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jueves, 14 de mayo de 2020

El mercader de alfombras, de Pillip Lopate


Ahora mismo soy incapaz de determinar cuándo ocurrió exactamente. Ya ha pasado tiempo desde aquella vez en que le eché el ojo a esta novelita. No sé bien que es lo que me llamó la atención, ya que no conocía a su autor, ni acostumbro a leer la contraportada de los libros - ¡Sacrilegio! -. Tampoco es que su portada llame al optimismo, con esa sobriedad tan característica de los Libros del Asteroide, en este caso, además, en un gris bastante anodino enmarcando una mejorable foto del edificio Chrysler. El caso es que ahí estaba el librito de marras, llamando mi atención desde un estante en una desaparecida librería del Cap i Casal. Y lo compré. Y me lo llevé a casa en dónde lo deposité en las baldas altas de otra estantería. Luego me mudé y acabó en algún armario y luego me volví a mudar, esta vez fuera del país, y terminó dentro de una caja. Podría decirse que todo se debe a una suerte de corazonada. El barrunto de que aquello podría molar. Pero suavecito, si atendemos a los años que han tenido que pasar para rescatarlo del domicilio familiar e hincarle el diente… Porque ha sido aquí y ahora, cuarentena mediante, cuando me he sumergido en la historia de este vendedor de alfombras neoyorquino, hijo de inmigrantes iraníes que profesan el zoroastrismo, como Zubin Metha o Freddy Mercury. Con estos pergaminos no es difícil comprender que el amigo sea una de esas personas a las que les cuesta encontrar su lugar en el mundo.

La narración nos sitúa a finales de los 80 en un Manhattan en plena vorágine gentrificadora. Situación que amenaza la existencia de este hombre culto e insatisfecho a perpetuidad, incapaz de asumir cualquier cambio, por pequeño que sea. Alguien que se refugia en la idea de que, si se convence de que los problemas no le afectarán, estos terminarán por convencerse también y voilá… De hecho, descubriremos que es así como ha ido sobreviviendo durante más de cuatro décadas. Pasando desapercibido por la vida y convencido de que esta se ha olvidado de que él anda por ahí, refugiado entre alfombras persas en su tiendecita del Upper West Side. La cosa cambiará radicalmente con la aparición de los nuevos propietarios del edificio en el que tiene su negocio. Lo que se concreta en un aumento inasumible del precio del alquiler y la sombra del desahucio en el horizonte. Y ese problema, a diferencia de todos los anteriores, amenaza con no desaparecer. Si a eso le sumamos aquello de que a perro flaco… La cosa se pone fea.

Es justo en ese punto donde arranca la trama de “El mercader de alfombras”, novela de 1987 que es, creo, la única obra de Phillip Lopate traducida al castellano. Un judío neoyorquino, profesor universitario y muy aficionado al jazz que, según he leído, no tiene ni puta idea de alfombras. ¡Ah! Y que protagonizaba aquel documental que Scorsese dedicó a la Estatua de la Libertad. Aunque cualquiera lo diría. El hombre debió de documentarse a base de bien. También sobre zoroastrismo aka la religión más antigua que se conoce y de la que, siendo sincero, no tenía ni puta idea… Más allá de saber del profeta Zaratustra - vía Nietzsche -, o que de alguna manera influyó en el nacimiento de “Juego de Tronos” o “Star Wars” –vía la BBC-.
“A veces era demasiado duro consigo mismo. Otras veces, adornaba sus aspectos más mundanos y veía, por ejemplo, su falta de agresividad comercial como una especie de heroico comedimiento y su ineficacia como integridad. Era como si buscase consolarse de la pobreza de su vida diciendo: Todo va bien. No puedo fracasar en nada porque no intenté hacer nada.”

Una interesante lectura protagonizada por un personaje de esos que dejan huella, aunque no sé si para bien o para mal. Y con un final abrupto que me ha parecido sencillamente brutal. Supongo que hasta tiene moraleja, aunque lo mismo me da.¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Adónde vamos? ¿Estamos solos en la galaxia o acompañados?” Pues eso. Y sí, es verdad que, quien haya leído a Auster –tanto al malo, como al bueno- reconocerá su universo. Pero aparte de eso poco que ver, xé…

Por cierto, que, mientras escribo todo esto, suena en el reproductor lo último de otro ilustre judío gringo, como Lopate. Aunque bueno, lo cierto es que este nació en Tel Aviv y se crió en la otra orilla del río Hudson… Os hablo, por supuesto, del regreso apoteósico de Eef Barzelay con el que muy probablemente sea su mejor álbum (por encima de “The Ghost of Fashion” o “Your Favourite Music”, que se dice pronto). Y es que lo nuevo de Clem Snide es una maravilla inesperada que nos llega tras un lustro de silencio. Para este regreso, el hombre se ha arrimado a uno de los Avett Brothers, además de contar con peña de los Band of Horses y se nota… De ahí que “Forever Just Beyond” –de horrorosa portada, que todo hay que decirlo-, presente un sonido clásico de raíces que le aleja de sus trabajos anteriores. Un álbum redondito en el que destacan cortes como “Roger Ebert”, “Forever just beyond”, “Sorry Charlie”, “Emily” o “Some Ghost”, y que nos recuerda aquello que cantaba Peret de “no estaba muerto…”Aunque no sé si cabe definir como parranda al sinnúmero de desgracias vitales acumuladas por el bueno de Eef, durante los últimos cinco años.

viernes, 29 de mayo de 2015

Sumisión

Sumisión es la última marcianada firmada por ese loco maravilloso nacido en la Isla de Reunión y bautizado como Michel Thomas, aunque todos le conozcamos por Houellebecq. He dicho marcianada ,que no provocación, me habéis oído bien. Y es que no veo por ningún lado el mensaje supuestamente islamófobo que lleva implícito el libro. Vale que “Sumisión” llegó a las librerías francesas el mismo día del trágico atentado contra Charlie Hebdo, pero eso no es culpa de Houellebecq –al menos que sepamos-. Y que esa circunstancia le venga fenomenal para promocionar su libro, algo evidente por otra parte, no justifica que se le acuse de islamofobia o de dar alas a la extrema derecha francesa.

Tampoco acabo de entender el que se califique a “Sumisión” como novela distópica, más aún después de que el mismo autor lo haya negado en reiteradas ocasiones. El libro parece más bien una crítica –otra más, como lo son el resto de sus novelas- a los valores de la Ilustración y de la modernidad europea. Proyectos que este casi sesentón considera absolutamente agotados y no sin motivo. Esa suerte de advertencia ante el peligro musulmán que muchos han querido ver en “Sumisión” me parece una interpretación bastante pobre. Más allá de que gran parte de los que opinan en este sentido ni siquiera se han leído el libro. 

Hilando con lo anterior, convendría recordar que islam es una palabra derivada del verbo árabe “aslama”, que significa, literalmente, “aceptar, rendirse o someterse”, es decir “sumisión”. Y quien quiera ver fantasmas ahí, que se las apañe. 

Lo cierto es que “Sumisión” nos sitúa en una Francia no demasiado distinta de la de hoy. Estamos a las puertas de las presidenciales del 2022 y los partidos tradicionales se han hundido en las encuestas. Un tal Mohammed Ben Abbes, líder de una nueva formación de corte islamista, aparece como el ave fénix para frenar a los extremistas del Frente Nacional. Para ello contará con los apoyos de socialistas y de una derecha tradicional que, temerosos de Marine Le Pen, pedirán el voto por Ben Abbes en la segunda vuelta de las elecciones.

François, el protagonista de la historia, asiste impertérrito a todo esto. Es profesor universitario por lo que goza de buen salario e incluso de cierto estatus académico. Vale que está hasta la polla de casi todo, pero vive instalado en una zona de confort que le hace resignarse ante una vida aburrida, pero sin privaciones… i follar de tant en tant, que cantaban los Manel reinterpretando el clásico de Pulp.
El caso es que la llegada de Ben Abbes al Elíseo, conllevará unas transformaciones que, de alguna manera, también acabarán por afectar a nuestro héroe apoltronado. ¿De una forma negativa? Pues no sé que deciros. Leed el libro y sacad vuestras propias conclusiones. 

Muy interesante es como Houellebecq utiliza la imagen del profesor y su condición de máxima autoridad en Joris-Karl Huysmans para ofrecernos una parábola sobre la conversión. La de Huysmans fue al catolicismo, ¿os imagináis hacia donde discurre el amigo François? Por otra parte, tampoco parece casual que se haya elegido a este escritor francés del XIX para co-protagonizar la novela. Ese disgusto por la vida moderna y el profundo pesimismo tan marca de la casa y que tan bien se expresan en libros como “A contrapelo”, son los propios de François/Houellebecq. Y es que no hace falta rascar demasiado para darse cuenta de que el hastiado profesor es un trasunto de su creador literario.

Con todo, “Sumisión” no es ninguna obra maestra. Se lee con interés y agilidad, como siempre pasa con Houellebecq, dejando incluso un pequeño poso de satisfacción al final. Pero promete mucho más de lo que ofrece y no alcanza, ni de lejos, a otras obras del novelista francés. Eso sí, el tipo sigue sin casarse con nadie y poco le importa soltar mandobles a diestro y siniestro. Así que leedlo.

jueves, 8 de enero de 2015

Je suis Charlie

"La fe está bien para los que la tienen. Mientras no me la tiren por la cabeza. Tengo más fe en mi fontanero que en el ser eterno. Los fontaneros hacen un buen trabajo. Dejan que la mierda fluya". Charles Bukowski. 

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Tan solo recordarles a estos simpáticos terroristas que Marine Le Pen les agradece encarecidamente los esfuerzos en pos de la reconciliación y el entendimiento entre religiones y culturas.  
Hoy toca esta mierda. Que le vamos a hacer... 

miércoles, 8 de enero de 2014

Bush, out of my bush

Recuerdo la escena de un Telediario. Varias chicas completamente desnudas se manifestaban frente al Congreso de los EEUU portando unas pancartas en las que se podía leer “Bush, out of my bush” (Bush, fuera de mi “arbusto”) Obviamente la referencia al arbusto tiene que ver con el vello púbico de las mujeres. El segundo arbusto, porque el primero designa a esa planta leñosa que gobernó los EEUU -y por ende al Planeta- entre los años 2001 y 2009. Y es que justo en esos momentos, y os hablo del año 2003, en la Cámara de Representantes del Congreso se estaba aprobando la polémica ley contra el aborto impulsada por el gobierno de George W. Bush. Es ahora cuando por obra y gracia del ministro Gallardón y su asquerosa reforma de la ley del aborto española, recuerdo la escena. Una situación que entonces se produjo en Washington pero que hoy día podría darse aquí.

Sí amigos, estamos ante la obra de Gallardón “el progre”, el amigo de los sociatas según (des)Esperanza Aguirre, la gran esperanza blanca de los centristas de este país... lo queeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee???!!! ¿Que no va ahora el tipo y se destapa con una medida que nos equipara con lo más rancio y conservador del panorama político internacional? En fin... 
Desconozco si lo hace para congraciarse con el ala más conservadora de su partido, ahora que pintan bastos tras la revocación de la “doctrina Parot” por parte del TEDH, o simplemente porque es incluso más facha que su padre, ministro durante el franquismo -como afirmaba él mismo según la anécdota relatada por el profesor Gregorio Peces-Barba-. El caso es que por una cosa o por otra Gallardón ha decidido meterse en orificios ajenos y sin consentimiento previo. El tamaño del despropósito no lo da tanto el tamaño de su miembro viril, como los apoyos internacionales que ha recabado la medida: la ultraderecha de Jean-Marie Le Pen. Vamos, que no nos extrañaría que en los próximos días Gallardón fuera defendido por el presidente de la república islámica de Irán o por el ultracentrista primer ministro turco. Dicen que lo que Gallardón pretende con la medida, es que las mujeres españolas dejen de abortar como locas. Es cosa sabida que en España somos muy de abortar. Incluso hay chicas que lo hacen una vez después de cada polvo.

En fin, lo dejo aquí, que la cosa no está para muchas bromas cuando alguien pretende imponer su moral personal a la fuerza y con el respaldo del Código Penal. Espero que la medida no acabe saliendo tal cual la ha planteado el mónguer este. Aunque mucho me temo que sí lo hará, por lo que tan solo nos queda contar las horas que faltan hasta que nos quitemos de encima a toda esta purria de cristofascistas envalentonados y podamos, si es que nos dejan, revertir la situación. Unos tipos que se creen con el derecho de obligar a los demás al sufrimiento, justificándolo en arcanos e irracionales mitos y supercherías en los que, váyase usted a saber por qué motivos, creen. Por lo que a los demás nos toca, confío en que para las próximas elecciones conectemos el cerebro antes de depositar la papeleta en la urna. Aunque tampoco estaría mal que al final de la carrera, existiera ese hombre del espacio justo y redentor en el que todos los gallardones de este país fundamentan sus desmanes. Y estaría bien porque así podría bajar hasta la Tierra con su coro de ángeles y llevarse a todos sus adoradores en dirección a ese maravilloso cielo por el que tanto suspiran. Nos dejarían a los demás bastante más tranquilos. Amén.
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Ilustra la entrada “El origen del mundo” del maestro Gustave Courbet. 

miércoles, 13 de marzo de 2013

lunes, 11 de febrero de 2013

¡Dimisión!

¡Aquí no dimite ni Dios!
Pues mira, igual el fuckin’ Jesus no, pero su portavoz en la Tierra acaba de hacerlo. Que digo yo, Mariano ¿no es esto una señal clara? Para dimitir digo, no para que te postules a Papa que te veo venir, ¡acaparador de sueldos! 

Por cierto que los seguidores de PontifexDJ han quedado tremendamente desolados....

miércoles, 30 de septiembre de 2009

La brujería ya no es lo que era

Cuentan que San Cipriano, allá por el año 200 D.C. tenía la capacidad de invocar al mismísimo demonio. Obviamente eso fue antes de convertirse al cristianismo y lógicamente mucho antes de que la Iglesia decidiese santificarlo. De esa primera época es una recopilación de recetas, conjuros, hechizos y exorcismos, que se va a convertir en libro de cabecera para brujos, curanderos, videntes y otras gentes de mal vivir. 

Además de Cipriano de Cartago, nombres como los de Roger Bacon, Cornelio Agrippa, Paracelso, la Madre Shipton, John Dee, Eliphas Levi, Papus o más recientemente Aleister Crowley, están relacionados con las nobles artes de la magia y la brujería. Provenientes de diferentes campos del conocimiento (unos son filósofos, otros médicos o astrólogos…) todos y cada uno de estos personajes han honrado la profesión de brujo, como personas dotadas de ciertas habilidades mágicas que emplean con diferentes finalidades. Pero hoy día ¿que nos queda de todo eso? Pues nada de nada.

Bueno sí, en nuestro país tenemos a Aramís Fuster, a Rappel, a la bruja Lola o a Car-lo Jesú, personaje estrambótico donde los haya, oriundo del planeta Raticulín (¿?), y con el cual ilustro esta entrada. ¡Menuda cuadrilla de freaks! Pero es que por si no teníamos suficiente, se les ha unido otro charlatán, cuyo nombre no ha trascendido, que amenaza con hacer vudú contra Cristiano Ronaldo, el flamante fichaje del Real Madrid para la presente temporada. "Yo no soy antimadridista. No tengo nada contra este gran club. Soy un profesional y me pagan muy bien por usar mis poderes. Me han contratado para que Cristiano Ronaldo sufra una grave lesión. No puedo asegurar que se vaya a tratar de una lesión grave, pero sí que se estará de baja más tiempo que jugando. La persona que me ha contratado es famosa y conoce personalmente al futbolista". Lo dice y se queda tan ancho. ¡Por si no tuviéramos bastante con el "villarato", ahora nos llega esto! (je je je).

Que no va el tío y presenta un escrito en Concha Espina amenazando con ponerle dos velas negras al Cristiano, si no le pagan. ¡Por escrito y registrado oficialmente! Como el que va a solicitar algo ante la Administración. Y encima comenta que los directivos no se lo deben tomar a mal, que el es un profesional honrado y sólo esta haciendo su trabajo lo mejor que puede: "A mí, personalmente, este chico me cae muy bien, pero me imagino que a él también le caen bien la mayoría de los porteros a los que les mete esos golazos. Él es un profesional de lo suyo y yo lo soy de lo mío". ¿Que no es nada personal? ¡Manda huevos! ¿Un profesional de lo qué? ¡Tú lo que eres es un hijoputa! Después de la morterada que han soltado por el niñato portugués ¿todavía reclamas comprensión? ¡Ah! Encima remata la faena afirmando que esta no es la primera vez que actúa contra jugadores merengues, a quienes ya causó graves daños en temporadas anteriores (¿?)… ¡Coño! ¡¿A que el brujo va a ser Laporta?! 

En fin. Que la cosa está fatal. No hay respeto ni por nada ni por nadie… Ni siquiera por los brujos, antaño temidos y respetados, hoy protagonistas de la farándula y la chirigota mediática. Tantos siglos escapando de la hoguera para degenerar en esta mierda. Porca miseria!!!  

martes, 14 de julio de 2009

Reconstrucción


Antonio Orejudo es columnista del diario Público, si bien a mí no me interesa demasiado lo que escribe. Y no es que los temas que trata en sus columnas carezcan de interés o que su punto de vista me eche para atrás. De hecho las últimas hablan de asuntos como la energí­a nuclear, el aborto, los trajes de Camps o las velinas de Il Cavaliere. Es más, suelo coincidir en sus análisis y opiniones. El problema es que su prosa no me cautiva. Y sí, ya sé que esto ha quedado de un pedante que pa’qué, pero tiene su explicación. Por qué Antonio Orejudo, además de columnista es un reputado escritor galardonado con diferentes premios por novelas como “Fabulosas narraciones por historias” o “Ventajas de viajar en tren”. Pues bien, entre sus últimas creaciones se encuentra “Reconstrucción”, libro que servidor -ante la insistencia de un compañero de trabajo- se acaba de leer. Una vez terminado entiendo por qué hay tanta gente que admira a Orejudo. Pero me reafirmo en que hay algo en su manera de escribir que no me acaba de llegar.

“Reconstrucción” se plantea como una novela histórica, pero no lo es. O al menos no es eso exactamente. Orejudo refleja el cisma religioso que aconteció en la Europa del XVI, cuando el paisaje estaba surcado de herederos e imitadores de los dos grandes reformistas de la época: Lutero y Calvino. Tenemos a un mesí­as anabaptista que levanta en armas a la ciudad de Münster frente a la corrupta jerarquí­a católica. Y tenemos a un culto grabador de tipos de imprenta que, obligado por la Santa Inquisición, se verá tras las huellas del creador de un manuscrito anónimo de fuerte contenido herético. Como os figuráis, sendas historias tienen un nexo de unión pese a transcurrir con dos décadas de diferencia.

El manuscrito de la discordia no es otro que la “Christianismi Restititutio” de Miguel Servet, teólogo y cientí­fico aragonés condenado a morir en la hoguera por hereje y a quien debemos el descubrimiento de la circulación pulmonar. La historia real de Servet va a estar en el trasfondo de la novela, sirviendo a Orejudo para establecer paralelismos con nuestro presente, en el cual se dan idénticos conflictos a los del XVI como el fanatismo religioso, la lucha por el poder o la perdida de ideales.

Rumiando sobre lo leí­do, el regusto es bastante mejor de lo esperado. Sobre todo después de un inicio en el que me costó mucho entrar. Pero hacia mitad de la novela la cosa mejora de forma ostensible. Con todo, me ratifico en lo dicho al comienzo. El problema ya no es lo que se cuenta, sino cómo se cuenta. Y en ese punto sigo chocando contra la prosa del periodista madrileño. Y eso que es más o menos generalizado que la crítica la califique de elegante. Cuestión de gustos, supongo. O de momentos, que también puede ser.

miércoles, 24 de junio de 2009

Vacas, cerdos, guerras y brujas

Comentaba Marvin Harris, afamado antropólogo ya fallecido, que su propósito en esta obra era dar respuesta a una serie de curiosos enigmas. ¿Por qué el tabú religioso prohíbe a judíos y musulmanes comer carne de cerdo? ¿Cuál es el motivo de que los hindúes veneren a las vacas? ¿Por qué surgen los movimientos mesiánicos en Palestina o en la Europa medieval? ¿Cómo interpretar el machismo o la belicosidad de ciertas culturas?

Comenta en el prefacio que la idea surgió mientras daba una clase en la Universidad de Columbia, hablando de las causas del tabú indio sobre el sacrificio de las vacas. Al finalizar su exposición un estudiante alzó la mano y le preguntó por la prohibición judía sobre la carne de cerdo. A partir de esta anécdota, Harris se embarcará en la compleja tarea de dar una explicación racional a todas esas preguntas. Fruto de sus investigaciones nace este “Vacas, cerdos, guerras y brujas: los enigmas de la cultura” publicado originalmente en 1975 -traducido por primera vez al castellano en 1980-.

El libro está compuesto de once capítulos en los que Harris va enlazando las diferentes cuestiones con una estructura similar. Primero nos descubre los particulares usos y costumbres de alguna sociedad, etnia, pueblo o religión de las que pueblan este mundo. Después nos relata la explicación que los propios miembros del grupo le dan a sus comportamientos. Por último, desde postulados racionalistas, el autor trata de ofrecer una explicación inteligible. Y una vez solucionado el enigma, enlaza con el siguiente tema que será objeto de estudio en otro capítulo.
“Harris considera emic a las explicaciones que una comunidad considera válidas sobre sus actos y etic a las explicaciones científicas que un observador externo da a esos mismos actos. Así, cuando una madre de una comunidad muy pobre explica que a los niños que nacen enfermos ‘se los lleva Dios pronto al cielo porque son angelitos’ (perspectiva emic), el antropólogo ve una realidad muy distinta: a esos niños se les alimenta y protege poco para provocar que mueran pronto, porque suponen una carga imposible de asumir (perspectiva etic). En otros términos, etic alude a todo lo que es infraestructural, es decir, a aquellos elementos de una sociedad que no se perciben a simple vista, pero condicionan decisivamente la vida de ésta, aunque los afectados no sean conscientes de ello. Un ejemplo es la explicación que da de las cíclicas guerras rituales entre la etnia de los maring, en Papuasia. Harris las explica recurriendo a la causalidad infraestructural o etic: las guerras rituales se producen durante intervalos cíclicos en los cuales, por razones ecológicas, escasean los alimentos. Si la disminución de los alimentos es la causalidad etic o infraestructural, las justificaciones que los propios maring dan para entrar en guerra son lo fenoménico, lo que el observador puede ver, es decir lo emic.”

Entre las cosas más interesantes del libro, está la explicación al asunto del amor que los hindúes profesan por las vacas. Para ello Harris recurre, entre otras cosas, a la comparación entre el eficiente sistema de explotación de los bovinos en los EEUU y el –supuestamente- deficiente uso que de ellos se realiza en un país como la India. Tras leer el capítulo, podemos entender que esa veneración ancestral se basa en un sistema de explotación muy adecuado a las circunstancias y condiciones del superpoblado y empobrecido subcontinente.

Me han encantado los capítulos explicativos del “potlatch” -impulso de prestigio-, así como los que hacen referencia al mesianismo ancestral de nuestra civilización. Sobre todo el titulado “El secreto del Príncipe de la Paz”, que trata aspectos fundamentales de la implantación de determinados dogmas en las sociedades cristianas. Cómo Jesús, posiblemente uno de tantos zelotes guerrilleros de Palestina, hoy día es visto como un señor de la paz cuando, al igual que otros muchos, era un iluminado al frente de un ejército de antisociales. En lo referente al “potlatch”, vemos como ciertos pueblos están tan hambrientos de aprobación social, que la competencia se convierte en un fin en sí mismo, dejando de lado un cálculo racional de los costos materiales. Harris nos habla de los kwakiutl y otras tribus aborígenes de las islas de Norteamérica, pero a mí me ha venido a la cabeza como ese “impulso de prestigio” ha sido heredado por los dirigentes del país de las barras y estrellas.

Maravilloso estudio el firmado por este gran maestro de las ciencias sociales. Y aunque ya tiene sus añitos, no ha perdido un ápice de su vigencia.

viernes, 12 de junio de 2009

La abadía del robledal


“La abadía del robledal” o “La abadía en un bosque” o “Abadía en el encinar” siempre ha sido una de mis pinturas favoritas. La primera vez que la vi fue hace un porrón de años y a través de una lámina recogida en un compendio de arte que había en el domicilio familiar. Con el paso de los años y pese a haberla visto miles de veces -en ese mismo libro, también en otros e incluso en directo en su alojamiento berlinés-, me sigue hipnotizando ese paisaje crepuscular compuesto por un conjunto de árboles en un primer plano, rodeando las ruinas de una abadía de apariencia gótica. Sobre todo esos personajes que forman una suerte de comitiva monacal que se dirigen hacia la abadía. La sobrecogedora atmósfera, la franja de luz entre la oscuridad, las mencionadas ruinas y los árboles erguidos desafiando tanto a los hombres como a lo que construyeron en el pasado… Brutal.

Cuentan que su autor, el principal representante del romanticismo alemán Caspar David Friedrich, se inspiró en la ruina de la iglesia de Eldena en Pomerania. Debía conocerla muy bien, ya que él es oriundo de aquella zona situada a orillas del mar Báltico. Si bien Friedrich se encargará de acentuar el significado religioso de la composición mediante el añadido de un crucifijo en el portal y de un ventanal. Reflejando una fuerte influencia de la versión pietista del protestantismo, así como por la filosofía de Friedich Schleiermacher. Esta última propugnaba un alejamiento de los postulados kantianos al intentar relacionar el romanticismo con la teología. Evidentemente es imposible conocer a Dios por medio de la razón, en eso el planteamiento es impecable. El problema radica en saber que se ha de esquivar la racionalidad para defender la existencia de Dios. Bueno, que se me ha ido la olla y esta entrada no iba de religión. Tan sólo añadir que, probablemente, sin la existencia de estas corrientes teológicas, hoy día no podríamos disfrutar de esta magna obra de Friedich. Ni del resto de sus pinturas. Tampoco de las de Fussli u otros egregios representantes del romanticismo.

“La abadía…” es una de las obras más conocidas y celebradas del autor, pese a ser uno de las primeras -datada entre los años 1809-1810-. Óleo sobre lienzo pintado cuando Friedrich apenas contaba con 35 años, junto con “Monje a la orilla del mar”, ambos se presentaron en la Academia de Berlín en 1810 con un gran éxito en general. Si bien, en su momento también tuvo importantes detractores como Goethe quien escribió: “Todo esto es una negación de la vida… La muerte… la muerte en una escena invernal… los monjes, fugitivos de la vida… el ataúd, el monasterio en ruinas… no puedo soportarlo”. No es el caso del también poeta Theodor Körner, a quien la pintura inspiró profundamente…
 “La fuente de la gracia se ha derramado en la muerte,
y alcanzan la beatitud,
los que por la tumba pasan a la luz eterna”.

Hay que destacar que este cuadro –y en general toda la obra temprana de Friedrich- expresa su obsesión por la muerte, la soledad y el inexorable paso del tiempo. Entendiendo esto desde su biografía, ya que su madre murió cuando apenas tenía siete años y más tarde su hermano se ahogaría tratando de salvarle cuando el artista, aun siendo un niño, cayó en un lago helado. También su padre falleció cuando el pintor estaba realizando esta obra. El caso es que la obra fue considerada durante todo el siglo XIX como la cumbre de este artista. Pero la fama declinaría en tan sólo una década. Inexplicablemente.

jueves, 11 de junio de 2009

Grupo de la Semana: Sufjan Stevens


Sufjan Stevens tiene sólo un año más que Sulo, pero es más famoso que él, a quien solo conocen en su casa cuando va a comer. Y es que mientras el hispano-finlandés consumía su juventud en labrarse un futuro como chupatintas en cualquier oficina pública, el de Detroit trataba de convertirse en un cantautor reconocible. Para eso y de forma autodidacta, fue interesándose en todo tipo de músicas e instrumentos. De hecho es habitual verle sobre los tablaos y en videos del Youtube aporreando todo tipo de cachivaches. A la fin y a la postre, todo ese proceso le sirvió para ir conformando un estilo y una personalidad musical, además de acumular un buen puñado de canciones.

A pesar de que su nombre es de origen árabe, alusivo a una prominente figura dentro del Islam como Sufjan Ibn Abu Harb o Abu Sufyan -famoso porque en sus inicios se opuso al profeta Mahoma-, la formación de Stevens es profundamente cristiana. Y tiene un claro reflejo en muchas de las letras de sus canciones. De hecho, en ocasiones, su música ha sufrido el rechazo del público por el alto contenido de soflamas. Y vale, es cierto que el tipo le canta al cielo y al infierno, tirando de mitología bíblica, además de encomendarse al Dios todopoderoso y tal… Pero toda esa imaginería bien mezcladita con otros elementos propios de universos fantásticos –más que la Biblia, se entiende-, como espíritus, dragones o brujas, más una serie de reflexiones de carácter más terrenal, hacen que la música de este chaval sea muy especial. Vamos que ese batiburrillo made in Sufjan, tiene una complejidad que no se resume con una lectura simplista y en clave exclusivamente cristiana.

El caso es que con su tercer trabajo titulado “(Greetings from) Michigan (the Great Lake State)”, iniciará un ambicioso proyecto que debe conducir a Sufjan a dedicarle un álbum a cada uno de los cincuenta estados de los que se compone su país. Proyecto de enorme envergadura que no sé si llegará a concluir. Lo veremos. El tipo aún es joven. 
Para mí, su mejor disco es justo el que vino a continuación, “(Come On Feel the) Illinoise”, dedicado precisamente a ese estado. En él se incluyen algunas de sus mejores composiciones hasta la fecha, como “Jacksonville” o “Chicago”, cuya interpretación en directo incrusto a continuación.
Bueno, pues ya os he presentado a Sufjan Stevens, un cantautor con un talento y una inventiva musical difícil de encontrar en los tiempos que corren. Por eso es el grupo de la semana para TCBUP.

sábado, 16 de mayo de 2009

Tres cantos fúnebres por Kosovo


El Kosovo reclamado por los serbios -Kosova para los albaneses- es una exigua franja de terreno sita en los Balcanes que tiene el dudoso honor de ser la región de Europa con mayor número de antecedentes bélicos. Un lugar de soberanía discutida en el que la vieja tragedia de la guerra se reproduce cíclicamente con nuevos y sangrientos dramas. Cualquiera lo diría atendiendo el significado de su nombre, “El campo de los Mirlos”, unos pájaros que, suponemos, hace mucho que dejaron de sobrevolar la zona.

Recientemente independizada de Serbia, su estatus aún se encuentra en disputa por cuanto la vieja metrópolis aún considera a Kosovo una provincia autónoma dentro de su propio territorio -no conviene olvidar que otros países como Rusia o la propia España tampoco la reconocen, amparándose en una Resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas-. No en balde su territorio es considerado como la cuna del pueblo serbio y de su ortodoxia religiosa, estando ubicados allí los monasterios de Banjska, Gracanica, Sokolica, Visoki Decani o el Patriarcado de Pech. Pese a esto, la permeabilidad de la frontera entre la región y la vecina Albania, además de las enormes tasas de natalidad entre los albano-kosovares residentes, han ocasionado que, en el momento de la declaración de independencia, la población de Kosovo fuese mayoritariamente de origen albanés. Concretamente el 88% de sus poco más de dos millones de habitantes.

Lo cierto es que, más allá de lo acontecido en los últimos años, la realidad de Kosovo nos es ajena. Y lo que nos llega lo hace con el sesgo habitual de nuestros queridísimos medios de comunicación. Como también la historia sangrienta de una región que parece condenada a no vivir nunca en paz.

En “Tres cantos fúnebres por Kosovo”, el escritor albanés Ismail Kadaré, recoge una parte fundamental de esa historia: la llamada “Batalla de Kosovo”, que dio comienzo a la ocupación otomana de los Balcanes. Fue en 1389 cuando una coalición cristiana formada principalmente por serbios, bosniacos, albaneses y valacos (rumanos) fue aniquilada por las huestes del sultán Murad I “el divino”. Desde aquel entonces los vencidos no han dejado de lamentar la derrota. Y es que ninguna batalla se ha mitificado tanto como la de Kosovo, dándoles causa a los herederos de los vencidos para reclamar su paraíso perdido. No es casual que, a comienzos de los 90, fuera precisamente allí donde comenzase la descomposición de Yugoslavia.

Turbé del sultán Murad I
En el libro, Kadaré nos muestra tres visiones de la famosa batalla. Y he de decir que el primer canto es magnífico. Narra los preparativos de la batalla, la refriega propiamente dicha y las consecuencias de la misma, desde un punto de vista casi periodístico. Una especie de crónica de guerra, pero hecha a más de seis siglos de distancia. El segundo canto repara en la huida de los perdedores, personificada en la figura de dos bardos, uno serbio y otro albanés. Ambos habían acudido al campo de batalla para presenciar la victoria que no se dio: la de las tropas cristianas comandadas por el Príncipe Lazar. El autor ensalza la nobleza perdida y como desde ese momento la barbarie se abrió paso en una región que parece predispuesta a ello. Es muy ilustrativo como los dos aedos se pasan casi todo el viaje exaltando su enemistad, maldiciendo uno a los albaneses y el otro a los serbios, mientras los turcos no establecen distinción a la hora de pasarlos a cuchillo. El tercer canto, que es el más corto y emotivo, está narrado en primera persona por el propio sultán, vencedor y a la vez víctima de la batalla. Asesinado por su hijo Bayaceto –luego Bayaceto I- sus restos reposan en una turbé sita en la llanura de Kosovo. Desde allí se verá obligado a presenciar, con tristeza, como los pueblos balcánicos en lugar de dedicarse a cualquier actividad útil, arremeten los unos contra los otros como si fueran perros salvajes. El lacónico canto de Murad I se cierra tal que así:
“¡Alá!, hace más de seiscientos años que estoy aquí, un monarca solitario, en medio de la inmensidad cristiana. En ocasiones, en las horas más crueles, me ronda la sospecha de que mi sangre sea el origen de todos estos horrores. Ya sé que es una idea insensata; no obstante, desde la no-vida donde me hallo, Señor, te lo ruego, concédeme por fin el olvido. Haz que retiren mi sangre de esta planicie helada. Y que no se contenten con llevarse la vasija de plomo, sino que excaven toda la tierra en el lugar en el que estuvo emplazada mi tienda, allí donde la tierra se impregnó por primera vez con esa sangre. Sí, Dios mío, haz que arranquen todo el barro en derredor, porque bastan unas gotas de sangre para contener en su interior toda la memoria del mundo”.

viernes, 24 de abril de 2009

Todo está iluminado


Hace unos días me terminé “Todo está iluminado”, de Jonathan Safran Foer y pese a las buenas referencias, me dejó bastante frío. La misma tarde repasé la adaptación cinematográfica que Liev Schreiber filmó en el 2005 y me calenté un poquito (hasta quedar tibio, nada más). Ahora que lo pienso, eso es lo peor que se puede decir de esta y cualquier otra novela. Aquello de que la película resulta más interesante. Más aún cuando el responsable es un debutante en la dirección. Y no es cuestión de hacer sangre, pero me viene a la cabeza el abismo que media entre la trilogía de “El Padrino” de Coppola y las novelas de Mario Puzo. En este caso la diferencia de calidad entre uno y la otra no es tanta. Y se debe principalmente a que Schreiber ha atinado prescindiendo de algunas de las líneas argumentales de la novela, que son una puta mierda. Con todo, no os voy a engañar, tampoco es que le haya quedado una obra maestra del séptimo arte.

Jonathan Safran Foer publicó el que es su debut literario en el año 2002, cuando apenas contaba con 25 años de edad. El lanzamiento fue un éxito desde el comienzo. Al poco “Todo está iluminado” ya había sido traducida a un montón de idiomas, escalando hasta los primeros puestos en las listas de ventas de medio mundo. Además cosechó algunos premios como el National Jewish Book Award y el Guardian First Book Award. Y eso que el libro es cuando menos extraño. En principio va sobre una búsqueda desesperada: la del propio autor, quien vuela a Ucrania tratando de encontrar el origen de su familia con nada más que una fotografía de su abuelo. Allí, perdido en el interior del inmenso país que vio nacer al gran Sheva, buscará a la mujer que, supuestamente, le salvó la vida durante la guerra. En ese cometido Foer se relaciona con insólitos personajes, uno de los cuales terminará por convertirse en el verdadero protagonista de la historia. De hecho es a él a quien debemos la frase que da título y sentido a la novela…
“Todo está iluminado con la luz del pasado”.

Vaya, que solo la asunción del pasado sin tapujos - con plena conciencia del dolor que puede provocar-, es la forma de mirar de frente al presente y hacia el futuro. Una bonita reflexión, coincidente con la de otros muchos creadores judíos cuando abordan la cuestión del Holocausto. Y es que no lo he mencionado pero, en el fondo, la búsqueda del joven Jonathan -Jon-zen para los lugareños- es un pretexto para denunciar, por enésima vez, la represión del pueblo elegido a manos de los nazis.

Tal vez lo más original de esta novela sea el planteamiento esperpéntico y cómico empleado para mostrarnos la tragedia. Cuestión esta que se aprecia más en la película, donde el trabajo de Eugene Hutz y Boris Leskin en los papeles de Alex y del abuelo, es bastante bueno. Sin embargo, la sorpresa que nos pudiera producir su comportamiento en algunas de las situaciones, queda mitigada por culpa de Emir Kusturica. Vaya, por las surrealistas historias de gitanos y gentes de los Balcanes filmadas por el genio de Sarajevo. La sensación de deja vu es una constante y no cuesta imaginarse que esos parajes de la Ucrania rural podrían ser los de aquella Bosnia castigada por las bombas. Y las comparaciones siempre resultan odiosas. Ni os cuento en este caso. Pues eso nada más…

martes, 17 de febrero de 2009

Iuventutis day

El pasado domingo, aprovechando que la sinusitis me dio un pequeño respiro, me acerqué hasta el Teatre el Micalet para ver “Iuventutis Day (Un zriller episcopal)” y me topé con una comedia irreverente, como no podía ser de otra forma, estando escrita y siendo dirigida por dos gamberros como Xavi Castillo y Joan Peris. Una historia de crímenes a lo James Ellroy -pero en versión beata y con traje de fallera-, que incluye un sinnúmero de críticas a la jerarquía eclesiástica, a los medios de comunicación y al estilo caciquil de hacer política tan propio de estos pagos. Francamente mereció la pena ir a verla. Consigue que pases un buen rato riéndote de las miserias que asolan esta región tan dada a los excesos urbanísticos y clericales. Desconectando de una realidad de mierda mucho más dura de lo que refleja la obra.

“Iuventutis Day” es una caricatura salvaje del proceso de preparación de una visita papal. De una nueva visita del pontífice a España, se entiende. En esa tesitura, ¿quién mejor para organizar el evento que las autoridades valencianas? Con una “exitosa” experiencia previa que les avala… Si en la anterior ocasión, la visita fue con motivo del encuentro mundial de las familias, ahora el festivalito tiene que ver con la juventud. Acercar la Iglesia a los jóvenes… ejem… Como si hiciera falta. Para gestionarlo, es necesario crear una fundación y ahí surge la idea de la “Iuventutis Day” fundeichon. Pero una serie de misteriosos asesinatos que afectan directamente a personas implicadas en la misma, hacen peligrar el evento.

La historia es absolutamente disparatada. A ello ayuda la alocada interpretación de seis actores que representan a una enorme galería de personajes y el ritmo trepidante del espectáculo. En varios momentos se hace referencia a noticias que afectan a la actualidad valenciana y española, además de introducir referencias poco disimuladas a siniestros personajes del espectro político regional. Con una mención especial a los miembros de la familia Balaguer y su capo, don Carlos, en alusión al más corrupto de todos ellos… el Honorable President de la Diputació Provincial de Castelló, don Carlos Fabra Carreras -padrino de los Castellonesi-.

Por desgracia la obra ya ha sido desprogramada en Valencia. Pero si tuvierais la oportunidad de verla en la casa de la cultura de algún pueblo de la rodalía, no lo desaprovechéis. Horita y tres cuartos de reírse a pierna suelta. No está pagado, creedme. 

miércoles, 29 de octubre de 2008

Camino - Javier Fesser (2008)


Por fin he visto “Camino”, la cinta dirigida por Javier Fesser que tanta polémica arrastra y que tan mal ha caído entre los sectores más reaccionarios de nuestra sociedad. No me extraña. A algunos no les habrá gustado nada verse retratados de esa forma. ¿Pero tienen derecho a ofenderse los miembros de “la Obra”? Pues no lo tengo tan claro. Planteémoslo de otra forma: ¿Acaso es mentira alguna de las cosas que sobre ellos muestra la peli? No lo creo. Además, según yo lo veo, nada en “Camino” puede disgustar al Opus Dei. De lo contrario estarían echándose piedras sobre su propio tejado, molestándose por ser lo que son y por hacer lo que hacen. Y es que, más allá de creerse en posesión de ciertas verdades absolutas que a los demás se nos escapan, tienen la curiosa tendencia de mortificarse en vida para servir al Todopoderoso. Utilizando aquella frase tan absurda que afirma que “el sufrimiento redime”. A algunos, como a Fesser -o a un servidor-, eso les parece bastante triste, además de falso. Porque el sufrimiento no redime, simplemente duele. En ocasiones mucho. Así pues, sin cuestionar a aquellos que libremente decidan llevar este tipo de vida fanatizada -¡allá cada uno con sus elecciones!-, que nadie me quite a mí el derecho a criticarlo.

El caso es que el film está basado en varias historias reales, según ha manifestado el propio director. Si bien es bastante evidente que el personaje de Camino Fernández se inspira en la niña Alexia González-Barros, fallecida en 1985 a los catorce años por un cáncer y que actualmente está en proceso de canonización. Tal vez aquí radique el único patinazo de Fesser, quien ha querido dedicar la película a esa niña, contra la voluntad de sus familiares. Lo cual ha suscitado esa cascada de comunicados y reproches cruzados que han aparecido en diferentes medios de comunicación. También es verdad que, gracias a eso, el director madrileño ha conseguido una importante campaña promocional y de forma gratuita.

Más allá de eso, o a pesar de eso, o con todo y con eso, creo que merece la pena ver el último trabajo de Javier Fesser. El desenlace vital de Camino –un nombre que alude claramente a la obra de referencia del Opus Dei, escrita por Escrivá de Balaguer-, una deslumbrante niña de once años que se enfrenta al mismo tiempo a dos acontecimientos que son nuevos para ella: enamorarse y morir. Para ello tirará de su increíble imaginación, en la que se entremezclan elementos religiosos que tienen que ver con su educación y las fantasías de cualquier niña de esa edad. De hecho la interpretación de la niña protagonista, una guapísima Nerea Camacho, junto con la recreación de sus sueños a través de impactantes pasajes oníricos, son con mucho lo mejor de esta película. Y es que, por encima de todo, “Camino” cuenta la bonita historia de una chiquilla que, pese a todos los padecimientos que le ha tocado sufrir en su corta vida y que le conducen irremediablemente hacia la muerte, no va a perder su deseo de vivir y sobre todo de ser feliz. Y siempre con una sonrisa en la boca, que tiene aún más mérito.

Ahora que lo pienso, no sabría establecer si la película es triste, alegre, ambas cosas o ninguna de las dos.

jueves, 16 de octubre de 2008

El Creacionismo (o Juan Manuel se viste de Prada)


Los creacionistas son un heterogéneo grupo de majaras que basándose en dogmas religiosos establecen que tanto la Tierra, como todos los seres vivos que la pueblan, provienen de un acto de creación llevado a cabo por un ser divino. En los últimos tiempos, se han agrupado en colectivos de carácter pseudo-científico para militar contra las teorías de la evolución. “¡El hecho evolutivo no existe, sólo existe el acto de Dios que nos ha creado con un propósito determinado!” “¡La ciencia ha muerto, viva Dios!” Hay que ser cenutrio.

Yo pensaba que estas modas nos eran ajenas y sobre todo lejanas. Movimientos propios del país de las barras y estrellas, en dónde surgieron -¿Cómo no?- y que de tanto en tanto se cuelan en los informativos patrios a resultas de alguna ridícula campaña para impedir la enseñanza de las teorías de Darwin en escuelas o Universidades. Sin ir más lejos, en los últimos días hemos conocido que la candidata republicana a la vicepresidencia de los EEUU, una tal Sarah Palin, es ferviente militante de estas doctrinas. Llegando a imponer la censura de determinados libros en las bibliotecas del villorrio alaskeño del que fue alcaldesa durante ocho años. Un cromito la señora.

Pues mira tú por donde que ya les tenemos aquí. Y como toda tendencia proveniente de los EEUU, ha iniciado su expansión a lo grande. Ya el año pasado la oscarizada actriz francesa Marion Cotillard, nos dejó a todos con la boca abierta cuando en rueda de prensa y sin venir a cuento, soltó una retahíla de chorradas creacionistas que luego ha continuado repitiendo en diferentes lugares. Pero ahora nos toca más de cerca. Cual mancha de fuel vertida por el Prestige, aquellos “pequeños hilos de plastilina” han alcanzado nuestras costas a través de diversas personalidades de la cultura. De la cultura facha, se entiende, siendo su primera víctima el periodista, escritor y crítico cinematográfico Juan Manuel de Prada. Este apologeta de la crispación -pero buen escritor, hay que joderse- se ha sumado a la causa, pringándose de la cabeza a los pies de chapapote creacionista. ¿Qué no os lo creéis? Pues echadle un ojo a este artículo publicado por el XL Semanal. No tiene desperdicio.

Y si no continúo hablando de este gordo decadente, afectado y pedante, es porque el menda se merece toda una serie de UN PAÍS DE IMBÉCILES para él sólo. Próximamente en las peores librerías.

Agur.

domingo, 27 de julio de 2008

“Sólo utilizamos el 10% de nuestro potencial mental”


Cuantas veces habré leído esta frase atribuida al físico alemán Albert Einstein…
Todo tipo de colectivos, instituciones, empresas o entidades de diverso pelaje han usado esta reflexión del genio de Ulm, para apuntalar sus propias meditaciones de acuerdo con sus intereses. Se ha usado incluso en el mundo de la publicidad y también para enmarcar la efigie del científico y vender camisetas o pósters más o menos simpáticos. Ahora parece que los últimos en tirar de ella son los acólitos al Centro de Dianética de Eficiencia Personal. Uno de cuyos folletos fue depositado en mi correo. ¿Pero qué coño es esto de la Dianética?

Pues es una de las creencias que profesan los miembros de la Iglesia de la Cienciología. Desde su nacimiento, a finales de la década de los cuarenta, ha sido dada a conocer al público a través de los libros del escritor de ciencia ficción L. Ronald Hubbard. Este señor afirmaba que usando los métodos de la ingeniería habría descubierto el único origen de todas las enfermedades mentales. Bajo esa premisa, propone un tratamiento, llamado “auditación”, para curar esas enfermedades. Poca broma. Y aquí es cuando llegan estos cienciólogos enmascarados - en ninguna parte del folleto se identifican como tales- y nos dicen que los descubrimientos en el campo de la mente llevados a cabo por el profeta Hubbard confirman la afirmación de Einstein. Todo para endilgarnos el libro “Dianética: El poder del pensamiento sobre el cuerpo” y que nos lo leamos. La lectura permitirá librarnos de las barreras que nos impiden desarrollar el 90% de nuestro potencial mental y de paso acercaros por el Centro de Dianética local para engrosar las filas del culto.

La verdad es que estoy por comprarme el libro. A ver si después de su lectura “adquiero suficiente confianza para alcanzar mis metas”, dejo de “cometer los mismos errores una y otra vez” y “aumento mi inteligencia y mis potencialidades”. Todo muy bonito, sí señor. Sin embargo a mí no se me olvida aquel documental de la BBC sobre la Cienciología, más la posterior reacción de estos pacíficos creyentes, declarándole la guerra al canal. Llegando a amenazar a John Sweeney y el resto de los periodistas participantes, o distribuir un devedé repleto de insidias con el que pretendían contrarrestar el efecto del reportaje original.

¿Y qué mostraba el material de la BBC? Pues nada que no sepamos ya, vaya. Lo que pasa es que a través de imágenes impacta mucho más. Que la Iglesia de la Cienciología es una secta especialista en técnicas de manipulación mental. Que sus miembros se comportan como soldados al servicio de un líder. Que más que una secta o religión, como ellos prefieren denominarse, son una empresa perfectamente organizada y en crecimiento, con cada vez más ingresos. Que mantienen campañas que desacreditan tanto a la psicología como a la psiquiatría, curiosamente las ciencias que pueden luchar contra la manipulación mental. Etc.
Si bien, lo más curioso del culto sería la manera como los adeptos acceden a la verdad revelada. Mientras vayan pagando, progresarán en el escalafón de una organización fuertemente jerarquizada, hasta llegar a ese punto indeterminado en que se le mostrarán esas verdades absolutas. Al final,  la revelación tiene que ver con que están dándole pasta a una élite de extraterrestres radicados en nuestro planeta y que fueron enviados por otro de mayor rango llamado Xenu. Tremendo. Pero se lo creen, claro. O no, pero hacen como que sí. Y es que tras años desembolsado auténticas fortunas, ¿cómo no se lo van a creer? ¿Aceptar que todo es un cuento? ¿Qué les han timado? Ja’ me maten!!! Para adelante como los de Alicante...  Mientras tanto los esbirros de Hubbard siguen con sus campañas publicitarias para recabar fondos. Ahora aquí en Valencia. No sé si Tom Cruise vendrá a vender las bondades del producto. O Travolta, bailongueando poseído por el espíritu de Xenu.

Tengo que reconocer que, por curiosidad, entré en la página de la organización en dónde me topé con la siguiente afirmación: “Tú eres un ser espiritual inmortal, tus capacidades son ilimitadas, incluso si no se han realizado todavía”. Y vaya, yo no sé vosotros, pero a mí no me interesa vivir eternamente. La inmortalidad se la dejo al Conde Drácula. Mis capacidades, como las de todos, está limitadas por la madre naturaleza. ¿Qué le vamos a hacer? De todas formas, como soy buen tipo, seguiré viendo las pelis de Tom Cruise y deleitándome con esa majestuosa manera de correr ante la cámara. Eso sí que es una cualidad sobrenatural. 

No, si al final…
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