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sábado, 18 de junio de 2016

Yo también fuí al Festival de les Arts. Penitenciagite.

Vale, sí, fui al Festival de les Arts y no había dicho ni . Y es que, me he pasado estos días meditando sobre mi experiencia en el que, algunos pretenden, sea el festival musical hegemónico de la primavera valenciana. Y la verdad es que, al final de la carrera, fue menos malo de lo esperado. Bueno, mejor dicho, no llegó a la categoría de zurullo, tan solo a la de caquita de oveja. Y baratico, que eso es de agradecer, no solo en lo a que al precio de la entrada se refiere, también en el coste de privar.

Se presentaba esta segunda edición con Manel, The Strypes y los Drums como cabezas de cartel. O al menos, como propuestas más interesantes para un servidor. Ellos y el resto de bandas clónico-vetustas que hacen las delicias de la muchachada. Alguna vez alguien debería explicar en que se diferencian el tal Izal, Miss Cafeína, Supersubmarina, Sidecars y demás mondongos. Y es que cada vez resulta más complicado distinguirles entre sí. Por no hablar de que, a santo de qué el modelo debe ser, sí o sí, Vetusta Morla. Que no me parece ni bien ni mal, de hecho respeto a la banda de Tres Cantos, ¡pero hostia puta! que hay miles de bandas más a las que copiar, ¡cojones! No cuesta nada ser original aunque tan solo sea para aprovecharse de angustias ajenas. Eso por no hablar del ritmo de publicación de discos que se gastan los gachones. No Vetusta sino los mencionados vetustos. Cualquiera diría que compran estribillos al peso y con eso ya les vale para parir discos año tras año. Eso satisface a ese público entregado de antemano. Aunque quizás lo que les hace grandes (jeje) es que hacen música para oídos poco exigentes y que lo de ir a verles/escucharles es una escusa para emborracharse, salir, ligotear y, a ser posible, meterla en caliente. Desde esa óptica nada a oponer. Desde la estrictamente musical sí y mira que lo siento peña, pero es que el tal Izal es aborrecible. ¡Si lo reivindica hasta Pdr Sncz! Ostia què voleu???

Pasando a lo meramente artístico (y la música lo es fans de baratillo, o al menos debería serlo), deciros que el primer día vi, así de seguidito, a Ángel Stanich, a Manel, The Dandy Warhols, Siberian Wolves y The Strypes. Y aunque me dejara por el camino a Senior, a los Fratellis o incluso a We Are Sciencists, la sensación que me quedó fue de satisfacción. No solo eso. De no ser por la jornada del viernes hubiese calificado mi paso por el festival de auténtica mierdaka. Y es que el cartel del sábado telita...

El principio de todo fue con Ángel Stanich, trasunto peludo y psicotrópico del mismísimo Dylan, que nos deleitó con una selección de sus mejores composiciones en clave roquera. Y cómo no, esa temazo titulado “Carbura!” que tantas cosas buenas anticipa en el devenir artístico del santanderino. Después acudimos prestos a la puesta en escena de “Jo Competeixo”, cuarto disco en la trayectoria de Manel. He de deciros que, dadas las circunstancias, no estuvo mal. O sea, los que sigáis este blog ya sabéis que soy bastante fan del cuarteto barcelonés. El problema es que la evolución pseudo-electrónica del último elepé no mola. Siguen viviendo de sus letras, sí, que continúan siendo buenas, pero ya no es lo mismo de antes. Han perdido parte de la frescura que les hizo grandes. Sin embargo, pasando por encima del hecho de que gran parte del setlist estaba integrado por sus últimas composiciones, hubo espacio para recuperar y disfrutar el jaranismo primigenio de sus dos primeros álbums. Aparcando esos delirios a lo Vampire Weekend que tan mal les sientan. Aiiii Dolors si tot hagués anat per eixe camí... Tras los catalanes y en el mismo escenario, asistimos al que, sin ningún genero de dudas, fue el mejor show del finde. Para mi sorpresa, no os lo voy a negar. Y es que el espectáculo revival que se sacaron de la manga los Dandy Warhols fue de aúpa. Un repaso a lo mejor de su etapa en Capitol en la que no podían faltar jitazos como “Boys Better”, “We Use to Be Friends”, “Good Morning”, “Bohemian Like You” o la gloriosa “Not If You Were The Last Junkie On Earth”. Increíble. Disfruté como un enano. Incluso con sus nuevas canciones que, todo hay que decirlo, no suenan nada mal. Tras este inesperado momento de éxtasis fue momento de hacer un break y meterse algo no alcohólico en este maltrecho cuerpo próximo a la cuarentena. Lo del break es relativo, porque nos fuimos directos al concierto de mis paisanos Siberian Wolves. Y a pesar de la ridícula ubicación -en un escenario separado de una gradería por una suerte de ría con sorpresa- los tipos sacaron adelante la encomienda con buenísima nota. Merece la pena este dueto setabense con esa peculiar visión de la música mediterránea, entre el grunge de primera generación y lo psicodélico de toda la vida, amén de evidentes reminiscencias a bandas actuales como Royal Blood o mis amados Japandroids.
Ya para acabar la jornada y a modo de despedida y cierre, nos empapamos de la propuesta de los adrenalíticos Strypes. Jovencísima banda irlandesa de rock a toda mecha que vienen petándolo desde que publicaran su magnífico debut “Snapshot” (2013). Y eso es a lo que vinieron hasta Valencia, a petarlo. ¡Y vaya si lo consiguieron! Tan solo decir que este menda, absolutamente derrengado a esas horas, fue capaz de sacar fuerzas de flaqueza para botar y cabecear ante tamaña demostración de actitud. ¡Impresionantes!
Y de ahí a casa sin pasar por la casilla de salida. Mortet.

que ver con lo vino el sábado. Segunda jornada del festi de la que me voy a ahorrar comentar nada, salvo que Arizona Baby estuvieron correctos y reivindicativamente acertados, Holy Paul divertidos en el lago de las caídas, Hurts muy por encima de lo que suelen enlatar (lo que tampoco es decir mucho) y The Drums elegantes como siempre, pero excesivamente lánguidos para lo que esas horas de la noche requerían.

¿Y de Love Of Lesbian no dices nada Sulo? Pues sí, que una buena mierda para Santi Balmes y sus adláteres. Y otra para ti por preguntar. 

¿Y esa foto de cabecera? ¡Yo que sé! Está petado, así que será el jodido concierto de Izal. ¿Acaso importa?

¿Y no pones más? ¿Ni siquiera enlaces? ¿O videos? ¡Pues no! ¿Q te crees que es esto? ¿El Mondosonoro? 

viernes, 8 de junio de 2012

Apuntes del Primavera Sound


Hete aquí con mi crónica reducidísima (y creedme que va en serio) de lo acontecido en el último Primavera Sound. Posiblemente y a pesar del “discreto” cartel de la presente edición, el mejor festival de los que se celebran en territorio patrio. El caso es que me hubiese encantado acudir el miércoles por la noche a la actuación de The Walkmen, pero imperativos laborales me lo impidieron, así que el relato de los hechos comienza un caluroso jueves por la noche.

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Ese jueves se nos hizo tarde y por eso nos perdimos a unos Archers of Loaf que tan buenos recuerdos de juventud nos traen a algunos. Pero bueno, al menos llegamos a tiempo para ver a unos Afghan Whigs que protagonizaron una de las mejores actuaciones de la presente edición del festival. Con un repertorio centrado fundamentalmente en los cortes del magnífico elepé “Gentlemen” -gran acierto por su parte- los de Seattle sorprendieron con una solvente puesta en escena que despejó de un porrazo todas las dudas generadas tras su sorpresiva, tardía e incluso poco justificada reunión. Sobretodo tras ese largo periplo en el cual Greg Dulli se había embarcado en desiguales proyectos al margen de sus compañeros de correrías. Tras estos y ante la imposibilidad de ver a los White Denim (¡los horarios del Primavera Sound los carga el diablo!), nos desplazamos hasta el escenario ATP para ver a otros seattlelites, ¡los incombustibles Mudhoney! Cualquiera diría que estos tipos llevan más de treinta años repartiendo estopa, ¡si parecen unos críos! Unos cincuentones que meten más caña que la mayoría de bandas de nuevo cuño. Sí, me habéis entendido, me refiero a todos esos grupillos de “punkies de postal” (recordando a Evaristo Páramos) que inexplicablemente hacen las delicias de tantísima gente. Para mi goce y disfrute no se olvidaron de tocar su mítica “Touch me I’m sick”, que a continuación enlazaron con mi canción favorita de todo su repertorio, “Suck you dry”, presente en mis efímeras apariciones tras los platos.
Y de ahí a Wilco, en lo que se suponía iba a ser el principal acontecimiento de la noche y, porque no decirlo, del Primavera Sound 2012. Pero no, la cosa no coló. Son Volt rules, Wilco sucks, no digo más…

Llamadme flipado, despotricad de mi todo lo que queráis y más, cagaos en mi calavera, considerad que soy un sacrílego… okey mackey… lo acepto… pero lo siento, yooooo, el mesianismo creado en torno al dios Tweedy no me lo trago. Y me encanta el alt-country en todas sus variantes, ¡lo juro! - aunque si sois habituales de este espacio ya lo sabéis- pero ni por esas. Es más, considero que, aún asiendo tremendamente indulgente con Wilco, me salen no menos de quince bandas y/o cantautores con más méritos para ser considerados como “los dioses de la americana” se pongan como se pongan los redactores del Spin, el Dusted Magazine, Pitchfork, Mondosonoro, Allmusic, etc etc… Es más, si como coinciden la mayoría de especialistas, el impulso a este viejo/nuevo género se lo dieron Uncle Tupelo y de las cenizas de estos surgieron Jeff Tweedy y sus Wilco por un lado, y Jay Farrar y Son Volt por el otro, queda claro que este el bueno era este último. Y no es cuestión de intentar convencer a nadie, pegadle una oida al maravilloso disco homenaje a Woody Guthrie co-realizado por Farrar y comprenderéis a lo que me refiero.
Iba a dejar ya el tema Wilco, ¡pero que coño! Voy a seguir que estoy on fire. ¿Qué carajo han hecho estos tíos para ser acreedores de tamaño reconocimiento? ¿A que se deben esas legiones de fans entregados a la causa? Y no me vengáis con que el “Yankee Hotel Foxtrot” es la polla en vinagre o que es imposible no llorar con “Impossible Germany” –lo es, doy fe-. ¿Que tienen buenos discos?, eso yo no lo discuto, ¿que con su música llegan a emocionar?, tampoco... pero no más que otras bandas y, por desgracia, cada vez menos. Encima sus dos últimos lanzamientos son reguleros, por no decir otra cosa. Impregnados de esa tendencia a la modernez country-electrónica que resulta tan ridícula.

En fin, después de soportar el tostón Wilco - por culpa del cual nos perdimos a unos Beirut que, según dicen las crónicas, estuvieron realmente bien -, pasamos hasta el escenario de enfrente a pegar botes con los Refused. Jooooder con los suecos, macho. Pura energía ¡¿Y decís que estos tíos llevaban la tira de años sin tocar juntos?! Cualquiera lo diría. Pareciera como sí por ellos no hubieran pasado los años y, desde luego, como si se hubieran mantenido en ruta durante todo este tiempo. Pasando por alto la dialéctica autocomplaciente (y hasta perrofláutica) en la que Dennis Lyxzén cayó, estuvieron de putísima madre. Intensísimos, conectaron con una audiencia ávida de hardcore y punk con muchas ganas de romper a sudar. Ese punk extraño al que los años no han restado ni un gramo de modernidad, y sobre cuya forma nos cuestionábamos hace ya un tiempo.

Por culpa del solapamiento horario no pudimos ver ni a The XX ni a Sleep, lo que me hubiese encantado, y me tuve que conformar con unos Franz Ferdinand que ni son ni han sido nunca Santo de mi devoción. Pero mira tu por donde que estuvieron más que divertidos, sobretodo teniendo en cuenta el referente negativo que supone la otra vez que les vi. Se mostraron complacientes con un público mayoritariamente anglosajón, que entregado a la causa canturreaba todos y cada uno de sus hits...  ¡y hasta los no hits!. No creo que los guiris se puedan quejar de un Alex Kapranos que ofreció todo lo que tenía.
A continuación venía uno de los momentos más esperados de la noche, la actuación de los Japandroids en el Vice. Para ello subimos y después bajamos las absurdas escaleras del Forum que nos habían de conducir hasta un recóndito escenario que, según había leído y pude comprobar, era el que peor sonaba de todos. Tal vez por ese motivo los Japandroids sonaron tan mal. Pero me da igual, no les excusa. Para mí fue una de las mayores decepciones de este festival, ya que soy bastante fan de la banda de Vancouver que, para más inri, venía con su nuevo álbum”Celebration Rock” bajo el brazo. Mira que tenía ganas de verles, ¡pero joder! no se puede hacer peor sobre un escenario. Reventadísimos, acelerados, nerviosos, todas sus canciones parecieron una sola… y mala, ¡muy mala! Ruido y más ruido hasta destrozarnos los tímpanos. Que despago más grande. Huimos de allí como el rayo y con ese mal sabor de boca a dormir la mona.

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El viernes, para no perder la costumbre, volvimos a llegar tarde al recinto. Motivo por el cual no pude ver a otros que me apetecía mucho ver: los neoyorquinos Chavez. ¡Qué putada hostia! El único consuelo que me queda es saber, por boca del sabio maese Txarls, que la cosa fue extremadamente corta, no dando tiempo a que los escasos asistentes entraran en calor. En fin, que se le va a hacer… y sí, ya lo sé, triste consuelo ese. Así que nos dirigimos a toda mecha hasta el quinto coño (alguien debería plantearse lo de las distancias en el Primavera Sound) para empezar la jornada con el espectáculo flower ñoña de los californianos Girls. Y mira tú por donde que, pese a que no soy muy fan de su propuesta guachi japi, me agradó mucho su show. Su paso por el festival, pese a no ser memorable, estuvo realmente bien y las negras por las que se hicieron acompañar a los coros, impresionantes. Además, he de reconocer que el tal Chistopher Owens tiene bastante carisma. Eso sí, la potencia vocal de las mencionadas señoronas le jugaron alguna mala pasada durante el concierto. Y es que hay cosas contra las que uno no debe/puede competir. Esa lección la aprendió este Macaulay Culkin venido a menos (¿es eso posible?) esa noche.

Tras el duo de San Francisco mi intención era acercarme hasta el Adidas Originals para escuchar a Foam Lake, interesante propuesta de post-rock-pop o yoquesé venida desde Canadá. Sin embargo, tan sólo pude hacerlo en mi tránsito hacia el otro extremo del festival, por imperiosas necesidades de tipo fisiológico, unidas al hecho de que no quería perderme a War on Drugs ni loco. Y no lo hice, llegamos a tiempo para verles comenzar en el que, creo, fue el mejor escenario del Primavera por bandas y ubicación: el Pitchfork. Respecto al cuarteto de Philadelphia tan sólo puedo decir que me parecieron una buena banda, con suficientes tablas sobre el escenario, pero con escasez de alma. Esto último no es exclusivo de ellos, por desgracia es la tónica habitual entre los indie-rockers de última generación. Una falta de intensidad, una pasión a medio gas, que me sacan totalmente del juego.

Y de ahí a The Cure y a su show extra-largo (¡3 putas horas!), con el cual la organización del Primavera debió pensar que paliaba de alguna forma la caída del cartel de su principal reclamo para este 2012, la islandesa Björk. Les vi a tramos, llegué, me fui, retorné y volví a marchar y os he de decir que, lo que presencié, me gustó en grado sumo. Y ello a pesar del asqueroso regusto de boca que me dejaron tras su paso por el Wintercase Mtv celebrado hace unos años en Valencia. Es cierto que el tío me sigue pareciendo una parodia del personaje con el cual Muchachada Nui le parodiaban a él (ya sabéis, el glorioso “vamos Rober al a bailar…”), pero en lo musical, que es lo que importa, nada que ver con lo que ofrecieron en Valencia. Robert Smith demostró que es un jefe. Eso y que atesora una de las más extensas y brillantes colecciones de singles de entre todas las bandas que aún siguen en activo. Vamos, que ya les gustaría a otros tener la mitad de buenas canciones que The Cure (¿he oído Wilco?).

Os he comentado que al show de Robert Smith tan sólo asistí de forma fragmentada. No fue sólo por su extraordinaria extensión. Se debió principalmente a que en medio se situaba la actuación de los Sleigh Bells, para un servidor la banda revelación del año. Y una vez vistos y sin desmerecer a otros, me parecieron lo mejor de este festival. Habéis oído bien, ¡¡¡el top 1 del PS 2012!!! En tan sólo cuarentAfa y cinco minutos dejaron muy a las claras cuales son sus virtudes. Cañerísimos, entregándose al máximo desde el minuto uno al cuarenta y cinco, con ese pedazo de mujer al frente (Alexis Krauss rules!!!) ¡Buah! Incredibol. Consiguieron que todos sus temas pareciesen auténticos hits. Bombazos bailables y/o botables para deleite de la muchachada allí congregada. Hasta intentamos imitar, con nefasto resultado, los bailecitos de la Krauss en “Comeback kid” y cabeceamos como salvajes con la fantástica “Demons”, con la que cerraron su paso por el festival. En ocasiones me recordaron a mis admirados Atari Teenage Riot, aunque tal vez solo sea cosa mía. Geniales.

Tras ese derroche de energía en vena y aún con los pelillos de punta, acudimos a uno de los escenarios principales para intentar tomarnos las cosas de un modo más suave. Y quien mejor que unos The Drums suavecitos y bastante correctos. No puedo decir lo mismo de The Rapture, a quienes vimos a continuación, prototípico grupo de una sola canción y a vivir del cuento… guiris y modernos mediante.

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El sábado fue mi último día en el festival ya que del domingo tan sólo me interesaba ver a Yann Tiersen y el francés tocaba demasiado tarde para quedarme y después volver a Valencia. Siendo el día que me suscitaba menor interés, paradójicamente fue el único al que llegué puntual para ver “todo” el cartel. Comenzamos con la joven cantautora Sharon Van Etten, muy mona y muy mal hablada ella, pero con una propuesta folk-rock harto interesante. Después bajamos a un escenario Ray Ban semivacio para asistir a la burrería perpetrada por los vascos Lisabö. ¡Guau! Menudo derroche de energía. Confirmaron todo lo bueno que prometía su magnífico “Animalia lotsatuen putzua” con el que reaparecieron en 2011 tras varios años de ausencia. Post-hardcore, post-rock, post noise o yo que sé… sencillamente atronadores. Eso sí, que se hagan mirar lo de las dronjas, que son mu malas!!! Otra de las gratas sorpresas que me llevo de este festival son los Girls Names, que tocaron a continuación en el escenario Vice. Se trata de una interesante propuesta de pop frío y oscuro, amén de las consabidas dosis de shoegaze, que viene desde Belfast. En ocasiones recuerdan a Joy Division, otras a los Smiths e incluso a The Cure… Sí, vale, tal vez exagere, pero coño, ¡me gustaron de la hostia! También me sorprendieron Beach House. No tenía demasiadas expectativas puestas en ellos, pero, como suele pasar, de donde menos se espera más se obtiene. Tremendo el show protagonizado por la sobrinísima del gran Michel Legrand. Después, muy a lo lejos y mientras me jalaba una ración de Pad Thai con pollo más cara y menos rica de lo recomendable, escuché la "única" canción del repertorio de Saint Etienne. Sí, os hablo de la machacona “He’s on the phone”, ¿acaso han hecho algo más desde entonces? ¿y antes?

Mención aparte merecen unos Godflesh con los que disfruté como un enano haciendo headbanging. Y eso que se mascó la tragedia por culpa de unos imbéciles pasados de vueltas y alguna cosita más. Por estos tipos no pasan los años y siguen mostrándose como una influencia fundamental para el metal industrial de nuevo cuño. Encuadrables entre lo mejor de este festival. Lo de después ya fue otra cosa. Lánguidos y previsibles pasaron por su escenario Washed Out y después Neon Indian. Buen sonido, buena actitud, pero nada más. Todas las canciones parecían una, que sonaba bien, cierto es, lo cual puede que sea su principal y/o única virtud.

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Bueno y hasta aquí lo que os tenía que contar del Primavera Sound 2012. Eso y que organizativamente estuvo de diez, la gente de siete - demasiada modernez, demasiada impostura, too much guiri guayongo-, el cartel de seis y el precio (o mejor dicho, la relación entre la calidad de las bandas y el precio del abono) de tres. El año que viene, si Dios quiere (el Dios dinero, evidentemente), mi jefe me deja, mi salud me respeta y la organización se lo curra, seguro que volveré.
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