El
angelino Ry Cooder es un artista que me gusta, en ocasiones muchísimo. Esta
portada corresponde a una de sus obras más reconocidas, “Paradise and Lunch” de 1987,
que, sin embargo, no es una de mis favoritas. No digo que sea un mal disco,
simplemente es que si tengo que elegir prefiero la “Paris Texas soundtrack” (1984), o su trilogía más reciente compuesta
por “Chavez Ravine” (2005), “My name is Buddy” (2007) y “I, Flathead” (2008). De todas formas no
escribo estas líneas para valorar ni este álbum, ni la fantástica trayectoria musical de
Ry Cooder. Mi única intención es señalar el mal gusto de uno de los reyes del slide guitar a la hora de elegir diseños
de portada. ¡Manda cojones! ¡Qué cosa más horrorosa! Y es que cuando fui a comprar este disco, por poco si no lo dejo en la tienda por culpa de esa cosa. Un fondo amarillo fosforito con una foto sobreimpresionada en la que el californiano adopta la "mejor" de sus muecas, con horrorosas letras pintadas con rotulador y, para rematar la faena, unas florecitas y un ¿Martini? en un lateral. En fin, una gozada para los sentidos. Y un gran reclamo para posibles compradores. Vamos, que
tratándose de uno de los 100 guitarristas más grandes de todos los tiempos –en el
puesto 8 según la revista Rolling Stone- debería de poner más cuidado en este tipo de
cuestiones. Tampoco creo que sea tan complicado. Luego se quejará de que la peña no compra sus discos y tal…
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domingo, 15 de agosto de 2010
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