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viernes, 3 de julio de 2020

Píldoras musicales 2020

Estamos ya a mitad de ejercicio y, a excepción de cuando me deshice en elogios con el nuevo proyecto de Afonso Dorido, o con la mención al fantabuloso nuevo álbum de Clem Snide metida con calzador en un post literario, no había colgado nada relacionado con la que es mi pasión principal. Así pues, sin ofrecer una disculpa ni media, paso a relacionar los trabajos musicales de esta cosecha 2020 que me tienen enganchado. Quizás faltaría alguno, es verdad, pero prefiero pegarle otra vueltecita más y reservarles una futura entrada. Que lo mismo os digo esto que luego de ná, lo sé… Ya conocéis el percal. En fin… ¡Allá vamos!

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Storm damage”, Ben Watt

¡Hostias! ¡¡¡Que este tipo es el Everything but the Girl!!! ¡Que no me han molado en la puta vida! Es más, cuenta la leyenda que una vez, allá por el Pleistoceno Medio, acudí a uno de sus shows en les terres del nord y acabé marchándome a la tercera canción. Pero mira tú por donde que ahora me doy de bruces con esto. Y aunque me cueste, he de reconocer que es harina de otro costal. Gratísima sorpresa. Y vale que quizás la cosa ya venía de lejos. Soy consciente de que es el cuarto disco en solitario del menda, pero como nunca hasta ahora le había prestado atención… Así pues, ¿que decir de “Storm damage”? Todo bueno. Que me ha parecido trabajo delicioso. Con esa cadencia jazzística, sus apuntes tristes por doquier y en donde se combinan sabiamente los ritmos orgánicos con la cosa electrónica. Canela en rama. En serio. Muy en serio. ¡No os riáis cabrones!

Dear life”, Brendan Benson

No por esperado, menos deseado. Aunque, lo tengo que decir, conociendo cómo se las gasta el gachón y apelando a su inmaculada trayectoria en solitario o junto a The Raconteurs, fantaseaba con un artefacto más fastuoso. Con todo, el rubio de Michigan, amigatxo del alma de Jack White, nos ofrece once cortes bien variaditos en los que se respira una sensación de libertad poco común en los tiempos que corren. Y vaya, que el muchacho se ha ganado el derecho a hacer lo que le salga del nabo. Y en eso consiste la séptima entrega en solitario de este casi cincuentón, que puede fardar de trayectoria. Brillando con luz propia en este cachivache, “Richest man”, “Evil Eyes” o el tema que da título al disco.

Making a door less open”, Car Seat Headrest

A ver, es cierto que suena raro escuchar al amigo Toledo con sintetizadores. Aún más el ver cómo ha parido un disco tan poco conexo como este –las canciones podrían estar incluidas en 3 o 4 álbumes diferentes y no pasaría nada-. Pero vaya, que a un genio se le perdona todo. Y es que, pasando por alto esto último y más allá de valorar aquello de que el movimiento se hace andando y que aquí, el amigo ha intentado reinventarse por enésima vez, me parece que el disquito contiene un buen puñado de composiciones dignas de alabar. “Weighlifters” con la que abre, me parece tremenda. “Deadlines (Hostile)” un cañón. “Life worth missing” y “There must be more tan blood” me encantan y “Martin” directamente me tiene loco. ¿Qué hay canciones no tan brillantes? Sí. ¿Y en que disco no? Pero vaya que, haciendo un análisis global de la cosa, a mí me satisface. Y sí, obviamente es un trabajo valiente que asume bastantes riesgos, pero, sobre todo y lo más importante es que resulta muy disfrutable. ¿Cuesta entrar en él? Tampoco tanto. No exageremos.

On circles”, Caspian

Para servidora, lo mejor que ha publicado el ahora sexteto desde el inigualable “Tertia”. Obra maestra absoluta de un género como el post-rock, cada vez más vulgarizado. Con una fórmula que no es nueva, pero que en sus manos aún resulta fresca, gracias a esos muros de sonido con marca registrada y esa constante apelación a la emotividad tan suya. Desde Boston con amor y aún más con ruido. Por cierto, “Collapser” es un temarro para la posteridad. He dicho.

Have we met”, Destroyer

Nueva entrega en forma de disco, de uno de los compositores más singulares del pop actual: el canadiense Dan Bejar. Esta vez influido por los sonidos más ochenteros, el ambient y hasta Massive Attack, como él mismo ha reconocido en alguna entrevista. Disco de pop con mayúsculas, bailongueable pese a lo apocalíptico de muchas de sus letras. En mi opinión y sin ser un incondicional de este emérito miembro de The New Pornographers, de lo mejorcito que ha grabado hasta la fecha.

Collector”, Disq

Interesante debut el de este quinteto de Madison, que se mueve como pez en el agua por los añorados senderos del indie-rock de los noventa. Diez temas que ellos mismos califican de “representaciones orgánicas de cada momento en el tiempo” y que harán las delicias de los fans de Elliott Smith, Weezer, Built to Spill y hasta de Titus Andronicus (Why not?). Doy fe.

The unraveling”, Drive-by Truckers

Trabajo que sigue la línea marcada por “American Band” –madurez y activismo en lo lírico, rabia contenida en lo musical, sobriedad en el diseño de carpetas-. Un disco que, sin ser tan bueno como aquel, mantiene en la buena senda a una banda ya mítica. Como leí en alguna parte, parece que la furia se aleja de las guitarras para situarse ahora en las palabras. ¡Y no veas lo bien que les sienta! Aunque a las huestes de Donald Trump les haga pupita. Vaya, que siguen siendo la mejor banda de rock sureño en activo. Con todo, se echan en falta aquellos dibujitos de Patterson Hood y el antiguo diseño de caratulas. Y es que no pué ser…

Bestieza”, Los Enemigos

32 minutejos de ese rock urgente y cañero con el que lograron fama y fortuna. Vaya, lo mismo que llevan haciendo desde hace treinta y tantos años, con sobrada inspiración. Disco muy directo compuesto de diez piezas trufadas por esos textos tan chulos que le salen al Josele – “Siete mil canciones”, “La ofensa”, “Menos que un perro”, “Sacrilegio Sideral”, “Hey Judas”...-. Además, y a diferencia de algunos de sus últimos trabajos, “Bestieza” suena homogéneo. Y razonablemente fresco, aunque esto quizás sea cosa mía -¡es que lo he agarrao con muchas ganas!-. Los Enemigos saben lo que quieren hacer y lo hacen muy bien. No es cuestión de descubrir la pólvora.

Floatr”, Happyness

Cómo ya comenté en alguna otra parte, me encanta el nuevo trabajo de estos dos. Casi tanto como su debut y bastante más que el anterior, en el que, lo reconozco, me costó muchísimo entrar. Y eso a pesar de la enésima puta mierda de portada –consolidando la tradición de hacer portadas de mierda- en la carrera de la banda londinense. O hasta del título elegido. Vaya, salvo que se trate de un inesperado homenaje a Chiquito de la Calzada o una referencia al atípico verano con pandemia que nos espera -por aquello del flotador, se entiende, ¿no?-. Especialmente para los súbditos de la reina Isabel, tan aficionados ellos al melanoma con D.O. Costa Blanca. En todo caso, me postro a sus pinreles. A los de Jonny y Kenazi, no a los de la vieja Windsor.

Classical notions of happiness”, Jordana

Podría tratarse del enésimo trabajo de chica lánguida con guitarrita, cantándole al desamor y a los problemas adolescentes y/o haciendo gala de una viejuventud a todas luces innecesaria. Pero no. O bueno sí, porque aquí hay mucho de introspección y madurez impropia, pero hay bastante más. Creo. Los cortes presentan un sonido y una fórmula bastante particular, por decirlo de alguna manera. Circulan al trote cochinero, pero de golpe surge el genio. La Jordana vendría a ser entonces una suerte de Karim Benzema con mamellas y consagrado al noble arte de las musas, en lugar de a dar asistencias memorables o marcar goles imposibles. Responsable de preciosas melodías que sirven no solo como recipiente para unas letras bastante chulas. Un disco simpático. Lento, que no aburrido, e imperfecto como todo debut que se precie.

Lina_Raül Refree”, Lina y Raül Refree

Después de Sílvia Pérez Cruz, Rocío Márquez o la Rosalía de los comienzos -además de colaborar con Lee Ranaldo, entre otros-, el ex-Refree se mete de lleno en el mundo del fado. Del fado sin guitarra portuguesa, por lo que, supongo, habrá recibido su buena dosis de hostias. Como por otra parte, ya le pasó en la piel de toro tras “profanar” la tumba de Farina o de La Niña de los Peines. Estamos ante un disco de fado que no es fado, con piano, sintetizadores y armonio, pero sin cuerdas y bastante más oscuro para lo habitual del género. Hay quien ve similitudes con las cosas de Nico, si la artista nibelunga hubiese nacido en el barrio de la Alfama. No me convence del todo. En todo caso, el proyecto gira en torno al repertorio de Amália Rodrigues y es Lina Rodrigues quien le pone voz, por lo que si no es fado, se le parece un huevo. Y mola un ídem.

Good souls better angels”, Lucinda Williams

He leído todo tipo de descalificaciones a la hora de valorar el nuevo trabajo del fenómeno de Luisiana. Pues mira, a mí me parece descollante. Se tenía que decir y se dijo. Cadencias blueseras, country-rock del clásico al guarrete, denuncia política sin pelos en la lengua y unas buenas dosis de a fer la mà tot. Tremendo es poco, insisto. Y no tengo más que añadir. Ni voy a discutirlo con nadie.

Beat poetry for survivalists”, Luke Haines y Peter Buck

Proyecto de quien fuera líder de los Auteurs o, más recientemente, Black Box Recorder, junto uno de los fundadores y guitarrista principal de R.E.M. Y los tipos se han sacado de la manga este delicioso trabajo colaborativo. Zurcido a cuatro manos e ideado a dos cerebros, suena tanto a sus bandas madre como a Lou Reed a quien, de alguna manera, rinden homenaje. Vaya, también al chalao de Jack Parsons a quien dedican uno de los mejores cortes del álbum.

Uneasy laughter”, Moaning

Quizás sea este el disco al que más vueltas le haya pegado en lo que llevamos de año. Y es que me parece la hostia. A ver, tampoco es cuestión de fliparse. “Uneasy laughter” no incluye nada especialmente novedoso en su interior. Es más, se desarrolla entre los transitados senderos del revival post-punk, con algunos matices. Eso sí, creo que es un paso adelante maravilloso e inesperado, el emprendido por el trío angelino. Dotándose de un repertorio más interesante y completo, que destaca por unos estribillos tan poderosos como pegadizos. Además se trata de un trabajo sin material de relleno. Sus trece piezas cobran sentido en el total y cada una de ellas ralla a buen nivel. En el caso de “Ego”, “Make it stop”, “Connect de dots”, “Fall in love” o “Coincidence or faith” más que eso...

Never not together”, Nada Surf

Regreso feliz del proyecto musical comandado por Matthew Caws y Dani Lorca. Y eso que este nuevo álbum no mola tanto como su predecesor, “You know who you are”. Pero es que aquel era una puta barbaridad... Con todo, tenemos nueve temas bien bonitos que condensan todo el saber aprendido por la banda neoyorquina en sus casi tres décadas de existencia. Y es que “Never not together” supone la enésima invitación al goce, a tararear, a sacarnos una sonrisilla o unas lágrimas (según se tercie), como solo ellos saben hacer. Y se agradece… Alguna vez he escrito por aquí que Nada Surf son eternos y su estrella no se apagará nunca. Lo han vuelto a demostrar. Y sin necesidad de promoción, como siempre. Para eso tienen sus canciones. Ya les gustaría a otros con menos años y más medios...

Feral”, RVG

Segundo lanzamiento del grupo de Romy Vager. Líderesa de esta interesante formación que he conocido gracias a este fantástico “Feral”. Incluyendo una decena de temas que beben de referentes reconocidos, como sus paisanos los Go-Betweens, pero también los británicos The Soft Boys y The Smiths. Canciones que tocan ese punto dulce entre lo claro y lo oscuro, sin desdeñar el ruido de guitarras. Mención aparte para la voz andrógina de la Santo y seña de este combo forjado en Melbourne. Muy especial lo de esta señorita y sus adláteres.

X”, She Past Away

Primero colgaron un par de remixes en su Bandcamp y pensé que de ahí no pasaría la cosa. Pasado un tiempo, fueron acumulándose varios más, a cada cual mejor. Todos ellos firmados por eminentes miembros del all star de la cosa oscura. Al final, juntaron todas las piezas, revisiones y perversiones, incluyeron alguna cover, y se sacaron de la manga un discarro doble y tremebundo que me tiene fascinado. De hecho, creo que es lo mejor que han parido estos turcos en una aún corta trayectoria, consagrada a revitalizar los sonidos de la darkwave. Veintidós cortes -que se dice pronto-, por los que desfilan gentes como The Soft Moon, Boy Harsher, Bragolin, Lebanon Hanover, Front 242, Dear Deer, Clan of Xymox, Selofan o el tipo de Xeno & Oaklander. Varios de ellos son brutales.

Traditional techniques”, Stephen Malkmus

Folk psicodélico con cierta deriva country y algunos giros más propios del blues-rock. Ecos a los Beatles in India, a Led Zeppelin, también a Canned Heat y que sé yo. Vaya, que el tercer disco en solitario del líder de Pavement sin Pavement y también sin los Jicks, es exactamente lo que Stephen ha querido que sea. Ha hecho lo que le sale de la chorra y a huir, importándole una higa lo que digamos los demás. Enésimo peldaño de esa autopista hacia el cielo por la que transita este californiano. Es más, si le hacemos caso a su discográfica y esto forma parte de una trilogía -junto al tremebundo último trabajo de los Jicks, y a la electrónica rara de “Groove Denied”-, todavía resulta más extraordinario. ¡Encima el tío sigue girando con Pavement! Steph, ya que estas on fire, ¿qué no grabarías un largo con tu banda madre? ¿Un epé manque sea? Por pedir que no quede…

Saint Cloud”, Waxahatchee

Ya para acabar, el nuevo disco de Waxahatchee. En él se nos presenta a una nueva Katie Crutchfield más feliz, o al menos no tan enfadada con el mundo y quien sabe si más conforme con la vida. Un trabajo más cálido que los anteriores y probablemente más apto para todo tipo de paladares. Apreciándose un acercamiento a sus raíces, de las que, según ella misma cuenta, renegó durante años. También se siente la impronta de los chicos de Bonny Doon, joven banda de Detroit que ya os recomendé hace un par de años y que, desde hace un tiempo, acompaña a la artista de Alabama en sus giras. Así pues lo-fi enriquecido, country a su manera, rock sureño del de toda la vida de Dios, mucho pianito y poca distorsión… Y absolutamente nada de aquel indie-rock primigenio. Otra Katie es posible, yes. Todas ellas son igualmente brillantes.

viernes, 13 de septiembre de 2019

Johnston y Berman. Una necrológica necesaria


Iba a comenzar esta entrada diciendo que no me gustan los obituarios. Que me pone triste comentar noticias sobre el fallecimiento de alguien a quien estimo. Pero recurriendo de nuevo a Quevedo, hay que entender que “la muerte siempre es buena” y que “parece mala a veces porque es malo a veces el que muere.” Además nuestros ídolos permanecen vivos en nuestra memoria. Sobre todo a través de unas obras que les sobreviven y que, muy probablemente, también nos sobrevivirán a nosotros. Con todo, me carga escribir artículos de elogio fúnebre. Dar recuento del contexto, la trascendencia o el significado de la vida del muerto. Cierto es que, en los diez años de vida de este blog, he hecho mención a un sinnúmero de ilustres fallecidos. Desde Philip Seymour Hoffman hasta David Foster Wallace, pasando por Bob Casale, Adam Yauch, Jason Molina, Bigas Luna, Robert Mulligan, Harold Ramis, Paco de Lucía, Pete Seeger, Bowie, José Luis Sampedro, Harold Pinter, Jess Franco, Günter Grass, Galeano, García Márquez, Leopoldo María Panero, Di Stéfano, Lou Reed, Tom Sharpe, Azcona y hasta Miliki o el tío Phil. Y es que al final, este menda se siente en deuda con todas aquellas personas que, de una u otra forma, han contribuido a su felicidad. Que menos…

Todo esto viene a cuento porque ayer se nos fue Daniel Johnston y hace poco más de un mes David Berman, con lo que este mundo se ha convertido en un lugar un poco más feo. Iba a decir más triste, pero me ha parecido un adjetivo poco apropiado si atendemos a la historia vital y al legado musical que nos dejan sendos artistas. El deceso más reciente es el de Johnston. Músico, dibujante, artista visual, pero sobre todo un personajazo. Un hombretón que saltaría a la fama gracias a aquel emotivo documental titulado “The Devil and Daniel Johnston” (Jeff Feuerzeig, 2005), de visión obligada para cinéfilos, melómanos, cinéfagos, melófagos o como cojones os queráis definir. Bien es cierto que, en aquel momento, ya había grabado la mayor parte de esas casetes que le convertirían en un artista de culto y figura influyente dentro de la escena underground. Incluyendo el “Yip/Jump Music” o el “Hi, How are you”, ambas de 1983. Esta última es la que lleva la rana alienígena en portada. La misma de aquella icónica camiseta con la que se dejó fotografiar Kurt Cobain, con mirada entre pasmada y dolorosa, haciendo un gesto que, más que un saludo, parece que intenta detener la avalancha de mierda que se le venía encima. Y es que el líder de Nirvana fue uno de los ilustres padrinos de Daniel Johnston. Señalando en no pocas ocasiones la influencia de este a través de varios de sus discos. Pero no fue el único. Otros grandes nombres del noventerismo sónico como Sonic Youth, Yo la Tengo, The Flaming Lips, Beck, Teenage Fanclub o Built to Spill también manifestaron su debilidad por la obra del artista californiano.

Para no extenderme más, evitando así que este homenaje se transforme en una suerte de panegírico digno del peor suplemento cultural, tan solo me queda dar las gracias a este artista honesto por todo lo que nos regaló. Y pegarme cabezazos contra la pared por no haber asistido a aquella gozada de show que, según parece, protagonizó en Valencia hace ya siete años. ¡Menuda cagada! Pensaba enmendarlo alguna vez, pero ya no podrá ser. Un ataque al corazón se ha llevado a Daniel para el otro barrio con cincuenta y ocho primaveras. Descanse en paz.

Y ahora un deceso tanto o más doloroso que el anterior: El de David Berman. Músico, poeta y dibujante virginiano, conocido principalmente por haber montado los Silver Jews a finales de los ochenta, junto a Stephen Malkmus y Bob Nastanovich de Pavement. El grupo, que tuvo más cambios de alineación que la Argentina de Scaloni, se mantuvo con Berman como único miembro fijo. Publicando seis álbumes entre los años 1994 y 2009, siendo mis favoritos “American Water” (1998) y “Bright Flight” (2001). Diez años después formaría los Purple Mountains, con los que acababa de sacar un bonito trabajo al que aún no le he dedicado todo el tiempo que merece. Un último proyecto que ya no tendrá continuidad, en el que retomaba su particular propuesta allí donde la dejó tiempo atrás. Con esa poesía triste y arrastrada, no exenta de pequeñas dosis de socarronería, que le convirtieron en una leyenda del indie-rock. O casi. El caso es que el tipo nos ha dejado con cincuenta y dos tacos. No sé si le habrá dado para, como se comprometió, compensar los daños que el desgraciado de su padre había ocasionado en su condición de lobista de la industria armamentística. Tampoco sé si tiene demasiada importancia. Pero vaya, me gustaría pensar que sí. Ojalá haya encontrado esa paz interior que le fue esquiva en vida.   

domingo, 10 de junio de 2018

Otra tanda de discos más o da' best albums of 2018 pa' este menda (so far) - 2ª parte

Stephen Malkmus & the Jicks “Sparkle hard”

El séptimo disco del que fuera líder de Pavement tras salir de su zona de confort, nos devuelve a ese Malkmus irónico, inteligente y en ocasiones sincopado, que ya brillaba en “Wig out at Jagbags” o en “Real Emotional Trash”. Aunque nunca de forma tan brillante y sobre todo con la solidez que nos muestra aquí. Este “Sparkle hard” conjuga el preciosismo folkie con la psicodelia marca de la casa, respetando el glorioso legado de Pavement–en cortes como “Shiggy” de forma más que evidente-. Eso sí, alejándose del noventerismo lo suficiente como para que nadie tenga la tentación de acusarlo de perseguir glorias pasadas. La verdad es que no acogía con tanto entusiasmo un nuevo trabajo de este mozo desde su álbum homónimo tras la disolución de Pavement. Un disco que, por cierto, acabó por aburrirme. No creo que me pase igual con este. ¡Si hasta la colaboración de Kim Gordon en esa especie de boutade que es “Refute” me parece maravillosa!

Daniel Avery “Song for Alpha”

Le estoy cogiendo yo el gustirrinín a eso de los paisajes sonoros, la verdad. Si bien, siendo rigurosos, este disco no es propiamente un exponente de esa fórmula. De hecho algún purista me espetaría, no sin razón, que esto ni se le acerca. Es techno oscurete y repetitivo, lo acepto. Con todo, la manera con la que yo estoy disfrutando de él, o mejor dicho, el como he ido dejándome embargar por esta suerte de electrónica relajada y hasta sensual, me genera idénticas sensaciones a las de escuchar a David Cordero por poner un ejemplo. Vale, siempre y cuando me hubiese tomado un tripi en alguna rave y estuviera de bajón. También lo acepto. Porque el nuevo trabajo del diyéi y productor londinense recuerda más a Autechre y a los primeros –y no sé si últimos ya que me borré de esa historia- Aphex Twin. Estructuras machaconas que se envuelven en un reverb grandilocuente y con unos sintetizadores que en ocasiones evocan el universo sonoro de “Blade Runner”. De hecho este álbum podría ser una versión alternativa un tanto más bailonguer y trallera de la mítica banda sonora de Vangelis. Estoy muy loco, lo sé.

Dream Wife s/t

Me ha costado reconocerles el mérito a estas jovenzuelas de Brighton, en la Pérfida Albión, que practican una suerte de punk-rock con muchísima actitud. La de pegarte con la guitarra en toda la cabeza, para que me entendáis. Cierto es que sus composiciones aparecen trufadas de momentos en los que, tras bajar el pistón, derivan hacia sonoridades un tanto más poppies que le van de perlas al conjunto. Pero bueno… A lo que iba. La cosa es que en varios sitios pintaban este debut poco menos que como el disco del año. Y hombre, como que tampoco tanto. De ahí mi natural alejamiento respecto a un trabajo que, retomado tardíamente y casi a regañadientes, me parece de notable alto. El trío británico – islandés nos ofrenda un álbum con once cortes que dejan sin resuello y en los que no hay material de relleno. ¿“Love without reason” quizás? ¡Los cojones! Por cierto, mención muy especial para la vocalista Rakel Mjöll, alumna aventajada de la escuela Kathleen Hanna de Riot Grrrls y sin cuya participación nada sería lo mismo.

Els Jóvens s/t

No podía faltar por aquí la original propuesta de este súper grupo valenciano que, partiendo de la rica tradición de la tierra que les/me vio nacer, es capaz de actualizarla de una forma muy digna, deslizándose a través de los senderos del pop. Y es que el disco de debut de la banda de Sant Vicent del Raspeig no es un mero homenaje a jotas valencianas y cants de batre. Tampoco cae en el insípido revival tan presente hoy día en esta, en aquella y casi en cualquier latitud. Es un álbum de pop cantado en valenciano y rico en instrumentación -tradicional y no tradicional-, con unas letras muy curradas en las que se refleja un imaginario propio que me resulta bastante próximo. El fantasma de Al Tall está presente y aún más el de Pep Laguarda i Tapineria, como máximo exponente de esos músicos valencianos que bebieron de la tradición para hacerla propia en sus canciones. ¿Algo de Caetano, Kiko Veneno y hasta del maestro Dylan? ¿Por qué no? Todo en once cortes con temáticas contemporáneas entre los que destacan un bonito homenaje al futbolista Paco Alcacer o una curiosa versión de los Magnetic Fields -“Crec que em falta un cor nou” – ¡Ah! También incluye un recadito para el primer presidente negro en la historia de España. Ya sabéis a que delincuente me refiero.

Toundra “Vortex”

¿Qué decir de lo nuevo de Toundra? Pues que “Vortex” es otro de los firmes candidatos a álbum del año para esta bitácora. Y es que, aunque parezca imposible y necesariamente lo sea en algún momento, la banda madrileña lo ha vuelto a hacer. Vamos, que se ha vuelto a superar con este, su quinto largo en una ya épica trayectoria dentro del competido mundo del rock instrumental, el metal progresivo, el post-rock o como rayos queramos definir su sonido. Siguiendo sus propios pasos y sin alejarse de aquello para lo que nacieron, Toundra confirman de manera definitiva su ingreso dentro de la élite post-metalera mundial. Al mismo nivel o hasta por encima de muchos de sus referentes. En lo que al disco se refiere señalar que está algo más próximo en intensidad al que fuera su tercer trabajo y un tanto más alejado del (II). El caso es que da igual. Parecen bendecidos por el santoral en pleno. “Vortex” no tiene desperdicio y es difícil elegir cuál de sus ocho cortes es mejor. Ahora mismo escogería “Tuareg” y ese apoteósico cambio de mitad hacia el final y también el single Kinston Falls” que tiene pinta de sonar como un trueno en el directo. Bueno, al igual que “Cruce Oeste” ¡Qué coño! Vale, lo sé, estoy salivando con la idea de verlos en directo de nuevo.

Dumb “Seeing green”

Yo que pensaba que había descubierto la pólvora con esta joven banda de Vancouver y el que creía era su debut discográfico. Y mira, resulta que no. Los gachones llevan ya un tiempo en la brecha y con éste, tres álbumes en la mochila. El caso es que ando bastante pegado a este “Seeing Green” desde que escuché a su vocalista, un tal Franco Rossino, explicar que el álbum gira en torno a la figura de un joven confundido y cabreado que, sin darse cuenta, es víctima del mismo condicionamiento capitalista en el que todos los occidentales somos criados. Menuda gilipollez, ¿no? Vamos, que el discurso no podría ser más huero. Pero bueno, gracias a esa mierda de declaraciones me llamaron la atención. Y menos mal, porque me encanta su rollo. Esa fórmula que va entre los Devo más rockers y, por poner a alguien más de ahora, los Ought del gran a la par que escuchimizado Tim Darcy. Algo del macarrismo de los Parquet Courts también les veo, pero igual es cosa mía. El caso es que hete aquí con catorce canciones que suenan urgentes y atemporales. Envueltas entre ritmos nerviosos y algo aceleradas, con sus buenas dosis de riffs de guitarra y un desempeño martilleante a cargo del batería. 

Frigs “Basic Behaviour” 

Estos también son de Canadá, pero de Toronto como los Raptors de Serge Ibaka y DeMar DeRozan. Al igual que Dumb, tampoco son nuevos pero casi. El álbum ya llama la atención desde esa impactante portada con una chica de espaldas y desnuda, encadenada dentro de un acuario en el que hay unas calas flotando. Esa sensación de incomodidad y hasta de mal rollo es la que logran trasladar en una decena de cortes de ambientación densa a los que hay que sumar unas letras tremebundas obra de su lideresa Bria Salmena. Melodías oscuras, incluso pesadas, construidas a base de riffs repetitivos que se contraen y hasta tiemblan, a los que sumar un bajo machacón, onda post-punkarra, con la voz de la mencionada Salmena como guinda. Una señorita que, en muchos momentos y a causa de la dicción, me recuerda a Jehnny Beth de Savages. Sobre todo en “Waste”, en donde también destaca ese gorgoteo nirvanesco etapa “Bleach”. Aparte de este tema, me maravillan “Taking Pictures” o “Doghead”, a la postre mi favorita de todo el álbum. También “Solid State” y esa línea de guitarras que me recuerda un poco a las reaparecidas Breeders, pero cuando molaban. O por qué no, el onirismo de “Gemini”. Un pedazo de disco, sí señor.

Titus Andronicus “A productive cough"

No hay tres sin cuatro que diría aquel…  Si se inventara el refrán, claro está. Aunque bueno, si prescindimos del resbalón que supuso -a mi parecer- “Local Business”, este sería el tercer gran álbum en la trayectoria de la banda de New Jersey. Vale que este “A productive cough” me parece inferior a “The most lamentable tragedy” y al superlativo “The Monitor”. Y es que era muy difícil mantener el nivel. Con todo, siguen manteniendo ese espíritu de borrachera, entre el punk más macarra y el folk americano, que viene siendo su seña de identidad desde los comienzos. Lo cual no es poco. De hecho es mucho. Conste también que entré raro en el disco. Como me ha pasado en casi todos sus discos. En este caso andaba un tanto escamado tras leer que esto iba a ser un disco de baladas. Que Patrick Stitckles quería dotarlo de un enfoque más suave, evitando así la proliferación de esos himnos roqueros que trufan sus anteriores trabajos. ¡Los cojones! Bueno, lo de mis atributos va por el asunto de las baladas. Lo otro puede que sea verdad. De hecho “A productive cough” es más clásico, por definirlo de alguna manera. ¡Incluso versionan el “Like a Rolling Stone”! Ahí es . Pero bueno… Lo cierto es que “A real talk” y “Home alone” no serán himnos, pero como si lo fueran. Tremendas canciones. Como a otro nivel ese bonito cierre que es “Mass transit madness (Goin’ loco)”.

Marmozets “Knowing what you know now”

Buen pepino el que nos ofrecen las metalizadas gentes de Roadrunner. Y en parte extraño. Y es que estamos ante un tremendo disco de post-hardcore con voz femenina al frente. La de Becca Macyntare quien junto a su hermano Sam lidera esta banda nacida en West Yorkshire hace no mucho. Lo de extraño lo decía por la presencia de la vocalista y no me tildéis tan pronto de machirulo que ahora os lo explico. Vamos, que para alguien tan acostumbrado como este menda a una escena en la que los desempeños vocales corren al cargo de tiarrones como Jakob Bannon de Converge o el tipo de Gallows, esto le descoloca. Para bien, se entiende, por eso aparecen en este listado. También es verdad que este “Knowing what you know now” no es exactamente un disco de hardcore. O no es solo eso. Es rock súper vitaminado y mineralizado que diría Súper Ratón. Moviéndose como pez en el agua entre la propuesta de las bandas mencionadas más arriba y otra más suave si queréis, que podría venir representada por gentes como los Blood Red Shoes. Eso sí, si esto últimos tomaran anabolizantes. En todo caso, la sombra de estos paisanos es más que evidente en temas como “Major System Error”, sin duda el principal aspirante a jitazo del álbum.   

Indignu [lat.] “Umbra”

El cuarto largo del colectivo de Barcelos es, probablemente, lo mejor que han grabado hasta el momento. Y ya es meritorio tras aquel fantástico “Odyssea” que presentaran en 2013 y con el que les conocí, Bboyz mediante. Disco que, como su propio nombre indica, resulta oscuro y hasta tenebroso. Desde luego bastante más que sus predecesores. No es para menos, teniendo en cuenta de dónde surge la inspiración. Ellos mismos han declarado que estas seis piezas, principalmente instrumentales, recogen todo el dolor y la profunda tristeza generada por todas aquellas almas arrasadas por el fuego en los incendios acontecidos en Portugal, durante el verano de 2017. Así se explica que les haya quedado este trabajo de tintes apocalípticos, repleto de guitarras furiosas y también de esas orquestaciones grandilocuentes que ya aparecían en “Ophelia”. Aunque ahora estén más presentes y produzcan un efecto desgarrador. Además, como novedad y en orden a apuntalar ese mensaje entre doloroso y nostálgico, en dos de los cortes –“Nem só das cinzas se renace” y “Levitação do Sahara”- incorporan las voces de referentes de la actual escena musical portuguesa: Manel Cruz y Ana Deus. Estremecedor el primero de ellos.

Khruangbin “Con todo el mundo”

Brillante nuevo trabajo el que nos presentan estos virtuosos del rock ambiental, la psicodelia, el soul internacional y hasta el funk. Álbum sophomore, por seguir la jerga del deporte profesional gringo. Un discarro al que le he pegado numerosas vueltas de un tiempo a esta parte y que se erige como disco de confirmación. Y es que tras aquel interesante “The Universe smiles upon you” en el que el trío de Houston se inspiraba en el thai-funk de los sesenta, ahora completan y hasta perfeccionan su sonido a la vez que amplían horizontes. Porque este “Con todo el mundo” se mueve más hacia el sonido funk y el soul con tintes arábigos o saharianos. Le veo cosas incluso del pop gabacho sesentero. El caso es que la ecléctica fórmula con la que los texanos hicieron fortuna no permanece intacta, pero sigue mostrándose bajita de revoluciones, que no sosegada, lo cual se agradece y mucho. Según cuenta la bajista Laura Lee, la historia tras el título del álbum viene de su abuelo. ¿Cómo me quieres? Le preguntaba este cuando era una cría. “Con todo el mundo” respondía ella. Y en ello que andan. Dejándose influenciar a lo largo y ancho del planeta para definir un sonido que es muy accesible pese a lo alejado y variopinto de las fuentes de las que se nutre.  

Mint Field “Pasar de las luces”    

Más allá de Julieta Venegas, de los narco-crímenes y de las jodidas pipas Tijuana - que creo no son de allí- la capital de la Baja California también es capaz de ofrecer cosas bonitas. Es el caso de este hipnótico elepé titulado “Pasar de las luces”. Segundo largo al cargo de un par de veinteañeras a las que yo ubicaba en Seattle, vaya usted a saber por qué. Envolvente trabajo con el que me lo he pasado pipa tumbado en la cama, cuando los días de frío y lluvia comenzaron a asomar por estas latitudes. Compuesto por nueve cortes que transitan entre el shoegaze, el dream pop e incluso el mundillo lo-fi, su sonido remite a bandas como Slowdive, Cocteau Twins o This Mortal Coil. También le encuentro referencias a cosillas más actuales, por ejemplo lo que hacen DIIV. Siento que en “Pasar de las luces” la nostalgia y la belleza campan a sus anchas, generando una bonita conexión con las cosicas de adentro. Y eso mola. Un vibrante compendio de sonidos de antaño, repleto de cadencias lentas y ambientaciones oscuras que hará las delicias tanto de los degustadores del buen pop, como de los adictos a la darkwave. ¡Y qué viva México coño!          

Human Tetris  “Memorabilia”

También quedé prendado de este “Memorabilia”, segundo largo de la formación moscovita Human Tetris y primero tras su refundación. Y es que el largo periodo de reflexión autoimpuesto y la necesaria incorporación de nuevos miembros, les ha venido la mar de bien. Por lo pronto han parido un álbum que, si bien sigue el esquema de los EPs precedentes y de aquel interesante “Happy way in the maze of rebirth” de 2012, ofrece una mayor riqueza compositiva. Y sobre todo que suena más maduro. La cosa sigue fluyendo entre el shoegaze y el post-punk a la rusa que sería la manera de definir un inconfundible sonido surgido de las calles de Moscú. Entonando en inglés, eso sí. Ruidos elegantes, sintes ochenteros, ecos a Joy Division y/o Interpol –“Long Flight”-, a The Cure “A company”-, aunque más a los Smiths creo yo –“Another day”, “Warm memory”-. ¿Cómo no te voy a querer?        

Parquet Courts “Wide awake!”

Los discos de Parquet Courts y sus miembros molan todos, no nos vamos a ir por las ramas. Da igual que esté la familia en pleno, o los hermanos Savage junto a Daniele Luppi –más Karen O-, o que Andrew vuele en solitario, o que junto a Austin Brown y otros “fichajes” monten algún quilombo bajo la etiqueta Parkay Quarts… Todas sus mierdas huelen bien y es un don que les ha otorgado Dios. Alabado sea. Así que cuando antes lo aceptemos mejor para todos. Este “Wide awake!” no podía ser la excepción. Señalar que la incorporación a las labores de producción del conocido Danger Mouse no ha supuesto ruptura alguna en el sonido de la banda. Y yo que lo saludo, a pesar de haber leído cada cosa por ahí… El inicio del álbum con ese himno macarra que es “Total football” no podría resultar más representativo de esto último. Una de las mejores canciones del álbum, por cierto. Junto a “Almost had to start a fight/In and out of patience”, “NYC observation”, “Tenderness” y ya en otra línea mucho más funky, “Violence” o hasta la que da nombre al álbum. Bueno, en otra onda algo más relajada están “Mardi Gras Beads” y ese experimento organístico llamado “Before the water gets too high” que también son súper chulas. Y las seis restantes. ¡Qué coño! ¡Larga vida a la incontinencia creativa de esta peña!             

Dylan Carlson “Conquistador”

Siendo gran fan de Earth - banda madre de este gachón que aunque solo fuera por el descomunal “Hex; Or printing in the infernal method”, ya debería entrar en el Hall of Fame de la música- no le había prestado atención a los discos que el colega del KurtCo firmaba con su nombre y apellido. Y eso sabiendo que Earth es básicamente el proyecto en solitario Dylan Carlson. Su único miembro constante y quien realmente corta el bacalao en ese glorioso artefacto, referente del drone universal. Eso hasta ahora, cuando que me he topado, casi por casualidad, con este fantástico “Conquistador” con el que el artista de Seattle amplía horizontes. El propio Carlson reconoce que el álbum es una continuación de aquel “Concrete desert”-nº 15 en mi lista de álbumes 2017- ejecutado a dos manos junto al productor británico The Bug. Y es fácil apreciar esa continuidad a pesar de sonar tan diferente. El disco está estructurado en cinco cortes a base de riffs lentos e incendiarios que definen unos ambientes arenosos, casi desérticos y que podrían ser perfectamente la Mexámerica dibujada en las novelas de Cormac McCarthy. Tremendo el primer corte – ¡de más de trece minutos!- y “Scorpions in their mouths”. Y muy bonita la portada con su esposa Holly de perfil. Quien además participa del álbum al mando de la percusión. No sorprenderá a los acólitos a la causa. Ni falta que hace.         

 Arctic Monkeys “Tranquility base hotel & casino”

¡¡¡Booooomba!!! Pues sí tíos, soy uno de esos a los que “Tranquility base hotel & casino” les parece un discazo. Y parafraseando a Iñaki Sáez “me importa treinta y tres” lo que opine la prensa seria. ¿Que no tiene nada que ver con lo que hacían hasta ahora? Obvio. ¿Qué os decepciona el nuevo material? Pues para resolver eso tenéis un par de opciones: Poner a rodar sus discos anteriores en sesiones non-stop hasta que se os pase el berrinche, o directamente fingir que este nunca ha existido. O las dos. Elija su propia aventura. ¡Y ojo! Me siguen gustando más los Arctic Monkeys de “AM”, lo reconozco. Pero este cambio de registro con Alex Turner a la pianola, acicalado cual dandi en una peli de James Bond y bebiendo los vientos por el Bowie de “Station to Station” me parece tremendo. Ea! Y ahora zurradme si queréis. Ya de paso os diré que a mí el “Whatever people say I am, that’s what I’m not”, el “Favourite worst nightmare” o el “Humbug” no me dicen una mierda.  El “Suck it and see” sí que lo tolero y al “AM” lo adoro. En definitiva que este es el segundo en mis preferencias, ¿os queda claro? ¿Os parece bien? Ale... I a plorar a l'era.       

Niño de Elche “Antología del cante flamenco heterodoxo”

Detrás de un título aparentemente presuntuoso y hasta pedante, se esconde una auténtica maravilla que pone patas arriba, nuevamente, el anquilosado mundo del cante. Pantagruélico álbum doble o triple –según formato- compuesto por 27 composiciones del flamenco más revolucionario y transgresor que jamás se haya hecho. Y es que el compadre se siente comodísimo en su papel. Desfilando entre palos, siempre adaptados y hasta reinventados conforme a su particular imaginario, que va desde Shostakovich hasta José Val del Omar, pasando por Tim Buckley, Mikel Laboa, Lola Flores y hasta Guy Debord. Fandangos, peteneras, seguiriyas, malagueñas, saetas, tanguillos, polos, martinetes y también rumbas o hasta una canción de cuna, siempre pasado por su prisma y cantadas con esa gloriosa voz con la que su madre lo trajo al mundo. Con esta antología, Francisco Contreras parece dejar atrás aquello del kraut-flamenco –penosa etiqueta que no sé a quién se le ocurrió- para demostrar que lo suyo es flamenco a secas. Renovador y lleno de referentes contemporáneos, cierto, pero fiel al excelso patrimonio legado por el género musical más español. Con todo, lo más acojonante del zagalón es cuando se pone político. En este disco casi siempre. Escuchad “Recitando a Eugenio Noel”. Tremebundo es poco.                
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C O D A


Pues mira... Respecto a Baikonur y su “Nihil per saltum” y al “Boarding house reach” de Jack White, necesito darles su tiempo. Le he pegado un par de escuchas a cada uno y requieren más atención. Pero ambos prometen. 
La vuelta de A Perfect Circle pues como que no. Ya ni siquiera me parece que “Disillusioned” o “TalkTalk suenen tan de coña como dije la otra vez. Lo he intentado pero Dios sabe que no he podido. Mil perdones. Esperemos a ver qué tal el nuevo material de Keenan junto a su banda madre, los seminales Tool. Si es que nos regalan de una puñetera vez lo que vienen tanto tiempo prometiendo. Aunque no confío mucho. 
Tanto el de Desperate Journalist como el de Spielbergs son bastante chulos. Sobretodo el primero, que sigue la línea del “Grow up” –Nº19 en mi lista de álbumes 2017- . Pero son EPs y por algún motivo he prescindido de formatos cortos para elaborar esta entrada. De lo contrario hubiera tenido que tomarlos en cuenta junto al de José González & the Brite Lites, el de Osorezan, el de El Último Vecino y hasta el de Protomartyr (aunque de este tan solo escuché una canción… je je). 
Como ya se intuía con “El Sol”, anticipo del nuevo álbum de Will Haven, “Muerte” es buena mierda. A reventón, como siempre. Con todo, tanto este como el de Between the Buried and Me los guardo para próximas entregas. No tengo el cuerpo para metaleros ahora mismo. 
Y ya por último me queda el proyecto entre Tórtel y Alberto Montero, del cual os dije que me había sorprendido gratamente alguna canción. Al final no he llegado a escuchar integro “Alucinados”, que es como se titula la colaboración. También es verdad que ahora mismo hay un disco de Alberto sobre la mesa y con bastante mejor pinta: “La catedral sumergida”. Veremos.

Y eso es todo. Creo

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