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viernes, 14 de enero de 2011

En ocasiones veo muertos


A comienzos de semana y en el Telediario de La 2, comentaron una curiosa lista elaborada por alguna revista norteamericana, que relaciona los actores que han muerto más veces en pantalla. Es posible que la lista no sea del todo exacta, sobre todo teniendo en cuenta que se ciñe al universo Hollywood contemporáneo. Con todo me pareció la mar de interesante.

Según reza la noticia, el ranking vendría encabezado por el polifacético Robert de Niro, al que diferentes realizadores se han cargado hasta alcanzar la cifra de... ¡15 decesos! Yo recordaba las muertes de “El cabo del miedo” (M. Scorsese - 1991), “Frankenstein de Mary Shelley” (K. Branagh – 1994)”, “Jackie Brown” (Q. Tarantino - 1997) , “La Misión” (R. Joffé - 1986 ) o “15 minutos” (J. Herzfeld – 2001). Pero es que al tío también se lo cepillan en “Mamá sangrienta” (R. Corman – 1970), “Muerte de un jugador” (J. Hancock – 1973), “Malas calles” (M Scorsese – 1973), “Brazil” (T.Gilliam – 1984), “Vida de este chico” (M. Caton-Jones – 1993), “Heat” (M. Mann – 1995), “Fanático” (T. Scott – 1996), “Grandes esperanzas” (A. Cuarón – 1998), “El escondite” (J. Polson – 2005) y “Machete” (R. Rodríguez – 2010).

En segunda posición, aunque a cierta distancia, se encuentra el amigo Bruce Willis con 11 muertes. Que no debe de extrañar a nadie, tratándose de uno de los duros de Hollywood... El tipo del “…y si me tocas te mato”. Perfectamente comprensible que muchos directores, guionistas o productores no hayan dejado pasar la ocasión para ajustar cuentas con este machote oficial. Con ello se cumple esa máxima que reza que donde las dan las toman. Entre la lista de defunciones del calvorota hay que destacar las de “Pensamientos mortales” (A. Rudolph – 1991) y “Los ángeles de Charlie: Al límite” (McG – 2003). Y no por tratarse de dos buenas películas -¡son horribles!-, sino porque la ejecutora en la ficción del tipo que interpretó al mítico John McLane fue su esposa por aquel entonces. Visto como acabó ese matrimonio, seguro que a Demi Moore le hubiese encantado que la cosa hubiera ido más allá de la mera ficción. También voy a mencionar “El sexto sentido” (M. Night Shyamalan – 1999). Aquella historia en la que el menda se pasa toda la película muerto aunque no nos demos cuenta hasta el final (¡toma spoiler!) Bueno, todos excepto Haley Joel Osment, aka el niñato del “en ocasiones veo muertos”, a quien debieron advertir que Bruce llevaba ya seis pelis en el otro barrio.

A continuación vendrían Johnny Depp y Brad Pitt con 10 decesos, empatados en la tercera posición. Y después Dustin Hoffman, Al Pacino o Jack Nicholson con 8, en la cuarta. Como curiosidad resaltar las peculiares muertes de Mr. Pitt. Mientras que en “Cool World, una rubia entre dos mundos” (R. Bakshi – 1992) y en “¿Conoces a Joe Black?” (M. Brest – 1998), el Blaspi (como le dice my mother)  fallece pero resucita -como personaje animado en la primera y como la muerte personificada en la segunda (¡pero no como marasao, marasao! ¡viejaaaaaaaaaaa!)-, en “El club de la lucha” (D. Fincher – 1999) la cosa se pone más chunga ya que el tío se muere, ¡pero al final resulta que ni existía! ...wtf???

Para no aburriros y para que esto no me quede demasiado ladrillo, terminaré mencionando al resto de actores incluidos en esta funesta lista. A saber: Denzel Washington y Christian Bale (†8 veces), George Clooney, Robert Downey Jr, Sean Bean  y Gary Oldman (†5 veces), Mel Gibson, Carl Weathers, Leonardo Di Caprio, Kevin Spacey, Samuel L. Jackson y John Travolta († 3 veces)…

domingo, 8 de febrero de 2009

El curioso caso de Benjamin Button

Me disgusta ir al cine el mismo día del estreno de una película. Prefiero dejar pasar unas semanas y así poder disfrutar del film con mayor tranquilidad, evitando las colas y a esos insufribles fans del maíz explosionado ávidos de tertulia. Sin embargo el viernes hice una excepción y, con la curiosidad de ver como casaba la prosa de Scott Fitzgerald con los mundos visuales de David Fincher, me acerqué hasta una céntrica sala de mi ciudad para disfrutar de “El curioso caso de Benjamin Button”.

La cinta bebe del relato breve escrito en los años 20 del siglo pasado por Francis Scott Fitzgerald quien, a su vez, se inspiró en una famosa cita de Mark Twain -“La vida sería infinitamente más alegre si pudiéramos nacer con 80 años y nos acercáramos gradualmente a los 18”-. El relato fue un capricho. Una preciosa fantasía cuya adaptación a la gran pantalla se consideró durante mucho tiempo como algo demasiado complejo. De ahí que el proyecto permaneciera en una especie de limbo durante cuatro décadas hasta que los productores Kathleen Kennedy y Frank Marshall lo retomaron. Aquí es donde comienza la labor de David Fincher, director de “Seven”, “La habitación del pánico”, “Zodiac” o “El club de la lucha”, quien se rodeó de un interesante elenco actoral. Por un lado, un más que correcto Brad Pitt, en el papel protagonista y junto a él, una guapísima Cate Blanchett y varios secundarios de lujo como Julia Ormond, la oscarizada Tilda Swinton o Elias Koteas.

“Nací en circunstancias inusuales”, así comienza “El Curioso Caso de Benjamin Button”, la historia de un hombre que nace con ochenta años y va rejuveneciendo con el tiempo. Desde finales de la I Guerra Mundial hasta el siglo XXI, la cinta cuenta la gran historia de un personaje no tan ordinario y la gente que va conociendo por el camino, los amores que se pierden, las alegrías que se esfuman y las tristezas que perduran. Muy chula, más allá de que el metraje se antoje excesivo. Mal bastante extendido entre los cineastas actuales.  

martes, 16 de diciembre de 2008

Quemar después de leer

A puntito de que la retiraran de la cartelera, me acerqué a una de esas multisalas que han proliferado como setas en mi ciudad para ver “Quemar después de leer”, última creación de los hermanos Coen. Por qué me ha costado tanto tiene relación con gente de mi entorno, personas de total confianza en asuntos fílmicos, que me insistían en que la película no valía un peo. Pero es que además leí en algún suplemento cultural que esta producción era tan mala como para postularse a los Razzie 2008. Si a eso le unimos que soy más aficionado a la faceta “seria” de los hermanos, aun no sé cómo al final acudí al cine.

Y oye, que se jodan todos. Eso y que, como dicta el refrán, más vale tarde que nunca. Pese a los malos augurios, o quizás gracias a ellos, la película me gustó un montón. Sobre todo me hizo pasar un buen rato, cuestión esta que yo valoro mucho cuando voy al cine ya que, por desgracia, sucede de uvas a peras. Lo de divertirme, se entiende. Es más, no recuerdo la última vez que me reí tanto en una sala como anteayer. Especialmente con esa hilarante conversación que, a modo de cierre, mantienen los dos agentes de la CIA en el despacho del superior. Un delicioso crescendo de burradas que no desvelaré para que la disfrutéis sin spoilers.

El planteamiento de la historia se sitúa en torno a la figura de Ozzie Cox –personaje interpretado por John Malkovich-, un agente retirado de la CIA que está redactando sus memorias. El problema surge cuando su mujer -Tilda Swinton- le plantea el divorcio y, en connivencia con su abogado, le roba una copia del cedé en el que almacena los avances en el borrador, creyendo que contiene información interesante en aras a un futuro proceso judicial. Todo se enreda cuando el disco compacto cae en las manos del aturdido personal de un gimnasio al cual acude habitualmente una de las secretarias del abogado. A partir de aquí, dos empleados del mismo-Brad Pitt y Frances McDormand-, intentan chantajear a Ozzie. Y en esas andaban cuando la CIA, enterada del asunto, decide tomar cartas en el asunto.

Divertidísima comedia cuya virtud principal consiste en conciliar una trama enrevesada, con el divertimento a la manera de los Coen y sin que por ello perdamos el interés por conocer el desenlace. Todo amenizado por una retahíla de situaciones absurdas en las que se parodia a los servicios de inteligencia norteamericanos y su supuesta eficiencia. Sólo puedo recomendaros que no la dejéis pasar. En el cine, si aún llegáis, o recurriendo al videoclub o a la siempre socorrida mula. Y es que “Quemar después de leer” supone otra muesca más en el revolver de unos Joel y Ethan Coen que rara vez erran el tiro. Por cierto, muy bien el señor Pitt en su papel de atontado.
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