismo. Y es que en una semana ha pasado de calificarlo de insolencia y una falta de sensibilidad a imputarles un delito. Y sin ponerse colorada… Poca broma.

Pero, ¿qué carajo es apología del terrorismo?
Según el Código Penal vigente, 
la exposición ante una concurrencia de personas o por cualquier medio de difusión, de ideas o doctrinas que ensalcen el terrorismo o ensalcen a su autor, siendo sólo delictiva cuando actúe como forma de provocación y si por su naturaleza y circunstancias constituye una incitación directa a cometer un delito”. Valorad vosotros mismos si el tener un grupo de rock con ese nombre puede considerarse dentro del tipo penal. Pero eso le da igual a doña Rosa, a su partido de mierda, a la COPE, a El Mundo y al resto de miembros del clan del oso cavernario. Para ellos no existe la duda. Exhortando a nuestro garantista estado de derecho a que se ponga las pilas y actúe contra los chavales.

La primera consecuencia de todo esto ha sido la exclusión de la banda del cartel del festival. Poco les ha importado que los componentes de la banda canten en inglés sobre temas banales que poco tienen que ver con el terrorismo o la política en general. Ni que eligieran el citado nombre como un simple juego de palabras -The Juana Chaos = El caos de Juana-. Nada. A tomar por culo todo, la oportunidad de tocar y cuidao que no los zagales acaben en el talego. Y todo por una mala elección del nombre con el que darse a conocer.

Y ahora es cuando espero sentadito a que doña Rosa y sus adláteres vayan tras La Oreja de Van Gogh, por responder a un nombre que instiga claramente a la locura. A por Barricada y su frontman “El Drogas”, por delitos contra la salud pública. A por Los Toreros Muertos de don Pablo Carbonell, por fantasear con el asesinato de los trabajadores de la cosa taurina o por ir directamente contra la fiesta nacional. O ya puestos, contra los galleguiños Triángulo de Amor Bizarro por pornógrafos, pedófilos o simplemente por subvertir los postulados de la familia tradicional, del matrimonio católico y de la madre que nos parió a todos…

En serio… menuda imbécil peligrosa. Y Menuda gavilla de mendrugos con micrófono… Que ruina de profesión y de país.


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PD. Anoche de camino a casa vi carteles promocionando el show de unos tipos que se hacen llamar Cretino’s Borne… Ale Bertín, ¡vístete que sales al campo!

PD. 2. Observando el cartel del Raïm Festival en su edición del pasado año, veo que hay unos tal Atentados Unidos... ¿Comorl?  No si al final va a tener razón la tiparraca esta…
PD. 3. La verdad es que Atentados Unidos, como nombre, tiene su gracia. Y Cretino's Borne mola un huevo... Ups… ¿Seré un apologeta de esos?

PD.4. Rosa Díez, cómeme los huevos.

PD.5. Pero bien comíos

miércoles, 30 de julio de 2008

Guerra de guitaaawas!!!


Si hay un asunto que no se toca en esta bitácora, es el de las consolas y los videojuegos. Quizás porque me interesa poco. Tal vez para olvidar aquellos años en los que era un auténtico viciado y cada monedita que caía en mis manos acababa en los recreativos del Parc Central. Pero alguna vez me compré una Wii. O me la regalaron, que para el caso es lo mismo. Y ahí quedó aparcada, más o menos. Eso hasta que cayó en mis manos el posiblemente mejor juego jamás inventado: Guitar Hero III - Legends of Rock”. Esta valoración es la de alguien que, como habréis deducido, ha jugado a pocas cosas más. Así que podéis llamarme exagerado. Y flipao también. Pero vaya, no me bajo de la burra. A ver que otro juego es capaz de aunar la interactividad y el desenfreno que te permite la Wii, con tamaña selección musical.

Reconozco estar completamente enganchado al “Guitar Hero” y es que se lo han currado los muy cabrones. Tenían perfectamente estudiado como captar al personal, convirtiendo a esta saga lúdico-musical en la más vendida del mercado. Empezando por el modelo de guitarra empleado. Una réplica de la clásica Gibson Les Paul como la que usan Jack White o Mike McKready y Stone Gossard de Pearl Jam. También el “gran” Joey Tempest aka “el terror de las nenas”. Y por la variada e interesantísima selección de temas guitarreables, entre los que se incluyen éxitos de los Guns n’Roses, Weezer, Rolling Stones, Beastie Boys, Black Sabbath, Rage Against The Machine, los Dead Kennedys o Social Distorsion. De ahí que tantos melómanos hayamos caído en sus garras.

Más allá de la dificultad de manejar los botones y llevar a la práctica todas las “técnicas” que te permite el juego, el querer convertirte en un auténtico Dios del metal consigue que le saques tiempo al tiempo mejorando habilidades y subiendo de nivel. Disfrutando como un enano tocando canciones de grupos míticos y de otros no tanto, pero que aprenderás a valorar gracias a esta mierda de juego… “I was made for lovin' you baby...” También es verdad que podría haber dedicado todo estas horas a dar clases de guitarra y hacer algo útil. Ya me daría para hacer un tapping mejor que el del puto Eddie Van Halen. 

Pues eso…  Mientras apuro los días antes del lanzamiento del “Guitar Hero IV: World Tour”, que saldrá a la venta cara las Navidades y con nuevos instrumentos -¡¡¡se anuncia una batería!!!-, seguiré pugnando con Tom Morello y Slash en su versión antigua...  uaaaaaaaunnnnnnnngggggg …eixa guitawaa si que sona!!!!

martes, 29 de julio de 2008

“El otro”, auténtica película de culto


¿De qué hablamos cuando hablamos de una película de culto?
Esta simple pregunta carece de respuesta fácil. Si rastreamos por Internet, tiramos de bibliografía básica sobre cine o de revistas especializadas, encontraremos opiniones para todos los gustos. Sesudos opinantes que en base a criterios opuestos incluyen en sus listados de obras de culto películas que resultan no solo diferentes sino antagónicas por sus formas, mensajes, estilo o repercusión. A ver, según el “Diccionario del guión audiovisual”, escrito por Jesús Ramos y Joan Marimón, el concepto de película de culto incluye “todo largometraje, cortometraje o documental que genera veneración”. El término, acuñado en los años setenta, se aplicaría a aquellas películas extrañas, marginales, a veces surrealistas y en ocasiones malditas que mantienen su vigencia con el paso del tiempo. El diccionario adjunta un listado abierto de películas de culto.

Lo cierto es que el culto se crea por la atracción de un pequeño grupo de espectadores que se trasforman en devotos. La gracia está en que la cinta siga siendo popular a pesar del transcurso de los años y para ello es fundamental la relación de la audiencia con ella. La acción de estos fieles seguidores, pocos pero buenos, que la visionan una y otra vez como si asistieran a un oficio dominical. La película es de culto porque así lo conciben ellos. Observamos que estas películas, con frecuencia, no son exitosas en términos comerciales, si bien no siempre se da el caso. De hecho este es uno de los principales motivos de discusión sobre que se considera culto y que no. Hay quiénes entienden que el fracaso comercial es una condición sine qua non. Desde esa óptica diferenciarían entre películas populares y películas de culto, oseasé aquellas que alcanzaron un relativo éxito tras su estreno frente a aquellas otras que pasaron desapercibidas.

Pues bien. Pasando por encima de opiniones más o menos fundamentadas, de purismos o de guías y listados elaborados por otros, este menda considera que “El otro”, film de 1972 dirigido por Robert Mulligan y basado en la novela homónima de Tom Tryon, como ejemplo prototípico de lo que es una película de culto. Me consta que no estoy solo en esta lucha. Cuenta la historia de dos hermanos gemelos de once años que viven en el seno de una familia de origen ruso, en un poblado de la América profunda a mediados de los años treinta. A lo largo del metraje se van sucediendo una serie de acontecimientos macabros en los que se verán involucrados los niños. Muy diferentes entre sí pese al nexo gestacional. Con formas alejadas de enfocar y hasta de entender los mencionados sucesos. Hasta el punto que resulta difícil determinar quién es responsable de qué o si tan sólo son meros espectadores del carnavalito. La expresión en sus rostros, las miradas, los movimientos, el tono de voz… nos adentran en un mundo escalofriante en el que lo fantástico tiene tanta vida como lo real. También es muy importante el papel de la abuela Ada, patriarca de la familia. Por la relación entre lo que acontece y esas tradiciones y ritos rusos que comparte con sus nietos, jugando al “Gran Juego”.

“El otro” se compone de un universo de sueños y pesadillas que configuran este lado oscuro de la infancia pocas veces reflejado por el séptimo arte. De ahí que, al momento de su estreno, lograra buenas críticas. Llegando a ser calificada como “la aproximación más perversa de la historia del cine al universo de la infancia”. Sin embargo y pese a ser considerada como una de las películas más crueles, malsanas y escalofriantes en la historia del cine, no ha alcanzado una consideración acorde a su valía. Y eso que creo es una de las grandes obras del cine moderno. Y no solo como cinta de género, que lo es… Además viene dirigida por una de los máximos exponentes de lo que se conoce como el Nuevo Cine Estadounidense o Generación de la Televisión. Poseedor de una filmografía desigual que sin embargo incluye, además de esta, otra obra inmensa como “Matar a un ruiseñor”. Quién dice inmensa dice una puta obra maestra.    

domingo, 27 de julio de 2008

“Sólo utilizamos el 10% de nuestro potencial mental”


Cuantas veces habré leído esta frase atribuida al físico alemán Albert Einstein…
Todo tipo de colectivos, instituciones, empresas o entidades de diverso pelaje han usado esta reflexión del genio de Ulm, para apuntalar sus propias meditaciones de acuerdo con sus intereses. Se ha usado incluso en el mundo de la publicidad y también para enmarcar la efigie del científico y vender camisetas o pósters más o menos simpáticos. Ahora parece que los últimos en tirar de ella son los acólitos al Centro de Dianética de Eficiencia Personal. Uno de cuyos folletos fue depositado en mi correo. ¿Pero qué coño es esto de la Dianética?

Pues es una de las creencias que profesan los miembros de la Iglesia de la Cienciología. Desde su nacimiento, a finales de la década de los cuarenta, ha sido dada a conocer al público a través de los libros del escritor de ciencia ficción L. Ronald Hubbard. Este señor afirmaba que usando los métodos de la ingeniería habría descubierto el único origen de todas las enfermedades mentales. Bajo esa premisa, propone un tratamiento, llamado “auditación”, para curar esas enfermedades. Poca broma. Y aquí es cuando llegan estos cienciólogos enmascarados - en ninguna parte del folleto se identifican como tales- y nos dicen que los descubrimientos en el campo de la mente llevados a cabo por el profeta Hubbard confirman la afirmación de Einstein. Todo para endilgarnos el libro “Dianética: El poder del pensamiento sobre el cuerpo” y que nos lo leamos. La lectura permitirá librarnos de las barreras que nos impiden desarrollar el 90% de nuestro potencial mental y de paso acercaros por el Centro de Dianética local para engrosar las filas del culto.

La verdad es que estoy por comprarme el libro. A ver si después de su lectura “adquiero suficiente confianza para alcanzar mis metas”, dejo de “cometer los mismos errores una y otra vez” y “aumento mi inteligencia y mis potencialidades”. Todo muy bonito, sí señor. Sin embargo a mí no se me olvida aquel documental de la BBC sobre la Cienciología, más la posterior reacción de estos pacíficos creyentes, declarándole la guerra al canal. Llegando a amenazar a John Sweeney y el resto de los periodistas participantes, o distribuir un devedé repleto de insidias con el que pretendían contrarrestar el efecto del reportaje original.

¿Y qué mostraba el material de la BBC? Pues nada que no sepamos ya, vaya. Lo que pasa es que a través de imágenes impacta mucho más. Que la Iglesia de la Cienciología es una secta especialista en técnicas de manipulación mental. Que sus miembros se comportan como soldados al servicio de un líder. Que más que una secta o religión, como ellos prefieren denominarse, son una empresa perfectamente organizada y en crecimiento, con cada vez más ingresos. Que mantienen campañas que desacreditan tanto a la psicología como a la psiquiatría, curiosamente las ciencias que pueden luchar contra la manipulación mental. Etc.
Si bien, lo más curioso del culto sería la manera como los adeptos acceden a la verdad revelada. Mientras vayan pagando, progresarán en el escalafón de una organización fuertemente jerarquizada, hasta llegar a ese punto indeterminado en que se le mostrarán esas verdades absolutas. Al final,  la revelación tiene que ver con que están dándole pasta a una élite de extraterrestres radicados en nuestro planeta y que fueron enviados por otro de mayor rango llamado Xenu. Tremendo. Pero se lo creen, claro. O no, pero hacen como que sí. Y es que tras años desembolsado auténticas fortunas, ¿cómo no se lo van a creer? ¿Aceptar que todo es un cuento? ¿Qué les han timado? Ja’ me maten!!! Para adelante como los de Alicante...  Mientras tanto los esbirros de Hubbard siguen con sus campañas publicitarias para recabar fondos. Ahora aquí en Valencia. No sé si Tom Cruise vendrá a vender las bondades del producto. O Travolta, bailongueando poseído por el espíritu de Xenu.

Tengo que reconocer que, por curiosidad, entré en la página de la organización en dónde me topé con la siguiente afirmación: “Tú eres un ser espiritual inmortal, tus capacidades son ilimitadas, incluso si no se han realizado todavía”. Y vaya, yo no sé vosotros, pero a mí no me interesa vivir eternamente. La inmortalidad se la dejo al Conde Drácula. Mis capacidades, como las de todos, está limitadas por la madre naturaleza. ¿Qué le vamos a hacer? De todas formas, como soy buen tipo, seguiré viendo las pelis de Tom Cruise y deleitándome con esa majestuosa manera de correr ante la cámara. Eso sí que es una cualidad sobrenatural. 

No, si al final…
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