viernes, 27 de agosto de 2010

¡Jugadores mercenarios!


La estampa habitual tras el fracaso deportivo de cualquier club de fútbol español, es ver a hordas de aficionados increpando a sus jugadores a la salida del campo. Entre las tonadillas –algunas más jocosas que otras- y las palabras gruesas que esta sarta de borderlines suelen emplear, se cuela esa tan manida de “jugadores mercenarios”. Sin ir más lejos, eso fue lo que pasó la noche del pasado miércoles tras la sorprendente eliminación del Sevilla CF en la ronda previa de la Champions League, cuando un nutrido grupo de seguidores se concentraron en la puerta principal del estadio Ramón Sánchez Pizjuán para dedicarle ese cántico a sus futbolistas.

Me parece muy graciosa la actitud de la gente que tan sólo les considera mercenarios, de forma peyorativa se entiende, cuando las cosas les van mal en lo deportivo. Y vale que este término si lo usáramos para referirnos a un soldado de un ejército regular, supondría un grave insulto a su honra, pero es que no es el caso. Al fin y al cabo, un mercenario no es más que un soldado que lucha o participa en un conflicto bélico por su beneficio económico y personal, con poca o ninguna consideración ideológica o política con el bando para el que lucha. Así que, si sustituimos las referencias bélicas por las deportivas ¿no son todos los futbolistas unos mercenarios? ¿O es que no les mueve lo del ánimo de lucro frente a otro tipo de razones? Cosa que, por otro lado, no los hace ni especiales ni diferentes al resto de mortales, no nos equivoquemos.

Ahondando en el tema, he visto que según la definición que da el protocolo adicional a la Convención de Ginebra del 12 de agosto de 1949, relativa a la protección de las víctimas de conflictos armados internacionales - protocolo I, de 8 de junio de 1977- (fuente Wikipedia), un mercenario es cualquier persona que:
“1.- Ha sido reclutado o embarcado específicamente con el fin de luchar en un conflicto armado. –O sea, siguiendo con el símil futbolístico, un fichaje para competir en cuantos campeonatos se determine por contrato-.
2.- Toma, en efecto, parte directa en las hostilidades. –Obviamente… para eso se le contrata-.
3.- Su motivación para tomar parte en las hostilidades es principalmente el deseo por el beneficio personal, y de hecho, se le promete una recompensa material por una de las partes en el conflicto, o en favor de ésta que excede de forma sustancial al pago que los combatientes de las fuerzas armadas de dicha parte reciben con similares rangos o funciones. –Evidentemente, curra por dinero. No digo que el prestigio no tenga importancia, que la tiene, pero lo principal ya sabemos que es.-
4.- No es un nacional de ninguna de las partes en conflicto ni residente de ningún territorio controlado por éstas. –Asimilándolo al fútbol (o al deporte en general) vendría a ser que el mercenario no esté criado en el equipo, o sea, que no es jugador de la “cantera”-.
5.- No es miembro de las fuerzas armadas de ninguna de las partes del conflicto. –En relación con la anterior. Es por eso para lo que se le ficha: cumplir un cometido y ofrecer algo que (supuestamente) no se tiene en plantilla y no se puede cubrir con “cantera”.-
6.- No ha sido enviado por ningún Estado ajeno a las partes en conflicto en cumplimiento del deber como miembro de sus fuerzas armadas.” Obviously-.

En conclusión, que referirse a los jugadores de tu equipo como mercenarios, además de ser una obviedad es una gilipollez como un piano. Excepto para la selección holandesa que disputó la final del pasado Campeonato del Mundo:

(Visto en ¡Cuánto daño!)
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Addenda. Sacra conversación entre Sulo, el Padre, y Girolamo, su profeta:
-Giro: Ya Sulo, pero es que estos tíos “no sienten los colores”.
-Sulo: Ok mae... esa cuestión mejor la dejamos para otro post sobre tópicos futboleros.  

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