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viernes, 5 de julio de 2019

Too Old to Die Young, de NWR


No hace mucho y a través de las redes, un amigo me agradeció el que le hubiese dado a conocer a Nicolas Winding Refn. No me acuerdo bien de la situación, pero sé que tenía algo que ver con la trilogía “Pusher”, con la que el de Copenhague debutara tras las cámaras a mediados de los noventa. Por lo que a mí respecta, NWR se convirtió en uno de mis favoritos desde el día que quedé patidifuso con “Drive” y así dejara constancia de ello. Un poco antes también hablé por aquí de “Bronson” y hace menos de “The Neon Demon”, extraña versión de Blancanieves en clave posmoderna, gore y sin final feliz, que tantas similitudes guarda con la serie de la que ahora paso a hablar. Porque sí, esta es otra columna sobre la excelsa obra de este cuarentón amigo de Jodorowsky y a quien la vocación le vino tras el visionado de “La matanza de Texas”. Qué mejor motivo que el estreno de “Too Old to Die Young”, un elegante western urbano que podría ser un spin-off de “Drive” pero no lo es y que entusiasmará tanto a amantes de las tramas criminales, como a los apasionados al cine marcianet. Pero sobre todo a los devotos a la causa liderada por el realizador danés, entre los que me incluyo. Amén.

La ficción se estrenó a mitad del mes pasado y a través de Amazon Prime Video, uno de esos servicios de streaming en los que todo se cuece. Bueno, ahí y en Netflix, en Hulu o a través de servicios específicos de canales como HBO o CBS, además de plataformas de transmisión como SlingTV, PlayStation Vue y el cada vez más caro YouTube TV. De todos esos solo tengo el Netflix y el básico de HBO, así que os podéis imaginar cómo llegué a esta serie en la que NWR es el productor ejecutivo, guionista, showrunner y por supuesto director. Contando con la inestimable ayuda del afamado guionista de cómics Ed Brubaker, responsable de “Daredevil”, “Batman” o los “X-Men” entre otros.

La historia sobre la que orbita todo es la de un afligido policía que, junto al tipo que mató a su compañero, se encuentra a sí mismo en un submundo repleto de yakuzas, miembros de un cártel mexicano, pandillas jamaicanas, redes de prostitución y pederastia, productores de snuff movies, videntes y santeros, además de justicieros de la noche. Demasiado viejo para morir joven es un thriller burraco e híper-estilizado que se centra en la ciudad de los Ángeles si bien no elude visitar territorios más al sur. Nos habla del proceso de transformación de un grupo de personajes, entre los que se encuentran el policía y el niño bien metido a vengador antes mencionado, pero también un ex agente del FBI moribundo y una huérfana acogida por un capo de la droga, cuando estos deciden cambiar de vida y convertirse en una suerte de samuráis contemporáneos. Entendiendo esto último en clave Jeff Costello, el mítico protagonista de “El Silencio de un Hombre” de Jean-Pierre Melville. Lo cual, por cierto, supone un nexo de unión entre la figura del detective y el conductor de “Drive”, quién también remitía al personaje interpretado por Alain Delon. De hecho Miles Teller –“Whiplash”- da vida a un personaje prácticamente idéntico al que interpretó Ryan Gosling en sus colaboraciones con Refn. Un pistolero inexpresivo, solitario y parco en palabras. También es verdad que este se muestra un tanto más fiero y despiadado que aquel mecánico aspirante a campeón de la NASCAR.

La estética y el ritmo siguen la línea de las tres últimas películas de Refn, tan celebradas como denostadas. La historia se divide en diez episodios en los que da la sensación de que ha hecho lo que le ha venido en gana. Comenzando por la variable extensión de los mismos. Y es que los hay de casi dos horas, mientras que el último dura apenas treinta minutos, sumando cerca de trece horas de metraje en total. En algunos pasan un montón de cosas, pero en otros casi nada. Bien es cierto que siempre incluyen uno o varios de esos momentos en los que se desata la violencia y que son tan habituales en el cine del director danés. Coinciden también en esas largas y lentas escenas donde los personajes se toman todo el tiempo del mundo para actuar o hablar. Conversaciones que, de haberlas, se limitan a pocas palabras o frases cortas. Alguna vez asistimos a extensos soliloquios en forma de reflexiones en voz alta, que plantean escenarios próximos a los mundos de David Lynch. Alguna escena grotesca me reafirma en este punto. Dicho lo cual, una recomendación: Sed pacientes. La espera compensa.

Con todo, lo mejor que puede decirse del nuevo trabajo de NWR es que es un puto festín visual. La fotografía es espectacular, con ese diseño de luz tan particular y esos colores de alto contraste a los que Refn asigna una gama de emociones bien definida. También los títulos de crédito son una puta pasada, en la línea retro ochentas tan de su gusto. Como la banda sonora, encargada de nuevo a Cliff Martínez y en la que, además de las composiciones de quien fuera bataca en los Red Hot Chili Peppers, también suenan temas de Goldfrapp, 999, New Order, The Skatalites, Barry Manilow, Jimmy Angel, Sarabande o Judas Priest.
Y eso es todo lo que tenía que contar. Aparte de insistir en que le echéis un ojo. Que sí, estoy seguro de que habrá críticas de trazo grueso en las que eminentes juntaletras de la cosa fílmica dirán que es demasiado larga o que es más de lo mismo o bla bla bla y no sé qué pollas más. Luego está el típico desubicado que os dirá que se aburrió como las ostras. Pues muy bien… 'enga va, acepto que haya a quienes no les apasione porque sean incapaces de entrar en la historia. Yo mismo, al comienzo, me debatía entre si “Too Old to Die Young” iba para obra maestra o era una mierda sideral. Lo que sí tuve claro desde el minuto uno, es que estaba ante una sacada de chorra de dimensiones extraordinarias. Y aunque solo fuera por eso ya debéis verla. Y vaya, ahora puedo decir que si no es una puta obra maestra, se le acerca mucho. Si no al tiempo. Avisados estáis.   

martes, 10 de enero de 2017

21 pelis de este 2016

1) La llegada (Arrival), de Denis Villeneuve
Sé que no soy nada original en la elección, pero esta es la película que más me ha gustado de entre las estrenadas el pasado 2016. Aunque puede parecer otra cosa, la historia no va sobre la llegada de alienígenas a nuestro planeta o sobre si suponen una amenaza para nuestra supervivencia. Va de cuestiones más mundanas y humanas. ¿Si fuésemos capaz de ver lo que está por venir, lo evitaríamos? Pues eso... Y que Villeneuve es un puto genio y está bien que se le reconozca.
2) La doncella (Ah-Ga-Ssi), de Park Chan-wook
En la última de Chan-wook nada es lo que parece. Estamos en la Corea de los años 30, durante la ocupación japonesa y en una mansión gobernada por un tirano degenerado. Allí se dan cita varios personajes desempeñando diferentes roles, sin saber muy bien cual es el cometido real de cada uno. Visualmente muy poderosa, más que seductora ultra-sexualizada y con sus píldoras de humor negro. Las pullas entre japos y coreanos seguro que se me escapan, pero eso no lastra al conjunto. Cinta repleta de giros y con momentos deslumbrantes.
3) No respires (No breathe), de Fede Álvarez
La sorpresa del año es una humilde producción de terror en la que unos pringaos creen haber encontrado la oportunidad de cometer el robo del siglo, a costa de un ciego que vive apartado del mundo. Nada es lo que parece y, una vez dentro de la casa del susodicho, la chavalada se topará con problemas inesperados, además de descubrir secretos a los que preferirían haberse mantenido ajenos. Atrapados y luchando por sobrevivir, acaba formándose la de Dios es Cristo. Y hasta aquí puedo leer.
4) Black Mirror: San Junipero, de Owen Harris
Maravilloso episodio. El mejor de la nueva temporada de la (pseudo) serie creada por Charlie Brooker. A diferencia de las otras historias que conforman la tercera temporada, esta se desarrolla en los EEUU, en la década de los ochenta. San Junipero es una suerte de Marina d'Or, ciudad de vacaciones, con cosas de Magaluf y del Love Parade berlinés en el que se topan personas que vienen y van, pero que no sabemos de donde vienen ni hacia donde van. El final es brutal.
5) Elle, de Paul Verhoeven
La prota de este thriller hitchockiano es Isabelle Huppert y como no podía ser de otra manera, su personaje es sórdido y hasta torturado, pero siempre hipnótico. La tipa es un exitosa ejecutiva de una empresa de videojuegos que después de ser violada en casa, no sabemos si busca venganza o realmente se la suda. El gusto por la provocación de Verhoeven se transforma en una historia retorcida y sucia, protagonizada por alguien que no tenemos claro si es más víctima o verdugo.
6) Tren a Busan (Busanhaeng), de Yeon Sang-ho
Coreanada de zombis rápidos que supone un ejercicio de divertimento bastante digno. Impecable pulso narrativo y no exenta de ciertas dosis de originalidad. Lo que no es poca cosa en un género tan trillado como este de los muertos vivientes. Un virus que provoca que la peña transmute en manada de perros rabiosos se está expandiendo por toda Corea. Varios personajes que por diferentes motivos van a bordo del tren que viaja de Seúl a Busan se tendrán que enfrentar a ello. Y ya está.
7) Black Mirror: Odio nacional (Hated in the Nation), de James Hawes
¿Que pasaría si todo el odio que volcamos en la red tuviera consecuencias reales en las personas odiadas? Y no me refiero a que alguien se vea señalado y obligado a sufrir “pena de Telediario”, sino a cumplir sentencias de muerte. De eso va este Black Mirror, con expertos policiales especialistas en nuevas tecnologías que investigan una serie de misteriosas muertes conectadas con las redes sociales.
8) Comanchería (Hell or High Water), de David Mackenzie
Western crepuscular contemporáneo, en el que los vaqueros no van montados a caballo sino en camioneta. Los actores son un padre divorciado y su hermano recién salido de prisión y por otro lado un veterano y malcarado ranger de Texas y su compañero mestizo. Los primeros recurrirán a un plan suicida para poder salvar la granja familiar. Los segundos tratarán de atraparles. Todo ello bajo el árido paisaje del oeste de Texas y sus pozos de petróleo
9) Kubo y las dos cuerdas mágicas (Kubo and the Two Strings), de Travis Knight
Virguería de peli. Animación exquisita. Repleta de texturas y dotada de un poder alucinatorio que te deja espatarrao. La historia de Kubo, un niño tuerto hijo de un guerrero y una especie de bruja redimida que vive tranquilamente en una aldea de Japón. El crío tiene la habilidad de generar figuras de papiroflexia que cobran vida cuando toca su shamisen. Lo cual le vendrá bien cuando se vea perseguido por dioses y monstruos. Aunque la historia es lo de menos.
10) El hombre de las mil caras, de Alberto Rodríguez
La intrahistoria del affaire Roldán, con el enigmático agente secreto Francisco Paesa de protagonista. Como el tal Paesa urde su dulce venganza contra el gobierno español, que le había traicionado anteriormente. Una operación de trileros que terminaría con el entonces director general de la Guardia Civil en prisión y los bolsillos del agente repletos de pasta. Todo ello dirigido con muy buen pulso por el tío de “La isla mínima” y con un gran Eduard Fernández en el papel principal.
11) Tarde para la ira, de Raúl Arévalo
Debut a lo Peckinpah del otrora actor. La historia de una venganza cocida a fuego lento por un personaje aparentemente inofensivo. Bien construida y bien narrada, la película es un thriller con aroma clásico en el que Antonio de la Torre hace las veces de aquel Bill Foster interpretado por Michael Douglas en “Un día de furia”. Si bien, las causas de José generan más empatía que las del hijo de Kirk.
12) The neon demon, de Nicolas Winding Refn
Vale. Es verdad que el danés está perdiendo la chaveta y que en uno de sus ejercicios de onanismo salvaje va a acabar asfixiado como el cantante de INXS. Pero es que el tío es capaz de crear unas imágenes tan bestias, que resulta imposible resistirse a sus encantos. La nueva viene a ser una reinterpretación libérrima del cuento de Blancanieves en clave posmoderna, gore y sin final feliz. Fábula sobre chica guapa que quiere triunfar en un mundillo donde todo vale.

13) Neruda, de Pablo Larraín
Larraín se deja su lado malroller y dedica los esfuerzos a contarnos la vida y milagros, en clave poético-policial, de uno de los mitos de las letras universales. Relato que va más allá del mero biopic donde el realizador entremezcla hechos históricos junto a pasajes extraídos de la obra de don Ricardo Neftalí Reyes. De como su persecución política le sirve de acicate para escribir esos poemas que lo convertirían en símbolo de la libertad. Denuncia social que no se agota en el momento histórico en el cual se ubica la trama. Y a ese speech final en boca del comisario Óscar Peluchonneau, que parece dirigido a Larraín padre, me remito.
14) Animales nocturnos (Nocturnal animals), de Tom Ford
Esta peli podía haber sido la hostia si su director lo hubiese querido así. Narra la historia de una pija mental que, años después de abandonar cruelmente a su primer marido, recibe un paquete de este con su primera novela. A medida que esta se va sumergiendo en la narración, la historia se va bifurcando y el desarrollo tiene dos frentes con evidentes paralelismos. El primero es la historia principal, repleta de ornamento pero con poca chicha. El segundo es la historia novelada turbia y hechizante. Aún así muy potente.
15) Zootrópolis (Zootopia), de Byron Howard y Rich Moore
Enésima producción de la Disney aplaudida por medio mundo. Animación protagonizada por animalicos y en donde, de una forma edulcorada, se explica a los nenes que el racismo es malo, que los prejuicios nos empobrecen y que hasta un insignificante conejo puede aspirar a cumplir sus sueños. Eso y que to'r mundo ej güeno y por eso hasta los zorros y las gallinas se pueden hacer amiguitos. Vale, ya sé que suena a anuncio de Campofrío o a programa electoral de Ciudadanos. Y hasta puede que lo sea. Pero es chula. Believe in me.
16) Black Mirror: Cállate y baila (Shut up and dance), de James Watkins
No es el mejor de los episodios de esta temporada, pero a mí me ha encantado. Va de un chaval bien nerd que se ve obligado a colaborar con un desconocido tras ser chantajeado por teléfono tras hacer algo que no tenemos demasiado claro que es hasta el final. Las cosas se van complicando, los personajes unidos a la trama se van multiplicando, los pecados a purgar se van agravando y así hasta la drástica resolución final. Por el camino todo transcurre a doscientos por hora. Con prisa y sin pausa. 

17) Captain Fantastic, de Matt Ross
La historia de Viggo de los bosques y su familia de niños arios asalvajados tiene su gracia. Pasando por alto algún pasaje hiperbólico y esos momentos de sobre explicación hacia el final, está bastante bien llevada y resuelta. Su principal virtud estriba en como capta esas imágenes con las que nos explica las ventajas y contradicciones de un complejo experimento social antisistema. Vemos que es lo que pasa y como eso repercute en la capacidad adaptación de unos críos a la sociedad moderna. Y como manejan los vínculos familiares. También te ríes, lo cual nunca va mal. 
18) Deadpool, de Tim Miller
No soy mucho de superhéroes y quizás por eso me gustó tanto este engender cinematográfico. Anti-héroe de la Marvel, chulo, vacilón y movido por objetivos no necesariamente nobles, que se pasa el día buscando venganza y burlándose de todo bicho viviente. Con escenas espectaculares y varios gags de humor que convierten a la película en una comedia de humor negro-chusco sobre superhéroes. Bastante original.
19) Dos buenos tipos (The nice guys), de Shane Black
Me lo pasé realmente bien viendo este estreno comercial, ambientado en Los Ángeles durante la década de los setenta. Hay un detective triunfador y un matón de tres al cuarto que se ven obligados a colaborar para resolver varios casos relacionados entre sí. Con la incipiente industria del porno californiano de fondo y la implicación de las altas esferas. Repleta de golpes de efecto cómicos, a lo Blake Edwards. Gosling bien y Crowe muy bien.
20) El extraño (Goksung), de Na Hong-jin
Cinta de terror clásico. Policíaco coreano. Humor a lo Shin Chan. Sin la tercera parte estaríamos ante una obra maestra. En un lluvioso pueblo se suceden una serie de extraños asesinatos. Entre la incompetencia policial y que las muertes no cesan, el pueblo saca a relucir sus prejuicios y supersticiones para acusar a un anciano japonés que vive en el bosque. Para acabar de liarlo todo, la propia policía recurre a un chamán. Imagineria muy potente.
21) Calle Cloverfield 10 (10 Cloverfield Lane), de Dan Trachtenberg
Lo mejor de este film es la mezcla de géneros. De como un thriller puede convertirse en una peli de terror o en puro sci-fi. Una chica tiene un accidente de coche y despierta en una celda bajo tierra. Su aparente secuestrador le cuenta que la ha salvado de un ataque químico que ha hecho de la Tierra un lugar inhabitable. O lo tomas o lo dejas. La cuestión es sobrevivir. Y hasta donde está uno dispuesto a llegar para ello.

jueves, 12 de septiembre de 2013

Bron/Broen/The Bridge/El Puente

...y mientras paladeo la última joyita que nos ha regalado ese señor tan sueco él, a pesar de ser moreno y apellidarse González, que anda detrás de Junip, yo sigo a lo mío y a vueltas con la ficción escandinava de la que tan bien os hablé hace escasamente un mes

Le toca el turno a “Bron/Broen”, que viene a traducirse como “el puente” en sueco y en danés (y es que son buenos vecinos hasta para esto). Pues bien, estamos ante una interesante co-producción de diez episodios, si bien, según he podido leer en algunos foros, se anuncia una segunda temporada con otros tantos. Bebiendo de las mismas fuentes de las que se nutría “Forbrydelsen” y con un patrón bastante similar, la primera temporada de “Bron/Broen” se concentra en una única investigación policial que habrá de llevar a dos detectives, uno danés y la otra sueca, hasta resolver un complejo crimen acaecido en la frontera entre ambos países. En concreto todo se inicia en medio del puente Oresund. Sí amigos viajeros, hablamos de ese puentarraco de ocho kilómetros que comunica la capital danesa, Copenhague, con la ciudad sueca de Malmö. Allí se encontrarán Saga Noren, una atractiva detective sueca con síndrome de Asperger y Martin Rohde, orondo y bonachón policía danés de risa inolvidable que, a modo de curiosidad, está interpretado por alguien que os resultará bastante familiar si sois fans de la trilogía “Pusher” de Nicolas Winding Refn.

Siguiendo la mejor tradición de la novela negra escandinava, la de Mankell o Indridasson que no la de los Larsson, la investigación y las vidas de los protagonistas se irán enredando conforme avancemos en la trama. Aparecerán nuevos crímenes y conexiones que nos harán dudar de todo lo que anteriormente dimos por sentando. Encima las implicaciones irán alcanzando a todos los estamentos de la sociedad y como buenos escandinavos, lo hará sin dejar de lado las cuestiones de tipo social. En paralelo a todo ello iremos descubriendo el lado más íntimo de nuestros protagonistas, Martin y Saga. Eso sí, tengo que decir que el personaje femenino, siendo bueno, no llega a emocionarme tanto como la enorme Sarah Lund de "Forbrydelsen".

En definitiva estamos ante otra gran serie surgida del frío. Producto de gran calidad que es perfectamente exportable a todo el mundo, como de hecho así ha sido, excepción hecha de los EEUU. Y es que, como bien sabréis, los gringos sufren aversión por la cosa de los subtítulos. De ahí que hayan rodado un libérrimo remake titulado “The Bridge”, que sitúa la acción en la frontera entre México y los USA. Creo que la están dando en La Sexta. ¡Na´que rascar ahí!

Y ya termino. Con lo mismo que empecé, Junip y su nuevo disco homónimo. ¡Joer que bueno es! En serio, que son varios meses intentando hacer ver que este álbum me gusta mucho menos de lo que realmente me gusta. ¡Qué coño me gusta! ¡¡¡Me encanta!!! Quién te ha visto y quién te ve y sombra de lo que eras Suloki... ¡Viva José González y la madre que lo parió! Tack.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Drive, de Nicolas Winding Refn


Una recomendación a tener muy en cuenta: no dejéis de ver “Drive” de Nicolas Winding Refn. Es una auténtica maravilla de esas que a uno le alegran el día, la semana y hasta el mes, aún cuando sean tan aciagos como los que a mí me están tocando vivir. “Drive” es cine negro del bueno, del que bebe de las mejores fuentes y es capaz de adaptarse a los nuevos tiempos. Es una película enamorada tanto del cinema noir como de la violencia ultramoderna, sin embargo y aunque parezca una contradicción con lo que acabo de decir, “Drive” no dedica demasiado tiempo a las hostias y a la sangre, pero lo poco que sale en pantalla es intensísimo y perturbador. Como toda ella en su conjunto, con sus planos largos, con los silencios de sus personajes… Elegante, fría, rara como ella sola, amarguísima y lírica -¡pero mucho mucho!- eso es “Drive”, el thriller del año sin duda. Una obra hechizante al cargo de este semi-desconocido director danés al que he dedicado dos entradas seguidas más que merecidas.

Una entrada para él solo merecería el personaje de “el chico”, ese driver fantásticamente interpretado por Ryan Gosling. Un winner-loser -cuando veáis la peli lo entenderéis- con un perfil nihilista y de signo trágico que, como bien indica el crítico cinematográfico de “La Vanguardia”, nos remite al personaje de Alain Delon en la obra maestra de Jean Pierre Melville “El silencio de un hombre”. Poca broma. Sin embargo no os hablaré de ello, es mejor que lo descubráis por vosotros mismos. Sí que me detendré en la banda sonora del film. Quiero hacer hincapié en ello porque, aún siendo poco lo que he visto de Winding Refn, tengo la impresión de que es algo de lo que se preocupa muchísimo. Por lo que a “Drive” respecta el mérito es enorme y es que no se puede elegir una música más lamentable e integrarla de mejor manera en una trama. Mayormente compuesta y recopilada por Cliff Martínez, ex baterista de los Red Hot Chili Peppers y Captain Beefheart, presenta una serie de cortes de música electrónica, ambient y/o synth pop, con una estética retro ochentas que en ocasiones nos recuerda a la EBM alemana y en otras a la electrónica francesa. Lo dicho, una música bastante deficiente pero que le va como anillo al dedo a esta película.

Alabado sea Nicolas Winding Refn por hacernos disfrutar de esa manera.    

domingo, 25 de diciembre de 2011

Me llamo Charlie Bronson


Existen al menos dos Charles Bronson que hayan alcanzado fama internacional en el desempeño de sus profesiones. Si bien ninguno de ellos llegó a tener algo parecido a una profesión y ni siquiera su nombre real es ese. El más conocido se supone que actuaba o más bien se ponía ante las cámaras para que alguien rodara su inexpresividad. Fue bautizado con el nombre de Charles Dennis Buchinski y era un estadounidense de origen lituano. Seguro que le conoceréis de alguna mala tarde cara la caja tonta. Interpretaba habitualmente papeles de tipo duro en peliculillas como “Mr. Majestyk”, “El justiciero de la ciudad” o “Nevada Express” por poner tres funestos ejemplos. El segundo Charles Bronson se llama realmente Michael Peterson y está considerado aún hoy día como el hombre más peligroso del Reino Unido. Por su carácter extremadamente violento, cumple condena en un módulo de aislamiento, sin contacto con otros presos, en el penal de máxima seguridad de Wakefield. Pues bien, mira tú por donde que hay una película sobre la vida y milagros de este figura, que encima está dirigida por Nicolas Winding Refn. El treintañero de origen danés que ya me llamó la atención gracias al extraño film épico “Valhalla Rising” y que obtuvo la pasada Palma de Oro de Cannes como mejor director por “Drive”. Por eso la vi y la verdad es que me gustó bastante.    

“Bronson” the movie, narra la verdadera historia de este salvaje ex boxeador que lleva la friolera de 36 años en prisión. He visto por la red de redes que algún crítico la ha definido como "la naranja mecánica del siglo XXI" y vale, tampoco es para tanto. Si bien, como he dejado entrever, me parece una cinta más que decente y bastante interesante por lo que se cuenta y por como se nos cuenta. Y es que al igual que ocurría con “Valhalla Rising”, en lo visual es potentísima. Pero a diferencia de aquella, “Bronson” se decanta por una estética parecida a esa con la que ha hecho fortuna el ex de Madonna, Guy Ritchie, en films como “Snatch, cerdos y diamantes”, “RocknRolla” y demás. Así pues “Bronson” viene a ser un largo videoclip con un montaje pretencioso, pero impactante. Muy logrado, vaya. Además entronca con la larga tradición de biopics fílmicos sobre outsiders provenientes de la pérfida Albión (los hay sobre John McVicar, Buster Edwards, Martin "el General" Cahill...). Con todo, lo que más me ha gustado es el empleo de la música. Perfectamente integrada en las diferentes escenas pero sin abusar de ella. Tocando la fibra en lo emocional y eso a pesar de la variedad. ¡Y es que suenan desde Leo Delibes o Verdi hasta los Pet Shop Boys!  
Nacido en Gales, en 1952, la peripecia vital de este Bronson comienza con un robo a mano armada que le llevaría a prisión con una condena de siete años. Pero los sangrientos incidentes que fue provocando por las diferentes prisiones que le tocó visitar, tuvieron como consecuencia un notable incremento en su periodo de reclusión. En una ocasión tomó como rehenes a dos presos iraquíes a los que obligó a que le llamaran general. Después amenazó con comerse a uno de ellos si no se cumplían sus peticiones: un helicóptero para volar a Cuba, dos metralletas Uzi, cinco mil recambios de munición y un hacha. Sin embargo el angelito y con motivo del estreno de la película en 2009, se justificaba del siguiente modo: “La gente verá lo que fui en un tiempo: un hombre atrapado en un malvado y corrupto sistema penal. No saco pecho. Fui realmente horrible, violento, malo. No estoy orgulloso de ello, pero tampoco me avergüenzo, porque por cada golpe que he dado he recibido veintiuno”. En fin, que no me corresponde a mí juzgar al amigo Bronson, pero echarle un ojo a la peli a ver que os parece.

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