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lunes, 19 de abril de 2021

El Pescador


Mi última lectura y mira que me ha costado, ha sido esta suerte de relato costumbrista de terror, escrito por un reputado especialista del género. Con todo, mi inmersión en las aguas revueltas del arroyo de El Holandés, a la sazón mi primer acercamiento al universo de John Langan, ha sido francamente satisfactorio. Por lo que, aunque cada vez me sienta más lejano a los parámetros por los que discurre el terror literario, es probable que no sea esta la última vez que lea al tal Langan. Y es que me ha gustado mucho una novela con la que, por cierto, su autor se llevaría el prestigioso premio Bram Stoker del año 2016. Sucediendo a ilustres de la cosa fantástica y malroller como Stephen King, Peter Straub o Ramsey Campbell, pero también al omnipresente Neil Gaiman, al olvidado Chuck Palahniuk o hasta la enorme Joyce Carol Oates. De algunos de ellos hasta os he hablado por aquí. 

“El pescador” se desarrolla en los parajes naturales situados al norte del estado de Nueva York. Concretamente entre los bosques alrededor de Woodstock, que es por donde fluyen un sinfín de ríos y afluentes, entre ellos el mencionado arroyo. Según parece, aquello es un entorno idílico para los aficionados al noble, pero aburrido arte de la pesca. Y eso os lo digo yo que me críe en el entorno de l’Albufera, rodeado de freaks que perdían -y pierden- el culo gastando su escaso tiempo libre lanzando la caña a ver si pica alguna tenca pudenta. Bueno, en eso y en pimplar, condición sine qua non para soportar el tedio. La cosa viene protagonizada y mayormente narrada por Abe, aunque con un co-starring estelar, su compañero de trabajo Dan. Además de esto último, los susodichos comparten otra condición, la de ser un par de viudos que han encontrado consuelo en la pesca y en su mutua compañía, en lugar de refugiarse en Tinder o Ashley Madison y el asunto este del folleteo ocasional. El caso es que los compadres oyen hablar del arroyo y de alguna manera se ven arrastrados por una historia antigua y llena de secretos en los que, al final de todo, se erige la misteriosa figura de un tipo al que se conoce como el Pescador. Porque el mangurrino este también pesca, pero con otros sedales y anzuelos, en estática, por arrastre y hasta “al robo” si se tercia. Una suerte de Capitán Ahab pasado por el ojo pictórico de Friedrich y con más malafollá que un nazgul recién levantado.

La novela se compone de tres partes, siendo las dos primeras bastante diferentes entre sí. El comienzo es el propio de un relato de corte costumbrista y nada anticipa lo que vendrá después. Accedemos a la vida y milagros de un Don Nadie más, quien ha de convivir con sus desgracias personales y tirando hacia adelante como buenamente puede. El caso es que toda esta parte está magníficamente contada y, en ciertos aspectos, recuerda -sobre todo en las formas- al gran John Irving. La decisión de Langan de dinamizar la narración partiendo de una historia cotidiana, incluso anodina, da un vuelco cuando pasamos a la segunda parte. Ahí recrea una atmósfera de terror clásico, con ecos a Poe, más aún a Lovecraft, y con una serie de secundarios que nos sumergen en un cuadro de El Bosco. La cosa va pasando de lo descriptivo a lo imaginativo, de lo natural a lo sobrehumano, de la belleza al horror y todo sin apenas tregua. También incluye cierta evocación a lo oral, a las historietas de campamento para asustar a los chiquillos y a la fantasía inocentona de los cuentos de terror adolescente. La parte final, el meollo del asunto, incluye algo de acción. Si bien, no os esperéis aquí el desenfreno con el que suelen rematarse este tipo de historias cuando quien las firma es King, o alguno de sus seguidores e imitadores. El affaire discurre tranquilo y se resuelve francamente bien. No sé si de manera sorprendente, pero sí de una forma sólida y muy satisfactoria para el lector. 

Así pues, os la recomiendo xé. Es bastante chula. No así la portada, que es un horror…    

domingo, 3 de mayo de 2020

La década prodigiosa de Brian de Palma


Hablando con un amigo sobre la maravillosa experiencia que supone sumergirse en el metraje de “Impacto” (1981), aún hoy y transcurridos cuarenta años desde su estreno, me soltó una frase con la que no podría estar más de acuerdo: “De Palma es todo lo que yo le pido al cine” (Sorry por el entrecomillado, pero creo que la frase fue más o menos esa). Sobre todo, en lo que se refiere a aquellas cintas filmadas por el director de Newark desde comienzos de los setenta, hasta mediada la década de los ochenta. Y eso a pesar de todos los Travoltas, Melanies y otros mariachis que participan de las mismas. Porque Brian demuestra estar por encima de eso y mucho más. Siendo capaz de facturar un cine con vocación de entretenimiento que además está muy –pero que muy- bien rodado. Divertimento en estado puro, no exento de homenajes, a veces poco sutiles, pero siempre logrados (a Godard, a Antonioni, Mario Bava, a su amigo Coppola y muy especialmente a Hitchcock). En una serie de tramas que te agarran por la solapa y no te sueltan hasta su resolución. Y que no resultan para nada ridículas, aunque a veces transiten por el alambre. Y a una impostada sencillez, más aparente que real. Incluyendo un sinnúmero de escenas tremendamente arriesgadas en lo visual, en lo estético y en lo compositivo, expresado así de forma genérica. Una colección de películas dotadas de esa condición tan valorable en el mundo del cine –y del arte en general- que tiene que ver con aquello de envejecer bien.
Podría decirse que esta década dorada se inicia con “Hermanas” de 1973. Un thriller esotérico y mórbido, con el que De Palma saltaría a la fama. La historia de dos hermanas siamesas con caracteres opuestos, el marido de una de ellas y una gacetillera entrometida que aspira a formar parte de las grandes ligas del periodismo. Una trama con marcado aroma hitchcockiano que, de alguna manera, fue evocada por David Cronenberg en la mítica “Inseparables”. En todo caso, las que situarán a De Palma como uno de los autores más importantes del momento, serán esas dos obras de género fantástico que rueda a continuación. Hablo, por supuestísimo, de “El fantasma del paraíso” (1974) y de “Carrie” (1976). La primera es un musical de terror, cuya partitura fue íntegramente escrita por el compositor y cantante Paul Williams –que además la protagoniza-. Un musical de culto, muy en la línea con “The Rocky Horror Picture Show” y que contiene guiños a Bowie, a “El Fantasma de la Ópera” o al mito de Fausto. Respecto a “Carrie”, ¿qué decir? ¿Quién no la ha visto? Magnífica adaptación de la conocida novela de Stephen King que, vista hoy, resulta un alegato claro contra el bullying en las aulas, en clave malrollera. Repleta de inolvidables escenas – hete aquí con la bloody scene- y de olvidables actores –hete aquí con los rizos rubios del Gran Héroe Americano-. Lo que no impidió que fuera un éxito descomunal.
Ese mismo año –el glorioso 76, ejem- el realizador norteamericano presentaría “Fascinación”, otro homenaje confeso al maestro británico del suspense. En ella, un tipo que ha perdido a su familia en el fatal desenlace de un secuestro, acaba topándose, un porrón de años después, con una joven que es el vivo retrato de su difunta señora. Y sí, el guiño es vertiginosamente obvio, aunque aquí el rol de la Novak lo cumpla Geneviève Bujold. Después vendría “La furia”, de 1978, una confusa trama que combina elementos del thriller y el cine fantástico. Adorada por algunos y odiada por otros muchos, me parece la más floja de sus creaciones durante este periodo. Con todo, incluye un conjunto de secuencias impactantes que, por sí solas, ya justifican su revisión.
El inicio de los ochenta queda reservado para “Vestida para matar” (1980) y la mencionada “Impacto” (1981). Dos joyitas que nos muestran al De Palma más desatado. La primera destaca por su enfermiza sensualidad y por las deliciosas dosis de misterio, gore y fetichismo. Mientras que la segunda lo hace por algo similar, amén de varios momentos visualmente brutales. Una suerte de “Blow Up” versión De Palma, protagonizada por un joven John Travolta que aquí está sorprendentemente bien. De hecho, su participación en esta película - una de las favoritas reconocidas por Quentin Tarantino-, le valió el papel de Vincent Vega en “Pulp Fiction”.     

Mención aparte merece “El precio del poder” (1984). Trabajo de encargo que, en su día, recibió más palos que una estera y que vendría a ser un remake actualizado y a la vez una secuela de la grandiosa “Scarface, el terror del hampa” (1932). Sumamente violenta y provocativa, cuenta con una de las mejores interpretaciones que yo jamás haya visto: La de Pacino en el papel de Tony Montana. Hoy día considerada un clásico, en su época fue destrozada por la crítica, con el consiguiente fracaso comercial.
Y ya para finalizar, mi favorita de toda su filmografía –también la de Patrick Bateman-: “Doble cuerpo” (1985). El de una Melanie Griffith imponente en esta cinta de género. Fantabuloso homenaje a “La ventana indiscreta”, repleto de morbo y erotismo alla maniera di Brian. Y es que para mí -y algún que otro crítico con mayores conocimientos en la materia-, este thriller terrorífico e hipersexualizado representa el cenit del virtuosismo de este director. Y poco más tengo que añadir. Luego de esta vendrían una serie de films, más o menos interesantes, que ya marcan el declive del hombre que hizo debutar a Robert de Niro –sin apoplejías, al menos visibles-. Si bien, no me puedo ir sin destacar una cinta de entre toda esa producción posterior. Se trata de “Ojos de Serpiente” (1998), que cuenta con un Nicolas Cage en una de sus escasas actuaciones remarcables. Frenética historia con un desagradable trasfondo político, que comienza con un plano secuencia de tropecientos minutos que quita el sentío. ¡Absolutamente espectacular! Una peli que sí estaría a la altura de las del periodo glorioso de Brian de Palma.
Y eso es lo que venía a contaros. ¡Cómo he disfrutado estas semanas de confinamiento revisando, incluso descubriendo, a este De Palma! En parte gracias al catálogo de Filmin… Al César lo que es del César. Y sí, ya sé que podría haber mencionado a Eliot Ness, al sargento Tony Meserve o a Carlito Brigante, pero xé, my post, my rules…

martes, 17 de marzo de 2020

“Nuestra parte de noche”, de la Enríquez


Tendemos a enfatizar el hecho de que los dioses de la antigüedad gozaran de poderes sobrehumanos, pero me parece más esclarecedor el uso poco amable de los mismos, por decirlo de una manera suave. La voluntad impuesta de Zeus, Wotan u otros mendrugos adorados por diferentes culturas de aquí y allá resultaba, en no pocas ocasiones, caprichosa, egoísta y lesiva. Supongo que es lo que tiene ser inmortal y disfrutar de las capacidades de someter a cualquiera. Con todo, se supone que algunos usaron esos poderes más centrados en aquello de hacer el bien –y lo que cojones signifique eso- que en lo contrario. De ahí la responsabilidad de cada cual a la hora de declararse acólito del Superman de turno. Y es que la elección de deidad dice más de nosotros que de la propia deidad, que dejó escrito alguien. En mi caso y si fuese capaz de pasar por alto mi ateísmo militante, bebería los vientos por un Dios del tipo destroyer. Aunque puestos a pedir preferiría que los súper poderes me los confiriesen a mí y ser yo el ungido… ¡Os ibais a cagar! ¿Habéis visto “Chronicle” o “El hijo”? Una mariconá al lado de lo que iba a ser esto...

Todo para introduciros a la peña de La Orden, culto dedicado en cuerpo y alma a la veneración de un Dios antiguo que se manifiesta como una oscuridad voraz. Los miembros del mismo conocen a este Dios y le piden cosas chungas, porque en general son más malos que un dolor de muelas. O que el coronavirus, que resulta más actual. Cierto que esto de La Orden no existe en nuestra realidad, al menos que sepamos. Es una invención terrorífica de Mariana Enríquez incluida en su último libro “Nuestra parte de noche”. Una novela tremenda en la que valoriza las supersticiones, los mitos góticos y las leyendas de los pueblos originarios, que resulta siniestra, poética, tierna y hasta política. ¿Qué no puede ser? Acábatela y después me cuentas.

La cosa comienza con un padre y un hijo que atraviesan Argentina por carretera, desde Buenos Aires hacia la frontera norte con Brasil y Paraguay. Son los años del Proceso de Reorganización Nacional, la dictadura que se instaló en la patria del flaco Spinetta y Borges entre el golpe de estado de 1976 y el gobierno de Alfonsín. Descubriremos que el padre trata de protegerlo del destino que le ha sido asignado. Una condena heredada que seguramente le arrastrará a él, médium del culto arriba mencionado, como ya se llevó por delante a la madre, muerta en circunstancias poco claras. Al final “Nuestra parte de noche” resulta ser una suerte de road trip trasandina que incluye una reflexión sobre la paternidad en un sentido amplio. Y es que el extraño vínculo entre los protagonistas principales y la reflexión sobre si algunas cosas merecen realmente la pena, son con mucho lo mejor de la novela.

Sin olvidar que es un libro de la Enríquez y por lo tanto esencialmente una novela de terror alla maniera di, es decir, vinculando lo cotidiano y la realidad política de su país, con el consabido interés por lo esotérico, los mundos paralelos y los rituales. Influida por la narrativa gótica clásica, las novelas victorianas, las historias “juveniles” de Stephen King, el viaje post apocalíptico dibujado por McCarthy en “La Carretera”, los mundos mágicos del chalao de Jodorowsky, pero también el rock y el cine. ¡Si hasta hay un cameo de Bowie!

La novela, cuya única pega es que, quizás, sea excesivamente larga, está escrita de una forma muy guay. Variando según las voces de quienes la protagonizan y hacen de narradoras. Partiendo de un verso en un poema de Emily Dickinson, se estructura en seis partes, reflejando puntos de vista diferenciados que abordan diferentes épocas que van desde el Londres bohemio y libertino de los sesenta, al Buenos Aires juvenil de los noventa. La verdad es que me ha parecido un novelón en todos los sentidos. Lo del Premio Herralde me la suda, aunque supongo que a ella no, claro.   

martes, 18 de junio de 2019

Jordan “Estafa” Peele


Y no, para nada me estoy refiriendo al enésimo vencedor del Royal Humble de la WWF, ni tampoco al heredero oficioso de Jim “Estaca” Duggan en el Wrestlemania  XLVI si es que este evento llega a disputarse. ¡Dios nos libre! Os hablo de un famoso realizador afroamericano quien, tras participar en varias producciones como actor, se decidió a entrar al mundo de la dirección debutando con “Déjame salir” -Oscar a mejor guion original en 2018- y después con la aún más aplaudida “Nosotros”, estrenada este mismo año. Dos pelis de género absolutamente vulgares que sin embargo han conseguido que la crítica se rinda a los pies de este “hermano de otra madre”, tal cual lo llamara Zadie Smith.

Cuando se estrenó “Déjame salir” (2017), la ópera prima del por entonces actor y comediante, todo fueron loas y parabienes para un insólito híbrido cinematográfico en el que muchos quisieron ver un manifiesto político y una crítica al racismo imperante en los EEUU, además de una cinta de terror. Y vale que contenga algún gag más simpático que cómico y un par de escenas bastante inquietantes, pero de ahí a todo lo demás… Vaya, que no hay tanto que rascar. Ni siquiera la interpretación del protagonista Daniel Kaluuya, a quien la vida ha sonreído desde entonces. Con todo, la historia del chico negro que visita a la familia de su novia blanca y va descubriendo lo que hay tras el comportamiento demasiado complaciente de los suegros, se podía seguir con un puntito de interés. Aunque solo fuera por ver en que terminaba la cosa y descubrir que mierdas había detrás de todo el tinglado. Al final, sin llegar a ser horrible pero a tres universos de distancia de la obra maestra que nos quisieron vender, “Déjame salir” parece la versión contemporánea de “Adivina quién viene esta noche” (1967) en clave de terror. Lo cual no es que sea mucho, la verdad.

La cosa se pone peor en “Nosotros” (2019). Un contenedor de tantas metáforas que al final no significa nada. Entre otras cosas porque la mayoría se entienden pero no nos importan una mierda y no porque sean falsas. Que sí Jordan, nos hemos dado cuenta que los tipos de rojo con tijeras salen desde abajo para terminar con sus dobles de arriba. Es muy básico, pero también muy cierto que los privilegiados tan solo se dan cuenta de la existencia del de abajo cuando se ven afectados directamente. También como el arte nos hace más humanos y la alienación nos convierte en animales. ¿Pero qué pinta todo esto aquí? Tras la historia de la familia Wilson y sus “nosotros”, tras esa idílica/horripilante escapada veraniega, yo tan solo veo efectismo caro y una trama muy mal hilada. Eso a pesar de que la cinta es visualmente atractiva, lo reconozco. Como el sonido, bastante contenido y para nada efectista. O la secuencia del comienzo, justo antes de los fantásticos títulos de crédito, que duran unos tres minutos -entre el 8:30 y el 11:30, más o menos- y es lo único que realmente merece la pena en “Us”. Todo lo demás es broza.

Hay quien se atreve a afirmar que Peele es el Hitchcock de nuestra generación. Un maestro del suspense capaz de hacernos reflexionar sobre temas recurrentes, además de entretenernos. A mí me parece que es una versión gringa del Patxi de los chistes sobre vascos. Alguien que no sabe bien cuándo se está a setas y cuándo a Rolex.

lunes, 11 de enero de 2010

2010, una odisea en el espacio (aéreo norteamericano)

Y no lo digo por la archiconocida novela del malogrado Arthur C. Clarke, adaptada para la gran pantalla por el irregular Peter Hyams, sino por mi propia experiencia personal durante el último vuelo. Como os dije ayer, ¡menuda paliza de viaje de vuelta! ¡¡¡La hostia puta!!! Y eso que para amenizar mi día y medio (largo) de regreso on board desde San Francisco hasta Valencia -con paradas obligadas en Washington y Zurich- me concentré en la lectura de una novela y en el visionado de una película para quinceañeros programada por el canal Economy class de la United Airlines. Como diría el tipo duro protagonista de cualquier americanada “vayamos primero con las malas noticias”. 

Los amigos de la UA tuvieron a bien en pasar, entre otros míticos títulos de la historia universal del cine, “Paranormal Activity”. Un film dirigido (o como se le llame a lo que el tipo hizo) por el amigo Oren Pelli... A partir de ahora conocido entre nosotros como Oren PellideMerda. Un peliculón en el cual una joven pareja de clase media, es atormentada por un espíritu demoníaco que parece habitar en su propia casa. Después de varios años viviendo juntos, sin novedad digna de mención en lo que al comportamiento de la casa se refiere, de golpe a repente comienzan a surgir fenómenos paranormales a toda hora. El caso es que no se porqué cojones me decidí a ver este bodrio y no elegí “Cars” o “El soplón”, que también venían ofertadas en el menú. O si lo sé. Debido a que alguien tuvo a bien recomendarme esta película. ¿Pero porqué? ¿Qué le habré hecho yo? ¿Qué fue tan grave para merecer esta venganza? ¿Qué clase de sadismo emana de alguien que es capaz de recomendar a sus amigos semejante cosa mierdosa? Un bodrio inverosímil a más no poder. No hay por donde agarrarla. Es imposible salvar nada de la quema… ¡Y es que es mu mala joder! Al menos los hideputas de los productores le podrían haber echado valor titulándola con un nombre más acorde a lo que se nos muestra: “The Blair witch Project. Part. III”, o simplemente “Shit”… O mejor aún “Supershit”… ¡¡¡No no, “Megashit”!!! En definitiva, super recomendado que vayáis a verla. 

La noticia buena es el descubrimiento tardío de un magnífico escritor llamado John Irving, a través del maravilloso mundo de T. S. Garp. “El mundo según Garp”, mi primera y seguro que no última incursión en el universo de este escritor nacido en New Hampshire en 1942, es una chulada de historia protagonizada por un excéntrico personaje. Concebido en circunstancias harto peculiares, se abrirá paso en la vida hasta convertirse en un respetado escritor a la par que polémico opinante en cuestiones relacionadas con el feminismo, lo cual, en última instancia, determina su muerte a manos de una fanática activista. Pero es que la novela es bastante más que eso. Una narración trufada de acontecimientos hilarantes entrelazados con momentos de gran dramatismo que consiguen que nos encariñemos con este comediante, mitad escritor y mitad luchador (¡de lucha libre!), y su peculiar visión del mundo. Esta perfecta alternancia entre risas y lágrimas es la que me hace recomendaros, esta vez en serio, esta deliciosa e imprescindible novela. Aclamadísima por la crítica y con gran éxito de ventas tras su aparición allá por el año 1978. Hasta el punto de que John Irving pudo abandonar su labor docente para dedicarse plenamente a la escritura. La novela incluso fue llevada al cine, con Robin Williams en el papel protagonista (¿?) bajo la dirección de George Roy Hill. No lo sabía hasta la hora de redactar este post, por lo que intentaré verla en breve... Pese a la inexplicable participación del “hombre bicentenario”. Miedo me da... 

miércoles, 2 de diciembre de 2009

El hombre lobo ha muerto

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Ha muerto Paul Naschy, el hombre lobo español, aquel al que muchos debemos buena parte de nuestra educación cinematográfica durante la adolescencia. Ya se que eso no es necesariamente bueno, teniendo en cuenta que la mayoría de las películas en las que participaba Naschy son de ínfima calidad. Sin embargo, a los quince años, para librarse del tedio, ¿que mejor fórmula que devorar cintas de terror y/o sci-fi de la peor serie B?

El tío había nacido como Jacinto Molina Álvarez hace ya 75 años en la capital del país. Pero cuando le ofrecieron su primer papel protagonista, los productores le conminaron a cambiar su castizo nombre por otro más resultón: “Como Jacinto Molina usted no puede encabezar una película como protagonista, me dijeron, y me inventé Paul Naschy (...) puede ser que hoy día se pueda triunfar llamándose Antonio Banderas, pero no en aquel entonces” (Declaraciones en la SER de hace un par de años). El caso es que el muchacho dejó sus estudios de arquitectura y su brillante carrera como halterófilo (¡¡¡donde llegó a ganar algún campeonato!!!), y se pasó al mundo del cine, alcanzando la fama gracias a una serie de películas de terror rodadas durante los años 60 y 70. Entre estas destacan “La marca del hombre lobo” (1968), su debut ante las cámaras, o “La noche de Walpurgis” (1971), posiblemente el titulo más celebrado de su extensa filmografía. Conste que también ha rodado comedias, cintas policíacas, pelis de acción y alguna de aventuras, aunque eso no importa demasiado, Paul Naschy es al hombre lobo como el hombre lobo es a Paul Naschy.

Además de actor, Naschy fue guionista y director, siempre de cine de terror y siempre en la serie B. Su filmografía alcanza la cifra de casi cien películas rodadas, aunque eso no le bastó para ser reconocido en España. Ya se sabe que nadie es profeta en su tierra, por lo que Naschy tuvo que triunfar primero en los EEUU y después en Japón, para que mucho después, ya bien entrados los 80, los españoles reconociéramos al licántropo por excelencia. Al final de la corrida llegaron a nombrarlo Presidente del Círculo de Escritores Cinematográficos y lo más importante, se le concedió la Medalla de Oro al Mérito en Bellas Artes. Hasta su muerte, anteayer y debido a un cáncer, siguió a pie de cámara. De hecho todavía no se ha estrenado su última aportación al mundo del cine, “La herencia de Valdemar”, anunciada para principios del 2010.   

En fin, tanta paz lleves como descanso dejas. Lo digo por sus víctimas cinematográficas, no se a la de chatis que el hombre lobo Naschy habrá perseguido… je je je.  

domingo, 6 de septiembre de 2009

El Anticristo según Lars Von Trier


Ya han pasado un par de días desde que vi la peli y aún sigo con el cuerpo cortao. El puto Lars Von Trier, que es un puto animal y no deja de sorprendernos con cada una de sus nuevas producciones, a cada cual más salvaje. Y es que si todo lo que habíamos visto del danés ya era duro, se queda en nada al lado de este ejercicio de sadismo y malrollismo extremo titulado “Anticristo”. Hace unos meses, uno de los productores de la obra planteaba ante los medios que habrían de ser los espectadores quienes descubrieran el anticristo en el film. Pues bien, servidor ha concluido que no es ninguno de los personajes principales, ¡¡¡el puto anticristo es el mismísimo Lars von Trier!!!

La película -con muy buenas interpretaciones de Charlotte Gainsbourg y Willem Dafoe- cuenta la historia de una pareja que intenta superar la muerte de un hijo, quien se arroja por la ventana mientas ellos estaban echando un polvo. Como la madre es incapaz de pasar página, el marido, psicólogo de profesión, decide llevársela a una cabaña en medio del bosque. El lugar donde pasó el último verano con el pequeño. Allí encerrada habría de enfrentarse a sus miedos, pero la terapia no funciona en ningún momento. Es más, empieza a comportarse de una forma dada vez más extraña. Y no sólo ella, también la naturaleza que los envuelve.
Pese al premio a la mejor actriz en Cannes, la acogida general de “Anticristo” no fue buena. Desde la ciudad de la Costa Azul nos llegaron crónicas que relataban como la gente se desmayaba en plena proyección o salían para vomitar. Los hubo incluso que se levantaron en mitad del espectáculo para increpar al realizador danés. Buceando entre los artículos dedicados a  la película por aquellas fechas, me topo con uno de Oti Rodríguez Marchante para el ABC que dice lo siguiente: “Una cosa es lo desagradable, lo insoportable, lo cruel..., y otra muy distinta Anticristo (...) a ver quién le encuentra el espectador adecuado: los cuerdos, no, pero los locos mucho menos.”

Y es que la película es droga dura. En casi dos horas de metraje asistimos a una ablación de clítoris, una pierna atravesada por una broca enorme, eyaculaciones sangrientas y todo tipo de violencia física y psíquica, además de un sinnúmero de escenas de sexo explícito. Pero a Von Trier se la suda todo. Ya lo dejó bastante claro durante la presentación: “no tengo que justificarme. Yo hago películas y esta es fruto de la voluntad de Dios. Además, yo soy el mejor director de cine del mundo. No me debo a la audiencia sino a mí mismo. Hago las películas para mí. Vosotros sois sólo mis invitados”.

Okey man. Vale que Von Trier es un tipo arrogante como pocos y que quizás este “Anticristo” no sea su mejor trabajo. Pero de ahí a calificarlo como una mierda con pretensiones de transgredir, opinión generalizada entre la crítica especializada y no tanto, pues como que no. Algo que proviene de la atormentada mente del que, muy posiblemente, sea el director de cine más importante que ha surgido durante los últimos veinte años, no puede ser una mierda. Y es que, de los directores en activo, ¿a quién además de a Von Trier le debemos una verdadera renovación del lenguaje cinematográfico?

El guión de “Anticristo” me ha parecido muy sólido. Un continuo crescendo con un impactante final, pero sin atisbo de descontrol. El lenguaje empleado juega con elementos del thriller psicológico y del cine de terror. Pero sobre todo, lo más destacable es el aspecto visual, con escenas potentísimas que en ocasiones llegan a ser muy desagradables, por lo grotescas y conscientemente provocadoras. Pero ahí nos apostamos como espectadores morbosos, incapaces de retirar la mirada…
En fin, que me ha gustado bastante la última cinta del chico malo del cine danés. El realizador contemporáneo que mejor maneja las emociones del espectador, en dura competencia con el austríaco Michael Haneke.

jueves, 4 de junio de 2009

Lecturas diabólicas


Tibor Takács es un húngaro que se fue a hacer las Américas con la aspiración de entrar por la puerta grande en la Meca del cine. Es evidente que no lo consiguió. El tío se especializó en la creación de una serie B chusquera hasta decir basta, que sin embargo y de forma inexplicable, en algún momento alcanzó la categoría de cine de culto. Y es que está demostrado que cualquiera puede ser un director de culto. Sólo depende del número de frikis, adolescentes pajilleros y/o gafapastas que seas capaz de camelarte. Con todo, a pesar del gran número de fans que adoran sus primeras creaciones, la liturgia ha ido decayendo con el transcurrir de los años. Especialmente desde que el director optó por introducirse en el mundillo de la televisión por cable. Entre sus últimos telefilmes destacan dos engendros diarreicos del año 2007 como “Arañas Devoradoras” o “Megasnake”. Sin duda un año negro para el mundo del celuloide. Con todo, tiene su gracia comparar esas cintas con la producción de Takács durante los ochenta -cuando rodó “La Puerta” o estas “Lecturas Diabólicas” de la que ahora hablaré- y apreciar una clara evolución a mucho peor. Y mira que era difícil...

La que para muchos es la obra maestra del artista de Budapest es precisamente “Lecturas diabólicas”, de 1989. Una película protagonizada por los olvidables Clayton Rohner y Jenny Wright -una niña bastante apañá, habitual de la serie B hasta que se quitó de en medio para suerte de amigos y familiares a los que seguramente señalarían por la calle no sin motivos-. Recuerdo vagamente haber visto la película a principios de los 90, en el mítico programa “Noche de lobos”. Un espacio que, en los albores de Antena 3, se dedicaba a emitir películas de terror buenas y no tan buenas. Pese a lo dicho, yo y otros muchos le estaremos eternamente agradecidos a Joan Lluís Goas por descubrirnos varias obras maestras del género. Pero bueno, vayamos al tajo y hablemos de la peli en cuestión. La cosa va básicamente de una tipa muy rubita y muy tontita, ávida lectora de novelitas de terror y crímenes. En estas que, en la caótica librería en la que trabaja, encuentra un libro en el cual un monstruo mitad hombre y mitad chacal, creación de un científico demente, escapa y siembra el terror allá por donde va. Lógicamente impresionada, decide indagar sobre la vida del autor y agotar su exigua bibliografía, compuesta por ese y otro libro más. Esa segunda novela se titula “I, madman” -el título original de esta porquería de peli- y tiene la particularidad de trasladar los sucesos narrados a la vida real de quien los lee. Y como es un libro de terror y va de un asesino en serie, pues os podéis imaginar. Como encima la señorita esta liada con un inspector de la policía, pues también sabréis a quien le encomiendan la investigación. Vaya, un zurullo de dimensiones considerables. Pero aquí este campeón, pese al mal recuerdo que tenía de la misma, se la papó por segunda vez. Y eso se lo tengo que agradecer al tedio y también a los amigos de Ono, siempre tan preocupados en darme acceso a joyitas ocultas del séptimo arte.

Ah! Y las interpretaciones resultan espantosas, los efectos especiales son una puta mierda, el maquillaje es digno de un club de Drag Queens y el montaje… ¿Lo qué? Pues eso. De la fotografía “rica en matices” mejor no digo nada. Si comentaré que, según he leído, la cinta fue concebida como una especie de homenaje al mundo del pulp. En fin… Teniendo en cuenta que importantes maestros de lo macabro, como Robert Bloch o el mismísimo H. P. Lovecraft, dieron sus primeros pasos en este tipo de revistas, menuda gracia les habría hecho. Suerte que están muertos.

Así pues ya tenéis faena. A deslomarse buscando alguna copia de “Lecturas diabólicas”, que el esfuerzo merece la pena...
Por cierto, que no se me olvide comentar que el amigo Tibor también es responsable de las pelis sobre “Sabrina la bruja adolescente”. Y es que me da en la nariz que a este tío lo mismo le da chicha que limoná...

miércoles, 22 de abril de 2009

Déjame entrar


Seguramente habréis visto la imagen en diferentes lugares: El joven actor Kare Hedebrant cuchillo en mano, en una perturbadora escena de la película “Déjame Entrar”. La verdad es que el cartelito promocional, que pende de cientos de mamparas de la EMT, ha surtido efecto. Las salas valencianas se llenaron durante el pasado fin de semana para ver el estreno de la aplaudida cinta sueca de vampiros, dirigida por Tomas Alfredson. Y es que está muy bien elegido, reconozcámoslo. Porque si hay un adjetivo que defina esta revisión del género en clave amable es precisamente ese, perturbador.

Muy alabada por crítica y público, el film viene precedido de los premios logrados en más de veinticinco festivales, entre ellos Sitges, donde se ganó una sonora ovación. Como ya he dicho la historia es de vampiros, pero no sólo eso y ni siquiera principalmente. El protagonista es un chaval tímido que vive en un suburbio de Estocolmo. Su vida transcurre en absoluta soledad, sin amigos, con una madre que está siempre trabando y un padre ausente. Eso hasta que se hace amigo de una misteriosa vecina de su edad, cuya llegada al bloque de viviendas coincide con una serie de misteriosas muertes.

Dos grandes aciertos de la película son, por un lado, el deprimente telón de fondo: Estocolmo a principio de los ochenta, predominado por un ambiente color gris plomizo, con un paisaje absolutamente nevado e inmerso en un silencio absoluto. Además de las duras condiciones sociales, el acoso escolar y la violencia gratuita… Por otro parte el ritmo pausado que el director le ha imprimido a la película, complementado con una banda sonora de corte clásico.

De todas formas, una advertencia para aquellos que la vayáis a ver: No es esta una película de terror al uso, como podría deducirse tanto del cartel como del tráiler promocional. Como he mencionado más arriba hay vampiros y sangre, pero no es lo más importante. Creo que Alfredson -basándose en la novela de John Ajvide Lindqvist- ha dibujado una historia de outsiders luchando contra un mundo que no les comprende. También nos habla de la amistad, del sufrimiento y hasta de amor romántico. Precisamente es la difícil amistad entre los protagonistas, que ha de pasar por encima del lógico temor y la desconfianza, lo que salva a ambos. Regalándonos un bonito y esperanzador final.

Trabajo interesante y sobre todo, muy diferente a lo que nos suele deparar este género plagado de depredadores nocturnos.

martes, 20 de enero de 2009

Bicentenario del nacimiento de Poe


Tal día como ayer, hace doscientos años, nació en Boston uno de los escritores más influyentes de la historia, Míster Edgar Allan Poe. A pesar de una tumultuosa vida, llena de decepciones, borracheras, problemas económicos y de salud -originando su muerte temprana con apenas cuarenta años- logró escribir lo suficiente como para marcar la literatura de su país y puede decirse que la de todo el mundo.

El asunto es que su legado es incomparable. Con una mención especial a esos maravillosos cuentos que para un servidor supusieron vibrantes tardes y noches de goce literario y, porque no decirlo, el motivo de que me aficionase a esto de la literatura. Y es que todavía recuerdo la primera vez que le hinqué el diente a las “Narraciones Extraordinarias”, con ese maravilloso prólogo de Baudelaire. Maravillosa recopilación de cuentos que incluye “Los crímenes de la rúe Morgue”, “El pozo y el péndulo”, “La barrica del amontillado”, “La caída de la casa Usher”, “El hombre de la multitud”, “La caja oblonga” y tantas otras historias inolvidables. A ver qué libro de cualquier época supera eso.

Desde entonces la referencia fue, es y será, Don Edgardo. Lo más grande que ha parío América.
¿No lo oyes? Sí, yo lo oigo y lo he oído. Mucho, mucho, mucho tiempo… muchos minutos, muchas horas, muchos días lo he oído, pero no me atrevía… ¡Ah, compadéceme, mísero de mí, desventurado! ¡No me atrevía… no me atrevía a hablar! ¡La encerramos viva en la tumba! ¿No dije que mis sentidos eran agudos? Ahora te digo que oí sus primeros movimientos, débiles, en el fondo del ataúd. Los oí hace muchos, muchos días, y no me atreví, ¡no me atrevía hablar! ¡Y ahora, esta noche, Ethelred, ja, ja! ¡La puerta rota del eremita, y el grito de muerte del dragón, y el estruendo del escudo!… ¡Di, mejor, el ruido del ataúd al rajarse, y el chirriar de los férreos goznes de su prisión, y sus luchas dentro de la cripta, por el pasillo abovedado, revestido de cobre! ¡Oh! ¿Adónde huiré? ¿No estará aquí pronto? ¿No se precipita a reprocharme mi prisa? ¿No he oído sus pasos en la escalera? ¿No distingo el pesado y horrible latido de su corazón? ¡INSENSATO! -y aquí, furioso, de un salto, se puso de pie y gritó estas palabras, como si en ese esfuerzo entregara su alma-: ¡INSENSATO! ¡TE DIGO QUE ESTÁ DEL OTRO LADO DE LA PUERTA!

sábado, 27 de diciembre de 2008

Más vale tarde que nunca. Supongo


Súper polémica a la vista. Al menos eso clamaban los medios especializados ante el desembarco de esas nuevas creaciones de les enfants terribles del splatter francés. Hasta el Festival de Sitges llegaron los ecos de la porfía. ¿Es necesaria tanta violencia en pantalla? ¿Está justificada por la trama? ¿Es sólo otra estrategia de marketing? El caso es que allí se programaron las pelis de las que tanto se está hablado por sus escenas de violencia explícita y brutalismo malrollero: “Mártires” (2008) de Pascal Laugier, “Frontera(s)”(2007) de Xavier Gens y “Reflejos” (2008) de Alexandre Aja. Después de verlas, me decanto por lo opción de la estrategia promocional. Por enésima vez hemos caído en el juego de las productoras, que nos han vendido como rompedor algo que no lo es tanto. Aquello que pretendía ser la polla en vinagre, al final es más de lo mismo pero con ración extra de salsa de tomate. Con todo, tengo una opinión dispar respecto a las tres cintas así que, para ser justos, vayamos una por una.

La peor con diferencia es “Frontière(s)”, dirigida por el casi debutante Xavier Gens. Y se nota. La historia está enmarcada en las futuras elecciones francesas. Concretamente en una segunda vuelta en la que se está dirimiendo que el representante del partido conservador o el de extrema derecha lleguen al Elíseo. Esto lo sé porque viene en la ficha de la película, no porque se desprenda de lo que se muestra en pantalla. Ahí tan solo vemos como los antidisturbios dan palos a diestro y siniestro, frente a unos niñatos que lanzan cócteles molotov sin ton ni son. Los barrios bajos han estallado en protestas y un grupo de jóvenes, aprovechando el tumulto, deciden perpetrar el robo que les habrá de solucionar la vida. Lo consiguen, pero la cosa se complica cuando uno de ellos muere en el intento. Con todo, logran salir de París con el botín y marchan camino a Holanda, como los Reyes Magos del famoso villancico. Pero se les hace de noche y se ven obligados a parar en alguna parte. El problema es que eligen un apartado hostal regentado por un grupo de neonazis caníbales. Así como lo oís…  A partir de aquí comienza el festivalito de sangre y vísceras. Sesión non-stop de torturas y guarreridas variadas no aptas para todos los estómagos. Absolutamente innecesarias como la propia película, que es mala de morirse de principio a fin.

Luego está “Reflejos” que también es pobre, pero no tanto como la anterior. El problema fundamental aquí es la expectativa. Y es que su director es el puto Alexandre Aja y de alguien con su currículum se espera algo mejor. Pero vaya, que la cosa venía lastrada desde el comienzo, cuando aceptó el encargo de filmar un remake de una cinta surcoreana que no vale un peo. Concretamente de “El otro lado del espejo”, dirigida por Kim Seong-ho en el año 2003. Con una idea de partida que podría resultar interesante pero que después, como queda demostrado, no da más de sí. Un guardia de seguridad con una vida de mierda, se ve abocado a trabajar de vigilante en un centro comercial devastado por las llamas. En el incidente, para sorpresa de propios y extraños, los cristales del edificio se mantuvieron intactos. Luego sabremos el porqué: ofrecer a quien los mira un reflejo de su lado oscuro. Eso les hace comportarse en base a pulsiones autodestructivas. Y hasta aquí llegó el agua. El resto es broza. Cierto que hay que reconocerle a Aja el saber hacer en varias de las escenas más potentes del film. Pero vaya, que la trama no va a ningún lado y eso lo lastra todo desde mitad de película, más o menos. Sino antes, con la aparición de esa celebrity asiática con el pelo en la cara y los ojos inyectados en sangre a la que tanto le gusta reptar por las paredes... La que aparecería por primera vez en la versión japonesa de “El Círculo”, de Hideo Nakata, y desde entonces no ha dejado de protagonizar cameos en un sinfín de producciones asiáticas de género. Respecto a la polémica, aquí se originó por unas escenas bastante salvajes que, desde mi punto de vista, sí estarían justificadas. El problema de está peli no son esas escenas. Ojalá.

Ya por último “Mártires”, el segundo trabajo en la corta trayectoria de Pascal Laugier. Que es la mejor de las tres sin ningún género de dudas. Aun así dista mucho de ser una cinta redonda. Mucho menos esa obra maestra que algún crítico desubicado ha querido colocarnos. Pero vaya, que se aproxima más a esa figura geométrica delimitada por una circunferencia, que cualquiera de las otras dos. Y da bastante más miedito, lo cual se agradece, que estamos hablando de cine de terror, ¡leñe! En el trasfondo aparece una suerte de sociedad secreta que se dedica a torturar a niñitas. Una de las crías logra escapar y unos años después decide consumar su venganza. Se trata de una experiencia infernal que el director francés nos muestra sin reparos. Con un montaje muy elegante y una estética visual que recuerda mucho al terror setentero. La primera parte resulta magnífica, pero luego y merced a los excesos, todo se va a la mierda. Y aquello que podría haber sido una obra maestra acaba transformándose en una peliculilla del montón. Una de tantas que sin estar mal del todo, no dejan demasiado poso. Y es una pena, la verdad.

Y eso es todo lo que tenía que decir sobre este nuevo intento de renovar el género. Próximamente más rajadas sobre “obras maestras” del terror contemporáneo. Jaaa me maten!!!

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Don't feed the monkey


Me entero por el Last.fm que existen, al menos, seis bandas y otros dos solistas que responden al nombre de Mono. Esa palabreja, que en castellano designa a un primate o a un ser humano con comportamientos y actitudes similares, fue elegida por un combo japonés de post-rock, otro holandés de lo mismo, una banda británica de trip hop, una artista austriaca de reggae, otro sueco de trance, un trío coreano de música popular, unos raperos polacos y una formación indie danesa.

Más allá de lo curioso que pueda resultar que exista un grupo de hip hop que canta en polaco o que una austriaca haga reggae, a quienes yo quería referirme es al cuarteto tokiota fundado a comienzos de 1999. Unos Mono que cuentan en su haber con la friolera de ocho discos, que les han servido para acumular un buen de puñado de seguidores a lo largo y ancho del mundo. Y hablo de ellos no porque me apasionen, que no es el caso, si bien algunos de sus discos me gustan bastante, sino para defender que también se puede sacar algo bueno de las actividades musicales llevadas a cabo por los hijos del Sol Naciente. Sí, esa panda de frikis acostumbrados a viajar en tropel por el mundo, no dejar una esquina por fotografiar, eructar a lo grande y hasta con aroma o practicar el noble arte de colarse allí donde fuera menester. Se ve que el respetar las colas es algo que no se incluye en su cultura milenaria. A este respecto, algún día dedicaré una entradita a la manida excusa de la diversidad cultural para tolerar según qué cosas.

Vaya que me apetecía resaltar que no todo lo que nos llega desde Japón es mugre musicada, por mucho que se hayan empeñado en que parezca lo contrario exportando esa cosa lamentable del J-Pop. La mayor basura musical que se haya visto en años y que está en pleno proceso de desembarco por aquí, merced a nuestra estupendísima juventud amante del manga y de las horribles pelis de terror japonesas. Por cierto que, algún día tendré que hablaros de esa gran actriz, estrella indiscutible del subgénero de terror facturado por aquellas latitudes, cuyo nombre no recuerdo pero de la que estoy seguro habréis visto alguna película. ¡Sí hombre! La misma que siempre aparece reptando, ataviada con una tupida melena negra que le tapa una cara en la que solo apreciamos unos ojillos enrojecidos que piden Vispring como el comer.
Bueno, que no me quiero ir del tema. Que Mono están guays. Sobre todo si eres fan del post-rock o hasta del shoegaze y lo tuyo está en disfrutar de los subibajas y las explosiones escuela This Will Destroy You, God is an Astronaut, Explosions in the Sky o similares. Unos señores que definen su música como “la banda sonora del fin del mundo” y que son responsables de una discografía interesante pero irregular. Sus dos mejores álbumes son, sin ningún género de dudas, “One step more and you die” del 2002 y “You are there” del 2006. Este último, un disco que me costó Dios y ayuda encontrar en esas tiendas tan hipermegaguachis que hay en Londres y que al final de lo único que pueden alardear es de tener toda la colección de artistas promocionados por el NME. Y esto es todo. Ya he hablado suficiente de Mono. Ahora, mientras le doy una oportunidad a la banda polaca de hip hop, paso a relacionar las mejores interpretaciones de la japonesa -o china o coreana…- del pelo lacio…

1. Aquí la vemos “debutando” en “El círculo”, la celebérrima cinta de terror dirigida por Hideo Nakata en el año 1998. Por cierto que, aunque no lo cuelgue aquí, también aparece en el remake americano dirigido por Gore Verbinski en el 2002.
2. Y aquí en “La maldición”, dirigida originalmente por Takashi Shimizu en el año 2003.
3. Después se fue a hacer las Américas y prueba de ello es “El Grito”, versión americana que el propio Shimizu hizo de la película original. Esta es del año 2004. También actúa, aunque no lo ponga por aquí, en “La maldición 2” y “El grito 2”, secuela y remake de la secuela al cargo del prolífico Takashi Shimizu. Que uno llega a pensar que el director este tiene esclavizada a la pobre chica.
4. Una curiosidad, “Shutter” (2004). Producción tailandesa dirigida por dos tipos de nombre impronunciable: Banjong Pisanthanakun y Parkpoom Wongpoom. Por supuestísimo que también actúa nuestra amiga. Y es que se ve que tiene copado el mercado asiático.

[...]

Si no os pongo más ejemplos es porque esto iba a quedar más largo que un día sin pan. Pero vaya que si os interesa el tema, estoy seguro de que podréis encontrar otras tantas producciones en las que nuestra amiga interpreta su limitado papel. Sin ir más lejos el otro día vi “Reflejos” (2008) de Alexandre Aja y la hioputa también salía. Y es que si hay desempleo en el sector de los actores de género, en parte es por culpa de esta tipa.
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