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martes, 24 de marzo de 2020

¿Todo está bien? ¿Seguro?


Pues ahora quien ha muerto es Gabi Delgado-López, la mitad pensante y ejecutante de los míticos D.A.F. (Deutsch Amerikanische Freundschaft). Formación de culto, de sobra conocida en Alemania o Gran Bretaña, pero no tanto en la sufrida piel de toro, de donde Gabi hubo de huir a causa del hacedor de pantanos. Por lo que, a riesgo de convertir esto en la sección de necrológicas de cualquier periodicucho, me veo obligado a escribir unas líneas al respecto. Y no solo por su condición de pionero, a través de este proyecto electropunk surgido en Düsseldorf en la década de los setenta. O por como Gabi, junto a su compañero Robert Görl, influirían en el desarrollo posterior del sonido industrial o en la mierda esa de la EBM que tan buenos ratos me dio durante la adolescencia. Sino principalmente por lo bien que me lo he pasado y aún me lo pasó poniendo a rodar sus discos. Especialmente el fantástico “Alles is Gut” de 1981, el tercero en su trayectoria. También el más elogiado.

No sé la de veces que habré entregado a esos ritmos repetitivos y agobiantes. A ese sonido minimalista y hasta rudimentario, trufado por los fraseos tan característicos del front-man cordobés. Con esas atmósferas amenazadoras, densas e hipersexualizadas –a esto ayudaba mucho la imagen del grupo- que alcanzan su cénit en cortes como “Sato-Sato”, “Ich un die Wirklichkeit” o “Der Mussolini” -lo más parecido a un hit que jamás tendrían-. Un himno punk con mensaje antifascista, por mucho que algunos en su momento lo entendieran de forma bien distinta. Con todo, mi favorita hasta el día de hoy, también incluida en este álbum, sigue siendo la malrollera “Der Raüber und der Prinz”. Una auténtica joyita del sonido alemán de todos los tiempos.
Cuando Gabi terminara con D.A.F. siguió haciendo sus cositas. Como productor, diyéi ocasional y también publicando discos en solitario. El más conocido vino firmado con su nombre, titulándolo “Mistress” (1983). Una cosa rara que transita por otros derroteros, más apegado a la cosa funky y hasta con guiños tropicales, que ya no me interesa tanto. De hecho he intentado recuperarlo mientras escribía esta entrada y no ha habido manera... Que li anem a fer?

En fin, descanse en paz Gabi Delgado-López y larga vida a su legado. Gracias por tanto. Sobre todo por D.A.F.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Ladytron (GDS)


Más que el grupo de la semana, Ladytron se han convertido en la banda sonora de mis vacaciones. Cierto que ni el synth pop, ni la electrónica en general son músicas que asociemos a Costa Rica, pero hay vida más allá de Malpaís, la música popular guanacasteca, el reggae de Puerto Viejo, la soca caribeña o los ritmos antillanos. Mi iPod da fe de ello.

El cuarteto de Liverpool siempre ha sido una de mis debilidades y no solamente por contar entre sus miembros -o “miembras”, que diría la ministra Aído- con la búlgara Mira Aroyo. Esa perfecta conjunción entre elementos electrónicos y otros del pop-rock más tradicional, la mezcla de un sonido retro con otro más experimental, los interesantes juegos vocales entre las dos chicas, con mención especial a la preciosa voz de Helen Marnie, impregnan una propuesta de rock siglo XXI, tal cual lo diría el trepa de Tomás Fernando Flores, muy atractiva y aún más sugerente.

Formados en 1998, el cuarteto ya cuenta con cinco discos, de entre los que yo destacaría sus dos últimos, “Witching hour” y “Velocifero”, al cual ya me referí en otra ocasión. Fue justo con el lanzamiento del primero cuando se produjo un cambio fundamental en la trayectoria de Ladytron. Tanto en sus apariciones sobre el escenario, como en los videoclips y reportajes promocionales, decidieron pasar de su anterior apariencia un tanto fría y anodina, cuando no mojigata, a esa estética un tanto menos oscura y algo más futurista que lucen ahora.

Antes...
“Playgirl”

...y después:
“Destroy everything you touch”

También es verdad que, a veces, echo en falta aquellos devaneos próximos a la coldwave y los ritmos marciales presentes en algunos cortes de “Light & Magic” o “604”. En fin, que me molan un huevo Ladytron. Los de antes y los de ahora. Eso y que aún me estoy pegando cabezazos contra la pared porque vinieron a Valencia y me los perdí. Por culpa del Rojo

martes, 11 de noviembre de 2008

Ladytron, “Velocifero”


Una de las agradables sorpresas musicales de este 2008, es lo último de los británicos Ladytron. Quién nos iba a decir en el 2001 que estos cuatro chicos de Liverpool, con pinta de aprendices de Kraftwerk y  nombre de canción de la Roxy Music, iban a volver con este pedazo de disco bajo el brazo. Y es que Ladytron están de vuelta con “Velocifero”, el cuarto trabajo en su aún corta trayectoria. Desde ya uno de los momentazos del año en lo que a lanzamientos se refiere.

El álbum se presenta como un perfecto cruce de melodías pop ochenteras, ramalazos de rock machacón y, sobretodo, bases electrónicas de todo tipo y condición. Más cañeras en el caso de “Runaway”, o tirando a lánguidas como en el de “Ghosts”. Es por ello que se haga difícil bautizar estilísticamente el nuevo artefacto. La receta se compone de diferentes elementos que, una vez mezclados y adecuadamente presentados, configuran un sonido propio con el que es complicado establecer comparaciones. No obstante, aunque parezca contradictorio y seguramente lo sea, escuchando algunos de los cortes me vienen a la cabeza mil grupos… Desde My Bloody Valentine, a Nine Inch Nails, pasando por Butterfly Messiah… Aunque luego los vas descartando uno tras otro.

Con todo, lo más interesante de “Velocifero” es como ahonda en esos sonidos teñidos de oscuridad, muy en la línea del electro-dark centroeuropeo, pero sin renunciar a las melodías dulces conducidas por la voz seductora de Helen Marnie. Tampoco a las distorsiones, a las potentes percusiones y a las guitarras, por supuesto. A mí lo que más me gusta es la contundencia rítmica en canciones como “Black Cat”, cantada en búlgaro por Mira Aroyo. También las siniestras atmósferas de “Burning Up”, a mi modo de ver, el mejor corte de todo el álbum. Sin perder de vista el que es y será el pepino promocional: “They Gave you a Heart, They Gave you a Name”.

Así pues y en resumen, gran retorno el de Marnie, la búlgara y los dos maromos a través de un gran disco que no decae en ningún momento durante sus trece canciones. Que no obtendrá el inmenso caudal de loas y parabienes de su predecesor “Witching Hour” y eso que, en varios aspectos, lo supera. Lástima no poder ver su puesta en escena y eso que lo tuve cerca. Hace unos meses pasaron por Valencia en el marco de su gira española y me los perdí. Otra vez será.

martes, 29 de abril de 2008

Qué mejor forma de volver a escena: Portishead, “Third”


Pongo a rodar el plástico y lo primero que escuchó es a alguien hablando en portugués, anticipando el machaqueo tropical de “Silence”. Después me sumerjo en ese ambiente irreal y cambiante que va desde el inicio de “Hunter” a la ejecución de una quejumbrosa y extraordinaria “Nylon Smile”… La voz cálida de Beth Gibbons se va deslizando entre sonidos sintetizados, melodías dulces y ese ruidismo a la manera de Bristol que es marca de la casa... Así comienza “Third”. El tercer trabajo de Portishead tras su aclamado debut “Dummy”, de 1994, y la espectacular confirmación que fue el disco homónimo de 1997.

… ahora suena una versión más clásica del trío con “The Rip”, llenándose de ruidos con “Plastic” y de sombras con “We Carry On”, para pasar a esa joyita titulada “Deep Water” que incluye unos coros dignos del mejor soul… Diez años nos han hecho esperar lo gachones. Los que necesitaron para superar el trance, tanto en lo personal como en lo creativo. Una década de silencio que a muchos se nos hizo eterna. Y que nos angustió, creyendo que esto ya se había terminado. Un tiempo que ha servido para que el panorama musical se plague de clones e imitadores a rebufo de la cosa trip hop. Mucho se ha echado de menos a Geoff Barrow, Adrian Utley y Beth Gibbons, cerebro, corazón y alma de Portishead.

…en este momento el reproductor transita entre los adictivos ritmos de “Machine Gun” y la angustia psicodélica de  “Small”, un tema que evoca, a su manera, aquellos mejores tiempos de Björk… Estamos a 29 de abril, día marcado para la puesta en venta de “Third” aquí en España. Ya tendremos tiempo para escucharlo cientos de veces, analizándolo y emitiendo un juicio más sosegado. Pero tras estas primeras escuchas solo puedo decir que me parece una puta obra maestra… Y que soy incapaz de dejar de escucharlo. Quiero disfrutar una y otra vez de este cofre repleto de gemas sonoras… Sublime, extraordinario, magnífico… Se me agotan los calificativos...

…nos acercamos al final con la serpenteante “Magic Doors”, tal vez el mejor corte del disco, y que da paso a la negrura de “Threads”… Me quedo casi sin respiración… Y con ganas de que esto vuelta a comenzar. Eso es lo que pienso hacer, envolverme de nuevo en toda esta belleza… Las veces que hagan falta…

“Third” incluye una colección de doce temas absolutamente respetuosos con el legado de los viejos Portishead. Ese híbrido entre el pop, el soul, las bases hiphoperas, la grandilocuencia de las bandas sonoras y demás. Pero también introduce una serie de interesantes cambios. Lo más interesante es una evolución hacia lo abrupto. También una marcada deriva hacia lo oscuro y lo denso. Además de que el choque entre la sonoridad netamente musical y el aspecto vocal parece más acuciado que en sus dos trabajos anteriores.

“La única razón por la que hemos permanecido tanto tiempo callados es nuestra incapacidad para dar con un repertorio que nos complaciera” reconocen sin reparo en rueda de prensa. Parece que la espera dio sus frutos. Un álbum excelso que, desde ya, es firme candidato a mejor disco del año.
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