viernes, 17 de febrero de 2017

Dos libros del Rojo

Cuentan que la nave Curiosity, que se encuentra orbitando alrededor de Marte desde no se sabe cuando, se canta el cumpleaños feliz a sí misma todos los años. Estamos ante el que, probablemente, sea el aniversario más triste de todo el sistema solar. O no. También está el de los protagonistas de “Ultraligero” (Rasmia Ediciones, 2016) primera incursión en el mundo de la novela de Iván Rojo. Por cierto, un libro que se presenta en una edición muy cuidada, con una bonita cubierta protagonizada por una pintura original de Manuel Sáez.

La vida del hombre pájaro, nuestro protagonista principal, es la de alguien hastiado de vivir. Al menos de vivir de esa forma. Y es que a fuerza de padecer algunos de los sinsabores que sufren a diario tantos seres humanos, ha acabado convirtiéndose en una persona desesperanzada con una vida monótona y más bien aburrida. Nuestro héroe consume los días sorteando la apreturas económicas entre cervezas, partidas al FIFA y cópulas a desgana. Eso cuando no le toca ir a trabajar a uno de esos curros de mierda con los que se gana el pan. Bueno, también le gusta pasear sin destino conocido. Y hasta observar pájaros, para catalogarlos sirviéndose de los conocimientos adquiridos a través de alguna guía ilustrada. Todo eso a la espera de que llegue el fin. El momento en el que se produzca ese gran incendio negro que debe acabar con todo y con el que lleva soñando desde hace tiempo. Sin embargo, su horizonte vital cambiará cuando, de manera fortuita, se tope con nuestra protagonista femenina.

La herida es una mujer rota por fuera pero sobretodo por dentro. Alguien cuyo deterioro físico se antoja insuficiente para reflejar cuan grande es su vacío interior. Su vida es anodina, por decirlo suavemente. Porque más que viva, nuestra heroína se haya en los márgenes de la vida. Aquejada de una tetraplejia consecuencia de un terrible accidente, si se mantiene en este mundo es porque alberga la esperanza de cumplir con el último deseo de su hijo. Acudir hasta Estaca de Bares, en la costa gallega, donde confluyen el Cantábrico y la masa oceánica del Atlántico. El mayor corredor migratorio de aves de Europa.

Y aquí es donde se unen los destinos de ambos en una suerte de viaje redentorio con el que concluye “Ultraligero”. Un tránsito hacía esa soledad alada que tanto ansiaba la Pizarnik.

Y eso es “Ultraligero". Gran novela de temática cotidiana, fiel a ese estilo cultivado durante años por el autor en su obra poética y también en los relatos. Historia cruda y hasta descarnada en la que, cómo no, hay un pequeño espacio para la esperanza. Y con ese tremendo final... Que por algún motivo ha hecho aflorar en mí las mismas emociones que después de leer este poema de Iván, incluido en su último poemario “10.000 caballos de guerra” (Versátiles editorial, 2016):
Un descomunal oso de peluche

más amarillo que el sol

cuelga por las orejas

de un tendedero

a la altura de

Cádiz 44.

Las entrañas de espuma

le asoman por un agujero en el abdomen.

Pero él sonríe, sonríe de pinza a pinza.

Una especie de dios extraño y observante,

de una amabilidad siniestra,

cuya presencia en el cielo

confiere al tráfico,

a los peatones,

a los comercios,

a la ciudad entera,

un aire de irrealidad.

Como si todo lo que sucede aquí abajo

fuera un juego.

Como si todos nosotros

fuéramos los juguetes

de un niño cruel

y perfecto

como solo un niño puede serlo.

Probablemente así sea.
El poema se titula “Juguete Roto” y es uno de los cincuenta y dos que integran esta maravillosa compilación. El cuarto libro publicado por el patraixero tras “Pantano” (Sven Jorgensen – 2014),La vida salvaje” (Rasmia – 2015) y la novela “Ultraligero” reseñada más arriba. Otra buena muestra del universo normcore a la valenciana en el que tan bien se desenvuelve el autor. Realismo magro y a la vez lírico -¡y hasta onírico!-, algunas veces despiadado, que nos remite a lo mejor del género. Y es que el hombre sigue ensanchando sus horizontes literarios y algunos os lo estás perdiendo. No te hagas eso. Debes leer al Rojo.

jueves, 16 de febrero de 2017

Ensayo con público de E, en la Rambleta o el Ram Club que mola más...

"Cualquier tiempo pasado fue anterior", que decía el fenómeno aquel de la melena miembro de Les Luthiers. Y no lo digo por la banda, E -o (A Band Called) E-, proyecto colaborativo que aúna los destinos musicales de la siempre interesante Thalia Zedek (Come, Uzi...), con los de Jason Sanford (Neptune) y Gavin McCarthy (Karate). Me refiero a la escasa peña que se dio cita en el recinto en el cual se celebraba el evento. Y es que, ¿os acordáis cuando las salas de la capital del Regne se llenaban para disfrutar de bandas como Come? Ah! ¿Qué no? La verdad es que yo tampoco. Ni siquiera recuerdo que Come vinieran a Valencia. El caso es que lo mismo me da que me da lo mismo. Los que no vinieron se lo perdieron. Peor para ellos. También para quien pusiera la pasta en esta gira. Y para la sala, supongo.

En fin, a lo que iba, que me enredo... Yo sí que me presenté. ¿Cómo no? Si el trío de Boston se ha sacado de la manga un artefacto musical explosivo, con el que bordean lo industrial, incluso el math rock, aunque sin renunciar al legado indie rocker del cual sus miembros fueron partícipes en los noventa. Y es que el peso de esas décadas de experiencia dentro de la escena alternativa de su ciudad se notan. Y de ese esfuerzo nace este plástico que es como muy de sus bandas matriz, pero también diferente a cualquier cosa que hayan grabado antes. Con un resultado final que, quizás, demuestra un mayor peso en la ecuación de Sanford y sus Neptune. Un álbum de debut homónimo caracterizado por un sonido que es a la vez frío -por momentos incluso marcial- pero también emotivo. Y es que en “E”, de E, también hay espacio para la emoción. La contenida y de la otra, como pudimos apreciar en el show de anoche.
La titawa aspasial de Yeison
Conciertarro en el que, como os dije antes, no había ni el Tato. Hasta el punto de que aquello parecía más una suerte de ensayo con público, en el que los dobles de Jim Jarmush, Rosana afuegolentotumirada y Mr Proper se enfrentaban a un puñado de habituales de la movida, incluyendo a los que pasan de gañote a todos los conciertos celebrados en esta puta ciudad. Algunos permitiéndose el lujo de llegar tarde, que tié webs... Aunque a los E todo esto les importó poco. Se comportaron como si estuvieran en un pabellón rebosante de enfervorizados fans. Destaparon el tarro de las esencias y se dedicaron a tocar esas estructuras repetitivas, quasi hipnóticas, que al parecer son marca de la casa. Y sonando como el trueno, que todo hay que decirlo.

Por allí desfilaron prácticamente todos los cortes incluidos en su único álbum hasta el momento, más alguna que otra cosita. Creí reconocer alguna versión, pero no estoy del todo seguro. De lo que sí lo estoy es de la solidez que mostraron empalmando los catorce temas que integraron el recital, con tan solo el pequeño parón previo a los bises. Abrieron con “Regatta” y cerraron con “Great Light”. Por el camino quedaron “I Want to Feel Good”, “Treeline” o las tremendísimas “Candidate” y “The Archer”. Poca broma. Tan solo se echó en falta “Water”. Pero bueno, ¿que queréis? Más triste es robar que decía aquel. 
 

viernes, 10 de febrero de 2017

Bacalao (con C)

A estas alturas ya sabemos que el bacalao no es solo un pescado blanco o azul, dependiendo de si se presenta fresco o en salazón. Bueno, puede ser que si te criaste a orillas del Atlántico portugués, dónde ese pez es el rey de la cocina, desconozcas la existencia de otras acepciones. Desde luego que no será así si naciste en esta terreta en la que me parieron y te movilizaste en el ambiente de la fiesta en los noventa. El problema es que ha habido una suerte de intoxicación en lo que al bacalao musical respecta. O sea, al bakalao con k. Que fue en lo que devino todo un movimiento cultural que fue capaz de poner a Valencia a la vanguardia europea. Os hablo, cómo no, de esa mierdaca electrónica a base de ritmos rápidos y repetitivos, cantaditas y sonidos editados, con los que gran parte de la chavalada del país se ponía hasta las trancas de viernes a domingo. Ese ruido con pretensiones, esa anti-música a la que odié con toda mi alma durante mi juventud, pero que hacía las delicias de los protagonistas de aquel conocido reportaje emitido por el Canal Plus en el año 93.
Conocido mediáticamente como la Ruta del Bakalao (o Ruta Destroy), fue heredera directa de algo más que interesante a lo que algunos se refieren como "la movida valenciana". Nacida en los años ochenta (o incluso a finales de los setenta), en plena Transición y con un cariz vanguardista, transgresor y hasta underground, esta movida supone el mayor periodo de esplendor cultural que se ha vivido por estos lares. Aquí se alumbraron algunas de las discotecas y pubs más innovadores del país, se pincharon vinilos de gentes a los que nadie conocía y se programaron conciertos de reputadas bandas en horarios imposibles. También se consumieron drogas. Primero mescalinas, luego de otro tipo. Y todo eso dio como fruto el mayor movimiento de clubbing a lo largo y ancho de la piel de toro. Con consecuencias a medio plazo sobre la forma de ocio nocturno practicada en todo el país.

De todo esto nos habla “¡Bacalao! Historia oral de la música de baile en Valencia, 1980 – 1995”, escrito por el periodista y diyéi barcelonés Luis Costa. Libro construido a base de entrevistas con los principales actores de la escena musical valenciana en aquel momento. Por allí transitan los precursores a los platos, los empresarios de la noche que montaron los garitos, los responsables de tiendas de importación imprescindibles en aquellas fechas, algún periodista musical y músicos de aquí y de más allá. De hecho uno de ellos, Shaun Ryder de los Happy Mondays, llega a decir cosas como que “[...] todo estaba ocurriendo antes en Valencia que en Ibiza”. En términos parecidos se manifiestan Mark Burgess, de The Chameleons o Andy Jarman de “A Popular History of Signs”.

Un libro muy interesante que nos acerca a lo que realmente ocurrió y que va mucho más allá de lo que la mayoría de la gente recuerda. Algo importante y que está muy por encima de esa imagen distorsionada, repleta de mascachapas y chimobayos, a la que muchos accedimos por culpa, aunque no solo, de los medios de comunicación.

Os dejo esta interesante listica con la banda sonora del libro...

viernes, 27 de enero de 2017

Qué vergüenza

Me ha gustado mucho el debut literario de está escritora chilena. Nueve relatos intimistas sobre supervivientes de la clase media-baja de su país. Historias duras que demuestran un saber hacer sorprendente dada la juventud de su autora, aún por debajo de la treintena. Cuentos con los que nos ofrece una visión no muy agradable, de lo que es la vida en la ciudad para aquellos poco bendecidos al nacer. Es decir, sin una familia medianamente acomodada que pueda hacer frente a sus necesidades. Sin unos progenitores mínimamente centrados que puedan echar una mano cuando haga falta.    

Asistimos a la vergüenza de un padre desempleado que acude a una oferta de trabajo engañosa junto a sus hijas y que es el protagonista de “Qué vergüenza”. Relato que da nombre a la compilación y por el que la autora fue galardonada con el Premio Roberto Bolaño y el de Literatura del Círculo de Críticos del Arte a mejor escritora novel. Uno de los mejores del libro -sino el mejor- junto a la historia de esos aspirantes a ninja de “Talcahuano”. Chavalada que pretende agenciarse los instrumentos de una Iglesia, para así emular a sus ídolos del pop. Relato sobre esa temática tan literaria y hasta cinematográfica, del fin de la infancia. Muy bien llevado y maravillosamente adaptado al universo en el cual habita Paulina Flores. Como también el protagonizado por ese crío próximo a la exclusión social y sus “Últimas vacaciones” junto a unos familiares que le proponen un futuro mejor. También me ha parecido sobresaliente el “Espíritu americano” que se respira en el reencuentro entre las dos antiguas camareras de un restaurante de comida chatarra y que nos sirve para descubrir la oscuridad que habita dentro de ambas. O la visión tan sufrida, tan de desamor post-adolescente, que contiene “Olvidar a Freddy”. Y la candidez de la chiquilla de “Laika”. Un cuento con un trasfondo sórdido, pero que, enfocado como está en la inocencia de una niña, acaba resultando hasta poético.

Historias de personas que viven con más o menos normalidad situaciones que no por desfavorables son menos habituales en nuestras sociedades. El desencanto, el desamor, el fracaso, la perdida de la inocencia o el mencionado fin de la infancia, pero también la ternura y por encima de todo la increíble capacidad de adaptación del ser humano. 

Un libro hermoso de una autora a seguir.

martes, 24 de enero de 2017

Gener en La Rambleta

Mi idilio con la banda de Carles Chiner no viene de tan lejos. Por el motivo que fuese, no fui capaz de apreciar toda la grandeza de aquel “El Temps del Llop” hasta verles teloneando a Joan Miquel Oliver en el TEM, hace ya más de un año. Un disco con un cancionero que destacaba por encima de todo, por esa solvencia mostrada a la hora de adentrarse en senderos poco frecuentados por la música en valenciano (Con honrosísimas excepciones como Senior i el Cor Brutal y en menor medida Arthur Caravan). Me refiero a esa deriva bluesera, a ese acercamiento al imaginario del rock sureño y en menor medida a la americana, que tan bien se compenetra con la calidez mediterránea en un más que notable álbum de debut.

El caso es que ya entonces me pareció y así lo deje escrito en mi crónica al concierto, que si la cosa no se torcía, lo de Gener podía terminar siendo algo muy grande. Y vaya que sí... Lo que no esperaba es que el crecimiento fuese tan rápido. Y es que “Oh! Germanes”, es mucho más que un disco de confirmación, que también. Es un disco casi redondo en el que la banda de Benaguasil deja atrás el blues-rock originario para acercarse a la psicodelia, a los mundos del soul, incluyendo ciertas relecturas en clave góspel, con la maravillosa garganta de su front-man haciendo diabluras. Un trabajo sumamente rico e instrumentado, frondoso y hasta recargado, en el mejor sentido que se le pueda dar al término, en el que supone un pleno acierto la introducción de un coro femenino. Sin duda uno de los mejores álbumes del pasado 2016. El 20 de mi lista concretamente. Aunque con un poco más de margen, podrían haber alcanzado el top ten con facilidad.

Con estos antecedentes, ¿cómo faltar a la presentación del álbum en La Rambleta? Pues eso... El evento, que se celebró el pasado viernes noche en pleno temporal valenciano, tuvo un lleno absoluto, lo cual aún es más meritorio dadas las circunstancias. El equipo se presentó sin bajas, alineación completa con Carles Chiner a la cabeza, junto a Pasqual Rodrigo, Enric Alepuz, Vicent Todolí, y César Castillo, además de las chicas de “Las Reinas Magas”. La velada sirvió para poner en valor los once cortes incluidos en “Oh! Germanes”. Un repertorio entre el que me cuesta elegir una canción favorita. Con todo y a pesar de que la cagué ubicándome en un lugar bastante mejorable para la audición, que no para el visionado, he de decir que brillaron con luz propia ese “Vudú contra els senyors de la guerra”, “Qui t'estima”, “Les dones”, "Pel jardí de les espines", “La reina de l'oceà” y como no lo más parecido a un single/jitazo que contiene un álbum tan conceptual como este. Os hablo por supuesto de ese “Convencionals” que, según parece, ha traspasado barreras (y prejuicios) idiomáticos haciendo las delicias de algún crítico de más allá de la Foia de Bunyol.


 Sorprendentemente hubo espacio para recuperar cositas del pasado e incorporar algún que otro extraño homenaje. Muy acertado en el caso de la revisión de “Valents” o “A contrallum”, ambos cortes incluidos en “El Temps del Llop”, pero no tanto en la elección de covers. Y es que uno esperaba ver aparecer por allí esos ecos a la Simone, a Jeff Buckley, o ya puestos a Grizzly Bear, por poner una terna de evidentes a la par que eminentes influencias en el nuevo sonido Gener. Desde luego algo más refinado que ese “Girls just want to have fun” con el que dieron por concluido el show y que, he de reconocer, no me gustó. Por no hablar de esa suerte de mash-up con el “Doo Wop” de Lauryn Hill como protagonista, que no me pareció para nada acertado.

Con todo y pasando por alto esto último, disfruté del concierto de la que, pienso, es la mejor banda en activo de esta terreta. Larga vida a Gener, sí señor.

martes, 10 de enero de 2017

21 pelis de este 2016

1) La llegada (Arrival), de Denis Villeneuve
Sé que no soy nada original en la elección, pero esta es la película que más me ha gustado de entre las estrenadas el pasado 2016. Aunque puede parecer otra cosa, la historia no va sobre la llegada de alienígenas a nuestro planeta o sobre si suponen una amenaza para nuestra supervivencia. Va de cuestiones más mundanas y humanas. ¿Si fuésemos capaz de ver lo que está por venir, lo evitaríamos? Pues eso... Y que Villeneuve es un puto genio y está bien que se le reconozca.
2) La doncella (Ah-Ga-Ssi), de Park Chan-wook
En la última de Chan-wook nada es lo que parece. Estamos en la Corea de los años 30, durante la ocupación japonesa y en una mansión gobernada por un tirano degenerado. Allí se dan cita varios personajes desempeñando diferentes roles, sin saber muy bien cual es el cometido real de cada uno. Visualmente muy poderosa, más que seductora ultra-sexualizada y con sus píldoras de humor negro. Las pullas entre japos y coreanos seguro que se me escapan, pero eso no lastra al conjunto. Cinta repleta de giros y con momentos deslumbrantes.
3) No respires (No breathe), de Fede Álvarez
La sorpresa del año es una humilde producción de terror en la que unos pringaos creen haber encontrado la oportunidad de cometer el robo del siglo, a costa de un ciego que vive apartado del mundo. Nada es lo que parece y, una vez dentro de la casa del susodicho, la chavalada se topará con problemas inesperados, además de descubrir secretos a los que preferirían haberse mantenido ajenos. Atrapados y luchando por sobrevivir, acaba formándose la de Dios es Cristo. Y hasta aquí puedo leer.
4) Black Mirror: San Junipero, de Owen Harris
Maravilloso episodio. El mejor de la nueva temporada de la (pseudo) serie creada por Charlie Brooker. A diferencia de las otras historias que conforman la tercera temporada, esta se desarrolla en los EEUU, en la década de los ochenta. San Junipero es una suerte de Marina d'Or, ciudad de vacaciones, con cosas de Magaluf y del Love Parade berlinés en el que se topan personas que vienen y van, pero que no sabemos de donde vienen ni hacia donde van. El final es brutal.
5) Elle, de Paul Verhoeven
La prota de este thriller hitchockiano es Isabelle Huppert y como no podía ser de otra manera, su personaje es sórdido y hasta torturado, pero siempre hipnótico. La tipa es un exitosa ejecutiva de una empresa de videojuegos que después de ser violada en casa, no sabemos si busca venganza o realmente se la suda. El gusto por la provocación de Verhoeven se transforma en una historia retorcida y sucia, protagonizada por alguien que no tenemos claro si es más víctima o verdugo.
6) Tren a Busan (Busanhaeng), de Yeon Sang-ho
Coreanada de zombis rápidos que supone un ejercicio de divertimento bastante digno. Impecable pulso narrativo y no exenta de ciertas dosis de originalidad. Lo que no es poca cosa en un género tan trillado como este de los muertos vivientes. Un virus que provoca que la peña transmute en manada de perros rabiosos se está expandiendo por toda Corea. Varios personajes que por diferentes motivos van a bordo del tren que viaja de Seúl a Busan se tendrán que enfrentar a ello. Y ya está.
7) Black Mirror: Odio nacional (Hated in the Nation), de James Hawes
¿Que pasaría si todo el odio que volcamos en la red tuviera consecuencias reales en las personas odiadas? Y no me refiero a que alguien se vea señalado y obligado a sufrir “pena de Telediario”, sino a cumplir sentencias de muerte. De eso va este Black Mirror, con expertos policiales especialistas en nuevas tecnologías que investigan una serie de misteriosas muertes conectadas con las redes sociales.
8) Comanchería (Hell or High Water), de David Mackenzie
Western crepuscular contemporáneo, en el que los vaqueros no van montados a caballo sino en camioneta. Los actores son un padre divorciado y su hermano recién salido de prisión y por otro lado un veterano y malcarado ranger de Texas y su compañero mestizo. Los primeros recurrirán a un plan suicida para poder salvar la granja familiar. Los segundos tratarán de atraparles. Todo ello bajo el árido paisaje del oeste de Texas y sus pozos de petróleo
9) Kubo y las dos cuerdas mágicas (Kubo and the Two Strings), de Travis Knight
Virguería de peli. Animación exquisita. Repleta de texturas y dotada de un poder alucinatorio que te deja espatarrao. La historia de Kubo, un niño tuerto hijo de un guerrero y una especie de bruja redimida que vive tranquilamente en una aldea de Japón. El crío tiene la habilidad de generar figuras de papiroflexia que cobran vida cuando toca su shamisen. Lo cual le vendrá bien cuando se vea perseguido por dioses y monstruos. Aunque la historia es lo de menos.
10) El hombre de las mil caras, de Alberto Rodríguez
La intrahistoria del affaire Roldán, con el enigmático agente secreto Francisco Paesa de protagonista. Como el tal Paesa urde su dulce venganza contra el gobierno español, que le había traicionado anteriormente. Una operación de trileros que terminaría con el entonces director general de la Guardia Civil en prisión y los bolsillos del agente repletos de pasta. Todo ello dirigido con muy buen pulso por el tío de “La isla mínima” y con un gran Eduard Fernández en el papel principal.
11) Tarde para la ira, de Raúl Arévalo
Debut a lo Peckinpah del otrora actor. La historia de una venganza cocida a fuego lento por un personaje aparentemente inofensivo. Bien construida y bien narrada, la película es un thriller con aroma clásico en el que Antonio de la Torre hace las veces de aquel Bill Foster interpretado por Michael Douglas en “Un día de furia”. Si bien, las causas de José generan más empatía que las del hijo de Kirk.
12) The neon demon, de Nicolas Winding Refn
Vale. Es verdad que el danés está perdiendo la chaveta y que en uno de sus ejercicios de onanismo salvaje va a acabar asfixiado como el cantante de INXS. Pero es que el tío es capaz de crear unas imágenes tan bestias, que resulta imposible resistirse a sus encantos. La nueva viene a ser una reinterpretación libérrima del cuento de Blancanieves en clave posmoderna, gore y sin final feliz. Fábula sobre chica guapa que quiere triunfar en un mundillo donde todo vale.

13) Neruda, de Pablo Larraín
Larraín se deja su lado malroller y dedica los esfuerzos a contarnos la vida y milagros, en clave poético-policial, de uno de los mitos de las letras universales. Relato que va más allá del mero biopic donde el realizador entremezcla hechos históricos junto a pasajes extraídos de la obra de don Ricardo Neftalí Reyes. De como su persecución política le sirve de acicate para escribir esos poemas que lo convertirían en símbolo de la libertad. Denuncia social que no se agota en el momento histórico en el cual se ubica la trama. Y a ese speech final en boca del comisario Óscar Peluchonneau, que parece dirigido a Larraín padre, me remito.
14) Animales nocturnos (Nocturnal animals), de Tom Ford
Esta peli podía haber sido la hostia si su director lo hubiese querido así. Narra la historia de una pija mental que, años después de abandonar cruelmente a su primer marido, recibe un paquete de este con su primera novela. A medida que esta se va sumergiendo en la narración, la historia se va bifurcando y el desarrollo tiene dos frentes con evidentes paralelismos. El primero es la historia principal, repleta de ornamento pero con poca chicha. El segundo es la historia novelada turbia y hechizante. Aún así muy potente.
15) Zootrópolis (Zootopia), de Byron Howard y Rich Moore
Enésima producción de la Disney aplaudida por medio mundo. Animación protagonizada por animalicos y en donde, de una forma edulcorada, se explica a los nenes que el racismo es malo, que los prejuicios nos empobrecen y que hasta un insignificante conejo puede aspirar a cumplir sus sueños. Eso y que to'r mundo ej güeno y por eso hasta los zorros y las gallinas se pueden hacer amiguitos. Vale, ya sé que suena a anuncio de Campofrío o a programa electoral de Ciudadanos. Y hasta puede que lo sea. Pero es chula. Believe in me.
16) Black Mirror: Cállate y baila (Shut up and dance), de James Watkins
No es el mejor de los episodios de esta temporada, pero a mí me ha encantado. Va de un chaval bien nerd que se ve obligado a colaborar con un desconocido tras ser chantajeado por teléfono tras hacer algo que no tenemos demasiado claro que es hasta el final. Las cosas se van complicando, los personajes unidos a la trama se van multiplicando, los pecados a purgar se van agravando y así hasta la drástica resolución final. Por el camino todo transcurre a doscientos por hora. Con prisa y sin pausa. 

17) Captain Fantastic, de Matt Ross
La historia de Viggo de los bosques y su familia de niños arios asalvajados tiene su gracia. Pasando por alto algún pasaje hiperbólico y esos momentos de sobre explicación hacia el final, está bastante bien llevada y resuelta. Su principal virtud estriba en como capta esas imágenes con las que nos explica las ventajas y contradicciones de un complejo experimento social antisistema. Vemos que es lo que pasa y como eso repercute en la capacidad adaptación de unos críos a la sociedad moderna. Y como manejan los vínculos familiares. También te ríes, lo cual nunca va mal. 
18) Deadpool, de Tim Miller
No soy mucho de superhéroes y quizás por eso me gustó tanto este engender cinematográfico. Anti-héroe de la Marvel, chulo, vacilón y movido por objetivos no necesariamente nobles, que se pasa el día buscando venganza y burlándose de todo bicho viviente. Con escenas espectaculares y varios gags de humor que convierten a la película en una comedia de humor negro-chusco sobre superhéroes. Bastante original.
19) Dos buenos tipos (The nice guys), de Shane Black
Me lo pasé realmente bien viendo este estreno comercial, ambientado en Los Ángeles durante la década de los setenta. Hay un detective triunfador y un matón de tres al cuarto que se ven obligados a colaborar para resolver varios casos relacionados entre sí. Con la incipiente industria del porno californiano de fondo y la implicación de las altas esferas. Repleta de golpes de efecto cómicos, a lo Blake Edwards. Gosling bien y Crowe muy bien.
20) El extraño (Goksung), de Na Hong-jin
Cinta de terror clásico. Policíaco coreano. Humor a lo Shin Chan. Sin la tercera parte estaríamos ante una obra maestra. En un lluvioso pueblo se suceden una serie de extraños asesinatos. Entre la incompetencia policial y que las muertes no cesan, el pueblo saca a relucir sus prejuicios y supersticiones para acusar a un anciano japonés que vive en el bosque. Para acabar de liarlo todo, la propia policía recurre a un chamán. Imagineria muy potente.
21) Calle Cloverfield 10 (10 Cloverfield Lane), de Dan Trachtenberg
Lo mejor de este film es la mezcla de géneros. De como un thriller puede convertirse en una peli de terror o en puro sci-fi. Una chica tiene un accidente de coche y despierta en una celda bajo tierra. Su aparente secuestrador le cuenta que la ha salvado de un ataque químico que ha hecho de la Tierra un lugar inhabitable. O lo tomas o lo dejas. La cuestión es sobrevivir. Y hasta donde está uno dispuesto a llegar para ello.
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