domingo, 10 de junio de 2018

Otra tanda de discos más o da' best albums of 2018 pa' este menda (so far) - 2ª parte

Stephen Malkmus & the Jicks “Sparkle hard”

El séptimo disco del que fuera líder de Pavement tras salir de su zona de confort, nos devuelve a ese Malkmus irónico, inteligente y en ocasiones sincopado, que ya brillaba en “Wig out at Jagbags” o en “Real Emotional Trash”. Aunque nunca de forma tan brillante y sobre todo con la solidez que nos muestra aquí. Este “Sparkle hard” conjuga el preciosismo folkie con la psicodelia marca de la casa, respetando el glorioso legado de Pavement–en cortes como “Shiggy” de forma más que evidente-. Eso sí, alejándose del noventerismo lo suficiente como para que nadie tenga la tentación de acusarlo de perseguir glorias pasadas. La verdad es que no acogía con tanto entusiasmo un nuevo trabajo de este mozo desde su álbum homónimo tras la disolución de Pavement. Un disco que, por cierto, acabó por aburrirme. No creo que me pase igual con este. ¡Si hasta la colaboración de Kim Gordon en esa especie de boutade que es “Refute” me parece maravillosa!

Daniel Avery “Song for Alpha”

Le estoy cogiendo yo el gustirrinín a eso de los paisajes sonoros, la verdad. Si bien, siendo rigurosos, este disco no es propiamente un exponente de esa fórmula. De hecho algún purista me espetaría, no sin razón, que esto ni se le acerca. Es techno oscurete y repetitivo, lo acepto. Con todo, la manera con la que yo estoy disfrutando de él, o mejor dicho, el como he ido dejándome embargar por esta suerte de electrónica relajada y hasta sensual, me genera idénticas sensaciones a las de escuchar a David Cordero por poner un ejemplo. Vale, siempre y cuando me hubiese tomado un tripi en alguna rave y estuviera de bajón. También lo acepto. Porque el nuevo trabajo del diyéi y productor londinense recuerda más a Autechre y a los primeros –y no sé si últimos ya que me borré de esa historia- Aphex Twin. Estructuras machaconas que se envuelven en un reverb grandilocuente y con unos sintetizadores que en ocasiones evocan el universo sonoro de “Blade Runner”. De hecho este álbum podría ser una versión alternativa un tanto más bailonguer y trallera de la mítica banda sonora de Vangelis. Estoy muy loco, lo sé.

Dream Wife s/t

Me ha costado reconocerles el mérito a estas jovenzuelas de Brighton, en la Pérfida Albión, que practican una suerte de punk-rock con muchísima actitud. La de pegarte con la guitarra en toda la cabeza, para que me entendáis. Cierto es que sus composiciones aparecen trufadas de momentos en los que, tras bajar el pistón, derivan hacia sonoridades un tanto más poppies que le van de perlas al conjunto. Pero bueno… A lo que iba. La cosa es que en varios sitios pintaban este debut poco menos que como el disco del año. Y hombre, como que tampoco tanto. De ahí mi natural alejamiento respecto a un trabajo que, retomado tardíamente y casi a regañadientes, me parece de notable alto. El trío británico – islandés nos ofrenda un álbum con once cortes que dejan sin resuello y en los que no hay material de relleno. ¿“Love without reason” quizás? ¡Los cojones! Por cierto, mención muy especial para la vocalista Rakel Mjöll, alumna aventajada de la escuela Kathleen Hanna de Riot Grrrls y sin cuya participación nada sería lo mismo.

Els Jóvens s/t

No podía faltar por aquí la original propuesta de este súper grupo valenciano que, partiendo de la rica tradición de la tierra que les/me vio nacer, es capaz de actualizarla de una forma muy digna, deslizándose a través de los senderos del pop. Y es que el disco de debut de la banda de Sant Vicent del Raspeig no es un mero homenaje a jotas valencianas y cants de batre. Tampoco cae en el insípido revival tan presente hoy día en esta, en aquella y casi en cualquier latitud. Es un álbum de pop cantado en valenciano y rico en instrumentación -tradicional y no tradicional-, con unas letras muy curradas en las que se refleja un imaginario propio que me resulta bastante próximo. El fantasma de Al Tall está presente y aún más el de Pep Laguarda i Tapineria, como máximo exponente de esos músicos valencianos que bebieron de la tradición para hacerla propia en sus canciones. ¿Algo de Caetano, Kiko Veneno y hasta del maestro Dylan? ¿Por qué no? Todo en once cortes con temáticas contemporáneas entre los que destacan un bonito homenaje al futbolista Paco Alcacer o una curiosa versión de los Magnetic Fields -“Crec que em falta un cor nou” – ¡Ah! También incluye un recadito para el primer presidente negro en la historia de España. Ya sabéis a que delincuente me refiero.

Toundra “Vortex”

¿Qué decir de lo nuevo de Toundra? Pues que “Vortex” es otro de los firmes candidatos a álbum del año para esta bitácora. Y es que, aunque parezca imposible y necesariamente lo sea en algún momento, la banda madrileña lo ha vuelto a hacer. Vamos, que se ha vuelto a superar con este, su quinto largo en una ya épica trayectoria dentro del competido mundo del rock instrumental, el metal progresivo, el post-rock o como rayos queramos definir su sonido. Siguiendo sus propios pasos y sin alejarse de aquello para lo que nacieron, Toundra confirman de manera definitiva su ingreso dentro de la élite post-metalera mundial. Al mismo nivel o hasta por encima de muchos de sus referentes. En lo que al disco se refiere señalar que está algo más próximo en intensidad al que fuera su tercer trabajo y un tanto más alejado del (II). El caso es que da igual. Parecen bendecidos por el santoral en pleno. “Vortex” no tiene desperdicio y es difícil elegir cuál de sus ocho cortes es mejor. Ahora mismo escogería “Tuareg” y ese apoteósico cambio de mitad hacia el final y también el single Kinston Falls” que tiene pinta de sonar como un trueno en el directo. Bueno, al igual que “Cruce Oeste” ¡Qué coño! Vale, lo sé, estoy salivando con la idea de verlos en directo de nuevo.

Dumb “Seeing green”

Yo que pensaba que había descubierto la pólvora con esta joven banda de Vancouver y el que creía era su debut discográfico. Y mira, resulta que no. Los gachones llevan ya un tiempo en la brecha y con éste, tres álbumes en la mochila. El caso es que ando bastante pegado a este “Seeing Green” desde que escuché a su vocalista, un tal Franco Rossino, explicar que el álbum gira en torno a la figura de un joven confundido y cabreado que, sin darse cuenta, es víctima del mismo condicionamiento capitalista en el que todos los occidentales somos criados. Menuda gilipollez, ¿no? Vamos, que el discurso no podría ser más huero. Pero bueno, gracias a esa mierda de declaraciones me llamaron la atención. Y menos mal, porque me encanta su rollo. Esa fórmula que va entre los Devo más rockers y, por poner a alguien más de ahora, los Ought del gran a la par que escuchimizado Tim Darcy. Algo del macarrismo de los Parquet Courts también les veo, pero igual es cosa mía. El caso es que hete aquí con catorce canciones que suenan urgentes y atemporales. Envueltas entre ritmos nerviosos y algo aceleradas, con sus buenas dosis de riffs de guitarra y un desempeño martilleante a cargo del batería. 

Frigs “Basic Behaviour” 

Estos también son de Canadá, pero de Toronto como los Raptors de Serge Ibaka y DeMar DeRozan. Al igual que Dumb, tampoco son nuevos pero casi. El álbum ya llama la atención desde esa impactante portada con una chica de espaldas y desnuda, encadenada dentro de un acuario en el que hay unas calas flotando. Esa sensación de incomodidad y hasta de mal rollo es la que logran trasladar en una decena de cortes de ambientación densa a los que hay que sumar unas letras tremebundas obra de su lideresa Bria Salmena. Melodías oscuras, incluso pesadas, construidas a base de riffs repetitivos que se contraen y hasta tiemblan, a los que sumar un bajo machacón, onda post-punkarra, con la voz de la mencionada Salmena como guinda. Una señorita que, en muchos momentos y a causa de la dicción, me recuerda a Jehnny Beth de Savages. Sobre todo en “Waste”, en donde también destaca ese gorgoteo nirvanesco etapa “Bleach”. Aparte de este tema, me maravillan “Taking Pictures” o “Doghead”, a la postre mi favorita de todo el álbum. También “Solid State” y esa línea de guitarras que me recuerda un poco a las reaparecidas Breeders, pero cuando molaban. O por qué no, el onirismo de “Gemini”. Un pedazo de disco, sí señor.

Titus Andronicus “A productive cough"

No hay tres sin cuatro que diría aquel…  Si se inventara el refrán, claro está. Aunque bueno, si prescindimos del resbalón que supuso -a mi parecer- “Local Business”, este sería el tercer gran álbum en la trayectoria de la banda de New Jersey. Vale que este “A productive cough” me parece inferior a “The most lamentable tragedy” y al superlativo “The Monitor”. Y es que era muy difícil mantener el nivel. Con todo, siguen manteniendo ese espíritu de borrachera, entre el punk más macarra y el folk americano, que viene siendo su seña de identidad desde los comienzos. Lo cual no es poco. De hecho es mucho. Conste también que entré raro en el disco. Como me ha pasado en casi todos sus discos. En este caso andaba un tanto escamado tras leer que esto iba a ser un disco de baladas. Que Patrick Stitckles quería dotarlo de un enfoque más suave, evitando así la proliferación de esos himnos roqueros que trufan sus anteriores trabajos. ¡Los cojones! Bueno, lo de mis atributos va por el asunto de las baladas. Lo otro puede que sea verdad. De hecho “A productive cough” es más clásico, por definirlo de alguna manera. ¡Incluso versionan el “Like a Rolling Stone”! Ahí es . Pero bueno… Lo cierto es que “A real talk” y “Home alone” no serán himnos, pero como si lo fueran. Tremendas canciones. Como a otro nivel ese bonito cierre que es “Mass transit madness (Goin’ loco)”.

Marmozets “Knowing what you know now”

Buen pepino el que nos ofrecen las metalizadas gentes de Roadrunner. Y en parte extraño. Y es que estamos ante un tremendo disco de post-hardcore con voz femenina al frente. La de Becca Macyntare quien junto a su hermano Sam lidera esta banda nacida en West Yorkshire hace no mucho. Lo de extraño lo decía por la presencia de la vocalista y no me tildéis tan pronto de machirulo que ahora os lo explico. Vamos, que para alguien tan acostumbrado como este menda a una escena en la que los desempeños vocales corren al cargo de tiarrones como Jakob Bannon de Converge o el tipo de Gallows, esto le descoloca. Para bien, se entiende, por eso aparecen en este listado. También es verdad que este “Knowing what you know now” no es exactamente un disco de hardcore. O no es solo eso. Es rock súper vitaminado y mineralizado que diría Súper Ratón. Moviéndose como pez en el agua entre la propuesta de las bandas mencionadas más arriba y otra más suave si queréis, que podría venir representada por gentes como los Blood Red Shoes. Eso sí, si esto últimos tomaran anabolizantes. En todo caso, la sombra de estos paisanos es más que evidente en temas como “Major System Error”, sin duda el principal aspirante a jitazo del álbum.   

Indignu [lat.] “Umbra”

El cuarto largo del colectivo de Barcelos es, probablemente, lo mejor que han grabado hasta el momento. Y ya es meritorio tras aquel fantástico “Odyssea” que presentaran en 2013 y con el que les conocí, Bboyz mediante. Disco que, como su propio nombre indica, resulta oscuro y hasta tenebroso. Desde luego bastante más que sus predecesores. No es para menos, teniendo en cuenta de dónde surge la inspiración. Ellos mismos han declarado que estas seis piezas, principalmente instrumentales, recogen todo el dolor y la profunda tristeza generada por todas aquellas almas arrasadas por el fuego en los incendios acontecidos en Portugal, durante el verano de 2017. Así se explica que les haya quedado este trabajo de tintes apocalípticos, repleto de guitarras furiosas y también de esas orquestaciones grandilocuentes que ya aparecían en “Ophelia”. Aunque ahora estén más presentes y produzcan un efecto desgarrador. Además, como novedad y en orden a apuntalar ese mensaje entre doloroso y nostálgico, en dos de los cortes –“Nem só das cinzas se renace” y “Levitação do Sahara”- incorporan las voces de referentes de la actual escena musical portuguesa: Manel Cruz y Ana Deus. Estremecedor el primero de ellos.

Khruangbin “Con todo el mundo”

Brillante nuevo trabajo el que nos presentan estos virtuosos del rock ambiental, la psicodelia, el soul internacional y hasta el funk. Álbum sophomore, por seguir la jerga del deporte profesional gringo. Un discarro al que le he pegado numerosas vueltas de un tiempo a esta parte y que se erige como disco de confirmación. Y es que tras aquel interesante “The Universe smiles upon you” en el que el trío de Houston se inspiraba en el thai-funk de los sesenta, ahora completan y hasta perfeccionan su sonido a la vez que amplían horizontes. Porque este “Con todo el mundo” se mueve más hacia el sonido funk y el soul con tintes arábigos o saharianos. Le veo cosas incluso del pop gabacho sesentero. El caso es que la ecléctica fórmula con la que los texanos hicieron fortuna no permanece intacta, pero sigue mostrándose bajita de revoluciones, que no sosegada, lo cual se agradece y mucho. Según cuenta la bajista Laura Lee, la historia tras el título del álbum viene de su abuelo. ¿Cómo me quieres? Le preguntaba este cuando era una cría. “Con todo el mundo” respondía ella. Y en ello que andan. Dejándose influenciar a lo largo y ancho del planeta para definir un sonido que es muy accesible pese a lo alejado y variopinto de las fuentes de las que se nutre.  

Mint Field “Pasar de las luces”    

Más allá de Julieta Venegas, de los narco-crímenes y de las jodidas pipas Tijuana - que creo no son de allí- la capital de la Baja California también es capaz de ofrecer cosas bonitas. Es el caso de este hipnótico elepé titulado “Pasar de las luces”. Segundo largo al cargo de un par de veinteañeras a las que yo ubicaba en Seattle, vaya usted a saber por qué. Envolvente trabajo con el que me lo he pasado pipa tumbado en la cama, cuando los días de frío y lluvia comenzaron a asomar por estas latitudes. Compuesto por nueve cortes que transitan entre el shoegaze, el dream pop e incluso el mundillo lo-fi, su sonido remite a bandas como Slowdive, Cocteau Twins o This Mortal Coil. También le encuentro referencias a cosillas más actuales, por ejemplo lo que hacen DIIV. Siento que en “Pasar de las luces” la nostalgia y la belleza campan a sus anchas, generando una bonita conexión con las cosicas de adentro. Y eso mola. Un vibrante compendio de sonidos de antaño, repleto de cadencias lentas y ambientaciones oscuras que hará las delicias tanto de los degustadores del buen pop, como de los adictos a la darkwave. ¡Y qué viva México coño!          

Human Tetris  “Memorabilia”

También quedé prendado de este “Memorabilia”, segundo largo de la formación moscovita Human Tetris y primero tras su refundación. Y es que el largo periodo de reflexión autoimpuesto y la necesaria incorporación de nuevos miembros, les ha venido la mar de bien. Por lo pronto han parido un álbum que, si bien sigue el esquema de los EPs precedentes y de aquel interesante “Happy way in the maze of rebirth” de 2012, ofrece una mayor riqueza compositiva. Y sobre todo que suena más maduro. La cosa sigue fluyendo entre el shoegaze y el post-punk a la rusa que sería la manera de definir un inconfundible sonido surgido de las calles de Moscú. Entonando en inglés, eso sí. Ruidos elegantes, sintes ochenteros, ecos a Joy Division y/o Interpol –“Long Flight”-, a The Cure “A company”-, aunque más a los Smiths creo yo –“Another day”, “Warm memory”-. ¿Cómo no te voy a querer?        

Parquet Courts “Wide awake!”

Los discos de Parquet Courts y sus miembros molan todos, no nos vamos a ir por las ramas. Da igual que esté la familia en pleno, o los hermanos Savage junto a Daniele Luppi –más Karen O-, o que Andrew vuele en solitario, o que junto a Austin Brown y otros “fichajes” monten algún quilombo bajo la etiqueta Parkay Quarts… Todas sus mierdas huelen bien y es un don que les ha otorgado Dios. Alabado sea. Así que cuando antes lo aceptemos mejor para todos. Este “Wide awake!” no podía ser la excepción. Señalar que la incorporación a las labores de producción del conocido Danger Mouse no ha supuesto ruptura alguna en el sonido de la banda. Y yo que lo saludo, a pesar de haber leído cada cosa por ahí… El inicio del álbum con ese himno macarra que es “Total football” no podría resultar más representativo de esto último. Una de las mejores canciones del álbum, por cierto. Junto a “Almost had to start a fight/In and out of patience”, “NYC observation”, “Tenderness” y ya en otra línea mucho más funky, “Violence” o hasta la que da nombre al álbum. Bueno, en otra onda algo más relajada están “Mardi Gras Beads” y ese experimento organístico llamado “Before the water gets too high” que también son súper chulas. Y las seis restantes. ¡Qué coño! ¡Larga vida a la incontinencia creativa de esta peña!             

Dylan Carlson “Conquistador”

Siendo gran fan de Earth - banda madre de este gachón que aunque solo fuera por el descomunal “Hex; Or printing in the infernal method”, ya debería entrar en el Hall of Fame de la música- no le había prestado atención a los discos que el colega del KurtCo firmaba con su nombre y apellido. Y eso sabiendo que Earth es básicamente el proyecto en solitario Dylan Carlson. Su único miembro constante y quien realmente corta el bacalao en ese glorioso artefacto, referente del drone universal. Eso hasta ahora, cuando que me he topado, casi por casualidad, con este fantástico “Conquistador” con el que el artista de Seattle amplía horizontes. El propio Carlson reconoce que el álbum es una continuación de aquel “Concrete desert”-nº 15 en mi lista de álbumes 2017- ejecutado a dos manos junto al productor británico The Bug. Y es fácil apreciar esa continuidad a pesar de sonar tan diferente. El disco está estructurado en cinco cortes a base de riffs lentos e incendiarios que definen unos ambientes arenosos, casi desérticos y que podrían ser perfectamente la Mexámerica dibujada en las novelas de Cormac McCarthy. Tremendo el primer corte – ¡de más de trece minutos!- y “Scorpions in their mouths”. Y muy bonita la portada con su esposa Holly de perfil. Quien además participa del álbum al mando de la percusión. No sorprenderá a los acólitos a la causa. Ni falta que hace.         

 Arctic Monkeys “Tranquility base hotel & casino”

¡¡¡Booooomba!!! Pues sí tíos, soy uno de esos a los que “Tranquility base hotel & casino” les parece un discazo. Y parafraseando a Iñaki Sáez “me importa treinta y tres” lo que opine la prensa seria. ¿Que no tiene nada que ver con lo que hacían hasta ahora? Obvio. ¿Qué os decepciona el nuevo material? Pues para resolver eso tenéis un par de opciones: Poner a rodar sus discos anteriores en sesiones non-stop hasta que se os pase el berrinche, o directamente fingir que este nunca ha existido. O las dos. Elija su propia aventura. ¡Y ojo! Me siguen gustando más los Arctic Monkeys de “AM”, lo reconozco. Pero este cambio de registro con Alex Turner a la pianola, acicalado cual dandi en una peli de James Bond y bebiendo los vientos por el Bowie de “Station to Station” me parece tremendo. Ea! Y ahora zurradme si queréis. Ya de paso os diré que a mí el “Whatever people say I am, that’s what I’m not”, el “Favourite worst nightmare” o el “Humbug” no me dicen una mierda.  El “Suck it and see” sí que lo tolero y al “AM” lo adoro. En definitiva que este es el segundo en mis preferencias, ¿os queda claro? ¿Os parece bien? Ale... I a plorar a l'era.       

Niño de Elche “Antología del cante flamenco heterodoxo”

Detrás de un título aparentemente presuntuoso y hasta pedante, se esconde una auténtica maravilla que pone patas arriba, nuevamente, el anquilosado mundo del cante. Pantagruélico álbum doble o triple –según formato- compuesto por 27 composiciones del flamenco más revolucionario y transgresor que jamás se haya hecho. Y es que el compadre se siente comodísimo en su papel. Desfilando entre palos, siempre adaptados y hasta reinventados conforme a su particular imaginario, que va desde Shostakovich hasta José Val del Omar, pasando por Tim Buckley, Mikel Laboa, Lola Flores y hasta Guy Debord. Fandangos, peteneras, seguiriyas, malagueñas, saetas, tanguillos, polos, martinetes y también rumbas o hasta una canción de cuna, siempre pasado por su prisma y cantadas con esa gloriosa voz con la que su madre lo trajo al mundo. Con esta antología, Francisco Contreras parece dejar atrás aquello del kraut-flamenco –penosa etiqueta que no sé a quién se le ocurrió- para demostrar que lo suyo es flamenco a secas. Renovador y lleno de referentes contemporáneos, cierto, pero fiel al excelso patrimonio legado por el género musical más español. Con todo, lo más acojonante del zagalón es cuando se pone político. En este disco casi siempre. Escuchad “Recitando a Eugenio Noel”. Tremebundo es poco.                
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C O D A


Pues mira... Respecto a Baikonur y su “Nihil per saltum” y al “Boarding house reach” de Jack White, necesito darles su tiempo. Le he pegado un par de escuchas a cada uno y requieren más atención. Pero ambos prometen. 
La vuelta de A Perfect Circle pues como que no. Ya ni siquiera me parece que “Disillusioned” o “TalkTalk suenen tan de coña como dije la otra vez. Lo he intentado pero Dios sabe que no he podido. Mil perdones. Esperemos a ver qué tal el nuevo material de Keenan junto a su banda madre, los seminales Tool. Si es que nos regalan de una puñetera vez lo que vienen tanto tiempo prometiendo. Aunque no confío mucho. 
Tanto el de Desperate Journalist como el de Spielbergs son bastante chulos. Sobretodo el primero, que sigue la línea del “Grow up” –Nº19 en mi lista de álbumes 2017- . Pero son EPs y por algún motivo he prescindido de formatos cortos para elaborar esta entrada. De lo contrario hubiera tenido que tomarlos en cuenta junto al de José González & the Brite Lites, el de Osorezan, el de El Último Vecino y hasta el de Protomartyr (aunque de este tan solo escuché una canción… je je). 
Como ya se intuía con “El Sol”, anticipo del nuevo álbum de Will Haven, “Muerte” es buena mierda. A reventón, como siempre. Con todo, tanto este como el de Between the Buried and Me los guardo para próximas entregas. No tengo el cuerpo para metaleros ahora mismo. 
Y ya por último me queda el proyecto entre Tórtel y Alberto Montero, del cual os dije que me había sorprendido gratamente alguna canción. Al final no he llegado a escuchar integro “Alucinados”, que es como se titula la colaboración. También es verdad que ahora mismo hay un disco de Alberto sobre la mesa y con bastante mejor pinta: “La catedral sumergida”. Veremos.

Y eso es todo. Creo

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lunes, 28 de mayo de 2018

Pedropiedra en el Trota

A ver, no es solo que no sea fan de este tío, es que jamás le había prestado ni un segundo de atención a su música, por mucho que alguien muy próximo suele canturrear sus jits a mi vera. Lo que no quita para reconocer que me lo pasé pipa en su concierto. Fue durante el pasado viernes por la noche y en el Trotamundos. Aquí mismito, en Quilpué City. Así que al César lo que es del César. Tan solo me sonaban y muy vagamente un par de melodías de entre los temas ofrecidos al respetable. Pero dio bastante igual, como ya os he dicho disfruté del show cual connaiseur de la nueva/vieja escena chilena.   
¿Pero quién es este sujeto Sulo? Pues un tal Pedro Subercaseaux García de la Huerta, más conocido por Pedropiedra, músico y compositor santiaguino que además de su faceta como solista, perteneció al grupo musical infantil de la serie “31 minutos” y actualmente también se desempeña como bataca del mítico Jorge González (vocalista y compositor de Los Prisioneros).

Pues eso.

Bueno y esto: 

jueves, 17 de mayo de 2018

Ordesa

“Todo se volvió amarillo. Que las cosas y los seres humanos se vuelvan amarillos significa que han alcanzado la inconsistencia, o el rencor.
El dolor es amarillo, eso quiero decir.”

Ya va para cinco meses que aterrizará aquí en este alargado país, justo al otro lado del charco y hasta más allá. Fue tras sobrevolar durante un buen rato primero el océano Atlántico, después la selva amazónica y al final, ya próximos a destino y casi tocándola con la punta de los dedos, la imponente cordillera de los Andes.

En los días previos a viajar me topé, más bien me reencontré, con la poesía del gran Manuel Vilas que no sé si tiene mucho que ver con Chile o con viajar en avión, pero desde luego sí con el asunto de este post. El caso es que, debido a ello, decidí incluir la “Poesía Completa (1980 – 2015)” del autor maño entre los libros que saltarían de continente a continente dentro de mi maleta. Sin embargo, no sé bien como, probablemente en el trasiego del último día, pero acabe extraviando el libro.

Por suerte y ya en Valpo, pero a través de un amigo de la terreta, me entero que el bueno de Vilas ha publicado un libro nuevo. Ni más ni menos que una novela o lo que quiera que sea esa cosa preciosa a la par que dolorosa titulada “Ordesa”. Sí, “Ordesa”, como el parque nacional sito en el Pirineo oscense, en donde radica el famoso Monte Perdido al que, casi todos los de donde yo vengo, hemos acudido en familia durante unas vacaciones.

Y es ahora cuando debería hablaros un poco de la novela y tal. Plasmar mis impresiones tras la lectura de este artefacto literario que me ha dejado hecho mierda por dentro. Más aún después de incluir varios pasajes de la novela. Pero es que no puedo. O no quiero. O no sé. O yo que sé. Tan solo decir que es devastadora. Brutal. Una especie de historia autobiográfica, supongo. Escrita desde el desgarro más absoluto y siempre desde una emoción poco contenida. Crónica íntima de una familia, la de su autor y de un país, la España de ayer y de hoy, en la que el tormento y también una suerte de extraña esperanza campan a sus anchas.

“El problema del Mal es que te convierte en culpable si te toca. Ese es el gran misterio del Mal: las víctimas siempre acaban en culpables de algo cuyo nombre es otra vez el Mal. Las víctimas son siempre excrementales.
La gente simula compasión hacia las víctimas, pero en su interior solo hay desprecio.
Las víctimas son siempre irredimibles.
Es decir, despreciables.
La gente ama a los héroes, no a las víctimas.”

No sé si es apto para toda clase de estómagos, pero merece la pena intentarlo, omeprazol mediante. Dejaos arrastrar por ella. Al final se sobrevive y hasta acabamos por apañarnos, como decía aquella canción creo que de los Manel. Hasta se disfruta. Y mucho.  

“Se pasó un día entero agonizando. Yo lo veía agonizar. Se oía una respiración que parecía una tempestad, un océano de quejidos misteriosos y largos. El cuerpo estaba consumido. Pero sonaba, su cuerpo producía música. Los dedos de los pies tenían un aspecto religioso, como de cristo martirizado, como de pintura española del siglo XVII, pies deformados pero en actitud de espera. Todo era un intento por respirar. Y era un intento inteligente. Mi padre hacía ruidos retumbantes, aciagos, catastróficos. Parecía su garganta el nido de millones de pájaros amarillos, quebrantando las paredes del aire. Mi padre se convirtió en el Barroco español. Entonces entendí el Barroco español, que es un arte severo de adoración de la muerte en tanto en cuanto la muerte es la más lograda expresión del misterio de la vida.”

domingo, 8 de abril de 2018

Mugre que no mata, ¿engorda? aka Miedo y Asco en Netflix


Tratando de no resultar categórico en mi afirmación, diré que la sección de largometrajes de producción propia que ofrece el catálogo de Netflix es, cuando menos, mejorable. Siéndolo diría que el mencionado catálogo es básicamente mugre. Y es que, si bien es cierto que en materia de documentales su producción es bastante buena y en lo que respecta al competido mundo de las series suelen ofrecer productos interesantes, en el asunto de las películas Netflix no parece dar con la tecla. Para muestra sus dos últimos estrenos: “Annihilation” de Alex Garland y “Mute” de Duncan Jones. A ver cuál de las dos es más mala.

Cuando vi la segunda película en la todavía incipiente filmografía del director de “Ex Machina” pensé en lo que dijo aquel abuelete al que otorgaron fama los del APM? Lo que pasa es que después vi “Mudo”, obra del hijísimo -el perpetrador de esto- y ahí me explotó la cabeza. Releyendo mi entrada a propósito de “Warcraft”, observo que ya mostraba dudas sobre si Duncan Jones levantaría cabeza tras semejante mojón. Es obvio que no. Y es que el tío no ha hecho sino hundirse más en ese cenagal de caca en el que anda buceando a costes pagados. Que lo disfrute.

Pero vayamos por partes. Hablemos primero de “Aniquilación” con Natalie Portman y Oscar Isaac dando asco desde el minuto uno. Antes que nada mostrar mi sorpresa ante la reacción de bastantes críticos –no todos, a Dios gracias-, que la consideran como una de las mejores películas de ciencia ficción de los últimos tiempos. ¿Comparada con qué? Les preguntaría yo. Si es con “Mute” me callo. Me parece inexplicable lo de las críticas positivas por varios motivos. Como comentaba con un amigo, es más que evidente que la cosa es un pastiche o más bien un batiburrillo de referencias que van desde “La llegada” a la obra de Tarkovski, pasando por “The Descent” y con momentos David Lynch, pero en malo. O en aún peor, si nos referimos al último film mencionado. Y ejecutada con el mismo presupuesto del que disponía Villeneuve para rodar su obra maestra, ¡que tiene cojones la cosa! Que se habrán gastado la pasta en mariscadas y en alcohol de marcas premium, digo yo… Porque para hacer esta mierdaca, o dicho de una manera castiza, que para este viaje -que parece una parodia sin gracia y en clave femenina del emprendido por River Phoenix & Co en “Cuenta conmigo”, aunque con elementos dignos de la infame “Prometheus” y cierto aire a “El tiempo que queda” de Ozon- no hacían falta tantas alforjas.

Mención aparte merece el desempeño del elenco actoral. Lamentable de principio a fin. Todas y todos se ganan una pedrada que los deje tiesos en alguno de esos parajes multiflorales diseñados con alguna herramienta similar al paint, donde se desarrolla gran parte de la trama. ¿Y qué decir del gusto por los colores desvaídos? Pues que Garland es un pintor frustrado y por eso compone sus escenas cuál lienzo… Al menos eso he leído por ahí… En fin…  Lo que sí debe ser es aficionado a los Critters, a los Ghoulies y a todo el animalario presente en la serie B ochentera. Solo así se explica la presencia de los simpáticos, a la par que ridículos, zoomorfos que aparecen hacia el final de la cinta…

En lo de las interpretaciones simbólicas y sentidos metafóricos paso de entrar.  Con papas se lo coman.  

Hasta el póster vintage es cutre... 
Y ahora voy con “Mudo” o la enésima intentona en recrear el universo “Blade Runner”. Cutremente. O incluso peor que cutremente. Otro engender en el cuál se han gastado una pasta gansa en no se sabe bien qué. Y lo que es peor, la primera película de Jones tras la muerte de sus padres, a quienes se la dedica (no es difícil imaginarse al Duque Blanco y a su primera esposa revolviéndose en sus tumbas por ello). Lo mejor que se puede decir de "Mudo" es que pasa un ratito antes de que te percates de que todo lo que está pasando en pantalla te importa una mierda. Es bueno que sea así y lo digo en serio. Si no sería absolutamente imposible tragarse las más de dos horas de metraje de tamaño bodrio.    

Respecto a los protas decir que aquí están igual de mal o incluso peor que en “Aniquilación”. Pero al menos te ríes con algunos. Y es que si esa no era la intención del hijísimo a la hora de idear a Mr. Moustache y a su colega el pedófilo pelofiesta, yo ya no entiendo nada. No. Probablemente no lo era, para que nos vamos a engañar. Como tampoco cuando decidió que el papel principal iba a recaer en un absurdo amish 2.0 y que lo iba a interpretar un sueco con cara de andar cagándose encima durante toda la película. Estamos ante uno de las actuaciones más lamentables que yo recuerde en mi ya larga trayectoria de cinéfago. Para haceros una idea, está al nivel del que hacía de emperador del Japón en “El último Samurái”, del Tommy Wiseau de “The Room” o de Mariah Carey en “Glitter”. Bueno o cualquier rol al cargo de Colin Farrell, con especial mención al oxigenado novio de Patroclo, “Alexander” por obra y gracia de Oliver Stone y la madre que lo parió.

Espantosas ambas dos y no merece la pena añadir más. Bueno sí, que al parecer “Annihilation” no es propiamente una producción de Netflix sino de la Paramount. Y que al ser estrenada en los EEUU se metió tal hostia en taquilla que decidieron ahorrarse la distribución internacional y se la endosaron a Netflix. Pues muy bien. Lo mismo me da que me da lo mismo. Sigue siendo un ñordo catedralicio.   

miércoles, 21 de marzo de 2018

Unos cuantos discos de principios de este año con los que estoy flipándolo o da’ best albums of 2018 pa’ este menda (so far)


El primero es el reciente trabajo de Jeff Rosenstock, titulado “POST-”. Tercer álbum en solitario del otrora líder de los desaparecidos Arrogant Sons of Bitchet y Bomb the Music Industry! que te puedes debes descargar gratuitamente desde su Bandcamp porque es una puta bomba. Punk Rock ultra vitaminado y mineralizado con el que el músico de Long Island arremete contra los responsables de la precaria situación social de su país y muestra sus reparos a la elección presidencial del innombrable señor con un felpudo oxigenado a modo de cabellera. Diez cortes memorables que integran un discarro casi sin altibajos en el que, si acaso, sobresalen tres aspirantes a himnos para este 2018 como son “USA”, “Beating my Head Agaist a Wall” o “Left Them Win”.  

Continuamos con el nuevo material de ese geniecillo rubio nacido a orillas del río Mississippi que atiende al nombre de  Kyle Craft. “Full Circle Nightmare”, que así se llama su segundo álbum, no es tan deslumbrante como su antecesor pero mantiene esos ecos a Bob Dylan y ese aroma al “Hunky Dory” de El Duque Blanco que tan bien le sentaban y sientan. Tan energético como antaño, quizás se echa en falta algo de histrionismo y opereta, pero se compensa con creces gracias a la omnipresencia de la espléndida banda de acompañamiento. Con todo, se confirman las enormes expectativas puestas en el muchacho tras la publicación del glorioso “Dolls of Highland” (2016).     

Lo de Ezra Furman es una cosa muy seria. El tipo lo ha vuelto a hacer y no sé cuántas veces van. Sin duda es uno de los mayores talentos de la música surgidos en los últimos tiempos. “Transangelic Exodus” es otra puta maravilla más a anotar en el ya extenso currículum de este treintañero de cabello cambiante. Un álbum algo más introspectivo y bastante más implicado con la realidad del país que le vio nacer, en comparación a sus seis anteriores entregas. Pareciera como que al tipo le importase una higa aquello de ser comercial o no y hace y graba lo que le sale del pié. Y bien está que así sea. En definitiva estamos ante otro maravilloso disco del chicagoan que, para no perder la costumbre, crece escucha tras escucha. Además encierra gemas como “Love You So Much” o ese espatarrante  “I Lost my Innocence” a modo de despedida y cierre.  

De Shame se puede decir que son el enésimo proyecto de post-punk deudor de aquellas provocadoras bandas surgidas a finales de los setenta en la pérfida Albión. La huella es más que evidente si nos remitimos a The Fall. Desde South London, estos cinco jóvenes debutan con estas estimables “Songs of Praise” que atraparán a todos esos seguidores de Iceage o Eagulls entre los que, cómo no, me encuentro.

Por supuesto hay que hablar de este “Twin Fantasy” que es la reedición –más bien re-grabación- de aquel icónico álbum publicado por Car Seat Headrest en el 2011 a través de Bandcamp y que se convirtió al poco en una pieza de culto. Doloroso álbum con el que Will Toledo nos hacía participes de sus demonios personales y al que ahora vuelve, una vez ya vencidos, en una muestra de madurez que trasciende lo meramente musical. Aprovechando aquellas letras cojonudas y sus preciosas melodías, el de Leesburg ha enchulado el álbum de una forma tan brillante que no creo pueda defraudar a nadie.         

Supongo que el debut de los bristolianos IDLES  se titula “Brutalism” porque era imposible denominarlo de cualquier otra forma. Un disco donde el frenesí y la intensidad vienen marcadas por una batería machacona cual caja de ritmos que apenas decae en sus cuarenta y pocos minutos de duración. Eso y una dicción amenazante a lo Johnny Rotten al cargo de un vocalista que parece el primo hermano de Jason Williams de los Sleaford Mods y que en todo momento se muestra dispuesto a meterte un cate. Punk brutal a trallón para cagarse en todo bicho viviente como solo los ingleses saben hacerlo. ¿Es repetitivo? Pues sí, de la hostia… ¿Y qué?    

Marie y Lionel, oseasé The Limiñanas, ya son unos veteranos en estas lides del garage o el psycho-garage que dicen los moernos. De hecho este menda ha disfrutado lo suyo con algunos de los discos de la banda de Perpiñán que anteceden a este fantástico “Shadow People”. Nunca tanto, bien es cierto. Y es que la parejita nos regala en este 2018 un álbum oscurete y repleto de tremendas atmósferas que, sin ningún género de dudas, es lo mejor que han parido hasta el momento. Un cacharro opresivo y con tendencias machaconas que se aleja un tanto de la idea que se tiene de la bella Francia. Bien es cierto que ahí colaboran gentes provenientes de otras latitudes como Anton Newcombe -The Brian Jonestown Massacre- o el pesado de Peter Hook. También paisanos como Bertrand Berlin.

Marie/Lepanto es el enésimo artefacto colaborativo del siempre brillante Will Johnson, aquí junto a Justin Kinkel-Schuster –que ver con Bernardo y sí con los Water Liars-. La asociación da como resultado este “Tenkiller”, bonito álbum de folk-rock que es a la vez tierno y oscuro, a veces introspectivo y otras más psicodélico. Es verdad que tiene momentos en los que el talento de Johnson nubla por completo la aportación de su compañero de fatigas, pareciendo como si estuviéramos ante un nuevo trabajo de Centro-matic. Como muestra “Inverness”, sin duda uno de los mejores cortes del álbum. O hasta de South San Gabriel cuando suena “Famished Raven”. ¿Me parece mal? Pues qué queréis que os diga… No. Más bien al contrario. Con todo no siempre es así y hay mucho espacio para el lucimiento conjunto en un álbum que requiere de un par o tres escuchas reposadas para apreciar todos los matices. Disfrutable tanto para fans de Crazy Horse como de los Jayhawks. Y por supuestísimo para los del maestro Johnson.        

El “I’m Bad Now” supone la evolución lógica y coherente de Nap Eyes tras la publicación de “Whine of the Mystic” en 2015 y “Thought Rock Fish Scale” en 2016. Solo hace falta una escucha para percatarse. Delicioso indie-rock introspectivo y repleto de sutilezas en el que se aprecian ecos a Jonathan Richman con o sin sus Modern Lovers, o hasta de Lou Reed con o sin la Velvet Underground. Por ponerle algún pero, hubiese molado que desarrollaran un pelín más la visceralidad que se esboza en temas como “Judgment” o “Sage”, que por otra parte son de lo mejorcito del álbum. Bueno, quizás lo han dejado para próximos trabajos y me parece muy bien. Lo cierto es que a la banda de Nueva Escocia le está quedando una hoja de servicios la mar de interesante.  


MarDev Records fue el sello que se sacaron de la manga los chicos de Nada Surf para auto editarse, cuando la gente de Elektra -con bastante poca vista- decidiera pasar de ellos. Este 2018 y con motivo del quince aniversario de “Let Go” -para muchos entre los que no me incluyo su mejor disco-, e l trío neoyorquino se ha embarcado en una gira que les está llevando de aquí para allá. Con motivo de la efeméride, el mencionado sello ha publicado dos bonitos discos homenaje al ópus magnum de 2002. Uno más redondito al cargo de bandas angloparlantes y que se titula “Standing at the Gates: The Song’s of Nada Surf’s Let Go”. Otro un tanto más irregular protagonizado por bandas españolas titulado “Tu Aura Brilla Más: Let Go/Nada Surf, 15 Aniversario” Con todo le he pegado más escuchas a este último, no sé si por proximidad o simplemente a modo de particular homenaje a una banda con la que he disfrutado tantísimas veces desde mi tardo adolescencia y que siempre ha tenido a España como segundo hogar. Hay versiones muy chulas al cargo de Lagartija Nick o, sorprendentemente, de los Niños Mutantes. Responsables de una maravillosa reinterpretación de “La tormenta del ‘77” que no desmerece al original ni a la versión anglófona, también muy chula y que está ejecutada por los Manchester Orchestra. Destacables también en este último son las piezas revisitadas por Ron Gallo, Ed Harcourt, Rogue Vague o William Tyler.

No me preguntéis porqué, pero también ando colgadísimo de esta marcianada minimalista titulada “Glass” y que se gestó en el marco de  la conmemoración del 110 aniversario del nacimiento del arquitecto Philip Johnson. Los hacedores son Alva Noto & Ryuichi Sakamoto que al parecer se desplazaron hasta la Casa de Cristal del susodicho en Connecticut,  para fijar micrófonos de contacto en las paredes de vidrio y frotándolas con mazos de goma, generar tonos que combinaron con otros ruiditos generados con cuencos, teclados y yo que sé que más. El resultado es un único corte de treinta y siete minutos absolutamente hipnótico, etéreo  y misterioso con el que la pareja retoma su senda colaborativa tras la banda sonora de “El Renacido” (“The Revenant” – 2015).

Descubrí hace tiempo a Lucy Dacus. Fue gracias a un Tiny Desk Concert en el cual la cantautora de Richmond venía a presentar unas pocas canciones de su disco de debut. Dos años después y con solo veintitrés primaveras en su haber -¡quien las pillara!-  nos regala diez nuevas historias incluidas en un elepé que se titula precisamente “Historian”. En él ahonda en esa particular manera de construir melodías suaves y trufarlas de ramalazos roqueros, casi siempre contenidos y supeditados a su cálida a la vez que profunda voz. En el global, el disco se aleja un tanto del slowcore de “No Burden” (2016), incorporando algunos arreglos e incluso algunas cadencias jazzísticas, que enriquecen el sonido iniciático. Sigue pareciéndome una artista notable y con muchas cosas que contar.

“Criminal” es lo nuevo del proyecto de rock industrial montado por Luis Vasquez bajo la etiqueta The Soft Moon. Y sí, digo de rock industrial, aunque con más rabia y más garra si cabe respecto a su antecesor, el genial “Deeper” (2015), que a su vez continuaba el nuevo camino emprendido por el artista californiano tras la publicación de “Zeroes” (2012). En alguna parte he leído que este disco deberían haberlo grabado Nine Inch Nails, si es que al autor de “Head Like a Hole” o “March of the Pigs” aún le queda alguna esencia encerrada en el tarrito. No podría estar más de acuerdo. Es poner a sonar “Burn” y a continuación “Choke” y después “Give Something” y comprobar como The Soft Moon se ha transformado en aquello en lo que debió haber derivado el agotado proyecto de Trent Reznor. Vamos, que el tito Vasquez se lo ha comido de un bocao.       

“Pissing Stars” supone el segundo álbum en solitario de quien fuera miembro de Thee Silver Mt. Zion o los imprescindibles Godspeed You! Black Emperor. El canadiense Efrim Manuel Menuck, considerado con justicia como un músico de culto y con amplia experiencia transitando entre los senderos del post-rock y abanderando la causa experimental. Nos ofrece aquí una vibrante entrega sobre la desesperanza y hasta el desgarro en la era Trump que, según parece, haya su fuente de inspiración en el romance vivido entre la estrella de la televisión Mary Hart y el hijo del conocido traficante de armas saudita Adnan Khashoggi (wtf!?). Disco repleto de largos desarrollos instrumentales construidos a base de drones, guitarrazos, sintetizadores y algún aporte vocal. Sobre todo en aquellas partes más “luminosas”. ¡¡¡Que haberlas haylas!!!    

Dentro del universo de las músicas etéreas se encuentra este disco, el cuarto publicado por esta cantante, pianista y organista sueca “amiga” de Varg Vikernes. La muchacha responde al nombre de Anna Von Hausswolff  y su álbum del 2018 “The Dead Magic”. Compuesto por cinco largos cortes que hallan su punto a mitad de camino entre la propuesta de los primeros Swans y los siempre fantabulosos Dead Can Dance. De hecho, guardando las distancias, hay un claro parecido entre la voz de Anna Michaela Ebba Electra von Hausswolff y la estupendísima Lisa Gerrard. Se trata de un álbum muy atractivo, tremendamente hipnótico, que seguro hará las delicias de todos aquellos fanáticos de la darkwave. Pero los de verdad. No esa peña que se ha subido al carro en marcha y no sabe ni donde están ni hacia donde van. Que en Valencia de esos los había a puñaos.

Los parisinos Heliogabale no son precisamente unos recién llegados a este mundillo de las armonías, los berridos y la matraka. “Ecce Homo”, que no es de este 2018 sino del pasado 2017, es su séptimo largo en ver la luz. Sin embargo hasta ahora no les había prestado ninguna atención. Es por ello que no puedo establecer comparativas, ni opinar sobre la evolución de su sonido. Lo único que puedo decir es que he flipado unas cuantas veces con este disco en lo que va de año. Mola esa voz casi desganada de Sasha Andrès, cantando en francés, en el marco de unas composiciones intensísimas y que destacan por su singularidad.       

Y ya para acabar –y para que acabéis de alucinar, lo sé- voy con la banda sonora del último éxito cinematográfico basado en un personaje de la Marvel. Me refiero, cómo no, a Black  Panther. The Album Music From and Inspired By, tras el cual andan Kendrick Lamar, The Weeknd, SZA. Tremendo álbum de hip hop que incluyo en mi lista de placeres culpables y en cuyas garras caí por culpa de ese puto amo que es Kendrick Lamar, el responsable máximo de que esta cosa fluya. Cincuenta minutejos de nada repletos de colaboraciones y duplas para explorar los límites del rap, el R'n'B, el afro soul y hasta el electro-pop más comercial y bailongo.
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Y eso es todo… Por ahora… A la espera de lo que nos vaya ofreciendo el año en curso. Y a expensas de comprobar si algunos de los discos que ya se anuncian, cumplen con las expectativas generadas. Muy especialmente aquellos cuyos adelantos me han puesto los dientes largos. Me refiero a lo nuevo de los santiaguinos Baikonur, cuyo single “Karellen” me hace salivar cada vez que lo escucho. También A Perfect Circle que vuelven tras catorce años de silencio, que se dice pronto. Y lo cierto es que tanto “The Doomed”, como “Disillusioned” o “TalkTalk, suenan de coña. A lo de siempre, es cierto, pero es demasiado  tiempo sin saber del señor Keenan. Hay que confiar. O el nuevo EP de unos Desperate Journalist en los que tengo puesta mucha fe y más tras paladear “It Gets Better”. Por no hablar de los prolíficos hermanos Savage y sus Parquet Courts, cuyas dos nuevas canciones están de puta madre;  o del siempre solvente Jack White, de quien me gusta esa sintonía con coros a lo “Bohemian Rhapsody” titulada “Over and Over and Over”. También unos tipos de los que tengo escasa información y que atienden al nombre de Spielbergs. Sé que son noruegos y que eso de “We Are All Going to Die” es una verdad inmutable, a parte ser un pepinazo que me retrotrae a cuando los Japandroids molaban. Y lo nuevo de Will Haven que ya sabemos se titulará “Muerte” e incluirá “El Sol”. Canción que está bien berraca que diría Pablo Escobar. Vamos, para no perder la costumbre. O ya por último, al resultado de la colaboración entre mis paisanos Tórtel y Alberto Montero, de la que no esperaba mucho a priori, pero que me ha sorprendido gratamente con “Nada será igual” y más aún con “La Puerta Dibujada”.    
Y ahora sí que sí... C’est fini.                       
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