Mostrando entradas con la etiqueta Cines Albatros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cines Albatros. Mostrar todas las entradas

lunes, 17 de mayo de 2010

Hasta siempre

-->
Como ya dije en un post anterior, la semana pasada fue bastante penosa para mí. Y como colofón, ayer mismo se produjo el tristísimo cierre de los Cines Albatros. Un sitio en el cual he pasado grandes momentos y que me ha dado a conocer a gentes como Fernando Meirelles, Roberto Begnini, Michael Haneke, Hayao Miyazaki o Aki Kaurismaki, por poner sólo unos pocos ejemplos. Un sitio al que iba con asiduidad, ya que, una de cada dos veces en las que me apetecía ver alguna película acababa en los Albatros. Encima es el cine que tenía más próximo a mi domicilio, con lo cual, cada vez que tenía el día tonto y decidía refugiarme de la realidad circundante, terminaba allí metido. En fin, que ayer fue el último día de vida para los Cines Albatros… y que suena raro… hasta muy raro. Lo dicho, mierda de semana!!!

El cierre ha pasado casi desapercibido para gran parte de esta ciudad tan aficionada a los grandes fastos. También es verdad que algunos cinéfilos valencianos ya se habían hecho eco del rumor, luego confirmado, a través de sus blogs y/o de grupos de Facebook. Lo que pasa es que todos ellos, con alguna honrosa excepción, se han centrado en criticar la clausura de esta mítica filmoteca con argumentos bastante absurdos, pasando a convocar movilizaciones frente a la Sala para así presionar a los propietarios y evitar lo inevitable. Una patochada de primer orden a la que, obviamente, no me sumé. Si todos esos que se han apuntado a estas manifestaciones hubiesen acudido regularmente al cine, otra gallo hubiera cantado. Tan fácil como eso. Es cosa sabida que los Albatros palmaban pasta desde hacía unos años y la incapacidad de remontar el vuelo es lo que, a la fin y a la postre, ha ocasionado este trágico desenlace. Una auténtica pena, porque quien pierde es  Valencia. Y mucho. La capi se queda sin uno de los escasos lugares en los que se ofrecía una programación alternativa a la de los multicines de Centro Comercial. Esas megasalas con pendientes dignas de la cordillera del Himalaya, en las que se programan siempre el mismo tipo de películas, osease, naderías de tetas y culos, pelis de tiros y salsa de tomate, dramas romanticotes protagonizados por Meg Ryan o Sandra Bullock, terror japonés del palo o españoladas de escaso nivel muy del gusto del público adolescente. En fin, que se pierde una opción cultural. Otra más. Y es que los Albatros siempre se caracterizaron por su exquisita selección de largometrajes, con representación de casi todas las filmografías del planeta, aunque prestando especial atención a las producciones hechas en Europa.

Como ya he dicho antes, no me uní al acto de protesta convocado para el domingo. Oficié mi despedida de una forma menos crispada, acudiendo a ver una última película el pasado viernes. La elección me la puso en bandeja un amigo, que me habló maravillas de “Ciudad de vida y muerte”, dirigida por el chino Lu Chuan. Y vaya manera de despedirse. Una peli cojonuda en la que se nos cuenta como debió ser la masacre de Nanking al cargo de las tropas del ejército imperial japonés, tras la caída de la por aquel entonces capital China, el 13 de diciembre de 1937. Se trata de un film coral en el cual la cámara sigue el destino de varios personajes, algunos de los cuales son testimonios reales, que luchan por sobrevivir entre el horror de la matanza indiscriminada. También veremos como ese horror se apodera de los verdugos, algunos de los cuales se vuelven locos, incapaces de asumirlo.
En fin, una película que te pone los pelos de punta y que, curiosamente, pese a ser china, no responde para nada al modelo de cine hecho por orientales. Una obra maestra que nada tiene que envidiar a las mejores producciones de cine bélico.

Cuando dentro de unos años recuerde los Cines Albatros, lo haré con nostalgia y con muchísimo cariño, reconociendo todas las horas de placer que me ha proporcionado. ¡Hasta el último momento! Por eso agradezco que la despedida y cierre haya sido con esta fantástica producción china.

lunes, 22 de febrero de 2010

Shutter Island, Scorsese se saca la chorra y nos mea encima

Dependiendo del cariño que le tengáis a Martin Scorsese, del visionado de Shutter Island podéis extraer tres conclusiones bien diferentes. Si sois de los que pensáis que el director neoyorquino está claramente sobrevalorado, con esta película os reafirmareis en vuestra posición. Si os encontráis en el grupo de los que pensamos que la mejor época de Scorsese ya pasó, también os vendrá bien verla y así añorar aquellos tiempos en los que este tipo rodaba cosas como Taxi Driver o Toro Salvaje. Si por el contrario sois incondicionales del amigo Martin, al que consideráis un crack capaz de  convertir en oro todo lo que toca, pues una de dos, o salís de la sala pensando que hasta los más grandes tienen derecho a cagarla alguna vez, o bien aceptando la máxima de que los pedos de Scorsese huelen a flores, os ponéis la venda en los ojos y proclamáis a los cuatro vientos que Shutter Island” es una obra maestra. Si os hayáis entre estos últimos, siento comunicaros que los cuescos de Scorsese huelen igual de mal que los que nos echamos el resto de los mortales. En ocasiones incluso peor.  

Dicen los que saben de esto que el cine del neoyorquino es esencialmente formal y que cada una de sus nuevas películas supone un experimento en el cual tan importante es la historia como la forma de contarla. Sin embargo, lo que le salva del artificio es su pasión por los personajes, habiendo asumido que sin ellos no hay buen cine. Pues muy bien, como teoría me parece genial, el problema es que en su puesta en práctica patina a base de bien. Scorsese junta muchas imágenes supuestamente perturbadoras que no pasan, en el mejor de los casos, de desconcertantes pero en el mal sentido. Vamos, que uno tiene la impresión de que Scorsese ha jugado a ser David Lynch y no ha salido muy bien parado del experimento. Una decepción total.

Y la cosa no mejora si entramos a valorar la historia y los actores. Estamos ante un folletín detectivesco en el cual dos agentes federales acuden a una remota isla en la que se ubica un hospital psiquiátrico, para investigar la desaparición de una peligrosa asesina allí recluida. Hasta ahí bien, pero como la cosa va de los inescrutables senderos de la mente humana, el protagonista al tiempo que se enfrenta al caso, lo hace también a sus demonios interiores. Y eso justifica toda una serie de apariciones, alucinaciones y demás parafernalia onírico freudiana en forma de imágenes, que resulta bastante ridícula. Estas rayadas se corresponden con la distorsionada percepción que de la realidad sufre uno de los agentes, el prota de la peli, que está interpretado por el patético Leo di Caprio. Quien, como no podía ser de otra manera, lo hace de puta pena. Maldita sea la hora en la que Scorsese cambió a Robert de Niro por este niñato, ¿es que no había nadie mejor en el mercado? Y lo peor es que ni siquiera desentona en el conjunto, ya que sus compañeros de reparto Mark Ruffalo, Michelle Williams o Emily Mortimer, están incluso peor.

Vamos, que la peliculita es mala de solemnidad. Una paja mental que si recoge alguna buena crítica será única y exclusivamente porque viene firmada por este prestigioso director. O porqué parece inspirarse en la serie televisiva de moda “Perdidos” en algunos planteamientos y situaciones, lo cual habrá encantado al engreído de J.J. Abrams (“¿Scorsese copiándome a mi?”). Aunque, debemos ser justos y reconocer que, probablemente, toda la culpa no sea suya. Me han dicho que la novela de Dennis Lehane en la que se basa “Shutter Island” es canela fina. Eso sí, nadie le ha puesto una pistola en la cabeza para que escogiera adaptar esa mierda de libro. Y eso, para alguien que se jacta de entroncar con los clásicos en su condición de director que trabaja siempre con guiones ajenos, no es un pecado menor. Siendo uno de los pocos privilegiados que están en posición de permitirse hacer las películas que les salgan de la punta del nabo.

¡Ah! Y si habéis leído por ahí esas declaraciones en las que Scorsese confiesa referencias en su obra que van desde “Recuerda”(Alfred Hitchcock, 1945), a “La mujer pantera” y “Yo anduve con un zombie”(Jacques Tourneur 1942 y 1943, respectivamente), además de al cine expresionista alemán de los años 20 o a la literatura de Kafka, no les hagáis ni puto caso. ¡Este tío se ha vuelto loco! Vamos, que si algún gafapasta hace suyo semejante delirio y os recita estas palabras de viva voz, le escupís en la cara de mi parte.

En fin que, como comenta Mick LaSalle, crítico cinematográfico del San Francisco Chroniclela leyenda se interpone en el camino del artista (...) Scorsese debería dejar de intentar hacer obras maestras y probar a hacer buenas películas. Pues eso. 

-----------------------------
PD. Lo único interesante que encontré en Shutter Island” no es obra de Scorsese, sino de los responsables de los Cines Babel, la sala valenciana a la que acudí a ver la película. En la ficha informativa de la misma traspusieron un breve estudio sobre la historia de las instituciones mentales que, por su interés, enlazaré mañana. 
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...