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jueves, 9 de abril de 2009

JeanClaudeVanDamme


Tenía ganas de ver esa cinta en la que Jean Claude Van Damme se burla de sí mismo y de su trayectoria en el cine de acción y artes marciales al que debe fama y fortuna. El caso es que la acabo de ver y aun no tengo claro cómo valorarla. Sí tengo bastante claro que no es una buena película -porque no lo es, ¡no jodamos!-. Se pongan como se pongan Jordi Costa o el tío del Fotogramas. Pero también es verdad que concita cierto interés por lo que, tal vez, el adjetivo que mejor la califique sea el de curiosa. ¿Y por qué? Quizás porque solo esperaba ver al musculado actor belga demostrándonos que es capaz de reírse de todos los chascarrillos que sobre él circulan, haciendo referencia a su simpleza o a su peculiar manera de hablar, pero resulta que la película va mucho más allá. O sea, que es capaz de ofrecernos una imagen humana de este repartidor de galletas profesional, reflejando aspectos biográficos que nos muestran una vida compleja y plagada de sinsabores. De ahí que estemos ante una especie de biopic en clave sarcástica. Lo cual no es que sea mucho, ni poco.

Dirigida por un tal Mabrouk el Mechri, “JCVD” comienza con un Van Damme ajado y con aspecto derrotado, llegando a su Bruselas natal. Acaba de perder la custodia de su hija y tan sólo desea refugiarse en casa junto a los suyos. En estas estábamos cuando el hombre se ve envuelto, de forma fortuita, en un atraco a una sucursal bancaria perpetrado por una banda de aficionados. La cosa se acaba de complicar cuando la policía cree que es él quien está al frente del grupo de atracadores. De esta circunstancia se aprovecha el más espabilado de los ladrones, orquestando un plan de rescate y fuga sustentado en la presencia del ciclado karateka.
Aunque lo más interesante -y cachondo- es como Van Damme aprovecha la situación -desarrollada en una escasa hora y media de metraje- para lanzarles pullitas a otros insignes representantes del género. Como a John Woo, a quien achaca que nunca más contara con él tras darle a conocer en el mercado americano gracias a “Blanco Humano”. Igualmente desliza una socarrona crítica a la forma de obtener papeles de Steven Seagal. Contando como le acaba de quitar uno de protagonista, tras prometerle al director que si lo contrataba se cortaría su preciada coleta. En este sentido, no puedo olvidar la histórica pugna entre los dos gorilas, que llegó a su cima cuando el fake-apache, country-man y karateka alardeó de que en una hipotética pelea entre ambos, Van Damme hincaría la rodilla. Cuando se lo comentaron al belga, este citó a Seagal para que lo demostrara públicamente. Tras perseguirlo por fiestas varias, parece ser que el autor de “En tierra peligrosa” se acojonó, retractándose de todo lo dicho. Somos muchos los que pensamos que en caso de cerrarse la pelea, Steven Seagal hubiese pillado más que Mortadelo.

El tema es que ahora y con más de un centenar de películas a sus espaldas, Van Damme parece dispuesto a reinventarse, no dudando en esquivar aquellos papeles que no le reporten nada en esta nueva etapa. Tras rodar “JCVD” y en consonancia con ello, ha rechazado participar en la secuela de “Street Fighter”, pese a tener encima de la mesa una oferta económica mareante. O más recientemente cuando declinó participar en “Los Mercenarios”, cinta de acción escrita, dirigida y protagonizada por Sylvester Stallone. El propio Van Damme reveló en una entrevista a Total Film Magazine, que cuando pidió a Stallone detalles sobre el guión y el personaje que iba a interpretar, éste solo supo decirle que iba a ganar mucho dinero y que “las peleas estarían muy bien”. “Yo no quiero oír eso, yo quiero oír cómo va a ser la película y el personaje y él fue incapaz de decírmelo”. Un pasaje real que ya se anticipa en “JCVD”, en esa escena en la que un productor le promete hacer mucho dinero con una película a rodar en Bulgaria, de la que desconoce argumento y papel a desempeñar. Es más, en otra escena del film, el representante habla por teléfono con Van Damme y le ofrece protagonizar una cosa titulada “No limit injury” a cambio de una leña. Cuando Van Damme le responde que esa película la han rodado hace tan sólo unas semanas, este le responde que no se preocupe, seguro que podrá protagonizar “No Limit Injury II”.

Lo cierto es que Jean Claude no fue siempre Van Damme. Nació como Jean Claude Van Varenberg y era un tipo no muy alto y bastante enclenque. Le salvó su pasión por el karate y en sus primeros años interiorizó los valores y la nobleza del antiguo saber oriental, al que se dedicó en cuerpo y alma. Hasta tal punto que con 19 años ya era campeón de Europa en su modalidad full contact. Sin embargo, como se menciona en la película, el joven Jean Claude siempre tuvo ansias de triunfo, para lo cual nada mejor que marchar a los EEUU. Allí los inicios fueron duros, teniendo que dormir dentro de un coche e incluso robar para comer. Con todo no cejó en su empeño y, a fuerza de aparecer en todas las discotecas frecuentadas por celebridades junto a un book repleto de sus fotos, consiguió que le diesen una oportunidad ante las cámaras. De ahí al estrellato, convirtiéndose en el repartidor estrella del cine de Hollywood y después en Hong Kong. Pero al poco comenzó a tener problemas familiares, de adicción y con la justicia, agravados cuando se le diagnosticó un trastorno bipolar. Lo cual le llevaría a pasar de nuevo por dificultades económicas.

Con todo, el mayor problema de Van Damme ha sido el no acabar de aceptar esa vida por la que luchó con ahínco. Y eso a pesar de auparse nuevamente en el escalafón más alto de la competición de musculitos hostiadores herederos del cine de chinatas esquizofrénicos post-Bruce Lee, gracias a una serie de títulos que le han reportado ingentes cantidades de dinero. Nada de eso es suficiente para él. Ese es el mensaje que se extrae del visionado de esta película. De repente, la gran estrella de cine que todos conocemos, no es más que un tipo corriente, aquejado de miedos, contradicciones y esperanzas como cualquier hijo de vecino. ¿Cómo podrá mantener la leyenda construida a su alrededor, cuando las conquistas externas, el dinero o la fama, ya no son tan valiosas comparadas con la reconquista de uno mismo? Solo el tiempo nos lo dirá…

Y es que no sabemos qué nos deparará el futuro de Van Damme. En lo cinematográfico es probable que poco o nada. Reconozcámosle al menos el valor de haberlo intentado. Y no seamos prejuiciosos. Todo el mundo se merece una segunda oportunidad. Aunque fuese de bailarín...

miércoles, 4 de febrero de 2009

Contacto sangriento

Peaso clásico del cine de mamporros el que pasaron los amigos de La Sexta ayer noche, justo después de “El Intermedio” de Wyoming. Todavía estábamos partiéndonos la caja por las reacciones de los fascistas de Intereconomía a la broma de la que fueron objeto, cuando aparecieron los créditos iniciales de “Contacto sangriento” (Newt Arnold, 1988). Y como no quedarse a ver tamaño hito en la filmografía de ese armario empotrado con aspiraciones llamado Jean Claude Van Damme.

Y es que el belga se despacha a gusto. Desoyendo las órdenes de su superior en el ejército de los EEUU -o de la CIA, que tampoco es que importe-, marcha hasta Hong Kong donde al parecer se va a disputar el Kumite, un torneo secreto de artes marciales que se disputa cada cinco años y en el que se enfrentan, a vida o muerte, los mejores luchadores del planeta. Ahí se plantara nuestro ciclado amigo, que de entrada se hará coleguita de un grillao cuyo entrenamiento consiste en beber latas de cerveza sin parar, después enamorará a la rubia de turno -la historia de amor siempre presente en el cine vandammiano- y entre medias le dará de hostias a todos los contendientes que tienen la mala suerte de cruzarse con él. Encima, para complicar más el asunto, hay un par de patosos agentes de la CIA que le van pisando los talones para repatriarlo. Por supuesto que, al final de la carrera, Van Damme conseguirá llegar a la pelea por el título enfrentándose al malo malísimo. Un tal Chong Li, chinata de postín con unos pectorales del tamaño de dos campos de fútbol. Y por supuesto gana. Y no vuelve a los EEUU porque lo repatrien sino porque a él le da la gana. Y con la rubia. ¿Qué qué?

Varias cosas llaman la atención en este film. Primero, que esté inspirado en hechos reales (¿?). Al parecer JCVD encarna la figura de Frank Dux, un luchador californiano de Full-Contact que ostenta un montón de récords en esto de las artes marciales, entre ellos, el de más combates ganados en el mencionado Kumite. También que el malo esté interpretado por Bolo Yeung, un mítico luchador que alcanzó la fama de la mano del no menos mítico Bruce Lee -el rey de las pelis de chinos esquizofrénicos-. Además, otro de los secundarios es Forest Whitaker… ¡Quién te ha visto y quién te ve chaval! Por último, a modo de curiosidad, comentar que esta es una de las pocas películas dirigidas por Newt Arnold, otrora prestigioso ayudante de dirección de James Cameron en “Abyss” (1989) y de Richard Donner en “Los Goonies” (1985). ¿Qué necesidad tenía este entrañable septuagenario de meterse en semejante berenjenal?

En definitiva, “Contacto sangriento” consagró a Jean Claude Van Damme como uno de los más grandes del culto friki, siendo éste el gran éxito que necesitaba su carrera para empezar a sonar en el mundo del espectáculo cinematográfico y sus sucedáneos. Tras ganarse a pulso un lugar principal entre el elenco de repartegalletas, el belga llegaría aún más lejos, consiguiendo que a finales de los noventa le pagaran una nómina mensual independiente del número de trabajos realizados cada año. JCVD se convertiría así en todo un funcionario de las toñas.

Por cierto que no lo he dicho, la película es una puta mierda. Mala de cojones…
...y por seguir hablando de pelis y actores malos. ¿No se parecen un huevo Vin Diesel y Lucien Faubert? Es que me ha venío esta mierda a la cabeza, que le vamos a hacer… ¡Ah! ¿Qué quién coño es Faubert? Pues ese saldo que ha fichado el Real Madrid CF durante el mercado de invierno. Que manda huevos la planificación deportiva...
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