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jueves, 15 de octubre de 2009

El capitán Marcus Garvey


A finales del verano, comiendo un delicioso plato de colorao con patacones en el centro de Puerto Viejo, reclamó mi atención un enorme póster en el cual se veía la figura altanera de un capitán de barco de raza negra. Una vez hechas las pesquisas necesarias descubrí que se trataba de Marcus Garvey, escritor, periodista y empresario nacido en Jamaica el 17 de agosto de 1887 y muerto en Londres el 10 de junio de 1940. No es casual que el póster estuviera junto a los de Bob Marley, Malcolm X, Haile Selassie o Barack Obama, ya que Garvey, al igual que estas cuatro personalidades de raza negra, es toda una leyenda para la población tica de la provincia de Limón, en su mayoría de origen afro-caribeño. Más aún cuando el propietario del restaurante en el que estabamos es Edwin Patterson, un conocido miembro de la Asamblea Legislativa de Costa Rica muy significado en la defensa de los derechos de la minoría negra, de la cual forma parte.

Siendo un personaje polifacético, a Garvey se le conoce fundamentalmente por ser el fundador de la UNIA (Asociación Universal para la Mejora del Hombre Negro), cuyo objetivo era la unión de toda la gente de origen africano del mundo en un sólo cuerpo para establecer un país y un gobierno absolutamente propios. Seguro que habréis visto mil veces la bandera de la UNIA (con tres bandas de color rojo, negro y verde) en pósters, camisetas, gorras o banderas. Si mal no recuerdo, incluso entre mi grupo de amigos había quien lucía una gorra en la que, sobre los mencionados colores, aparecía una gran X amarilla, en referencia al gran líder afro-americano Malcolm X.

En consonancia con el objetivo que se marcó, Garvey propugnaba que "el éxito educativo, industrial y político se basa en la protección de una nación fundada por nosotros y esa nación sólo puede estar en África", para lo cual creó una compañía de barcos de vapor para el transporte a África, la Black Star Line. Con esta línea naval, el Capitán Garvey pretendía trasladar hasta las costas africanas a cientos de miles de negros norteamericanos y caribeños, para la refundición de su deseada Arcadia en la Madre África. Sin embargo este cuento no acabó bien para él, siendo encarcelado en los EEUU y posteriormente deportado a Jamaica, acusado de vender acciones falsas de la Black Star Line.

Esto me ha recordado una historia que le leí al gran periodista polaco Ryszard Kapuscinski, relatada en las páginas de "Ébano". Transcurre unos años antes del nacimiento de Garvey y hace referencia a Liberia. Al parecer fue en 1821 cuando un barco de la American Colonisation Society atracó en el lugar en el cual hoy se asienta Monrovia. A bordo del mismo iba un tal Robert Stockton, que llegaba con la misión de adquirir esos territorios para poblarlos con aquellos esclavos de las plantaciones de algodón de Virginia, Georgetown y Maryland que habían conseguido el estatus de hombres libres. Se pensaba que la mejor indemnización que se les podía dar por los servicios prestados era el retorno a la tierra de sus antepasados y por ese motivo fueron llegando, año tras año, barcos repletos de libertos que se iban a instalar en la costa liberiana. Sin embargo, en lugar de integrarse, estos nuevos habitantes del país se consideraron superiores a los lugareños, por lo que instaurarán un regimen de apartheid en el cual ellos son los ciudadanos y como tales detentan el poder, mientras que los "tribesmen" no gozarán de consideración alguna. Es más, para poder diferenciarse de estos últimos, los américo-liberianos irán siempre ataviados de un frac, con pantalones tipo Spencer, sombrero de hongo y guantes blancos, ello a pesar del calor y la humedad reinante en esa parte del mundo. Y aún peor que eso, copiando los modelos esclavistas que ellos conocían y habían padecido, llegarán a hacer lo mismo con los lugareños para que trabajen en sus plantaciones y hogares. Los esclavos de ayer, pasaron a ser los amos de hoy. Otro cuento más con un horroroso final... más aún si vemos la catástrofica situación en la que se encuentra Liberia, un país miserable, devastado y en guerra permanente. El país de George Weah.     

En fin, que esta historia no iba de Liberia sino de Marcus Garvey, a pesar de sus claroscuros vitales, el primer héroe nacional de Jamaica y padre de la ideología rastafari.

lunes, 14 de septiembre de 2009

La isla de los hombres solos


“Entre mis compañeros algunos imploraban de rodillas que no les llevaran a ese presidio. El gesto de viejos reos me llenó de sorpresa y me hizo preguntar:- ¿Pero en realidad existe un lugar más inhumano, doloroso y horrible que esta penitenciaría? Saber la respuesta me costó pocos días”
(Prólogo del autor a la edición clandestina, 1950.)

“La isla de los hombres solos” es la recomendación literaria de un amigo que hice en Costa Rica estas últimas vacaciones. Es además uno de los grandes best sellers de la literatura latinoamericana. Sin embargo no es una novela demasiado conocida en España, como tampoco lo es su autor, el tico José León Sánchez.

Se trata de un libro de vivencias, las del propio autor, quien a la edad de diecinueve años fue encerrado en prisión condenado por un crimen atroz que no cometió. Y no chavales, José León no era miembro de “El equipo A”, pero al igual que estos fue sentenciado a pudrirse en la cárcel, tras un procedimiento judicial harto discutible. En el caso que nos ocupa, se aceptó una confesión de culpabilidad obtenida con torturas. Y es que el chaval aceptó incriminarse tras varias sesiones en las que sus verdugos le encajaban cerillas y alfileres en las orejas y muelas. La consecuencia fue que pasara los siguientes treinta años de su vida en la penitenciaría de la Isla San Lucas. Finalmente y tras cuarenta y ocho años de luchar por que se demostrara su inocencia, el 24 de julio de 1998 la Sala Constitucional de la Corte de Justicia de Costa Rica le dio la razón.

Antes de leer la novela debéis saber que, si bien lo que se cuenta es real, las primeras páginas son fabuladas - los antecedentes familiares de su alter ego literario y el motivo de la condena-. Sin embargo no son más que un pretexto para narrar los padecimientos de un chico –el propio José León- que ve como su vida se trunca antes de la veintena. Con una condena que de facto era a muerte ya que, en esa época, todo el que llegaba a la isla por un tiempo superior a cinco años moría de fiebres palúdicas.

Sánchez era el pequeño de una familia muy pobre que decidió abandonar a su hijo. Por eso su infancia se desarrolló entre el hospicio y el reformatorio. La fama le llegó pronto y no precisamente por sus escritos, sino al estar acusado de robar las joyas de la Virgen de los Ángeles en la Basílica de Cartago. La opinión pública estalló de indignación ante el atentado contra “la negrita” y el joven quedó marcado para siempre por tamaña diablura. De hecho quedaría bautizado como “El Monstruo de la Basílica” y su fama fue tal que hasta los barqueros que organizaban tours a la isla San Lucas, le incluían entre sus atractivos.

Durante su estancia en prisión, José León comenzó a redactar sus vivencias como buenamente pudo. En pedazos de papel escritos con trazos casi ilegibles, utilizando carboncillos y lápices de colores… hasta alcanzar las casi trescientas páginas que ocupa “La isla de los hombres solos”. Pero la historia no podía ser tan simple. La primera edición de la novela, de 1950, fue quemada por orden del general Graciano Acuña, a la sazón responsable del penal. Pero gracias a la ambición desmedida del militar, que se guardó diez ejemplares de la edición mimeografiada para venderlos, se pudo conservar la obra. Para suerte de todos, uno de esos ejemplares llegó a manos del periodista Joaquín Vargas Gené, por aquel entonces Ministro de Justicia de Costa Rica, que se convertiría en el principal valedor de José León y su obra.

Es en el mencionado penal de San Lucas donde se desarrolla la mayor parte de la historia. Asistiendo al proceso de deshumanización de sus moradores, pero también a la transformación de la propia isla con el paso de los años. Vemos la tristeza y la miseria vital de los reos y el salvajismo de los soldados. También como van incidiendo los cambios en el sistema penitenciario costarricense. Por último mencionar, con todas las reservas habidas y por haber, que circula por ahí una leyenda que dice que Henry Charriere tomó prestadas ciertas ideas del libro para escribir su conocidísima novela autobiográfica “Papillón” (1969). Servidor no se la ha leído pero si ha visto la película homónima de Franklin J. Schaffner y la verdad es que parecerse se parece. Pero vaya, que no he encontrado nada que confirme esta teoría. Así pues como me lo contaron a mí, os lo cuento a vosotros.

Al final “La isla de los hombres solos” me ha parecido una lectura muy interesante y hasta divertida, pese a su dureza y a la ruda escritura -el autor se negó a que se puliera el texto original-.

Au cacau.  

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Ladytron (GDS)


Más que el grupo de la semana, Ladytron se han convertido en la banda sonora de mis vacaciones. Cierto que ni el synth pop, ni la electrónica en general son músicas que asociemos a Costa Rica, pero hay vida más allá de Malpaís, la música popular guanacasteca, el reggae de Puerto Viejo, la soca caribeña o los ritmos antillanos. Mi iPod da fe de ello.

El cuarteto de Liverpool siempre ha sido una de mis debilidades y no solamente por contar entre sus miembros -o “miembras”, que diría la ministra Aído- con la búlgara Mira Aroyo. Esa perfecta conjunción entre elementos electrónicos y otros del pop-rock más tradicional, la mezcla de un sonido retro con otro más experimental, los interesantes juegos vocales entre las dos chicas, con mención especial a la preciosa voz de Helen Marnie, impregnan una propuesta de rock siglo XXI, tal cual lo diría el trepa de Tomás Fernando Flores, muy atractiva y aún más sugerente.

Formados en 1998, el cuarteto ya cuenta con cinco discos, de entre los que yo destacaría sus dos últimos, “Witching hour” y “Velocifero”, al cual ya me referí en otra ocasión. Fue justo con el lanzamiento del primero cuando se produjo un cambio fundamental en la trayectoria de Ladytron. Tanto en sus apariciones sobre el escenario, como en los videoclips y reportajes promocionales, decidieron pasar de su anterior apariencia un tanto fría y anodina, cuando no mojigata, a esa estética un tanto menos oscura y algo más futurista que lucen ahora.

Antes...
“Playgirl”

...y después:
“Destroy everything you touch”

También es verdad que, a veces, echo en falta aquellos devaneos próximos a la coldwave y los ritmos marciales presentes en algunos cortes de “Light & Magic” o “604”. En fin, que me molan un huevo Ladytron. Los de antes y los de ahora. Eso y que aún me estoy pegando cabezazos contra la pared porque vinieron a Valencia y me los perdí. Por culpa del Rojo
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