Lo cierto es que ya hace meses que me llamaron la atención. Y es que, los organizadores de la Filmoteca d’Estiu 2017 tuvieron la brillante idea de inaugurar el ciclo con un pase especial del clásico de Eisenstein “El acorazado Potemkin”. Lo de especial es porque venía acompañado del directo de Diamont Dancer, ejecutores de una particular y novedosa banda sonora. Y así, con los dos miembros del proyecto colaborativo cara la pantalla, es como realmente les descubrí. ¿Y el maridaje? Pues bastante bueno, la verdad. Por momentos mucho. Hasta cojonudo. Sobretodo al inicio de la película, pero también ya hacia el final, en varias de las escenas que transcurren en el puerto de Odesa. Hasta el punto de que ahora, la archiconocida escena de la escalera -aquella de la madre que es alcanzada por la bala de un cosaco y el cochecito con su bebé acaba rodando escaleras abajo-, no solo me recordará al final de “Los intocables de Eliot Ness”, a la descacharrante secuencia inicial de “Atrápalo como puedas 33 1/3”, o aquella divertida escena de “Bananas” en la que Woody Allen se queda compuesto y sin novia. Y a Dios gracias que así sea.
Pegarle una vuelta al disquito. Paga la pena.

