viernes, 22 de mayo de 2009

Canela en rama


Me he chamao del tirón “Scream” del amigo Chris Cornell. Y hostia tú, sí que es para gritar sí, ¡pero de pavor! Menudo truñaco de disco que ha parido “la voz” más reconocible del grunge. La madre que lo parió… Uno llega a pensar que el disco es una broma pesada que Chris, que debe ser un cachondo mental, le está gastando a alguien. Porque si la cosa va en serio, ¡vaya tela marinera! Y es que no hay por dónde cogerlo. Ni hay a lo que agarrarse, mucho menos algo que rescatar. Las canciones parecen hechas por y para Justin Timberlake o Rihanna, pero en peor, que tiene mérito la cosa. Con toques de vocoder a lo Cher o la última Madonna, ¡y no es coña! Hostia, que eres el puto cantante de Soundgarden, ¡respétate! Y respétanos...

De vergüenza ajena no... Esto va mucho más allá. Inenarrable. Si es que, viendo la portadita, ojalá se le hubiese escurrido la guitarra y se hubiese dado en los huevos bien fuerte… Madre del amor hermoso, que cosa…  

jueves, 21 de mayo de 2009

Grupo de la semana: Yeah Yeah Yeahs


Todo eran rosas para el trío liderado por la carismática Karen O, desde su fulgurante aparición en la escena neoyorquina allá por el año 2000. Hasta Patxi López, flamante lehendakari vasco, se declaró fan de los Yeah Yeah Yeahs en alguna entrevista pre-electoral. Pero tras la aparición de “It’s blitz!”, se ha desatado la tormenta de hostias. Y es que como reza el proverbio, todo lo que va, vuelve, y lo que antaño eran loas ahora se han trasformado en duras críticas al cargo de una crítica con ganas de joder y unos seguidores con muy pocas ganas de cambiar el chip.

Puesto que hay que tomar partido, yo soy de los que alaba el nuevo sonido de los Yeah Yeah Yeahs. Acepto y me gusta ese viraje desde el garage primigenio hasta esa especie de rock electrónico casi sin guitarras presente en el nuevo álbum. Y vale que hayan abusado de los arreglos, de tecladitos y sintetizadores que en algunos cortes quedan muy bien pero en otros no tanto. Sin embargo hay que reconocerles el valor. ¡Y el mérito! Porque el álbum incluye un buen puñado de temazos, como el propio single de presentación “Zero” pese a ser uno de los más criticados. También me ha gustado esa especie de balada titulada “Little Shadow”. Y me parecen notables “Dull life”, “Hysteric” o mi favorita “Soft Shock”. Con todo y a pesar de esta defensa cerrada de “It’s blitz!”, me parece una obra menor si lo comparamos a todo lo anteriormente publicado por Karen, Nick y Brian. Perdiendo en la comparación con “Fever to Tell” y con “Show your bones”, su mejor trabajo hasta la fecha.

Ante cambios de dirección tan radicales como este, de poco vale devanarse los sesos buscando los cómos y porqués. Tampoco sirve de mucho trazar líneas sobre cuál podría ser el sonido del trío en un futuro próximo. Se llama libertad creativa. Así que aplica la tijera a los temas olvidables del disco -alguno hay- y disfruta del resto -la mayoría-. Y vaya, que los Yeah Yeah Yeahs me siguen pareciendo un proyecto la mar de atrayente. ¿Qué quizás no sea el momento más apropiado para nombrarlos grupo de la semana? No lo sé. Lo cierto es que el blog es mío y cualgo lo que me sale de las pelotas, que no es una justificación ni lo pretende, pero es lo suficientemente gráfico como para que se entiende, ¿capish?. Encima estoy seguro de que, si le dais una oportunidad al disco –yo calculo unas tres escuchas- veréis que ni tan mal.

Ahí va “Zero”, el sencillo de la polémica...
“Gold Lion” forever!!! Que se lo digan al honorable Patxi…
Y la tremebunda “Rich”, con la que abrían hostilidades en su debut del año 2003...
Ya para acabar “Warrior”. Una de mis canciones favoritas de todo su repertorio...

viernes, 15 de mayo de 2009

Russian Red + Lisandro Aristimuño en el festival 10dB


Cuando Lourdes Hernández iba con su guitarra de garito en garito por la capital del reino, nadie podía imaginarse que, al poco tiempo, se convertiría en un fenómeno musical a nivel nacional. Otra musa del indie pop, que diría Quico Alsedo con su mala leche habitual. Y es que vayas donde vayas, suena “Cigarettes”, la versioncilla de Cindy Lauper o alguna otra canción incluida en “I love your glasses”, el debut de Lourdes como Russian Red -en alusión al celebérrimo color de pintalabios-. No hace falta explicar lo del éxito de crítica y público desde su publicación el pasado año. Vaya, supongo que vivís en este país y sino ya os llegará la ola, no me cabe duda. Pues bien, ayer y en el marco de la programación del festival 10dB -10 dies de Burjassot-, el Ayuntamiento de esta localidad de l’Horta Nord tenía programada la actuación de la señorita. Así que, a falta de mejores opciones, decidimos acercarnos para comprobar cómo se desenvolvía sobre un escenario.

Nada más llegar nos topamos con un recinto casi lleno y con Lisandro Aristimuño subido al escenario. Gratísima sorpresa lo del cantautor patagónico. Y es que en ninguna parte venía anunciada la presencia de teloneros. Y además el amigo Lisandro no es cualquiera. Con apenas treinta años y ya con tres discos a la espalda, en el show se dedicó a desgranar los cortes de “39 Grados”, su último elepé. Un trabajo repleto de bonitas canciones como “Para vestirte hoy”, “El plástico de tu perfume” o “Me hice cargo de tu luz”, que desfilarían anoche junto a otras piezas de trabajos anteriores como “Canción de amor” o “La última prosa”. Todas bastante celebradas por el abundante público. La propuesta de Aristimuño se basa en la mezcla de esa voz cálida que le ha dado Dios, con el correspondiente acento argentino de Río Negro, algunos toques de virtuosismo a la guitarra y esas repeticiones de bases y elementos de programación que en ocasiones resultan chistosos. El resultado fue una actuación bastante emotiva, solvente y no exenta de sus momentos de brillantez. Lo que no quita para que, viendo al tipo jugar con los efectos del teclado, me viniera a la cabeza aquel episodio de “Friends” en el que Ross Geller– personaje al que ponía cara David Schwimmer- se las daba de virtuoso. A esto me refería con lo de chistoso. Imaginarse a Lisandro cual Ross trasandino aporreando el Korg e incorporando explosiones, chillidos, maullidos, el rayo láser, el sonido de las hélices de un helicóptero o de motor… Y vale, sé que la comparación es fatal. No era mi intención. Porque me gustó el conciertillo que nos regaló el pibe.

Inmediatamente después salieron a escena los Russian Red: oseasé la Lourdes y su guitarrita más los tres músicos que la acompañaban. La chiquilla, que es una cría y en vivo aún lo parece más, repasó la totalidad de su escueto repertorio. El incluido en ese único disco que le conocemos, más alguna versión y un par de canciones que no pude identificar y que supongo vendrán incluidas en próximos lanzamientos. Por encima de los temas cabe destacar el pedazo de voz que tiene la gachona. Con una cantidad de registros y matices increíble. Capaz de embellecer todas y cada una de las canciones que interpretó durante la velada, fueran suyas o de otros. Desde ese punto de vista, la actuación de la madrileña fue impecable. Mejorando lo esperado y dibujando, en definitiva, un bonito show

Y vale, supongo que lo habréis notado… No muestro demasiado entusiasmo. Y es que fan, lo que se dice fan de Russian Red, pues como que no soy. Y vaya, dudo que lo sea alguna vez. Eso no quita que le reconozca sus méritos, que los tiene. Cómo obviar que, con poco más de veinte años, es capaz de desenvolverse sobre un tablao como una veterana de la escena. Mostrar una seguridad y un desparpajo que a otros artistas les lleva toda una vida conseguir. Encima y según tengo entendido, todo lo que ha logrado, se lo ha currado solita. Y sí, lo sé, alguna ayuda habrá recibido, es obvio. Pero no me refiero a las pelas del papi o a la herencia de una tía-abuela rica con un casoplón en Neguri. Hablo de esas subvenciones fraudulentas otorgadas por esa agencia de colocación para mediocres llamada Operación Triunfo. Terrible fábrica de juguetes rotos y aspirantes a defraudador fiscal con residencia en Miami, a mayor gloria de los cuatro listos que manejan el negocio musical en este país. Promoviendo una suerte de competencia desleal sobre la que la Comisión Europea debería meter mano... Sé que lo flipo, pero anda que no molaría...   

Al final no estuvo mal la cosa. Y no llovió ni una gota, aunque estuviese amenazando todo el rato...  

lunes, 11 de mayo de 2009

“Sicko” de Michael Moore


Michael Moore ostenta una bien ganada fama de cineasta comprometido. También de tocapelotas oficial del país de las barras y estrellas. Alguien capaz de soltar verdades dolorosas aun cuando estas tachen de manipulador, mentiroso o incompetente al mismísimo presidente de la nación. Si bien, quizás ahí resida una limitación en el mensaje de Moore, obsesionado con George Bush hijo a quien responsabiliza de todos los males habidos y por haber. Y no es que eso sea mentira, pero a veces resulta un blanco demasiado fácil. Así pues, veremos cómo evoluciona la carrera del documentalista de Michigan ahora que el peor presidente de la historia de los EEUU ha sido desalojado de la Casa Blanca. Deberá demostrar que no se casa con nadie. Confiemos en que no se vea embriagado por el culto a Obama y que no se cumpla una máxima al estilo “contra Bush vivíamos mejor”.

Comento todo esto en relación al estreno en España y con un par de años de retraso, del mejor documental rodado hasta la fecha por el orondo realizador. Sicko”, que así se titula, empleando un intraducible juego de palabras que mezcla los términos sick –enfermo- y psycho –psicosis-. No es para menos. Ponerse enfermo en los EEUU es terrible para cualquier ciudadano medio quien, antes de acudir a consultas, se ve obligado a comprobar hasta donde alcanza su seguro médico. Poniendo la lupa en la letra pequeña por si apareciera específicamente excluida la afección padecida o la intervención necesaria. De ser así y en demasiadas ocasiones lo es, no podrá acceder a la atención requerida, salvo que haga frente al pago de una suculenta factura para lo cual deberá pedir préstamos, rehipotecar su casa y/o vender hasta los juguetes de los niños. Y este es el tipo de casos que Moore refleja en su documental. También los hay peores. Ciudadanos que se ven obligados a elegir entre curaciones por falta de medios. Como ese carpintero que pierde dos dedos en un accidente laboral y debe optar por reimplantarse sólo uno ya que no puede afrontar el coste de dos operaciones. El fulano carecía de seguro médico privado que le cubriera.

Y es que manda huevos que toda una primera potencia mundial carezca de un sistema de salud público. Y Moore, como ciudadano americano, se avergüenza por ello. De ahí que ofrezca este retrato de un sistema desquiciado, cruel y sobretodo injusto, en el que el interés mercantilista ha eclipsado por completo el derecho a la asistencia sanitaria universal propio de cualquier país serio. De ahí que Moore viaje hasta Francia, Canadá o Cuba para que su gente descubra por sí misma las siete diferencias. Y se dé cuenta de que aquello de “América es el mejor país del mundo” es tan solo una frase.

Y vale, sí, es cierto que, como en todas sus cintas, Moore recurre más de lo necesario a la demagogia y a la marrullería. También que su técnica documentalista no es cómo para tirar cohetes. Aun así lo que muestra es harto interesante y ese relato, para sus compatriotas y por extensión para todos aquellos que desde otras latitudes ven a los U.S.A. como modelo a seguir en todo, es más que necesario. Mientras las cosas continúen así harán falta gordos molestosos y cabrones como este.

viernes, 8 de mayo de 2009

Grand Archives + The Wooden Birds (06.05.09 - Wah Wah Club - Valencia)



La apertura de puertas estaba fijada para las nueve, de ahí que mi colega y yo nos presentáramos en la Wah Wah antes de las diez, con el ánimo de tomarnos unas birras mientras las bandas se decidían a comenzar el show. La sorpresa fue cuando al entrar nos percatamos de que allí no había ni el Tato. De hecho, contando a las camareras y al par de palomos que se creen porteros del garito, éramos un total de siete personas. Mal asunto. La cosa iba para largo. Cojonudo. ¡Manda huevos que nos tuvieran allí esperando hora y media! Si lo llegamos a saber nos hubiésemos quedado tranquilamente en El Trébol, acabando de ver el partido de Champions entre el Barça y el Chelsea. Eso por no hablar de que, por cada cerveza tomada en la sala, nos podríamos haber tomado tres en el bareto. ¡Y de marca! En fin… Bueno a lo que ibamos... Que el pasado miércoles pasaron por Valencia los Grand Archives junto a The Wooden Birds.

Primero salieron a escena The Wooden Birds y su propuesta de folk-pop intimista made in Texas que tan buenas críticas ha cosechado con su primer álbum, titulado “Magnolia”. La verdad es que no les conocía demasiado. Tan sólo les había escuchado un par o tres de canciones por cortesía de la bendita mula. Por lo que, para servidor, su brillante actuación fue una agradabilísima sorpresa. Y aún la valoro más tras escuchar su debut íntegro, a través del vinilo que les compré al final del concierto. Y es que, según pude comprobar, en directo presentan una versión bastante más trabajada de los cortes del álbum. Eso y que las voces de su líder, Andrew Kenny, y de la guitarrista Leslie Sisson, ganan mucho en vivo.

Tras el quinteto de Austin subieron al escenario los Grand Archives, banda del ex –Band of Horses y Carissa’s Wierd, Mat Brooke. También venían presentando su debut discográfico, “The Grand Archives”. Lindo trabajo de indy rock, más dulce y preciosista si cabe que la formula ofrecida por las bandas que dieron a conocer a su líder dentro de este mundillo. Y la cosa comenzó fuerte cuando empezaron a sonar los acordes de “Miniature Birds”, para este menda la mejor canción del disco. Después vendrían “Sleepdriving”, “George Kaminski”, “Torn Blue Foam Coach”, “Louis Riel” y el resto de temas del álbum, además de algún anticipo de lo que seguramente vendrá a no mucho tardar. Se atreverían incluso a versionar a Elvis Costello y no les quedó nada mal. El regusto al final fue bastante bueno. El cuarteto de Seattle se lució. Especialmente cuando puso en práctica esos bonitos juegos de voces de los que participan todos.

Ya para acabar comentar un par de cosas que me llamaron poderosamente la atención. La primera es que la voz de Matt Brooke no le corresponde. O sea, en serio... Ya sé que no es culpa suya, pero estoy seguro que allá por los inicios de la Creación, cuando repartieron las voces, esa no le tocaba a él. Si veis el aspecto desgarbado del tipo, con sus melenacas, las barbas y esos tatuajes taleguero style, esa delgadez rayana en la anorexia y luego escucháis la dulzura que exhala su voz no sólo cuando canta, también al dirigirse al respetable, lo entenderéis. No sé, otro Expediente X y ‘ande andará Mulder cuando se le necesita???
La segunda cuestión tiene que ver con el cuelgue del segundo guitarra, cuyo nombre ahora no recuerdo. ¿Thomas Whright tal vez? ¡Ese! Vaya tela marinera... Si bien, al final de la velada el tío se rehizo y estuvo hasta presentable. Ahí plantadito de lo más bien a pie de escenario y portándose como un campeón. No sé si muy centrado pero, ¿que más dará?

Y creo que eso es todo. A pesar de los pesares, quedó buena noche. El conciertillo la mar de guapo. Y visto lo que viene, o mejor dicho lo que no viene por aquí… 

miércoles, 6 de mayo de 2009

El disco de Eddie Vedder


Hace un tiempo ya, le dediqué una entrada a la figura de Chris McCandless, particular personaje cuya epopeya viene recogida en la cinta “Hacia rutas salvajes” (“Into the wild”, Sean Penn – 2007) y que está basada en las investigaciones realizadas por el periodista Jon Krakauer. En aquel momento mencioné que uno de los aciertos de la película era la banda sonora compuesta por Eddie Vedder, vocalista de Pearl Jam. Lo que no sé es porque no puse más énfasis en remarcar lo excelente de las piezas y en lo maravillosamente bien integradas que están.

“Into the wild (Music for the motion picture)” es un disco precioso repleto de cortes intimistas y que siempre se escuchan con las emociones a flor de piel. Sobre todo si has visto la película y te ha llegado dentro la historia de ese loco soñador o idiota iluso al que el mundo se le quedaba pequeñito. Y vale que el álbum es del 2007, por lo que es demasiado pronto para reivindicarlo. También es demasiado tarde para sorprenderse por algo que se editó hace ya más de dos años. Pero es ahora y gracias a Spotify -tu plataforma de streaming amiga- el que haya tenido la posibilidad de reencontrarme con uno de los mejores discos de aquel año. El debut en solitario del surfero de Illinois. Que al final es a quien hay que darle las gracias.

¡Compradlo cabrones! Pero si no tenéis pasta, aquí podéis escucharlo por el gañote:


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