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viernes, 3 de julio de 2020

Píldoras musicales 2020

Estamos ya a mitad de ejercicio y, a excepción de cuando me deshice en elogios con el nuevo proyecto de Afonso Dorido, o con la mención al fantabuloso nuevo álbum de Clem Snide metida con calzador en un post literario, no había colgado nada relacionado con la que es mi pasión principal. Así pues, sin ofrecer una disculpa ni media, paso a relacionar los trabajos musicales de esta cosecha 2020 que me tienen enganchado. Quizás faltaría alguno, es verdad, pero prefiero pegarle otra vueltecita más y reservarles una futura entrada. Que lo mismo os digo esto que luego de ná, lo sé… Ya conocéis el percal. En fin… ¡Allá vamos!

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Storm damage”, Ben Watt

¡Hostias! ¡¡¡Que este tipo es el Everything but the Girl!!! ¡Que no me han molado en la puta vida! Es más, cuenta la leyenda que una vez, allá por el Pleistoceno Medio, acudí a uno de sus shows en les terres del nord y acabé marchándome a la tercera canción. Pero mira tú por donde que ahora me doy de bruces con esto. Y aunque me cueste, he de reconocer que es harina de otro costal. Gratísima sorpresa. Y vale que quizás la cosa ya venía de lejos. Soy consciente de que es el cuarto disco en solitario del menda, pero como nunca hasta ahora le había prestado atención… Así pues, ¿que decir de “Storm damage”? Todo bueno. Que me ha parecido trabajo delicioso. Con esa cadencia jazzística, sus apuntes tristes por doquier y en donde se combinan sabiamente los ritmos orgánicos con la cosa electrónica. Canela en rama. En serio. Muy en serio. ¡No os riáis cabrones!

Dear life”, Brendan Benson

No por esperado, menos deseado. Aunque, lo tengo que decir, conociendo cómo se las gasta el gachón y apelando a su inmaculada trayectoria en solitario o junto a The Raconteurs, fantaseaba con un artefacto más fastuoso. Con todo, el rubio de Michigan, amigatxo del alma de Jack White, nos ofrece once cortes bien variaditos en los que se respira una sensación de libertad poco común en los tiempos que corren. Y vaya, que el muchacho se ha ganado el derecho a hacer lo que le salga del nabo. Y en eso consiste la séptima entrega en solitario de este casi cincuentón, que puede fardar de trayectoria. Brillando con luz propia en este cachivache, “Richest man”, “Evil Eyes” o el tema que da título al disco.

Making a door less open”, Car Seat Headrest

A ver, es cierto que suena raro escuchar al amigo Toledo con sintetizadores. Aún más el ver cómo ha parido un disco tan poco conexo como este –las canciones podrían estar incluidas en 3 o 4 álbumes diferentes y no pasaría nada-. Pero vaya, que a un genio se le perdona todo. Y es que, pasando por alto esto último y más allá de valorar aquello de que el movimiento se hace andando y que aquí, el amigo ha intentado reinventarse por enésima vez, me parece que el disquito contiene un buen puñado de composiciones dignas de alabar. “Weighlifters” con la que abre, me parece tremenda. “Deadlines (Hostile)” un cañón. “Life worth missing” y “There must be more tan blood” me encantan y “Martin” directamente me tiene loco. ¿Qué hay canciones no tan brillantes? Sí. ¿Y en que disco no? Pero vaya que, haciendo un análisis global de la cosa, a mí me satisface. Y sí, obviamente es un trabajo valiente que asume bastantes riesgos, pero, sobre todo y lo más importante es que resulta muy disfrutable. ¿Cuesta entrar en él? Tampoco tanto. No exageremos.

On circles”, Caspian

Para servidora, lo mejor que ha publicado el ahora sexteto desde el inigualable “Tertia”. Obra maestra absoluta de un género como el post-rock, cada vez más vulgarizado. Con una fórmula que no es nueva, pero que en sus manos aún resulta fresca, gracias a esos muros de sonido con marca registrada y esa constante apelación a la emotividad tan suya. Desde Boston con amor y aún más con ruido. Por cierto, “Collapser” es un temarro para la posteridad. He dicho.

Have we met”, Destroyer

Nueva entrega en forma de disco, de uno de los compositores más singulares del pop actual: el canadiense Dan Bejar. Esta vez influido por los sonidos más ochenteros, el ambient y hasta Massive Attack, como él mismo ha reconocido en alguna entrevista. Disco de pop con mayúsculas, bailongueable pese a lo apocalíptico de muchas de sus letras. En mi opinión y sin ser un incondicional de este emérito miembro de The New Pornographers, de lo mejorcito que ha grabado hasta la fecha.

Collector”, Disq

Interesante debut el de este quinteto de Madison, que se mueve como pez en el agua por los añorados senderos del indie-rock de los noventa. Diez temas que ellos mismos califican de “representaciones orgánicas de cada momento en el tiempo” y que harán las delicias de los fans de Elliott Smith, Weezer, Built to Spill y hasta de Titus Andronicus (Why not?). Doy fe.

The unraveling”, Drive-by Truckers

Trabajo que sigue la línea marcada por “American Band” –madurez y activismo en lo lírico, rabia contenida en lo musical, sobriedad en el diseño de carpetas-. Un disco que, sin ser tan bueno como aquel, mantiene en la buena senda a una banda ya mítica. Como leí en alguna parte, parece que la furia se aleja de las guitarras para situarse ahora en las palabras. ¡Y no veas lo bien que les sienta! Aunque a las huestes de Donald Trump les haga pupita. Vaya, que siguen siendo la mejor banda de rock sureño en activo. Con todo, se echan en falta aquellos dibujitos de Patterson Hood y el antiguo diseño de caratulas. Y es que no pué ser…

Bestieza”, Los Enemigos

32 minutejos de ese rock urgente y cañero con el que lograron fama y fortuna. Vaya, lo mismo que llevan haciendo desde hace treinta y tantos años, con sobrada inspiración. Disco muy directo compuesto de diez piezas trufadas por esos textos tan chulos que le salen al Josele – “Siete mil canciones”, “La ofensa”, “Menos que un perro”, “Sacrilegio Sideral”, “Hey Judas”...-. Además, y a diferencia de algunos de sus últimos trabajos, “Bestieza” suena homogéneo. Y razonablemente fresco, aunque esto quizás sea cosa mía -¡es que lo he agarrao con muchas ganas!-. Los Enemigos saben lo que quieren hacer y lo hacen muy bien. No es cuestión de descubrir la pólvora.

Floatr”, Happyness

Cómo ya comenté en alguna otra parte, me encanta el nuevo trabajo de estos dos. Casi tanto como su debut y bastante más que el anterior, en el que, lo reconozco, me costó muchísimo entrar. Y eso a pesar de la enésima puta mierda de portada –consolidando la tradición de hacer portadas de mierda- en la carrera de la banda londinense. O hasta del título elegido. Vaya, salvo que se trate de un inesperado homenaje a Chiquito de la Calzada o una referencia al atípico verano con pandemia que nos espera -por aquello del flotador, se entiende, ¿no?-. Especialmente para los súbditos de la reina Isabel, tan aficionados ellos al melanoma con D.O. Costa Blanca. En todo caso, me postro a sus pinreles. A los de Jonny y Kenazi, no a los de la vieja Windsor.

Classical notions of happiness”, Jordana

Podría tratarse del enésimo trabajo de chica lánguida con guitarrita, cantándole al desamor y a los problemas adolescentes y/o haciendo gala de una viejuventud a todas luces innecesaria. Pero no. O bueno sí, porque aquí hay mucho de introspección y madurez impropia, pero hay bastante más. Creo. Los cortes presentan un sonido y una fórmula bastante particular, por decirlo de alguna manera. Circulan al trote cochinero, pero de golpe surge el genio. La Jordana vendría a ser entonces una suerte de Karim Benzema con mamellas y consagrado al noble arte de las musas, en lugar de a dar asistencias memorables o marcar goles imposibles. Responsable de preciosas melodías que sirven no solo como recipiente para unas letras bastante chulas. Un disco simpático. Lento, que no aburrido, e imperfecto como todo debut que se precie.

Lina_Raül Refree”, Lina y Raül Refree

Después de Sílvia Pérez Cruz, Rocío Márquez o la Rosalía de los comienzos -además de colaborar con Lee Ranaldo, entre otros-, el ex-Refree se mete de lleno en el mundo del fado. Del fado sin guitarra portuguesa, por lo que, supongo, habrá recibido su buena dosis de hostias. Como por otra parte, ya le pasó en la piel de toro tras “profanar” la tumba de Farina o de La Niña de los Peines. Estamos ante un disco de fado que no es fado, con piano, sintetizadores y armonio, pero sin cuerdas y bastante más oscuro para lo habitual del género. Hay quien ve similitudes con las cosas de Nico, si la artista nibelunga hubiese nacido en el barrio de la Alfama. No me convence del todo. En todo caso, el proyecto gira en torno al repertorio de Amália Rodrigues y es Lina Rodrigues quien le pone voz, por lo que si no es fado, se le parece un huevo. Y mola un ídem.

Good souls better angels”, Lucinda Williams

He leído todo tipo de descalificaciones a la hora de valorar el nuevo trabajo del fenómeno de Luisiana. Pues mira, a mí me parece descollante. Se tenía que decir y se dijo. Cadencias blueseras, country-rock del clásico al guarrete, denuncia política sin pelos en la lengua y unas buenas dosis de a fer la mà tot. Tremendo es poco, insisto. Y no tengo más que añadir. Ni voy a discutirlo con nadie.

Beat poetry for survivalists”, Luke Haines y Peter Buck

Proyecto de quien fuera líder de los Auteurs o, más recientemente, Black Box Recorder, junto uno de los fundadores y guitarrista principal de R.E.M. Y los tipos se han sacado de la manga este delicioso trabajo colaborativo. Zurcido a cuatro manos e ideado a dos cerebros, suena tanto a sus bandas madre como a Lou Reed a quien, de alguna manera, rinden homenaje. Vaya, también al chalao de Jack Parsons a quien dedican uno de los mejores cortes del álbum.

Uneasy laughter”, Moaning

Quizás sea este el disco al que más vueltas le haya pegado en lo que llevamos de año. Y es que me parece la hostia. A ver, tampoco es cuestión de fliparse. “Uneasy laughter” no incluye nada especialmente novedoso en su interior. Es más, se desarrolla entre los transitados senderos del revival post-punk, con algunos matices. Eso sí, creo que es un paso adelante maravilloso e inesperado, el emprendido por el trío angelino. Dotándose de un repertorio más interesante y completo, que destaca por unos estribillos tan poderosos como pegadizos. Además se trata de un trabajo sin material de relleno. Sus trece piezas cobran sentido en el total y cada una de ellas ralla a buen nivel. En el caso de “Ego”, “Make it stop”, “Connect de dots”, “Fall in love” o “Coincidence or faith” más que eso...

Never not together”, Nada Surf

Regreso feliz del proyecto musical comandado por Matthew Caws y Dani Lorca. Y eso que este nuevo álbum no mola tanto como su predecesor, “You know who you are”. Pero es que aquel era una puta barbaridad... Con todo, tenemos nueve temas bien bonitos que condensan todo el saber aprendido por la banda neoyorquina en sus casi tres décadas de existencia. Y es que “Never not together” supone la enésima invitación al goce, a tararear, a sacarnos una sonrisilla o unas lágrimas (según se tercie), como solo ellos saben hacer. Y se agradece… Alguna vez he escrito por aquí que Nada Surf son eternos y su estrella no se apagará nunca. Lo han vuelto a demostrar. Y sin necesidad de promoción, como siempre. Para eso tienen sus canciones. Ya les gustaría a otros con menos años y más medios...

Feral”, RVG

Segundo lanzamiento del grupo de Romy Vager. Líderesa de esta interesante formación que he conocido gracias a este fantástico “Feral”. Incluyendo una decena de temas que beben de referentes reconocidos, como sus paisanos los Go-Betweens, pero también los británicos The Soft Boys y The Smiths. Canciones que tocan ese punto dulce entre lo claro y lo oscuro, sin desdeñar el ruido de guitarras. Mención aparte para la voz andrógina de la Santo y seña de este combo forjado en Melbourne. Muy especial lo de esta señorita y sus adláteres.

X”, She Past Away

Primero colgaron un par de remixes en su Bandcamp y pensé que de ahí no pasaría la cosa. Pasado un tiempo, fueron acumulándose varios más, a cada cual mejor. Todos ellos firmados por eminentes miembros del all star de la cosa oscura. Al final, juntaron todas las piezas, revisiones y perversiones, incluyeron alguna cover, y se sacaron de la manga un discarro doble y tremebundo que me tiene fascinado. De hecho, creo que es lo mejor que han parido estos turcos en una aún corta trayectoria, consagrada a revitalizar los sonidos de la darkwave. Veintidós cortes -que se dice pronto-, por los que desfilan gentes como The Soft Moon, Boy Harsher, Bragolin, Lebanon Hanover, Front 242, Dear Deer, Clan of Xymox, Selofan o el tipo de Xeno & Oaklander. Varios de ellos son brutales.

Traditional techniques”, Stephen Malkmus

Folk psicodélico con cierta deriva country y algunos giros más propios del blues-rock. Ecos a los Beatles in India, a Led Zeppelin, también a Canned Heat y que sé yo. Vaya, que el tercer disco en solitario del líder de Pavement sin Pavement y también sin los Jicks, es exactamente lo que Stephen ha querido que sea. Ha hecho lo que le sale de la chorra y a huir, importándole una higa lo que digamos los demás. Enésimo peldaño de esa autopista hacia el cielo por la que transita este californiano. Es más, si le hacemos caso a su discográfica y esto forma parte de una trilogía -junto al tremebundo último trabajo de los Jicks, y a la electrónica rara de “Groove Denied”-, todavía resulta más extraordinario. ¡Encima el tío sigue girando con Pavement! Steph, ya que estas on fire, ¿qué no grabarías un largo con tu banda madre? ¿Un epé manque sea? Por pedir que no quede…

Saint Cloud”, Waxahatchee

Ya para acabar, el nuevo disco de Waxahatchee. En él se nos presenta a una nueva Katie Crutchfield más feliz, o al menos no tan enfadada con el mundo y quien sabe si más conforme con la vida. Un trabajo más cálido que los anteriores y probablemente más apto para todo tipo de paladares. Apreciándose un acercamiento a sus raíces, de las que, según ella misma cuenta, renegó durante años. También se siente la impronta de los chicos de Bonny Doon, joven banda de Detroit que ya os recomendé hace un par de años y que, desde hace un tiempo, acompaña a la artista de Alabama en sus giras. Así pues lo-fi enriquecido, country a su manera, rock sureño del de toda la vida de Dios, mucho pianito y poca distorsión… Y absolutamente nada de aquel indie-rock primigenio. Otra Katie es posible, yes. Todas ellas son igualmente brillantes.

miércoles, 21 de marzo de 2018

Unos cuantos discos de principios de este año con los que estoy flipándolo o da’ best albums of 2018 pa’ este menda (so far)


El primero es el reciente trabajo de Jeff Rosenstock, titulado “POST-”. Tercer álbum en solitario del otrora líder de los desaparecidos Arrogant Sons of Bitchet y Bomb the Music Industry! que te puedes debes descargar gratuitamente desde su Bandcamp porque es una puta bomba. Punk Rock ultra vitaminado y mineralizado con el que el músico de Long Island arremete contra los responsables de la precaria situación social de su país y muestra sus reparos a la elección presidencial del innombrable señor con un felpudo oxigenado a modo de cabellera. Diez cortes memorables que integran un discarro casi sin altibajos en el que, si acaso, sobresalen tres aspirantes a himnos para este 2018 como son “USA”, “Beating my Head Agaist a Wall” o “Left Them Win”.  

Continuamos con el nuevo material de ese geniecillo rubio nacido a orillas del río Mississippi que atiende al nombre de  Kyle Craft. “Full Circle Nightmare”, que así se llama su segundo álbum, no es tan deslumbrante como su antecesor pero mantiene esos ecos a Bob Dylan y ese aroma al “Hunky Dory” de El Duque Blanco que tan bien le sentaban y sientan. Tan energético como antaño, quizás se echa en falta algo de histrionismo y opereta, pero se compensa con creces gracias a la omnipresencia de la espléndida banda de acompañamiento. Con todo, se confirman las enormes expectativas puestas en el muchacho tras la publicación del glorioso “Dolls of Highland” (2016).     

Lo de Ezra Furman es una cosa muy seria. El tipo lo ha vuelto a hacer y no sé cuántas veces van. Sin duda es uno de los mayores talentos de la música surgidos en los últimos tiempos. “Transangelic Exodus” es otra puta maravilla más a anotar en el ya extenso currículum de este treintañero de cabello cambiante. Un álbum algo más introspectivo y bastante más implicado con la realidad del país que le vio nacer, en comparación a sus seis anteriores entregas. Pareciera como que al tipo le importase una higa aquello de ser comercial o no y hace y graba lo que le sale del pié. Y bien está que así sea. En definitiva estamos ante otro maravilloso disco del chicagoan que, para no perder la costumbre, crece escucha tras escucha. Además encierra gemas como “Love You So Much” o ese espatarrante  “I Lost my Innocence” a modo de despedida y cierre.  

De Shame se puede decir que son el enésimo proyecto de post-punk deudor de aquellas provocadoras bandas surgidas a finales de los setenta en la pérfida Albión. La huella es más que evidente si nos remitimos a The Fall. Desde South London, estos cinco jóvenes debutan con estas estimables “Songs of Praise” que atraparán a todos esos seguidores de Iceage o Eagulls entre los que, cómo no, me encuentro.

Por supuesto hay que hablar de este “Twin Fantasy” que es la reedición –más bien re-grabación- de aquel icónico álbum publicado por Car Seat Headrest en el 2011 a través de Bandcamp y que se convirtió al poco en una pieza de culto. Doloroso álbum con el que Will Toledo nos hacía participes de sus demonios personales y al que ahora vuelve, una vez ya vencidos, en una muestra de madurez que trasciende lo meramente musical. Aprovechando aquellas letras cojonudas y sus preciosas melodías, el de Leesburg ha enchulado el álbum de una forma tan brillante que no creo pueda defraudar a nadie.         

Supongo que el debut de los bristolianos IDLES  se titula “Brutalism” porque era imposible denominarlo de cualquier otra forma. Un disco donde el frenesí y la intensidad vienen marcadas por una batería machacona cual caja de ritmos que apenas decae en sus cuarenta y pocos minutos de duración. Eso y una dicción amenazante a lo Johnny Rotten al cargo de un vocalista que parece el primo hermano de Jason Williams de los Sleaford Mods y que en todo momento se muestra dispuesto a meterte un cate. Punk brutal a trallón para cagarse en todo bicho viviente como solo los ingleses saben hacerlo. ¿Es repetitivo? Pues sí, de la hostia… ¿Y qué?    

Marie y Lionel, oseasé The Limiñanas, ya son unos veteranos en estas lides del garage o el psycho-garage que dicen los moernos. De hecho este menda ha disfrutado lo suyo con algunos de los discos de la banda de Perpiñán que anteceden a este fantástico “Shadow People”. Nunca tanto, bien es cierto. Y es que la parejita nos regala en este 2018 un álbum oscurete y repleto de tremendas atmósferas que, sin ningún género de dudas, es lo mejor que han parido hasta el momento. Un cacharro opresivo y con tendencias machaconas que se aleja un tanto de la idea que se tiene de la bella Francia. Bien es cierto que ahí colaboran gentes provenientes de otras latitudes como Anton Newcombe -The Brian Jonestown Massacre- o el pesado de Peter Hook. También paisanos como Bertrand Berlin.

Marie/Lepanto es el enésimo artefacto colaborativo del siempre brillante Will Johnson, aquí junto a Justin Kinkel-Schuster –que ver con Bernardo y sí con los Water Liars-. La asociación da como resultado este “Tenkiller”, bonito álbum de folk-rock que es a la vez tierno y oscuro, a veces introspectivo y otras más psicodélico. Es verdad que tiene momentos en los que el talento de Johnson nubla por completo la aportación de su compañero de fatigas, pareciendo como si estuviéramos ante un nuevo trabajo de Centro-matic. Como muestra “Inverness”, sin duda uno de los mejores cortes del álbum. O hasta de South San Gabriel cuando suena “Famished Raven”. ¿Me parece mal? Pues qué queréis que os diga… No. Más bien al contrario. Con todo no siempre es así y hay mucho espacio para el lucimiento conjunto en un álbum que requiere de un par o tres escuchas reposadas para apreciar todos los matices. Disfrutable tanto para fans de Crazy Horse como de los Jayhawks. Y por supuestísimo para los del maestro Johnson.        

El “I’m Bad Now” supone la evolución lógica y coherente de Nap Eyes tras la publicación de “Whine of the Mystic” en 2015 y “Thought Rock Fish Scale” en 2016. Solo hace falta una escucha para percatarse. Delicioso indie-rock introspectivo y repleto de sutilezas en el que se aprecian ecos a Jonathan Richman con o sin sus Modern Lovers, o hasta de Lou Reed con o sin la Velvet Underground. Por ponerle algún pero, hubiese molado que desarrollaran un pelín más la visceralidad que se esboza en temas como “Judgment” o “Sage”, que por otra parte son de lo mejorcito del álbum. Bueno, quizás lo han dejado para próximos trabajos y me parece muy bien. Lo cierto es que a la banda de Nueva Escocia le está quedando una hoja de servicios la mar de interesante.  


MarDev Records fue el sello que se sacaron de la manga los chicos de Nada Surf para auto editarse, cuando la gente de Elektra -con bastante poca vista- decidiera pasar de ellos. Este 2018 y con motivo del quince aniversario de “Let Go” -para muchos entre los que no me incluyo su mejor disco-, e l trío neoyorquino se ha embarcado en una gira que les está llevando de aquí para allá. Con motivo de la efeméride, el mencionado sello ha publicado dos bonitos discos homenaje al ópus magnum de 2002. Uno más redondito al cargo de bandas angloparlantes y que se titula “Standing at the Gates: The Song’s of Nada Surf’s Let Go”. Otro un tanto más irregular protagonizado por bandas españolas titulado “Tu Aura Brilla Más: Let Go/Nada Surf, 15 Aniversario” Con todo le he pegado más escuchas a este último, no sé si por proximidad o simplemente a modo de particular homenaje a una banda con la que he disfrutado tantísimas veces desde mi tardo adolescencia y que siempre ha tenido a España como segundo hogar. Hay versiones muy chulas al cargo de Lagartija Nick o, sorprendentemente, de los Niños Mutantes. Responsables de una maravillosa reinterpretación de “La tormenta del ‘77” que no desmerece al original ni a la versión anglófona, también muy chula y que está ejecutada por los Manchester Orchestra. Destacables también en este último son las piezas revisitadas por Ron Gallo, Ed Harcourt, Rogue Vague o William Tyler.

No me preguntéis porqué, pero también ando colgadísimo de esta marcianada minimalista titulada “Glass” y que se gestó en el marco de  la conmemoración del 110 aniversario del nacimiento del arquitecto Philip Johnson. Los hacedores son Alva Noto & Ryuichi Sakamoto que al parecer se desplazaron hasta la Casa de Cristal del susodicho en Connecticut,  para fijar micrófonos de contacto en las paredes de vidrio y frotándolas con mazos de goma, generar tonos que combinaron con otros ruiditos generados con cuencos, teclados y yo que sé que más. El resultado es un único corte de treinta y siete minutos absolutamente hipnótico, etéreo  y misterioso con el que la pareja retoma su senda colaborativa tras la banda sonora de “El Renacido” (“The Revenant” – 2015).

Descubrí hace tiempo a Lucy Dacus. Fue gracias a un Tiny Desk Concert en el cual la cantautora de Richmond venía a presentar unas pocas canciones de su disco de debut. Dos años después y con solo veintitrés primaveras en su haber -¡quien las pillara!-  nos regala diez nuevas historias incluidas en un elepé que se titula precisamente “Historian”. En él ahonda en esa particular manera de construir melodías suaves y trufarlas de ramalazos roqueros, casi siempre contenidos y supeditados a su cálida a la vez que profunda voz. En el global, el disco se aleja un tanto del slowcore de “No Burden” (2016), incorporando algunos arreglos e incluso algunas cadencias jazzísticas, que enriquecen el sonido iniciático. Sigue pareciéndome una artista notable y con muchas cosas que contar.

“Criminal” es lo nuevo del proyecto de rock industrial montado por Luis Vasquez bajo la etiqueta The Soft Moon. Y sí, digo de rock industrial, aunque con más rabia y más garra si cabe respecto a su antecesor, el genial “Deeper” (2015), que a su vez continuaba el nuevo camino emprendido por el artista californiano tras la publicación de “Zeroes” (2012). En alguna parte he leído que este disco deberían haberlo grabado Nine Inch Nails, si es que al autor de “Head Like a Hole” o “March of the Pigs” aún le queda alguna esencia encerrada en el tarrito. No podría estar más de acuerdo. Es poner a sonar “Burn” y a continuación “Choke” y después “Give Something” y comprobar como The Soft Moon se ha transformado en aquello en lo que debió haber derivado el agotado proyecto de Trent Reznor. Vamos, que el tito Vasquez se lo ha comido de un bocao.       

“Pissing Stars” supone el segundo álbum en solitario de quien fuera miembro de Thee Silver Mt. Zion o los imprescindibles Godspeed You! Black Emperor. El canadiense Efrim Manuel Menuck, considerado con justicia como un músico de culto y con amplia experiencia transitando entre los senderos del post-rock y abanderando la causa experimental. Nos ofrece aquí una vibrante entrega sobre la desesperanza y hasta el desgarro en la era Trump que, según parece, haya su fuente de inspiración en el romance vivido entre la estrella de la televisión Mary Hart y el hijo del conocido traficante de armas saudita Adnan Khashoggi (wtf!?). Disco repleto de largos desarrollos instrumentales construidos a base de drones, guitarrazos, sintetizadores y algún aporte vocal. Sobre todo en aquellas partes más “luminosas”. ¡¡¡Que haberlas haylas!!!    

Dentro del universo de las músicas etéreas se encuentra este disco, el cuarto publicado por esta cantante, pianista y organista sueca “amiga” de Varg Vikernes. La muchacha responde al nombre de Anna Von Hausswolff  y su álbum del 2018 “The Dead Magic”. Compuesto por cinco largos cortes que hallan su punto a mitad de camino entre la propuesta de los primeros Swans y los siempre fantabulosos Dead Can Dance. De hecho, guardando las distancias, hay un claro parecido entre la voz de Anna Michaela Ebba Electra von Hausswolff y la estupendísima Lisa Gerrard. Se trata de un álbum muy atractivo, tremendamente hipnótico, que seguro hará las delicias de todos aquellos fanáticos de la darkwave. Pero los de verdad. No esa peña que se ha subido al carro en marcha y no sabe ni donde están ni hacia donde van. Que en Valencia de esos los había a puñaos.

Los parisinos Heliogabale no son precisamente unos recién llegados a este mundillo de las armonías, los berridos y la matraka. “Ecce Homo”, que no es de este 2018 sino del pasado 2017, es su séptimo largo en ver la luz. Sin embargo hasta ahora no les había prestado ninguna atención. Es por ello que no puedo establecer comparativas, ni opinar sobre la evolución de su sonido. Lo único que puedo decir es que he flipado unas cuantas veces con este disco en lo que va de año. Mola esa voz casi desganada de Sasha Andrès, cantando en francés, en el marco de unas composiciones intensísimas y que destacan por su singularidad.       

Y ya para acabar –y para que acabéis de alucinar, lo sé- voy con la banda sonora del último éxito cinematográfico basado en un personaje de la Marvel. Me refiero, cómo no, a Black  Panther. The Album Music From and Inspired By, tras el cual andan Kendrick Lamar, The Weeknd, SZA. Tremendo álbum de hip hop que incluyo en mi lista de placeres culpables y en cuyas garras caí por culpa de ese puto amo que es Kendrick Lamar, el responsable máximo de que esta cosa fluya. Cincuenta minutejos de nada repletos de colaboraciones y duplas para explorar los límites del rap, el R'n'B, el afro soul y hasta el electro-pop más comercial y bailongo.
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Y eso es todo… Por ahora… A la espera de lo que nos vaya ofreciendo el año en curso. Y a expensas de comprobar si algunos de los discos que ya se anuncian, cumplen con las expectativas generadas. Muy especialmente aquellos cuyos adelantos me han puesto los dientes largos. Me refiero a lo nuevo de los santiaguinos Baikonur, cuyo single “Karellen” me hace salivar cada vez que lo escucho. También A Perfect Circle que vuelven tras catorce años de silencio, que se dice pronto. Y lo cierto es que tanto “The Doomed”, como “Disillusioned” o “TalkTalk, suenan de coña. A lo de siempre, es cierto, pero es demasiado  tiempo sin saber del señor Keenan. Hay que confiar. O el nuevo EP de unos Desperate Journalist en los que tengo puesta mucha fe y más tras paladear “It Gets Better”. Por no hablar de los prolíficos hermanos Savage y sus Parquet Courts, cuyas dos nuevas canciones están de puta madre;  o del siempre solvente Jack White, de quien me gusta esa sintonía con coros a lo “Bohemian Rhapsody” titulada “Over and Over and Over”. También unos tipos de los que tengo escasa información y que atienden al nombre de Spielbergs. Sé que son noruegos y que eso de “We Are All Going to Die” es una verdad inmutable, a parte ser un pepinazo que me retrotrae a cuando los Japandroids molaban. Y lo nuevo de Will Haven que ya sabemos se titulará “Muerte” e incluirá “El Sol”. Canción que está bien berraca que diría Pablo Escobar. Vamos, para no perder la costumbre. O ya por último, al resultado de la colaboración entre mis paisanos Tórtel y Alberto Montero, de la que no esperaba mucho a priori, pero que me ha sorprendido gratamente con “Nada será igual” y más aún con “La Puerta Dibujada”.    
Y ahora sí que sí... C’est fini.                       
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