Hoy es el día, transcurridas ya bastantes
horas desde que asistí a los conciertos de estas dos grandes bandas
norteamericanas. Con la perspectiva que da el tiempo transcurrido desde el fin
de sendas actuaciones y con una considerable mengua de la inflamación genital
que me produjo el concierto de Interpol,
paso a relataros como lo vi yo. Digo esto último para justificarme por no haber
colgado esta entrada el mismo domingo por la noche, o el lunes por
la mañana a mucho tardar. De haberlo hecho así, hubiese trascrito todo aquello
que me pasaba por la cabeza en ese momento y esto distaría mucho de ser un post musical (además de que alguien, con
más razón que un Santo, se hubiera enfadado mucho conmigo). Tan sólo apuntaré
una cosa: este país esta lleno de infelices y de mermados. Así de claro. Manadas
de pre-mentales campan a sus anchas en nuestras principales ciudades. Gentes
cuya mayor aspiración en la vida es joder la marrana y que corroboran
magníficamente las tesis de los filósofos Étienne Balibar y Slavoj Zizek. Aquellas
que identifican como un rasgo propio de la vida contemporánea, la manifestación
de una crueldad excesiva y no funcional. Una crueldad que abarca las
explosiones de violencia insensata protagonizadas por los adolescentes y los marginados
de nuestras megalópolis. El id-Evil
-mal básico-fisiológico- como lo llama Zizek, y que supone una violencia sin
motivación utilitarista o ideológica alguna. En fin, tampoco quiero llevaros a
engaño, no hubo gresca o al menos no hubieron palos que es de lo que se trata.
Eso sí, se produjo un momento de tensión de esos en los que uno se alegra de
vivir en Europa y no en los EEUU. Lo digo por la facilidad que tienen los
gringos para agenciarse una recortada en el Súper de la esquina.
Con todo,
y ahora si que termino con este tema, me jode mogollón no haber podido
disfrutar de un concierto tan ansiado como ese por culpa de cuatro mermados y
una mermada. Y no sólo por ellos. Me da la sensación de que Madrid esta repleto
de gente así. ¡Ojo! Que nadie se me moleste. La ola de merma se extiende
peligrosamente por todo el país y seguramente afecta por igual a barceloneses, sevillanos, bilbaínos o valencianos (bueno, en este último caso fijo que el porcentaje es
mayor). Lo que pasa es que a más población, mayor es el número de
afectados por la plaga... ¡Aunque lo más acojonante es la multitud de infectados que a la vez son fans de Interpol!
Ok beibis, vamos a lo que importa. El viernes por la
noche, casi recién aterrizado en la capital y tras una horita a bordo del
metro, entramos en La Riviera para
disfrutar con los Vampire Weekend. Por
cierto que, antes de entrar en harina, voy a recomendar a los señores
responsables de esta conocida sala madrileña, que hagan algo por mejorar la
acústica del recinto. Y aparte de eso también podrían cortar las putas palmeras
del centro, ¡por el amor de Dios que cosa más hortera! En fin… De los teloneros
poco puedo deciros. Entre que llegamos tarde y que unos simpáticos
vallisoletanos nos invitaron a beber pacharanes en un bareto de los
alrededores, nos perdimos la actuación de Jenny and Johnny. Tampoco pasa nada, no teníamos demasiado
interés, la verdad. Cuando accedimos al recinto aquello ya estaba a parir.
Sobretodo de pipiolos con pintas de Erasmus y chavalitas del terreno rendidas a los píes de
Ezra Koening, un guayongo de sonrisa
inmaculada que se presentó ante el público con unos náuticos sin calcetines
-¿alguien ha dicho clase?- Bueno, lo de presentarse ante el público no es más
que una forma de hablar, ya que los Vampire
Weekend salieron y sin mediar palabra comenzaron a interpretar "Holiday",
"White sky" y después la resultona "Cape Cod Kwassa Kwassa".
Suficiente para ganarse al público. De ahí hasta el final bailongueo en el marco de un concierto muy divertido que apenas si
decayó en algún momento, con mención especial para la despedida y cierre, bises
incluidos, en la que empalmaron "A-punk", "Horchata",
"Oxford Coma" y "Walcott". Por si no lo habéis deducido ya,
me gustaron mucho. Pero mucho, mucho…
Y
del divertimento vampírico pasamos a la oscuridad de Interpol. ¡El lado oscuro de la fuerza! Por lo visto el preferido
por cientos de mermados. No retomaré nuevamente el temita extra-musical con el que inicio el post, pero si os diré que mi estado de ánimo no era el mejor para disfrutar
del concierto. Se celebraba en un Palacio Vistalegre repleto hasta los topes y
eso que con el precio de la entradita los promotores se pasaron un buen rato.
En esta ocasión llegamos a tiempo para ver a los teloneros, los
norteamericanos britanizados Surfer Blood, aunque no me hubiera
importado perdérmelos. No les conocía de nada, pero tras oír lo mal que sonaron
y ver que sus camisetas promocionales reproducían la mítica portada del
“Unknown pleasures”-¡so pretenciosos!-, no me quedan muchas ganas de hacerles
seguimiento. Pero se lo haré, que me conozco. Y en estas que salieron Interpol
y en su versión más sólida y oscura. Si alguna vez tuvo sentido eso de declararles
como los legítimos herederos de Joy
Division, creo que podría ser esta. Incidentes al margen, el concierto
contaba con los alicientes necesarios para ser recordado durante mucho tiempo. Con Paul
Banks dando clases de español y explicando, para sorpresa de muchos, lo
importante que para él es/fue Madrid, ciudad en la que residió entre los once y los
dieciséis años -al ser el hijo de un diplomático británico destinado aquí- y en
la que quedaron definidos sus gustos musicales (esto se lo he leído en más de una
entrevista). El concierto en sí consistió en una acertadísima mezcla de sus últimos
temas, muy mejorados respecto al disco, con hits
del pasado, sobretodo extraídos del aclamadísimo “Antics”. Comenzaron muy
sobrios con "Success", de su disco homónimo, para después continuar
con "Say Hello To The Angels", de su fantástico debut “Turn on the
bright lights”, y con "Narc" del mencionado “Antics”. Si bien la cosa
no se puso calentita hasta que empalmaron "Summer Well" con la extraordinaria
"Slow Hands", coreadísima por el público. Después volvieron a la
oscuridad más absoluta en lo que para mí constituyó la mejor parte del
concierto, tocando de forma consecutiva "Untitled", "Barricade"
y “Lights” -los dos singles extraídos hasta el momento de su último álbum-, "PDA"
y cerrando con "Not Even Jail". Tras hacer como se marchaban, paripé
habitual en los conciertos de cualquier banda que se precie, reanudaron el show interpretando "The
Lighthouse" y cerraron de forma apoteósica con "Evil" y "The
Heinrich Maneuver". En fin, un maravilloso concierto que, por los motivos medio-expuestos,
tan sólo pude disfrutar fifty fifty. Una auténtica lástima. Por
cierto, que no lo he dicho, la puesta en escena con ese acertado juego de luces
fue acojonante. De lo más chulo que he visto nunca sobre un escenario. Una auténtica pasada, sí señor.
Una última cuestión para que alguien me responda. ¿Como coño seleccionan las empresas de seguridad privada a sus trabajadores? No sé, es que tengo la sensación de que les pasan un psicotécnico y si lo aprueban no los contratan ni de coña. Tan sólo si lo catean, pero bien cateado, consiguen el trabajo. Al parecer si son demasiado listos no valen para estar en la puerta del Palacio Vistalegre haciendo funciones de autoridad cerril. Por otra parte si lo aprueban los pelos a los aspirantes se les presenta un dilema: ¿somos demasiado listos para currar de seguratas pero demasiado tontos para otros trabajos?... ¡pues vamos a Ryanair!
Una última cuestión para que alguien me responda. ¿Como coño seleccionan las empresas de seguridad privada a sus trabajadores? No sé, es que tengo la sensación de que les pasan un psicotécnico y si lo aprueban no los contratan ni de coña. Tan sólo si lo catean, pero bien cateado, consiguen el trabajo. Al parecer si son demasiado listos no valen para estar en la puerta del Palacio Vistalegre haciendo funciones de autoridad cerril. Por otra parte si lo aprueban los pelos a los aspirantes se les presenta un dilema: ¿somos demasiado listos para currar de seguratas pero demasiado tontos para otros trabajos?... ¡pues vamos a Ryanair!


