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viernes, 23 de agosto de 2019

Bong Joon-ho, yo y la madre que nos parió. Una relación ciclotímica e indescifrable

“Parasitos” es una obra maestra y “Okja” una mierda pinchada en un palo y arrastrada por el fango. Y así se resume mi relación con este director de nombre impronunciable, nacido en Daegu hace ya cinco décadas. Eso que no he visto todas su películas, aunque sí las suficientes como para afirmar mi bipolaridad respecto a su obra.

Le conocí con “Memories of Murder” (2003), aquella joyita inspirada en la historia del primer asesino en serie conocido en Corea con la que sorprendió a propios y extraños. Galardonada con un buen puñado de premios y arrasando en todo aquel festival al que se presentó. Más tarde vi “The Host” (2006), la del monstruito mutante que asola Seúl; “Snowpiercer” (2013), adaptación de un tremendo cómic del que ya os hablé por aquí; “Mother” (2009), la de la madre coraje que defiende a un hijo atontado acusado de asesinato; y la mencionada “Okja” (2017), la del chancho-oso y Dora la exploradora en una aventura que parece escrita por los papás de Greta Thunberg. Y creo que en ese orden. Las hay buenas, menos buenas y directamente horribles, si bien ninguna de ellas me había parecido una obra maestra hasta ahora, por mucho que la del serial killer se le acerque. Pero “Parasitos” es otra cosa.

Ganadora de la Palma de Oro en la última edición del Festival de Cannes, convirtiendo a Bong Joon-ho en el primer coreano en alcanzar ese premio, “Parasitos” es una cinta fascinante. Por su construcción y su puesta en escena. También por la manera de cambiar los ritmos, su desarrollo sorprendente, por los toques de comedia rara y esa manera tan particular de introducir la crítica social. Porque resulta deslumbrante tanto en lo argumental como desde el punto de vista visual. O por como transita entre géneros tan dispares como la comedia bizarra, el neorrealismo a la coreana, el thriller clásico o el terror asiático de toda la vida de Dios.

La historia viene protagonizada por la familia de Ki-taek, padre, madre, hijo e hija que, pese a sus indudables habilidades, están todos desempleados. Viéndose abocados a sobrevivir de lo que sea en un cuchitril sito en algún barrio de mierda de una ciudad coreana. Frente a ellos está la acaudalada familia del señor Park, jefe de una empresa informática que va viento en popa. Lo cual le permite residir en un casoplón diseñado por un afamado arquitecto en un área para gente guapa. Las familias entrarán en contacto a causa de un engaño y a partir de ahí la relación se irá intensificando en relación proporcional al número de trampas. Desencadenando una serie de acontecimientos de los que nadie saldrá indemne. Al final “Parasitos” vendría a ser una alegoría sobre las relaciones humanas en clave biologicista. Explicándonos las diferencias entre el mecanismo de la simbiosis y las relaciones parasitarias. O cómo un vínculo beneficioso para todas las partes deviene en otra cosa y hasta aquí puedo leer.

No os la perdáis…
Y que no os la destripen. Yo he tratado de evitarlo.      

domingo, 25 de diciembre de 2011

Me llamo Charlie Bronson


Existen al menos dos Charles Bronson que hayan alcanzado fama internacional en el desempeño de sus profesiones. Si bien ninguno de ellos llegó a tener algo parecido a una profesión y ni siquiera su nombre real es ese. El más conocido se supone que actuaba o más bien se ponía ante las cámaras para que alguien rodara su inexpresividad. Fue bautizado con el nombre de Charles Dennis Buchinski y era un estadounidense de origen lituano. Seguro que le conoceréis de alguna mala tarde cara la caja tonta. Interpretaba habitualmente papeles de tipo duro en peliculillas como “Mr. Majestyk”, “El justiciero de la ciudad” o “Nevada Express” por poner tres funestos ejemplos. El segundo Charles Bronson se llama realmente Michael Peterson y está considerado aún hoy día como el hombre más peligroso del Reino Unido. Por su carácter extremadamente violento, cumple condena en un módulo de aislamiento, sin contacto con otros presos, en el penal de máxima seguridad de Wakefield. Pues bien, mira tú por donde que hay una película sobre la vida y milagros de este figura, que encima está dirigida por Nicolas Winding Refn. El treintañero de origen danés que ya me llamó la atención gracias al extraño film épico “Valhalla Rising” y que obtuvo la pasada Palma de Oro de Cannes como mejor director por “Drive”. Por eso la vi y la verdad es que me gustó bastante.    

“Bronson” the movie, narra la verdadera historia de este salvaje ex boxeador que lleva la friolera de 36 años en prisión. He visto por la red de redes que algún crítico la ha definido como "la naranja mecánica del siglo XXI" y vale, tampoco es para tanto. Si bien, como he dejado entrever, me parece una cinta más que decente y bastante interesante por lo que se cuenta y por como se nos cuenta. Y es que al igual que ocurría con “Valhalla Rising”, en lo visual es potentísima. Pero a diferencia de aquella, “Bronson” se decanta por una estética parecida a esa con la que ha hecho fortuna el ex de Madonna, Guy Ritchie, en films como “Snatch, cerdos y diamantes”, “RocknRolla” y demás. Así pues “Bronson” viene a ser un largo videoclip con un montaje pretencioso, pero impactante. Muy logrado, vaya. Además entronca con la larga tradición de biopics fílmicos sobre outsiders provenientes de la pérfida Albión (los hay sobre John McVicar, Buster Edwards, Martin "el General" Cahill...). Con todo, lo que más me ha gustado es el empleo de la música. Perfectamente integrada en las diferentes escenas pero sin abusar de ella. Tocando la fibra en lo emocional y eso a pesar de la variedad. ¡Y es que suenan desde Leo Delibes o Verdi hasta los Pet Shop Boys!  
Nacido en Gales, en 1952, la peripecia vital de este Bronson comienza con un robo a mano armada que le llevaría a prisión con una condena de siete años. Pero los sangrientos incidentes que fue provocando por las diferentes prisiones que le tocó visitar, tuvieron como consecuencia un notable incremento en su periodo de reclusión. En una ocasión tomó como rehenes a dos presos iraquíes a los que obligó a que le llamaran general. Después amenazó con comerse a uno de ellos si no se cumplían sus peticiones: un helicóptero para volar a Cuba, dos metralletas Uzi, cinco mil recambios de munición y un hacha. Sin embargo el angelito y con motivo del estreno de la película en 2009, se justificaba del siguiente modo: “La gente verá lo que fui en un tiempo: un hombre atrapado en un malvado y corrupto sistema penal. No saco pecho. Fui realmente horrible, violento, malo. No estoy orgulloso de ello, pero tampoco me avergüenzo, porque por cada golpe que he dado he recibido veintiuno”. En fin, que no me corresponde a mí juzgar al amigo Bronson, pero echarle un ojo a la peli a ver que os parece.

miércoles, 20 de enero de 2010

La cinta blanca

Después de ver una película de Haneke siempre me pasan dos cosas. La primera es que estoy de mal rollo y necesito pegarme un largo paseo antes de volver a mi casa. La otra es que me sumo en una profunda reflexión sobre lo visto y trato de convencerme de que, si bien nunca me creí la máxima roussoniana que afirma que “el hombre es bueno por naturaleza”, es mejor tragarse ese cuento que pensar lo contrario. Justo al revés de lo que afirma Michael Haneke en cada una de sus películas. Y resulta jodido reconocernos en la imagen que el director austriaco da de la especie humana. Con todo, vuelvo una y otra vez al cine para ver cada uno de sus estrenos. Siempre salgo tócado, sí, pero nunca con la sensación de haber invertido mal tiempo y dinero.

Michael Haneke es un maestro del séptimo arte, con trazas de universalidad le pese a quien le pese. Los premios cosechados con sus últimas realizaciones no hacen sino afianzar una figura demasiado tiempo relegada a un segundo plano. Su última obra, “La cinta blanca”, representa la culminación del trabajo desarrollado a lo largo de muchos años. Tal vez sea la pieza más perfecta y afilada de ese cine malrollero, acusador e incomodo, con el que Haneke ha ido desmenuzando los aspectos más oscuros de nuestra querida Europa. Esa manera de hacer cine, “a la austriaca”, que genera adhesiones y rechazos casi por partes iguales. De hecho, hay quienes afirman que Haneke con su cine, lo que está haciendo es predicar su Evangelio. De ser cierto, me descubro. Sé que es mi pastor y con él nada me faltará.

Respecto a “La cinta blanca”, mucho se ha hablado sobre el trasfondo que encierra su argumento. Que si con ella Haneke ha querido poner de manifiesto cuales fueron las auténticas raíces del nazismo. En fin, no sé si se puede hilar tan fino. No quiero decir con ello que la sombra del nazismo esté totalmente ausente en la película, pero tengo la sensación de que Haneke ha pretendido ser algo más general. Vale que a ese grupo de niños alemanes a los que se les inculcan valores considerados como absolutos, con brutales métodos de aprendizaje, se les puede ver como el germen de las organizaciones nacionalsocialistas. Además, al ubicar la trama en una pequeña aldea alemana y en vísperas de que estalle la I Guerra Mundial, esa sensación se incrementa. Sin embargo, como ya he comentado antes, tengo la impresión de que Haneke ha sacado el bisturí para desmenuzar todos aquellos aspectos que, a la fin y a la postre, forman parte del caldo de cultivo de cualquier tipo de autoritarismo, señalando con ello no sólo al que afectó a su patria. Él mismo llegó a afirmar en una entrevista reciente, que “si se considera un principio o un ideal como algo absoluto, sea político o religioso, se convierte en inhumano y lleva al terrorismo”.

Por lo demás, en referencia a los aspectos formales de la cinta, lo que más llama la atención es la espectacular puesta en escena. Yo la calificaría de apabullante. En un blanco y negro precioso que nos hace recordar al maestro Dreyer (y sus conexiones con la pintura de Hammershoi), en lo visual resulta impecable. Por no hablar de la fotografía, una delicia para cualquier aficionado por poco puesto que esté en estas cuestiones. La dirección soberbia y los actores magníficos, algo muy a destacar teniendo en cuenta que casi todos ellos son niños y ya sabéis lo que decía Hitchcock de trabajar enanos -“Ni con niños, ni con animales, ni con Charles Laughton”-. En fin, que no me extraña para nada que le hayan concedido la Palma de Oro en Cannes, el FIPRESCI, el Globo de Oro a mejor película de habla no inglesa y que sea la favorita a los Oscar en esa misma categoría. Y vale, que sí, que no os apetece verla por que el Haneke tiene mu mala follá y al final de sus películas siempre te sientes mal… Pero hay que ir joder, que es muy necesaria. ¡Y una puta obra maestra! 

domingo, 6 de septiembre de 2009

El Anticristo según Lars Von Trier


Ya han pasado un par de días desde que vi la peli y aún sigo con el cuerpo cortao. El puto Lars Von Trier, que es un puto animal y no deja de sorprendernos con cada una de sus nuevas producciones, a cada cual más salvaje. Y es que si todo lo que habíamos visto del danés ya era duro, se queda en nada al lado de este ejercicio de sadismo y malrollismo extremo titulado “Anticristo”. Hace unos meses, uno de los productores de la obra planteaba ante los medios que habrían de ser los espectadores quienes descubrieran el anticristo en el film. Pues bien, servidor ha concluido que no es ninguno de los personajes principales, ¡¡¡el puto anticristo es el mismísimo Lars von Trier!!!

La película -con muy buenas interpretaciones de Charlotte Gainsbourg y Willem Dafoe- cuenta la historia de una pareja que intenta superar la muerte de un hijo, quien se arroja por la ventana mientas ellos estaban echando un polvo. Como la madre es incapaz de pasar página, el marido, psicólogo de profesión, decide llevársela a una cabaña en medio del bosque. El lugar donde pasó el último verano con el pequeño. Allí encerrada habría de enfrentarse a sus miedos, pero la terapia no funciona en ningún momento. Es más, empieza a comportarse de una forma dada vez más extraña. Y no sólo ella, también la naturaleza que los envuelve.
Pese al premio a la mejor actriz en Cannes, la acogida general de “Anticristo” no fue buena. Desde la ciudad de la Costa Azul nos llegaron crónicas que relataban como la gente se desmayaba en plena proyección o salían para vomitar. Los hubo incluso que se levantaron en mitad del espectáculo para increpar al realizador danés. Buceando entre los artículos dedicados a  la película por aquellas fechas, me topo con uno de Oti Rodríguez Marchante para el ABC que dice lo siguiente: “Una cosa es lo desagradable, lo insoportable, lo cruel..., y otra muy distinta Anticristo (...) a ver quién le encuentra el espectador adecuado: los cuerdos, no, pero los locos mucho menos.”

Y es que la película es droga dura. En casi dos horas de metraje asistimos a una ablación de clítoris, una pierna atravesada por una broca enorme, eyaculaciones sangrientas y todo tipo de violencia física y psíquica, además de un sinnúmero de escenas de sexo explícito. Pero a Von Trier se la suda todo. Ya lo dejó bastante claro durante la presentación: “no tengo que justificarme. Yo hago películas y esta es fruto de la voluntad de Dios. Además, yo soy el mejor director de cine del mundo. No me debo a la audiencia sino a mí mismo. Hago las películas para mí. Vosotros sois sólo mis invitados”.

Okey man. Vale que Von Trier es un tipo arrogante como pocos y que quizás este “Anticristo” no sea su mejor trabajo. Pero de ahí a calificarlo como una mierda con pretensiones de transgredir, opinión generalizada entre la crítica especializada y no tanto, pues como que no. Algo que proviene de la atormentada mente del que, muy posiblemente, sea el director de cine más importante que ha surgido durante los últimos veinte años, no puede ser una mierda. Y es que, de los directores en activo, ¿a quién además de a Von Trier le debemos una verdadera renovación del lenguaje cinematográfico?

El guión de “Anticristo” me ha parecido muy sólido. Un continuo crescendo con un impactante final, pero sin atisbo de descontrol. El lenguaje empleado juega con elementos del thriller psicológico y del cine de terror. Pero sobre todo, lo más destacable es el aspecto visual, con escenas potentísimas que en ocasiones llegan a ser muy desagradables, por lo grotescas y conscientemente provocadoras. Pero ahí nos apostamos como espectadores morbosos, incapaces de retirar la mirada…
En fin, que me ha gustado bastante la última cinta del chico malo del cine danés. El realizador contemporáneo que mejor maneja las emociones del espectador, en dura competencia con el austríaco Michael Haneke.

jueves, 29 de enero de 2009

La clase


Precedida de una ristra de buenas críticas y habiendo sido premiada con la Palma de Oro en el último Festival de Cannes -¡la primera película francesa que lo logra en veinte años!-, se presentó ante nosotros “La clase”, dirigida por Laurent Cantet. Y he de decir que me ha gustado bastante, la verdad. Pese a sus aires de docudrama y a que se desarrolle, casi por completo, entre las paredes de un colegio en algún suburbio de París. La cinta se centra en la labor de un profesor de lengua, que imparte clases a un grupo multirracial de adolescentes situados en el escalafón más bajo de la sociedad. Y veremos cómo se desenvuelve entre ellos a lo largo de todo un curso académico. Y es que, lo más interesante en “La Clase” es la figura de ese profesor. François Bégaudeau, que así se llama el tipo. Siendo además el autor del libro en el cual se basa la película. Mostrando las dificultades con las que se topa en su día a día y haciéndonos partícipes, de una forma que me ha parecido muy valiente, de sus constantes contradicciones. Y es que, lejos de ser una figura ejemplar, el docente tiene una virtud fundamental: el gran empeño con el que se aplica en la labor de transformar a sus alumnos en ciudadanos de provecho a través del diálogo.

Seguramente no estemos ante la obra maestra que nos han querido vender. Vale que todo lo que nos llega desde Francia suele estar muy bien visto por la crítica oficial del Reino. Pero sí creo que es una película estimable. Además, dados los tiempos que corren, resulta muy necesaria por su sinceridad y honestidad. También por ese reflejo de la identidad moderna francesa  y por extensión - y cada vez más- la española y la europea. Incluso incorpora un bonito homenaje al mundo de la enseñanza que quienes se dediquen a ello seguro agradecerán. Como también hay que agradecerles a los miembros del Jurado del Festival, que nos hayan ahorrado tener entre nosotros a la enésima obra maestra iraní o afgana premiada en Cannes. Otro punto a favor de “La clase” .

domingo, 25 de enero de 2009

Eastwood sigue en forma: El intercambio


Pues me ha gustado un huevo “El intercambio”. Así de claro.

Y no es que dudara del genio de Eastwood, probablemente el director de cine vivo que más interés me despierta y el único al cual idolatro. Pero alguna mala crítica al cargo de personas de las que me fío y el hecho de que el papel protagonista estuviera reservado para Angelina Jolie, a quien no soporto, me hicieron plantearme si merecía la pena gastarse los siete euros de rigor que cuesta la entrada al cine. Pasándolo por alto me acerqué a una céntrica multisala de mi ciudad para extraer mis propias conclusiones.

Dirigida en el 2008, “El intercambio” es el último trabajo de este veteranísimo director californiano, a la espera de que se estrene “Gran Torino”. Narra la historia de Christine Collins, una madre coraje que vivió una película de terror real a finales de los años veinte en la ciudad de Los Ángeles, tras la desaparición de su único hijo. Desde ese momento consagra su vida a tratar de encontrarle. La pesadilla no hace más que comenzar, agravándose cuando la corrupta policía angelina, en una rocambolesca operación de lavado de cara, decide entregarle un chiquillo que, a pesar de guardar cierto parecido, evidentemente no es su hijo. Ante las negativas a aceptar al intruso, el Departamento de Policía de Los Angeles llegará a internarla en un psiquiátrico, imputándole una incapacidad de discernir entre la realidad y la ficción.

Tras un argumento aparentemente simple, Eastwood impresiona con una historia sobre el amor maternal, sobre el dolor, sobre la pérdida, la verdad, sobre la corrupción policial, la dignidad personal, sobre la injusticia y la degeneración de la especie humana. Elegante y precisa en los detalles, está repleta de momentos sombríos, absolutamente aterradores, en los que la tensión se corta con un cuchillo.

Lo cierto es que tiene bien merecida la aclamación unánime del público durante la última edición del Festival de Cannes y las excelentes críticas que ha ido obteniendo. Es una película de Clint Eastwood, no podía ser del montón y doy fe de ello. Muy buena. Y la Jolie ni tan mal, que tiene mérito la cosa.

lunes, 22 de diciembre de 2008

Il Divo


La controvertida figura del líder democristiano Giulio Andreotti, es objeto de estudio en una interesante película dirigida por el no menos interesante Paolo Sorrentino. “Il Divo” le valió al director napolitano el Gran Premio del Jurado del pasado Festival de Cannes, además de una ovación de varios minutos del público asistente. Y no es para menos.

Andreotti es el político, escritor y periodista de prestigio que dominó la escena política italiana durante más de cinco décadas, siendo siete veces Primer Ministro. Tras ser nombrado Ministro del Interior y más adelante de Finanzas, alcanzaría la presidencia del Gobierno de la República en 1972-1973, 1976 y 1978-1979. Tras un período al margen de la cosa pública, sería nombrado nuevamente Primer Ministro de un Gobierno de coalición en 1989. Tras dimitir en marzo de 1991, en abril de ese mismo año se le encargó la formación de un nuevo Gobierno con él a la cabeza. El último de sus siete gobiernos, por lo tanto, acabaría en el año de las Olimpiadas de Barcelona, trescientos sesenta y cinco días después de su formación. Además, en el año 91 fue nombrado senador vitalicio.

Será a partir de entonces cuando comience el declive de la figura de Andreotti, hasta entonces inmaculada. Sobre todo a raíz de los testimonios de varios arrepentidos de la Cosa Nostra, que le acusarán de estar relacionado con esta organización criminal. Como consecuencia, durante la década de los noventa pasara más tiempo en tribunales que en su domicilio o en la Iglesia -Andreotti es un cristiano devoto-. Ya en 1999 sería absuelto de todos los cargos por falta de pruebas. Sin embargo, tras las apelaciones, en 2003 se le acusaría nuevamente de “mantener lazos de amistad con la Mafia hasta la primavera de 1980”. Un delito del que también sería absuelto pero ahora por haber prescrito. También fue acusado como instigador del asesinato del periodista Mino Pecorelli, por el que primero fue declarado no culpable, luego sentenciado a 22 años de prisión y definitivamente absuelto por el Tribunal Supremo italiano en el año 2003.

De esta turbulenta etapa es de la que se preocupa “Il Divo”, resumiendo en ciento diez minutos de metraje el día a día de un personaje que dedica las veinticuatro horas del día a trabajar, escribir libros, moverse entre los círculos de moda y, por último aunque no por ello menos importante, a rezar. Maravillosamente interpretada por Toni Servillo, habitual colaborador de Sorrentino, el film destaca por ese retrato impasible del ex presidente italiano ante el infierno que le acecha. Incapaz de titubear ni de mostrar debilidad ante nadie, llámese Justicia, oposición o la propia mafia.

La película trata dos de los aspectos más perturbadores en la vida de este “hombre de estado”: su conexión con Totò Riina - líder histórico de la mafia siciliana- y la implicación en la logia P2 (Propaganda Due) de Licio Gelli - responsable de la “estrategia de tensión” a la que ya me referí en un post anterior-. En este sentido, la cinta alude a la figura de Aldo Moro, aquel líder democristiano secuestrado y asesinado por la Brigadas Rojas el 9 de mayo de 1978, cuya muerte pudo haber evitado nuestro protagonista.

Al final “Il Divo” supone un interesante acercamiento a este personaje poliédrico y aún más polémico, pero protagonista indiscutible de la historia reciente de Italia y, por extensión, de Europa. Alguien al que debemos frases tan ingeniosas como las siguientes:
“Lo leímos en los Evangelios, cuando a Jesucristo se le preguntaba lo que era la verdad, él nunca respondía”
“Sé que soy un hombre medio, pero cuando miro a mi alrededor no veo ningún gigante”
“Pensar mal de tu prójimo es un pecado, pero has acertado”
“No es fácil explicar nuestro país a los extranjeros. En Italia los trenes más lentos se llaman Rápidos y el Corriere della Sera (Noticias de la Tarde) sale por la mañana”

martes, 18 de noviembre de 2008

Gomorra


Con un impactante diseño de portada, el perfil de unos cuchillos en color rosa sobre un fondo negro -adaptación de un lienzo de la serie “Knives” de Andy Warhol-, se presenta ante nosotros el “viaje al imperio económico y al sueño de poder de la Camorra” realizado por el napolitano Roberto Saviano. Lo más impresionante de todo es que escribió este libro, su debut literario, cuando tan sólo contaba con 27 primaveras. Vaya, que decidió jugársela bien aun con toda una vida por delante.

Fruto de las conversaciones con vecinos y residentes en la Campania, algunos de los cuales son o han sido amigos suyos, además de un arduo trabajo de documentación y estudio de diferentes sumarios judiciales en casos abiertos por la fiscalía antimafia, Saviano ha sido capaz de denunciar la realidad de una sociedad secuestrada por las bandas organizadas de delincuentes. O mejor dicho, por la actividad delictiva en sí misma ya que detrás de todo lo que da dinero al sur de Italia están los clanes de la Camorra. Y a ese sistema te adhieres o mueres. O huyes, como bien sabe él.

Es así como nos va desgranando los diferentes negocios que hacen fuertes a los camorristas: el tráfico de drogas, el de armas, la extorsión a empresarios y políticos, el mercado de las falsificaciones y el de la alta costura “made in Italy”, las franquicias, la construcción, la captación fraudulenta de ayudas europeas, el juego y la prostitución... Y por encima de todo, para mi sorpresa, los enjuegues derivados del arte de hacer desaparecer residuos industriales de grandes empresas del norte de Italia. Resalto este último ya que, según parece, es el causante de que los clanes de Casal di Principe, hayan amenazado de muerte al escritor. Anunciando a bombo y platillo que no llegará a Navidades con vida. 

Lo cierto es que Saviano no se corta un pelo y en el libro ofrece con todo lujo de detalles los nombres y apellidos de los camorristas, así como las localizaciones en las que desarrollan su actividad delictiva. Cuenta lo que ha visto y vivido, lo que le han contado fuentes directas, lo que ha leído y ha descubierto, y lo hace sin ambages, con rabia, revelándose contra ese sistema que atemoriza a las gentes de Nápoles y alrededores. Su propia gente. No es casual pues que una de las consecuencias del éxito de esta novela haya sido que los clanes  pusieran precio a su calva.

Por si os da pereza leer, desde el pasado viernes está en nuestros cines la adaptación que de la novela ha realizado Matteo Garrone. Para ello, el director romano ha metido las cámaras en los lugares originales en los que se desarrollan cinco de las historias recogidas por el libro. Hablo de los conflictivos barrios de Nápoles conocidos como “las casas azules”, “las casas de los pitufos”, “los barrios españoles”… También en los talleres clandestinos de Secondigliano, en el puerto de Nápoles o en la localidad de Casal di Principe, capital de los temidos Casalesi. Premiada durante la pasada edición del Festival de Cannes con el Gran Premio del Jurado, la película supone un acertado complemento a la novela. Descarnada y fría, refleja en imágenes la dureza con la que se desarrolla la vida de aquellos a los que le ha tocado ser actores, voluntarios o no, de esta dictadura de los clanes. Una existencia abocada al silencio y al cumplimiento de las estrictas reglas y códigos impuestos por la Camorra. Esto es tan cierto como que dos de los actores amateur con los que contó Garrone, fueron detenidos durante el transcurso del rodaje acusados de asociación mafiosa.

Con todo no recomiendo el visionado de “Gomorra” si antes no habéis leído el libro de Saviano. Podría pareceros caótica e imprecisa, cuando la historia dista mucho de serlo. Supongo que por limitaciones variadas, Garrone solo desarrolla unas cuantas historias, sin cruzarlas, sin la profundidad que requieren y alcanzan en las páginas libro. Tengo la sensación de que esa frialdad que mencionaba arriba, es autoimpuesta. El director pretende reflejar, descarnadamente, pasajes de la vida de una serie de personajes reales inmersos en el universo de la Camorra y poco más. Y sinceramente creo que lo consigue. Si bien, entiendo que la película solo funciona como complemento al libro. Tal vez no se entienda todo sin haberlo leído antes.

El caso es que, a día de hoy, Roberto Saviano ha de moverse por el mundo rodeado por seis escoltas. No pudiendo permanecer más de tres días en el mismo sitio, cuestión que le ha llevado a tener que abandonar su tierra. Independientemente de lo que le depare un futuro incierto, suponemos que a este valiente napolitano, siempre le quedará el orgullo de lanzar al aire el grito con el que cierra “Gomorra”: 
“¡Malditos bastardos, todavía estoy vivo!”

Ya para acabar citaré unas líneas que se recogen en la página 233 del libro:
“El cemento. Petróleo del sur. Todo nace en el cemento. No existe imperio económico nacido en el sur de Italia que no pase por la construcción: licitaciones, contratas, obras, cemento, grava, mortero, ladrillos, andamios, obreros... Este es el instrumental del empresario italiano. El empresario italiano que no tenga la base de su imperio en el cemento no tiene esperanza alguna.”

Y a mí que todo esto me suena tanto...

martes, 30 de septiembre de 2008

“Persépolis”, una joya iraní


La aparición en el año 2000 del primer tomo de los cuatro que conforman esta novela gráfica, ya anticipaba la grandeza de lo que acabaría por convertirse en un clásico del género. La cosa vendría acompañada de enormes críticas, un considerable éxito de ventas y un puñado de premios entre los que destacan el de autor revelación y mejor guión en el Salón del Cómic de Angouleme, el Premio Harvey a la Mejor Obra Extranjera del 2004, el Prix du Lion belga, o el primer premio de la Paz - Fernando Buesa Blanco concedido en Vitoria el año 2003.

“Persépolis” es una suerte de autobiografía de juventud de la iraní Marjane Satrapi. Cuenta cómo sobrevivió a los últimos coletazos del régimen del Sha de Persia y primeros de la revolución islámica, también durante el régimen fundamentalista que se instauró después. El interés de la novela radica en la historia que cuenta y también por quien nos la cuenta. En un mundo como el de la historieta en el cual no sobran mujeres y no hablemos ya de iraníes.

La narración comienza con la pequeña Marjie, de apenas diez años. Desde esa perspectiva infantil nos hace partícipes del cambio social y político que pondrá fin a más de cincuenta años de reinado del Sha en Irán. Una revolución democrática frente a un tirano impuesto por los Estados Unidos, que sin embargo va a devenir en uno de los fundamentalismos más duros del planeta. Hoy día con el infame Mahmud Ahmadineyad como heredero de todo aquello. Y es que conforme va creciendo, la niña se da cuenta de que ese nuevo régimen, por el que lucharon muchos de sus familiares y vecinos, ha caído en manos de los integristas y no trae consigo nada bueno. Lo que unido al interminable conflicto armado entre iraníes e iraquíes, con constantes bombardeos sobre la ciudad de Teherán, acabará por decidir a sus padres para enviarla al extranjero. En este punto asistiremos al duro tránsito de la Marjie adolescente por Austria. Un periodo que terminará con su regreso a Irán, en donde sabemos que concluyó sus estudios, se casó y por encima de todo tuvo que acostumbrarse a las nuevas condiciones de vida impuestas por los barbudos del régimen de los ayatolás.

El caso es que con “Persépolis”, Marjane Satrapi nos ofrece un excelente testimonio sobre un momento crucial en la historia de su país y del mundo. De hecho, la propia autora cuenta que eso fue lo que le llevó a escribirla, manifestando ante los medios que su motivación no era tanto hablar de sí misma, como de la historia reciente de Irán y sobre todo de lo que pasó durante su infancia en los territorios en los que reinaran los míticos Darío I, Ciro II o Jerjés “el Grande”.

Otro aspecto interesante del libro es como nos acerca esa visión tan diferente del Irán moderno. Sobre todo para los que estamos acostumbrados a la versión televisiva y por lo tanto sesgada que nos ofrecen las agencias de información europeas y gringas. También son muy jugosas las anécdotas concernientes a los antepasados de la autora, entre los que se cuentan el último rey de la dinastía de los Kayar y un activo opositor al gobierno del Sha.

Muy característico en “Persépolis” es el dibujo, de un grafismo bastante simple ejecutado a dos tintas, a excepción de un apéndice introducido en las últimas ediciones que es a todo color. Unas viñetas un tanto infantilizadas con las que la autora nos trasmite la sensación de estar observando el mundo a través de los ojos de una niña. Aspecto este que sería respetado escrupulosamente en la versión cinematográfica. Porque “Persépolis” también tiene película. Codirigida por Vincent Paronnaud y la propia Satrapi, estrenada el pasado 2007. Una bonita animación que fue presentada en la Sección Oficial del Festival de Cannes 2007 y que ha sido nominada al Oscar. Muy fiel al libreto original y eso es lo mejor que se puede decir de ella. Hasta el punto de que pareciera como si las páginas del cómic hubiesen cobrado vida.

Convertido en un símbolo de la lucha contra las injusticias y las barbaries del integrismo islámico, “Persépolis” es una obra imprescindible para comprender el mundo en el cual vivimos. Una obra maestra de la historieta.

domingo, 24 de agosto de 2008

Richard Kelly y las drogas

Tengo por costumbre darle una oportunidad a todas aquellas cintas dirigidas por realizadores cuyas obras previas me hayan gustado. Supongo que no es ninguna rareza. Me consta que a muchos cinéfagos les pasa tres cuartos de lo mismo.
En estas que Richard Kelly, cuya ópera prima fue la estimulante “Donnie Darko”, presentó en 2006 y en Cannes su última producción titulada “Southland Tales”. Y aquí el amigo se dispuso a verla. Si lo llego a saber me paso el estreno por el forro de los cojones. ¡Qué cosa más mala mon dieu! Os aconsejo no perder ni un segundo viendo semejante paja mental con pretensiones de profundidad. De traca no, lo que va después.

Me debería haber escamado que esta cosa no llegara a estrenarse en nuestras pantallas tras participar en el mencionado festival. Tal vez porque nuestras distribuidoras se asustaron ante el cúmulo de malas críticas y vaya, que por una vez estaré de acuerdo con su proceder. Y es que no es para menos. Este engendro de diarreico argumento no se puede soportar. Consigue que nos replanteemos el supuesto buen hacer del director en su película anterior. Yo, por si acaso, paso de revisar “Donnie Darko”, no sea cosa que constate que el cuelgue de Kelly viene de lejos.

Joder y es que da rabia, porque mira que la peli tenía mala pinta, pero aun así me arremangué e hice el esfuerzo de tragarme las dos horas largas de infumable metraje. Estaba advertido. La peli no es que sea mala sino muy mala. Me lo habían dicho. Lo había leído. Sin ir más lejos a Carlos Boyero, por aquel entonces aún en El Mundo, quien en su columna semanal afirmaba cosas como que “es imposible describir la empanada mental del tal Kelly, su facilidad para empalmar tonterías con pretensiones alegóricas y simbolistas”. Y a mí que me dio igual. Que si Boyero está loco y/o es un hater y tal y Pascual…

Pero es que encima la película está protagonizada por un saco de músculos otrora estrella del Pressing Catch. Y entre los secundarios aparece peña como la médium enanizada de “Poltergeist”“Buffy la Cazavampiros”, el tío que le hacen pajas metiéndole dos dedos en el ojete en “El Viaje de Pirados”, Christopher Lambert -el anti-actor-, el alguacil mayor de Juzgado de Guardia, Justin Timberlake con chotilla y cicatriz taleguera y… tarara tatá… ¿Alguien da más? Pues sí… Hay más. Mucho más. Cómo que la peli se anuncie como comedia de ciencia-ficción, con elementos de thriller político y cine de catástrofes. O traducido al idioma de la calle, una suerte de Chris Marker empanado tras fumarse un porraco XXL con alguno de los hermanos Wayans, adaptando una historia de Graham Greene y montada por el puto James Cameron…  ¡Toma Jeroma pastillas de goma! A ver cómo lo veis. 
La trama, o lo que quiera que sea eso, se sitúa en Los Ángeles durante el año 2008. Se ha producido un ataque nuclear en Texas, que tiene como consecuencia una carestía generalizada de electricidad y carburante. Pero mira tú por donde una empresa alemana dirigida por paranoicos, descubre una energía alternativa que solucionará el problema. El Fluid Karma™  procedente del océano y que altera la rotación de la tierra (y que algunos pensamos es la droga que se chutó el director para filmar tamaño bodrio). Ante ello, un amnésico director de cine que es a la vez un alto cargo del Partido Republicano (¿?), una reina del cine porno reconvertida en popstar, dos hermanos gemelos policías a cada cual más inútil, una directora de cine que financia su obra chantajeando a peña y un colectivo guerrillero de ideología neo –marxista, deciden enfrentarse a una gran conspiración mundial de no se sabe muy bien quien o qué, para instaurar el caos. Conclusión, por h o por b pero el fin del mundo está al caer. Todo ello contado con muy poca gracia, si es que esto es una puta broma del señor Kelly. Y envuelto en una retórica filosófica y pseudo-intelectual que da como fruto un film muy, pero que muy ridículo. En este sentido no tiene precio aquella escena en la que la señorita zampabollos amenaza con suicidarse si el personaje al que pone cara y poco más Dwayne “the Rock” Johnson no se saca la chorra en medio de Venice Beach, para practicarle una felación. Como lo oyes.

¿Pero hay algo bueno en la película? Pues no sé qué decir. Tal vez que algunas de las canciones que suenan son chulas: algo de Moby, de los Pixies, The Killers y algún esbozo de Sigur Rós, pero poco más. Bueno sí, la aparición relámpago de George W. Bush creo que para criticarlo. Aunque ahora que lo pienso, no lo tengo tan claro. Que las chicas que salen son guapas y los tipos están mazaos, si es que eso es un valor cinematográfico, que no lo creo, pero vete tú a saber…

Y esto es “Southland Tales”, un tremendo cagarro. Una mierda como un castillo. Un ñordo catedralicio. Un cerro de mojones de vaca apilados. Eso si es que se la puede calificar de película. Más bien sería un delirio psicotrópico que sirve para confirmar que los efectos de las drogas sobre las personas son siempre devastadores. Ejemplificado en la figura de su perpetrador Richard Kelly, hasta las cejas de Fluid Karma™. 
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