Mostrando entradas con la etiqueta Michael Haneke. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Michael Haneke. Mostrar todas las entradas

jueves, 7 de marzo de 2013

L’amour, por Michael Haneke


Creo que con “Amor” (2012), el director austriaco Michael Haneke nos ha regalado la historia de amor más auténtica del cine reciente y, posiblemente, una de las más maravillosas recreaciones de esa cosa tan difícil de definir y explicar de toda la historia del séptimo arte. Porque “Amor” va de amor, pero del de verdad. De un amor sencillo y sincero, pero también crudo y demoledor. "Amor" es una película triste -¡tristísima!- sobre la cara B del amor. Sobre aquello que no se cuenta en las comedietas románticas que colapsan las multisalas de medio mundo. Sobre lo que supone el querer más al otro de lo que se quiere a uno mismo. Sobre la vida compartida y lo que ello supone, o debería suponer. Sobre como aceptar la decrepitud del otro y asumir que la música se acaba. También sobre la resignación y sobre el cariño y el dolor y la vida y la muerte. Es absolutamente conmovedor ver como ese abuelo se hace cargo de las necesidades de su esposa -dándole de comer, llevándola al baño, recostándola, ayudándola a hacer sus ejercicios, hablándole aún cuando ella ya no escucha o no entiende…- cuando a duras penas es capaz de hacerse cargo de las suyas propias. Como en cada gesto, en cada mirada, en cada caricia, en cada palabra e incluso en cada balbuceo vemos amor, amor con mayúsculas.

Una película absolutamente maravillosa interpretada por dos veteranos actores - Jean-Louis Trintignant de 81 años, y Emmanuelle Riva, de 85– compenetradísimos y que nos regalan una actuación deslumbrante.

Pasen y vean señores, porque esto es amor. Lo demás son paparruchas.

jueves, 21 de octubre de 2010

La cena, de Herman Koch

El siempre interesante Niccolò Ammaniti comenta sobre esta novela, que te hace preguntar hasta que punto es importante la educación recibida de los padres y hasta dónde podemos llegar por amor a nuestros hijos. También dice que se la leyó del tirón, en tan sólo un día. Bien. A mí me costó un poco más, exactamente tres días, pero en lo que si coincido con el escritor italiano es en que “La cena” me hizo cuestionarme hasta dónde pueden llegar unos padres para encubrir a un hijo que hace algo injustificable a todas luces.

Ya hace algunos años que me plantee esa misma cuestión como resultado de ver una de mis películas favoritas, “El video de Benny” de Michael Haneke. No sé si la habéis visto y dado el caso, si la recordáis aunque sea a grandes rasgos. El film iba de un chico austriaco nacido en el seno de una familia de clase media, que para romper el tedio y la soledad en la que vive, semi-abandonado por unos padres que trabajan todo el día, decide experimentar con su videocámara para lo cual se grava a si mismo cometiendo una salvajada que no os contaré por si acaso no la visteis y la queréis ver. El paralelismo con lo ocurrido en “La cena” es evidente. Como también guarda relación con el asunto de los chavales que quemaron viva a una indigente en un cajero automático de Barcelona por el simple placer de verla arder. En este último caso, el propio autor ha asegurado en varias entrevistas, que la "La cena" se gesta tras leer en prensa esa terrible noticia.

Y en estos casos, ¿debe prevalecer el instinto de protección paterna, o la lealtad a unas normas sociales y al ordenamiento jurídico que garantizan el buen funcionamiento de la sociedad? Pues eso es lo que se cuestiona Koch en este libro, como mucho antes, a su manera, hizo Michael Haneke.

Para ello el libro tiene un planteamiento ciertamente original. La narración se sitúa en un momento posterior al hecho desencadenante y toda la acción transcurre durante una cena a la que concurren dos parejas. En ella vemos a dos hermanos mal avenidos y a sus respectivas esposas saboreando exclusivos manjares y charlando con aparente despreocupación sobre cine, moda, vacaciones y otras naderías con escasa enjundia. Eso sí, en todo momento son conscientes de que, tarde o temprano, deberán abordar el incierto y acuciante asunto que los ha llevado a reunirse: el futuro de sus hijos, los protagonistas del episodio de violencia que puede dar al traste con su futuro. Y no sólo el de los chicos, ya que uno de los hermanos es un influyente político holandés con un brillante porvenir.

A lo largo de las 284 páginas de las que consta esta novela, vemos como va subiendo el grado de tensión. Así pues de la mera incomodidad que se percibe durante el aperitivo, llegaremos al espectáculo de fuegos artificiales producido tras los postres, cuando la cadena de secretos y revelaciones confluyan hasta alcanzar un final dramático en el nadie será inocente y todos serán culpables.
------------------------------------------------------

PD. Lo siento si os he destripado parte del argumento y con ello algunas sorpresas que encierra la novela, pero es que sino me resultaba imposible hablar sobre ella.

miércoles, 20 de enero de 2010

La cinta blanca

Después de ver una película de Haneke siempre me pasan dos cosas. La primera es que estoy de mal rollo y necesito pegarme un largo paseo antes de volver a mi casa. La otra es que me sumo en una profunda reflexión sobre lo visto y trato de convencerme de que, si bien nunca me creí la máxima roussoniana que afirma que “el hombre es bueno por naturaleza”, es mejor tragarse ese cuento que pensar lo contrario. Justo al revés de lo que afirma Michael Haneke en cada una de sus películas. Y resulta jodido reconocernos en la imagen que el director austriaco da de la especie humana. Con todo, vuelvo una y otra vez al cine para ver cada uno de sus estrenos. Siempre salgo tócado, sí, pero nunca con la sensación de haber invertido mal tiempo y dinero.

Michael Haneke es un maestro del séptimo arte, con trazas de universalidad le pese a quien le pese. Los premios cosechados con sus últimas realizaciones no hacen sino afianzar una figura demasiado tiempo relegada a un segundo plano. Su última obra, “La cinta blanca”, representa la culminación del trabajo desarrollado a lo largo de muchos años. Tal vez sea la pieza más perfecta y afilada de ese cine malrollero, acusador e incomodo, con el que Haneke ha ido desmenuzando los aspectos más oscuros de nuestra querida Europa. Esa manera de hacer cine, “a la austriaca”, que genera adhesiones y rechazos casi por partes iguales. De hecho, hay quienes afirman que Haneke con su cine, lo que está haciendo es predicar su Evangelio. De ser cierto, me descubro. Sé que es mi pastor y con él nada me faltará.

Respecto a “La cinta blanca”, mucho se ha hablado sobre el trasfondo que encierra su argumento. Que si con ella Haneke ha querido poner de manifiesto cuales fueron las auténticas raíces del nazismo. En fin, no sé si se puede hilar tan fino. No quiero decir con ello que la sombra del nazismo esté totalmente ausente en la película, pero tengo la sensación de que Haneke ha pretendido ser algo más general. Vale que a ese grupo de niños alemanes a los que se les inculcan valores considerados como absolutos, con brutales métodos de aprendizaje, se les puede ver como el germen de las organizaciones nacionalsocialistas. Además, al ubicar la trama en una pequeña aldea alemana y en vísperas de que estalle la I Guerra Mundial, esa sensación se incrementa. Sin embargo, como ya he comentado antes, tengo la impresión de que Haneke ha sacado el bisturí para desmenuzar todos aquellos aspectos que, a la fin y a la postre, forman parte del caldo de cultivo de cualquier tipo de autoritarismo, señalando con ello no sólo al que afectó a su patria. Él mismo llegó a afirmar en una entrevista reciente, que “si se considera un principio o un ideal como algo absoluto, sea político o religioso, se convierte en inhumano y lleva al terrorismo”.

Por lo demás, en referencia a los aspectos formales de la cinta, lo que más llama la atención es la espectacular puesta en escena. Yo la calificaría de apabullante. En un blanco y negro precioso que nos hace recordar al maestro Dreyer (y sus conexiones con la pintura de Hammershoi), en lo visual resulta impecable. Por no hablar de la fotografía, una delicia para cualquier aficionado por poco puesto que esté en estas cuestiones. La dirección soberbia y los actores magníficos, algo muy a destacar teniendo en cuenta que casi todos ellos son niños y ya sabéis lo que decía Hitchcock de trabajar enanos -“Ni con niños, ni con animales, ni con Charles Laughton”-. En fin, que no me extraña para nada que le hayan concedido la Palma de Oro en Cannes, el FIPRESCI, el Globo de Oro a mejor película de habla no inglesa y que sea la favorita a los Oscar en esa misma categoría. Y vale, que sí, que no os apetece verla por que el Haneke tiene mu mala follá y al final de sus películas siempre te sientes mal… Pero hay que ir joder, que es muy necesaria. ¡Y una puta obra maestra! 

jueves, 3 de diciembre de 2009

Los austriacos son gente chunga

Espero no tener a ningún austriaco entre mis lectores, en caso contrario, me excuso de antemano con ellos por lo que viene a continuación… bueno y para que no se enfaden mucho, empezaré diciendo que tienen un país precioso, repleto de castillitos de fantasía, bosques encantados y montañas nevadas, cierto que es un pelín caro, que hace un frío del carajo y que la gente es un poquito seca, pero con todo y con eso merece la pena visitarlo. Además españoles y austriacos somos primos hermanos. Tenemos un pasado común en forma de dinastía regia, la gloriosa Casa de Habsburgo, más conocida entre nosotros como los Austrias, esa panda de terroristas de la espada, follaviejas y mataindios, entre los que se encontraban el Emperador Carlos I y su hijo Felipe II, "en cuyo Imperio nunca se pone el Sol". Después llegaron los pérfidos Borbones y se fue todo al carajo, ¿o eso fue antes? 

Bueno, bien, da lo mismo, después de la vaselina viene el cimbrel: Austria es un país bonito pero repleto de gente chunga. ¿Y por que digo esto?, pues porque todas las noticias que nos llegan de ese pequeño país centroeuropeo son para cagarse y no torcarse. ¿Os acordáis del "monstruo de Amstetten"?, ¿o del terrible secuestro de la niña Natascha Kampusch? Un par de asuntos bastante recientes y macabros que ya forman parte de la historia negra europea. Y además está la imagen que del propio país nos ofrecen sus artistas, extraordinarios casi todos ellos... veis, otro halago para mis amigos austriacos. Vamos, que si uno tiene que hacerse una composición de Austria a través de las pelis de Haneke, los libros de Bernhard o los cuadros de Kokoschka, pues no le entran muchas ganas de acercarse por allí, la verdad. 

Y es que la cosa está muy jodida cuando uno de tus más ilustres vecinos, es conocido en el mundo entero por ser el mayor genocida en la historia de la humanidad. Hablamos de Adolf Hitler por supuesto, nacido cerca de Salzburgo, en plena región de Ostmark (nombre que le fue dado a Austria durante su inclusión en la Alemania nacionalsocialista). Supongo que no hace falta relatar las fechorías llevadas a cabo por el enano del bigote. Cosas sin importancia para el líder ultraderechista austríaco Jörg Haider, que tomó al régimen nazi como referente para elaborar su programa político. Por eso fue repudiado por sus compatriotas... ah ¿que no?... pues no, desde el año 1999 hasta su reciente fallecimiento ostentó el cargo de Gobernador del Estado de Carintia, elegido democraticamente por sus vecinos. Y es que Haider tiene el honor de ser el líder neonazi más carismático de toda la Europa comunitaria. ¡¡¡Y a punto estuvo de ganar las elecciones generales a la Presidencia!!! En fin...

Todo esto viene a cuento, porque en un corto periodo de tiempo, he visto dos películas de un tal Ulrich Seidl: “Día de perros” e “Import/Export”. Aunque no constituya nada más que una pequeña muestra de su cine, ya me hago una idea de los gustos de este director austriaco. No parece casual que se le haya definido como un Michael Haneke menor -como si eso significara algo, ¿quien es “mayor” que Haneke?-  La comparación con el maestro se sustenta no sólo por el tema de la nacionalidad, sino por que al igual que Haneke, Seidl retrata en sus películas una sociedad austriaca podrida y en muchos aspectos sórdida. Es ese gusto por reflejar el lado oscuro de la sociedad de bienestar, tan habitual en la obra de Michael Haneke, maestro del malrrollismo extremo y al que servidor, con insana devoción, admira desde lo más profundo... El caso es que me han gustado bastante las dos cintas de Seidl, especialmente “Día de Perros”, una historia en la que varios personajes de una zona residencial de Viena, a cada cual más turbio, sobrellevan un terrorífico verano en lo climatológico.

Pero la cosa no se queda en los cineastas. Dos de los principales escritores austriacos contemporáneos son Elfriede Jelinek, Premio Nobel de Literatura 2004, y el mítico Thomas Bernhard… ¡y los dos están/estaban como una regadora! No se si habéis leído algo de Bernhard, pero si no lo habéis hecho tenéis que saber que abomina de los puntos y aparte. Toda la narración es corrida, no hay capítulos que valgan, una frase seguida de otra desde el principio hasta el final. Se detiene en el detalle con una minuciosidad obsesiva, avanza un paso y retrocede otro para volver sobre lo mismo una y otra vez... Por no hablar de sus temáticas, en las que critica con fiereza lo deleznable que el ser humano puede llegar a ser... en fin, una delicia de lectura. Y de la Jelinek ¿que me decís?, pues que es autora de "La pianista", una de las historias más desagradables que uno recuerda. Y que siempre esta envuelta en la polémica. Pero sobretodo que está jorota perdida. 

¿Y en la artes figurativas? Pues conocemos a los brillantísimos miembros de la Sezesion vienesa: Gustav Klimt, Oskar Kokoschka y Egon Schiele, a cada cual más rarito… y más genial, también es cierto. Vale, sí, me vais ha decir que Austria también es la cuna de grandes músicos, patria de Haydn o Mozart, pero coño ¡¡¡que esos también estaban como motos!!! …

En fin, que en Austria pasa algo raro que yo no acabo de entender... tal vez Sigmund Freud (otro austriaco) podría explicarnos muchos de los comportamientos de sus compatriotas. Yo sólo me limito a constatar hechos y en este sentido estos nos demuestran que los austriacos son gente chunga, mu chunga… vamos que, parafraseando a Hamlet, "algo huele a podrido en Austria".
--------------------------------------------------------------------

PD. Ahondando más en la herida, recordar que Gerard Rodax, ex – futbolista del Atlético de Madrid, también es austriaco. ¡El tío más malo que servidor ha visto en su vida sobre cualquier campo de fútbol! Aunque tras lo visto durante la pasada Eurocopa, debe de ser un ejemplo para la selección de fútbol capitaneada por Andreas Ivanschitz.

miércoles, 9 de julio de 2008

Haneke VS Haneke


Fruto de la incapacidad creadora que asola cual plaga a los guionistas de Hollywood, tenemos esta nueva versión de “Funny Games” de Michael Haneke. Y siguiendo la última moda en cuanto a los remakes se refiere, la dirección corre a cargo del mismo que escribió el guión y dirigió la cinta original en 1997. Precisamente por eso se hace difícil comentar nada sobre la película. Siendo necesario matizar, así de entrada, que no estamos ante un auténtico remake. Si entendemos por remake, o “rehecho” en castellano de Castilla, cuando un director X agarra una película Y, la reelabora sin apartarse de la historia original, pero añadiéndole matices o aspectos de forma que opera una suerte de customización. Nada de eso hay en esta “versión” norteamericana. Pareciera como si el realizador austríaco hubiese filmado la misma película, pero diez años después. Cambiando los actores y actualizando los decorados, pero nada más.

Es por eso que cuesta hablar de “Funny Games U.S.” como de una película realmente nueva. Y vaya, que cualquier análisis fílmico es aplicable también a la obra maestra de hace once años. Ni siquiera es necesario comparar ambas plano por plano o escena a escena, para constatar que estamos ante un clon, por expresa voluntad de su director. Quien llega a utilizar la misma música de la “versión” antigua, impactante merced al contrapunto entre las relajadas piezas de corte clásico y la brutalidad de los temas de John Zorn. Las únicas diferencias apreciables, como he indicado más arriba, tienen que ver con el uso de actores perfectamente reconocibles para el gran público: Naomi Watts, Tim Roth o Michael Pitt. Frente a los semi-desconocidos Susanne Lothar, Arno Fritsch o el recientemente fallecido Ulrich Muhe de la pieza original. Ni tan siquiera el lógico cambio de ubicación, que pasa de la campiña austríaca a los EEUU, establece notables diferencias de cara al espectador.

Obviamente las dos versiones son en cuanto a conceptos y lenguaje cinematográfico, puro cine europeo. De la mejor clase. Con esos planos largos y lentos a los que el público norteamericano no está tan acostumbrado. Las formas habituales de este maestro del séptimo arte que no sabemos a Santo de qué se ha metido en este berenjenal. Y que están presentes ya en aquellas primeras historias rodadas en Austria, también en la etapa francesa y que parece sobreviven tras cruzar el charco.

El largometraje es una especie de estudio sobre la violencia sin sentido. La que interrumpe inesperadamente la rutina de una perfecta familia burguesa en la que todos nos podemos ver identificados. Frente a ellos surge la figura de los malvados: Un par de jóvenes psicópatas que alimentan su locura desde la más absoluta calma. Monstruos surgidos de una sociedad enferma que les ha dado de todo menos consciencia. Pero es que además, esa violencia irracional se convierte en un personaje más de la historia, con una presencia latente en cada plano y secuencia.

Con todo es normal que, quienes vimos la versión original cuando tocaba, la prefiramos a esta nueva. Nada puede causar el impacto de aquello. Hay sensaciones que son irrepetibles y aún recuerdo el mal cuerpo con el que salí del cine. El estrés que me produjo. Vaya, que me acuerdo físicamente. Y es que ninguna otra peli me ha puesto tan tenso como el “Funny Games” de 1997. Con esas miraditas a cámara de Arno Fritsch… Una puta obra maestra.  
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...