lunes, 30 de marzo de 2009

El hayedo de Hockney


Atentos a esta secuencia de imágenes. Sobre estas líneas la primera: foto de un hayedo sito en algún lugar de la Gran Bretaña, patria del pintor británico David Hockney. El caso es que el bueno de Hockney, máximo exponente del pop-art por aquellas latitudes, encontró este paraje recorriendo las pequeñas carreteras vecinales próximas a su domicilio, en Yorkshire. Le pareció un escenario ideal para protagonizar su nueva composición pictórica, con la que pretendía plasmar el efecto de las estaciones sobre un mismo paisaje.

Veamos ahora como con el primer cuadro de la serie representa el verano:
Un tiempo después Hockney volvió al mismo lugar para capturar los efectos del invierno:
No hace mucho, el artista se acercó de nuevo al paraje para comenzar a trabajar en el tercer cuadro que formaría parte de la composición, correspondiente a la primavera. Para su sorpresa, el hayedo había desaparecido y no pudo hacer otra cosa que recoger el instante con su cámara fotográfica:
Al parecer, el propietario de estas tierras fue seducido por los euros que le reportaría talar los árboles y dejar espacio libre a la próxima construcción de un apeadero. Y es que poderoso caballero es don dinero...
“Para mí el acercamiento a esa pequeña cantidad de madera tenía algo de grandiosidad, como el acercamiento a algún maravilloso gran templo, y los árboles, por sí mismos, eran muy grandes, muy arquitectónicos, muy majestuosos. Estaba realmente apegado a ellos. Fue como ir a una pequeña villa o pueblo y descubrir pasada la noche que la gente había arrasado una gran iglesia que había resistido ahí 900 años.”

Cierto que no es la primera vez que la mano del hombre acaba con un bonito paisaje, pero este vez, el ya de por sí lamentable acontecimiento, conlleva que no podamos ver terminada la serie de pinturas. Dos cuadros menos y un páramo más. 

viernes, 27 de marzo de 2009

El Grito de Edvard Munch

Sobre estas líneas el celebérrimo “Grito” de Edvar Munch. Junto al óleo vemos una momia de la cultura Chachapoyas exhibida en el Museo de la Nación de Perú. La comparación viene a cuento porque en fechas recientes, el Instituto Americano de Arqueología, ha manifestado que muy posiblemente el pintor noruego realizó un retrato de una momia boquiabierta que había contemplado en el Museo del Hombre de París de 1889. Así que, lo que representaría “El Grito” no es tanto un grito sino una cara desecada con la mandíbula desencajada. Efecto común en las momias humanas que ven como esta se les desploma cuando los músculos se descomponen con el rigor mortis.

Con todo, la versión oficial sobre la gestación de esta obra maestra sigue siendo la misma. Se encuentra recogida en una anotación que Munch hizo en su diario en enero de 1892: “Estaba dando un paseo con dos amigos, atardecía, y de repente el cielo se volvió rojo como la sangre [...], me quedé quieto, temblando por la ansiedad, y sentí un grito infinito atravesando la naturaleza”. El pintor achaca así la gestación de su obra a un ataque de ansiedad. Lo gracioso es que esta explicación, elevada a la categoría de leyenda, desde muy pronto ha sido objeto de interés prioritario para los científicos. Especialmente los de la universidades americanas, que ocupados en su empresa de investigar todo lo investigable, se descolgaron en 2003 con la teoría de que el “cielo rojo como la sangre” no surgió de la imaginación de Munch, sino de los extraños crepúsculos que provocó en Oslo la erupción del volcán Krakatoa en 1883.

El caso es que pese a los nuevos estudios y revelaciones, la obra de Munch mantiene intacta toda su fuerza expresiva. Siendo todo un referente no sólo del expresionismo, sino de la pintura universal -incluso de la cultura popular-. Mientras tanto, los Chachapoyas seguirán siendo una tribu precolombina semidesconocida con un curioso nombre que, por qué no decirlo, da para muchas bromas. Eso sí, independientemente de las explicaciones científicas que se den, las muecas de la momias acojonan de la hostia.

jueves, 26 de marzo de 2009

Festuki II. La cançó interminable


, que estaba pegando un voltio por diferentes canales del Youtube y me he topado con esta joyita. Un canción hecha para que suene en un Nissan Patrol a toda mecha...je je je

“The Sparrows & the Nightingales” by Wolfsheim

Va, ya que estamos, ahí dejo esta otra:

“Headhunter” by Front 242

Lo suyo seria seguir por esta línea y enlazar otros hits de la época moza, como el “Metalhammer” de los alemanes And One, pero al final he pensado que mejor no, no sea cosa que os sobreexcitéis y os de un jamacuco. Ya estáis mayorcitos para ir de hijos de la fiesta, bandidos.

Bueno va... 


'enga la última: 

“Eisbaer” by Grauzone

¡¡¡Qué recuerdos Capens!!!

miércoles, 25 de marzo de 2009

The Raconteurs (GPS IV)


Cuentan que Jack White, líder de los maravillosos The White Stripes, es un tipo muy feliz. Sobre todo porque la suerte le sonríe en todo aquello que se propone. Incluso si se la juega montando una banda paralela junto a tres amiguetes, sin mayor pretensión que pasarlo bien. Al cabrón le suele ir bien y su nombre se asocia a éxito. Y no me refiero a ventas, que pueden ser consecuencia o no del buen hacer de un músico, sino a que los dos álbumes editados hasta el momento por The Raconteurs, que así se llama la otra banda de Mr. White, son dos tremendos de discos de rock y así se le reconoce. De esos que los pones a rodar y te alegran la mañana, la tarde, la noche y la semana entera. Con esa fórmula de rock’n’roll garagero, con ecos a los setenta y a bandas clásicas como los Rolling Stones, además de esos pasajes que remiten a los mejores momentos de folk americano.

Los Raconteurs, conocidos como The Saboteurs en Australia debido a la existencia de grupo anterior registrado con ese nombre, son la reunión de cuatro amigos que se juntaron en Detroit a principios del 2006, para tocar música y, suponemos, beberse cuatro birras entre canción y canción. Entre sus miembros, además del mencionado Jack White a la voz, guitarra, teclado y sintetizadores, están Jack Lawrence al bajo, el bataca Patrick Keeler - ambos miembros de The Greenhornes-, además de Brendan Benson, a la sazón corresponsable de la faceta lírica y guitarrística.  

No sería hasta mayo del 2006 cuando vería la luz su primer álbum, “Broken Boy Soldiers”, del cual se extraen los tres vídeos que acompaño a esta entrada: “Steady, As She Goes”, “Broken Boy Soldiers” y “Level”. Ya en 2008 y casi por sorpresa, saldría publicado un segundo trabajo titulado “Consolers of the Lonely”. Y es que fue anunciado con tan sólo una semana de antelación con la intención de que los críticos no tuvieran tiempo para revisarlo. Dejando esta tarea a los seguidores. Suponemos que esto no debió hacerles mucha gracia a los sectarios miembros del clan de la crítica musical. El caso es que servidor, como seguidor y crítico aficionado, tiene en gran estima este segundo álbum. Gustándome incluso más que el formidable disco de debut, que ya es decir.

Así pues deleitaos con la poesía ruidosa de estos cuatro fantásticos músicos de Detroit -¿Alguien sabe cómo coño es el gentilicio para los de Detroit?- Es lo mejor que podéis hacer.

Steady, as she goes

Broken Boy Soldiers

Level

martes, 24 de marzo de 2009

Murakami y Cai Guo-Qiang en el Guggenheim Bilbao

Este puente de fallas, huyendo del infernal ruido y del olor a pólvora, nos acercamos a Bilbao. No había ganas de jarana, la verdad y a falta de mejor plan, decidimos que estaría bien inflarnos a base de pintxos y txacolí, y ya de paso visitar la retrospectiva dedicada a Takashi Murakami en el Guggenheim. Habíamos visto en los informativos algunas de sus obras y resultaba interesante. Esa mezcla de aspectos del arte tradicional japonés junto al anime y el manga, además de la cultura pop, bien valía el esfuerzo.

Una vez allí decir que la amplia muestra destaca por las pinturas planas o “superflatcaracterísticas del artista. Con motivos recurrentes como el famoso Mr. DOB, una especie de gato Doraemon representado en diferentes actitudes y con fondos y coloraciones variadas. También los temas tradicionales pasados por la batidora de referentes culturales de Murakami. En estos últimos se aprecia la influencia del nihonga, estilo pictórico japonés de fines del XIX al cual dedicó años de estudio. También son chulos sus estampados de flores, de rabiosa actualidad desde que el artista adquiriera el derecho a diseñar una línea de bolsos y complementos para Louis Vuitton.
Por otro lado están sus polémicas esculturas ultra sexualizadas. Destacando las de dos de sus personajes más conocidos: “My Lonesome Cowboy” e “Hiropon”. Ambos con evidente dependencia de los modelos del manga o del hentai. El primero es un personaje masculino con el pelo pincho a lo Son Goku, que se está galloleando a lo grande. La escena representa al susodicho con el miembro erecto y en el momento de expulsar todo el amor que lleva dentro en forma de espiral artística. Lo cachondo es que una réplica de este personaje fue subastada por Sotheby’s durante el pasado 2008 por la cifra de 15 millones de dólares. Frente a la figura del cowboy podemos observar a “Hiropon”, jovencita semidesnuda provista de unas desproporcionadas pechugas y de cuyos pezones surge un hilo de leche materna formando una comba. La chiquilla es representada en acción de saltar ese fantasioso arco compuesto de fluidos maternos. Desconozco por cuanto ha salido (o saldrá) a subasta esta escultura, pero conociendo las dotes mercantilistas del señor Murakami…
(Las agresivas prácticas comerciales del artista japonés quedaron patentes con esos mini coleteros con motivos florales que se vendían en la tienda del museo al módico precio de 18 euros la pieza. O una mísera camiseta de Fruit of the Loom por nada más y nada menos que 45 aurelios. ¡Con due coglioni Takashi!)

Como teníamos algo de tiempo antes de salir a comer y ya que estábamos por allí, pasamos a ver la exposición “Quiero creer” de Cai Guo-Qiang. ¡Y menos mal! Porque la muestra del artista chino es tanto o más espectacular que sus habituales espectáculos pirotécnicos que tendrían su cenit durante la celebración de los Juegos Olímpicos de Pekín. Vaya, que os instó a que vayáis a verla. Me parece algo digno de ser visto y, teniendo en cuenta que va a permanecer en Bilbao hasta el próximo 6 de septiembre, sería una cagada que os la perdierais.
La obra de Cai nos enseña las posibilidades creativas de la pólvora, que no sólo sirve para organizar mascletaes, sino también composiciones efímeras en lienzos blancos y sobre óleos con figuras representativas -los famosos “dibujos con pólvora”-. Pero es que además de las obras expuestas, están los vídeos en los que se recogen sus grandes montajes realizados a lo largo y ancho del mundo. Entre ellos destaca uno que montó en una antigua zona militar de Alemania y que es brutal.

El trabajo expuesto incluye también grandes instalaciones como “Inoportuno”: Ocho coches atravesados por hilos de luz y dispuestos de manera que conforman un círculo cerrado, con los que el artista ha querido reflejar los diferentes momentos de un vehículo que va cayendo tras explosionar. También me gustó una que titula “Patio de la recaudación de la renta de Bilbao”. Está compuesta por una serie de esculturas de arcilla que se están creando o desmoronando mientras se circula a través de ellas. Existe una clara alusión al inexorable paso del tiempo que acaba con todo. Al parecer la obra se inspira en “Patio de la recaudación de la renta”, otro conjunto de esculturas ubicado en Pekín que viene a representar el momento en el que los soldados imperiales expoliaban la cosecha de arroz obtenida por los campesinos. Una de las más importantes manifestaciones artísticas del arte de propaganda del régimen comunista, por si no había quedado claro.

También me encantó una sala en la cual el artista había dispuesto los restos de un naufragio. Se trata de un navío japonés desde el que se vierten toneladas de porcelana blanca. Una composición magnética y de gran fuerza visual, como casi todas las instalaciones recogidas en la muestra.

Vamos, que al final me lo pase pipa viendo la obra de sendos orientales. Y evité que el fallero de turno me reventara los tímpanos, que no es cosa menor.  

martes, 17 de marzo de 2009

Primer aniversario


Tal día como hoy, hace un año ya, comenzamos a ocupar este humilde pedacito de la blogosfera sin mayor pretensión que la de encontrar un espacio en el cual manifestar inquietudes propias, expiar pecados, comentar la actualidad, reflexionar sobre lo divino y lo humano, fabular y darle salida al escaso ingenio literario... Lo cierto es que aquel 17 de marzo del 2008, cuando colgué la primera entrada, no hice sino prologar este pequeño anecdotario en el cual reflejo la vida y milagros de un don nadie con opinión para casi todo, preso de filias, fobias, paranoias y obsesiones. Como ya indiqué en aquel momento, no habréis encontrado aquí nada más de lo ya referido. Tampoco menos. Y si todo transcurre con normalidad, eso es lo que continuaré ofreciendo. Tan sólo daros las gracias por seguirme, por leerme, por comentar y también por soportarme. Haré extensivo el agradecimiento a los trolls que han hecho acto de presencia. Algo fundamental para cualquier bitácora que se precie (gracias Arturo, gracias Antoine...).

Ale, ahí os dejo al Girolamo celebrando con la tarta de cagallones
Os guardamos un pedacito…

lunes, 16 de marzo de 2009

GDS III - Elvis Perkins

La primera vez que vi actuar al hijísimo y a su banda de mariachis, fue en octubre del 2007 en el Greenspace de Valencia. Era sábado por la noche y el cartel lo completaban el catalán Jaume Sisa y la efímera pareja creativa -y sentimental- formada por Nacho Vegas y Christina Rosenvinge. Lo cierto es que me acerqué hasta allí por estos últimos y no por Elvis, cuyo proyecto apenas conocía en ese momento. Y es que el asturiano y la madrileña venían presentando “Verano fatal”, aquella gloriosa colaboración en la que se incluían temazos como “No lloro por ti”, “Que nos parta un rayo”, “Me he perdido” o el que daba nombre al trabajo. Como ya he dicho, del hijo del actor que interpretara al mítico Norman Bates, apenas si tenía alguna referencia. Y casi que mejor, porque me encantan las sorpresas. Vaya, que estos oídos tan acostumbrados a escuchar grupos de porquería, agradecen mucho este tipo de cosas. Y es que el concierto del compadre estuvo de muerte. El de la pareja de paisanos también. Y hasta el del ex Música DispersaEl show se centró en los once cortes de aquel primer álbum titulado “Ash Wednesday”, que incluye las celebérrimas “While You Were Sleeping” y “All the Night Without Love” -adjunto vídeo de ambas-. Un pedazo de disco que, desde mi punto de vista, palidece ante “Elvis Perkins in Dearland”, segundo elepé de Elvis que acaba de ver la luz. Me aventuró a decir que es firme candidato a álbum del año. 

La propuesta de Elvis Perkins se mueve en la línea folkie con guitarrita y arreglos sencillos que transita los senderos ya andados por clásicos de la cosa musical como Dylan, Cohen, Van Morrison o Nick Drake. En un plano más terrenal y hasta cercano en el tiempo, su fórmula se asemeja a la de gentes como Jeff Buckley, Elliott Smith, Micah P. Hinson o el borrachuzo de Eef Barzelay. En todo caso, poca broma con los referentes. También es verdad que estoy hablando de su música versión enlatada. Ahí presenta esa cara más
 suave e intimista que en los directos, donde adquiere un cariz un tanto más movido, añadiéndole incluso notas festivas. De esto último tiene gran parte de culpa el contrabajista Brighman Brough, pero sobre todo el baterista Nicholas Kinsey. Dos de los tres compañeros de viaje de Mr. Perkins.

La verdad es que cuando uno busca información sobre Elvis en la red, siempre salen referencias a los orígenes familiares. Hijo del actor Anthony Perkins y también de la fotógrafa de moda Berry Berenson, además su tía es la modelo y actriz Marisa Berenson –“Cabaret”, “Barry Lindon”, “La muerte en Venecia”-, mientras que su bisabuela fue la influyente diseñadora de moda Elsa Schiaparelli, conocida por sus colaboraciones con Dalí o Jean Genet. También tiene un hermano actor y director que firma como Oz Perkins y de quien no he tenido el placer de ver nada. Luego está lo de las tragedias que han perseguido al músico, con su padre muerto de SIDA y con su madre asesinada por Al-Qaeda en uno de los vuelos implicados en los atentados del 11-S. Triste historia familiar que sin duda ha dejado marca en sus creaciones.

Y ya os dejo con la música, que es lo que único que realmente importa. No sin antes recomendaros la escucha de lo nuevo de Mr. Perkins, que es muy -pero que muy- chulo.

"While you were sleeping"

"All the Night without Love"

"Mayday" (en vivo)

domingo, 15 de marzo de 2009

Los cuatro ríos


Uno de los monumentos más visitados de Roma es La fuente de los cuatro ríos o Fontana dei Fiumi, obra del maestro Gian Lorenzo Bernini, y que ocupa el centro de la Piazza Navona. La presencia de esta recuerda las naumaquias que allí se celebraban hasta el siglo XVI, inundando toda la plaza. De una gruta de rocalla, adornada de árboles que dan la impresión de ser barridos por el viento y coronada por un obelisco, surgen un león y un caballito de mar. Las grandes estatuas alegóricas simbolizan a los cuatro ríos, el Danubio, el Ganges, el Nilo y el Río de la Plata, en clara alusión a los cuatro continentes, Europa, Asia, África y América.

El caso es que esta fuente es el punto de partida de una fantástica novela gráfica nacida fruto de la colaboración entre Edmond Baudoin, dibujante e historietista nizardo, y la famosísima escritora de novela negra Fred Vargas. El libro se llama, como no, “Las cuatro fuentes” y está publicado en España por la editorial Astiberri.
La historia es similar al argumento de cualquier otro libro de Vargas y por los cuales esta autora francesa ha alcanzado un reconocimiento mundial. Es más, participan de ella dos de sus personajes principales: los inspectores Adamsberg y Danglard. Nos encontramos con un oscuro asunto criminal. Se ha producido un truculento asesinato con tintes de ritual, que posiblemente esté enlazado con otros de similares características cometidos tiempo atrás. Al menos eso es lo que sospecha el aplicado Adamsberg.

A diferencia que en las anteriores muertes, las pesquisas policiales encontrarán un hilo del que poder tirar para esclarecer el asunto. Se trata de la figura de un joven ladronzuelo que posiblemente conozca la identidad del psicópata y que vive semi-aislado del mundo en una granja con sus hermanos y padre al cual ayuda a culminar su gran obra: una réplica de la mencionada fuente berninesca hecha a base de latas y chapas de cerveza. A partir de aquí, los inspectores van a conseguir decodificar este complejo asunto.

Leí que el filósofo Fernando Savater considera a Fred Vargas como una de las mejores novelistas francesas del momento, en cualquier género y categoría. Y vaya, que no sé si estoy de acuerdo, pero de estarlo, esta tremenda historia podría utilizarse como prueba de cargo. Encima el álbum está maravillosamente ilustrado por el mencionado Baudoin, con ese ese estilo tan reconocible que resulta la mar de apropiado. 

viernes, 13 de marzo de 2009

Cita en Sarajevo


La verdad es que siempre que me topo con cualquier libro, documental, reportaje, cómic o película en cuyo trasfondo se encuentren los Balcanes, intento agenciármelo o hacerle hueco para verlo. Me interesa sobremanera la realidad de ese pedacito del mundo que, como dijo Winston Churchill, produce mucha más historia de la que es capaz de asimilar. Ese es el motivo que me impulsó a participar de una charla con los periodistas Alfons Cervera y Francesc Bayarri en la Librería Primado organizada durante la semana pasada. Allí se habló de la investigación periodística que este último ha realizado sobre la figura de Ilija Stanic: Joven bosnio desaparecido en el año 1969 y perseguido por la Interpol al ser el único acusado del asesinato del general croata Luburic ese mismo año en Carcaixent.
Resultó sumamente interesante el escuchar, por boca de su autor, las peculiares circunstancias y el sinfín de anécdotas producidas durante los tres años de pesquisas que dieron como fruto el libro “Cita en Sarajevo” -galardonado con el Premio de los Escritores Valencianos del 2007-.

¿Pero quién era el tal Luburic? Pues el general Vjekoslav “Maks” Luburic fue uno de los principales líderes de la Gran Croacia independiente que, amparada por Hitler y Mussolini, instauró un régimen totalitario, excluyente y genocida dominado por el partido Ustashi de Croacia -los famosos camisas negras-. Terminada la Segunda Guerra Mundial, el tipo vivió en España protegido por el franquismo. Buscado por crímenes de guerra, este paraguas institucional evitó que fuera extraditado para juzgarle por las muchas salvajadas cometidas. Y es que el amigo fue, entre otras cosas, el comandante encargado de los campos de concentración de la Croacia aliada del nazismo en donde murieron unas 150.000 personas inocentes -según los cálculos más moderados, otros hablan de hasta 700.000-.

El general vivió en la población valenciana de Carcaixent bajo el nombre de Don Vicente. Regentaba una imprenta encargada de editar la revista Drina, panfleto ultranacionalista que mantenía la llama de la causa croata entre los ustashas diseminados por el mundo. Además tenía una granja en Benigànim, lugar en el que vivió con su mujer española y donde tuvo a sus cuatro hijos, estudiantes en internados religiosos de Valencia. Siempre rodeado de eminentes franquistas, hombres de fe y expatriados croatas, la vida de Luburic transcurría apacible y sin sobresaltos, siendo un personaje bastante querido en un pueblo en donde llegó a reconocérsele como Presidente de Honor de una de sus fallas más antiguas. De hecho, aún hoy día existe un monumento conmemorativo presidiendo su tumba, ante la que los nostálgicos del régimen rinden honores una vez al año.

El caso es que, cuando nadie se lo esperaba, la policía encontró el cadáver del genocida brutalmente asesinado. Ante la falta de pruebas y debido a la desaparición de su secretario personal, se le imputó el asesinato a éste. Se trataba de un joven de 23 años, amable, reservado y muy religioso que respondía al nombre de Ilija Stanic. Un tipo realmente apreciado entre los vecinos de Carcaixent. Tras perder su pista en Barcelona, la prensa franquista se dedicó a difamarle durante años, calificándolo como un espía comunista enviado por la Yugoslavia del mariscal Tito.

Bayarri estudió todas las reacciones de la prensa de la época, la franquista y la yugoslava -la oficialista y la disidente croata-, además de los sumarios judiciales de Alzira y Valencia. También entrevistó a las personas que pudieron conocer a los personajes implicados y ya por último, decidió viajar hasta Sarajevo con la esperanza más que con la convicción, de encontrar a Stanic. Lo curioso es que, tras una serie de indagaciones y con la participación de la diosa fortuna, el autor encontraría a aquel Stanic, convertido en un honorable funcionario de la jovencísima República de Bosnia y Herzegovina. Ya con 57 años de edad, mujer, hijos y nietos. Pero sobre todo dispuesto a contar su versión del asunto. Gracias a eso Francesc Bayarri pudo concluir “Cita en Sarajevo”, una reconstrucción narrativa de toda la historia del asesinato y de las circunstancias que impulsaron a su secretario personal a actuar de aquella forma. Combinando la investigación periodística, la narrativa y el ensayo, trasportándonos desde la rancia España de la dictadura hasta el rompecabezas actual en la península de los Balcanes.

Un libro muy interesante que, como no podía ser de otra forma, me ha despertado el gusanillo viajero. Vaya, que muero de ganas de viajar a Sarajevo y a Bosnia en general –again-. En fin…

jueves, 12 de marzo de 2009

¿Quién vigila a los vigilantes?


La frase original es atribuible a un poeta del siglo I d.c. “Quis custodiet ipsos custodes?” escribía Décimo Junio Juvenal en su “Sátira VI” en referencia a los vicios de los que adolecía la sociedad romana de la época. Suponemos que también es ese el significado que quiso darle a la frasecita Alan Moore en su ópus magnum “Watchmen”. Es más, de ahí su título y la insistencia en la cuestión a lo largo de la novela. De diferentes formas. Por ejemplo a través de ese grafiti neoyorquino que se repite en varias de las viñetas. 

Comento esto para introducir uno de los estrenos cinematográficos más esperados de los últimos tiempos. Especialmente para los millones de fans que atesora “Watchmen” entre los que, no tengo muy claro si me incluyo. Por fin y tras varios proyectos cancelados, llega hasta nuestras pantallas la adaptación del considerado por algunos como el mejor cómic de la historia. La película, dirigida por el norteamericano Zack Snyder, se basa en la mencionada novela gráfica, publicada por entregas entre los años 1986 y 1987 por DC Comics. Como ya he comentado, la historia fue ideada por el gran historietista británico Alan Moore, autor también de otras joyitas del género como “V deVendetta” o “From Hell”. El dibujo estuvo a cargo de su compatriota Dave Gibbons.

El gran impacto que causó se demuestra en el hecho de que estamos ante la primera novela gráfica en conseguir un Premio Hugo, concretamente en el año 1988. Recordemos que este galardón se otorga a escritores del género de ciencia ficción. También tiene el honor de ser la única de su especie que aparece en la lista de las 100 mejores novelas en lengua inglesa elaborada por la revista Time.

La historia de “Watchmen” es una especie de distopía futurista con rasgos que evocan a unos EEUU en plena guerra fría. Asistimos a un momento histórico en el que los superhéroes, tras cometer una serie de desafortunados incidentes, pasan de la admiración general a convertirse en una suerte de personajillos que se mantienen en la clandestinidad tras ser prohibidos por la administración Nixon. Pasados unos años y con todos ellos llevando vidas anónimas, un terrible suceso ocasionará su vuelta al ruedo: El asesinato de “El comediante”, integrante de los Minutemen y posteriormente de los Vigilantes. Es aquí cuando su amigo Rorschach, un sociópata con planteamientos autoritarios y ultraconservadores que también formó parte de los Vigilantes, comienza a investigar. Convencido de que alguien se está ocupando de aniquilar a los antiguos miembros del grupo, se dispone a avisarles antes de que sea demasiado tarde.

Cuando leí la novela gráfica -¡ya ha llovido desde entonces!-, me impactó por la complejidad de la trama, con diferentes líneas argumentales que se entrecruzan. Y como no, por la deconstrucción del arquetipo convencional del superhéroe, acostumbrado como estaba a los infalibles Superman, Spider-Man y otras gentes de mal vivir de quienes, por cierto, nunca fui muy fan. Todo eso, junto con la presencia de elementos de crítica social, de política internacional y su mensaje claramente antimilitarista, hicieron que mi impresión fuese la de estar ante un libro de categoría superlativa.

Respecto a la película, tan sólo puedo decir que es una adaptación correcta. Bastante fiel al original, de una factura técnica impecable y que, no creo decepcione a la mayoría de fans. Sin embargo, confirmando aquella profecía que establece que “Watchmen” es la única novela gráfica inadaptable al mundo del celuloide, la cinta ha tenido que simplificar su argumento y alargar el metraje. Motivos que me impiden calificarla de excelente. Sobre todo porqué entre las cosas que no incluye están los “Relatos del navío negro”, tan importantes para trasladar el mensaje final de Moore. En la novela, las viñetas mostrando los intentos desesperados de un náufrago para regresar a casa y advertir a su familia de la inminente llegada de un barco pirata tripulado por las almas de los muertos, se yuxtaponen a otras en las que se desarrolla la narración principal. Dotándola de un fuerte contenido simbólico del que carece el film de Zack Snyder.

Así pues y a modo de conclusión, decir que tanto seguidores, como aquellos no familiarizados con la novela gráfica, pueden pasar un buen rato en el cine. Pero estos últimos se perderán muchos de los elementos fundamentales que el original contenía y que la película ha decidido obviar. Como le escuché a algún crítico radiofónico, es todo un triunfo que sea una adaptación más que decente del original, pero también es una lástima que no sea mucho más que eso.

martes, 10 de marzo de 2009

Grupo de la semana (y II): Vampire Weekend

Estos cuatro panolis provienen de Nueva York y fueron una de las revelaciones musicales más celebradas durante el pasado 2008. Atienden al nombre de Vampire Weekend y con su álbum homónimo de debut consiguieron meterse a crítica y público en el bolsillo. Hasta tal punto que su disco aparece en todas las listas sobre los mejores lanzamientos del 2008 en posiciones de privilegio. No en la mía y vaya si me arrepiento.

El caso es que suenan de coña, ofreciendo una suerte de indie-rock suavecito, con bonitas letras, marcada influencia de las músicas africanas y facturando, en definitiva, un producto muy actual pero que a la vez suena añejo. No en balde su vocalista, un tal Ezra Koenig, declaró no hace mucho que “la base de nuestra banda es no tocar rock moderno”. Junto a él, completan el cuarteto Chris Baio, Chris Tomson y Rostam Batmanglij. 

Pero bueno, ya no os aburro más... Enlazo tres vídeos para que veáis de qué pie cojean estos mendas. La verdad es que son bastante divertidos, especialmente el primero y más conocido, titulado “A-Punk”. Espero que os guste. 
“Oxford Comma”
“Cape Cod Kwassa Kwassa”

domingo, 8 de marzo de 2009

La isla de cemento


La última cosa que me he leído se titula “La isla de cemento” y está escrito por el británico J.G. Ballard. Lo hice por recomendación de un amigo que, tras contarme a grandes rasgos de que iba la historia, consiguió convencerme.

La verdad es que es un tipo interesante este Ballard, capaz de inventar complejos mundos paralelos sirviéndose de ámbitos y lugares la mar de comunes para cualquiera de nosotros. Y sin necesidad de recurrir a las fantasías propias de la novela de ciencia ficción. Así pues, al igual que en “Noches de cocaína” todo se desarrollaba en una comunidad residencial de la Costa del Sol en la que nada es lo que parece, en “La isla de cemento” todo ocurre en un micromundo que el autor recrea con maestría en la confluencia de tres grandes vías de acceso a Londres. Es ahí donde Robert Maitland, un arquitecto de trentaitantos, se ve confinado tras sufrir un grave accidente de tráfico del que nadie se percata. Al principio el tipo se desespera -¿cómo puede ser que esté varado en esta isleta y nadie se pare a ayudarme?-. Es más, sus intentos iniciales por conseguir el auxilio de otros conductores, le llevarán a caer malherido. O sea, más aún de lo que ya estaba tras el choque inicial. Más adelante y tras sobrevivir a duras penas, asume su rol de Robinson Crusoe contemporáneo, perdido en alguna remota isla desconocida. Es ahí cuando, consciente de su desgracia, Maitland comenzará a explorar el lugar para encontrar alguna vía de escape alternativa. Durante todo ese tiempo, preso de intensos dolores y de la fiebre, empezará a comprender los motivos que lo han llevado a ese paisaje de hierba y cemento, imagen y escenario de su propia alienación. Encima la cosa se complica cuando entre reflexión y delirio descubre que no es el único morador de la isla.

La verdad es que me ha gustado muchísimo. Bastante más que todo lo anterior que había leído del autor. No puedo sino recomendarlo.

sábado, 7 de marzo de 2009

Festuki


¡Ala! Ya es fin de semana otra vez. Encima viene con buen tiempo, además del consabido olor a pólvora propio de las fiestas falleras que se otean en el horizonte. De ahí que os desee que paséis un buen sábado noche de desbarre controlado -en coneiximent!-, que los cuerpos ya no son los de antaño. Mucho menos están como cuando teníamos dieciocho añitos. Para animaros, dejo colgados varios vídeos de un personaje clave de la festa que marcó mi juventud y la de toda una generación. Hablo por supuesto del gran Joaquín Isidoro Bayo Gómez, principal introductor de la EBM en España (ja ja). Un tío capaz de hacerse rayas de a palmo sobre un vinilo mientras este rodaba en la tornamesa. Personaje único e inigualable.

Cuenta la leyenda que el tipo era campeón de Motocross y se lo dejó para meterse a DJ... ¡Qué gran pérdida para el deporte profesional! Y para meterse de todo y es que también circula el rumor de que ostenta el récord Guinness de consumo de rulas con una marca aun vigente hoy día. Luego se cortó el pelo y protagonizó un programucha en televisión autonómica en el que daba consejos a la peña. ¡Qué gran pérdida para la fiesta!

Sin más os dejo con el inimitable Chimo Bayo...

(XTA SÍ XTA NO)
El clásico de los clásicos. ¿Quién no ha bailado el “así me gusta a mí…”? A ver… ¿qué yo me entere?

(BOMBAS)
“Bombas, bombas... ¿¡qué pasaaaa!?” Eso, eso, ¿qué pasa?

(LA TÍA ENRIQUETA)
“…me voooy de vareta.... varetaaaa.... varetaaaa... varetaaaa”
¡¡¡Favareta power nano!!! He de reconocer que ese verso que dice “la Tía Enriqueta que va per Favareta montada en bicicleta y lleva camiseta” goza de una potencia evocadora extraordinaria.

(ZASKATRONIC)
Esta versión la vi el otro día en el programa de Berto Romero en La Sexta y me hizo mucha gracia… Vaya, que no es tan difícil grabar un hit de música techno...

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Pd. Esta entrada no cuenta en la sección “Grupo de la Semana”. Sorry.

jueves, 5 de marzo de 2009

Los mejores cuentos de Fitzgerald


Francis Scott Fitzgerald no tuvo una vida especialmente larga. Nacido en 1896 en St. Paul, capital del estado de Minnesota, murió cuando tan sólo contaba con 44 años. Si bien y esto es lo importante, aprovechó todo ese tiempo para escribir cinco novelas y docenas de relatos breves que lo consagrarían como uno de los más importantes escritores estadounidenses del siglo XX. Su obra más conocida es una novela, la magnífica “El Gran Gastby”, pero es a través de los cuentos donde Fitzgerald alcanzará su cenit literario. Estos, al igual que su propia vida, están llenos de mujeres audaces, arribistas sin escrúpulos, filósofos impostados y hombres para los que la valía personal se mide en dólares o en la reputación de un apellido. Nadie mejor que él para reflejar la desesperación de una generación de jóvenes de clase alta que no paran de buscar diversión, en un continuo empeño en quemar la vida.

Ese tipo de héroes son los que protagonizan los siete relatos que se incluyen en esta compilación de reciente aparición editorial, aprovechando el tirón del film “El curioso caso de Benjamin Button” de David Fincher. Este último, junto al guionista Eric Roth, se inspiraron en uno de esos cuentos menos conocidos de Fitzgerald. La particular historia de un hombre que nace anciano y se va haciendo joven conforme cumple años, al contrario de lo que dicta la madre naturaleza.

Quizás los cuentos más conocidos en toda la trayectoria del padre del Sr. Button sean “El palacio de hielo” y “El niño bien”. Ambos, al igual que el mencionado anteriormente, están incluidos aquí. El primero narra la historia de un amor que se torna imposible por causa de las diferencias entre el norte y el sur de los Estados Unidos. Expone a una joven dama sureña que tras enamorarse de un caballero del norte, hace las maletas para presentarse ante la familia de aquel y formalizar así el enlace. Una vez allí y tras verse involucrada en varios incidentes, se percata de cuanto echa de menos su tierra natal. El segundo cuenta la historia de un forever young de manual. Un niñato que renuncia al amor por vivir a lo grande y sin preocupaciones. Todo ello, visto en retrospectiva, hace que se replantee algunas de sus decisiones. Más aún cuando toma consciencia de que, tras disfrutar a full de la borrachera, es tiempo de padecer la resaca.

La pareja de “El viaje al extranjero” y el próspero empresario de “Retorno a Babilonia” guardan ciertas similitudes con el niño bien. Tanto los unos como el otro se dan cuenta de que necesitan darle un nuevo enfoque a su vida y purgar los errores cometidos en el pasado. El joven matrimonio pretende asentarse y dejar esa huida hacia adelante continua en la que consistió su periplo europeo. Mientras tanto, el industrial tratará de volver a la ciudad en la que pasó sus mejores años para enmendar un terrible error que marcara su vida.

También son muy Fitzgerald las acaudaladas señoritas que protagonizan “Bernice a lo garçon” y “La última belleza sureña”. En ambos casos se trata de muchachas que consumen sus días pavoneándose en público y disfrutando de la vida. En todo caso “Bernice a lo garçon” me parece más interesante. Es más, creo que es el mejor cuento del libro. Y es que ese juego de odios encubiertos entre las primas, con venganza final incluida, resulta maravilloso a la par que terrorífico.

martes, 3 de marzo de 2009

La dignidad de los perdedores: “El luchador”


El pasado fin de semana fui al cine a ver “El luchador”, la última peli dirigida por mi adorado admirado Darren Aronofsky. Cuenta con Mickey Rourke en el papel principal, en una interpretación que le ha valido la obtención de un Globo de Oro, además de la nominación a los Oscars. La del cenicero humano, tal como Kim Bassinger lo rebautizara en 1986, es una suerte de resurrección que recuerda mucho a la protagonizada por John Travolta gracias a Quentin Tarantino y “Pulp Fiction”. Encima, este cuarto trabajo en la trayectoria del director canadiense, también fue premiado con el León de Oro durante el pasado Festival de Venecia.

La cinta cuenta la historia de Randy “The Ram” Robinson, un luchador profesional de wrestling -el pressing catch de toda la vida-, que tras haber sido una estrella en los ochenta, ahora malvive combatiendo en cuadriláteros de tercera categoría. Cuando los golpes recibidos empiezan a pasarle factura, decide poner un poco de orden en su vida. Lo intenta acercándose a una hija a la que abandonó de pequeña. También con el amor hacia Cassidy, una stripper treintañera que, al igual que él, ya ha visto pasar sus días de gloria. Y es que la película tiene mucho de elegíaca. Tanto el personaje de Randy como en el de Cassidy son conscientes de que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero les cuesta reconocerlo. Más en el caso de Ram quien, destrozado física y sentimentalmente, no ceja en el empeño de alcanzar un sueño imposible consistente en retornar a la cima del wrestling dos décadas después.

En este sentido me parecen muy significativas un par de escenas que muestran el nivel de decadencia del personaje. La primera se produce cuando Randy comparte con un vecino de la barriada de autocaravanas en la que malvive, varias partidas en una vieja Nintendo. Juegan a un videojuego de lucha libre de los ochenta protagonizado por el propio Ram y el chaval no tarda en aburrirse con algo tan antiguo y pixelado. Acostumbrado a cosas más de su edad, el crío pregunta a Randy si conoce el Call of Duty 4. Esta secuencia concentra el discurso amargo y a la vez épico de “El luchador”. La crónica del fracaso de un ser humano que depositó todas sus esperanzas en espejismos a costa de su alienación sentimental. Y a quien, finalmente, solo resta la dignidad de apurar hasta el fondo el sentido de la vida que forjó para sí. Topo ello simbolizado en un mísero videojuego que recrea su instante de mayor gloria deportiva, acaecido veintitantos años atrás.

La otra escena se desarrolla cuando los dos personajes principales comparten cervezas en algún antro e inician una conversación sobre las bondades del rock ochentero. “¡Eso sí que era música!”, afirman al unísono, refiriéndose a roqueros de pelo cardado como los Guns n’Roses o Mötley Crüe… “Hasta que apareció el maricón de Cobain para joderlo todo”. La conversación termina con el luchador lamentándose de que los 90 son una puta mierda. Simbólica contraposición entre dos décadas y dos estilos musicales. Los 80 con los máximos exponentes del heavy metal californiano, cuyos hits hablan de chicas, alcohol y diversión; Vs los 90, la década del grunge, con la horda de grupos surgidos de Seattle y alrededores, con sus odas al desarraigo y la autodestrucción. Lo curioso es que tanto Ram como Cassidy añoran el espíritu de los 80, pese a que sus vidas tienen más que ver con el signo de la década posterior. La que vio triunfar a Vedder, Cornell o Staley.

Podrían comentarse muchas más cosas sobre el film, sus protagonistas, la ambientación o las lecturas y símbolos buscados por Siegel –el guionista- y Aronofsky. También criticar la aparente simpleza del planteamiento e incluso aludir a películas anteriores que ya trataban estos mismos temas mejor o peor. O ver las similitudes que presentan otras producciones cuya temática principal tiene que ver con el mundillo pugilístico. Todo lo que queráis, pero nada de eso rebajaría la consideración de P E L I C U L Ó N -así, con mayúsculas-. Es más, aun con las premiaciones de la última gala de los Oscars en la retina, me permito afirmar que “El luchador” de Aronofsky es bastante mejor que todas las producciones galardonadas. Especialmente si la comparamos con la ganadora de la noche, “Slumdog Millionaire” de Danny Boyle. Una historia mucho más simple y limitada que ésta pero que gracias a la promoción, el auto bombo y el exotismo de postal, ha tenido un mejor tratamiento por parte de la crítica y la consiguiente acogida por parte del gran público.

Mención aparte merece el desempeño de Marisa Tomei en el papel de Cassidy, como Mickey Rourke en el papel de Ram. Ambos lo bordan. Y es que el comeback del bueno de Mickey, otrora chulazo oficial de La Meca hoollywoodiense, ha permitido que viésemos su mejor actuación de siempre. No me explayaré en esto, más allá de recomendaros el fantástico artículo “Los demonios de Mickey Rourke” que apareció publicado en El País Semanal.
Y eso es todo. Id a verla mangurrinos.
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