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lunes, 14 de octubre de 2019

El asesino de la carretera


Circula por la red un vídeo descacharrante, en el que unos hermanos de la tercera edad muestran un baptisterio semi-enterrado sito en algún paraje de la España rural. En un momento de la trasmisión, la más estropeada de los tres –un personaje directamente sacado de alguna cinta de Tod Browning-, espeta al reportero y por extensión también a nosotros, aquello de “¿a quién no le va a gustar un Imperio (baptisterio) Romano del siglo I D. C.? ¿A quién no le va a gustar?” Y vaya si tenía razón la señora. ¿A quién no le va a gustar, hostias? Pues eso… 
Ya, vale, ahora en una suerte de triple salto mortal con tirabuzón y doble pirueta, un servidor -que está igual de sonao o más que los freaks del baptisterio- adapta la preguntita a los intereses de este espacio. Que andan bastante alejados de la arquitectura religiosa y del arte paleocristiano, pero no tanto de la literatura, la novela negra o el puto James Ellroy. Y es que, ¿a quién no le va a gustar una novela de James Ellroy? ¿A quién no le puede gustar? A ver, qué yo me entere, ¡eh!

Que sí, lo sé, que el tipo es un mameluco. Un fulano bastante desagradable, como la mayoría de sus personajes de ficción por otra parte. Eso y que sus historias son truculentas, repletas de pasajes y situaciones que te dejan con muy mal cuerpo. Pero siendo cierto todo eso, aún lo es más que el compadre escribe como Dios. Con ese estilo telegráfico patentado que es marca de fábrica y que le convierte en un escritor diferente, único e inimitable como se decía antaño. De los más importantes que nos quedan vivos, aun cuando la Academia se olvide de ello año tras año. Y es que no aparece ni en las primeras quinielas, tú… Y los suecos, los periodistas culturales y mucho menos los hooligans del Borges millennial, sin decir ni . Llevando al extremo esa economía verbal de la que el novelista angelino hace gala en sus novelas.

Todo esto porque me acabo de leer, con cierto retraso, “El Asesino de la Carretera”. Novela originalmente publicada como “Silent Terror” en 1986 y traducida al castellano unos veinte años después. Y como todo lo que me he leído de Ellroy, exceptuando “Ola de crímenes” y por los motivos que expongo en esa entrada, me ha encantado. Una pesadilla, un delirio criminal, un viaje psicotrópico a través de carreteras secundarias contado en primera persona. Historia que se aleja un tanto de las otras novelas de Ellroy para adentrarse en algo mucho más desquiciado. Y es que uno tiene la sensación de que aquí, el autor de “El cuarteto de Los Ángeles” o la “Trilogía de los bajos fondos”, fantasea sobre cómo habría sido su vida de haberse convertido en un Ed Kemper cualquiera. Y motivos y hasta pergaminos tenía para ello, vaya que sí. Basta con leer sus relatos en clave autobiográfica o las reflexiones incluidas en “A la caza de la mujer” para darse cuenta.

La acción se centra en un único personaje, quien ha sembrado Estados Unidos de cadáveres. Cuando el FBI consigue darle caza, confiesa sus crímenes a cambio de que su autobiografía vea la luz. Escribirá así sus memorias mientras cumple las cuatro cadenas perpetuas a que ha sido condenado. Gracias a eso asistimos a un espectáculo de brutalidad medida, o no tanto, que viene determinada por aquello que ocurre dentro de su cabeza. De hecho Ellroy dedica un montón de páginas a contarnos las pajas mentales del serial killer, en especial las que tienen que ver con su mentor imaginario, la “Sombra Sigilosa”. El villano de unos cómics bastante cutres y medio fachas que nuestro héroe leía de crío.

La novela, que catalogaré de brutal –en todos los sentidos-, recurre a las inserciones de noticias tomadas de revistas y periódicos, de informes policiales o diarios personales, formando un compuesto intercalado, vibrante y barroco. También está presente en “El Asesino de la carretera” el recurso a los cameos de personajes reales tan habitual en la obra de Ellroy. En este caso la estrella invitada será el celebérrimo Charles Manson, quien protagoniza uno de los mejores momentos de la novela. Maravilloso. Ese pasaje y el libro. Todo él.  

miércoles, 25 de febrero de 2015

Ola de crímenes, by James Ellroy

El problema a la hora de abordar cualquier novela de James Ellroy es que, a día de hoy, el listón ya está demasiado alto. La expectativa y la confianza del acólito es ilimitada y eso no hay párroco que lo sostenga. Y claro, al amigo Ellroy le acaba pasando como al gran Javier Sotomayor, incapaz de mantenerse en la cima tras saltar al menos dos metros treinta en 192 competiciones oficiales. Vale, sé que se me ha ido un poco la olla. Me estoy pasando tres pueblos y medio y este hombre no se lo merece. Tan solo quería mostrar mi decepción tras la lectura de esta “Ola de crímenes” que como habréis deducido, no me gustó demasiado. Eso no quita que su escritura siga rebosando ingenio y muestre aquellas señas de identidad reconocibles e intransferibles que han aupado al autor angelino hasta la condición de figura de culto. Pero es que pasar de el Cuarteto de Los Ángeles o la Trilogía de los Bajos Fondos a esto...

Tal vez, ese no sea el verdadero problema de “Ola de crímenes”. No en balde, algunos de los relatos y artículos incluidos son anteriores a varias de las mejores novelas de Ellroy. Pero la irregularidad de la compilación y, muy por encima de todo, la mediocridad de algunos de los cuentos, hacen que te quedes con un amargo regusto que no lo arregla ni aunque te metas cien chicles de clorofila en la boca. Otra cuestión son las crónicas publicadas para la revista GQ que aquí se recogen. Algunas de ellas son directamente maravillosas. Con una mención especial para “El asesino de mi madre”, historia que dio origen a “Mis rincones oscuros”. Celebradísima obra en la que este hombre grande, arrogante y provocador se desnuda ante nosotros, expiando sus pecados de juventud ocasionados, en gran medida, por ese crimen y la frustrada investigación policial que vino a continuación. También me ha parecido buenísimo el retrato que Ellroy ofrece sobre el conocido affaire O.J. Simpson. Desmontando la figura de ese ex-jugador de fútbol americano, miembro del Salón de la Fama, al que muchos conocimos por sus escasas dotes cinematográficas en la saga “Agárralo como puedas”.

Con todo seguiré atento a todo lo nuevo que vaya ofreciéndonos. Alguien que puede ser considerado ya y por méritos propios, como uno de los más grandes de la literatura norteamericana. Y no hablo solo de novela negra. Es evidente que su talento va mucho más allá del género y cualquier encasillamiento sería tremendamete injusto.

Más sobre Ellroy aquí... (y tirando del hilo)

miércoles, 17 de agosto de 2011

El barro reposa... pero la sangre es vagabunda...



América: Espié cuatro años de nuestra historia. Fue una larga vigilancia móvil y un chantaje de patada en la puerta. Tenía licencia para robar y libertad de acción. Seguí a gente. Pinché teléfonos, grabé conversaciones y recorrí en elipses los grandes acontecimientos. Me mantuve en la sombra. Mi vigilancia enlaza el Entonces con el Ahora de una manera nunca antes revelada. Yo estuve allí. Mi reportaje se basa en rumores creíbles y en información privilegiada. Un enorme rastro de documentos permite su verificación. Este libro recoge expedientes públicos robados y diarios personales usurpados. Es una suma de aventura personal y cuarenta años de aprendizaje. Soy un albacea literario y un agente provocador. Hice lo que hice y vi lo que vi y de lo demás me fui enterando a lo largo de la historia. Veracidad de escritura pura y contenido de revista de escándalos: es esta conjunción lo que le da la chispa. Lleváis dentro la semilla de la credulidad. Recordáis el tiempo que abarca esta narración y captáis la conspiración. Estoy aquí para deciros que todo es verdad y que no es en absoluto como pensáis. Leeréis con cierta reticencia y al final capitularéis. Las páginas siguientes os obligarán a sucumbir. Voy a contároslo todo.
Con esta nota de Don “el pariguayo” Crutchfield comienza “Sangre vagabunda”, despedida y cierre de la Trilogía Americana de James Ellroy. La enésima obra maestra de quien muy posiblemente sea el mejor autor vivo del género negro. Ya han pasado dieciséis años desde que el angelino se embarcara en esta aventura con la publicación de “América, según el mismo reconoce, inspirado por la lectura de la novela Librade Don DeLillo. Al igual que ocurre en la segunda parte, Ellroy recurre a esa maravillosa prosa, casi telegráfica, trufada de frases cortas y palabras todavía más cortas, en ocasiones sincopadas, que se han convertido en su seña de identidad. En cada capítulo nos ofrece la visión de un nuevo personaje, una nueva localización, un nuevo acontecimiento protagonizado por supervivientes de Seis de los grandes, como Wayne Tedrow Jr o Dwight Holly, o por nuevos personajes incorporados a la trama como la activista Joan Rosen Klein o el miembro del DPLA Scottie Bennett, además de por los habituales personajes históricos -Edgar Hoover, los chicos de la Mafia con Carlos Marcello al frente...- que otorgan a “Sangre vagabunda” y a toda la Trilogía esa latitud histórica que tanto parece gustar a Ellroy. Como ocurría con las dos novelas anteriores, no es este un libro fácil de leer. La lectura es complicada y no nace del placer, sino de la obsesión por conocer, por saber, por comprender esta trama compuesta por cientos de micro-historias que van sobre sexo, mujeres, racismo, política, drogas, activismo, corrupción, crimen, poder, religión y hasta esoterismo. También nace de la atracción que suscitan sus poliédricos personajes... y por esa mágica manera de escribir que el Altísimo (¡o quien coño haya por ahí arriba!) le ha concedido a James Ellroy.

Recuerdo que con motivo de la presentación mundial de “Sangre vagabunda”, Ellroy concedió algunas entrevistas en las que hizo gala de su prepotencia. Llegando a afirmar que este libro es una puta obra maestra de la literatura. Vale que el tío es un gilipollas de tomo y lomo y que su pose de perdonavidas resulta inaguantable, pero como he dicho antes, escribe como los ángeles y “Sangre vagabunda” es un pasote. Imprescindible.

El barro reposa, pero la sangre es vagabunda;
y el aliento es un bien que no perdura.
Levanta, muchacho; tiempo habrá de dormir
cuando el viaje finalmente concluya.
[A. E. Housman]

miércoles, 23 de junio de 2010

Seis de los grandes

El segundo tomo de la trilogía Underworld USA de James Ellroy, arranca justo donde termina el primero: con el asesinato de JFK en noviembre de 1963 en la ciudad de Dallas. Hasta allí llegará el agente del FBI, Wayne Tedrow Jr., con seis mil dólares en el bolsillo y la misión de cargarse a Wendell Durfee, un fullero acusado de violación y asesinato que va a desempeñar un papel capital en la trama.

¿Pero que tiene que ver esto con el asesinato de Kennedy? Pues de eso va la cosa, de descubrirlo. Y es que en “Seis de los grandes” Ellroy continua destripando las complicadas relaciones existentes entre el Ku Klux Klan y los grupos supremacistas blancos, la Cosa Nostra, el anticastrismo militante y, por supuesto, la policía y muy especialmente el FBI del abyecto señor Hoover. Todos ellos implicados en tan sonado magnicidio y también en las dos muertes con las que se cierra este libro, las de Bobby Kennedy y Martin Luther King, ambas producidas en 1968.
   
Al igual que sucede en “América”, Ellroy se sirve de un gran número de pesquisas, mezclando ficción y realidad, para dar su visión de uno de los episodios más tristes de la historia de los EEUU. Sin embargo, en esta ocasión, Ellroy varia su forma de escribir, pasando a utilizar un estilo minimalista caracterizado por frases cortas -casi telegráficas- que se suceden y nos ofrecen pequeños bocados de información. Una información que, al igual que ocurría en la primera novela de la saga, nos introduce en varias subtramas que nos llevarán de viaje alrededor del mundo. Desde los EEUU hasta la Cuba de Castro, o hasta Vietnam, en donde se está desarrollando una guerra en la cual hay depositados variados (y suculentos) intereses. Todo ello capitalizado por un cúmulo de personajes que, para no perder la costumbre, están de mierda hasta el cuello.

Cierto es que no me ha impactado tanto como “América”, lo que no deja de ser normal, tratándose de una secuela. Pero vaya, no por ello “Seis de los grandes” deja de ser un novelón. Y desde luego que entretener, entretiene un huevo. De hecho estoy deseando comenzar “Sangre vagabunda” -el cierre de la trilogia- para ver en que acaba todo esto. Y sobre todo para asistir a la caída de toda la caterva de corruptos que pululan por la trama y a los que, con sus luces y sus sombras, uno acaba por coger cariño.  

jueves, 27 de agosto de 2009

Los hombres que no amaban a las mujeres


Me complica abordar este tema y es que, ¿cómo coño elaborar una crítica sobre una novela de la cual se ha escrito tanto? El libro de moda, sin ningún género de dudas. El que se ha leído medio mundo mientras el otro medio anda en ello. La causante de que varias editoriales de medio pelo se hayan hecho de oro repentinamente…

Pues bien, después de tragarme un montón de buenas críticas y observar el revuelo montado en torno a la novela, me decidí a incluir “Los hombres que no amaban a las mujeres” en la lista de lecturas veraniegas. Si bien, más que las críticas o las recomendaciones de amigos y compañeros de trabajo, lo que me animó fue una tertulia literaria en el programa de Julia Otero. En ella, algún especialista cuyo nombre no recuerdo, destacaba que lo que diferencia a las novelas de Stieg Larsson respecto a otros booms literarios como “Los pilares de la Tierra” o “El Código da Vinci”, es que este sueco escribía realmente bien. Prueba de ello -según el contertulio- es que mientras otras novelas de temporada son leídas mayormente por gentes que a lo largo del año tan sólo consumen un par libros, las de Larsson son devoradas por verdaderos aficionados a la cosa literaria. Lo que vendrían a ser personas con un criterio propio a la hora de elegir. En fin que, por todo eso y aprovechando que uno está de vacaciones y tiene mucho tiempo libre, decidí ponerme a ello. Con muchísima curiosidad y una pizca de desconfianza, que todo hay que decirlo. Al final me hicieron falta cuatro tardes para acabarme el libro, lo cual no sé si es bueno o malo y me explico. Leerse una novela de más de 650 páginas en cuatro ratos supone que la trama es amena, sencilla, está más o menos bien escrita y que la intriga tiene su interés. Y esa es la verdad con este libro, que uno se engancha con facilidad y no lo suelta hasta llegar al desenlace final. Pero eso no quiere decir que sea una obra maestra, ni tan siquiera significa que sea un buen libro. 

“Los hombres que no amaban a las mujeres” cuenta una historia de mentiras encubiertas, incluye reflexiones de tipo moral y una violencia desmedida por parte de aquellos que no estiman en demasía al mal llamado “sexo débil”. Pero las mentiras son tantas y se tocan temas tan variopintos, que el equilibrio general de la novela se resiente y mucho. Encima los personajes protagonistas son inverosímiles. Especialmente la señorita Lisbeth Salander, una veinteañera sin preparación y con Asperger que sin embargo es un hacha en el uso de las nuevas tecnologías, siendo la investigadora más eficiente que uno recuerde dentro del extenso mundo de la ficción literaria. Con todo, el secreto con el que se inicia la novela es lo más interesante. Esa desaparición sucedida hace treinta y tantos años en una pequeña isla sueca propiedad de una poderosa familia. Cómo a pesar del despliegue policial, no se encontró rastro de la muchacha. Sin embargo el tío, empresario retirado de más de ochenta años, vive obsesionado con resolver el enigma antes de morir. Para eso contrata a un periodista de investigación en horas bajas que será quien en última instancia resuelva el entuerto -en estrecha colaboración con la señorita Salander -. Esa investigación es el hilo conductor de la novela y por desgracia, en torno a ella, se desarrollan otros conflictos y surgen otros hilos argumentales que no hacen sino enturbiar la trama. Y no es que me disgusten las novelas negras que tiran de historias paralelas, flashbacks o incluso que incluyan Macguffins –como es el caso de las protagonizadas por el inigualable Kurt Wallander-. Simplemente es que aquí, me parece demasié. Vaya, que tengo la sensación de que Larsson ha querido tocar demasiados palos.

Al final de la carrera tampoco es que me haya disgustado. “Los hombres que no amaban a las mujeres” cumplió con la función encomendada. Entretenerme en estos días de calor, que ya es algo. Eso sí, no es la obra maestra que nos han querido vender, ni de lejos.

sábado, 20 de junio de 2009

Los hombres de paja


Este libro empieza de forma brutal. Unos tipos se adentran en un establecimiento de comida rápida de una conocida cadena, sacan sus escopetas de caza y abren fuego contra todo. Y vale que en los tiempos que corren, con matanzas de este tipo reproduciéndose en nuestros televisores en prime time, estemos algo insensibilizados. Pero vaya, que el tal Michael Marshall -que así­ se llama el autor- logra introducirnos dentro del tiroteo de una forma muy real. Y desde una doble perspectiva, la de las víctimas y también la de los verdugos a través de la mirilla de sus fusiles. El problema es que, pese al impactante comienzo, la cosa se va desinflando hasta llegar a la última parte en la que todo se convierte en un enredo. Con todo, hasta llegar ahí, te mantiene enganchado y ese bajón final se explica porque el tipo ha decidido dejar abierta la historia para continuarla en sucesivas entregas. Y es que con esta novela comienza una trilogí­a sobre “los hombres de paja”. En ella, el escritor británico le rinde homenaje a la figura del agente del FBI John Douglas, conocido por el estudio “Mind Hunter: inside the FBI’s Serial Crime Unit”. Fuente de inspiración de numerosos personajes literarios, cinematográficos y televisivos entre los que destaca el agente Jack Crawford de “El silencio de los corderos”.

Estamos por lo tanto ante una pieza literaria que se mueve entre el género policí­aco clásico y las historias de serial killers. Entrelazando dos lí­neas argumentales que son, por un lado la historia de un agente de la CIA en retiro que intenta descubrir la verdad sobre la muerte de sus padres; y por el otro­ el secuestro de una adolescente que aviva la búsqueda de un asesino en serie cuya firma es inconfundible. Ahí­ comienza otra investigación al cargo de un peculiar dueto compuesto por una agente del FBI y un ex-detective obsesionado con encontrar al esquivo asesino de su hija, que se toman todo esto a la personal. En el curso de sendas investigaciones aparecerán los misteriosos “hombres de paja”, conectando las historias.

Publicado en la colección Roja & Negra, me ha parecido una notable historia de suspense. Un thriller violento, algo conspiranoico, perturbador y sobre todo muy malrollero. Sin embargo y contra lo que pudiera parecer, no me ha enamorado. Por lo dicho más arriba pero también y sé que es muy injusto, porque tengo reciente la lectura de la magnífica “El poder del perro”, anterior entrega de esta colección de novelas escogidas por  Rodrigo Fresán. De lo mejorcito que se ha publicado en el género en mucho tiempo. Y las comparaciones siempre son odiosas, lo sé, pero eso es lo que hay…

jueves, 28 de mayo de 2009

La mujer de verde


Pareciera como si lo de la novela negra escandinava fuera un invento del malogrado Stieg Larsson, autor de la celebérrima trilogía “Millennium”. Pero para nada. El diario Público, en su edición dominical, elabora un interesante estudio en el que muestra como existe una tradición nórdica previa al advenimiento de la señorita Salander. Estableciendo que si hay que designar un pionero, deberíamos citar al matrimonio sueco compuesto por Maj Sjöwall y Per Wahlöö. Militantes comunistas que ya desde mitad de los años 60 comenzarían a publicar novelas de misterio en las que se abordaba la realidad político-social de su país. Es precisamente esto último lo que diferencia al género en Escandinavia, respecto a como se desarrolla en otras latitudes. Estando en el origen el derrumbe de su modélico estado de bienestar y la necesidad de rascar tras esa imagen, un tanto exagerada, de socialdemocracia perfecta que suele acompañar a países como Suecia -de donde provienen la mayoría de estos escritores-, Noruega, Finlandia, Dinamarca o Islandia.

Desde este último país -el mismo que vio nacer a Olafur Stefansson o los poemas mitológicos y heróicos contenidos en las Edda-, proviene Arnaldur Indridason, autor de “La mujer de verde”. Se trata de una de las novelas negras más elogiadas en los últimos cinco años en Europa y los Estados Unidos. Es por ello el que, aprovechando el descuento por la compra de libros durante la pasada Feria del libro de Valencia, me decidí a adquirir un ejemplar y comprobar por mí mismo la valía del escritor islandés.

La historia es durita y arranca con el hallazgo de una costilla humana en un edificio en construcción a las afueras de Reikiavik. El equipo del comisario Erlendur Sveinsson se enfrasca en una compleja investigación, tratando de resolver lo que parece un caso típico de desaparición. Pero las cosas nunca son tan sencillas como parecen. Tras el hueso hay un cadáver y detrás de este una trágica historia de miserias humanas, con un “asesino de almas” como personaje principal. Unos sucesos terribles que sucedieron durante los años en los que Europa estaba inmersa en la Segunda Guerra Mundial. Paralelamente asistimos a otra tragedia de carácter familiar, la del propio comisario cuya vida esconde muchos relatos de dolor.

De entrada decir que la novela de Indridason no aporta nada nuevo al género. Más aún sí, como es mi caso, eres fiel seguidor del mejor detective nórdico de todos los tiempos, el atípico Kurt Wallander. Protagonista de nueve de las novelas de Henning Mankell y del cual ya hablé por aquí hace más de un año. Eso no quita para reconocer que la historia es entretenidísima. Además el libro está muy bien escrito, aportando un toque de malrrollismo estimable e incluyendo una enérgica denuncia a un tema muy actual como el de la violencia de género. Desde luego que “La mujer de verde” resulta ser una obra superior a otras del mismo rollo que lo están petando. O que el puto Harlan Coben en cualquiera de sus versiones. Un inexplicable facturador de best sellers al que próximamente dedicaré un post, por globero.

Tan sólo ponerle una pega. Como diría mi amigo Esteban, el comisario protagonista es un pelín cagapenas. Y sí lo sé, Wallander también padecía de ese mal, pero al sueco lo quiero como a un hermano y se lo perdono .

domingo, 26 de abril de 2009

El poder del perro


“...libra mi cuello de la espada, y mi vida de las garras del perro.”

Así finaliza “El poder del perro”, la primera de las obras seleccionadas por Rodrigo Fresán para formar parte de la colección Roja&Negra de la editorial Mondadori. La serie pretende abarcar todas las texturas del género negro, buscando atraer a aquellos lectores que deseen acceder a novelas de calidad, pasando de esas burdas aproximaciones al género que han proliferado durante los últimos tiempos.

Lo primero que debo hacer es alabarle el gusto al señor Fresán. Es lo justo. Y es que solo gracias a eso he podido disfrutar de “El poder del perro”. Sin ningún género de dudas el mejor libro que me he leído en años. En vista de lo cual, pienso agenciarme un ejemplar de “Delitos a largo plazo” -del autor británico Jack Arnott-, que es el segundo título recomendado por el escritor y periodista argentino.

Ya entrando en materia, estamos ante un thriller épico y sangriento de 718 páginas que explora los rincones más oscuros de la miseria humana. A pesar de la extensión, una vez comienzas con él, no puedes parar hasta finalizar y de hecho te lo zampas en un plis plas. Y es que “El poder del perro” quizás sea la gran novela americana sobre el narcotráfico. No exagero para nada. Es tremendo. El mismísimo James Ellroy ha alabado este librazo de Don Winslow, un autor neoyorquino no muy conocido por estos lares. Hasta ahora, supongo. Lo cierto es que el tipo, ya curtido en estas lides por lo que veo, ha mezclado con absoluta maestría ficción y realidad. Recreando un complejo lienzo sobre el comercio de drogas entre los EEUU y México.

Así pues la cosa se enmarca en la guerra contra la droga en torno al Río Grande, frontera natural entre Texas y los estados mexicanos de Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas. Allí se darán cita la cruzada de un agente de la DEA poco escrupuloso con la legalidad, una prostituta de alto standing que tan solo busca sobrevivir, o un chico proveniente de los bajos fondos reconvertido en asesino a sueldo por puro azar. También un cura católico empeñado en ayudar al pueblo al coste que sea, una familia de narco-vaqueros obcecados en dominar el negocio a escala global y una pléyade de políticos y militronchos afanados en evitar el auge del comunismo en Centroamérica. Estos últimos no dudaran en establecer alianzas con quien haga falta, incluidos los propios narcotraficantes, para lograr su cometido.

La trama es vertiginosa y absorbente y es ahí donde Winslow demuestra su maestría. Desplegando una compleja historia que se desarrolla en diferentes planos y que contiene una poco disimulada denuncia a las implicaciones reales entre los narcos, los gobiernos, los guerrilleros, la Iglesia y diferentes grupos de poder. Y no sólo en México sino también en su país, los EEUU. De ahí que los protagonistas de la novela enmascaren, toscamente, a personajes como “El señor de los cielos”, “Don Neto” Fonseca, a los temidos hermanos Arellano, al cardenal Posadas, al mítico gánster del Hell's Kitchen Mickey Featherstone, al agente encubierto Enrique “Kiki” Camarena, al jefe mafioso Paul Castellano, al candidato a la presidencia de México Luis Donaldo Colosio y al coronel del cuerpo de Marines Oliver North (entre otros muchos). Y es que, por si había alguna duda, la novela tiene tanto de inventado como de cierto y en este sentido, como comenta la crítica norteamericana, “con que tan sólo un diez por ciento de lo que se cuenta sea verdad, ya sería insoportable”.

Según Rodrigo Fresán, quien también prologa la novela, México es la patria espiritual de los fugitivos y el encandilador agujero negro con picante perfume noir en el que, por lo general, los personajes caen para matar, enloquecer, iluminarse o morir… O como ocurre en “El poder del perro”, hacer todas esas cosas al mismo tiempo y no necesariamente en ese orden.

Un gran acierto, sí señor…
Libro monumental.  

lunes, 5 de enero de 2009

América de James Ellroy


“El país nunca fue inocente. Los norteamericanos perdimos la virginidad en el barco que nos traía y desde entonces hemos mirado atrás sin lamentaciones. Pero no se puede atribuir a nuestra pérdida de la virtud a ningún suceso o serie de circunstancias en concreto. No se puede perder lo que no se ha tenido nunca”

Así comienza el primero de los tres libros que configuran la “trilogía americana” o “trilogía de los bajos fondos” de James Ellroy, recorriendo la historia de EEUU desde finales de los años cincuenta hasta mediados de los setenta. Se titula “América” y fue publicado en 1995. A través de un ingente número de pesquisas novelesco-policíacas, mezclando la ficción y la realidad, Ellroy construye “nerviosos frescos” sobre uno de los momentos más mitificados de la Historia del siglo XX. Y vaya que, en razón de sus descubrimientos -auxiliado por varios investigadores privados- la cosa no debe andar muy lejos de la verdad no revelada.

Se trata pues de un trayecto novelado que nos sumerge en uno de los episodios más oscuros de la política estadounidense, de la mano de unos tipos que se codean con auténticas celebrities y mitos reales que, todo sea dicho, no salen muy bien parados. En este primer libro, Ellroy introduce a unos personajes que poco a poco nos van descubriendo las conexiones entre el clan más angelical e idolatrado de los EEUU, los Kennedy, y el crimen organizado. Conexiones que, en virtud de una política no compartida por esos incómodos compañeros de viaje, desembocarán en el magnicidio de Dallas.

La intriga política de este convulso período es el argumento central de “América”, desarrollándose a distintos niveles: Por un lado de la mano de Kemper Boyd, un policía corrupto relacionado con Pete Bondurant, matón a sueldo de la Mafia relacionado a su vez con periodistas sensacionalistas; Y por otro lado Ward J. Littell, un honrado policía antimafia que se verá obnubilado por la esperanza de la nueva administración Kennedy. A su vez, cada trama se complementa con pequeñas subtramas por las que deambulan secundarios de distinto pelaje, tales como Sal d’Onofrio, Fulo Machado o Lenny Sands. Conforme vamos consumiendo las 756 páginas de las que consta la novela, estas irán conectándose al igual que sus personajes. Y llegado el momento todas las piezas encajan.

Además el interés de la historia se acrecienta con la aparición de una serie de personajes de relumbrón, con un papel fundamental. Por ejemplo el excéntrico multimillonario Howard Hugues, el mítico sindicalista Jimmy Hoffa, el famoso director del FBI Edgar Hoover, los mafiosos Santo Trafficante, Sam Giancana o Carlos Marcello, el dictador cubano Fidel Castro y su hermano Raúl… E “instituciones” como la CIA, los Anticastristas, la Mafia de Chicago, el Sindicato de Transportistas, Hollywood, el Ku Klux Klan

Una característica fundamental en la novela es que todos sus personajes -¡absolutamente todos!- están de mierda hasta las cejas. No hay buenos en esta historia y eso es lo más terrible, dado el diferente estatus y condición de cada uno de ellos. Y es que esta es una máxima en la literatura de Ellroy, aquello de que quien más y quien menos tiene algo que ocultar. Y así se escribe la obra del por muchos considerado el principal continuador de la gran novela negra de nuestro tiempo. Digno heredero de Dashiell Hammett, Raymond Chandler o Jim Thompson, creadores del género allá por los años treinta. El hard boiled, del que antaño servidor era ferviente defensor y ávido lector. Ahora, lastimosamente, tan sólo ocasional.

Mucho tiene que ver en esto último, que Ellroy se viera abocado a la literatura casi por necesidad. Y es que, según el mismo ha reconocido en innumerables ocasiones, se hizo escritor para esclarecer el caso sin resolver del asesinato de su madre, Geneva Hilliker. “De ahí que mi estilo sea tan trepidante, que produzca tanto stress (…) sencillamente muestra la violencia de mis tramas, de mi vida”.

En todo caso y ya para finalizar, afirmar que “América” es un gran libro en todos los sentidos. Y que me lo he pasado pipa viajando entre sus tropecientas páginas. Espero con ansia el abordaje de “Seis de los Grandes”, la continuación a este. Os mantendré informados.

“La nostalgia como técnica de mercado nos tiene enganchados a un pasado que no existió nunca. La hagiografía convierte en santos a políticos mediocres y corruptos y reinventa sus gestos más oportunistas para hacerlos pasar por acontecimientos de gran peso moral.”

lunes, 17 de marzo de 2008

Total Khéops

Jean Claude Izzo, nacido en 1945, marsellés e hijo de emigrantes, italiano el padre y española la madre, ambos antifascistas, falleció por culpa de un cáncer de pulmón a comienzos del año 2000. Antes de eso nos dejó un importante legado escrito: la trilogía del detective Montale. Fabio Montale para más señas. El primero de los libros es “Total Khéops” y fue  publicado en 1995. Título que hace referencia a una canción del grupo de hip hop marsellés I AM y que viene a significar algo así como “follón absoluto” en jerga tchatche marsellesa.

Se trata de una sólida historia de detectives y mafiosos ambientada en la gangsterería marsellesa, aspecto este que le confiere una serie de matices ciertamente interesantes. En este sentido cobran fuerza aspectos como los odios racistas y el integrismo religioso que operan en el marco de una supuestamente sana multiculturalidad a orillas del mediterráneo (… no os suena de algo!!!). Aunque lo más interesante es el personaje principal, que no es tanto el detective Montale como la propia ciudad de Marsella. Tercera capital de nuestro país vecino y sin embargo gran olvidada de la grandeur francesa. Y a la que sólo se refieren en los informativos cuando surge algún tipo de escándalo político o sobrevienen problemáticas de tipo racial -¿Os acordáis del affaire protagonizado por el Olympique de Marsella y su presidente Bernard Tapie?- . Lo gracioso es que el libro ahonda precisamente en varios de estos aspectos. En ese caldo de cultivo en el cual se suceden situaciones como las que sobrevuelan a los protagonistas de la historia.

A modo de conclusión diría que “Total Khéops” es una novela altamente recomendable, de extensión no muy amplia y lenguaje muy claro y directo. Esto permite que se pueda leer en dos patadas, dejando un muy buen sabor de boca. Y si os gusta la novela negra, ni te cuento.

También es verdad que, tras leerla, a mí que no me esperen en Marsella
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