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lunes, 14 de octubre de 2019

El asesino de la carretera


Circula por la red un vídeo descacharrante, en el que unos hermanos de la tercera edad muestran un baptisterio semi-enterrado sito en algún paraje de la España rural. En un momento de la trasmisión, la más estropeada de los tres –un personaje directamente sacado de alguna cinta de Tod Browning-, espeta al reportero y por extensión también a nosotros, aquello de “¿a quién no le va a gustar un Imperio (baptisterio) Romano del siglo I D. C.? ¿A quién no le va a gustar?” Y vaya si tenía razón la señora. ¿A quién no le va a gustar, hostias? Pues eso… 
Ya, vale, ahora en una suerte de triple salto mortal con tirabuzón y doble pirueta, un servidor -que está igual de sonao o más que los freaks del baptisterio- adapta la preguntita a los intereses de este espacio. Que andan bastante alejados de la arquitectura religiosa y del arte paleocristiano, pero no tanto de la literatura, la novela negra o el puto James Ellroy. Y es que, ¿a quién no le va a gustar una novela de James Ellroy? ¿A quién no le puede gustar? A ver, qué yo me entere, ¡eh!

Que sí, lo sé, que el tipo es un mameluco. Un fulano bastante desagradable, como la mayoría de sus personajes de ficción por otra parte. Eso y que sus historias son truculentas, repletas de pasajes y situaciones que te dejan con muy mal cuerpo. Pero siendo cierto todo eso, aún lo es más que el compadre escribe como Dios. Con ese estilo telegráfico patentado que es marca de fábrica y que le convierte en un escritor diferente, único e inimitable como se decía antaño. De los más importantes que nos quedan vivos, aun cuando la Academia se olvide de ello año tras año. Y es que no aparece ni en las primeras quinielas, tú… Y los suecos, los periodistas culturales y mucho menos los hooligans del Borges millennial, sin decir ni . Llevando al extremo esa economía verbal de la que el novelista angelino hace gala en sus novelas.

Todo esto porque me acabo de leer, con cierto retraso, “El Asesino de la Carretera”. Novela originalmente publicada como “Silent Terror” en 1986 y traducida al castellano unos veinte años después. Y como todo lo que me he leído de Ellroy, exceptuando “Ola de crímenes” y por los motivos que expongo en esa entrada, me ha encantado. Una pesadilla, un delirio criminal, un viaje psicotrópico a través de carreteras secundarias contado en primera persona. Historia que se aleja un tanto de las otras novelas de Ellroy para adentrarse en algo mucho más desquiciado. Y es que uno tiene la sensación de que aquí, el autor de “El cuarteto de Los Ángeles” o la “Trilogía de los bajos fondos”, fantasea sobre cómo habría sido su vida de haberse convertido en un Ed Kemper cualquiera. Y motivos y hasta pergaminos tenía para ello, vaya que sí. Basta con leer sus relatos en clave autobiográfica o las reflexiones incluidas en “A la caza de la mujer” para darse cuenta.

La acción se centra en un único personaje, quien ha sembrado Estados Unidos de cadáveres. Cuando el FBI consigue darle caza, confiesa sus crímenes a cambio de que su autobiografía vea la luz. Escribirá así sus memorias mientras cumple las cuatro cadenas perpetuas a que ha sido condenado. Gracias a eso asistimos a un espectáculo de brutalidad medida, o no tanto, que viene determinada por aquello que ocurre dentro de su cabeza. De hecho Ellroy dedica un montón de páginas a contarnos las pajas mentales del serial killer, en especial las que tienen que ver con su mentor imaginario, la “Sombra Sigilosa”. El villano de unos cómics bastante cutres y medio fachas que nuestro héroe leía de crío.

La novela, que catalogaré de brutal –en todos los sentidos-, recurre a las inserciones de noticias tomadas de revistas y periódicos, de informes policiales o diarios personales, formando un compuesto intercalado, vibrante y barroco. También está presente en “El Asesino de la carretera” el recurso a los cameos de personajes reales tan habitual en la obra de Ellroy. En este caso la estrella invitada será el celebérrimo Charles Manson, quien protagoniza uno de los mejores momentos de la novela. Maravilloso. Ese pasaje y el libro. Todo él.  

sábado, 20 de junio de 2009

Los hombres de paja


Este libro empieza de forma brutal. Unos tipos se adentran en un establecimiento de comida rápida de una conocida cadena, sacan sus escopetas de caza y abren fuego contra todo. Y vale que en los tiempos que corren, con matanzas de este tipo reproduciéndose en nuestros televisores en prime time, estemos algo insensibilizados. Pero vaya, que el tal Michael Marshall -que así­ se llama el autor- logra introducirnos dentro del tiroteo de una forma muy real. Y desde una doble perspectiva, la de las víctimas y también la de los verdugos a través de la mirilla de sus fusiles. El problema es que, pese al impactante comienzo, la cosa se va desinflando hasta llegar a la última parte en la que todo se convierte en un enredo. Con todo, hasta llegar ahí, te mantiene enganchado y ese bajón final se explica porque el tipo ha decidido dejar abierta la historia para continuarla en sucesivas entregas. Y es que con esta novela comienza una trilogí­a sobre “los hombres de paja”. En ella, el escritor británico le rinde homenaje a la figura del agente del FBI John Douglas, conocido por el estudio “Mind Hunter: inside the FBI’s Serial Crime Unit”. Fuente de inspiración de numerosos personajes literarios, cinematográficos y televisivos entre los que destaca el agente Jack Crawford de “El silencio de los corderos”.

Estamos por lo tanto ante una pieza literaria que se mueve entre el género policí­aco clásico y las historias de serial killers. Entrelazando dos lí­neas argumentales que son, por un lado la historia de un agente de la CIA en retiro que intenta descubrir la verdad sobre la muerte de sus padres; y por el otro­ el secuestro de una adolescente que aviva la búsqueda de un asesino en serie cuya firma es inconfundible. Ahí­ comienza otra investigación al cargo de un peculiar dueto compuesto por una agente del FBI y un ex-detective obsesionado con encontrar al esquivo asesino de su hija, que se toman todo esto a la personal. En el curso de sendas investigaciones aparecerán los misteriosos “hombres de paja”, conectando las historias.

Publicado en la colección Roja & Negra, me ha parecido una notable historia de suspense. Un thriller violento, algo conspiranoico, perturbador y sobre todo muy malrollero. Sin embargo y contra lo que pudiera parecer, no me ha enamorado. Por lo dicho más arriba pero también y sé que es muy injusto, porque tengo reciente la lectura de la magnífica “El poder del perro”, anterior entrega de esta colección de novelas escogidas por  Rodrigo Fresán. De lo mejorcito que se ha publicado en el género en mucho tiempo. Y las comparaciones siempre son odiosas, lo sé, pero eso es lo que hay…
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