Esta
mañana, al ir a trabajar, me he parado en un kiosco cercano a mi domicilio para
toparme con las vomitivas portadas de dos de los principales diarios deportivos
de este país, As y Sport. De vergüenza ajena. Luego saldrán
con eso de la libertad de prensa y demás. Total para no reconocer que el nivel
medio del periodismo en este país es de puta pena. Un país al que suelen
referirse como “de charanga y pandereta”, sin reparar en que ellos mismos son
los directores de la charanga y los dueños de la pandereta… que también tiene
cojones.
Vale
que se trata de prensa deportiva y que esta salida-de-pata-de-banco, en forma
de portada, se enmarca dentro de la sempiterna lucha de poder entre Barcelona y
Madrid. Una guerra que no se limita al ámbito de lo deportivo y que a algunos periféricos
nos tiene hasta la polla.
Quiero
pensar que la intencionalidad de esto, no va más allá de tratar de influir
sobre el Comité de Competición, o el de Justicia Deportiva, o a quien carajo le
toque decidir sobre si a Cristiano Ronaldo se le debe sancionar con 1, 2, 10,
1.000 partidos, o matarlo directamente. Porqué de no ser así, a estos tíos, a
los periodistas me refiero, habría que meterlos en la cárcel. Aunque a la
vista de los términos empleados, cualquiera diría que lo que pretenden es que
se líe la de Dios
en el próximo Madrid – Barça.
Algunos, y no me refiero exclusivamente a los de Barcelona, parece que no han
aprendido la lección que nos dejó el affaire
del “Cochinillazo”. Y no me refiero
al acto vandálico protagonizado por un salvaje aislado, como se nos quiso
vender en su momento. Sino a la reacción visceral protagonizada por cientos de
aficionados que, espoleados por los artículos de varios periodistas de dudosa
catadura moral, decidieron que el futbolista Luis Figo debía morir.
Me
parto la caja cuando leo a Joan Poquí decir “La
tarjeta roja a Cristiano Ronaldo no permitiría debate alguno en países
avanzados”. Y me río no porqué eso sea mentira, el niñato portugués se
merece esta y otras muchas sanciones por su comportamiento dentro de un terreno
de juego, sino porque tal afirmación encierra una media verdad y una trampa. Lo
que no dice el inefable Poquí es que en un país civilizado tampoco se
permitiría que un periódico sacase una portada como la del Sport
y que algunos, tan serviles a la voz de su amo, se esfuerzan en defender. La
trampa radica en el hecho de que, de existir ese idílico país, al señor Poquí no
se le permitiría ejercer de periodista.
Confiemos
en que estas dos portaditas y las que vengan después (no tengáis ninguna duda),
no tengan como consecuencia el que algún cafre le abra la cabeza al pobre becario
de El Mundo Deportivo, al que le toque
cubrir los aledaños del Bernabeu durante la disputa del próximo clásico. Aunque eso le importa
bien poco a estos eminentes periodistas. Ellos son las mentes pensantes, los que se
apoltronan tras su pantalla de ordenador y escriben lo que les sale de la polla. Las
consecuencias se las comerá otro, el reportero de turno, el subordinado que menos pinte o, como he dicho antes, el sufrido becario. En vista de lo cual, yo me planteo, ¿quién
es el auténtico provocador, agresivo y chulo en esta historia?



