viernes, 28 de noviembre de 2008

Gira de Electric Six


Estos seis cabrones de arriba son los miembros de Electric Six, banda de Detroit liderada por el inefable Dick Valentine. Su carta de presentación es una versión del característico sonido garage de su ciudad natal, a la que añaden elementos propios del retrodisco

El caso es que en el transcurso de su gira 2007, tuvimos la suerte de verles en la Sala Durango. Pero como no todos los días son fiesta, ahora que vuelven a coger la furgoneta y rodar por las salas españolas, se han saltado Valencia para ir a parar al Auditorio de Murcia. En fin… Como no pienso acercarme hasta allá abajo, me quedo con los recuerdos y me consuelo revisando sus desopilantes vídeos. 

Dejo aquí aparcados los tres mejores: “Danger, High Voltage”, a la postre su primer “gran” éxito (con la curiosidad de que las voz de la chica es realmente la de Jack White de The White Stripes);  la archiconocida “Gay Bar”; Y el homenaje burlesco del clásico de Queen “Radio Ga Ga”.

Gay Bar 

Radio Ga Ga

Danger! High Voltage 

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Danko Jones - Never too loud

Con cinco álbumes ya sobre las espaldas, Danko Jones lanzó este 2008 “Never too loud”, un buen disco de hard rock muy fiel a ese estilo cañero y macarra, rebosante de energía y fácil de escuchar para cualquier rocker de medio pelo. Según dicen la propuesta mejora en los directos. Ahí el gamberro músico canadiense y sus secuaces se dejan el alma e incluso algo más. Confiado de que alguna vez se presenten por estas tierras para comprobarlo, que mejor manera de esperar que con la escucha de este elepé. Editado por el sello sueco Bad Taste Empire, que tiene el honor de haber publicado sus dos mejores discos. Os hablo de este último y por supuesto de su antecesor “Sleep is the enemy”, en el que se incluía la archiconocida “First Date”.

Centrándonos de nuevo en “Never too loud”, decir que Mr. Jones se hace acompañar otra vez por John Calabrese al bajo y Dan Cornelius a la batería. Y el trío factura once temas repletos de sonidos afilados, certeros y totalmente compulsivos, marca de la casa. Aunque con menos decibelios y agresividad que antaño. De entre los cortes destacan “Code Of The Road”, single de presentación cuyo vídeo incrusto en el post, “King Of Magazines”, mi favorita, o la extraña “Forest For The Trees”, donde colabora el ínclito John García (Kyuss) y que para muchos es la mejor del álbum.

Lógicamente a quiénes ya seguíais a Danko Jones no os va a sorprender el disco. Pero al resto y muy especialmente a aquellos amantes de los sonidos más roqueros que no le conocierais, estoy seguro que os va a molar la peculiar propuesta de un tipo cuya personalidad y actitud no ofrece discusión. 


domingo, 23 de noviembre de 2008

Damien Jurado en el Black Note - 21/11/2008


El pasado viernes noche tuve la suerte de ver en directo, por primera vez y espero que no la última, a uno de mis cantautores predilectos. Os hablo por supuesto del norteamericano Damien Jurado. La expectativa por tanto era muy alta. Más si cabe cuando el de Seattle acaba de lanzar su nuevo álbum, el noveno en apenas diez años de carrera. “Caught in the trees” que así se llama y que es, desde mi punto de vista, lo mejor que ha publicado hasta el momento. Un trabajo en el cual se respiran nuevos aires, sobre todo comparándolo con “And Now That I´m In Your Shadow”, su anterior entrega en formato quasi suicida. Bien es cierto que el cambio se refiere exclusivamente a lo instrumental, porque en lo que respecta a las letras “Caught in The Trees” es hasta más triste que aquel. O deliciosamente triste, para tirarme un pegote literario cual columnista de postín. Según parece, tiene que ver con el matrimonio Jurado, roto tras la friolera de trece años de felicidad. Cumpliendo con ese tópico que reza que los discos nacidos de un corazón partío tienen un algo especial que nos engancha y hace sentir como propias las desgracias ajenas. Esto sí que es un encuentro con el otro y no lo que contaba Kapuscinski.

Un poco antes que Damien, a eso de las diez y media, se plantó sobre el escenario el tal Llum, semidesconocido cantautor de la terreta. Y lo hizo a través de cinco o seis temas de folk desnudo y de habitación que no sonaron para nada mal. Para los que no lo sepáis, Llum no es otra cosa que el proyecto musical en solitario de Jesús Sáez, baterista de los valencianos Polar y también crítico musical. Inmediatamente después y tras saludar educadamente al respetable, salió a escena un Damien Jurado que de inmediato comenzó a desgranar los maravillosos cortes de su nuevo álbum. Empezando por “Gillian was a horse”continuando con “Paper Kite” y “Go first”, hasta alcanzar el clímax con “Caskets”, la mejor canción del disco y de la que os enlazo el bonito vídeo promocional.

La verdad es que, acudí al concierto sabiendo de la calidad de los cortes incluidos en “Caught in the Trees”, por lo que esperaba un bolo de padre y muy señor nuestro. Aun así la incertidumbre estaba en ver en qué plan nos visitaba su hacedor. Cuestión que quedó disipada tras los primeros acordes de “Gillian was a horse”. La cosa iba muy en serio. Damien y su grupo de acompañamiento vinieron a ofrecer un conciertazo, repleto de momentos mágicos a recordar durante años. Dignificando todos y cada uno de los trece cortes incluidos en el último trabajo. Teniendo tiempo para rememorar de forma brillante algunas cositas del pasado.

No he mencionado que la banda de acompañamiento estaba formada por Eric Fisher y Jenna Conrad, quienes intercambiaron instrumentos a lo largo de todo el show. De hecho, esta última se convirtió en una pieza fundamental en el engranaje del grupo, adquiriendo mayor protagonismo como cantante. Y es que su cálida voz funciona como un complemento ideal a la del maestro de ceremonias. El gran Damien Jurado. Un puto genio. Ojalá nos dure. 

martes, 11 de noviembre de 2008

Ladytron, “Velocifero”


Una de las agradables sorpresas musicales de este 2008, es lo último de los británicos Ladytron. Quién nos iba a decir en el 2001 que estos cuatro chicos de Liverpool, con pinta de aprendices de Kraftwerk y  nombre de canción de la Roxy Music, iban a volver con este pedazo de disco bajo el brazo. Y es que Ladytron están de vuelta con “Velocifero”, el cuarto trabajo en su aún corta trayectoria. Desde ya uno de los momentazos del año en lo que a lanzamientos se refiere.

El álbum se presenta como un perfecto cruce de melodías pop ochenteras, ramalazos de rock machacón y, sobretodo, bases electrónicas de todo tipo y condición. Más cañeras en el caso de “Runaway”, o tirando a lánguidas como en el de “Ghosts”. Es por ello que se haga difícil bautizar estilísticamente el nuevo artefacto. La receta se compone de diferentes elementos que, una vez mezclados y adecuadamente presentados, configuran un sonido propio con el que es complicado establecer comparaciones. No obstante, aunque parezca contradictorio y seguramente lo sea, escuchando algunos de los cortes me vienen a la cabeza mil grupos… Desde My Bloody Valentine, a Nine Inch Nails, pasando por Butterfly Messiah… Aunque luego los vas descartando uno tras otro.

Con todo, lo más interesante de “Velocifero” es como ahonda en esos sonidos teñidos de oscuridad, muy en la línea del electro-dark centroeuropeo, pero sin renunciar a las melodías dulces conducidas por la voz seductora de Helen Marnie. Tampoco a las distorsiones, a las potentes percusiones y a las guitarras, por supuesto. A mí lo que más me gusta es la contundencia rítmica en canciones como “Black Cat”, cantada en búlgaro por Mira Aroyo. También las siniestras atmósferas de “Burning Up”, a mi modo de ver, el mejor corte de todo el álbum. Sin perder de vista el que es y será el pepino promocional: “They Gave you a Heart, They Gave you a Name”.

Así pues y en resumen, gran retorno el de Marnie, la búlgara y los dos maromos a través de un gran disco que no decae en ningún momento durante sus trece canciones. Que no obtendrá el inmenso caudal de loas y parabienes de su predecesor “Witching Hour” y eso que, en varios aspectos, lo supera. Lástima no poder ver su puesta en escena y eso que lo tuve cerca. Hace unos meses pasaron por Valencia en el marco de su gira española y me los perdí. Otra vez será.

sábado, 1 de noviembre de 2008

Escuchando a Jason Molina

Una voz y una guitarra, ¿acaso hace falta algo más? Con eso el líder de Songs:Ohia y Magnolia Electric Co., dos de las mejores bandas surgidas en la última década desde los EEUU, se basta y se sobra para crear este disco de nueve cortes en el que nos muestra todo lo que lleva dentro. El de Ohio compuso las piezas en 2004 en Bloomington, Indiana, aunque de forma inexplicable el álbum no vería la luz hasta el pasado 2006. Se titula “Let me go, let me go, let me go” y al igual que su anterior trabajo, sólo es posible adquirirlo en formato vinilo. Bueno, también se puede descargar de Internet pero eso no tendría mucho sentido. Si hay un cantautor contemporáneo cuya voz se ve especialmente favorecida por el peculiar zumbido del vinilo, ese es Jason Molina.

Estamos ante un elepé maravilloso, triste como él sólo, en el que Molina se desnuda y nos hace partícipes de sus sentimientos más íntimos. Parece pensado para esos días de lluvia y frío tan habituales por esta época del año. Si bien, llama la atención que los temas de la cara A sean un tanto más homogéneos en cuanto a concepto y sonoridad, que los de la cara B. En estos últimos se aprecia una mayor complejidad compositiva, amén de un mínimo empleo de otros acompañamientos. Con todo, la escucha de cualquiera de las caras del plástico supone una experiencia casi mística. En la primera parte sobresaliendo esa preciosidad titulada “Everything should try again”. Pero las mejores composiciones están al final. Concretamente en los cortes octavo y noveno, oseasé los dos últimos del álbum. “It costs you nothing” y muy especialmente el que da nombre a todo el disco y con el que se me ponen los pelillos de punta una y otra vez. Cerrando un trabajo enorme -¡otro más!- de este Rey Midas de la música americana. Y es que todo proyecto en el que se embarca Molina, en
 solitario o con sus amigotes, da un fruto memorable. Ansioso del próximo estoy, no digo más.
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