martes, 29 de abril de 2008

Qué mejor forma de volver a escena: Portishead, “Third”


Pongo a rodar el plástico y lo primero que escuchó es a alguien hablando en portugués, anticipando el machaqueo tropical de “Silence”. Después me sumerjo en ese ambiente irreal y cambiante que va desde el inicio de “Hunter” a la ejecución de una quejumbrosa y extraordinaria “Nylon Smile”… La voz cálida de Beth Gibbons se va deslizando entre sonidos sintetizados, melodías dulces y ese ruidismo a la manera de Bristol que es marca de la casa... Así comienza “Third”. El tercer trabajo de Portishead tras su aclamado debut “Dummy”, de 1994, y la espectacular confirmación que fue el disco homónimo de 1997.

… ahora suena una versión más clásica del trío con “The Rip”, llenándose de ruidos con “Plastic” y de sombras con “We Carry On”, para pasar a esa joyita titulada “Deep Water” que incluye unos coros dignos del mejor soul… Diez años nos han hecho esperar lo gachones. Los que necesitaron para superar el trance, tanto en lo personal como en lo creativo. Una década de silencio que a muchos se nos hizo eterna. Y que nos angustió, creyendo que esto ya se había terminado. Un tiempo que ha servido para que el panorama musical se plague de clones e imitadores a rebufo de la cosa trip hop. Mucho se ha echado de menos a Geoff Barrow, Adrian Utley y Beth Gibbons, cerebro, corazón y alma de Portishead.

…en este momento el reproductor transita entre los adictivos ritmos de “Machine Gun” y la angustia psicodélica de  “Small”, un tema que evoca, a su manera, aquellos mejores tiempos de Björk… Estamos a 29 de abril, día marcado para la puesta en venta de “Third” aquí en España. Ya tendremos tiempo para escucharlo cientos de veces, analizándolo y emitiendo un juicio más sosegado. Pero tras estas primeras escuchas solo puedo decir que me parece una puta obra maestra… Y que soy incapaz de dejar de escucharlo. Quiero disfrutar una y otra vez de este cofre repleto de gemas sonoras… Sublime, extraordinario, magnífico… Se me agotan los calificativos...

…nos acercamos al final con la serpenteante “Magic Doors”, tal vez el mejor corte del disco, y que da paso a la negrura de “Threads”… Me quedo casi sin respiración… Y con ganas de que esto vuelta a comenzar. Eso es lo que pienso hacer, envolverme de nuevo en toda esta belleza… Las veces que hagan falta…

“Third” incluye una colección de doce temas absolutamente respetuosos con el legado de los viejos Portishead. Ese híbrido entre el pop, el soul, las bases hiphoperas, la grandilocuencia de las bandas sonoras y demás. Pero también introduce una serie de interesantes cambios. Lo más interesante es una evolución hacia lo abrupto. También una marcada deriva hacia lo oscuro y lo denso. Además de que el choque entre la sonoridad netamente musical y el aspecto vocal parece más acuciado que en sus dos trabajos anteriores.

“La única razón por la que hemos permanecido tanto tiempo callados es nuestra incapacidad para dar con un repertorio que nos complaciera” reconocen sin reparo en rueda de prensa. Parece que la espera dio sus frutos. Un álbum excelso que, desde ya, es firme candidato a mejor disco del año.

lunes, 28 de abril de 2008

La vida en la Avenida Dropsie


Con este álbum, que en realidad es una trilogía, Will Eisner alumbraría lo que hoy día conocemos con el nombre de novela gráfica. Su aparición a finales de los setenta, tuvo como consecuencia llevar al cómic a una dimensión superior. Dotarlo de esa condición mucho más adulta y compleja que ya nadie le discute. Acabando con la idea de que el tebeo era una cosa liviana para críos y, en definitiva, reivindicando la existencia de un noveno arte. Y es que “La vida en la avenida Dropsie” recopila las tres partes de una historia que evoca lo mejor de la literatura americana de principios del siglo XX. Especialmente el “Manhattan Transfer” de John Dospassos.

Estamos ante un retrato cotidiano de la vida en un vecindario de la periferia de Nueva York. Un relato plagado de dificultades y desgracias, pero también de alegrías y esperanza. La primera parte titulada “Contrato con Dios” comienza con Frimme Hersch rompiendo su vínculo con el Creador, tras ver morir a su hija. A partir de ese hecho luctuoso, vemos cómo se desarrolla la vida de otros infelices allí en la avenida Dropsie. El segundo episodio titulado “Ansia de vivir” se centra en las dramáticas consecuencias del crack del 29 y la Gran Depresión. A través de los ojos de Jacob Shtarkah, un personaje que bien podría ser un trasunto del propio autor. “La avenida Dropsie” es el tercer y último episodio. Supone un interesante recorrido por los cuatro siglos de existencia del barrio. Asistimos a su crecimiento y  cómo ha ido mutando debido a las sucesivas oleadas de inmigrantes llegados de todas partes.

Will Eisner fue un judío hijo de emigrantes establecidos en Brooklyn. Desde muy temprano sintió la llamada del cómic, comenzando a colaborar en diferentes revistas desde su etapa escolar. El éxito le alcanzará en los años 40, con la creación de “The Spirit”. Un detective enmascarado que protege del crimen a los habitantes de una ciudad imaginaria. Ya entonces comenzaría a experimentar en su obra, aplicando técnicas cinematográficas en los encuadres y jugando inteligentemente con las luces y las sombras. También se aplicaría en las cuestiones narrativas. Sin embargo, tuvo que dejarlo todo en stand by a causa de la Gran Guerra. A la vuelta, retomó “The Spirit”, prolongando su existencia hasta 1952. No sería hasta mucho después cuando publicara “Contrato con Dios”. El resto es historia.

La importancia de este personaje para el mundo de la historieta se refleja con la creación de los Premios Will Eisner en 1988. Los Oscar del cómic y que se entregan anualmente en el Comic-Con International de San Diego. Además, también le debemos la creación de un par de libros teóricos sobre la historieta, auténticas referencias a nivel mundial.

viernes, 25 de abril de 2008

El universo macabro de Mark Ryden


Hablar de Mark Ryden es referirse a uno de los pintores más prominentes de la escena internacional. Alguien cuyas obras se han colado en las principales galerías de arte, especialmente las de la costa este de los EEUU. Su estilo lleno de contrastes, a medio camino entre lo ingenuo y lo tétrico, le convierten en el principal representante de esa vanguardia contemporánea que responde al nombre de pop surrealista o lowbrow art, que vendría a ser algo así como un arte sin pretensiones intelectuales. Dios me libre de establecer una diferenciación entre ambas etiquetas ya que, a pesar de que los críticos las establecen, ninguno de los criterios me convence.

Ryden pinta con esa crueldad que caracteriza a los niños. Plasmando en sus obras todo un mundo de fantasías, juegos, disparates y farsas que van entre lo divertido y lo intrigante. Creando imágenes que nos introducen en los pensamientos de un chico travieso, él mismo pese a sus cuarenta y tantos años, donde la realidad y los sueños se mezclan. Su universo es claro deudor de la Alicia de Lewis Carroll, de la cultura pop, del cómic, el grafiti y en general de la cultura popular. Aunque cuando el mismo habla de influencias, menciona las “fotografías de insectos, cuadros del Bosco y Goya, libros acerca de los creadores de circos antiguos, películas de Harryhausen, fotos antiguas de gente extraña, libros infantiles de ciencia y del espacio, ilustraciones médicas, música de Frank Sinatra y Debussy, revistas, televisión, Jung y Freud, Ren & Stimpy, Joseph Campbell y Nostradamus, Ken y Barbie, la alquimia, la masonería, el budismo.” Añadiendo: “Por la noche tengo la cabeza tan llena de ideas que no puedo dormir. Las mezclo todas y creo mi doctrina personal sobre la vida y el universo. Para mí, algunas cosas parecen juntarse y hay ciertos paralelos y claves por todo alrededor. Tiene que haber algo de Alicia en el País de las Maravillas que encaje con Charles Darwin… Creo que el mundo está lleno de cosas increíbles y maravillosas. Esto es lo que yo pongo en mis pinturas.”

La cosa vino cociéndose desde su más tierna infancia. Según cuenta, ya de pequeñito realizaba autorretratos macabros y representaba animales eviscerados. Más adelante, tras ingresar en la Escuela de Arte y Diseño de Pasadena, comenzaría a labrarse una bien merecida fama de excéntrico. Comenzando a construir esa imaginería propia que extrae sus elementos de los cuentos infantiles, rebozándolos con cultura pop y añadiéndoles frases en ruso o latín. Aplicando la numerología, la alquimia o hasta la Cábala, sirviéndose de los ideogramas japoneses o de los iconos cristianos y como guinda, sazonándolo con generosas dosis de carne y sangre. Y así es como ha conseguido que sus obras sean perfectamente reconocibles en cualquier parte del mundo. Y que coticen a unos precios astronómicos. Tan solo accesibles a grandes empresarios o personajes del star system como Leonardo Di Caprio, Christina Ricci, Robert De Niro, Bridget Fonda, Ringo Starr, la Björk y cómo no, los oscuritos Stephen King, Marilyn Manson o el creador de “Expediente X”.

Sus colecciones más importantes son “The Meat Show”, “The Tree Show”, “Bunnies & Bees: Pinturas creadas para ilustrar la verdad divina de acuerdo con los secretos principios de la ciencia y del alma”, y “Blood: Pinturas en Miniatura sobre Desolación y Miedo”, la más tétrica y reconocida. De algunas de ellas se han realizado interesantes catálogos laminados, destacando “The Art of Mark Ryden: Anima Mundi” o “Blood Show”.
 Ya por último hablaros de una faceta particularmente interesante en la obra de Ryden. Me refiero al diseño de portadas de discos para variados artistas que van desde los Red Hot Chili Peppers hasta Michael Jackson, pasando por los Screaming Trees o Krokus. Relaciono aquellos elepés y singles que gozan de tamaño  privilegio:

1.
“Dangerous”, de Michael Jackson
2. “One Hot Minute”, de los Red Hot Chili Peppers
3. “Clear Hearts, Grey Flowers”, de  Jack Off Jill
4. “Bigger, Better, Faster and more!”, de 4 Non Blondes
5. “Jeff Beck's Guitar Shop”, de Jeff Beck
6. “Time Takes Time”, de Ringo Starr
7. “The Earth, a Small Man, His Dog and a Chicken”, de REO Speedwagon
8. “Uncle Anesthesia”, de los Screaming Trees
9. “Blood”, de Stan Ridgway and Pietra Wexstun
10. “So Long Scarecrow”, de Scarling
11. “Their Sympathetic Majesties Request, Vols. 1 and 2”(Varios artistas)
12. “Transcendental Medication”, de Inger Lorre
13. “Shapeshifter”, de Mercy Playground
14. “3rd Matinee”, de Meanwhile
15. “Alright, This Time Just the Girls” (Varios artistas)
16. “Stayed Awake All Night: The Best of Krokus”, de Krokus
17. “The Forbidden Sounds of Don Tiki”, de Don Tiki
18. “The Romantic Moods Of Jackie Gleason”, de Jackie Gleason
19. “The Exotic Sounds of Martin Denny”, de Martin Denny
20. s/t  de Danger Danger
21. “Stonebird”, de Supersax
22. “Skeletons in the Closet”, de Oingo Boingo
23. “Whole Lotta Noise”, de Seth Marsh
24. s/t de Every Mother's Nightmare
25. “Now I Eat Them”, de Xtra Large
26. “Mad Hatter”, de Bonham
27. s/t de Mother Tongue
28. “The Exotic Moods of Les Baxter”, de Les Baxter
29. “Wireland”, de Wig
30. “Crunch”, de Cry Wolf
31. “In The Storm”, de El DeBarge


Y eso es todo lo que tenía que deciros.

miércoles, 23 de abril de 2008

Battle Royale I y II, o como hacerse millonario con una memez


“Battle Royale” o “Batoru Rowaiaru” en japonés, es una novela de 1999 escrita por un tal Koushun Takami. Convirtiéndose al instante y gracias a la polémica que generó, en un auténtico best seller en Japón. Posteriormente sería adaptada al cine por Kenji Fukasaku. E incluso se filmaría una secuela no basada en el libro, aprovechando el éxito de la marca. Por si no había suficiente, el escritor decidió crear un manga basado en el libro y que cuenta con una segunda parte diferente a la secuela cinematográfica. Y es que el universo “Battle Royal” se ha transformado en la gallina de los huevos de oro y no solo para su creador. He de reconocer que no me he leído la novela y que tan sólo he ojeado la primera parte del manga. No me han quedado ganas de más. Lo que sí he hecho es ver las películas. Dos verdaeras joyitas.

La primera en un orden cronológico es “Battle Royale”. Dirigida por Kenji Fukasaku y estrenada en el año 2000, lo mejor que puedo decir de ella es que es una tontá de cojones.... El punto de partida se sitúa en Japón en un tiempo más o menos actual en el que, no sabemos bien porqué, se ha producido un derrumbe de la sociedad de bienestar nipona, con la consecuente pérdida de los valores tradicionales. Los protagonistas son un grupo de estudiantes en la edad del pavo, incluidos en un programa estatal lúdico-educativo que consiste en situarlos en medio de una isla armados y peligrosos, para que se eliminen entre sí hasta que sólo quede uno en pie. Cómo en "Los Inmortales" pero sin Christopher Lambert vaya. ¿Qué? ¿Promete verdad? Por si no te echa para atrás la premisa inicial, te cuento: La estética es de telefilme basado en hechos reales. Esto se complementa con las pobres actuaciones de una panda de aspirantes a actor, cuyo método consiste en exagerar los gestos y poner idéntica cara de pasmo en todas y cada una de las situaciones. Y es que alguien debería repasar con las nuevas generaciones de actorcillos japos, aquellas pelis firmadas por sus clásicos. Las de Ozu, Mizoguchi, Kinugasa, Kobayashi, Kurosawa... Y mostrarles la contención con la que actores como Chisu Ryu bordan los papeles... Porque la actuación de esta mancha de esquizofrénicos, ¡¡¡No se puede soportar!!! Y no me vale como justificación lo de las interpretaciones “a la japonesa”. Se actúa bien o se actúa mal, aquí y en Kyoto. Luego tenemos esas escenas en las que predomina una variante de la violencia que denominaré “violencia rosa”. Dan muchísima grima. Por si no había bastante con la sucesión de mamporros mal pegaos, tiros a mansalva y litros de salsa de tomate, ahora añadimos altas dosis de ñoñería adolescente al cargo de esta cuadrilla de prementales... “Ooooh Norikoooo, te amo a pesar de que chingaras con Tamagooootchi… Por eso te pego un tiro... Te amoooo muuchoooo...  Pum pum..." Si esto no es un love & pain yo ya no sé. Después están aquellos momentos de vergüencita ajena en los que se sobrepasa el absurdo y más allá. No os perdáis, si es que tenéis el valor de acabaros la película, esa gloriosa escena en la que Kuchikuchi Jilipichi se pone a hacer footin’ en mitad de la isla. Claaar dona!!! Tienes tres días para matar a tus compis, dispones de un espacio limitado de unos de pocos kilómetros, pero... ¿Cómo privarse de unas carreritas tonificadoras? Ya puestos y en esa espiral de sinsentidos, visto que las pipiolas y los pipiolos están de buen ver, podrían haber introducido escenitas picantes... Tendría mucho más sentido, que queréis que os diga. Con una esperanza de vida máxima de 72 horas, será preferible pegar un polvo antes que hacer deporte, ¿no?

Y luego viene “Battle Royale 2: Réquiem", de 2003. Dirigida por Kenta y Kenji Fukasaku para confirmar la máxima que reza que segundas partes nunca fueron buenas. Aquí ni las segundas, ni las primeras... Aquí tenemos de nuevo al gran Kenji Fukasaku, acompañado esta vez por su hermano tonto, presto a deleitarnos con las nuevas aventuras de ese grupo de niñatos con instintos destructivos. ¡Si no querías té, toma dos tazas! Oseasé, más de lo mismo, pero revisado y ampliado. Y es que quant més sucre més dolç. Lo peor de esta segunda parte es todo. O sea, la película en sí. Su propia existencia. Y la hora y pico perdida que hubieras podido aprovechar en otros menesteres. No sé, ver pasar los coches a través de la ventana, practicar tiro con arco, pasear en pelotas por la playa o ver un documental varillas de sismógrafo y las repercusiones socio-políticas derivadas de su utilización en la Galitza polaca. Lo mejor de BR2 es que llega un momento en el que se acaba. Sí tíos, lo hace y a Dios gracias. Un spoiler solo por joder: El japo nº 1 muere, el japo Nº 2 también, el japo Nº 3 lo mismo, el japo Nº 4 para que contarlo, el japo Nº 5 imita a los anteriores, el japo Nº 6...

Conclusión final.
Estamos ante dos producciones de ínfima calidad. El mayor de los Fukasaku tenía fama de director incomprendido, aunque yo creo haberle comprendido a la primera. Y no es que me alegre por su reciente deceso, pero vaya, al menos nos hemos librado de más películas de esas con la etiqueta de incomprendidas. Y eso es todo… Aquí lo dejo. Ahora me voy a comprarme unos mangas, a cortarme el pelo como Son Goku y a escuchar mis discos de J. Pop... 

Porca miseria!

martes, 22 de abril de 2008

Monstruosa


“Cloverfield” de Matt Reeves vino precedida de una desmesurada campaña publicitaria que, digámoslo ya, no le hace justicia. Además, esta película de catástrofes - género favorito de los norteamericanos junto con las de pelis de abogados-, venía apadrinada por el puto J.J. Abrams. A la sazón, creador de ese engendro diarreico llamado “Perdidos” o “Lost”, que para el caso es lo mismo.

La monstruosa trama arranca con una fiesta de gente bien, en un suntuoso apartamento de Nueva York. La velada está organizada en honor a alguien que, a la mañana siguiente, debe partir hacia Japón para comenzar una nueva vida. Uno de sus amigos se encarga de filmar todo cuanto allí ocurra. En este primer escenario, el director nos agasaja con veinte aburridísimos minutos en los que se suceden las conversaciones más insulsas y varias bromas de niñato desubicado. La cosa cambiará desde que un fuerte meneo sacuda el edificio. Sin estar repuestos del todo, los asistentes a la fiesta observarán desde las ventanas como, no muy a lo lejos, se producen violentas explosiones. Parece evidente que algo está ocurriendo en Manhattan. La pesadilla tan sólo acaba de empezar… Para desgracia de los espectadores… Después vienen cuarenta minutos de frenética huida hacia no se sabe bien donde, ni tampoco de qué, con el cámara aficionado practicando una suerte de cinema verité de todo a 100.

Con esto Matt Reeves elabora una poco afortunada alegoría sobre el 11S. Centrándose en el miedo y la confusión que debieron de sufrir sus conciudadanos en tan fatídica fecha. Impotentes ante unos acontecimientos devastadores que nunca alcanzarían a comprender. Y es que en “Cloverfield” sabemos que algo malo sucede. Pero nadie es capaz de describirlo con palabras, ni mucho menos a través de imágenes. La cinta es deudora de esa cansina moda de filmar cámara en mano, en la que “Redacted” (B. de Palma, 2007) y “[REC]” (J. Balagueró y P. Plaza, 2007) son los dos referentes más cercanos. Si bien, la desmesura y el sinsentido a la hora de agitar y mover el objetivo le emparenta a un engendro como “The Blair Witch Project” (D. Myrick y E. Sánchez, 1999). Porque al acabar la película tan solo tienes ganas de morirte por el dolor de cabeza. Eso o zamparte una tortilla de aspirinas. Hay momentos en los que, directamente, no se puede soportar el nivel  de bamboleo.

También hay quienes quieren ver en esto un acierto del director. Magnífica forma de trasmitir ese estado de absoluta confusión en el que se encuentran nuestros héroes. Y un huevo… No es más que el recurso fácil para tratar de tapar la endeblez de una no historia. Porque no nos enteramos de nada pero, quizás, tampoco hay nada de lo que enterarse. Y no me refiero al porqué de los acontecimientos, sino a qué coño está pasando en las diferentes escenas. Al final “Cloverfield” parece otra oda al histerismo esquizofrénico tan común en el cine de hoy día.

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¡Atención spoiler!

Vale. Con todo, me interesaría resolver algunas cuestiones que no me han quedado claras. A ver si algún buen samaritano con mal gusto ciematográfico es capaz de ayudarme. Aunque solo fuera por tener claro si la peli es realmente tan mala como parece, o es aún peor. Ahí os dejo unas cuantas preguntas:

¿Por qué el ejército incluye en las secretísimas Cloverfield Files un guateque de pijos guaperas? ¿Es eso relevante para la seguridad nacional? ¿Quiere eso decir que había agentes de Al Qaeda infiltrados? ¿Supone que de del chacho que se iba a Japón era una trola? ¿El tipo quizás a Oriente Medio?

¿Por qué el cámara filma más a sus colegas que al monstruo? ¿Es un rollo gay que se me escapa? ¿Sabían los demás de su condición sexual? ¿Realmente tiene alguna importancia?

¿Por qué cuando todos andan con dificultades, cayéndose y aferrándose a las cosas con uñas y dientes, al tío de la cámara le basta con utilizar una mano para equilibrarse? ¿Tiene algún súper-poder que se nos haya ocultado?

¿Por qué el ejército permite que el menda esté filmándolo todo, incluso a bordo del helicóptero militar? ¿No es un asunto ultra secreto oculto a la opinión pública?

¿Por qué cuando atraviesan el túnel, el cámara que es quien alumbra, camina por detrás de todos? ¿Para qué sirve la luz pues? ¿Tienen los demás algún mecanismo de visión nocturna injertado en las córneas tal como Riddick?

¿Por qué tras el accidente final la cámara se enciende sola? ¿Por qué justo unos segundos antes de que todos despiertes? ¿Estaba programada de antemano? ¿Quién lo hizo, el mismísimo J.J.?

¿Si estamos ante una filmación de carácter amateur, por qué tenemos la sensación de que el cámara siempre se centra en aquello que hay que filmar? ¿Es un Spílbergo en potencia? ¿Se trata de un profesional del documentalismo pero no nos lo han contado? ¿Y por qué coño no utiliza un trípode, joder?

Lo sé, demasiadas preguntas sin respuesta para una película que tiene como principal virtud tan escaso metraje. Lo malo es todo lo demás.

domingo, 20 de abril de 2008

Las memorias del Señor Azul


“Nunca había visto un expediente tan voluminoso. La verdad es que el más grueso que he manejado no era ni la mitad que éste. –Entramos en el despacho y el joven se sentó al otro lado del escritorio-. ¿Qué es esto? – Se puso las gafas, echó un vistazo a un papel pegado con cinta adhesiva a la tapa del expediente y soltó una risita-: ¿Sabe qué pone ahí? Dije que no con la cabeza. -Dice: “Ver expediente número dos”. Entendí el motivo de su risa, pero también resultaba triste. Aquello era mi vida.
“La educación de un ladrón” es la biografía de Edward Bunker. Quien tuvo una durísima infancia en la que hubo de peregrinar entre internados, escuelas militares y centros de reclusión para menores. Nacido en Hollywood en 1933, Eddie tuvo el infortunio de nacer en el seno de una familia disfuncional. Su madre se desentendió pronto de la educación de un niño demasiado problemático y su padre, pese a repetidos intentos, no supo enderezar la trayectoria del hijo. Prontamente familiarizado con el mundo de la delincuencia, las temporadas a la sombra en varias instituciones para menores, supusieron su graduación con honores en la universidad del delito.

Las quinientas páginas de este libro relatan todo eso y mucho más. El sinnúmero de fechorías protagonizadas en una ciudad de Los Ángeles en plena eclosión de la industria cinematográfica; El tránsito por míticas prisiones como Folsom o San Quintín, en las que fue recluido por atracos, delitos de narcotráfico, extorsión o falsificación; Su proximidad al glamoroso mundo de Hollywood, a través de la esposa del afamado productor Hal Wallis; O el interés sobrevenido por la literatura, que le convertiría en un gran lector y escritor.

Su hiperactividad y el carácter insumiso, junto con el alto coeficiente intelectual, determinarán una vida desenfrenada, repleta de aventuras y siempre al filo de la navaja que es narrada por el propio autor sin mostrar un ápice de arrepentimiento por lo dicho y hecho. Ya rehabilitado para la sociedad y a los 65 años, el autor hace este ejercicio de memoria sin obviar episodios que pudieran edulcorar su figura a ojos del lector. No eludiendo la autocrítica, pero mostrándose siempre orgulloso de aquello que le ha llevado hasta ahí.

Muerto el 19 de julio de 2005 a los 71 años de edad, Bunker tuvo tiempo de publicar varias novelas. También escribió guiones e incluso llegó a desempeñarse como actor en la ciudad que le vio nacer. De hecho fue gracias a su participación en la aclamada “Reservoir Dogs” (1992) de Quentin Tarantino, interpretando al Señor Azul, como lograría un primer reconocimiento. Como narrador, nos encontramos ante un interesante autor de policíacos de culto. Alguien a quien James Ellroy llegó a calificar como “un original auténtico de las letras americanas”. Y eso que necesitó de seis intentos para ver publicada su primera novela “Libertad Condicional” (1972), adaptada al cine por Ulu Grosbard. Tras esta fueron cayendo otras cinco: “Animal Factory” (1977), llevada al cine por Steve Buscemi, “Little boy blue” (1988), “Dog Eat Dog” (1996), “La educación de un ladrón” (2000) y póstumamente “Stark” (2006). Con “La educación de un ladrón” obtuvo el premio McCallan Golden Dagger del año 2000, a la mejor obra de no ficción dentro del género negro.

viernes, 18 de abril de 2008

Wallander, otro Kurt entre los grandes


Mi primer acercamiento al universo Wallander, se lo debo a la biblioteca pública de Almussafes. Me apetecía leer alguna historia sencilla y de fácil enganche, por lo que me dirigí hacia la sección de novela negra. Allí me topé con la portada de un libro que me llamó poderosamente la atención. Mostraba el detalle de un cuadro de algún pintor prerrafaelita. La novela se titulaba “El hombre sonriente” y su autor era un tal Henning Mankell. La cuarta entrega de la serie del detective Kurt Wallander. Esa que narra las desventuras de un atípico inspector de la policía de Ystad, una pequeña localidad al sur de Suecia. Un escenario que, en aquel momento, me parecía poco adecuado para el desarrollo de tramas delictivas. Poco importó. Una vez terminado el libro volví a por más. Quería saber más sobre Wallander. Más bien necesitava Wallander en vena. Aún ahora, agotada la serie hace tiempo, a veces siento el mono. 

Lo más interesante de la serie es como Mankell consigue que nos encariñemos e incluso identifiquemos con un personaje complejo y a veces desagradable, repleto de virtudes pero con demasiados defectos. Y es que, a lo largo de las nueve novelas protagonizadas por Wallander, participamos de sus anhelos y sufrimos por sus decepciones, también nos alegramos por sus éxitos si bien, temiendo que las investigaciones nunca lleguen a buen puerto o que los malos acaben ganando la partida. Y es que el detective es un personaje de carne y hueso, demasiado humano incluso, haciendo gala de tal condición para meter la pata hasta el fondo con asiduidad. Contra lo que pudiera parecer, esto enriquece las tramas. Es más, a veces resulta más interesante la vida privada de Wallander que la investigación criminal de turno. Cómo ocurre con la fluctuante relación con su hija Lisa, que es directamente de love & pain en el caso de su anciano padre, un pasito para adelante y dos para detrás dependiendo del momento. También mola la extraña amistad o compañerismo que guarda con Svedberg y los sucesivos comisarios, algunos de los cuales veremos crecer con las entregas. Nada que ver con la admiración confesa por su mentor, el detective Rydberg, cuya sombra siempre es alargada. Por no hablar de ese amor casi platónico por Baiba Lieppa, protagonista secundaria de una de las novelas más celebradas de la serie. Como veréis son un montón de tramas y subtramas que se enredan a la investigación principal novela a novela, pero que, a diferencia de aquellas, no tienen un principio y un final. Aparecen y desaparecen como los ojos del Guadiana a lo largo de estas casi 3500 páginas que glosan la vida y obra de Kurt Wallander.

Otro aspecto a señalar en los libros, es la importancia del enclave. Las tramas se desarrollan principalmente en los alrededores de Ystad. El autor nos lleva de viaje a través de la orografía de la región de Escania. Cruzaremos mil veces el callejero de Ystad o el de la capital regional, Malmö, pero también transitaremos por esos caminos rurales que llevan hacia pequeñas localidades como Tommelilla. Reflejando estampas típicas de la vida en estas frías tierras salpicadas por pequeños núcleos habitados por gentes que siempre andan defendiéndose de un clima desapacible. De hecho el famoso viento de Escania tiene un papel protagónico. No obstante, a veces en el desarrollo de alguna trama, nos desplazamos hacia otros puntos de Suecia. O incluso del planeta, como a Riga y Sudáfrica. Lo que le sirve a Mankell para deslizar veladas críticas respecto a la situación política de aquellos países. Y no por una cuestión de patrioterismo o prepotencia primermundista. Y es que si hay algo que abunda en la saga, es autocrítica. Son épicas las amargas quejas por el hundimiento del modélico estado de bienestar sueco que Mankell pone en boca de su alter ego. Y es que Wallander, como su creador, es una suerte de socialdemócrata desencantado con todo. Lo de policía insomne con un enorme sentimiento de responsabilidad solo aplica al personaje de ficción.

¿Qué más decir sobre Wallander? Pues que os leáis las novelas. Y que abordéis la serie siguiendo un criterio cronológico, como yo no hice. Porque cada libro incluye guiños a los anteriores y las investigaciones suelen tirar de elementos descubiertos años atrás. De todas formas, cada historia es independiente y, en cierto sentido, autoconclusiva. Siendo las más interesantes “La falsa pista” y sobre todo “La quinta mujer”. Curiosamente la primera que se publicó en España pese a ser la sexta de la serie.

El orden de las novelas es el siguiente:

1. “La pirámide” (1999). Compila cinco relatos cortos en los que se abordan pasajes de la vida de Kurt Wallander anteriores a las tramas desarrolladas en el resto de libros.
2. “Asesinos sin rostro” (1991)
3. “Los perros de Riga” (1992)
4. “La leona blanca” (1993)
5. “El hombre sonriente” (1994)
6. “La falsa pista” (1995)
7. “La quinta mujer” (1996)
8. “Pisando los talones” (1997)
9. “Cortafuegos” (1998)

Además, en el 2002 Henning Mankell publicó la novela “Antes de que hiele”, cuyo personaje principal es Linda Wallander, la hija del inspector.

Como anécdota final comentaros que todas las novelas han tenido su correspondiente adaptación en forma de telefilm. Cintas bastante irregulares que recogen las andanzas del detective Wallander a quien pone cara el actor Rolf Lassgaard. También existe una serie de televisión inspirada en la figura del detective. En la actualidad podemos verla en Localia TV y creo que también en algún canal del cable.

jueves, 17 de abril de 2008

Explosiones de ruido


El 22 de noviembre de 2007 y en el marco del Festival Wintercase – San Miguel, actuaron en la Mirror de Valencia los tejanos Explosions in the Sky. Venían como teloneros de sus paisanos Spoon. Radicados en Austin, se trata de una banda de post rock compuesta por Munaf Rayani y Mark Smith a las guitarras, Michael James al bajo y Chris Hrasky como encargado de la batería y percusiones. No hay vocalista, de hecho nos sorprendimos cuando Munaf tomó el micro al comienzo del show para decirnos, en un perfecto español, “preparáos para volar”. Y vaya si volamos.

Situados a mitad de camino entre la propuesta de los canadienses Godspeed You Black Emperor! y los escoceses Mogwai, no estamos ante unos simples imitadores, sino ante alumnos aventajados de estos monstruos del rock instrumental. Basándose en esa fórmula a base de acordes minimalistas y constantes crescendos de intensidad arrebatadora, la banda fue ganando reputación. Llegando a acaparar la atención de los medios en el año 2001 tras la publicación de su segundo álbum, “Those Who Tell the Truth Shall Die, Those Who Tell the Truth Shall Live Forever”. Si bien, sería gracias a una inesperada circunstancia. Se propagó una esperpéntica teoría por la cual la banda quedaba vinculada con los ataques terroristas del 11 de septiembre del 2001. Y es que la portada del álbum contiene la imagen de un avión y la frase “este avión se estrellará mañana”. Motivo por el cual, el bajista Michael James llegó a ser detenido en un aeropuerto, al considerarlo una amenaza para la seguridad. Paranoias made in USA.

Cabe destacar que, el constante crecimiento de una banda que no recibe sino parabienes un disco tras otro, no les ha llevado a renunciar a la que es una de sus máximas. Presentándose siempre ante el público en escenarios poco masivos, más adecuados a su concepto musical ruidoso pero intimista. En nuestro país el grupo ha alcanzado cierta notoriedad tras los conciertos oficiados en Madrid, Barcelona y Valencia. Además, uno de los cortes incluidos en su último elepé protagoniza la campaña publicitaria del Toyota Auris en España.

Explosions in the Sky son precisamente eso, explosiones sonoras en el alto cielo, arrebatos ruidistas, impenetrables muros de sonido, alternancia de momentos de calma tensa que terminan de forma violenta. Todo ello en canciones de más de seis minutos que requieren atención máxima para después dejarse arrastrar.

Por útimo reseñar que, hasta el momento, han publicado cuatro elepés, un epé y hasta una banda sonora original. Algunos son bastante difíciles de pillar aquí:
How Strange, Innocence (2000)
Those Who Tell The Truth Shall Die, Those Who Tell The Truth Shall Live Forever (2001)
The Earth is not a Cold Place (2003)
Friday Night Lights (BSO) (2004)
The Rescue: Travels in Constants 21 (2005)
All of a Sudden I Miss Everyone (2007)

La página web de la banda es www.explosionsinthesky.com
Por cierto que, en ella se anuncia la próxima visita de la banda a nuestro país. Será en Barcelona en el entorno del Primavera Sound.

miércoles, 16 de abril de 2008

El caso McCann según Ben Affleck


“Adiós pequeña, adiós” constituye el debut cinematográfico de Ben Affleck como director. Conocido por su faceta como actor y también como guionista, en donde ha sido galardonado con un Oscar por el guión de “El indomable Will Hunting”, Affleck adapta aquí el best seller de Dennis Lehane “Desapareció una noche”. En su ópera prima se ha rodeado de un interesante elenco actoral, destacando la presencia de su hermano Casey en el papel protagonista, pero también Ed Harris y Morgan Freeman en roles secundarios.

La película arranca con la desaparición de una niña en un barrio obrero de Boston. A raíz de este dramático acontecimiento, dos detectives privados contratados por la familia se dedicarán a buscar pistas que les conduzcan al paradero de la pequeña. Pero conforme avanzan en la investigación, se van adentrando más y más en un oscuro mundo repleto de camellos, drogadictos, ex–presidiarios, pedófilos y hasta policías corruptos.

A pesar de venir precedida de muy buenas críticas, opino que nos encontramos ante una película bastante mediocre. Su principal laguna está en el desastroso desarrollo de la narración. A saltos, repleta de imprecisiones y absolutamente tramposa. ¿A quién coño se le ocurrieron esas escenas explicativas utilizando la voz en off? Unos vicios que lastran irremediablemente una historia que se muestra incapaz de levantar el vuelo en ningún momento. Además la trama se desarrolla de una forma un tanto irreal, alternando torpemente enfoques propios de una película costumbrista, con otros dotados de una carga dramática digna de un telefilm “basado en hechos reales”. Y esto es lo peor de todo, ya que al acabar de verla, la sensación que queda es la de haber presenciado cualquier basura de esas que programan en la sobremesa de Antena 3.

La interpretación de los actores tampoco juega en favor del conjunto, siendo Casey Affleck el único que se salva, por poco, de la quema. Es más, hay personajes fatalmente trabajados como esa madre drogadicta que ni siente ni padece, interpretada por Amy Ryan (¡que estuvo nominada al Oscar por este papel!...me lo expliquen). O la compañera del protagonista, a quien pone cara Michelle Monaghan, personaje con una participación muy imprecisa. Eso sí, muy guapa la chica. Bueno, ¿y ese final? En fin... Me lo reservo para que lo degustéis. 
Positivo, lo que se dice positivo, poco o nada. Tal vez las escenas que se desarrollan en la casa de los pedófilos, que tienen bastante fuerza. Pero parece poca cosa para las casi dos horas que dura el film. Y es que da la sensación de que a Ben Affleck aún le queda mucho por aprender. 

Por último mencionar que durante toda la película he tenido la sensación de que, o bien el director o el autor de la novela, o ambos en connivencia, se han dedicado a fabular sobre el posible desenlace del famoso caso Maddy McCann. Creo que esto ya fue planteado por algunos periodistas tras su estreno. Los productores negaron la mayor. Pero vaya, cuesta mucho abstraerse de las similitudes.

Añadir que, como aún no he leído nada escrito por Dennis Lehane, no puedo valorar sus dotes como literato. Pero sabiendo que entre sus novelas más conocidas está “Mystic River”, origen de la extraordinaria película dirigida por Clint Eastwood en 2003, resulta tentador establecer una comparación entre ambas adaptaciones. No sé si acabaré leyendo cualquiera de estas dos novelas. En todo caso, apostaría que Ben Affleck no sale bien parado. Vaya, que más allá de la calidad de las obras, Ben no es Clint. Ni creo que llegue a serlo nunca.

martes, 15 de abril de 2008

Scottie vuelve a dejar la banda


Los Stone Temple Pilots fueron una banda de rock de San Diego, etiquetada como grunge, que alcanzó notoriedad gracias a un par de buenos singles extraídos de su álbum de debut. Concretamente “Sex Type Thing” y “Plush”. A lo largo de su corta trayectoria, grabaron un puñado de buenas canciones incluidas en cinco álbumes de estudio. Tras el mencionado “Core” de 1992, vendrían “Purple” en 1994, “Tiny Music…Songs From The Vatican Gift Shop” en 1996, “Nº 4” en 1997 y “Shangri-la Dee Da” en el 2001. Un año después, los cuatro miembros decidieron dejar la cosa ahí y emprender caminos separados. Su vocalista y líder, Scott Weiland, encontró acomodo en una nueva formación llamada Velvet Revolver, junto a tres ex – miembros de los Guns’n’Roses. Con ellos grabaría dos buenos álbumes de hard rock, primero “Contraband” en 2004 y después “Libertad” en 2007.

Pues bien, según parece el amigo Scott da por finiquitada su participación en Velvet Revover. Pareciera que el motivo es la pronta reunificación de los Stone Temple Pilots. Aunque no solo es eso, a la vista de la memorable nota de prensa en la que explica su decisión. No tiene desperdicio. Lo gracioso es que tenía a Mr. Weiland por un cretino integral. Pero vaya…
“Tras leer el comentario de Duff (McKagan), Matt (Sorum), Dave (Kushner) y el ilustre ‘Guitar Hero’, Saul Hudson, alias Slash, me parece de broma que los así llamados ‘miembros fundadores’ de Velvet Revolver más conocidos como ‘El proyecto’ antes de que oficialmente le diera nombre a la banda, hayan decidido seguir adelante sin mí después de que yo ya manifestara que el grupo había muerto en el agua el 20 de marzo en Glasgow. En respuesta al comentario de Slash sobre mi compromiso (con la banda), tengo que decir que es una excusa roñosa y floja para cubrir la verdad. La verdad del asunto es que la banda no se llevaba bien a múltiples niveles desde hace un tiempo. A nivel musical, hubo momentos de alegría, inspiración, diversión… A veces. Pero no olvidemos los múltiples viajes a rehabilitación que cada miembro de la banda ha hecho (con la excepción de un miembro, y no hace falta decir su nombre). Personalmente, elijo mirar adelante hacia el futuro y tocar con un grupo de amigos que conozco de toda la vida, gente que siempre han cuidado de mí. Esto también habla de mi compromiso con mi música y mis compañeros de Stone Temple Pilots y con mis fans que siento que preferirán ver a un grupo de músicos que disfrutan estando juntos en lugar de una cuadrilla de desencantados que una vez se llegó a denominar banda. Buena caza, ladies. Creo que Sebastian Bach sería una elección 

lunes, 14 de abril de 2008

Millet según Baudelaire


El Ángelus, 1857-1859
Óleo sobre lienzo
Museo de Orsay 

Algún día escribiré un artículo sobre la interesante figura de Jean François Millet (1814 - 1875), cofundador de la escuela de Barbizon e introductor del realismo en Francia. Su preocupación por los temas campesinos lo convertirá en un referente para movimientos sociales que verán en su obra una crítica explícita a la sociedad de la época.

Pero si me ocupo aquí de este pintor es para ejemplificar la siempre difícil relación entre los creadores y la crítica de arte. Y quien mejor para representar estos últimos que el crítico por antonomasia: Charles Baudelaire. Y es que resulta curioso comparar la pésima acogida de la obra de Millet entre sus contemporáneos, con la elevada consideración de la actualmente goza.
"El Sr. Millet busca particularmente el estilo; no lo oculta, hace alarde y se vanagloria de ello [...]. El estilo le da mala suerte. Sus campesinos son pedantes que tienen una opinión demasiado elevada de sí mismos. Ostentan una especie de embrutecimiento sombrío y fatal que me produce deseos de odiarlos. Cosechen, siembren, hagan pastar a las vacas o esquilen a los animales... En su monótona fealdad, todos esos pequeños parias tienen una pretensión filosófica, melancólica y rafaelesca. Ese impedimento, en la pintura del Sr. Millet, echa a perder todas las bellas cualidades que atraen en un principio la mirada hacia él."
Salón de 1859. Cartas al Sr. Director de la Revue Française. Charles Baudelaire

Bendita fealdad. 

domingo, 13 de abril de 2008

Sorolla en la Hispanic Society de Nueva York


El pasado día 31, tras cinco meses abierta al público y con casi medio millón de visitantes, finalizó la exposición “Sorolla visión de España” ubicada en el Centro Cultural Bancaixa de Valencia. En ella se mostraban los catorce paneles de gran tamaño que Joaquín Sorolla pintó por encargo para la Hispanic Society de Nueva York. Además de las obras, restauradas para la ocasión, la muestra incluía un montón de fotografías explicativas de todo el proceso de restauración, además de imágenes y textos sobre los inicios de la Hispanic Society.

Estas obras, que salían por primera vez de su emplazamiento original, fueron realizadas por el maestro valenciano a comienzos del siglo XX. Dando cumplimiento al encargo que el hispanista norteamericano Archer Huntington le realizó en 1911, con la finalidad de dar a conocer la cultura española en los Estados Unidos. Tras aceptar, Sorolla se dedicó a recorrer la geografía española, captando imágenes de los diferentes territorios, si bien al final la mayoría de paneles fueros pintados al natural. Las obras son “La fiesta del Pan”. Castilla (1913); “Los nazarenos”. Sevilla (1914); “La jota”. Aragón (1914); “El concejo del Roncal”. Navarra (1914); “Los bolos”. Guipúzcoa (1914); “El encierro”. Andalucía (1914); “El baile”. Sevilla (1915); “Los toreros”. Sevilla (1915); “La romería”. Galicia (1915); “El pescado”. Cataluña (1915); “Las grupas”. Valencia (1916); “El mercado”. Extremadura (1917); “El palmeral”. Elche (1918); “La pesca del atún”. Ayamonte (1919). En total, un trabajo colosal que ocupó sus últimos años de vida del pintor. Siendo considerada por él mismo como la obra de su vida.

¿Pero lo es realmente?
Desde mi punto de vista no. Y es que la exposición dista de ser un muestrario de esas características reconocibles en la obra de Sorolla y por las que alcanzó el estatus de maestro. A saber: el magistral empleo de la luz, la utilización de enclaves paisajísticos muy apegados a la tierra que le vio nacer  y, en definitiva, el reflejo de la cotidianeidad mediterránea. Estas cualidades de su pintura, que estarían reflejadas en obras como “La vuelta de la pesca” o “La playa de Valencia”, no se aprecian con claridad en esta exposición. Quizás un poco en “La pesca del atún. Ayamonte”. No así en los otros trece paneles. Estoy seguro que cualquier valenciano que haya acudido a la expo se habrá percatado. No es Sorolla un autor desconocido para los de la terreta. Hemos padecido innumerables campañas de Bancaixa, depositaria de gran parte de sus creaciones, publicitando la obra del pintor a través de la impresión de almanaques, láminas o estampas. De hecho se hace raro encontrar un domicilio en la Comunitat que sea ajeno al fervor sorollista.

Así pues, muy a pesar de la grandiosidad de los paneles y la maestría demostrada en alguno como “La fiesta del pan. Castilla”, no creo que hayamos disfrutado del mejor Sorolla. Lo que no quita que “Sorolla visión de España” resulte interesante por la significación del conjunto de obras expuestas y por el hecho de ser la primera vez que pisan Valencia y España. Pero no mucho más. Desde luego no compro que este sea uno de los más importantes conjuntos pictóricos de todo el siglo XX, como se está vendiendo.

Actualmente se prepara la misma exposición en el Museo de Bellas Artes de Sevilla. Posteriormente se desplazará a Málaga, Madrid, Barcelona, Bilbao, de nuevo a Valencia para después retornar a su emplazamiento original en Nueva York. Eso sería ya el próximo año.

sábado, 12 de abril de 2008

El cine y Arthur C. Clarke


Investigando por la red de redes y por pura casualidad, me topé con el anuncio de que David Fincher va a rodar un adaptación de la aclamada novela de A.C. Clarke “Cita con Rama”. El estreno en los EEUU se prevé para el próximo 2009 y del reparto solo ha trascendido la figura de Morgan Freeman. Esperemos que la adaptación haga justicia a una novela inmensa. En mi opinión, lo mejor que publicó nunca el recientemente fallecido escritor.

Digo esto porque pienso que una obra como la de Clarke, autor especializado en el género de la ciencia ficción, ofrece muchas posibilidades para alumbrar excelentes películas de género. Pero extrañamente y con honrosísimas excepciones, no ha sido así. De todas las adaptaciones realizadas tan sólo cabe destacar “2001: Una odisea en el espacio” dirigida por Stanley Kubrick en el año 1968 y que se basa en “El Centinela” de Clarke. Un hito del cine de ciencia ficción que encumbró a su director, pero que sin embargo no supuso lo mismo para el escritor el británico. Tampoco sirvió para que la industria se interesara por adaptar otras obras suyas, más allá de la obligada segunda parte de El Centinela, que bajo el nombre de 2010” fuese dirigida por Peter Hyams en 1984.

Desde entonces y hasta su muerte el último día de San José, Arthur C. Clarke tan sólo vio como algunas películas de animación, telefilmes o teleseries de dudosa calidad se inspiraban en sus creaciones. Esperemos por tanto que Fincher, director de cintas como “Se7en” (1995), “The Game”(1997) o “Zodiac” (2007) le coja el tono a “Cita con Rama”. Que facture una gran peli que sirva de homenaje póstumo a la figura de uno de los padres de la ciencia ficción.

viernes, 11 de abril de 2008

Punkies de postal... tra la lara


Tras parafrasear el título de una conocida canción de La Polla Records, paso directamente a lo que me interesa. Mi más absoluta repulsa a las reacciones que se están suscitando desde diferentes colectivos y gobiernos de países del primer mundo con la intención de perturbar el trayecto de la llama olímpica hasta Pekín, sede principal de la celebración de los XXIX Juegos Olímpicos. Los altercados de los últimos días acaecidos en las ciudades de Londres, París y San Francisco, con motivo del paso de la antorcha por esas ciudades, más que enorgullecer a sus respectivos gobiernos debería de avergonzarlos por tamaño ejercicio de hipocresía. Muy occidental todo ello, sí señor. Pero yo me pregunto: ¿Dónde coño estaban esas protestas cuando los juegos fueron concedidos a Pekín el 13 de julio de 2001 durante la sesión del COI celebrada en Moscú? ¿Qué ha variado desde entonces en el Tíbet y en resto de China para que cambien su actitud?

Algunos se ampararán en que la concesión ya estuvo rodeada de polémica. Siendo esto cierto no lo es menos que la mayoría de países aceptaron los compromisos de las autoridades chinas de extender y respetar los derechos humanos durante los próximos años. De hecho se eligió como eslogan “Nuevo Pekín, Grandes Juegos” precisamente para enfatizar el cambio de ideales para el nuevo milenio. ¿Entonces? ¿No es suficiente? Pues no.... Ni lo era entonces ni tampoco lo es ahora.

Analicemos el tema más en profundidad y preguntémonos lo siguiente: ¿Existe la democracia en China? ¿Hay libertad religiosa en alguna parte de su extenso territorio? ¿Libertad de expresión tal vez? ¿Pueden los chinos y por ende los tibetanos, enviar o recibir información libremente? ¿Pueden desplazarse sin trabas? La respuesta a todas las cuestiones ha de ser NO. Y ahora cuestionémonos que hace diferente al Tíbet para que la comunidad internacional se haya fijado en ellos y no en la población de Guanzhou, por poner un ejemplo, para mostrar su repulsa a la celebración de los Juegos. ¿Acaso un habitante de Xian o de Shenzen goza de los derechos que se reclaman para los tibetanos? La respuesta también ha de ser NO. Entonces, ¿Por qué molan más los tibetanos que los manchures o que los pescadores del sur de China?... porque eso es lo triste del tema, no reivindicamos derechos para el pueblo chino, que lleva no-se-cuantos años subyugado a un régimen autoritario, sostenido por intereses económicos occidentales. Sólo nos movemos porque hemos descubierto que se oprime a los tibetanos. Tal vez porque muchos se han encargado de meternos en vena que el Tíbet mola. Sí chavales, el Tíbet mola mogollón y que viva el buen rollo, kamajamakamajaaaaamaaaa!!! Free Tibet by Richard Gere.

Voy a ir más allá, ¿Qué hace diferentes a los tibetanos de los iraquíes a los ojos de occidente? ¿Es que acaso los ciudadanos de Iraq no viven oprimidos? ¿Es que en Iraq, donde los EEUU y el Reino Unido andan enfrascados en una guerra ilegal, la población civil goza de los derechos esenciales de los que no gozan los tibetanos? ¿Y los franceses, cuyo Presidente electo defiende a diferentes dictaduras tribales en África amparado en el paraguas de la Francophonie?

Y ya que estamos, hagamos política ficción, va. Pongamos que las autoridades chinas decidiesen dialogar con el Dalai Lama en pos de decidir el futuro del Tíbet. ¿Qué justificación le encontráis a que se escinda un territorio histórico de China y crear un nuevo estado? Para más inri, un estado de carácter teocrático en el que la religión es el principio y el fin de todas las cosas. Por qué no nos equivoquemos, los tibetanos son igual de chinatas que los uigures o los hmong, con la única diferencia de que profesando la religión budista, deciden meterse a monjes rompiendo con las leyes fascistas dictadas por un gobierno autoritario. Pero no olvidemos que estos últimos tampoco escogen a sus representantes libremente, ya que la elección del Dalai Lama les viene impuesta por un dudoso sistema no muy acorde a los principios democráticos que supuestamente estamos defendiendo. ¿Vamos a amparar la creación de una teocracia budista? ¿Pero no estábamos defendiendo la libertad religiosa? ¿Dónde estamos pues? Sin embargo todo occidente aceptando las reivindicaciones de este nuevo líder mundial. Que nos da penita que la religión del buen rollo no tenga su propio país, como lo tienen los mandamases del catolicismo y del judaísmo. Y es que es eso. Los derechos humanos nos importan un huevo...

Una última cuestión… ¿Tendrá algo que ver el cambio de actitud de los Sarkozy de este mundo con la inminencia de ese peligro económico llamado “el gigante asiático” y que promete hacer tambalear nuestras economías? Ahora ya no nos caen tan simpáticos los chinitos, con sus lollitos de plimavela y su aloz tles delicias...

A ver gachones, que me parece muy bien que nos movilicemos para defender causas nobles. Pero siempre que se haga en conciencia y no sólo por convoi. Y además con responsabilidad y por supuesto con conocimiento de lo que se hace. Quizás así consigamos algo. O ni así. En todo caso y mínimo hasta entonces, las cosas seguirán igual de mal para los pobres tibetanos y también para el resto de territorios y etnias chinos. Para todos ellos pero también para los afganos, los somalíes, los senegaleses, los coreanos del norte...

Lo cierto es que pasado mañana ya no habrá manifestaciones. Y la semana que viene ni te acordarás del tema. Richard Gere estará rodando su nueva película que será igual de mala que las anteriores. El Dalai Lama se fumará un puro y el Presidente de China se tomará un coñac a la salud de todos nosotros. Así pues, mi más sincera repulsa al gobierno chino y a todos los gobiernos autoritarios que nos quedan en este “maravilloso” mundo. Y mi más sincero desprecio a todos esos gobiernos democráticos que se arrogan la potestad de determinar cuáles de entre esos regímenes autoritarios merecen ser respetados y cuáles no. Asco me dais, hijos de puta.

He dicho.
Os dejo con La Polla:

jueves, 10 de abril de 2008

Los Cantos de Maldoror, de Lautréaumont


“…plegue al cielo que el lector, enardecido y momentáneamente feroz como lo que lee, halle, sin desorientarse, su abrupto y salvaje sendero por entre las desoladas ciénagas de estas páginas sombrías y llenas de veneno… No es bueno que todo el mundo lea las páginas que siguen; sólo algunos saborearán sin peligro ese fruto amargo.” 

Mi acercamiento a esta obra maestra de la literatura universal, se produjo por un casual. Por aquel entonces acostumbraba a leer una revista cultural, en la que uno de los columnistas firmaba bajo el pseudónimo Maldoror. Es por ello que, cuando me topé en una librería con la obra de un tal Lautréaumont, me picó la curiosidad y me vi obligado a agenciármela. Y a mis dieciséis años, merced a esa bendita curiosidad, me adentré en una de las lecturas que más impacto me han causado.

“Los Cantos de Maldoror” fueron publicados por primera vez, de forma íntegra, en 1869. Si bien, tan solo un año antes, su autor consiguió publicar a sus expensas el primero de los cantos. La obra completa agrupa en seis capítulos los correspondientes cantos de los que se compone. Fueron escritos por Isidore Lucien Ducasse, más conocido por su pseudónimo Conde de Lautréaumont, “conde del otro monte” en castellano, en alusión a su origen. Nacido en Montevideo en 1846, hijo de un diplomático francés asignado al consulado general de Francia, Isidore fue enviado desde su Uruguay natal a Francia para cursar estudios superiores. Cosa que abandonará rápidamente, pasando a llevar una vida bastante ajetreada y bohemia en el París del Segundo Imperio. Allí mismo moriría un 24 de noviembre de 1870. Tenía apenas 24 años y las circunstancias del deceso nunca fueron aclaradas. En tan poco tiempo a Lautréaumont solo le dio para ver publicadas dos obras, los mencionados Cantos y sus “Poesías” de 1870.
Los Cantos son un poema narrativo que despliega una visión del mundo fundamentada por la esencia del mal. Un oscuro escenario en donde la crueldad, la violencia, la obscenidad, la blasfemia, la aberración y lo denigrante transitan de la mano. Fue una obra muy transgresora para la moral de la época, por lo que recibió el repudio generalizado de una generación que incluso cuestionó la cordura de su autor. No sería hasta comienzos del siglo XX, con la aparición del movimiento surrealista, cuando obra y autor obtuvieran el merecido reconocimiento.

Es muy difícil resumir una obra que carece de un hilo argumental. En todo caso la trama, si es que la podemos denominar así, gira en torno al personaje protagonista, el tal Maldoror -“mal d’aurore” “mal de aurora”-. Un ser sobrehumano que bajo diferentes formas se dedica a hacer el mal en su lucha constante contra el mismísimo Dios. Para ello comete terribles asesinatos en los que las cotas de sadismo alcanzan niveles propios de cine gore. El empleo de altas dosis de humor negro, junto a las descripciones del horror y la crueldad, además del empleo de un lenguaje plagado de símbolos, consiguen que el texto derive hacia lo grotesco y lo ridículo. Sin duda estamos ante una obra destinada a impactar en el lector. Como de hecho consiguió con aquel crío imberbe que aún flipaba con Europe y los Pet Shop Boys, pero también con Current 93 y Dead Can Dance.

“Maldoror fue bueno durante sus primeros años, en los que vivió feliz; ya está hecho. Advirtió luego que había nacido malo: ¡Fatalidad extraordinaria!” (Canto I)

miércoles, 9 de abril de 2008

En el Valle de Elah


El film fue saludado con muy buenas críticas en medios especializados. Además me lo recomendaron varias personas de cuyo criterio me fío. A pesar de eso no me atreví a ir al cine cuando se estrenó el pasado 2007. Temía que, una vez vista, no resistiese la comparación con las expectativas generadas. Eso y que mi opinión respecto a Paul Haggis como director y guionista no es la mejor. Ha ido cambiando con el tiempo y parte de culpa la tiene un amigo y sus esfuerzos en desmitificar, cuando no arrastrar por el fango, a quien guionizara la fantástica “Million Dolar Baby”. Y no le falta razón. Con Haggis no es oro todo lo que reluce y sus guiones, en general, son demasiado tramposos. Si a eso le sumamos que yo estoy un tanto saturado del tema Iraq,  pues entenderéis que me desentendiera de esta película.

Pasado ya un tiempo que considero prudencial, me decidí a visionarla en mi casa, tranquilamente y bien provisto de latas de cerveza por si las moscas. No hicieron falta. Es una buena película. Sobre todo resulta interesante. Se ocupa más de las consecuencias que en  veteranos de guerra ha tenido su participación en el infierno de Iraq, que en la guerra en sí. De hecho, creo que este es el principal valor de “En el Valle de Elah”, como nos muestra la deshumanización que se ha operado en esas personas aparentemente normales, algunas incluso buenas, por su participación en un conflicto armado.

La película se centra en el drama de un padre cuyo hijo está en paradero desconocido tras un permiso reglamentario. Las imágenes bélicas sólo nos llegan difusas y dañadas a través del teléfono móvil del joven desaparecido. Por este motivo el padre, interpretado por un excelente Tommy Lee Jones, ayudado por una investigadora de la policía, interpretada por Charlize Theron, comienza a indagar. A partir de ahí asistimos a una sucesión de terribles descubrimientos que, en lugar de aclarar lo sucedido, van a emponzoñarlo todo hasta el punto que ya no es tan importante descubrir dónde está el soldado, ni lo que realmente ha pasado, sino saber si ese chico es el mismo que su padre conocía y al que su madre, interpretada por Susan Sarandon, adoraba. El proceso de descomposición al que se somete el patriotero sistema de valores de un padre desesperado, orgulloso de su condición de ex militar, alcanza el clímax con una última escena de gran fuerza visual y simbólica que no desvelaré aquí.

Pero también contiene un par de cositas que me chirrían. La primera tiene que ver con la condición de Haggis: Orgulloso patriota norteamericano, como queda reflejado en toda su filmografía. Aun así, me parece que aquí este patriotismo es utilizado como carta de legitimación para lanzar una dura crítica a su país. Me explico: Pareciera como si Paul Haggis nos dijese que su crítica está justificada precisamente por su americanismo. Legitimándolo frente aquellos otros críticos a los que, a sensu contrario, cabría calificar de antiamericanos o no lo suficientemente patriotas. Este planteamiento no tiene ningún sentido. Precisamente por el tamaño y el calado de la barbarie en Iraq, cualquier ciudadano del planeta está legitimado para cuestionar la postura de los EEUU. Le guste a Haggis o no. Lo otro que no me calza tiene que ver con el personaje interpretado por Charlize Theron. La detective que, por la estructura del film, deviene fundamental. Pero joder, que mal trabajado está. ¡Es más plano que una tabla de planchar!

Con todo, sin ser una obra maestra, sí que considero que “En el valle de Elah” es una buena película. Recomendable para casi cualquiera. Insistente en una temática ya tratada recientemente en el cine norteamericano por directores como Brian de Palma.  Véase “Redacted(2007) por ejemplo. Ah! Y con un muy acertado título que hace referencia al valle en el que se desarrolló la batalla bíblica entre el gigante Goliat y el pequeño David. Supongo que no es necesario explicar el simbolismo.
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