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miércoles, 5 de junio de 2019

Cosas (y) materiales, de Mark Miodownik

En la última entrada, recordaba el día que me forcé a no escribir más sobre política en este blog. El caso es que aquella decisión iba unida a dedicarle más tiempo y espacio a temáticas algo más gratas. Darle un poco de vidilla a los temas culturales e introducir cuestiones de tipo filosófico o hasta científico. Cosa que, para ser honesto, no he cumplido. En mi descargo diré que no me interesa demasiado la filosofía y que no tengo mucha idea sobre ciencia. Aristóteles me la refanfinfla y por otro lado siempre fui un analfabeto científico. Y digo esto último con pesar. Cuando era un crío se supone que iba para químico. Al menos eso me cuentan.

No es cuestión baladí esta del analfabetismo científico. Todo quisqui tiene una opinión sobre medicina, nutrición, cambio climático o el origen del Universo, pero casi nadie tiene una base mínima para opinar con propiedad. Y vale que esto no ocurre solo con la ciencia. Ese ventilador de mierda que es la todología y el cuñadismo reinante lo salpican prácticamente todo. Yo mismo me he topado con peña que me ha discutido la eficacia de un acto administrativo, o la aplicación del régimen de mínimis a una determinada subvención, y que no ha abierto un libro de derecho en su puta vida. Tipos que creen que García de Enterría es una marca de quesos o que el tal Mínimis es el enano que salía junto al Dr. Maligno en “Austin Powers”. Aunque tampoco consuela. Ya sabemos que mal de muchos…

El término analfabeto designa la condición de aquel que no sabe leer y escribir. Luego están los analfabetos funcionales, que son quienes aun sabiendo leer y escribir, no comprenden lo que leen o no tienen la capacidad de poner por escrito una idea o aquello que quieren comunicar. De forma análoga se designa como analfabeto científico a quien desconoce lo que es la ciencia y sus métodos. Y es preocupante verificar como está de extendido ese mal. Situación que debería alarmarnos, pues la ciencia no es sólo un atributo ventajoso para la especie, sino que es un elemento indispensable para nuestra supervivencia. Supongamos que la ciencia desapareciera mañana. Palmaríamos ipso facto. Así pues, nos va la vida en ello.  

Con todo tampoco es necesario que todos nos doctoremos en química, física, biología o cualquier mandanga similar. Bastaría con adquirir un conocimiento básico y mínimo, suficiente para apreciar el mundo que nos rodea y a la vez tomar decisiones informadas. Comprender los temas críticos con los que uno se topa a diario en las noticias o en los debates públicos y apreciar como las leyes naturales afectan a nuestras vidas. Más allá de eso, siempre se puede tirar de amiguetes profesionales del ramo, para a resolver las dudas. O de los divulgadores científicos. Los imprescindibles Punsets de la vida (D.E.P.). Unos tipos que, guste más o menos, son capaces de trasmitir conceptos e ideas complejas de forma sencilla y comprensible hasta para un cenutrio como yo. Y aquí es cuando llegamos al librito de Mark Miodownik.

Se titula “Cosas (y) materiales. La magia de los objetos que nos rodean” y fue galardonado con el premio Winton de la Royal Society al mejor libro de ciencias. Y no me extraña. Lo que ha conseguido este ingeniero especializado en la ciencia de los materiales, además de profesor e investigador del University College de Londres es tremendo. ¡Que nos interesemos por los materiales de los objetos que nos rodean! Desde los más corrientes hasta los inventos más punteros, porque todo está hecho de algún material que expresa, de manera compleja, las necesidades y los deseos humanos. Para crearlos hay que hacer algo extraordinario: investigar a fondo su estructura interna. Y de eso es de lo que se ocupa la ciencia de los materiales, que tiene miles de años de antigüedad y es igual de importante o más que las otras ciencias aunque sea menos conocida. Y que la música, la pintura, el cine, la literatura...

Y es que todos somos, consciente o inconscientemente, sensibles a la importancia de los materiales. En cada aspecto de nuestras vidas elegimos materiales que reflejan nuestros valores, ya sean los azulejos de nuestro baño, los muebles del comedor o las cortinas del dormitorio. Del mismo modo, otros nos imponen sus valores en nuestros lugares de trabajo, ciudades o aeropuertos. El mundo material vive una continua reflexión, absorción y expresión que constantemente redibuja los significados de los materiales a nuestro alrededor. Porque al final, los materiales son un reflejo de quienes somos y una expresión, a diversas escalas, de nuestros deseos y necesidades.     

El ensayo de Miodownik nos cuenta todo eso y mucho más, desvelando los secretos y las historias que hay detrás del papel, el cristal, la porcelana, el chocolate o el hormigón. Partiendo por una cuchilla de afeitar, pasando a una taza de té, un billete de un dólar, el motor de un avión supersónico, la cúpula del Panteón de Agripa, una tableta de chocolate Fry’s, la suela de unas zapatillas, un rollo de película o un empaste dental... cada uno relata una historia que inspira asombro ante la capacidad del ser humano para crear. 
Entretenidísimo libro sobre ciencia e inventos que arroja bastante luz sobre esta sociedad de merluzos.

lunes, 16 de mayo de 2016

Llamadle Ismael, joder...

Al parecer, aunque sea científicamente inexacto o al menos no todo lo exacto que debiera, usamos el término ballena en un sentido demasiado amplio, refiriéndonos a todos los grandes cetáceos incluidos en el suborden Mysticeti como el rorcual azul y a varias especies del suborden Odontoceti como por ejemplo el cachalote. A Philip Hoare, editor de fanzines, ex-mánager de alguna banda punkarra, diseñador de portadas de discos e incluso dueño de una discográfica, le sienta muy bien ese trazo grueso. ¡Y es que le molan todos ellos! Siente auténtica pasión por estos enormes mamíferos marinos, ¡incluso obsesión! Y no solo por las ballenas, sino por todo el universo formado en torno a ellas. Incluyendo ahí -¿cómo no?- a Herman Melville y a su ballena asesina. 

Reconozco que, hasta introducirme en este absorvente ensayo titulado "Leviatán o la ballena", a mí, el mundillo de los cetáceos ni fu ni fa. Ni siquiera he leído el ópus magnum de Herman Melville -cuestión esta que pienso enmendar en breve- siendo mi único acercamiento a Ismael, el siniestro capitán Ahab y la historia de Moby Dick, el que me llegó a través de la adaptación cinematográfica firmada por John Huston en el año 56.

Con esos antecedentes no se entiende muy bien el regocijo que ha supuesto para mí la lectura de este tocho publicado en 2.009 y ganador ese mismo año del Premio Samuel Johnson al mejor ensayo en Reino Unido. Pero es que el entusiasmo que muestra su autor por las ballenas es contagioso. Hoare irradia pasión por el bicharraco de marras y nos lo transmite en un volcado de datos históricos, literarios y en menor medida científicos. Todo ello trufado por un cúmulo de vivencias y experiencias personales que hacen que el libro transite entre el rigor del ensayo zoológico, la curiosidad que suscita la literatura de viajes y lo ameno de una novelilla de aventuras.

Una verdadera obra maestra sobre la contradictoria relación que el hombre ha mantenido con esos leviatanes del mar a lo largo de la historia. En algunos casos con posiciones no tan alejadas a la de aquel capitán del Pequod, barco ballenero de "Moby Dick", que consagró su vida a navegar por los siete mares con el fin de capturar a su presa. 

Un gran libro que puede suponer un buen punto de partida para explorar el mito y el misterio de esos grandes e incomprendidos mamíferos marinos.

martes, 4 de marzo de 2014

Recomendación (pseudo) literararia

Por definición, la literatura es el arte que utiliza como instrumento la palabra. Pues bien, es mentira, se ponga como se pongan la R.A.E., el I.E.C., la Academia Francesa y hasta la Wikipedia. ¿Y eso porqué? Pues porque hay libros que sin incluir una sola letra, cuentan muchas más cosas que otros repletos de palabras. Os estoy hablando - y recomendando-  "Retratos" del italiano Tullio Pericoli. Un tocho de más de 600 páginas entre las que se incluyen 580 biografías gráficas de otros tantos célebres personajes de la política, la ciencia, el cine y la televisión, la literatura, la música y el arte en general. Y es que, como reza el refrán, una imagen vale más que mil palabras.  

[mercy monsieur Kaixeta]

lunes, 25 de abril de 2011

I know, it's only a fuckin' hexagon, but I like it...

“Cuanto más me hablan del universo, menos me interesa”. Esta frase, que podría haber sido dicha por cualquier sabio, es genuinamente mía. Y es que, últimamente, me veo sometido a intensas sesiones en las que un par de amigos pretenden catequizarme con las máximas de Carl Sagan y demás colla de tronaos acerca del cosmos. Gran parte de culpa la tiene el diario Público y sus entregas dominicales, esa colección de deuvedés del History Chanel que hablan sobre los misterios del universo. Unos videos que me aseguran son harto interesantes y muy, pero que muy, educativos… ¡Sobretodo si tienes doce años leñe! Parafraseando a los Manel, que la infantesa serà divertida, màgica, lliure, d’acord, acceptat, però no hi ha tant temps per perdre i, tard o d’hora, només queda una veritat” Y esa verdad es que bastantes problemas tenemos aquí, ya no en el planeta Tierra sino aquí mismo en el “cap i casal”,  como para preocuparnos de lo que ocurre allende las galaxias. El caso es que mis amigos siguen con su labor de zapa sin percibir cual es el nivel de mesinfotina endógena que produce mi organismo en cuanto se ve atacado por este tipo de cuestiones. Coño, que yo me dormía con los dibujos de “Érase una vez... el espacio”. Que el único cosmos por el cual tengo algo de interés es por el mítico New York Cosmos de Pelé y Beckenbauer.     

Todo esto para introducir el temita de ayer, unas imágenes publicadas por la NASA (entidad sobrevalorada donde las haya), en las que se percibe una extraña figura hexagonal que se sitúa en el polo norte de Saturno. Al parecer las imágenes ya fueron tomadas hace veinte años por la sonda Voyager y ahora han sido confirmadas por otras tomadas desde la nave Cassini. "Se trata de un fenómeno muy extraño, con unas formas geométricas casi perfectas, porque en el hexágono se pueden apreciar seis lados rectos que discurren en paralelo", dice un menda que trabaja allí y que al parecer es “experto en fenómenos atmosféricos”… guauuuuu!!! "Nunca hemos visto nada parecido en otro planeta” matiza el tío, como si eso le diera mayor valor al descubrimiento. ¡Que habéis descubierto un puto hexágono so mamón! No quiero ni pensar si este tío diese con la cura del cáncer o revelara que la velocidad con que se quita una tirita determina el grado de dolor. “Desde luego, la espesa atmósfera de Saturno, hace que éste sea uno de los últimos lugares donde hubiéramos esperado ver una figura geométrica tan regular", matizó, en plan americanero, oseasé, algo así como “¿¡qué demonios!? ¿¡Es eso un jodido hexágono man!?, ¡joooder!”.

En fin, maravilloso, maravilloso. Magnánima figura de 25.000 kilómetros en la que, según calculan estos tíos de la NASA, podrían caber hasta cuatro planetas del tamaño de la Tierra. A ver si es verdad, nos abducen y nos vamos todos a tomar por culo. Veis I. & M. como en el fondo sí que me interesa el puto universo. 

Por cierto, universo con u minúscula, ¡ya está bien de estafar!

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Tiran más dos tetas…

Ya era hora de que el New England Journal of Medicine, la revista referente en investigación y economía médica, publicase un estudio medianamente interesante. Estos científicos locos, siempre tan preocupados en investigar sobre chorradas que no interesan a nadie –curar el cáncer y ese tipo de cuestiones, ya me entendéis-, por fin, después de tropecientosmil tediosos artículos, nos ofrecen uno como Dios manda que viene a concluir lo siguiente: “Los hombres que miran cada día las tetas de una mujer pueden vivir hasta 5 años más”. ¡Pos claro coño! Eso si que es ciencia y lo demás son tonterías!!!

No va de broma. El estudio es obra de la doctora Karen Weatherby, gerontóloga alemana especialista en estas cuestiones, quien concluye que “basta con diez minutos al día para notar este efecto”. Al menos eso es lo que se desprende de las pruebas realizadas durante casi siete años en varios hospitales de Francfort. La cosa fue más o menos tal que así: Se hizo un seguimiento a cuatrocientos hombres que fueron monitorizados durante esos años. A doscientos de ellos se los puso delante de un buen par de tetas durante diez minutos al día, mientras que a los otros doscientos se los dispuso de cara a la pared. Al finalizar las sesiones, se pudo comprobar como los afortunados observadores del pechamen femenino tenían mejor presión arterial y menor riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares ya que, según explica, “la excitación sexual hace que el corazón bombeé más y aumenta la circulación de la sangre“. Además los resultados indican que con este delicioso ejercicio se reduce a la mitad el riesgo de sufrir un ataque al corazón”. Por lo que la doctora termina recomendando esta práctica, especialmente los mayores de 40 años, ya que esta actividad equivale a treinta minutos diarios de ejercicio en el gimnasio… ¿y quien quiere correr cuando puede estar mirando tetas? Así que ya lo saben señoras/señoritas, ¡colaboren con la ciencia! Ja ja ja Todo es por una buena causa.

Lo que no comenta el estudio es sí esos beneficios en el sistema cardiovascular serían mayores si además de mirar, se llegan a tocar las susodichas mamellas. Cuestión esta que, sin duda alguna, formará parte del nuevo estudio de la doctora.

Ahora en serio… ya sé que la investigación científica –y especialmente la biomédica- debe ser potenciada por las administraciones. Pero hombre, lo que no pué ser es que se dediquen a financiar tontás como esta. Por qué no es un caso puntual, no... fijaos en los estudios e investigaciones galardonados anualmente con el Premio Ig Nobel. Sin ir más lejos, este 2010 se ha premiado a unos tipos que consagran su vida a perfeccionar un método para recoger mocos de ballena mediante un helicóptero de radio control (wtf???), o a otros que han descubierto que los síntomas del asma pueden ser tratados con una vuelta en una Montaña Rusa (guaaaaauuuu!!!), o mi favorito de todos ellos, el premio de Biología otorgado a unos científicos chinos e ingleses que documentaron científicamente la felación en los murciélagos de la fruta. ¿Y cómo coño se documenta eso “científicamente”? En fin, como observareis, todo es superinteresante y profundamente revelador… ¡manda webs!

Ah! Esperad, esperad… comentan los organizadores que con esos premios se honra a lo imaginativo y se estimula el interés del público en la ciencia, medicina y tecnología... ¿estáis de coña tíos? Por lo menos el de las mamellas tenía aplicaciones interesantes.  

martes, 31 de agosto de 2010

El genio al que le robaron la luz

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Ya hace un tiempo que, en este mismo espacio, me referí a la intrigante figura de Nikola Tesla, paradigma del científico loco, genial y excéntrico por partes iguales, abnegado en su trabajo pero negado para la vida práctica, además de poco reconocido en vida y prontamente olvidado. Como ya comentaba en aquella entrada, lo extraño es que pocos recuerden hoy día a Tesla, teniendo en cuenta que  gracias a él podemos tener luz eléctrica en casa con tan sólo pulsar un interruptor. Por que éste científico de origen serbio fue el inventor de esa cosa llamada corriente alterna, además de padre de tecnologías visionarias en su época, aplicables a los campos de la robótica, la medicina, la industria militar o hasta la informática.

En fin, que ese interés por Tesla me llevó a comprar la biografía que la norteamericana Margaret Cheney escribió a principios de los 80 y que ha sido recientemente traducida al castellano. ¡28 eurazos de nada! Pero que más daba, el personaje bien merecía la pena. ¡Pues no! He de deciros que la lectura de este libro ha sido muy decepcionante. Y es que no se puede tardar más de un mes en leer cuatrocientas páginas de . En circunstancias normales, eso no me hubiese llevado más de diez o doce días. Pero es que éste "Nikola Tesla, el genio al que le robaron la luz" es de un farragoso que echa para atrás… coño, si más que una biografía parece un manual de ciencia avanzada.

El libro está concebido para ensalzar la grandeza de las aportaciones de Tesla al mundo de la ciencia, por lo que su autora nos describe todos y cada uno de sus inventos, descendiendo hasta los aspectos más técnicos del cachivache más absurdo surgido del cerebro del inventor. Como comprenderéis, esto, para una persona poco versada en estas materias, supone un hándicap en terminos de goce y disfrute literario. Todo acaba por ser demasiado complejo y hasta aburrido, una ingente cantidad de palabras tratando de explicar cosas que me suscitan poco o nulo interés. Si encima los aspectos biográficos del inventor están escasamente desarrollados y los pasajes más interesantes de su vida están tratados de forma superficial - como el conocido enfrentamiento con Thomas A. Edison en lo que se denominó la "guerra de las corrientes" (alterna contra continua)- ¿cómo iba a gustarme este libro? En fin...

Dicen que la vida de Tesla es “la historia de un fogonazo de luz que sigue brillando, con el homenaje de quienes le reconocen como el padre de la tecnología moderna”. Muy bien. Pero no será gracias a esta biografía.

sábado, 14 de agosto de 2010

In tufa we trust


Tufa, en español toba calcárea o tosca. Roca muy porosa que se forma cuando el agua fluye a la superficie de las regiones calizas cargada de carbonato cálcico disuelto. Al encontrarse con la atmósfera libera su CO2, por lo que la caliza precipita, formando la roca.
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Además de eso, la tufa es el objeto de estudio de los tufólogos, oseasé, la peña que se dedica a estudiar este fenómeno kárstico y hace de ello su modo de vida. Vale, bien, el palabro me lo he inventado yo, pero lo de que hay gente que se dedica de pleno a la tufa no. Como una chiquita que conocimos en el Mono Lake, en California, a los pies de la entrada norte del parque natural de Yosemite. Se llamaba Helena (sure?) y, según nos comentó, era licenciada en lenguas romances por la prestigiosa Universidad de Harvard. De hecho, según nos dijo, en una ocasión vino a perfeccionar su español a Zarautz (WTF!!!), volviendo encantadísima de la experiencia. Como apuntó una amiga de Bilbao que integraba la expedición, teniendo en cuenta el castellano que se habla allí, la tipa lo que hizo fue venirse a Euskadi pa’ ponerse hasta arriba de pintxos y txakolí. ¡¡¡Y mu bien que me parece, oiga!!!

A lo que iba. Que después de licenciarse, la chica esta descubrió que era una apasionada de la tufa y, en consecuencia, marchó hasta la costa oeste para seguir su auténtica vocación. Tras mucho deambular por los Estates, decidió arraigarse en la bonita localidad de Lee Vining, sede del Mono Lake Committee, que es la entidad encargada de salvaguardar las características naturales que hacen único a ese paraje y protegerlo de las agresiones externas. Un lugar bellísimo, sea dicho de paso, que además es el hábitat natural de decenas de especies animales, especialmente aves migratorias pero también anfibios, insectos y demás. Al parecer, la amenaza del lago viene dada, como no podía ser de otra forma, por el ser humano, que pretende beneficiarse en exclusiva sin tener en cuenta el uso compartido que impone el orden natural de las cosas.

En fin, que no voy a explayarme más sobre cuestiones que tan sólo conozco de refilón. Tan sólo insistir en que el sitio es precioso -los que paséis cerca, no dudéis en acercaros-, reconocer que la peña esta del Comité hace una faena encomiable –os he dejado el enlace por si os interesa- y lo que es más importante, confirmar aquello de que existe peña capaz de consagrar su vida a cualquier chorrada. ¡Coño! Perdón. No quiero decir que esto de la tufa sea una gilipollez, solo muestro mi asombro. Desconocía por completo que algo así diera para tanto. ¡Y vaya si da! Encima en Lee Vining se lo han montado muy, pero que muy bien. Y es que no sólo el lago y sus alrededores son bonitos, también el propio pueblo, con sus barbacoas y motelitos de colores. Vamos, que viendo la que está cayendo en Spain, no descarto trasladarme allí y consagrar mi vida al estudio de la tufa. Luego, si se tercia y si Rafa Blasco me deja, podré revertir los conocimientos adquiridos en beneficio del Parc Natural de l’Albufera (...si homeeeeeee!!!).
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Pues eso es lo que tenía que contar hoy. 
No tufa, no party!!!  

lunes, 18 de enero de 2010

"Bocú de yé"


Las retrasmisiones deportivas de Canal 9 son algo muy grande. Una fiesta de los sentidos... Un no parar… Bocú de yé, pronunciado tal cual, como los puritos que hace unos años popularizó Pepe Domingo Castaño durante la retransmisión del Carrusel deportivo de la cadena  SER. Y es que, como comentaba el amigo Lupin en un reciente post, a pesar de que todos sepamos que el canal autonómico es pura bazofia, nunca dejará de sorprendernos con algo que lo convertirá en aún peor. Sí, ya lo se que es difícil visto el grado de degradación y manipulación al que se ha llegado en el ente público, pero cuando pensabas que no se podía caer más bajo, ¡pues te equivocaste chaval!...

Los responsables de deportes, no contentos con las cotas de excelencia logradas en temporadas anteriores (gracias a la participación de eminentes especialistas deportivos como Fermín Rodríguez), para este año han decidido ir todavía más allá. No les han dolido prendas en gastarse los cuartos y fichar a la crème de la crème del periodismo deportivo:¡¡¡Jaume Ortí y Pedro Cortés!!!...i lo que faça falta… els diners i els collons són…i la poca vergonya també. Y es que tiene delito que los partidos de fútbol sean comentados por dos ex – presidentes del Valencia CF que, tendrán muchas virtudes, pero desde luego no se encuentran entre ellas ni la claridad expositiva, ni la coherencia en el discurso, ni aquellas otras que guardan relación con el noble uso de la palabra… vamos, que a dos tipos a los que les viene justito enganchar un par de frases y que se les entienda, no se les puede pedir que hagan una retransmisión deportiva medio decente.

El otro día y por pura mala suerte, vi un rato del Deportivo – Valencia de Copa del Rey, con comentarios de la extraña pareja. Ni “el de la Peluca” Cortés ni el “Bonico” Ortí fueron capaces de juntar cuatro palabras que diesen como fruto un discurso inteligible en lengua castellana y/o valenciana (mai catalana, que es Canal 9!!!). Se limitaron a soltar toda suerte de monosílabos, sonidos y onomatopeyas, así como frases manidas y topicazos aderezados con expresiones propias del argot de l’Albufera como los que vienen a continuación: “Xònopotser!!!” “Llança’t Miguel”, “Xo’s falta, diga-lo-que-diga”, “Xé quin desastre”, “no protestes!!!”, “el arbit mos ejta robant”, “tota la culpa es de l’entrenaor!, “hi han chuaors que no senten l’escut”… y así una detrás de otra.

El caso es que la culpa es mía por no hacer caso de los especialistas. Y es que en un reciente estudio científico divulgado en Australia, se concluye que pasar demasiado tiempo delante de la tele aumenta el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares e incluso de morir. ¡¡¡Y eso que los que hicieron el estudio no ven el fútbol en Canal 9!!! En fin…  

lunes, 4 de agosto de 2008

El ligre, un friki del reino animal

¿Es un tigre? ¿Es un león?... ¡Noooooooooo! ¡Es un f… ligre!

¿Pero qué broma es esta? Eso nos preguntábamos la primera vez que vimos esta mierdaca de cartel. Llegamos a pensar que era una invención fruto de la desesperación de Ángel Cristo y sus compañeros de gremio ante la caída continuada en las cifras de espectadores que acuden al circo. Pero no. Y sí, lo sé, he mencionado al ex de Bárbara Rey. ¿Qué pasa? Ya ha llovido de aquello, vaya…
De esta guisa apareció ese primer ligre en cautividad para ser mostrado por los pueblos de España. En plenas festividades navideñas la ciudad apareció empapelada con carteles del Circo Mundial en los que se anunciaba el espectáculo estrella de la temporada…

Ya ya... ¿Pero qué coño es el ligre -en inglés liger-? Pues exactamente eso, mitad lion, mitad tiger. El híbrido producto de cruzar un león y una tigresa. Enorme felino que llega a medir hasta 4 metros y pesar 400 kilos, debido a la particular herencia genética legada por sus progenitores, ya que al no recibir ningún gen inhibidor del crecimiento no va a parar de crecer durante toda su vida. Ese es el motivo de que todos los ligres macho conocidos sean estériles. No es así para las hembras, que en algunos casos pueden aparearse con tigres para dar una descendencia denominada tiligre, o con un león resultando un leligre.

Lo cierto es que tanto en el ligre, como el tigrón o tigón -que vendría a ser el caso contrario, o sea, un cruce entre un tigre y una leona-, son creaciones del ser humano en su pretensión de parecerse cada vez más a Dios. De no mediar su mano no existirían por dos motivos claros: son pocas las zonas en las que coexisten ambas especies y encima se trata de dos animales con hábitos claramente diferenciados, nocturno el tigre vs diurno el león. Por todo ello el cruce natural difícilmente se hubiera producido.

Dicho lo cual, es de justicia que desde esta humilde bitácora se rinda homenaje al ser más friki del reino animal y que forma parte de mis recuerdos de juventud. Más aún con ese ridículo nombre, seguramente acuñado por algún zoólogo argentino. Bienvenidos seáis al mundo animal pues. Y eso va por los ligres, los tigrones, los tiligres, los leligres y los titigones del mundo. Porque sí amigos, también existen los titigones. Al menos se conoce la existencia de uno en la Shambala Preserveen California, nacido tras una noche loca de bailongueo animal y asado de menudillos protagonizada por un tigre y una tigrona.

sábado, 19 de julio de 2008

¿Quién ganará la prueba ciclista en Beijing 2008?


Según las normas del Comité Olímpico Internacional (COI), “doping es la administración o uso por parte de un atleta de cualquier sustancia ajena al organismo o cualquier sustancia fisiológica tomada en cantidad anormal o por una vía anormal con la sola intención de aumentar en un modo artificial y deshonesto su performance en la competición”.

Lo cierto es que el dopaje es consustancial al deporte profesional. La competitividad lleva a que muchos, en búsqueda de gloria y fortuna, recurran a fórmulas mágicas. En ese empeño fueron surgiendo prácticas y métodos que podemos considerar precursores del doping. Ya en crónicas de la Grecia clásica se narra cómo fondistas, saltadores y luchadores participantes en los Juegos Olímpicos recurrían a extractos de plantas para mejorar el rendimiento. El consumo de panes con características analgésicas o el uso de bebidas compuestas de plantas cocidas, cuyo objetivo era la disminución de la congestión del bazo y la fatiga muscular, estaban a la orden del día. Milón de Crotona señala otra metodología consistente en alimentarse de carne de animales, cuyas dotes físicas podrían ser útiles en su deporte. Por ejemplo carne de toro para potenciar la fuerza. Filóstrato Galo dejó constancia de cómo la preocupación de los atletas llegaba a un punto extremo, extirpándose el bazo cuando éste, inflamado y dolorido, representaba un bache para su punta de velocidad en carrera. Cosa seria. Tenemos constancia de que la cafeína fue usada por los nadadores, los atletas y los ciclistas desde 1805. Entre estos últimos se registra el primer caso mortal, el del galés Linton, quien falleciera en 1866 en el transcurso de la París-Burdeos y tras la ingesta de estupefacientes.

Y así es como llegamos al deporte de las dos ruedas. Y por ende a la competición ciclista por antonomasia: Le Tour de France. Cuyas últimas ediciones se han visto salpicadas por el fantasma del dopaje. De hecho ya son varios los campeones del certamen que han sido descalificados por el uso de sustancias prohibidas. Y la actual edición, por desgracia, lleva el mismo camino. Y es que al final, como refleja Vergara en una de sus tiras cómicas del diario Público, lo interesante del Tour ya no es saber quién va a ganar, sino determinar cuándo va a detectarse el primer caso de doping que va a desprestigiar, aún más si cabe, a la centenaria prueba ciclista.

 Es evidente que la lacra del dopaje se está cargando este bello deporte. Y dejémonos de hostias, esto no va de proteger a los ciclistas porque doparse sea malo para la salud. A estas alturas todos tenemos claros que el deporte de alta competición no es saludable, ni lo será jamás. Se trata más bien de un asunto de fraude deportivo. Y es que, como espectadores, ya no sabemos si lo que estamos presenciando es real o ficticio. Si el líder de hoy lo será también mañana o este será descalificado. Ni siquiera sabremos si el ganador del Tour 2008 será quien quede primero al finalizar las tres semanas de competición. Y es que, probablemente en semanas o meses –¡hasta años!- se declarará como vencedor al quien quedó segundo o decimocuarto en la prueba. Y eso es lo que realmente está matando al ciclismo. Porque los aficionados se hartan y los patrocinadores se largan. Y las canteras menguan. Así pues, el ciclismo se dirige irremediablemente hacia un espacio de marginalidad, tal como ya sucediera con el boxeo.

A nadie se le escapa que la extensión del doping se debe, en parte, a factores externos a la misma esencia del deporte. Conocemos el abuso de fármacos que se da en la actualidad y también la presión que ejerce la sociedad sobre el deportista, al que exige una superación continua. El profesionalismo impulsado por las empresas y la televisión lleva a los deportistas a tener que realizar esfuerzos tremendos, siendo el ciclismo uno de los deportes más duros. Visto así no es difícil entender que muchos cedan a la tentación de doparse. Además, como muchos entran al juego, aquellos que no lo hacen tienen bastante difícil competir. De ahí el uso masivo para triunfar o cuando menos para tener posibilidades. Quizás sea el momento de resetear, comenzar de cero y replantearse toda la competición. O dejar barra libre, ¡yo que sé! Lo que está claro es que esto no puede seguir así. Ya van tres positivos confirmados en la presente edición del Tour y aún queda una semana larga de competición. ¿Llegaremos a los diez? Pues igual… Hagan sus apuestas…

Por la red circula un chiste malo sobre el favorito para ganar la prueba de ciclismo en ruta en los JJOO, el chino Do Ping. Confiemos en que no pase de broma o cuchufleta. Aunque vistos los antecedentes…  

viernes, 4 de julio de 2008

Shyamalan o la necesidad de creer


“El incidente” (2008) es el sexto largometraje del director indio-estadounidense Manoj Nelliyattu Shyamalan, conocido por todos nosotros como M. Night Shyamalan. Es la historia de una familia que huye desesperadamente de la ciudad tras una serie de misteriosos incidentes en los que personas de distinto pelaje y condición, comienzan a autoinflingirse daños mortales de necesidad. Y lo cierto es que comienza la mar de bien, con tremendas escenas de suicidios individuales y colectivos que te dejan ojiplático. Unos primeros ataques que están súper bien rodados por Shyamalan. Con mención especial al protagonizado por esos obreros de Nueva York aficionados al air puenting, o sea, sin arnés ni cuerda ni . Ahí se nos despierta la curiosidad por descubrir lo que está sucediendo y, sobre todo, por qué. El problema es que una vez pasamos de la introducción, la historia pierde todo el interés y la cinta naufraga lastimosamente. Y es una pena. La cosa daba mucho más de sí. Pero al director de “El Sexto Sentido” (1999), “El Bosque” (2004) y “La joven del agua” (2006) se le agotaron las ideas.
Así pues, esta paranoia distópica y moralizante tiene sus momentos, pero la débil historia y sus flojos personajes hacen más daño que la amenaza que subyace al fondo de la misma. Incluso da la sensación de que la extraña relación entre los protagonistas, interpretados por Zooey Deschanel y Mark Wahlberg, sólo está ahí para justificar un metraje de hora y media que resulta a todas luces excesivo. De no ser así, hubiéramos visto un mediometraje de treinta o cuarenta minutos. Y es que, cómo le escuché a algún crítico radiofónico cuyo nombre no recuerdo, “El Incidente” es una suerte de tráiler alargado. No le falta razón. Todo lo interesante de la historia, incluyendo el mejor incidente, se concentra en el vídeo promocional. Lo demás es paja.

Cuestión aparte es el mensaje que trasmite. Enroscado en las siempre arduas cuestiones de la fe, leitmotiv de toda la filmografía de este cristiano nacido en el Puducherry hindú hace treinta y ocho años. L
a idea general de “El Incidente” es que nuestro mundo está en peligro. Encuadrándose dentro de la cadena de películas sobre desastres posteriores a los atentados del 11/S y muy influidas por ese suceso. Historias que se centran en grupos de desconcertados supervivientes que tratan de mantenerse enteros y unidos ante una catástrofe sobrecogedora e inexplicable. Algunos realizadores como Shyamalan, ven ahí una buena forma de introducir la religión. Lo vemos con el protagonista, un profesor de ciencias en la Universidad de Filadelfia que constantemente trata de afrontar la amenaza desde un punto de vista racional. Sin embargo en la película acaba enfatizando que la ciencia es inútil y que el universo funciona en base a leyes que siempre estarán fuera de nuestro alcance. Lo deja bastante claro desde el comienzo, cuando en una de sus clases y tratando de explicar por qué están desapareciendo las abejas, celebra que un estudiante se refiera a ello como un “acto de la Naturaleza que no podemos comprender”. O cuando idéntico personaje, ya hacia el final y tratando de entender lo que acontece, afirma que “la ciencia encontrará alguna explicación para poner en los libros pero, al final, sólo será una teoría. Fracasaremos en reconocer que hay fuerzas operando más allá de nuestro entendimiento”. Y es que la preocupación por el cristianismo y sus preocupaciones metafísicas es una constante en la obra de Shyamalan. Tirándose de cabeza hacia esa conjetura cristiana que pretende explicar la creación del Universo con la milonga del diseño inteligente.

Pero vaya, la conclusión es que la peli es un truño y su director un loquer. Cuando acierta del tipo maravilloso. No es el caso.   

lunes, 2 de junio de 2008

Nikola Tesla, entre el mito y la realidad


No hace mucho vi “El truco final: El Prestigio” del siempre interesante Christopher Nolan y en la que Christian Bale y Hugh Jackman interpretan a dos profesionales de la magia de comienzos del siglo XX. Un personaje importante en el desarrollo de la película es Nikola Tesla, interpretado por el camaleónico David Bowie. Un ingeniero e inventor desconocido por muchos y que en la vida real realizó una serie de aportaciones al mundo de la electricidad de alcance similar a las de Marconi o Edison. De hecho su principal descubrimiento fue la teoría de la corriente eléctrica alterna allá por el 1882. Su carácter excéntrico y la mala relación con Edison, no le ayudaron en su proyección. Lo que explica que su figura fuese orillada durante mucho tiempo, aun siendo un pionero en su campo. Eso sí, lo de personaje de culto le viene que ni pintado.

Tesla nació en 1856 en el seno de una familia serbia en territorio de actual Croacia,  cuando aquello formaba parte del Imperio Austro-Húngaro. Tras formarse en físicas, matemáticas e ingeniería en Graz y Praga, marchará a Budapest para trabajar en la compañía de teléfonos de los EEUU. Ahí entrará en contacto con Edison, al servicio de cuya empresa irá a trabajar a París. No tardarían ambos en tensar la relación, enemistándose de forma irreparable. Y es que, según cuentan, el inventor de la bombilla eléctrica tenía facilidad en aquello de “aprovecharse de angustias ajenas”*. El caso es que Tesla se trasladará a Nueva York para crear su propia compañía. Con ella construirá el primer motor de inducción de corriente alterna y el primer radiotransmisor sin cables.

A parte de sus inventos, varias circunstancias determinaron la creación del mito de Tesla. La primera tiene que ver con la construcción de la primera central hidroeléctrica gracias a sus investigaciones en este campo. El científico se desplazó a la zona de las cataratas del Niágara donde sitúo su estudio y estuvo trabajando en condiciones de absoluto aislamiento, durante años. Y tenía que pasar. En torno a él surgieron toda clase de habladurías que le señalaban como inductor de turbios experimentos realizados de forma secreta. No me extrañaría que hubiera gente que, presa del puritanismo de la época, insinuara pactos con el diablo y tonterías por el estilo.

La segunda circunstancia se produjo tras su muerte en 1943. El Gobierno de los EEUU decidió incautar todos los documentos referidos a sus estudios e investigaciones y los clasificó. Os podréis imaginar la sarta de teorías y fabulaciones sobre lo que contenían que vinieron a continuación.
 
También mitifica la figura de Tesla el conocido como el suceso de Tungunska y que hace referencia a un hecho sucedido en Siberia en 1908. Se trata de una explosión aérea de gran potencia que alentó numerosas hipótesis y teorías. La más aceptada es la de un pequeño cometa formado por hielo que estalló al rozar la atmósfera terrestre, produciendo el efecto de una bomba de hidrógeno natural de 12 megatones. Como el suceso fue ocultado por el gobierno zarista durante años y en ese tiempo Tesla había avisado a su círculo de amigos de la producción de un “destello de luz”, acabaron relacionándolo con el misterioso evento. De forma bastante rocambolesca, la verdad.

Y hasta aquí la figura de este importante científico, conocido tanto por sus excentricidades como por sus importantes descubrimientos en el campo de la electricidad. Por eso y también por dar nombre a una banda de jardroqueros de Sacramento que, mira qué casualidad, están sonado ahora en un programa de la tele pública.


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* Palabras que el arquitecto del barroco italiano Francesco Borromini dirigió a su compañero y rival Lorenzo Bernini, señalando las malas artes empleadas por este último.
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