viernes, 1 de diciembre de 2017

(Post) Metal por un tubo, redéu!!!

Creo que ayer, por primera vez y espero que última, me salté el turno a la hora de publicar entradas en TCBUP. Y es que debía haber reseñado el conciertarro que nos regalaron Jardín de la Croix y Ànteros en la Sala Matisse. La cosa sucedió hace justo una semana y por supuesto fue antes que lo de Yeahrs. Pero es que encima estuvo de puta madre y me lo pasé como un enano… rodeado de enanos. Sí tíos, descontando a los miembros de Jardín y al veterano tras la barra, creo que doblaba en edad al sinnúmero de adolescentes metaleros que allí se dieron cita. Metaleros sin melenas, que se ve que eso ya no s’astila, xé. Así que discúlpenme ustedes y todos los metal maniacos que pululan por esta bitácora. Cada vez menos y más esporádicos. Penitenziagite!!!

A lo que iba, que el viernes pasado experimenté por primera vez lo que supone asistir a un show del cuarteto post-metalero de Barna. ¡Y hostia puta! Mereció hasta el último céntimo de euro de la entrada. ¡Que barbaridad, Dios! Y eso que, en disco, nunca me han atraído demasiado. A pesar de haberles dado múltiples oportunidades, sobretodo a raíz de la insistencia de algún amigo. Bien es cierto que su último elepé, “Circadia” del pasado 2016, está bastante guapo. Mejor que el “Ocean Cosmonauts” vaya. Pero aún así, tampoco me parece la polla Montoya. Pero nada importa. Pude comprobar que el directo de estos tipos lo engrandece todo. Es apabullante. Técnicamente impecables. Emocionalmente sobrecogedores. Y ruidosos como una colonia de chicharras metida en una caja de zapatos. En serio, si podéis asistir a alguno de sus conciertos, hacedlo. Son tremendos  


Antes de la batalla instrumental que nos liaron los Jardín, se despacharon a gusto sus paisanos Ànteros. Quinteto conformado por miembros (o ex-miembros) de diferentes bandas del país entre los que destaca don Víctor García-Tapia de Toundra. Hasta el concierto no les había escuchado más que un tema, o quizás dos. Lo de estos chicos es post-metal y screamo de lo más frontal, con referencias a lo más granadito del género. ¿Isis por ejemplo? ‘enga va. Buen bolo también el que protagonizaron. De hecho aún me pitan los oídos de esa noche.

Y hasta aquí puedo leer.
¡Larga vida al metal y a todos sus vástagos!

jueves, 30 de noviembre de 2017

(For) Yeahrs (and years) en el Maga

Fui a ver a Yeahrs, joven banda berlinesa con escaso bagaje compositivo a fecha de hoy. O al menos eso es lo que demostraron anoche en el “renovado” escenario del Magazine. Y es que la actuación duró poco más de media hora. Lo justo para desplegar los cuatro temas que integran su EP de debut, “Always, Almost”, además de otra canción titulada “Seasons”. Podéis escucharlas todas aquí.

Aunque tampoco les culpo. El día salió frío y lluvioso. Y para ellos la cosa venía cruzada desde Barcelona. Parece ser que por circunstancias ajenas a su voluntad, llegaron a Valencia después de la hora marcada para la apertura de puertas. Luego entre montar y hacer la prueba de sonido, se plantaron pasadas las nueve y media cuando el concierto era a las ocho. Y todo para tocar ante cuatro gatos mal contados. No exagero un ápice. Entre nosotros, el propietario del garito, el sonidista y un grupillo de hijas de la fiesta más interesadas en cualquier otra cosa antes que en el bolo en sí, sumábamos diez molondras. Ni una más ni una menos. Como veis todo quedó en familia. 


Con todo, yo a los Yeahrs estos les veo maneras. Enlatados suenan guay. En el directo y pese a todo aún sonaron decentes. Yo me entiendo. Tú me entiendes. Él me entiende. Y si no debería. Su rollo va en una onda híbrida, partiendo de un post punk a lo Chameleons y los primeros Interpol, pero con trazas de shoegaze y también cierto aroma a aquel indie-rock noventero que encabezaran gentes como Superchunk. Y eso es todo lo que puedo decir, que visto lo visto no es poco. Eso y que fue un poco estafa, la verdad. Pero bueno… A ver como evoluciona el artefacto. Confiemos en que bien y que podamos celebrarlo más adelante y en mejores condiciones.

Así pues tres cervezas y media pizza después, calao de frío y circulando por el anell de Grezzi cual Induráin de baratillo, llegué a mi casa antes de las once. Todo un récord. Un gotet de llet i a dormir. Y como diría el otro, mañana más pero no mejor, porque eso es imposible. Ale…   
  

lunes, 27 de noviembre de 2017

El Último Vecino que no el vecino del último

Esta gilipollez es para deciros que también fui al concierto matinal que la banda de Gerard Alegre ofreció hace dos domingos en La Rambleta. Y es que el caos en que se ha convertido mi vida de un tiempo a esta parte, hace que se me olvide contar las cosas realmente importantes xé.

Pues eso, allá que fuimos aún con la resaca del concierto de Exquirla del que os hablaba en la anterior entrada. Y bendita resaca. Pese a lo cual y pasando por alto la inevitable comparación, lo pasamos realmente bien, saliendo más que satisfechos del bolo. Además, por si no había suficiente, después del concierto nos pegamos un buen homenaje a base de ceviche, causa limeña, pisco sour y demás mandangas ideadas en algún territorio de ultramar. ¿Qué mas se puede pedir?

Los chicos salieron fuertes a escena y es que, nada mejor que poner toda la carne en el asador desde el inicio. Para presentar esa peculiar propuesta de synth-pop dadaista y cariz melodramático nada mejor que hacerlo con la que, en mi opinión, es su mejor canción hasta la fecha: “Antes de conocerme”. (“Tú ya estuviste destrozada antes de conocerme. Si se te fue la luz, no culpes a nadie que tengas delante… Para ti siempre será la estela, tu estela querida. Para ti siempre será la bestia, tu bestia querida...”)


El show estuvo consagrado a desgranar los cortes de “Voces” (2016). Notable segundo álbum del cuarteto barcelonés. Por allí desfilaron “La noche interminable”, “Mi amiga salvaje”, “Nubes Grises” o “Una especie de costumbre”... Dando la razón a quienes afirman que en las últimas composiciones de "El Último Vecino" hay un alejamiento respecto a la oscuridad de los comienzos. Por decirlo de otra manera, que las nuevas canciones tienen más de El Último de la Fila y menos, aunque también, de Golpes Bajos. A ver, mantienen ese regusto a los Smiths, a The Cure –¡Ese comienzo de “Mi Escriba”!- o, por venirnos a terreno patrio, la impronta del sonido La Mode. ¡Y a Dios gracias! A veces incluso me recuerdan a The Drums. Aunque buscar influencias entre coetáneos resulte injusto. 

Dentro de un setlist bastante amplio, también hubo espacio para recuperar canciones antiguas como “Los Ángeles”, o incorporar cositas nuevas como esa marcianada llamada “Mi chulo”. Tremenda versión de La Zowi, la trap queen española por excelencia y que mejora con mucho a la original.   “…hemos dejado de vender todo eso. Y ahora solo quiero kilos, kilos de besos. Que el colchón ya está bien grueso. Ya solo he dejado de vivir de eso…”


...y si a todo eso le sumamos la inmejorable compañía, las ganas de fiesta de uno pese al cansancio y la performance de Gerard & Co, especialmente sus energéticos bailecitos a medio camino entre Morrisey y Raphael, bien mereció la pena el esfuerzo. 

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La foto con la que ilustro la entrada es de El Club de los Pilotos Suicidas.

jueves, 23 de noviembre de 2017

Lo de Exquirla en el TEM

Grandioso cual sinfonía de Mahler. 
Intenso cual disco de Pantera. 
Portentoso cual espectáculo en directo de Camarón de la Isla. 

¿Qué más puedo añadir?

Y es que las prestaciones en vivo de este artefacto instrumental llamado Exquirla y que no es sino la efímera conjunción de los cuatro miembros de Toundra y El Niño de Elche, con el único objetivo de defender el “Para quienes aún viven” a lo largo y ancho de la piel de toro, no podía resultar mejor. Soberbio espectáculo de metal, cante, poesía y dos huevos duros.   

Y es que el pasado sábado estuvieron por Valencia, concretamente en el Teatre el Musical de El Cabanyal. Ponían así fin a la gira de presentación de su hasta ahora único y maravilloso disco. Creo no ser el único que desearía que esto tuviera algo de continuidad. Un proyecto impactante que bebe tanto del “Omega” de Morente y Lagartija Nick como de la electrificación operada en el discurso de Camarón con aquel mítico “La leyenda del Tiempo”. Su sonido remite también –¿cómo no?- a Triana y ese rock andaluz que revolucionó el panorama musical español a finales de los setenta. Aunque para ser sinceros es eso y también muchas cosas más.   

La cuestión consistió en desgranar los ocho cortes del álbum, comenzando por el principio, con esa emocionante intro que es “Canción de E” y los versos recitados de "La marcha de los 150.000.000" de Enrique Falcón. Intensa hasta decir basta… O no. Ya que a partir de ahí la cosa fue in crescendo desembocando en “Destruidnos juntos”, para pasar después por “El Grito del padre”, “Hijos de la rabia” o, como no, por ese desgarro hecho poema y canción que es “Europa muda”. También hubo tiempo para "descansar" con la interpretación semiacústica de “Contigo”, que sonó preciosa en el directo y finalmente cerrar con esa bestialidad titulada “Un hombre”. El jitsínguel por excelencia de un disco que carece justamente de eso y que terminó con nuestros héroes vaciándose sobre el escenario. Brutal es poco.

Aunque también hubo espacio para los bises, cosa que por esta vez y sin que sirva de precedente, me parece genial. Consistió en la interpretación de la "Canción de amor de San Sebastián", homenaje al poeta T. S. Eliot y que comenzó con El Niño de Elche metiéndose los dedos en la boca para emitir una serie de sonidos indescriptibles.

Momentos para el recuerdo hubieron muchos. Tantos como canciones desfilaron durante la velada o hasta más. Amén de los ya mencionados, como olvidar ese grito que pone los pelos de punta hacia la mitad de "Destruidnos juntos". O los guitarrazos de David López, especialmente hacía el principio del show y de su partner el señor Girón más en la parte final. También ese épico final de "Un hombre", con el Niño metiéndose el micro hasta la glotis para proferir unos alaridos estremecedores.

En definitiva, una noche mágica e inolvidable. Bolarro al cargo de una de las propuestas musicales más acertadas que yo haya visto/oído jamás. Y es que, sin desmerecer el trabajo en solitario de Toundra -una de mis bandas favoritas-, ni mucho menos de ese renovador del flamenco que es El Niño de Elche, creo que en este caso el todo es mucho más que la mera suma de las partes. Cinco músicos que han sabido conjuntarse para crear algo muy especial. Una genialidad que pasará a la historia de la música de este país.  

jueves, 16 de noviembre de 2017

Diamont Dancer - "Shapes"

Llevo unos días metido de lleno en un proyecto de música ambient facturado en la terreta. Tras él andan Pau Roca (La Habitación Roja, Lost Tapes) junto al diyéi y productor Nacho Marco y la cosa atiende al nombre de Diamont Dancer. Na’que ver con la canción de Bill Callahan. El caso es que acaban de “debutar” con este delicioso artefacto sonoro titulado “Shapes”, en honor a sus siete cortes con nombre de formas geométricas. Temas instrumentales, absolutamente hipnóticos y que podemos encuadrar dentro de ese cajón de sastre por todos conocido como sonido experimental. Se trata de un disco conceptual, como no podía ser de otra manera, que nos remite a cosas variopintas del ayer y de hoy. Algunas influencias son bien evidentes, como la huella del combo Fripp-Eno, las texturas escuela Orbital o incluso el alma atmosférica de unos Mogwai. Otras no tanto, o quizás más puntuales, como cierta deriva en algún tema que, perfectamente, podría encajar en la banda sonora de “Drive”, amén de picotazos que remiten a las celebérrimas “Tubular Bells”. También aprecio algo de las melodías minimalistas alla maniera di David Cordero y su “rumor del oleaje” y en definitiva a esa teoría de los paisajes audibles patentada por R. Murray Schafer. Si bien, esto último parece algo más forzado. Ahora que lo pienso lo de Mike Oldfield también.

Lo cierto es que ya hace meses que me llamaron la atención. Y es que, los organizadores de la Filmoteca d’Estiu 2017 tuvieron la brillante idea de inaugurar el ciclo con un pase especial del clásico de Eisenstein “El acorazado Potemkin”. Lo de especial es porque venía acompañado del directo de Diamont Dancer, ejecutores de una particular y novedosa banda sonora. Y así, con los dos miembros del proyecto colaborativo cara la pantalla, es como realmente les descubrí. ¿Y el maridaje? Pues bastante bueno, la verdad. Por momentos mucho. Hasta cojonudo. Sobretodo al inicio de la película, pero también ya hacia el final, en varias de las escenas que transcurren en el puerto de Odesa. Hasta el punto de que ahora, la archiconocida escena de la escalera -aquella de la madre que es alcanzada por la bala de un cosaco y el cochecito con su bebé acaba rodando escaleras abajo-, no solo me recordará al final de “Los intocables de Eliot Ness”, a la descacharrante secuencia inicial de “Atrápalo como puedas 33 1/3”, o aquella divertida escena de “Bananas” en la que Woody Allen se queda compuesto y sin novia. Y a Dios gracias que así sea.

 
Pegarle una vuelta al disquito. Paga la pena.  

lunes, 13 de noviembre de 2017

Pastillitas de cianuro y disgustoss de Taiwán

https://www.facebook.com/cyanidepillsuk/
Bolarro el que nos obsequiaron los Cyanide Pills el pasado sábado en el Magazine. Herederos de bandas clásicas como The Boys y adoradores confesos de The Adverts o los Buzzcocks, los británicos vinieron a presentarnos en directo su último elepé. Cuarto largo en la trayectoria del quinteto de Leeds y que se titula “Sliced and Diced”. Un disco con el que se confirman como uno de los grupos retropunk más interesantes surgidos en los últimos años. 

Para que os hagáis una idea de a lo que juegan los payos, tocaron sobre veinte canciones en menos de una hora. Así del tirón y sin parar más que unos segundos en lo que, supongo, fue su particular homenaje al paripé de los bises. ¡Ahí es ná! Y es que la fórmula es similar a la de aquella primera ola punkarra que despatarrara la escena musical en plenos setenta. Descerrajar un corte tras otro cual francotirador en el sitio de Alepo. Con todo, las influencias no se agotan con las ya mencionadas. Amén de las cadencias ramonianas de gran parte de los temas incluidos en el setlist y esa pose a lo Johnny Rotten que se gasta el vocalista, hay algo más que nos remite a los Undertones pero también, porqué no, a aquellos primeros Strokes. A los buenos, ya sabéis a lo que me refiero. 

Así pues, todo muy guay. Un show desenfadado, energizante, buenrollero y algo guarrete pero sin abusar, que me hizo caer en mi particular bucle melancólico. Y es que cómo no añorar aquellos tiempos en los que uno podía darlo todo sin tener que arrepentirse durante el resto de la semana. Juventud divino tesoro maifrén. Aún así, larga vida a los Cyanide Pills, ¡coño! No a los teloneros. Que eran más malos que el capitán del Costa Concordia.


miércoles, 8 de noviembre de 2017

Popular Songs 2017

La verdad es que la peña esta de tranquilo música se lo curra a base de bien. De no ser por ellos, tendríamos una agenda musical bastante más triste de la que ya tenemos en este enclave capital del Mediterráneo feliz. Es cierto que no ayuda mucho el que a la peña le cueste tanto soltar diez o quince lereles para acudir a un evento de este tipo y sin embargo no les importe gastárselos en un par de cubatas en el antro de moda. Aunque bueno, tampoco que quienes sí participamos del show no escribamos en un blog cuya razón de ser es, justamente, contar ese tipo de cosas. ¡Penitenciagite!   

El caso es que, con el tiempo ya transcurrido desde que se celebraron los cinco conciertos que integraban el ciclo, no sé si tiene sentido ponerse ahora a hablar de aquello. Entre otras cosas porque no me acuerdo de mucho. Y es que el señor alemán no perdona. Eso sí, quedan las sensations. Y al menos dan para una crónica-telegrama como la que sigue. 

1) King Creosote + Gilbertástico. Hostia puta que aburrío. D.O.A . Me bajo de la vida. Eiii, Manolete ♪ ♫...
2) Clap Your Hands Say Yeah + The Harpoonist & The Axe Murderer. Más se perdió en Cuba. Sorpresa molt agradaaablaa. "Super ratón: El ratón del mañana" (aunque más del ayer). Cancheros cual volante del Peñarol. 
3) Luna + Ramírez Exposure. Magia, pero no a lo Tamariz. Hostia puta que plomo. Would you marry me, Britta? "Contigo no, bicho". 
4) The Pains of Being Pure at Heart + Fantastic Explosion. Quien tuvo retuvo. ¿Lo qué? Sobreviviendo a Yoko Ono. ¿¿¿Pero qué coño????
5) Mark Eitzel + Frontera. Apabullante es poco. Pueeeee, esta vez va a ser que sí... "Gallina de piel" qui disia aquell. Madurez y señorismo en el mejor de los sentidos. 

Y eso es todo lo que tengo que decir. 
Buen ciclo de conciertos.

miércoles, 18 de octubre de 2017

Maudit Allende

Me ha gustado bastante este cómic en torno a la figura de Allende –y la de Pinochet-, escrita por un francés e ilustrada por un argentino. El francés es Olivier Bras y fue corresponsal para medios francófonos en Chile, además de colaborar con Juan Guzmán en el libro “En el borde del mundo - Memorias del juez que procesó a Pinochet”. De ahí que tire de su experiencia personal en el país transandino para montar una historieta que bien podría ser real. La de un chaval nacido en Chile pero criado en el extranjero, a dónde emigró junto a su familia a comienzos de los años setenta. Hijo de pinochetistas, recibe una imagen de Allende que poco o nada tiene que ver con la realidad. Años más tarde y gracias a una relación sentimental, acaba viajando a su país natal donde descubre una visión de la historia completamente diferente a la que le contaron. En paralelo a este descubrimiento, asistimos al auge y caída del recordado presidente chileno y a la traición del golpista militar porteño.
 

Más allá de la trama, la parte gráfica al cargo de Jorge González es muy interesante. Combina carboncillos, pasteles y lápices con técnicas cercanas al collage, dotando de una personalidad propia a cada viñeta del álbum. Muy chulo todo.

lunes, 16 de octubre de 2017

El refugio de los canallas

El fader me regaló este libro por el día de mi cumpleaños. Al parecer lo recomendaron en la sección cultural del programa radiofónico líder de las mañanas del fin de semana. He de reconocer que me sorprendió, ya que suelo escuchar ese programa y me fío de lo que allí dicen. Sin embargo no me sonaba haber oído a Pino & Co hablar sobre la novelita de marras y de ahí el escepticismo con el que me introduje en su lectura. Bueno, para ser justos, probablemente se debiera a la saturación de gestos y símbolos que durante estos días dan la razón al Dr. Samuel Johnson en su archirepetida reflexión sobre el patriotismo que sirve de título a esta novela. El caso es que al final, me ha dejado un muy buen sabor de boca.

He leído por ahí que “El refugio de los canallas” es la novela de madurez del escritor, guionista y columnista Juan Bas. También que remite parcialmente a “Patria” de Fernando Aramburu. El problema es que no me he leído el que fuera el hit literario del pasado 2016. Eso y que antes de zambullirme en esta obra, desconocía de la existencia de su autor, así que no puedo valorar lo de la madurez. Bien es cierto que el bilbaíno tiene ya unos cuantos libros publicados. Entre ellos el que fuera Premio Euskadi de Literatura 2007 , “Voracidad”,  o un sugerente  “Tratado sobre la resaca” que trataré de agenciarme. Pero lo dicho, hasta ahora ni idea de este buen hombre.

Pero vamos a la mandanga.

La novela en cuestión va de terrorismo, sí. Y de banderas, también. El autor se basa tanto en historias que ocurrieron durante aquellos años del plomo -como el secuestro de J. A. Ortega Lara, el macabro asesinato de Ramón Baglietto, el caso Lasa- Zabala y otras operaciones de los GAL...-, como en personajes fácilmente reconocibles para quienes asistimos a la barbarie televisada del terrorismo. Juan Bas construye con ello una estructura compleja en la forma, a partir de saltos en el tiempo, pero bastante ágil y muy fácil de seguir. Concatena breves capítulos, siempre encabezados por el año en el que transcurre la acción –entre 1946 y 2015-, para que así nos ubiquemos y podamos situar cada momento.

Con esta fórmula conocemos las tragedias sufridas por un amplio abanico de personajes tocados directa o indirectamente por el terrorismo. Del mosaico destaca la historia protagonizada por “La Pantera”. Guapa y sanguinaria terrorista que evoca muy mucho a la figura de Idoia López Riaño aka “La Tigresa”. También la miseria vital de la madre del etarra Mairu, una fanática que con su odio acabará destruyendo a todos aquellos a quienes supuestamente quiere. Y como no la trama que recrea los orígenes del GAL y en paralelo el auge y caída de sus principales actores, con una mención muy especial para los últimos días en la indigencia del comisario Arnedo. 

Como he dicho al comienzo, la novela es bastante chula. Te mantiene en vilo hasta el final y no se hace pajas mentales en un tema tan delicado como el que trata. Y se agradece.

lunes, 2 de octubre de 2017

La "Música de mierda" no mola...

Parece obvio, ¿no? Y es que, como dice su autor, el periodista musical Carl Wilson, "200 millones de discos después Céline Dion sigue sin gustarle a nadie". Y a Dios gracias añadiría yo, aún sabiendo que no es cierto. Porque eso de que nadie aprecia los gorgoritos de la estomagante chillona de Charlemagne, es una mentira como un piano de cola. Vendría a ser como aquella leyenda que reza que nadie vota al PP en el entorno de uno. O como aquello otro de las meigas, que haberlas haylas. ¡Putos expedientes X!

Se supone que "Música de mierda” va sobre Céline Dion y el gusto. O mejor dicho el mal gusto. Y de la mierda de música que nos gusta y hasta tarareamos en público para vergüenza de los presentes. También pretende explicar algo acerca del esnobismo cultural. Y de la pugna cultura popular vs cultura de masas. Y otras muchas muchas cosas. Para eso Wilson tira de Paul Valéry, Whitman, Hume, Kant o Bourdieu. Pero ... Ni por esas. El ensayo, como dice su título en español, es una piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii. Quizás no un ñordo catedralicio, pero desde luego dista mucho de ser la joyita literaria que han tratado de vendernos. Aparte de que en algunos aspectos está absolutamente desfasado. Ofreciendo escasas conclusiones y yéndose por los cerros de Úbeda con una pasmosidad que asusta.  

O sea, que sí, que el gusto de gran parte de los mortales es pésimo. Que incluso los que presumimos de buen gusto musical aceptamos de buen grado nuestras dosis de mierdecilla en forma de vicios inconfesables, o reivindicados hasta con pose torera. Que el pop crea-diabéticos que se gasta la Dion es indefendible y sus power-ballads producen vergüenza ajena se pongan como se pongan sus fans alrededor del mundo. Que la humanidad, como tal, está sobrevalorada desde el affaire de Adán con la manzana y solo eso explica que gente como Céline sean referentes musicales para millones. Y también que está muy mal mirar por encima del hombro a otra persona por sus preferencias. Aunque tampoco esperarás que te feliciten si te pasas el día cantando el horror ese de “Titanic”. Vamos que sí… Pero para contar todo eso no hacía falta este ensayo con pretensiones literarias.


Pues eso.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

El niño que...

Casi me olvido de deciros que leáis a este tío. Al menos esta novelita, que se lee en dos ratos y es magnífica. Si no lo hacéis a causa de mi recomendación, que sea por lo sugerente del título, que lo es y mucho. No lo negaréis. 
Yo caí gracias a una mención en el twitter de no recuerdo quien. Y me topé con una obra angustiosa, emotiva, salvaje e incluso divertida en alguno de los pasajes. Preciosa en las formas, con una prosa poderosa de enorme belleza. 
Nos cuenta el viaje iniciático de una pareja de hermanos, el Grande y el Pequeño, dentro de un pozo en medio de ninguna parte. Allí pasarán cerca de tres meses tratando de salir, luchando por sobrevivir al hambre, al frío, al hastío y también a la locura. 
Como veis una trama muy sencilla, pero de gran poder metafórico. Bonita fábula para adultos.

lunes, 11 de septiembre de 2017

Los peligros de fumar en la cama

Ya os dije aquí que leyerais a la Enríquez, pero no me hicisteis caso.
Vuelvo a insistir, esta vez con la excusa de una nueva compilación de relatos que, pese a publicarse ahora, son anteriores a los incluidos en “Las cosas que perdimos en el fuego”. Absolutamente coherentes con aquellos, todo sea dicho, e igualmente prodigiosos. Y es que la inmersión en esos universos cotidianos, en los que de repente irrumpen elementos siniestros, es una de las mejoras cosas que me han pasado últimamente. Literariamente hablando, se entiende.

La autora argentina mantiene el pulso a través de doce nuevas-viejas historias de temática más perturbadora que oscura, que también. Una turbación que, lejos de ser mero cliché, define a las claras la seducción ejercida sobre el lector. Y da igual que sea a través de la experiencia de una niña que desentierra unos huesos que resultan no ser de animal o de las andanzas de un mendigo despreciado por las gentes de un barrio de clase media. El desconcierto es el mismo. Como con esa suerte de giros finales que, lejos de resultar impostados, apuntalan lo que parece ya marca de la casa. O esa manera de cerrar sin cerrar nada al final de la narración.   

Con “Los peligros de fumar en la cama” se recupera el primer volumen de cuentos de Mariana Enríquez. Otra joyita manufacturada por una autora en estado de gracia y en la que ninguna de sus historias desmerece a la anterior. Con todo me han gustado especialmente un par de ellas. Aquella que se desarrolla en una Barcelona transformada en un escenario desconcertante más próximo al Raval filmado por González Iñárritu en “Biutiful” (2010). O el cuento protagonizado por una chica que siente una atracción fetichista y hasta malsana por el sonido de los corazones enfermos. ¡Que coño y el del rockero devorado! O el de los niños que vuelven y que tanto remite a aquella fantástica producción francesa con inolvidable sintonía de Mogwai.

Grande la Mariana -que no el Mariano- again.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Soto Ivars, Foucault y Lewis Carroll

El otro día reflejaba por aquí cuan certero me había parecido el análisis que de la poscensura hace Soto Ivars en “Arden las redes”. Libro bien interesante cuya lectura recomiendo de nuevo. Me apetece recordarlo hoy, tras conocer que una mujer anónima ha perdido su empleo después de verter un comentario terrible sobre Inés Arrimadas en twitter. 

Comentaba el murciano que si alguien se ofende contigo por lo que cuelgues en las redes, te linchará digitalmente. Aunque no lo haga él directamente. Se bastará de sus acólitos quienes te insultarán una vez hayan reconocido la diana que tienes pintada en la frente. Si hace falta, hasta recogerán firmas para que te despidan. Para echarte del trabajo, que es exactamente lo que le ha pasado a una usuaria de twitter por culpa de un tuit machista y violento que no pienso reproducir aquí. En este, como en demasiados casos, la justicia la han dictado las redes y todos tan contentos. Y perdonadme si me acojona vivir en un país en el cual una turba de mónguers anónimos tras un teclado es quién dicta las sentencias. Debe ser por deformación profesional.

Quizás no recuerde demasiadas cosas de cuando estudiaba en la facultad, pero sí tengo grabado alguna cosita. Simplezas y naderías, como aquella que reza que en un país serio y democrático, la justicia la dictan los jueces y que los castigos deben ser proporcionales al delito cometido. Esto último se llama principio de proporcionalidad penal y exige un juicio de ponderación donde se valora tanto la gravedad de la pena como el fin que se persigue con ella. En definitiva, que un despido laboral por poner un tuit en tu perfil personal durante tu tiempo libre, por muy terrible que este sea, por muy execrable que sea lo que en el se manifieste, no es admisible para un Estado que se jacta de ser de derecho cada cuarto de hora.

Y luego hay otra cosa. Tiene que ver con otro comentario vertido en la misma red por un eminente miembro del PP el mismo día. Otro repugnante tuit, en este caso racista, dirigido al teniente de alcalde del Ayuntamiento de Barcelona a cuentas de su ascendencia argentina. No seré yo quien propugne un linchamiento digital y las consiguientes consecuencias en forma de cese o expulsión de este impresentable. Pero sí me llama la atención como aquí la maquinaria ha funcionado de forma diferente. Supongo que esto va un poquito más allá de lo que explica Soto Ivars en su libro. Un complemento al mismo que tiene que ver con las relaciones de poder. Aquello que decía Foucault de que la verdad la dictan los que mandan.

En un conocido pasaje de “Alicia a través del espejo”, la protagonista de la historia se sorprende de que las palabras puedan significar cosas tan diferentes. “La cuestión -zanjó Humpty Dumpty- es saber quién es el que manda…, eso es todo.” Pues eso. Y que miedo da todo, tú.

viernes, 1 de septiembre de 2017

Poscensura by Soto Ivars

Este ameno librito nos habla de la poscensura. Censura posmoderna o nosecuantospuntocero caracterizada por no desarrollarse en un plano vertical sino horizontal. Es decir, que la cosa ya no viene de arriba hacia abajo, necesitando de un estado totalitario que lo respalde. Según Soto Ivars ahora la censura viene ejercida por la propia sociedad, nuestros iguales adscritos a grupos beligerantes de todo tipo y condición, desde animalistas hasta feministas, pasando por católicos, izquierdistas, independentistas, unionistas, fascistas…  “…autista, egoísta, multicopista, artista, bromista, dentista, turista, sofista,  carlista, corto de vista...” (Mamá Ladilla, “Alguien tiene que pagar” – “Power de mí”, 2001) El caso es que si dices algo que a alguien le parece incorrecto, ¡agárrate los machos! Se ofenderá y junto a sus compañeros de trinchera te lincharán digitalmente. Te insultarán, recogerán firmas para que te despidan o hacer boicot a tu espectáculo, exigirán la retirada de tus libros, etc...

Y de eso es de lo que va el ensayo del Soto Ivars. Que además está repleto de ejemplos para que entendamos bien como opera la poscensura y no tengamos que preguntarnos nunca más que coño es esta mierda. ¿Qué que es la poscensura? Dices mientras clavas en mi pupila, tu pupila azul. ¿Que es poscensura?¿y tú me lo preguntas? Poscensura eres tú…Y lo sabes.

miércoles, 2 de agosto de 2017

Meatbodies en el Loco

La semana pasada y casi de rebote tuve la suerte de disfrutar del bolarro que los Meatbodies ofrecieron en la sala El Loco. ¿Y quienes son estos tíos? ¿A santo de qué fuiste a verles? Pues mira, porque la cosa venía comandada por el mismísimo Chad Ubovich, conocido por su trabajo como guitarrista en las giras de Mikal Cronin, pero sobretodo por su desempeño como bajista en los Fuzz de Ty Segall. 

La banda, que ya molaba un huevo con aquel “Meatbodies” de 2014 con el que se presentaron en sociedad –sobreviviendo a la alargada sombra del mencionado Ty Segall-, han dado un paso adelante y molan aún más con este “Alice” (2017), segundo álbum en su corta trayectoria. Un buen trallazo de psicodelia y garage experimental escuela californiana en el que, sin renunciar a las raíces, Ubovich & Cia tiran de un rollo más conceptual en las letras, todas ellas en torno a la guerra, la política y hasta la religión. Musicalmente se acercan a la parte más psicodélica y hasta psicotrópica de unos Black Sabbath o, por citar una referencia más actual, de King Gizzard and The Lizard Wizard. En todo caso, “Alice” presenta una versión más soft del garage californiano tysegalliano, en la senda del glorioso “Manipulator” (2014) del rubiales de Laguna Beach. 

Todo esto fue defendido con brillantez en la tórrida noche valenciana. Fue en el marco de un show en el cual sobresalieron los contrastes imposibles, la energía sin fin y el rock multicapas de temas como “Disciples”,  “Scavenger”, “Mountain”, "Creature Feature", “Kings” o “Disorder”, que se fueron sucediendo casi sin solución de continuidad para goce y disfrute de la juventud allí presente. Demasiado goce, añadiría yo. Aunque eso ya es otra historia y daría para otro post.

Gran parte de la ruidosa chavalada había venido a ver a sus colegas de Wild Ripple. Los teloneros de la noche. Banda local absolutamente desconocida para mí hasta ese momento. Y ello pese a haberse alzado con el primer premio del concurso de bandas organizado por las buenas gentes de La Gramola de Keith. El caso es que presentaban su disco homónimo de debut, facturado este mismo año y la verdad es que suena la mar de bien. De hecho, en el directo, como un cañón. Me dieron una muy buena impresión. Les seguiré.

Y eso es todo.
Bueno, eso y que nos hacemos mayores. Y se nota. Pa’ mal.

viernes, 28 de julio de 2017

Hermana muerte

Hasta en tres ocasiones me había topado con el rostro de la muerte en la ciudad y ahora, en aquella primavera, volvíamos a vernos. Una noche -una de esas noches caleidoscópicas de locura, ebriedad y furia que conocí aquel año, cuando merodeaba por la gran avenida de la oscuridad de sol a sol, desde la medianoche hasta el amanecer, cuando el mundo entero se proyectaba a mi alrededor en una danza descomunal y enloquecida- vi morir a un hombre en el metro.
"Hermana muerte" es mi primera aproximación a la obra de este descomunal autor norteamericano.  Un libro extraordinario. Novelita de poco menos de cien páginas a la que accedí por recomendación de un amigo. Pequeña joya que todo el mundo debería conocer. En ella Thomas Wolfe aborda el tema de la muerte desde el punto de vista de un personaje del cual nada sabemos y poco más sabremos. Visión truculenta a la par que poética sobre el momento final de cuatro personajes anónimos que se cruzan en la vida del narrador. Enmarcadas en diferentes circunstancias, aunque de alguna manera, siempre violentas. Todo esto le sirve al autor para introducir uno de sus temas favoritos: La soledad en la jungla de asfalto. Además la historia está repleta de imágenes bellísimas. Muy, pero que muy, recomendable. 

lunes, 24 de julio de 2017

Fira de juliol 2017

Ya hace más de dos semanas que, fiel a la costumbre, acudí hasta los jardines de Viveros para participar de la Gran Feria de Julio, celebrada desde tiempos inmemoriales en la ciudad que me vio nacer. La ocasión bien lo merecía. Y es que, esa noche de viernes, compartían cartel los catalanes Manel y los valencianos Gener y Geografies. Y no solo por una cuestión cualitativa, a todas luces innegable, sino también por respaldar la decidida apuesta para normalizar el uso del valenciano y fomentar la cultura en nuestra lengua emprendida por los actuales gobiernos municipal y autonómico.

Por comenzar por el principio vamos con lo de Geografies. Se trata de una joven banda valenciana a quien apenas si conocía, más allá de haber escuchado un par de sus temas en bandcamp o de haber leído un puñado de buenas referencias, incluyendo nominaciones y premios de aquí y de allá, en el ámbito de la música en catalán. Acudían a presentar su último trabajo “De Creus Endins” (2016) que viene a ser la manera de nombrar, en Valencia, a la ciudad interior, por oposición al área metropolitana. Y que tiene relación con la forma histórica de marcar con cruces los límites administrativos del Cap i Casal. Los chicos estuvieron voluntariosos, lo cual les bastó para marcarse un bolo resultón que no pareció decepcionar a nadie, incluyendo a aquellos que acudimos al llamado con pocas referencias y aún menos expectativas. Presentan una propuesta de pop-rock en su/mi lengua vernácula, que si bien no suena a nada nuevo, ni parece pretenderlo, dignifica una lengua, la de Ausiàs March o Vicent Andrés Estellés, tan maltratada durante demasiado tiempo por propuestas musicales de ínfima calidad. 


Respecto a Carles Chiner y sus Gener, ¿qué queréis que os diga que no haya escrito ya? Y es que mi idilio con la banda de Benaguasil va viento en popa y el show de Viveros no hizo sino reforzarlo. Si acaso sirvió para aumentar, más si cabe, la estima que les tengo. Agradeciendo el día en que decidieron pasar del blues de secano, para navegar entre la psicodelia, el soul, el góspel, el rock y hasta el cant d’estil. El bolo fue glorioso como corresponde a una banda en estado de gracia. Un directo cojonudo en el cual destacaron esos juegos vocales marca de la casa, así como los momentazos guitar hero de Carles, siempre presto a endurecer hasta aquellas composiciones más delicadas. Con un setlist integrado casi en su totalidad por los cortes de “Oh! Germanes”, pero sin olvidar lo mejorcito de aquel “El Temps del Llop” que les dio a conocer. Si bien lo mejor de la noche vino de la mano de una versión. Y es que para sorpresa de propios y extraños Gener decidió recuperar ese emocionante himno del Ovidi titulado “Cançò de Llaurador”. No exagero si os digo que, solo por ese momento, ya hubiera valido la pena pagar entrada.

El final de la noche quedó reservado para Manel y la enésima presentación de su último álbum “Jo Competeixo”.  Celebrado cuarto disco del cuarteto barcelonés con el que, a diferencia de los tres anteriores, he sido incapaz de disfrutar. Y es que la huida desde aquel folk casi jaranesco de sus orígenes, hacía ese pop mucho más estándar, pulido y hasta anodino, como que no me acaba... Eso por no hablar de la inclusión de ciertos toques electrónicos a su sonido. Matices que, en ocasiones, llegan a sonar ridículos. Pero bueno…. Pese a la decepción por la deriva, he de confesar que en sus directos lo suelo pasar realmente bien. Este no fue la excepción. Y es que los tipos van tan sobrados sobre el tablao y atesoran ya tal número de jitazos,  que a poco que se esfuercen se ganan al respetable. En esta ocasión tiraron más de lo deseable de sus últimas composiones. Vale. Reconozco que, en general  dignificaron varios de los peores cortes del decepcionante “Jo Competeixo”. Aunque lo mejor fue el recurso a los clásicos, que también gozaron de su espacio y a Dios gracias. Con una mención más que especial para esa preciosidad titulada “Ai, Dolors”, de su primer álbum, y también para la deliciosa a la par que triste “Criticarem les noves modes de pentinats”, de su segundo. En fin, que estuvieron más que correctos. Y disfrutables como siempre. Al menos hasta el momento. El tiempo dirá como va la cosa.  


Bueno... Y eso es todo...
L’any que ve, més.

jueves, 29 de junio de 2017

Por favor, mátame

Esta es la conocida frase fijada en la desgarrada camiseta de Richard Hell, uno de los miembros originales de Television. Aquel que, en palabras de Malcolm McLaren, sirvió de inspiración para crear la imagen de sus Sex Pistols y por ende del punk a la británica, vendido a medio mundo como el único y verdadero. Hay en este libro una anécdota relacionada con eso, relatada por el propio Hell, que nos da buena cuenta de cómo estaban las cabezas por aquel entonces. Parece ser que un grupo de enfervorizados punks neoyorquinos se le acercaron para preguntarle si quería que hiciesen realidad el lema de su estampado. Y es que a veces la actitud se nos puede ir de las manos. 

Esta y otros cientos de historias son las que se cuentan en “Por favor, mátame – La historia oral del punk". Narración coral compilada y estructurada por Legs McNeil y Gillian McCain en la que se da cuenta del nacimiento de este movimiento musical y más allá. En boca de muchos de sus protagonistas, pero también y especialmente a través de los actores secundarios de la escena. Es decir, de los sufridos mánagers y abnegados roadies, de reputados fotógrafos y productores, groupies y amantes de todo tipo y condición, amigos, medio-amigos, medio-enemigos y directamente enemigos que nos descubrirán las obsesiones, perversiones y debilidades de las estrellas.

Comenzando a finales de la década de los sesenta por la Gran Manzana y con una de sus bandas insignia, la Velvet Underground de Lou Reed y John Cale, con la colaboración inicial de Nico, Warhol y todos los personajes pululantes en el entorno de la Factory. Más tarde con Patti Smith y su banda de acompañamiento, los New York Dolls, Television con o sin Richard Hell, Johnny Thunders & The Heartbreakers, los Dead Boys y hasta los Dictators traídos desde Cleveland por los chicos de la revista “Punk”. Siguiendo por el Detroit de los MC5 y de Iggy y sus Stooges, con el partido de los White Panthers y el loco de John Sinclair.Y acabando en el Londres de Malcolm Mclaren, con sus Sex Pistols, pero también con los Clash. Todo ello para esclarecer el proceso de alumbramiento de este heterogéneo movimiento.

Una completa retrospectiva que te atrapa y no te suelta hasta mucho después de finalizarla. Trepidante, asombrosa pero también decepcionante en lo que se refiere a comprobar que tal número de obras maestras hayan sido creadas por tipos tan vulgares y hasta miserables. No hay nada de épica en lo que se nos cuenta, tan solo agitación, exhibicionismo, divinidad mal entendida, decadencia y muerte. Y es que, en torno al ochenta por ciento de los participantes del relato ya transitaron hacía el otro barrio y no precisamente por muerte natural. 

Un libro diría que imprescindible para cualquier melómano que se precie de serlo.
“¿Por qué lo llamamos Punk?
La palabra punk resumía todo lo que nos gustaba. Las borracheras, las cosas desagradables, la inteligencia sin pretensiones, el absurdo, las cosas divertidas, irónicas, y todo lo que hiciera referencia a la parte más oscura del individuo.” *
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*Cierto que, a parte de gamberro, rufián, jovenzuelo, de baja estofa, la palabra punk también identifica a una mujer que ejerce la prostitución, o, en un contexto carcelario, al hombre utilizado como un compañero homosexual. 

lunes, 29 de mayo de 2017

Jo confesso

He devorado con ferocidad felina las casi mil páginas que componen este impresionante libro, en su edición en catalán al cargo de labutxaca. Me lo regaló un amigo para mi último cumpleaños y cuando vi semejante tocharro me acordé de toda su familia. Confiteor. Siempre le tendré que agradecer las tres semanas de gozo que me ha reportado.

“Jo confesso” es la historia de Adrià Ardèvol, un hijo de la burguesía barcelonesa con tantas aptitudes como carencias. Nacido en el seno de una familia que le inculcó el amor por el estudio pero también un grave déficit afectivo. Tan solo tiene un amigo íntimo, Bernat Plensa –peaso personaje-, a parte de dos figuritas de juguete, un jefe indio arapajó y un sheriff, con quienes interactúa habitualmente. El mozo acabará enamorándose castamente de quien será la mujer de su vida. Tras unos dubitativos inicios, Sara, que así se llama la muchacha, lo rechaza tras conocer secretos inconfensables que afectan a la familia Ardèvol. Apesadumbrado y muy sorprendido, Adrià aprovechará los siguientes años para formarse intelectualmente, llegando a ser un reputado profesor universitario y ensayista de renombre. Al final y casi por sorpresa la novia a la fuga reaparecerá años después. Ocasionando que todo aquello que parecía firme en la vida de Adrià vuelva a tambalearse.

Contra lo que podáis deducir no es este un libro de amor. O al menos no solo. De hecho la temática principal es el mal y la culpa, como ya indica el título. El mal que pervive a través de los siglos hasta llegar al protagonista, que lo hereda y aumenta con la posesión de un violín y una medallita religiosa que son tanto o más protagonistas de la historia que su propia vida. Y la confesión de Adrià a su amada en forma de autobiografía repleta de lagunas, que en ocasiones son rellenadas por fábulas. Con esa premisa viajamos a través de la historia negra del continente europeo, desde la Inquisición hasta la Italia renacentista, pasando por el mundo islámico mediterráneo y centrándose sobretodo en el nazismo y la Shoah, para constatar que nadie está libre de todo mal. Transitan por la historia desde malvados absolutos como el comandante de las SS Aribert Voigt, hasta personajes más ambiguos como el padre del protagonista. También personas aparentemente buenas, como el propio Adrià, su amigo Bernat o hasta Sara, que tampoco quedan totalmente libres de pecado.

Pese a su extensión y complejidad –el autor entremezcla momentos históricos, tramas y hasta las voces de los diferentes personajes en una misma frase- la lectura es vertiginosa. Creo que se debe a la importancia del componente policíaco en un libro en el que se juega con los géneros literarios. Si bien, una de las cosas más sobresalientes son esos pequeños relatos sobre personajes ligados a los objetos y a las fantasías de Adrià, que el autor inserta a lo largo de toda la narración. También molan, aunque a veces parezca que sobran, las digresiones filosóficas -¡en ocasiones rozan la paja mental!- que desarrolla el profesor Adrià.

En fin, que celebro el regalo. Lo he disfrutado muchísimo. Es más, creo que es de lo mejor que he leído últimamente y eso que, como bien sabéis los seguidores de este blog, he enlazado un par de joyitas. No le tengáis miedo a la extensión. 
Más que recomendable. 

martes, 23 de mayo de 2017

...ahondando en la cuestión

Aquí van dos raciones más, o lo que viene a ser la micro-crónica concierteril de mis dos últimas semanas around el Cap i Casal.

Y es que ya hace un par de miércoles que me acerqué hasta el 16 Toneladas para reencontrarme con Micah P. Hinson y su folk rock de tintes clásicos o lo que mierdas perdure de todo eso. Y es que ya van unos años sin noticias de quien fuese considerado y con justicia, como una de las grandes promesas de la música norteamericana. Eso y que la última vez que asistí a uno de sus shows me prometí no volver nunca más. La melopea que llevaba el mendrugo era fina y cualquier parecido con un evento musical, fue pura casualidad. Sin embargo, quizás por la milonga esa de que el tiempo cura las heridas, en cuanto me enteré de que volvía por Valencia, no dude ni un instante en agenciarme la entrada. También porque, según se anunciaba, lo hacía para retomar los temas incluidos en aquel maravilloso “Micah P. Hinson and the Opera Circuit”. Álbum con el que opositó a entrar en el salón de la fama de la música de raíces del país que le vio nacer. Al final hasta eso fue mentira.  

Y allí que se plantó el tipo, con el aspecto infantilizado de siempre y sus gafotas de pasta a lo Woody Allen, para, sin mediar palabra, comenzar con el repertorio en formato acústico. Todo eso ante una sala repleta de nostálgicos. Gente que seguramente se hubiese contentado con muy poquito. Pero ni por esas. Vale que el que tuvo retuvo y eso quedó patente durante la velada, a pesar de la desidia y a lo pobre de la puesta en escena. Pero no resultó suficiente. Porque encima tuvo los santos cojones de dar por finalizado el show a la media hora escasa. ¡Tócate la polla! Cierto que volvió a salir desde sus aposentos, no sin antes decirnos más que un perro por increparle, para tocar tres cancioncillas más. Entre ellas “Beneath the Rose" que no venía a cuento, pero bien está. Insisto en que el hombre sigue teniendo algo de todo aquello que tantos le vimos hace diez años. Por ejemplo, conserva ese vozarrón que Dios le dio al nacer. Y cierto halo de melancolía que, en muchas de sus canciones, resulta delicioso. Pero como no empiece a poner algo más de su parte, se puede ir bien a la mierda. Desde luego a mí ya no me engancha más. Aunque vete tú a saber. Lo mismo dije la última vez. Y creo que en la penúltima también. 


Nada que ver con lo acontecido al miércoles siguiente, en la misma sala pero con bastante menos público. Y es que lo del Reverend Peyton’s Big Damn Band fue la polla. Un bolarro de los que se recuerdan por mucho tiempo. Blues guarro del Delta y rollete redneck al cargo de un trío bastante peculiar. Liderados por un predicador laico proveniente de algún remoto lugar de la América profunda y cuyos salmos harían estremecer al más pintado. Además el tipo toca la guitarra como los ángeles. Bueno, la guitarra y el bajo en un all in one digno de los mejores herederos del maestro LeadBelly. Bueno, la guitarra, el bajo, un hacha encordada y hasta un paquete de puros marca Macanudo. A su vera una enorme hillbilly con más actitud que un diplomático en Corea del Norte, a los mandos de una tabla de lavar metálica. Curioso instrumento al que es capaz de sacarle ritmos tribales, usando unos guantes de colores con dedales. El trío se completa con el batería. Un tipo con aspecto de bon xicon de la Ribera, que usa un enorme cubo de plástico a modo de timbal base. De esos que utilizan los restaurantes de comida rápida para las salsas, ya sabéis.  Por allí sonaron “We deserve a happy ending”, “Shakey Shirley”, “Cornbread and Butterbeans” y otras joyitas incluidas en su último trabajo. También en anteriores discos como el “So Delicious” o el icónico “Between the Ditches”. Por cierto que ese “The Front Porch Sessions” publicado hace menos de dos meses es increíble. Conviene no pasarlo por alto. ¿Cómo son capaces de captar ese sonido tocando en el porche delantero de su casa en Indiana? Una auténtica pasada.

Al final de la carrera disfrutamos de un concierto divertidísimo e incendiario al cargo de unos tipos que, seguramente, merecen más fama de la que disfrutan. Y estoy empezando a pensar que a Micah le pasa justo lo contrario. 


sábado, 6 de mayo de 2017

"Hondonadas" de conciertos

Eso es lo que aconteció por estos pagos la semana pasada. Parafraseando a Pazos, mítico personaje de “Airbag” (1997) de Juanma Bajo Ulloa, claro está. Así que paso a comentaros mis impresiones. Que por aquello de ordenar los acontecimientos en base a un criterio temporal, comenzarán con el Tagomago. Porque eso fue antes… “disculpe agente, ¿se refiere a antes en el tiempo, o antes en el espacio?” ‘enga, vete a tomar por culo Suloki…
 
Pues eso. Que asistí a la jornada del viernes de la tercera edición del Tagomago Fest. Oscilaciones cósmicas y música experimental en la Capital del Rechne, como rezaba en su cartel. En el bueno, no en esa mierda que se sacaron de la manga los de La3 con Will Smith de figurante. Que ya les vale. Por cosas como esta, una propuesta más que interesante, obtuvo peor fortuna de la que seguramente merecía. En fin… El caso es que el set de apertura venía integrado por gentes como el Aviador Dro y Sus Obreros Especializados, Schwarz, Artificiero, Güiro Meets Russia, Yobamochi… Y pese a lo mejorable del recinto, que cambió a última hora por cuestiones ajenas a la voluntad de los organizadores, la cosa fue bien. Principalmente gracias a Schwarz cuyo show me sorprendió gratamente y como no a las huestes del Aviador Dro. Y eso que no soy fan de la banda capitaneada por Servando Carballar. Pero a estas alturas resulta imposible no reconocerle el meritazo de llevar cuatro décadas haciéndonos partícipes de ese universo retrofuturista, que quizás beba más de Devo que de Kraftwerk. En el bolo disfrutamos con la recuperaron de temazos como “Rosemary”, “Nuclear sí” o “La TV es nutritiva” acompañándolo de toda la parafernalia y los bailecitos marca de la casa, como no podía ser de otra manera.
 
No pude acudir a la segunda jornada del Tagomago porque me apetecía ver en directo a Havalina, que actuaban el sábado por la noche en El Loco. Era necesario acudir al llamado. Sobretodo porque creo que el trío madrileño lleva ya un par de discos –o hasta tres- instalados en un nivel superior. Posicionamiento que, para ser sincero, nunca pensé alcanzarían. El grupo ha sabido construirse de a poquito, forjando una identidad propia que no reniega de casi nada y que bebe tanto del metal como del indie. Sin dejar de lado otras influencias bastante sorprendentes, como la alargada sombra de Gustavo Ceratti tan presente en el registro vocal de Manuel Cabezalí tras el acertadísimo tránsito del inglés al castellano. El espectáculo fue tremebundo. Sonido Havalina del de la última época. Atmósferas cargadas y desarrollos de guitarra perfectamente ejecutados. Contundencia y suavidad alterna, sin abusar, que sitúan la propuesta de la banda en un espacio cercano al del mejor post-rock. Un gran concierto al cargo de unos tíos que han sabido alcanzar la madurez con enorme solvencia. Sin necesidad de recurrir a alardes gratuitos.
 

Ya por último toca hablar del esperadísimo y quizás por ello decepcionante concierto ofrecido por Handsome Family. También fue en El Loco, tras el enésimo puente en el calendario laboral valenciano. El dúo de Alburquerque se presentó ante un público numeroso y heterogéneo, distinto del que se suele ver en los conciertos de americana o alt-country que trufan la programación mensual de esta sala. Es lo que tiene que una de tus canciones se convierta en icónica gracias a la serie de moda. Os hablo de, ¿cómo no?, “Far from any road”. La sintonía de la aclamada primera temporada de “True Detective”, de la HBO y que seguramente todos habréis escuchado. El problema es que el repertorio del matrimonio musical no está a la altura del sorpresivo jitazo. Menos aún si atendemos a su último álbum, titulado “Unseen”(2016). Un disco que, de no venir firmado por quien viene, habría pasado sin pena ni gloria como de hecho casi ocurrió. Para más inri la actuación fue tirando a sosa y ni siquiera la simpatía de los protagonistas, empleando un voluntarioso spanglish entre canción y canción, les sacó del atolladero. Por otro lado, un amigo me apuntó algo en lo que no había reparado escuchando los plásticos de la banda. Tiene que ver con los juegos vocales entre marido y mujer. Porque sí, es cierto, las voces de los Sparks no casan demasiado bien. Y no solo es que se complementen regular, es que por momentos resultan incompatibles. Vamos que mejor les iría a ambos buscando combinaciones alternativas. ¡Divorcio ya! No moló. Nada más.

Y eso es todo. Que no es mucho dada la amplitud de la oferta. Pero ¿qué queréis? Estoy falto de tiempo por culpa del laburo y otras mandangas que no me apetece contaros. Además estoy en una fase introspectiva en la que el goce interno se erige como principio y fin de todas las cosas. Y encima…. Ey ey ey ¿Hace falta dar más explicaciones? 


Hostia!!! Con esto último me he acordado de la anécdota aquella del obispo que, visitando una pequeña localidad, se indignó porque al entrar en la localidad no tocaron las campanas de la iglesia. Al requerir al cura acerca del motivo, este le respondió:
-Monseñor, no tocamos las campanas por tres motivos.
-El primero es que no tenemos campanas.

A lo que el Obispo respondió:
-Pues los otros dos métaselos usted en.......

En fin pues eso. Capish!
Y que menos da una piedra gachones. 

viernes, 28 de abril de 2017

El hijo, de Philipp Meyer

A veces y casi sin esperarlo, uno se reencuentra con el placer de la lectura. Vale, es cierto que el mero hecho de leer ya debería conducirnos hasta la dicha. Y es que conforme pasamos páginas y devoramos párrafos nos adentramos en una historia que, en cierta forma, acaba convirtiéndose en la nuestra. Así es como, parafraseando a algún francés cuyo nombre no recuerdo, nos hacemos contemporáneos y hasta compatriotas de todos esos personajes de la trama. Vamos, que el proceso lector ya es gratificante per sé. O al menos es lo que dice la teoría. Lo que pasa es que para algunos devorar libros es, ante todo, una necesidad vital al nivel del respirar, el comer y supongo que el follar. La necesidad imperiosa de llevarse a la boca algún texto aún en los momentos en los que no se encuentra estímulo en ello. Enlazando ladrillos y truñacos que no te aportan nada o casi nada. Lecturas efectuadas con el piloto automático puesto, siempre con la expectativa de que aquello que venga después será mucho mejor. ¿Hay goce y disfrute ahí? Pues no lo sé. Unas veces sí, otras no... Y en estas que te topas con cosas tan maravillosas como la última novela de Philipp Meyer.

Sí, todo este rollo es para introducir mi última lectura: “El hijo” del mencionado autor neoyorquino. Alguien que, según parece, fue cocinero antes que fraile, desempeñando toda suerte de oficios hasta verse publicado. Inmensa novela de resonancias épicas ambientada en el lejano oeste y que en ocasiones recuerda a la obra del gran Cormac McCarthy. Una suerte de auge y caída del Imperio Romano-Tejano, con el papel de los Césares desempeñado por una saga familiar ambiciosa, sacrificada y cruel. Los McCullough y su historia, que abarca desde la independencia de Texas, allá por el 1836, hasta la actualidad. Hombres y mujeres hechos a sí mismos. Corazones indomables capaces de todo, hasta de levantar un imperio con sus propias manos y defenderlo con los dientes. No tanto como heroicidad sino como drama. Y es que hacen lo que hacen porque no saben hacer otra cosa. Es lo que les enseñaron y al final es su único camino en la vida.

La fórmula que emplea Meyer es narrarlo a través de tres de esos personajes del clan McCullough, pertenecientes a tres generaciones diferentes. Ellos nos harán de guías por unos parajes que gotean sangre y, como no, hieden a vaca y más tarde también a petróleo. Los capítulos se van intercalando y así es como vamos conociendo la historia de Eli aka el Coronel, su vida junto a los comanches y su posterior desempeño como Ranger que, tras alejarse del conflicto, devendrá en magnate ganadero. También a Peter, quien carga con el peso emocional de la interminable campaña de su padre por el poder y que tan alejado se muestra de las formas y costumbres de este. Por último Jeannie, bisnieta del Coronel y nieta de Peter, y su denodada lucha por alcanzar el reconocimiento de una sociedad tremendamente machista en pos de conservar un patrimonio familiar que va aumentado gracias a las reservas petrolíferas.

Una novela inmensa y no solo por su extensión, que nos ofrece una descripción muy realista de la terrible violencia sobre la que se edificó Texas y por ende los EEUU. Un prodigio. La he disfrutado muchísimo.
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