El pasado domingo,
aprovechando que la sinusitis me dio un pequeño respiro, me acerqué hasta el Teatre el Micalet para ver “Iuventutis Day (Un zriller episcopal)” y me topé con una comedia irreverente, como no podía ser de otra forma, estando
escrita y siendo dirigida por dos gamberros como Xavi Castillo y Joan Peris. Una
historia de crímenes a lo James Ellroy -pero en versión beata y con traje de
fallera-, que incluye un sinnúmero de críticas a la jerarquía eclesiástica, a los
medios de comunicación y al estilo caciquil de hacer política tan propio de
estos pagos. Francamente mereció la pena ir a verla. Consigue que pases un buen
rato riéndote de las miserias que asolan esta región tan dada a los excesos
urbanísticos y clericales. Desconectando de una realidad de mierda mucho más
dura de lo que refleja la obra.
“Iuventutis Day” es una caricatura salvaje del proceso de preparación de una
visita papal. De una nueva visita del pontífice a España, se entiende. En esa
tesitura, ¿quién mejor para organizar el evento que las autoridades valencianas?
Con una “exitosa” experiencia previa que les avala… Si en la anterior ocasión,
la visita fue con motivo del encuentro mundial de las familias, ahora el
festivalito tiene que ver con la juventud. Acercar la Iglesia a los jóvenes…
ejem… Como si hiciera falta. Para gestionarlo, es necesario crear una
fundación y ahí surge la idea de la “Iuventutis Day” fundeichon. Pero una serie de misteriosos asesinatos que afectan
directamente a personas implicadas en la misma, hacen peligrar el evento.
La historia es absolutamente disparatada. A ello ayuda la alocada interpretación
de seis actores que representan a una enorme galería de personajes y el ritmo trepidante
del espectáculo. En varios momentos se hace referencia a noticias que afectan a
la actualidad valenciana y española, además de introducir referencias poco
disimuladas a siniestros personajes del espectro político regional. Con una
mención especial a los miembros de la familia Balaguer y su capo, don Carlos, en
alusión al más corrupto de todos ellos… el Honorable President de la
Diputació Provincial de Castelló, don Carlos Fabra Carreras -padrino de los Castellonesi-.
Por desgracia la obra ya ha sido desprogramada en Valencia. Pero si tuvierais la
oportunidad de verla en la casa de la cultura de algún pueblo de la rodalía,
no lo desaprovechéis. Horita y tres cuartos de reírse a pierna
suelta. No está pagado, creedme.
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martes, 17 de febrero de 2009
jueves, 12 de febrero de 2009
Gilipollés o Gelipolles -A.Y.L.I.-
Que
rabia da el enchufado de Ripollés, ¡su puta madre! Sí, ese escultor de truños y
pintor de brocha gorda nacido en Castellón hace un huevo de años. Y allí es
donde obtiene su fuente de ingresos. Ya que es el principal y casi único beneficiario
de encargos artísticos por parte de las instituciones de la zona. Gracias a ese
mecenazgo, el menda obtiene cierto reconocimiento y sobre todo puede vivir de
esto y muy bien.
Haciendo fortuna al resguardo del clan de los Casalesi de Castelló -Carlos
Fabra y su gente-, son míticos sus trabajos para “Marina d’Or (Ciudad de vacaciones)” o en cada uno de los espacios urbanos que fueron quedando libres
en la anárquica y feúcha Castellón durante los últimos veinte años. Es más,
podríamos decir que Juan García Ripollés es a Castellón lo que Santiago Calatrava
a Valencia. Hasta tal punto que podría hablarse de la existencia de “Ripollesland”,
como cada vez más, por desgracia, Valencia es “Calatravaland”.
La
expansión del castellonense no conoce límites. Amenazando con extenderse más
allá de Almenara y que no llegue hasta Orihuela. Sobre todo tras las muestras
de apoyo público al mencionado don Carlo y a sus desmanes, últimamente con el Poc Honorable President de la Cheneralitat de cuerpo presente. Llegando a afirmar que Fabra es el único
hombre honrado de Castellón (¿¡lo qué!?). Así es como el “Beato Ripo”,
como también se le conoce, se congratula con la plana mayor del partido en el
poder. Consiguiendo que, por ejemplo, el Ayuntamiento de Valencia le premie con un encargo para realizar una escultura de grandes dimensiones. La obra en
cuestión, ya acabada e instalada, es el “Homenaje al libro” que está plantado en la
rotonda de Eduardo Boscá próxima al Palau de la Música. Si vivís en
Valencia la habréis visto unas cuantas veces –por desgracia-. Un zurullo
sobredimensionado que más que homenajear a los libros, parece hacerlo al mundo
de las fallas. Siempre y cuando el efímero catafalco con figuras destinadas a ser quemadas la víspera de Sant Josep hubiese sido diseñado por el mismo tipo
que creo a Mr. Potato.
Con todo, no soy detractor absoluto de la obra de Ripollés. No me disgustan todas
sus esculturas, sí sus pinturas y murales que son una puta basura. El problema
es esa poco disimulada connivencia con el poder. Ese ir de artista subversivo, para
luego ser un jodido siervo blanqueador de este régimen de corruptos, arribistas
y crápulas. Y ese tufo a artista oficial del Reino. Un lameculos cuyo único
interés es llenarse los bolsillos a costa del erario público, con la
inestimable ayuda de la peor calaña de políticos que ha parido este país. Que
ya es decir. Y ese es Ripollés.
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