viernes, 22 de octubre de 2010

Master Piyei en periodismo de investigación

Tengo un amigo muy de izquierdas que, ante un comportamiento mínimamente teñido de conservadurismo, no puede evitar saltar y acusar de nazi a quien corresponda. El caso es que le da lo mismo enfrentarse con un importante político, un simple representante de la administración local, un madero, un amigo, conocido o hasta un familiar directo. Eixe tio es un nasi!!! y chimpún… no hay más que hablar. Evidentemente mi amigo no es un personaje conocido ni tiene a su disposición medios de comunicación que le sirvan de altavoz público, por lo que cuando acusa a alguien de ser heredero de la colla de Hitler –las más de las veces con más razón que un Santo- sus palabras no van más allá del reducido ámbito familiar o de sus amistades.

Esa capacidad de sentenciar no es exclusiva de mi amigo. Me consta que existen otras personas que tienen la misma facilidad para calificar a alguien de nazi... ¡o de chequista!, cuestión esta que se ha puesto muy de moda entre los acólitos de la caverna mediática, gracias a las "rigurosas" investigaciones de don Pío Moa. La diferencia es que en muchas ocasiones -¡demasiadas!- las personas a las que me refiero si que disfrutan de un potente altavoz a su entera disposición y no dudan en utilizarlo para transmitir su mensaje. Tal es el caso de los señores Nando García y Félix Martínez, durante mucho tiempo "brillantes investigadores” en nómina de El Mundo. Alumnos aventajados de Piyei.

El señor García –ecce homo-, junto al señor Martínez son los responsables de la caída en los infiernos del pintor italiano Gaetano “Tano” Pisano. Y es que desde el momento en que decidieron que éste era un nazi y que ocultó en España al criminal Aribert Heim, “El Doctor muerte” - responsable de la enfermería del campo de concentración de Mauthausen-, la venta de sus obras cayó en picado. Unas acuarelas que antes estaban muy cotizadas en Europa y, sobretodo, en EEUU, pero que hoy día casi nadie compra.

El ensañamiento contra Pisano se produjo en forma de 11 (¡once!) “artículos de investigación”  publicados en El Mundo entre los años 2005 y 2006. Según señala un reciente fallo judicial, todas las informaciones contenidas en ellos eran falsas y no fueron contrastadas. Las publicaciones presentaban todo tipo de inexactitudes, así como afirmaciones tendenciosas y repetitivas. Esto último resulta muy curioso. Lo digo porqué manda narices el acusar a alguien de nazi y para ello utilizar una de las máximas de la propaganda nazi, aquello de “una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”. El principio goebbeliano dicta que hacen falta mil veces para que se opere la transformación, pero a los chicos de Piyei les ha bastado con once. ¡Con dos cojones! La misma sentencia destaca el daño irreparable que se ha causado al artista, reprochando al periódico que "bastaba con acudir a sus corresponsales en el país germano o nutrirse de fuentes de toda solvencia ya que así se habría evitado la lamentable estigmatización de los demandantes".

En fin Serafín, ¿otro Pulitzer para los chicos de Piyei?
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PD. Evidentemente la imagen de “Todos los hombres del Presidente”, película en la que se nos cuenta cómo los descubrimientos de dos jóvenes periodistas del Washington Post desencadenarán el caso Watergate, es una coña marinera.  

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