lunes, 4 de marzo de 2013

Mía es la venganza, de Friedrich Torberg


Ese es el título de la última novelita que me he leído, por cortesía de los chicos de la revista Five. Aunque más que de una novela deberíamos hablar de una reflexión, de una especie de ensayo novelado – si es que eso existe- en el cual Friedich Torberg, seudónimo literario de Friedrich Ephraim Kanto -escritor, periodista y editor austriaco y judío que escapó de los nazis rumbo a los Estados Unidos- evalúa un asunto arduo, complejo y poco tratado por la literatura. Y es que el autor se plantea si realmente los judíos no pudieron hacer nada más por salvas sus vidas. O dicho de otra forma, sabiendo como sabían que estaban cagados de antemano y sus vidas ya estaban perdidas, ¿no pudieron rebelarse contra los nazis e intentar llevarse a alguno de ellos por delante? La respuesta está en Jesús…
“Romanos 12:19 Nunca os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dad lugar a la ira de Dios, porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.”
Sin embargo Friedrich Torberg no se contenta con esa pose de resignación tan característica de su pueblo y a través de su alter ego literario nos mostrará sus dudas. Lo hará desde Nueva York donde, como se ve en la portada del libro, espera en los muelles la llegada de sus amigos europeos. Sin embargo nunca llega nadie.
“Y mientras uno solo de nosotros base sus esperanzas en ese ‘a lo mejor’, mientras haya uno que crea que pasará ‘alguna otra cosa’ antes de que lo alcance el destino que ya ha alcanzado a otros —y, entonces, Aschkenasy se levantó y alzó la voz y alzó los puños cerrados hacia sus sienes—, mientras alguien aún tenga la esperanza de que les tocará a todos, pero a él no; mientras tanto, nos seguirá tocando a todos.”

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