Jerusalén pasa por ser la ciudad más bizarra que he pisado en mi
vida. Bueno, bizarra no sería la palabra que mejor definiría a la capital de
Israel. Ese adjetivo se lo reservo a otros sitios en los que también he estado como Las Vegas, con sus millones de luces
de colores iluminando el cielo de Nevada, Vilna con esa mezcla de edificios
soviéticos, iglesias neoclásicas, casas tradicionales y barrios hippies, o Benifaió (Lupin sabe porqué... Mourinho no). Porque Jerusalén es más bien marciana. Pero marciana hasta decir
basta. El único lugar en el mundo donde te puedes topar con un tipo paseando alegremente
a sus hijos, vestido de sport y con una ametralladora de última generación colgada a la espalda. Yo anduve
por allí hace menos de un año y a pesar del poco tiempo que permanecí, quedé
tremendamente impresionado. Algo parecido, pero con mayor conocimiento de
causa, debió de pasarle al historetista canadiense Guy Delisle. Al menos eso se
desprende de la lectura de sus “Crónicas de Jerusalén”, en las que narra sus vivencias tras un año en la Ciudad Santa. Delisle
nos muestra las numerosas peculiaridades, extravagancias y situaciones absurdas
propias de Jerusalén, que el autor va descubriendo en sus vagabundeos: las
restricciones a la libertad de desplazamiento, los cacheos e interrogatorios
sistemáticos, los enfrentamientos entre las diferentes comunidades cristianas
que gestionan el Santo Sepulcro… Aportando así su personal visión de uno de los
conflictos más enquistados del planeta. Todo ello, como no podía ser de otra
forma, siguiendo su particular estilo sobrio y haciendo uso de un agudo sentido del humor.
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viernes, 20 de enero de 2012
Crónicas de Jerusalén
Por cierto que las fotografías son mías. En la de más arriba podréis observar a tres judíos, cada uno con el atuendo que mejor representa su devoción, pegando cabezazos contra el archiconocido "Muro de las lamentaciones". Aunque la de abajo mola más. Se trata de un obrero descansando en la Ciudad Vieja, después de una agotadora jornada de trabajo. Y es que, como veréis, no solo en Espain pasan ese tipo de cosas...
martes, 23 de agosto de 2011
Shenzhen by Delisle
Adoro la obra del
historetista canadiense Guy Delisle quien, junto al italiano Gipi y a su
compatriota Seth, forman mi trío de imprescindibles del comic. Cuento esto porque en espera de que se editen en castellano sus "Crónicas de Jerusalén",
me he vuelto a leer “Shenzhen”, una de las primeras aventuras del intrepido "reportero" franco-canadiense. En
ella el autor recoge sus impresiones tras un segundo viaje a China, en concreto a la ciudad del sur Shenzhen, a donde ha sido enviado para supervisar trabajos de animación durante un
periodo de tres meses. Si me he decidido por releer “Shenzhen” y no “Pyongyang”
o “Crónicas Birmanas” es precisamente porque de las tres es de esta de la que guardaba menos
recuerdos. Ahora tras revisitarla entiendo el porqué. Me parece que es la más
floja principalmente porque el peculiar estilo narrativo de Delisle, basado en la espontaneidad y en la técnica del "caos controlado", está peor perfilado que en
sus dos obras posteriores. Con todo la novela está repleta de momentos graciosísimos
y aunque solo fuera por eso ya merece la pena leerse. Reconozco que he pasado
un buen rato... again!!! Merci monsieur Delisle.
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Para los que no lo sepáis, Shenzhen
es aquella monstruosa ciudad que pasó en pocos años de ser un simple poblacho de
pescadores, a una gran metrópoli y uno de los principales centros de producción
del país. De hecho es una de las ciudades de más rápido crecimiento del mundo y
la más densamente poblada de toda China, lo que no es poca cosa.
domingo, 14 de septiembre de 2008
Crónicas Birmanas
Birmania es el antiguo nombre que
siguen utilizando los países que no reconocen al gobierno militar que tomó el
poder en Myanmar en el año 89. Pues bien, en pleno 2007, el
historietista canadiense Guy Delisle se marchó para allá a pasar un añito
como expatriado, compartiendo vivencias con su hijo y su pareja, una cooperante
de Médicos Sin Fronteras - Francia. Fruto de esta inolvidable experiencia
realizó este magnífico álbum en el cual refleja sus impresiones y vivencias por aquellos
lares.
A los que ya conocemos a Delisle no nos sorprendió este reportaje gráfico en
clave de humor, sobre la vida en el seno de una dictadura militar del sudeste
asiático. Es el sello del autor, que ya puso en práctica en obras como “Shenzen” o “Pyongyang”.
En estas “Crónicas Birmanas” vemos la vida cotidiana de un occidental residente
en Rangún. Para ello Delisle mezcla sus experiencias con ciertos aspectos que tienen que
ver con la historia y las tradiciones de este militarizado país. Una de las
dictaduras más sanguinarias del mundo. Todo eso utilizando un dibujo
minimalista en blanco y negro, que es característico en toda su obra.
Como ya hiciera en “Pyongyang”, el autor confronta sus insignificantes
preocupaciones de occidental –los problemas del primer mundo, vaya- con las serias
dificultades que atraviesan los habitantes de este pobre país en el que
despuntan las injusticias, la censura, la desinformación, las zonas prohibidas
y el miedo permanente. Una visión irónica, no exenta de denuncia y compromiso,
en el que cobra gran valor la labor de las ONGs, mostrando las enormes
dificultades que estas encuentran para llevar a cabo su misión.
No hay duda de que este álbum, muy bien editado por Astiberri, mantiene el
nivel de calidad que los anteriores. Y al igual que aquellos se erige como documento
imprescindible para entender lo que pasa en Birmania o Myanmar, de una manera
sucinta y hasta simpática, aun cuando lo que hay detrás de todo es terrible. Otra gran trabajo de Delisle. Y ya van unos cuantos en el debe de este figura.
lunes, 7 de abril de 2008
Pyongyang, de Guy Delisle
Pyongyang está en Corea del Norte. Localizada al
suroeste del país, cerca del río Taedong, tiene una población aproximada de tres
millones de habitantes. Pero poco más sabemos de la capital de uno de los
países más cerrados a la comunidad internacional, ya desde la proclamación como
presidente de Kim Il Sung en 1948. A su muerte, en julio de 1994, le sucederá
en el cargo su propio hijo, Kim Jong Il, quien actualmente comanda los
designios de la República Democrática Popular de Corea. A parte de esto, el conocimiento
que yo pueda tener sobre la realidad del lejano país asiático es escaso. Sabemos
de las tensiones generadas con los Estados Unidos por culpa de su programa
nuclear. También que practican una suerte de culto a la figura del líder, hasta
tal punto que algunos historiadores consideran al régimen como una dictadura Kimteocrática.
Y he leído algo sobre los mal llamados campos de reeducación,
pero poco más.
Pues allí que se plantó el dibujante
franco-canadiense Guy Delisle (Québec, 1966) para colaborar con los únicos
estudios de animación del país. Fruto de la estancia, va a reflejar en “Pyongyang”
(2003) esas experiencias vividas durante los “dos meses de buenos y leales
servicios”. Se trata por tanto de una novela autobiográfica que destaca en sus
formas por un dibujo sencillo, en blanco y negro, que resulta adecuado para
plasmar la atmósfera gris que impera en la capital norcoreana. Con un estilo de
corte minimalista, el dibujante crea uno de los más interesantes documentos
gráficos que existen sobre la vida en la actual Corea del Norte. Aunque lo más chulo
del cómic, a mi parecer, son las reacciones del personaje protagonista, el
propio Delisle, ante las situaciones que se le plantean. No deja de ser un
reflejo, en clave de humor, de las reacciones que tendría cualquier occidental medio
ante el clima de opresión, el bizarrismo o hasta el absurdo común en el
que se desarrolla el día a día en Pyongyang. Son innumerables las anécdotas incluidas
en el libro y a pesar de la seriedad del tema, o de la tristeza que nos puede
causar el conocer la tiranía que los norcoreanos sufren en sus carnes, el autor
consigue que nos riamos de y con ello.
Pero “Pyongyang” es, sobre todo, una gran novela gráfica escrita y dibujada por un autor más que interesante. Altamente recomendable tanto para amantes como no amantes de los tebeos.
Pero “Pyongyang” es, sobre todo, una gran novela gráfica escrita y dibujada por un autor más que interesante. Altamente recomendable tanto para amantes como no amantes de los tebeos.
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