Este conocidísimo álbum de
Maurice Sendak, publicado originalmente en el año 1963, ha sido objeto
de una reciente adaptación cinematográfica al cargo del siempre interesante Spike Jonze. Basándose en la obra original del ilustrador norteamericano, el también
director de la estupenda “El ladrón de orquídeas”, elaboró un guión del cual participó
ni más ni menos que Dave Eggers, uno de los más brillantes novelistas surgidos de
la “Generación quemada”. Si a todo ello le sumamos que la banda sonora original
está compuesta por la líder de mis adorados Yeah Yeah Yeahs, pues como
para no ir a verla.
Según Jonze, si escogió adaptar este clásico de la literatura infantil, fue por amor a la obra. Por lo que supuso y supone para él este cuento en el cual un niño desobediente crea su propio mundo imaginario. Un lugar poblado por feroces criaturas que le tienen a él como a su rey. Sin embargo, su intención no era la de hacer una película para niños, sino más bien un film sobre la infancia. Honestamente, después de ver la peli, creo que eso lo ha conseguido de sobra. Ha filmado la fantasía del crío como si se tratara de algo absolutamente real, permitiéndonos ver este mundo onírico tal cual lo ve, o sea, lleno de belleza pero también de temores y en ocasiones de cosas que producen auténtico pavor. Y eso que, formalmente, la película es casi calcada al libro de Sendak. Basta con echarle un vistazo para constatar como los monstruos y las ubicaciones son muy fieles al original.
Según Jonze, si escogió adaptar este clásico de la literatura infantil, fue por amor a la obra. Por lo que supuso y supone para él este cuento en el cual un niño desobediente crea su propio mundo imaginario. Un lugar poblado por feroces criaturas que le tienen a él como a su rey. Sin embargo, su intención no era la de hacer una película para niños, sino más bien un film sobre la infancia. Honestamente, después de ver la peli, creo que eso lo ha conseguido de sobra. Ha filmado la fantasía del crío como si se tratara de algo absolutamente real, permitiéndonos ver este mundo onírico tal cual lo ve, o sea, lleno de belleza pero también de temores y en ocasiones de cosas que producen auténtico pavor. Y eso que, formalmente, la película es casi calcada al libro de Sendak. Basta con echarle un vistazo para constatar como los monstruos y las ubicaciones son muy fieles al original.
Con todo, utilizando la terminología de Carlos Boyero, el visionado de “Donde viven los monstruos” no me ha conmovido. Me parece una película correcta, por momentos interesante,
pero a la que le falta algo… No sé, incluso se me ha llegado a hacer un pelín
larga. Y eso que, como bien apunta cierto sector de la crítica especializada, Jonze -o más bien la factoría de muñecos de Jim Henson- ha conseguido dotar a la
historia de un cariz más surrealista y metafórico del que encerraba el cuento. Pero
ni por esas…Vaya, que es divertida, pero sin volvernos locos.
Por cierto que, por pura
casualidad, durante estas semanas en las que he estado por San Francisco, me
topé con que el Contemporany Jewish Museum ofrecía una
retrospectiva sobre la obra de Maurice Sendak. Y ya que andaba
por allí, decidí acercarme… ¡Para no ver la exposición! Por
obra y gracia de la puta psicosis en la que viven instalados los
norteamericanos y muy especialmente los miembros de la comunidad judía. Parece ser que coincidió el que estaban en alerta roja tras el atentado fallido de Al-Qaeda en el aeropuerto de Detroit. De ahí que las medidas de seguridad en el acceso estavieran tan reforzadas, hasta el punto de que casi te hacían despelotarte para
entrar. Otro día os contaré lo que me pasó con más detalles...
Bye bye...


