sábado, 25 de octubre de 2008

Americana All Stars



El pasado viernes en la Sala Matisse y bajo el cuestionable título de Americana All Stars, tocaron Stacey Earle & Mark Stuart junto al incombustible Jason Ringenberg, pero sin sus “chamuscadores”. Digo esto porque alguien debería delimitar de una puñetera vez ese estilo en el que todo cabe llamado americana. No puedo entender que con la misma etiqueta se identifique a bandas con un sonido tan diferente como los Drive-by Truckers, Pedro the Lion o Jason Ringenberg, por referirme a alguno de los que actuó anoche.
En todo caso y volviendo al tema que nos ocupa, asistimos a un buen concierto. Sorprendentemente bueno, añadiría. Porque la cosa no pintaba bien de inicio. Primero por la escasa afluencia de público. Inexplicable teniendo en cuenta el nivel de los artistas, el asequible precio de las entradas y el que se celebrase un viernes en una ciudad como Valencia en donde este tipo de eventos escasean. De ahí que haya escogido ilustrar la entrada con un escaneo de mi entrada, la número 0001. Por reivindicación y también porque debe ser la primera vez en mi vida que me pasa. En segundo lugar por la ubicación escogida para celebrar el evento, la Sala Matisse, en donde he padecido espectáculos lamentables por culpa de su pésima sonorización.

La cosa comenzó a eso de las once menos cuarto, cuando apareció en escena Jason Ringenberg ataviado con un sombrero de cowboy, botas camperas y una llamativa camisa roja con chorreras y flecos que es la misma que porta en la portada del disco recopilatorio del año pasado. Como ya he comentado venía sin The Scorchers, pero acompañado de su inseparable guitarra, ataviada para la ocasión con una gran pegatina de apoyo a Obama. La actuación fue divertidísima, alternando algunas de sus canciones más conocidas con monólogos y chistes, en inglés y español, lo que le valió para meterse al público en el bolsillo. Señalar que, más allá de su faceta como showman, el de Illinois es un músico enorme, lo cual quedó patente en la hora y cuarto que duró el concierto.

A continuación salieron a escena los cabeza de cartel: Stacey Earle y su inseparable Mark Stuart, pareja artística y en la vida real. Al igual que su telonero, la banda liderada por la hermana pequeña del gran Steve Earle, ofreció otro buen concierto de country, desgranando los once cortes de su último elepé titulado “Communion Bread”. Álbum un tanto más suave que sus anteriores y claramente dominado por esos bonitos juegos de voces, masculino – femenino, protagonizados por la feliz pareja. Tal vez debido al escaso aforo o por el buen rollo que se percibía en el ambiente, durante el último tramo Stacey y Mark bajaron a la arena para interpretar un par de temas rodeados del escaso público. Como colofón volvió a salir su amigo Jason, con quien ejecutarían los dos últimos temas de la noche.

Para acabar, un par de curiosidades. Primero decir que en mi vida había seguido un concierto sentado en un taburete. Y es que al principio éramos tan poquitos que se podía estar a dos pasos del escenario, disfrutando de una cerveza y bien sentadito. De hecho en el recinto hacía hasta fresco. Cosa extraña en un espacio que, a poco que se llena, se transforma en una sauna finlandesa. La otra anécdota tiene que ver con la actualidad política. Y es que el concierto se convirtió en una especie de acto de campaña en favor de Barack Obama, candidato demócrata a la presidencia de los EEUU. Al parecer tanto Ringenberg como Earle y Stuart son fervientes obamitas y es por ello que, además de llevar camisetas con el lema Obama'08, regalaban un póster promocional de su gira en el cual aparecían proclamas en favor del candidato negro.

Aunque lo más importante es que, en definitiva, lo pasamos de puta madre. En una muy agradable sesión de música COUNTRY - escrito así con mayúsculas- protagonizada por tres músicos de larga trayectoria que se mostraron muy próximos y hasta cariñosos con el respetable. Especialmente Ringenberg, en modo granjero loco, que departió y se hizo fotos con todo aquel que se le acercó.


Ah! Y lo siento por vosotros que faltasteis. ¡Pringaos!

viernes, 24 de octubre de 2008

Nine Inch Nails on Tour


Me acaban de pasar un puñado de espectaculares fotografías tomadas por Rob Sheridan durante la última gira de Nine Inch Nails. “Lights In The Sky: Over North America 2008”, que así se llamaba la cosa, embarcó durante el pasado verano a los chicos de Trent Reznor a través de los Estados Unidos y Canadá. La verdad es que las imágenes son espectaculares. Como los conciertos de la banda, vaya. Y casi cualquier cosa en la que Mr. Reznor ande metido.

Ahí van unas cuantas:




viernes, 17 de octubre de 2008

El Rompenieves



Ilustro la entrada con las portadas que la editorial Bang! realizó para la edición española de “El Rompenieves 1” y “El Rompenieves 2 y 3”, porque son chulísimas. Desde luego bastante más que las de la versión original francesa de 1982. La serie de “El Rompenieves” –en Francia Le Transperceneige”- está compuesta de tres episodios titulados “El Fugitivo”, “El Apeador” y “La Travesía”, siendo considerada una obra de referencia en el mundo del cómic. Claro exponente del movimiento que se desarrolló en el seno de la historieta francesa en los años setenta y que se caracterizaba por la utilización de la ciencia-ficción como vehículo de denuncia social.

El punto de partida es un mundo desolado a causa de los efectos del cambio climático. Muy actual como veréis. Todo el planeta está cubierto de nieve y padece temperaturas cercanas a los ochenta grados bajo cero, por lo que se hace imposible vivir en el exterior. Los últimos supervivientes de la raza humana se encuentran recluidos a bordo de un gigantesco tren en constante marcha. Dentro del mismo se ha desarrollado una estratificación social en la que las clases bajas malviven en los vagones de cola, mientras que las élites ocupan los lujosos vagones delanteros. En este contexto, el primer episodio cuenta como un vecino de los barrios bajos consigue llegar a la zona noble, ocasionando un desbarajuste en el reglado sistema impuesto por los mandamases del tren. Comienza así una especie de odisea personal, en busca de no se sabe bien qué. Aunque lo más interesante es como la historia del fugitivo nos permite ver reflejadas todas las miserias de la humanidad. Muy especialmente las que tienen que ver con las barbaridades que los hombres somos capaces de perpetrar contra nuestros congéneres.

En los siguientes episodios la acción se traslada hasta otro escenario: Un nuevo ferrocarril más espacioso que responde al nombre de “El Rompehielos” y que refleja las mismas desigualdades. Este tren además tiene apeadores. Una nueva casta nacida en esta sociedad post-apocalíptica sobre raíles. Se trata de un cuerpo especializado encargado de bajar a tierra firme en busca de objetos importantes para la supervivencia. Para ello, la locomotora goza de mecanismos para detenerse sin poner en riesgo la vida de los pasajeros. Con todo, siempre existe el riesgo de chocar frontalmente con “El Rompenieves” protagonista de la primera parte, o con alguno de los vagones que este fue soltando. En la última parte asistimos a como la sociedad ferroviaria, viéndose en peligro por circunstancias que no desvelaré, emprende un largo viaje a través de los hielos eternos persiguiendo una señal. Confiando en que esta les lleve al encuentro de otro grupo de supervivientes. Solo añadiré que sin ser lo peor de lo peor, el final no es como para tirar cohetes.

La primera parte fue parida por el genio de Jacques Lob, uno de los más grandes historietistas que ha dado Francia, que es mucho decir. Y se nota. Con esto cerraría una trayectoria inmaculada, ya que falleció al poco de acabarla. Es por eso que la segunda y tercera parte fueron escritas por Benjamin Legrand. Siendo el dibujante de los tres episodios Jean-Marc Rochette. Y la diferencia de calidad entre los tres es más que evidente. El primero es una obra maestra incontestable. De obligada lectura para todos aquellos que estén mínimamente interesados en el mundo del octavo o noveno arte (nunca me aclaro con esto). La segunda y especialmente la tercera no es que sean una caca, pero bajan claramente el nivel. De hecho, si pasaras de ellas tampoco supondría un drama. Aunque bueno, si quieres conocer como acaba esto...

viernes, 3 de octubre de 2008

The Posies - Valencia 02.10.08


En el mundo de la música se imponen nuevas modas. Una de las últimas es la celebración de conciertos nostálgicos. Aquellos en los que veteranos de la escena reinterpretan sus discos clásicos o los sacan a pasear tal cual fueron concebidos originalmente. A eso último se han apuntado los Posies, embarcados en una gira que los llevará por diez ciudades españolas, incluyendo Valencia, dedicada a revisar los cortes de su trabajo más emblemático, el “Frosting on the beater” de 1993. Según cuenta Ken Stringfellow, cofundador de esta banda formada en Seattle a finales de los ochenta, el motivo de la gira se debe a que “nos dimos cuenta de que ese álbum cumplía 15 años, nosotros 20 como banda y nuestro sello en España, 10; nos lo ofrecieron y decidimos aceptar; no me gusta mucho la nostalgia y, claro, ese álbum no es mi favorito de la banda, pero entiendo que significó mucho para mucha gente; va a ser emocionante y osado”.

La verdad es que volver a escuchar el goloso sonido de The Posies siempre apetece. Más ahora que la banda ha dejado de ser una prioridad para sus miembros, con proyectos paralelos que ocupan la mayoría de su tiempo. Porque los años no pasan en balde para nadie y tanto Stringfellow como su amigo Jon Auer han sufrido una clara evolución y no sólo en lo musical. De hecho, en las horas previas al evento y mientras disfrutábamos de un bocata y unas cervecitas en un bareto frente al Greenspace, apareció un irreconocible Ken Stringfellow. Y cuando digo irreconocible, creedme. La mitad de lo que era antes, cuando tampoco es que nunca fuera un fortachón. Asemejaba a un secundario de “La Novia Cadáver” y con eso lo digo todo. Más impactante fue la puesta en escena de Jon Auer, por motivos opuestos. El menda se debería mirar lo de su peso. Y no es que antes fuera una sílfide, pero joder como se ha puesto de gordo el cabrón. Parecía un luchador de sumo con melena.

Ya hablando del concierto que es lo que importa, decir que no pasará a los anales de la historia, ni falta que hace. Porque sería injusto menospreciar el esfuerzo por interpretar dignamente canciones como “Dream all day”, “Solar Sister” o “Flavor of the month”. Tres de las mejores de su amplio repertorio y que probablemente no habrían tocado en directo desde hace años. Más o menos en eso consistió el show, hora y media largas de powerpop, buenas melodías y nostalgia noventera. Demostrando que los doce cortes que conforman tan icónico disco no han perdido un gramo de fuerza quince años después.

Un par de cuestiones aún antes de terminar. Me alucina la capacidad de salivar del señor Stringfellow. Y lo digo en serio. El tipo se pasó la noche lanzando gargajos a diestro y siniestro. Sí, ya me sé las probables causas de tan odiosa capacidad, pero aun así fue exagerado. Hasta el punto de que el bajista no se atrevió a acercarse a él por miedo a recibir un gapo. O quizás para no resbalarse con tamaña cantidad de líquido corporal esparcido sobre el escenario. La segunda es para reflejar una de las estampas más peculiares -por no decir cutres- que jamás haya presenciado en un evento de estas características. Y es que justo después de terminar el último tema, nos dirigimos raudos hacia el stand habilitado para la venta de cedés, vinilos y merchandising. Como llevábamos algo de prisa y queríamos echar un vistazo antes de marchar, llegamos bien colocados en el grupo de cabeza. Que no los primeros. Y es que la extraña pareja fue capaz de dejar sus instrumentos, sortear el mar de saliva generado por el flaco Stringfellow y correr hasta el stand más rápido que nosotros, que sólo estábamos a diez metros. Y con eso nos topamos, con Auer y Stringfellow tras el expositor haciendo aspavientos y salpicando a todo bicho viviente con sus efluvios corporales. Al estilo vendedora gitana de mercadillo, cedés en mano… “quemeloquitandelajmanoooo!!!”. La escena será recordada por muchos como uno de los episodios más bizarros jamás vistos. Una historieta del “gordo y el flaco” en vivo y en directo, y a todo color. Obviamente al final no tuvimos tiempo de mirar nada. 

A pesar de esto último, tengo que reconocer que el concierto fue bastante decente. Los Posies nos hicieron pasar un buen rato. Y quién sabe si era la última oportunidad de escuchar en directo a una de las bandas de rock más importantes e influyentes de los noventa. Supongo que no. Aunque solo el tiempo nos lo dirá.
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