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domingo, 25 de enero de 2009

Eastwood sigue en forma: El intercambio


Pues me ha gustado un huevo “El intercambio”. Así de claro.

Y no es que dudara del genio de Eastwood, probablemente el director de cine vivo que más interés me despierta y el único al cual idolatro. Pero alguna mala crítica al cargo de personas de las que me fío y el hecho de que el papel protagonista estuviera reservado para Angelina Jolie, a quien no soporto, me hicieron plantearme si merecía la pena gastarse los siete euros de rigor que cuesta la entrada al cine. Pasándolo por alto me acerqué a una céntrica multisala de mi ciudad para extraer mis propias conclusiones.

Dirigida en el 2008, “El intercambio” es el último trabajo de este veteranísimo director californiano, a la espera de que se estrene “Gran Torino”. Narra la historia de Christine Collins, una madre coraje que vivió una película de terror real a finales de los años veinte en la ciudad de Los Ángeles, tras la desaparición de su único hijo. Desde ese momento consagra su vida a tratar de encontrarle. La pesadilla no hace más que comenzar, agravándose cuando la corrupta policía angelina, en una rocambolesca operación de lavado de cara, decide entregarle un chiquillo que, a pesar de guardar cierto parecido, evidentemente no es su hijo. Ante las negativas a aceptar al intruso, el Departamento de Policía de Los Angeles llegará a internarla en un psiquiátrico, imputándole una incapacidad de discernir entre la realidad y la ficción.

Tras un argumento aparentemente simple, Eastwood impresiona con una historia sobre el amor maternal, sobre el dolor, sobre la pérdida, la verdad, sobre la corrupción policial, la dignidad personal, sobre la injusticia y la degeneración de la especie humana. Elegante y precisa en los detalles, está repleta de momentos sombríos, absolutamente aterradores, en los que la tensión se corta con un cuchillo.

Lo cierto es que tiene bien merecida la aclamación unánime del público durante la última edición del Festival de Cannes y las excelentes críticas que ha ido obteniendo. Es una película de Clint Eastwood, no podía ser del montón y doy fe de ello. Muy buena. Y la Jolie ni tan mal, que tiene mérito la cosa.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Unforgiven


Cenando el pasado sábado, entre copita de Montsant y tercio de Alhambra, un amigo me hizo recordar una de las mejores escenas jamás filmadas. Pasaje icónico en la historia del séptimo arte, que supongo se estudiará en las facultades de cine de medio mundo. Y si no debería...  Se incluye hacia el final de esa obra maestra dirigida y protagonizada por el maestro Clint Eastwood allá por el 1992 y que se titula “Sin perdón”. Aquí os dejo esos gloriosos minutos de tamaño western crepuscular tal cual los he encontrado en el youtube. Sirva de modesto homenaje a un gran actor y excepcional director al que en algún momento echaremos de menos.
“- ¿Quién es el dueño de esta pocilga?
Tú, bola de grasa, contesta.
- Eh, yo soy el dueño de este local.
Se lo compré a Greely por 1.000 dólares.
- Será mejor que se aparte.
- Baje ese rifle, ¡quieto!
(¡¡¡BANG!!!)
- ¡Es usted un miserable y cobarde hijo de perra!
Ha matado a un hombre desarmado.

- Pues debió haberse armado cuando decidió decorar su Salón con mi amigo”
“- Ahora voy a salir, si veo a algún cabrón ahí fuera, le mataré, y si a algún cabrón se le ocurre dispararme, no solo le mataré a él, sino que mataré a su mujer, a todos sus amigos, y quemaré su maldita casa, ¿Me habéis oído? - Deberíais enterrar a Ned como dios manda... y como alguno de vosotros vuelva a maltratar a otra puta, volveré aquí y os mataré a todos, malditos hijos de perra”

miércoles, 16 de abril de 2008

El caso McCann según Ben Affleck


“Adiós pequeña, adiós” constituye el debut cinematográfico de Ben Affleck como director. Conocido por su faceta como actor y también como guionista, en donde ha sido galardonado con un Oscar por el guión de “El indomable Will Hunting”, Affleck adapta aquí el best seller de Dennis Lehane “Desapareció una noche”. En su ópera prima se ha rodeado de un interesante elenco actoral, destacando la presencia de su hermano Casey en el papel protagonista, pero también Ed Harris y Morgan Freeman en roles secundarios.

La película arranca con la desaparición de una niña en un barrio obrero de Boston. A raíz de este dramático acontecimiento, dos detectives privados contratados por la familia se dedicarán a buscar pistas que les conduzcan al paradero de la pequeña. Pero conforme avanzan en la investigación, se van adentrando más y más en un oscuro mundo repleto de camellos, drogadictos, ex–presidiarios, pedófilos y hasta policías corruptos.

A pesar de venir precedida de muy buenas críticas, opino que nos encontramos ante una película bastante mediocre. Su principal laguna está en el desastroso desarrollo de la narración. A saltos, repleta de imprecisiones y absolutamente tramposa. ¿A quién coño se le ocurrieron esas escenas explicativas utilizando la voz en off? Unos vicios que lastran irremediablemente una historia que se muestra incapaz de levantar el vuelo en ningún momento. Además la trama se desarrolla de una forma un tanto irreal, alternando torpemente enfoques propios de una película costumbrista, con otros dotados de una carga dramática digna de un telefilm “basado en hechos reales”. Y esto es lo peor de todo, ya que al acabar de verla, la sensación que queda es la de haber presenciado cualquier basura de esas que programan en la sobremesa de Antena 3.

La interpretación de los actores tampoco juega en favor del conjunto, siendo Casey Affleck el único que se salva, por poco, de la quema. Es más, hay personajes fatalmente trabajados como esa madre drogadicta que ni siente ni padece, interpretada por Amy Ryan (¡que estuvo nominada al Oscar por este papel!...me lo expliquen). O la compañera del protagonista, a quien pone cara Michelle Monaghan, personaje con una participación muy imprecisa. Eso sí, muy guapa la chica. Bueno, ¿y ese final? En fin... Me lo reservo para que lo degustéis. 
Positivo, lo que se dice positivo, poco o nada. Tal vez las escenas que se desarrollan en la casa de los pedófilos, que tienen bastante fuerza. Pero parece poca cosa para las casi dos horas que dura el film. Y es que da la sensación de que a Ben Affleck aún le queda mucho por aprender. 

Por último mencionar que durante toda la película he tenido la sensación de que, o bien el director o el autor de la novela, o ambos en connivencia, se han dedicado a fabular sobre el posible desenlace del famoso caso Maddy McCann. Creo que esto ya fue planteado por algunos periodistas tras su estreno. Los productores negaron la mayor. Pero vaya, cuesta mucho abstraerse de las similitudes.

Añadir que, como aún no he leído nada escrito por Dennis Lehane, no puedo valorar sus dotes como literato. Pero sabiendo que entre sus novelas más conocidas está “Mystic River”, origen de la extraordinaria película dirigida por Clint Eastwood en 2003, resulta tentador establecer una comparación entre ambas adaptaciones. No sé si acabaré leyendo cualquiera de estas dos novelas. En todo caso, apostaría que Ben Affleck no sale bien parado. Vaya, que más allá de la calidad de las obras, Ben no es Clint. Ni creo que llegue a serlo nunca.
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