viernes, 31 de octubre de 2008

La trilogía de la frontera


Anteayer culminé la lectura de la conocida como “Trilogía de la Frontera” de Cormac McCarthy. Para muchos el opus mágnum de una de las pocas leyendas vivas que nos quedan en el mundo de las letras. Y es que a cada libro que leo de este tipo más aumenta mi estima por él. Lástima que estemos hablando de un personaje cuya trayectoria esté tocando ya a su fin, por una cuestión de edad. Contentémonos con que éste septuagenario conserve la suficiente lucidez mental para regalarnos un par de obras maestras más antes de dejarnos.

Este majestuoso tríptico desarrollado en esa área de transición que es la Mexamérica se compone de “Todos los hermosos caballos”, “En la frontera” y “Ciudades de llanura” publicadas en 1992, 1994 y 1998 respectivamente. Las tres se enmarcan en ese espacio rural caracterizado por un primitivismo extemporáneo que viene a ser la seña de identidad en toda la obra de McCarthy.

La primera de las novelas, poco o nada tiene que ver con ese engendro diarreico llamado “Todos los caballos bellos” dirigida en el año 2000 por Billy Bob Thornton. Vale que la película se basa –presuntamente- en la novela, pero es que la adaptación es tan patética que llega hasta a ofender. La historia de “Todos los hermosos caballos” se sitúa allá por 1949, en la frontera entre Texas y México. Cuenta la historia de John Grady Cole, un chaval de dieciséis años (¡no como el puto Matt Damon!) que tras la muerte de su abuelo decide huir a México en compañía de su mejor amigo Lacey Rawlins. A lo largo de toda la novela los dos jóvenes se enfrentarán a un mundo salvaje y hostil, debiendo sobreponerse a una marejada de violencia gratuita. El romance entre John Grady y Alejandra (Penélope Cruz en el cine) que lastra irremediablemente la película, no es más que un asunto secundario en una novela que va de otra cosa.

El Segundo volumen de la trilogía se titula “En la frontera” y es, desde mi punto de vista, el mejor de los tres. En este episodio, McCarthy nos remite a un tiempo inmediatamente anterior al de “Todos los hermosos caballos”, diez años concretamente. Centrándose en la historia de dos hermanos adolescentes, Billy y Boyd Parham, cuyas vidas darán un vuelco por culpa de una loba y de un truculento suceso familiar que les obliga a vagabundear por tierras de México en busca de lo que es suyo por derecho. Se trata por lo tanto de una extraña narración épica, monumental en las formas, desgarradora en el fondo y con un final inolvidable. De los que dejan huella.

La última de la saga, “Ciudades de la llanura”, es además de la más corta la más floja de las tres. Si bien proporciona la clave para entenderlo todo. En ella vemos reunidos a los protagonistas de las dos primeras novelas, John Grady por un lado y Billy Parham por el otro. Convertidos en dos antihéroes, con un pasado común de desarraigo y verdadero exilio interior, se darán cita en 1952 en un rancho de Nuevo México que está a punto de ser expropiado por el ejército. Con el mismo escenario fronterizo al fondo, la vida de ambos se verá atravesada por la aparición de unos valores en los que nunca encontraron acomodo. Condenados por una historia que ya no cuenta con ellos, Billy y John Grady devienen así los verdaderos supervivientes de un mundo en el que la lealtad, el valor, el esfuerzo y la vida en contacto con la naturaleza son algo más que una reliquia.

Resaltar que, por encima de los personajes humanos, los caballos tienen un protagonismo fundamental sin el cual no se entendería la historia. En la primera novela John y Lacey son dos jóvenes que trabajan en un rancho como adiestradores de potros, mientras que en la segunda Billy y Boyd son dos chavales que marchan a México a recuperar unos caballos robados. Como ya he mencionado, en la tercera John y Billy se encuentran en un rancho fronterizo y trabajan en la compraventa y adiestramiento equino. Lo gracioso es que antes de leer estas novelas los caballos me importaban un carajo. Y eso que de niño tuve alguna relación con ese mundillo que algún día os contaré. Lo cierto es que ahora y gracias a Cormac McCarthy entiendo a los que se refieren a este mamífero cuadrúpedo como noble animal.

En las tres novelas McCarthy narra sin prisa pero sin pausa y sin necesidad de levantar la voz. Puede hacerlo a través de frases cortas, diálogos lacónicos, construyendo párrafos extensos o incluyendo descripciones que de tan cinematográficas cobran vida propia. Tan destacable como la calidad literaria y la solidez narrativa es el respeto con el que trata a sus personajes. Incluso en los ambientes más sórdidos. Ni la crudeza de la vida, ni la violencia salvaje de algunos episodios apaga su esperanza, abriéndoles caminos insospechados. Y es que, a pesar de la desolación que a veces les abruma, los tipos saben que “con Dios no hay ajuste que valga” y, a la vez, son conscientes de que Dios perdona todo “exceptuando la desesperación” “para eso no hay remedio”.

miércoles, 29 de octubre de 2008

Camino - Javier Fesser (2008)


Por fin he visto “Camino”, la cinta dirigida por Javier Fesser que tanta polémica arrastra y que tan mal ha caído entre los sectores más reaccionarios de nuestra sociedad. No me extraña. A algunos no les habrá gustado nada verse retratados de esa forma. ¿Pero tienen derecho a ofenderse los miembros de “la Obra”? Pues no lo tengo tan claro. Planteémoslo de otra forma: ¿Acaso es mentira alguna de las cosas que sobre ellos muestra la peli? No lo creo. Además, según yo lo veo, nada en “Camino” puede disgustar al Opus Dei. De lo contrario estarían echándose piedras sobre su propio tejado, molestándose por ser lo que son y por hacer lo que hacen. Y es que, más allá de creerse en posesión de ciertas verdades absolutas que a los demás se nos escapan, tienen la curiosa tendencia de mortificarse en vida para servir al Todopoderoso. Utilizando aquella frase tan absurda que afirma que “el sufrimiento redime”. A algunos, como a Fesser -o a un servidor-, eso les parece bastante triste, además de falso. Porque el sufrimiento no redime, simplemente duele. En ocasiones mucho. Así pues, sin cuestionar a aquellos que libremente decidan llevar este tipo de vida fanatizada -¡allá cada uno con sus elecciones!-, que nadie me quite a mí el derecho a criticarlo.

El caso es que el film está basado en varias historias reales, según ha manifestado el propio director. Si bien es bastante evidente que el personaje de Camino Fernández se inspira en la niña Alexia González-Barros, fallecida en 1985 a los catorce años por un cáncer y que actualmente está en proceso de canonización. Tal vez aquí radique el único patinazo de Fesser, quien ha querido dedicar la película a esa niña, contra la voluntad de sus familiares. Lo cual ha suscitado esa cascada de comunicados y reproches cruzados que han aparecido en diferentes medios de comunicación. También es verdad que, gracias a eso, el director madrileño ha conseguido una importante campaña promocional y de forma gratuita.

Más allá de eso, o a pesar de eso, o con todo y con eso, creo que merece la pena ver el último trabajo de Javier Fesser. El desenlace vital de Camino –un nombre que alude claramente a la obra de referencia del Opus Dei, escrita por Escrivá de Balaguer-, una deslumbrante niña de once años que se enfrenta al mismo tiempo a dos acontecimientos que son nuevos para ella: enamorarse y morir. Para ello tirará de su increíble imaginación, en la que se entremezclan elementos religiosos que tienen que ver con su educación y las fantasías de cualquier niña de esa edad. De hecho la interpretación de la niña protagonista, una guapísima Nerea Camacho, junto con la recreación de sus sueños a través de impactantes pasajes oníricos, son con mucho lo mejor de esta película. Y es que, por encima de todo, “Camino” cuenta la bonita historia de una chiquilla que, pese a todos los padecimientos que le ha tocado sufrir en su corta vida y que le conducen irremediablemente hacia la muerte, no va a perder su deseo de vivir y sobre todo de ser feliz. Y siempre con una sonrisa en la boca, que tiene aún más mérito.

Ahora que lo pienso, no sabría establecer si la película es triste, alegre, ambas cosas o ninguna de las dos.

martes, 28 de octubre de 2008

Manuel Tolsá, fotografías de su obra en México


Del 17 de septiembre al 16 de noviembre en el Museo de Bellas Artes de Valencia - San Pío V, tenemos la suerte de disfrutar de la muestra de fotografías que Joaquín Bérchez ha realizado sobre la obra del escultor y arquitecto valenciano Manuel Tolsá Sarrión (Enguera, 1757 – Ciudad de México 1816).

Reconozco que la figura de este artista me era desconocida. Sin embargo me acerque a la exposición para ver las fotografías realizadas por Bérchez, que fue mi profesor cuando estudiaba Historia del Arte en la Universitat de València, un gran especialista en retratar arquitecturas. De hecho, puedo decirlo ahora a toro pasado, que fue todo un placer asistir a las clases de este hombre sabio. Poseedor del mejor repertorio de imágenes de arte de toda la Facultad. Y es que, además de mostramos maravillosas instantáneas de su cosecha, también nos dio a conocer el material de otros maestros en estas lides como Evans o, fundamentalmente, Portoghesi.

Y es que me encanta este tipo de fotografía. Yo mismo, habitualmente, agarro la cámara y me pateo los diferentes barrios de mi ciudad esforzándome en captar desde ángulos imposibles todos esos juegos de luces y sombras que se escurren entre retranqueos y salientes de los monumentos urbanos. De tanto en tanto hasta me sorprendo a mí mismo con alguna buena foto, de entre las doscientas mil tomadas gracias a la era digital. Porque si tuviese que operar con una máquina analógica...

Por todo ello, salí encantado de la exposición. De hecho he vuelto a ir y no descarto acercarme por tercera vez antes de que la desmantelen.

Por cierto, que no lo he dicho, la muestra toma como argumento fotográfico la producción artística de Manuel Tolsá en el antiguo Virreinato de la Nueva España. Una obra con la que consiguió dotar a la ciudad de México de una nueva imagen, más moderna e ilustrada, desde una óptica clasicista, que significaría el tránsito de la época de dominio español al México independiente. Las piezas elegidas para enseñar todos estos aspectos son la estatua ecuestre de Carlos IV (“el caballito”), el Palacio de Minería, el Palacio de Buenavista, la Catedral Metropolitana de México y el Hospicio Cabañas de Guadalajara.

lunes, 27 de octubre de 2008

La Fura dels Baus - Boris Godunov


“Boris Godunov” es la última creación de la compañía teatral La Fura dels Baus. Además durante estos días se está representando en el Teatro Olympia. Nos decidimos a verla por su impactante punto de partida, basado en lo acontecido en el Teatro Dubrovka de Moscú hace tan solo seis años. Cuando un grupo de terroristas chechenos retuvieron durante dos días y medio a más de novecientas personas y todo se fue al garete con la brutal intervención de las fuerzas especiales rusas, que ocasionaron la muerte de ciento treinta rehenes y cuarenta y un asaltantes. Y es que aún tengo frescas las terribles imágenes que emitieron los medios. Brutal.

Partiendo de ese hecho, a Alex Ollé y a David Plana, responsables de la idea original y de la dirección artística y escénica, se les ocurrió fabular. Imaginándose cómo pudo desarrollarse todo durante el tiempo que medió entre el secuestro y el fatal desenlace. Para ello se alejaron de cualquier concreción política o geográfica, de forma que, en la obra, nunca sabemos dónde pasa lo que se nos está contando, ni de donde provienen los terroristas. La abstracción no es casual, ni para evitar algún tipo de acción legal. Va en línea con la idea de plasmar una serie de conceptos universales como son las luchas por el poder, la violencia como método para imponer unas ideas y la corrupción de las estructuras de mando, que acaban castigando siempre a víctimas inocentes. Cuestiones estas presentes en toda la historia de la humanidad y casi en cada rincón del planeta.

Me pareció un gran acierto el que la representación se desarrollara no sólo en el escenario, sino también en el patio de butacas, en el hall o la trastienda. De forma que todos los presentes formamos parte de la obra, como rehenes de esos terroristas armados hasta los dientes, cuyas miradas amenazadoras se clavaban en nosotros. Asistiendo a conversaciones entre secuestrados que no eran sino actores de la compañía infiltrados entre el respetable que había pagado la entrada. Comentaba Ollé en una entrevista recogida por diversos medios, que lo que le había llevado a desarrollar esta idea, era el hecho de que la tragedia se hubiese producido en un teatro, su lugar trabajo. Así pues decidió convertir a todo el teatro en el remedo de aquella macabra función y a los asistentes en involuntarios actores. 

El inicio del show es brutal. Se apagan las luces y un potente foco apunta a un personaje que, apesadumbrado, comienza a hablarnos mientras cruza el patio de butacas hasta salir por la puerta de entrada. Inmediatamente después vemos como empieza a representarse el “Boris Godunov” de Alexander Pushkin, pieza teatral de 1831 que narra la historia de este personaje, un arribista al que se acusó de la muerte del zarévich y que consiguió llegar al trono de Rusia durante el siglo XVI. Quien acabaría muriendo solo y paranoico, cuál Rey Lear a la rusa, mientras que un suplantador recaba el apoyo de unas masas que lo auparán al poder. De repente la representación se interrumpe, se encienden las luces y una docena de personajes con pantalones de camuflaje, botas militares y pasamontañas se levantan de entre el público y comienzan a lanzar ráfagas de ametralladora al aire. La verdad es que acojona.

El resto de la función transcurre entre la representación de la obra real -el secuestro del teatro- y la imaginaria -el “Boris Godunov” de Pushkin-. Entre tanto, escuchamos las motivaciones de los secuestradores, las de su líder mesiánico, las del lugarteniente psicópata, las de la terrorista enferma de venganza o las de la inconsciente bienintencionada que tan solo ansia el bien de su pueblo. Además, van intercalándose vídeos a través de los cuales presenciamos la reacción del gobierno ante el secuestro y como van variando su posicionamiento conforme pasan las horas. Capítulo aparte merece la presencia del personaje que hace de mediador, claramente inspirado en la periodista rusa Anna Politkovskaya, quien negoció con los terroristas durante la crisis del Teatro Dubrovka. 

Desde el punto de vista formal, me pareció genial la utilización de todo tipo de recursos visuales. Los mencionados vídeos, pero también los focos de luz directa, las filmaciones cámara en mano de pasillos y exteriores, etc… También resultan tremendos los contrastes sonoros. En ocasiones te hacían saltar de la butaca. Así pues y a modo de conclusión, deciros que me encantó la obra y que por supuesto la recomiendo.

----------------------------------------------------------
EPÍLOGO
Allá por el siglo XIX, el militar prusiano Carl Von Clausewitz estableció que “la guerra es la continuación de la política por otros medios”. Sin embargo en esta obra, el jefe de los terroristas comenta que “la guerra ya no es la continuación de la política con otros medios; la política es la continuación de la guerra con otros miedos”. El viejo dilema de si el fin justifica los medios. Interesante reflexión que daría para otra entrada.

domingo, 26 de octubre de 2008

Los Karivan


Encontré “Los Karivan”, de Miljenko Jergovic, rebuscando en una montonera de libros en la sección de ofertas de la París-Valencia del parterre. El irrisorio precio de la novela -2 o 3 euros, creo recordar- unido al recuerdo de alguna buena crítica sobre “La Casa del Nogal”, novela firmada por el mismo autor, me impulsaron a comprarlo. Eso y que estaba recién llegado de un viaje por las tierras que lideró el Mariscal Tito con puño de hierro, por lo que andaba bastante predispuesto. Y vaya si me alegro, de no ser así igual me hubiera perdido este compendio de historias sencillas y que tantas cosas revelan sobre la sociedad balcánica. De hecho y esto es lo más interesante, explica mejor su compleja actualidad que la mayoría de ensayos publicados sobre el tema.

El autor es un corresponsal y columnista bosnio-croata que empezó su carrera escribiendo artículos para diversas revistas de Sarajevo. Actualmente goza de cierto reconocimiento, merced a algún premio por sus libros de poesía, ensayo y narrativa. Lo cual le equipararía, salvando mucho las distancias, al premio Nobel bosnio Ivo Andric, autor de la famosísima “Un puente sobre el Drina”. Entre las obras más conocidas de Jergovic destacan “El jardinero de Sarajevo” y  la anteriormente mencionada “La Casa del Nogal”.

Publicada en el año 2000, hay que advertir que “Los Karivan” no es una novela al uso. Es más bien un cúmulo de historias con un nexo de unión, en ocasiones claro y en otras no tanto. Una suerte de narración coral que participa tanto de la novela como del relato. Consta de cuarenta historias breves que dibujan un mundo cambiante y con una terrible constante, la fragilidad. Centrándose en esas explosiones de violencia que, por desgracia, sacuden el avispero de los Balcanes cada poco tiempo y que confirman las teorías de Freud sobre la precariedad de la civilización humana.

Los relatos vienen protagonizados por un conjunto de personajes muy heterogéneo que comparten la descendencia de Iván el Negro -kara-Ivan en serbocroata-. Personaje que habitaba en los territorios de la actual Bosnia, cuando todavía formaba parte del Imperio Otomano y se llamaba “negros” tanto a los asesinos como a héroes. Cuenta el autor que no consta que el tal Iván fuese un delincuente y, desde luego, tampoco protagonizó hazaña alguna, por lo que quizás se le apodó “el negro” porque era herrero. El caso es que los sucesores de aquel herrero, los sufridos Karivan, se vieron obligados a soportar el dominio turco, a los emperadores austro húngaros, la ocupación nazi, la creación forzosa de la extinta Yugoslavia y, en última instancia, el acoso de los francotiradores y los cañonazos de los chetniks en el marco de la Guerra de Bosnia. Se trata por lo tanto de una narración sobre los bosnios, en clave anecdótica, que abarca la friolera de doscientos años. A través de unas historias que se desarrollan a lo largo y ancho de todo el país, desde Sarajevo hasta Banja Luka, pero que también viajan hasta los confines del antiguo Imperio Austro-húngaro y aún más allá, hasta Canadá o los EEUU. Durante todo este tiempo los Karivan, ya diversificados en un sinfín de familias y con diferentes apellidos, consiguieron mantener sus lazos pasando por encima de su diversidad religiosa, étnica o dialectal. Eso hasta el año 1992, cuando por culpa de una guerra fratricida dejarían de reconocerse.

Entre los relatos que recoge el libro, destaca por su belleza y simbolismo “La víctima”, en el que Simun Gavran vive atormentado por culpa de un accidente con su caballo que ocasionó la muerte de un chiquillo de tres años. O “La Sagrada Familia de Ferhat”, en la que dos jóvenes monjes intentan convencer a un viejo musulmán para que les ceda un cuadro religioso que por circunstancias azarosas obra en su poder. Más interesante aún es lo que le sucede a los protagonistas de “Nadie” y “La biografía”. El primero de ellos es un croata que no puede acreditar su identidad porque carece de partida de bautismo, por un olvido de sus progenitores, por lo que es confundido por los suyos que creen ver en él a un enemigo. El segundo relato lo protagoniza una familia judía que escribe al Ayuntamiento de Sarajevo desde Israel con la esperanza de averiguar algo sobre las peripecias de un antepasado. Ante esto, el encargado del expediente se verá en la tesitura de contar la verdad, o sea que no hay datos, o suplir esa ausencia por una historia inventada que satisfaga a la familia. También merecen una mención especial la preciosa historia de casualidades que hila “Los senos”, el “Mal presagio” que supone una pelea doméstica en medio de un bombardeo, o la terrible y elocuente historia de odios que subyace tras “Los moros”. Aunque el mejor relato de todos es “Los atentados”. Sin ningún género de dudas, vaya. La conmovedora historia de un retrasado mental que alardea de ser el auténtico asesino del archiduque Francisco Fernando o del mismísimo Kennedy. Y es que da para una película y de las chulas.

Con estos cuarenta bocados de la realidad bosnia, Jergovic se erige como uno de los principales cronistas de su país. Un relator de excepción del horror y de sus causas a través de insignificantes dramas humanos. Usando la épica de los detalles esenciales y vistiendo de aparente normalidad la monstruosidad y la tragedia. La verdad es que me ha encantado. Y por supuesto le seguiré la pista.

sábado, 25 de octubre de 2008

Americana All Stars



El pasado viernes en la Sala Matisse y bajo el cuestionable título de Americana All Stars, tocaron Stacey Earle & Mark Stuart junto al incombustible Jason Ringenberg, pero sin sus “chamuscadores”. Digo esto porque alguien debería delimitar de una puñetera vez ese estilo en el que todo cabe llamado americana. No puedo entender que con la misma etiqueta se identifique a bandas con un sonido tan diferente como los Drive-by Truckers, Pedro the Lion o Jason Ringenberg, por referirme a alguno de los que actuó anoche.
En todo caso y volviendo al tema que nos ocupa, asistimos a un buen concierto. Sorprendentemente bueno, añadiría. Porque la cosa no pintaba bien de inicio. Primero por la escasa afluencia de público. Inexplicable teniendo en cuenta el nivel de los artistas, el asequible precio de las entradas y el que se celebrase un viernes en una ciudad como Valencia en donde este tipo de eventos escasean. De ahí que haya escogido ilustrar la entrada con un escaneo de mi entrada, la número 0001. Por reivindicación y también porque debe ser la primera vez en mi vida que me pasa. En segundo lugar por la ubicación escogida para celebrar el evento, la Sala Matisse, en donde he padecido espectáculos lamentables por culpa de su pésima sonorización.

La cosa comenzó a eso de las once menos cuarto, cuando apareció en escena Jason Ringenberg ataviado con un sombrero de cowboy, botas camperas y una llamativa camisa roja con chorreras y flecos que es la misma que porta en la portada del disco recopilatorio del año pasado. Como ya he comentado venía sin The Scorchers, pero acompañado de su inseparable guitarra, ataviada para la ocasión con una gran pegatina de apoyo a Obama. La actuación fue divertidísima, alternando algunas de sus canciones más conocidas con monólogos y chistes, en inglés y español, lo que le valió para meterse al público en el bolsillo. Señalar que, más allá de su faceta como showman, el de Illinois es un músico enorme, lo cual quedó patente en la hora y cuarto que duró el concierto.

A continuación salieron a escena los cabeza de cartel: Stacey Earle y su inseparable Mark Stuart, pareja artística y en la vida real. Al igual que su telonero, la banda liderada por la hermana pequeña del gran Steve Earle, ofreció otro buen concierto de country, desgranando los once cortes de su último elepé titulado “Communion Bread”. Álbum un tanto más suave que sus anteriores y claramente dominado por esos bonitos juegos de voces, masculino – femenino, protagonizados por la feliz pareja. Tal vez debido al escaso aforo o por el buen rollo que se percibía en el ambiente, durante el último tramo Stacey y Mark bajaron a la arena para interpretar un par de temas rodeados del escaso público. Como colofón volvió a salir su amigo Jason, con quien ejecutarían los dos últimos temas de la noche.

Para acabar, un par de curiosidades. Primero decir que en mi vida había seguido un concierto sentado en un taburete. Y es que al principio éramos tan poquitos que se podía estar a dos pasos del escenario, disfrutando de una cerveza y bien sentadito. De hecho en el recinto hacía hasta fresco. Cosa extraña en un espacio que, a poco que se llena, se transforma en una sauna finlandesa. La otra anécdota tiene que ver con la actualidad política. Y es que el concierto se convirtió en una especie de acto de campaña en favor de Barack Obama, candidato demócrata a la presidencia de los EEUU. Al parecer tanto Ringenberg como Earle y Stuart son fervientes obamitas y es por ello que, además de llevar camisetas con el lema Obama'08, regalaban un póster promocional de su gira en el cual aparecían proclamas en favor del candidato negro.

Aunque lo más importante es que, en definitiva, lo pasamos de puta madre. En una muy agradable sesión de música COUNTRY - escrito así con mayúsculas- protagonizada por tres músicos de larga trayectoria que se mostraron muy próximos y hasta cariñosos con el respetable. Especialmente Ringenberg, en modo granjero loco, que departió y se hizo fotos con todo aquel que se le acercó.


Ah! Y lo siento por vosotros que faltasteis. ¡Pringaos!

viernes, 24 de octubre de 2008

Nine Inch Nails on Tour


Me acaban de pasar un puñado de espectaculares fotografías tomadas por Rob Sheridan durante la última gira de Nine Inch Nails. “Lights In The Sky: Over North America 2008”, que así se llamaba la cosa, embarcó durante el pasado verano a los chicos de Trent Reznor a través de los Estados Unidos y Canadá. La verdad es que las imágenes son espectaculares. Como los conciertos de la banda, vaya. Y casi cualquier cosa en la que Mr. Reznor ande metido.

Ahí van unas cuantas:




miércoles, 22 de octubre de 2008

Ladrones de guante blanco


En estos días en los que la crisis económica aparece hasta en la sopa, no se me ocurrió otra cosa que volver a ver el documental “Enron, los tipos que estafaron a América”, dirigido por Alex Gibney en 2005, basándose en las investigaciones que Bethany McLean y Peter Elkind realizaron sobre el auge y caída de la corporación y plasmaron en su libro “The Smartest Guys in the Room:The Amazing Rise and Scandalous Fall of Enron”.

Para los que no os acordéis, Enron Corporation fue aquella compañía de energía cuya quiebra, a finales del 2001, ocasionó el mayor escándalo financiero que se recuerda. Cosas del capitalismo que diría aquel. A ver cómo sino se explica que una empresa pequeñita de gas radicada en Texas, acabe convirtiéndose en el séptimo grupo empresarial de mayor valor en los Estados Unidos en menos de quince años. Entender cómo llegó a construirse un emporio tan grande en tan corto espacio de tiempo, es tarea difícil. Aún lo es más comprender como fue posible ocultar deudas por sumas mayores a los seiscientos millones de dólares. Y que a la postre fueron las que desencadenaron la declaración de quiebra.

Y a este cometido se dedica el documental. A explicarnos que es, o era Enron, cómo consiguió ese descomunal desarrollo y a qué se debió su espectacular caída. Y he de decir que, al menos respecto a esto último, tan sólo lo consigue a medias. Por dos motivos, uno achacable a su director y otro no. El primero se debe al uso de un lenguaje demasiado técnico, incluso críptico para aquellos no versados en temáticas económico-financieras. El segundo tiene que ver con la falta de algunos elementos fundamentales para entender el affaire, que aún eran desconocidos cuando se filmó la película.

Lo que sí se entiende es como, al igual que pasa en la crisis actual, los principales afectados siempre son los currelas. De hecho, la quiebra de Enron ocasionó que los 21.000 trabajadores de la empresa se vieran desempleados y defraudados, sin posibilidad de recuperar sus fondos de previsión social. Eso sí, les concedieron quince minutos para recoger los enseres personales de sus oficinas. Igual de grave o más es que miles de inversionistas, que confiaron en los datos auditados por la firma Arthur Andersen, vieran esfumarse sus ahorros. Pasando sus acciones de un precio récord de ochenta y cinco dólares a escasos cinco centavos a inicios del 2002. Y es que la otrora prestigiosa consultora, utilizó técnicas contables fraudulentas para enmascarar la realidad de su cliente. Defraudando la confianza que los terceros depositaron en ella. Igualmente fue necesaria la connivencia de la banca para que se produjera tamaño fraude. Especialmente la de entidades como Merryl Lynch, City Bank, Deustche Bank y algún otro que se apunta en el documental y ahora no recuerdo.

Mención aparte merecen las implicaciones políticas del Caso Enron, que alcanzaron a la mismísima Casa Blanca. Todavía recuerdo como en diferentes artículos de prensa se hacía hincapié en los estrechos lazos que directivos de Enron tenían con funcionarios clave de la administración Bush. No es casual que la corporación fuese la principal fuente de financiación de la campaña presidencial del hijísimo, quien además es amigo personal de Kenneth Lay, Presidente de la corporación. Cuestiones claves por las que la cinta pasa de puntillas.

Ya para acabar, mencionar la sentencia del 2006 en la que se declara culpables de conspiración, fraude de valores y otros delitos asociables a la quiebra de Enron, a Kenneth Lay y a Jeffrey Skilling, ex director ejecutivo de la entidad. Dos personajes al frente de un fraude masivo planificado, cuyas circunstancias vitales sí son reflejadas en el documental, siendo la mar de clarificadoras.

martes, 21 de octubre de 2008

El puente de Mostar


Cuentan que Mimar Hayreddin, el arquitecto, pirata y almirante turco que ordenó construir el puente de Mostar, se quedó contemplando su obra durante mucho tiempo. Tanto que al final le encontró un defecto. Después de eso ya no pudo construir nada más. Muriendo apesadumbrado por lo que el consideró un fracaso. El caso es que no debió de fijarse bien. O eso, o tenía problemas de vista.

Han surgido muchas leyendas alrededor de la construcción del puente. Se dice que tras un primer intento, en el que toda la estructura se vino abajo, el sultán otomano amenazó con decapitar a Hayreddin si fallaba en una segunda oportunidad. Con esa presión sobre su cabeza, el arquitecto prefirió observar cómo se retiraba el andamiaje desde una distancia segura, preparado para huir. Los obreros estaban tan enfadados con él, que emparedaron a su esposa dentro de uno de los soportes, para que pudiese observar el puente por siempre jamás. Sin embargo el puente no se cayó... Hasta 1993.

El Puente Viejo -Stari Most o Стари Мост-, fecha su construcción en 1556. Tiene una anchura de cuatro metros y una longitud de veintiocho, uniendo las dos orillas del río Neretva. Lo flanquean dos torres cuadradas, la Torre Halebija y la Torre Tara, añadidas en el siglo XVII, aunque hechas con la misma piedra que se usó para construir el puente. A pesar de ser dinamitado en el año 1993 durante la guerra, hoy en día luce en pie gracias a la UNESCO y al Gobierno de Turquía, que financiaron un largo trabajo de reconstrucción a la vieja usanza. Un proceso en el que se utilizó el mismo tipo de piedra e idénticos métodos que en la construcción original. La inauguración se produjo en el año 2004 con la presencia de los tres presidentes que tiene el estado bosnio, por lo que entre la población local circula un chiste que establece que, si el puente ha sido capaz de soportar a los tres políticos juntos será capaz de aguantar cualquier cosa y nunca se derrumbará.

Sin embargo, la importancia del puente va mucho más allá de aspectos puramente arquitectónicos o artísticos. Declarado Patrimonio de la Humanidad, es considerado como un símbolo de la sociedad multiétnica de Bosnia y de la paz entre pueblos. De hecho, su destrucción por parte de las fuerzas militares croatas -pese a que todo el mundo crea que fueron los serbios-, ilustra cómo fueron las relaciones entre los bosniacos musulmanes, los bosnio-croatas católicos y los serbo-bosnios ortodoxos. Desembocando en una cruenta guerra fratricida que aún hoy día avergüenza a Europa.

Como ya os comenté en un post reciente, yo anduve por allí y la verdad es que emociona estar sobre ese pedazo de historia. Impresionante. Confiemos en que a ningún cafre, en forma de político demagogo o de líder populista defensor de no sé cuáles esencias de mierda, se le vuelva a ocurrir que hay motivos para dinamitarlo.

sábado, 18 de octubre de 2008

Hablemos de Pressing Catch


“En este deporte sufrimos seis personas: yo, tú, él, nosotros, vosotros y ellos.” (Héctor del Mar).

¿Quién no se acuerda del “Pressing Catch”?
Su irrupción en nuestras pantallas, en los primeros noventa y de la mano del Telecinco de las Mamma Ciccio, fue todo un acontecimiento. Recuerdo que en aquella época, era habitual entre la chavalada emular las patadas voladoras de El Último Guerrero o las sentadillas de Terremoto-Erjcueik. Y discutir absurdamente sobre la verosimilitud de este pseudo-deporte. Porque los había que defendían que el espectáculo era real, aunque ahora lo nieguen. Y eso a pesar de que en esta mezcla de teatro y circo era fácil prever quienes iban a ser los vencedores y los vencidos. Vaya, que no hacía falta ser un lince para apreciar la fullería. 

¿Qué me decís de aquellos combates míticos entre El Último Guerrero y Hulk Hogan? ¿Y de la Wrestlemania? ¿Y cuando les dio por darse de hostias enjaulados? Aunque mi mejor recuerdo son los combates de parejas. ¡Me encantaban! Con equipos míticos como La Fundación del Corazón, Demolition, Legion of Doom o los inolvidables Sacamantecas, quienes según Héctor del Mar eran unos gemelos neozelandeses trabajadores de una plantación de kiwis que habían decidido probar fortuna en la WWF (¿?).

Soy consciente de que escribo esto embriagado de nostalgia juvenil. Que aquello nunca fue para tanto. Pero aprovechando que las nuevas generaciones se han vuelto a enamorar del Pressing Catch, en su versión actual, a través de tipos tan anodinos como el campeón John Cena, Dwayne “The Rock” Johnson (trasunto de actor de quien ya os hablé por aquí), o incluso el ex campeón mundial de los pesos pesados Mike Tyson, es de justicia reivindicar la figura de aquellos. De los buenos. De los de mi época. Los viejos roqueros que, al contrario de lo que afirma el refrán, sí que mueren… O se vuelven majaras. Como El Último Guerrero, que ahora se ha puesto corbata y se dedica a hacer cosas fachas.
No es broma. Jim Hellwig, que así se llama el menda, y que evidentemente no era un indio navajo de pura cepa, en la actualidad da charlas en las que expone su marcado perfil derechista y homófobo. Soltando perlas del tipo: “el mundo estaría muerto si todo el mundo fuera homosexual” o “el mariconeo hace que el mundo no funcione”. ¡Joder con El Último Guerrero! Un tipo que se ganaba la vida ataviado como un maricón de playa, con ese cardado rubio y el fardapollas fosforescente, sobre un cuerpo esculpido a base de horas de gimnasio y moreno rayos uva, va por la vida dando lecciones de moralidad a la antigua a jóvenes estudiantes. Chalao es poco. Parece que en aquel “baile de San Vito”, ineludible preludio a su victoria sobre el rival, había algo más que show. Pero es que encima al tío le pagan y muy bien por esto. Que digo yo que las Universidades americanas, con tanta fama y tanta polla, se deberían hacer mirar a que personajes contratan para dar conferencias… El Último Guerrero, Aznar… ¿Quién será el siguiente?

¿Qué me decís de su archirrival? El gran Hulk Hogan, principal artífice del despegue comercial de este espectáculo de lucha libre. Con su ruptura de camiseta previa, marca de la casa y el sempiterno pañuelo en la cabeza que, seguramente escondía una alopecia indeseada… ¡Que maravilla! Y vaya, que sí, más de una vez me quedé con las ganas de que alguien le arrancara el puto pañuelo para ver que había debajo. Tengo la convicción de que el bueno de Nick Bollea tenía la quijotera más lisa que el culito de un bebe. Y esa melena rubia que le salía por detrás cual lerele tintado de rubio, estaba fijada al pañuelo, como una de esas gorras con rastas que se venden en los tenderetes playeros. O eso o Nick aka Hulk lucía un Carlos Núñez a la californiana, que también podría ser. Lo cierto es que al poco, por alguna lesión que desconozco o simplemente por un tema de edad, dejó de practicar el deporte que lo encumbró. Como no estaba dispuesto a salir de las pantallas y sus incursiones en el mundo del cine no dieron para mucho, se montó un reality en el que mostraba su vida familiar. Junto a su inolvidable hija Brooke, que hizo las delicias de una generación y media de adolescentes pajilleros.

¿Y los demás qué? Pues aquí la cosa se pone seria. Algunos como “Bam Bam” Bigelow -aquel gordo con la cabeza tatuada y vestido con un traje flamígero-, Curt Henning “Mr. Perfect” -el rey del tinte de pelo y de eterna sonrisa- o Richard Hood “El Cariñoso”, murieron de sobredosis. Otros como André “El Gigante” o “El Poli Loco” lo hicieron de paro cardiaco recién ingresados en la cuarentena. Lo cual no creo que extrañe a nadie. Con las cantidades de esteroides y anabolizantes que se tomarían estos mostrencos hipermusculados, era lo menos que les podía pasar. Luego está lo del no suficientemente reivindicado “Terremoto”, quien fallecería a causa de un cáncer. Capítulo aparte merece el gran Owen Hart, de “La Fundación del Corazón”, cuya muerte en directo circulaba por Internet hasta hace poco. Al parecer el dispositivo de seguridad falló mientras realizaba un ejercicio arriesgadísimo, por lo que cayó al vacío desde unos quince metros. Una lástima. Ese tándem junto a  Jim “The Anvil” Neidhart siempre fue de mis favoritos.
Hay muchas más historias sobre estos personajes, mezcla de gladiadores y bufones de corte, pero es demasiado largo para contarlo en una sola entrada. Además, a la mayoría de ellos los he olvidado... Con todo, o a pesar de todo, debo darles las gracias por los buenos ratos que me hicieron pasar… 
¡Gracias por tanto!

viernes, 17 de octubre de 2008

El Rompenieves



Ilustro la entrada con las portadas que la editorial Bang! realizó para la edición española de “El Rompenieves 1” y “El Rompenieves 2 y 3”, porque son chulísimas. Desde luego bastante más que las de la versión original francesa de 1982. La serie de “El Rompenieves” –en Francia Le Transperceneige”- está compuesta de tres episodios titulados “El Fugitivo”, “El Apeador” y “La Travesía”, siendo considerada una obra de referencia en el mundo del cómic. Claro exponente del movimiento que se desarrolló en el seno de la historieta francesa en los años setenta y que se caracterizaba por la utilización de la ciencia-ficción como vehículo de denuncia social.

El punto de partida es un mundo desolado a causa de los efectos del cambio climático. Muy actual como veréis. Todo el planeta está cubierto de nieve y padece temperaturas cercanas a los ochenta grados bajo cero, por lo que se hace imposible vivir en el exterior. Los últimos supervivientes de la raza humana se encuentran recluidos a bordo de un gigantesco tren en constante marcha. Dentro del mismo se ha desarrollado una estratificación social en la que las clases bajas malviven en los vagones de cola, mientras que las élites ocupan los lujosos vagones delanteros. En este contexto, el primer episodio cuenta como un vecino de los barrios bajos consigue llegar a la zona noble, ocasionando un desbarajuste en el reglado sistema impuesto por los mandamases del tren. Comienza así una especie de odisea personal, en busca de no se sabe bien qué. Aunque lo más interesante es como la historia del fugitivo nos permite ver reflejadas todas las miserias de la humanidad. Muy especialmente las que tienen que ver con las barbaridades que los hombres somos capaces de perpetrar contra nuestros congéneres.

En los siguientes episodios la acción se traslada hasta otro escenario: Un nuevo ferrocarril más espacioso que responde al nombre de “El Rompehielos” y que refleja las mismas desigualdades. Este tren además tiene apeadores. Una nueva casta nacida en esta sociedad post-apocalíptica sobre raíles. Se trata de un cuerpo especializado encargado de bajar a tierra firme en busca de objetos importantes para la supervivencia. Para ello, la locomotora goza de mecanismos para detenerse sin poner en riesgo la vida de los pasajeros. Con todo, siempre existe el riesgo de chocar frontalmente con “El Rompenieves” protagonista de la primera parte, o con alguno de los vagones que este fue soltando. En la última parte asistimos a como la sociedad ferroviaria, viéndose en peligro por circunstancias que no desvelaré, emprende un largo viaje a través de los hielos eternos persiguiendo una señal. Confiando en que esta les lleve al encuentro de otro grupo de supervivientes. Solo añadiré que sin ser lo peor de lo peor, el final no es como para tirar cohetes.

La primera parte fue parida por el genio de Jacques Lob, uno de los más grandes historietistas que ha dado Francia, que es mucho decir. Y se nota. Con esto cerraría una trayectoria inmaculada, ya que falleció al poco de acabarla. Es por eso que la segunda y tercera parte fueron escritas por Benjamin Legrand. Siendo el dibujante de los tres episodios Jean-Marc Rochette. Y la diferencia de calidad entre los tres es más que evidente. El primero es una obra maestra incontestable. De obligada lectura para todos aquellos que estén mínimamente interesados en el mundo del octavo o noveno arte (nunca me aclaro con esto). La segunda y especialmente la tercera no es que sean una caca, pero bajan claramente el nivel. De hecho, si pasaras de ellas tampoco supondría un drama. Aunque bueno, si quieres conocer como acaba esto...

jueves, 16 de octubre de 2008

El Creacionismo (o Juan Manuel se viste de Prada)


Los creacionistas son un heterogéneo grupo de majaras que basándose en dogmas religiosos establecen que tanto la Tierra, como todos los seres vivos que la pueblan, provienen de un acto de creación llevado a cabo por un ser divino. En los últimos tiempos, se han agrupado en colectivos de carácter pseudo-científico para militar contra las teorías de la evolución. “¡El hecho evolutivo no existe, sólo existe el acto de Dios que nos ha creado con un propósito determinado!” “¡La ciencia ha muerto, viva Dios!” Hay que ser cenutrio.

Yo pensaba que estas modas nos eran ajenas y sobre todo lejanas. Movimientos propios del país de las barras y estrellas, en dónde surgieron -¿Cómo no?- y que de tanto en tanto se cuelan en los informativos patrios a resultas de alguna ridícula campaña para impedir la enseñanza de las teorías de Darwin en escuelas o Universidades. Sin ir más lejos, en los últimos días hemos conocido que la candidata republicana a la vicepresidencia de los EEUU, una tal Sarah Palin, es ferviente militante de estas doctrinas. Llegando a imponer la censura de determinados libros en las bibliotecas del villorrio alaskeño del que fue alcaldesa durante ocho años. Un cromito la señora.

Pues mira tú por donde que ya les tenemos aquí. Y como toda tendencia proveniente de los EEUU, ha iniciado su expansión a lo grande. Ya el año pasado la oscarizada actriz francesa Marion Cotillard, nos dejó a todos con la boca abierta cuando en rueda de prensa y sin venir a cuento, soltó una retahíla de chorradas creacionistas que luego ha continuado repitiendo en diferentes lugares. Pero ahora nos toca más de cerca. Cual mancha de fuel vertida por el Prestige, aquellos “pequeños hilos de plastilina” han alcanzado nuestras costas a través de diversas personalidades de la cultura. De la cultura facha, se entiende, siendo su primera víctima el periodista, escritor y crítico cinematográfico Juan Manuel de Prada. Este apologeta de la crispación -pero buen escritor, hay que joderse- se ha sumado a la causa, pringándose de la cabeza a los pies de chapapote creacionista. ¿Qué no os lo creéis? Pues echadle un ojo a este artículo publicado por el XL Semanal. No tiene desperdicio.

Y si no continúo hablando de este gordo decadente, afectado y pedante, es porque el menda se merece toda una serie de UN PAÍS DE IMBÉCILES para él sólo. Próximamente en las peores librerías.

Agur.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Leningrad Cowboys Go America


En mi reciente viaje por Dubrovnik y alrededores, mirando carteles de conciertos en una extraña tienda musical, me topé con uno de los Leningrad Cowboys, combo de frikis finlandeses con una estética ciertamente peculiar. Amantes del vodka, los tractores y el rock, aunan dentro del mismo repertorio canciones propias, junto a versiones y adaptaciones de Led Zeppelin o Tom Jones. Eso y toda una seguida de elementos propios del folclore tradicional ruso y finlandés.

La banda se dio a conocer gracias a la coproducción sueco – finlandesa “Leningrad Cowboys go America”, escrita y dirigida por Aki Kaurismäki y estrenada en 1989. Una cinta que, con el devenir de los años, se ha convertido en una película de culto -¡otra más!-, como buena parte de la producción de este hombre. De hecho, el propio Kaurismäki se reclama como el principal fan del grupo, para quienes escribió esta película y también su secuela, “Leningrad Cowboys Meet Moses” (1994), además de filmar uno de sus shows en directo –“Total Balalaika Show”(1994)- y varios vídeos musicales.

La película en sí, es una sucesión de gags repletos de ese humor negro y a la vez absurdo tan presente en la filmografía del director finés. Todo transcurre en el marco del viaje que los Leningrad Cowboys, un grupo de músicos rusos en la peli, van a emprender por los territorios de la América profunda en busca de fama y fortuna. El viaje debe finalizar en México, donde tienen contratada su única actuación, como orquesta durante la celebración de un matrimonio. Además de los músicos y el mánager, irá con ellos un colega fallecido, o casi, congelado y en un féretro junto a su guitarra. Les seguirá los pasos un chico que desea entrar en la banda.

La gracia de ver a estos tipos horteras, con sus súper tupés y botas de puntera gigante, adaptando sus canciones a cada uno de los lugares en los que les dejan tocar, o el simple hecho de oírles pronunciar ese inglés con acento macarrónico, hace que los ochenta minutos que dura la película pasen con una sonrisa en la boca. 

Al final “Leningrad Cowboys go America” es una genuina road movie en tono de comedia y bizarra como ella sola, cuya principal pretensión es que nos divirtamos lo máximo posible. ¿Acaso no debería ser ese el principal cometido del cine? Cierto que no debemos pasar por alto la fuerza visual de muchas de las escenas, de tintes surrealistas, tan bien filmadas por este geniecillo que llegó del frío. Resaltar la potencia de los silencios y las miradas, aspectos fundamentales aquí y en general en toda la obra de Kaurismäki, independientemente de si el formato es la comedia, la tragedia o hasta el musical.

Como anécdota destacar el cameo de Jim Jarmusch, buen amigo suyo, en el papel del vendedor de coches de segunda mano.

domingo, 12 de octubre de 2008

Richard Serra en el Guggenheim Bilbao


Aprovechando que este puente lo pasé en el puto Bilbao por motivos que no vienen al caso, me di un garbeo por el principal reclamo de la ciudad del Nervión junto a San Mamés y los bares de pintxos del casco viejo. Me refiero al museo Guggenheim, of courseMe dio rabia no poder disfrutar de la expo de mi admirado Juan Muñoz, en fase de desmontado justo el día que yo anduve por allí, por lo que me dediqué a circular entre los enormes espirales metálicos que componen “La memoria del tiempo”, del norteamericano Richard Serra. Que no es mal consuelo, revisitar el calificado por el propio artista como su proyecto más importante, vaya. La instalación, que ocupa la sala más grande de la institución bilbaína, también es considerada por los especialistas como la más ambiciosa dentro del vocabulario formal que viene desarrollando Serra durante los últimos veinte años. Constituye asimismo la adquisición más importante del museo desde su apertura en 1997.

Muy recomendable alquilar la audio guía que, al menos en la versión castellana, utiliza la voz de Constantino Romero. Así es como el conocido presentador me condujo por esas siete estructuras, tirando de datos y anécdotas que hacen del paseo una experiencia mucho más educativa y agradable. La obra es monumental y está compuesta por altísimos muros de acero ligeramente inclinados. Dispuestos en forma de elipse o espiral, a veces concéntrica, otras laberíntica, pero siempre dibujando trayectos que se pueden penetrar, recorrer y explorar al ritmo que decidas. El propio autor indicó en la inauguración que ésta había de “ser activada y animada por el ritmo del movimiento del espectador”. 
Parte de la colección permanente del Guggenheim Bilbao, es considerada como un “museo dentro del propio museo” de visita obligatoria para quienes visiten la capital de Vizcaya. Doy fe de ello.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...