lunes, 10 de enero de 2011

Garbo


Rebuscando entre el archivo de posts correspondientes al pasado mes de agosto, me sorprendo al no ver ninguno referente al documental “Garbo, el espía (El hombre que salvó al mundo)”, que pude ver en el marco del ciclo programado por el IVAC para la Filmoteca d’Estiu 2010. Digo esto porque la película dio mucho juego en posteriores tertulias cerveceras en las que, por abrumadora mayoría, los participantes concluimos que la obra de Edmon Roch es un cagarro inverosímil y mal (¡muy mal!) contado. De ahí que ni yo, ni mis acompañantes durante la proyección, acabásemos de comprender el porqué del enorme aplauso con el que el público asistente despidió la velada. Más que nada por que la cosa dista mucho de ser “una manera diferente de enfocar la Historia haciéndola oficialmente entretenida”, se ponga como se ponga el conocido crítico del Fotogramas que soltó esta parida.

En fin, cuento todo esto ahora porque gracias a mi amigo Javier, he tenido acceso a un artículo del 8 de enero, en el cual el periodista catalán Arcadi Espada opina sobre el documental y sobre la figura del propio Garbo. El texto está mucho mejor escrito de lo que lo hubiese hecho yo y además, contiene interesantísimos links que le sirven a Espada para fundamentar sus opiniones. Por una vez (y sin que sirva de precedente) no podría estar más de acuerdo con ellas:  

“Hace algunos días leí cómo el psiquiatra Jambrina se escandalizaba en su blog de un documental que también a mí me había llamado la atención. Escribía: «Anoche vimos Garbo, el espía. Una gran decepción. El documental es bueno, técnicamente hablando. Ahora bien, la historia del espía barcelonés adquiere tintes desmesurados. Cuando no, grotescos. Garbo, el espía que salvó al mundo, narra la historia de un Juan Pujol García que no se sabe muy bien porqué parece que mandaba informes a los nazis en los días previos al desembarco de Normandía y que hizo creer al Ejército alemán que la invasión sería por Calais y no por Normandía, despistándoles de forma definitiva. Bueno, pues muy bien. Para tratarse de un documental bien documentado no entendimos nada.»
Como es natural, mi interés creció. Pero en el videoclub me daban largas. «Estamos esperándolo». Hasta que ayer, dando una vuelta por Filmin, lo encontré y lo vi, aunque con cíclicos problemas de carga. El documental ha ganado un Goya y ha tenido éxito. Al cabo de verlo mi pregunta era: ¿Cómo una historia veraz puede presentarse ante el público, y convencerlo, con una fragilidad fáctica semejante? Sólo hay una respuesta: el público ya observa todo como ficción. Sabes que durante algún tiempo me interesé por la plusvalía que los hechos aportan a las ficciones. Sobre el regio sintagma: «Basado en hechos reales». Ha dejado de importar. Las aduanas que tiene que superar una historia veraz o imaginaria ya son idénticas. Sólo se trata de que por su asunto o por una eficaz técnica narrativa la historia interese a un público suficiente. La suspensión de la incredulidad ha pasado a mejor vida. Todo es falso y todo el mundo lo sabe y el par veracidad/imaginación ha dejado de contar en la experiencia. Esa es la explicación del desdén con que el director del documental se enfrenta a la antigua obligación de acumular pruebas de veracidad sobre lo narrado. Nadie va a pedírselas...”

2 comentarios:

  1. La peli es un cagarro de órdago, y la gente aplaudió porque "toca". Al igual que en Ashes of Time o como se escriba, donde el tipejo de delante casi nos da de hostias por opinar en contra de la gran meada fuera de tiesto del oriental.

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