viernes, 26 de febrero de 2010

Alemania, tierra de porteros extravagantes


Lo que más me llamó la atención del encuentro de Champions League disputado el pasado martes y que enfrentaba al VfB Stuttgart y al FC Barcelona, fue la patada de karate que Jens Lehmann, el guardameta del conjunto alemán, lanzó en dirección a Carles Puyol cuando éste se dirigía a disputarle un balón dividido. ¿Qué le pasa a Lehmann? ¿Está loco o qué? Y es que no es la primera vez que hace una de estas.

Las buenas actuaciones de Lehmann, si es que alguna vez las tuvo, ya quedan muy lejos en el tiempo. A mí personalmente siempre me pareció un futbolista sobrevalorado, que ya puede darse con un canto en los dientes por haber militado en los grandes equipos con los que ha jugado. Vale, reconozco que el afirmar que Lehmann es un mal portero es algo muy subjetivo, siempre habrá quien me pueda echar en cara algunas palomitas del alemán en su etapa inicial del Arsenal FC o el penalty detenido a Verón y que supuso la victoria del Schalke 04 en la final de la Copa de la UEFA de 1997. Ahora, lo que es estrictamente objetivo es que este bicho es un mal compañero y peor persona. Si no que se lo pregunten a Manu Almunia o al estonio Mart Poom, portero y actual preparador de porteros del Arsenal FC respectivamente, y a ver que cuentan del rubio de Essen. Pero es que encima el tío va de estrellita y ahora, con la cuarentena ya bien rebasada y padeciendo los males del que nunca tuvo (por lo que no puede retener), tan sólo es capaz de aparecer en los informativos fruto de sus excentricidades, como la patadita a lo Bruce Lee que da pié a este post, o por ponerse a mear en medio de un partido (en diciembre, contra el Unirea Urziceni), o por acudir a los entrenamientos de su club en helicóptero (el tipo vive a 250 kilómetros de Stuttgart)…

Con todo, la pregunta formulada respecto a Lehmann, se habría de hacer extensiva al resto de sus compatriotas: ¿qué coño les pasa a los porteros alemanes? Y es que la cosa viene de lejos y Lehmann no es ninguna excepción. Antes de Lehmann fue Oliver Kahn, aquel guaperas albino que alternaba vuelos imposibles con cagadas de campeonato y declaraciones impresentables con agresiones a rivales, y antes de él fue Bodo Illgner… vale sí, este último no era tan mal tipo como los otros dos, tan sólo era un poco autista… bueno, y un poco jorota también estaba.   

Aunque cualquiera de los desplantes protagonizados por Lehmann palidecen ante la salvajada cometida por Toni Schumacher en las semifinales del Mundial ’82.  Schumacher, nada que ver con el archiconocido piloto de F1, era el guardameta titular de Alemania durante el Campeonato Mundial de España. Además, a diferencia de los tres porteros mencionados con anterioridad, no estaba para nada sobrevalorado, ¡era un crack de la cabeza a los pies! Pero sus magníficas actuaciones bajo los palos quedaron en un segundo plano tras la brutal agresión al francés Battiston, durante las semifinales de aquel campeonato. El galo se quedó inconsciente, sin dientes y con dos vértebras rotas. "¿Y a mí qué?, debió pensar el Schumi, ya que mientras todo el mundo se preocupaba por el estado del delantero francés (al que algunos de sus compañeros creyeron ver muerto), él se dedicó a hacer estiramientos justo a su vera. Ese es el motivo de la leyenda negra de Schumacher, al que sus compatriotas crucificaron por ello. Bueno, por eso y porque después acusó a sus compañeros de selección de dopaje. Como veis una joyita el chaval… hasta el punto de que en una encuesta de la época, fue considerado como el tipo más odiado de Alemania, ¡¡¡por delante de Adolf Hitler!!!

Ah! Y que no se me olvide Sepp Maier, mítico cancerbero del Bayern Munich. Un tipo huraño, excéntrico y agresivo con sus compañeros de profesión, pero también con los chicos de la prensa. Cómo cuando le soltó una hostia a un redactor en mitad de un entrenamiento, para después justificarse diciendo que le pasaba factura por las tonterías que escribía sobre él. Además, ahora a la vejez, nos lo intenta explicar todo con semejante teoría: “un portero genial requiere unas cualidades innatas que no se pueden entrenar. Tiene que ser un fanático, casi un marginado en su propio equipo; en definitiva, ha de estar loco”. Sí, como teoría está de  puta madre, pero no explica: a) ¿por qué eso pasa más en Alemania que en otros lados; y b) ¿por qué casi ninguno de estos porteros pasa de discretito?

Siempre se ha dicho que los guardametas son gente extraña, peculiar e incluso enajenada. Hay quien dice que es por el rol solitario que desempeñan sobre el campo de fútbol… en fin, yo, como diría el bueno de Ronaldo, “nusé”, pero lo que es evidente es que en Alemania están más locos que en el resto del mundo… ¡¡¡como una puta regadera!!!

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PD. Y eso que no he mencionado al gran Timo Hildebrand, ese señor cuyo único mérito reconocible es el de guardar cierto parecido con Paul Banks (Julian Plenti, Interpol). Bueno y el de ser el futbolista con el nombre más apropiado que uno recuerda. Desde luego y a la vista de lo que hizo en el Valencia CF, le viene que ni pintado.

miércoles, 24 de febrero de 2010

La conjura contra América


Este libro ha supuesto que me reencuentre con uno de mis escritores favoritos, el norteamericano Philip Roth, sempiterno aspirante al Nobel de literatura y Premio Pulitzer 1998 por la magnífica “Pastoral americana”. En esta ocasión elabora un ejercicio de política ficción fabulando sobre las consecuencias que hubiera tenido una victoria Charles A. Lindbergh, héroe de la aviación, fanático aislacionista y antisemita, si este se hubiese presentado a las elecciones presidenciales de 1940. Para ello el autor no tiene que salirse del barrio judío de Newark en el que nació y pasó su infancia. Partiendo de este hecho que nunca sucedió, ya que Lindbergh no concurrió a esas elecciones que fueron ganadas por Franklin D. Roosevelt, Roth nos muestra como la vida de una familia judía, la suya propia, ha de enfrentarse a una ola de creciente antisemitismo alentada desde la presidencia de la nación.

El punto de partida es una verdad histórica y no sé si incomoda para algunos norteamericanos, los poco disimulados coqueteos del señor Lindbergh con el régimen nazi, en ese momento en pleno apogeo en Europa. El mítico aviador del “Spirit of Saint Louis” se había encargado de culpar públicamente a los judíos de empujar a los EEUU hacia una guerra absurda contra Alemania y las potencias del Eje. Fue en Des Moines, el 11 de enero de 1941, en una concentración del “America First Committee”, donde soltó su conocido discurso “¿Quiénes son los agitadores belicistas?”. No tiene desperdicio.
A partir de esto Philip Roth se imagina un país gobernado por el amigo Lindy, que se apresurará a firmar un acuerdo cordial con Adolf Hitler, aceptando así su conquista de Europa y su virulenta política antisemita. Una política que, de una forma más sibilina que la empleada por el alemán, irá implantándose en los EEUU. Vemos ese viraje fascista a través de los ojos de un niño, el joven Roth, que nos sumergirá en los temores habituales de la infancia y en los miedos de una sociedad aún en formación. Por otra parte no es nuevo el tema de la utilización del judío como chivo expiatorio o las teorías de la conspiración antisemita en las que nos embarca Philip Roth en “La conjura contra América”, sin embargo, lo que sí es novedoso es la maestría con la que nos lo cuenta.

¿Qué hubiera sucedido si el famoso piloto y héroe americano Lindbergh (u otro de su misma cuerda) se hubiera presentando a las elecciones norteamericanas y las hubiera ganado? Pues no lo sabemos. Como tampoco lo sabe Philip Roth, pero se agradece su esfuerzo en descifrarlo. ¿Un aviso para navegantes, tal vez?

martes, 23 de febrero de 2010

Detrás de Shutter Island: La inaudita pero verdadera historia de las instituciones mentales

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"Shutter Island transcurre en un macabro mundo que apenas ha sido llevado al cine: el de las instituciones psiquiátricas de la década de los cincuenta, en una época en la que el tratamiento de aquellos con los más violentos ataques de locura estaba a punto de experimentar una importante revolución. Cuando los oscuros días de los psiquiátricos “estilo barracón” dieron paso a una nueva época de potentes cirugías cerebrales y fármacos neurológicos, los pacientes se perdían en instituciones kafkianas mientras otros eran conejillos de nuevos experimentos en los que se basaron nuestras teorías contemporáneas sobre la demencia criminal. A medida que el misterio de Shutter Island se desenreda, Martin Scorsese nos transporta a un oscuro mundo que se mantuvo oculto hasta hace muy poco.

Las instituciones mentales se remontan a la Edad Media, pero incluso antes de entonces, las sociedades se debatían sobre qué hacer con aquellos tan locos que podían resultar un amenaza en el mundo exterior. Dicen incluso que la expresión “barco de locos” hace referencia a los barcos sin rumbo que llevaban a los locos a alta mar como una primera forma de institución.

Los manicomios europeos de los siglos XVI y XVII son los antecedentes de los de Estados Unidos. Eran fundamentalmente cárceles, no centros de tratamiento, agujeros inhóspitos en los que los pacientes estaban encadenados y eran tratados como animales, golpeados hasta la sumisión y “almacenados” en condiciones espantosas, a menudo hasta su muerte. Quizá el ejemplo más atroz fue el enorme Hospital Bethlehem de Londres, cuyo nombre se redujo a Bedlam Hospital, que a su vez dio lugar a la palabra inglesa bedlam, que significa “casa de confusión”. El hospital abría sus puertas a los visitantes, que a cambio de un penique, podían contemplar, insultar e instigar a los prisioneros. La sociedad les consideraba herramientas de la voluntad del Demonio, así que había escasa compasión hacia su sufrimiento. Sorprendentemente, por el contrario, los manicomios medievales de Persia eran relativamente progresistas y usaban baños calmantes, terapia con música y formas iniciales de psicoterapia para intentar reinsertar a los pacientes en la sociedad. Bedlam fue también una película de Val Lewton de 1946 cuyo reclamo era: “¡Sensacionales secretos de la atroz casa de locos REVELADOS!”

No fue hasta 1792 cuando un manicomio de París probó a cortar las cadenas de los pacientes y pasar de mazmorras sin ventanas a habitaciones con luz. El hecho de que algunos pacientes considerados incurables se recuperasen afianzó esta visión. Surgió entonces lentamente la era del “Nuevo Tratamiento”, que daba más importancia a buscar una cura, aunque a veces con métodos extremos y salvajes. Lamentablemente, en un principio se experimentó con horrendos tratamientos que iban desde hacer girar a los pacientes a gran velocidad en sillas especiales a “calmarles los nervios”, torturándoles literalmente para “hacerles volver a sus cabales”. Estas técnicas sólo contribuyeron a aumentar la reputación de los manicomios como lugares de espanto de los que pocos regresaban a la sociedad.

A lo largo del siguiente siglo y medio, los manicomios occidentales siguieron siendo lugares rodeados de miedo y repugna. El primero de Estados Unidos fue fundado por Benjamin Rush en 1769 en Williamsburg, Virginia, y fue la única institución de este tipo durante medio siglo. En esos años, la mayoría de los enfermos mentales del país eran recluidos en hospicios o cárceles, hasta que en 1827 una “Ley Referente a los Lunáticos”, prohibió el encarcelamiento de enfermos mentales y se construyeron varias instituciones. Aunque había algunos ejemplos más progresistas, fundamentalmente los manicomios fundados por los cuáqueros en Philadelphia, Boston y Nueva York, seguían siendo instituciones bastante poco acogedoras desde el punto de vista actual, y era habitual el uso de camisas de fuerza e incluso purgas y sangrados.

También surgió una nueva categoría de enfermos mentales, aquellos cuya locura provocaba terribles crímenes. En 1859, Nueva York inauguró el primer Manicomio Estatal para Criminales Trastornados.

Tras la primera guerra mundial, con las revolucionarias teorías de Freud y miles de veteranos con síndrome de guerra, las instituciones mentales comenzaron a mejorar sus condiciones, aunque los tratamientos seguían siendo espantosamente duros. En los años veinte el Dr. Henry A. Cotton, que dirigía el Manicomio de Lunáticos del Estado de Nueva Jersey fue pionero en una serie de cirugías que incluían extraer dientes, amígdalas, intestinos y órganos sexuales para evitar infecciones que se creía que inducían a la locura.

En los años treinta, el Dr. Egas Moniz, un neurólogo portugués, empezó a experimentar con la técnica que luego se conocería como lobotomía prefrontal, una cirugía radical que seccionaba fibras nerviosas en la parte del cerebro asociada con las emociones. Aunque efectivamente el tratamiento calmaba a los esquizofrénicos y las psicosis incurables, tenía un gran coste para la personalidad del paciente. Moniz llegó a recibir el premio Nóbel por el descubrimiento de esta técnica.

Durante los años 40, la lobotomía dio lugar una nueva época de la psiquiatría que profundizaba en la fisiología del cerebro y en las formas de alterarla. La escalofriante cifra de 40.000 estadounidenses, algunos con depresión, retraso mental o simplemente un carácter rebelde, fueron sometidos a esta intervención de consecuencias irreversibles. Otros métodos extremos eran los comas inducidos con insulina y la terapia de electroconvulsiones, conocida como “terapia de choque”. Afortunadamente, a finales de la década, la aparición de potentes fármacos neurolépticos, como los antidepresivos y los antipsicóticos, prometía una vía de tratamiento más humana, aunque no exenta de controversia.

Tras la segunda guerra mundial, se crearon por primera vez instituciones dirigidas a pacientes con traumas relacionados con el combate, y esto dio lugar a tratamientos más complejos y menos agresivos. Mientras, tras la caída del Telón de Acero, las instituciones mentales de Europa Oriental se ganaron la terrible fama de ser brutales lugares de castigo para los disidentes y presos políticos, en los que experimentos de control mental hicieron que muchos que entraron cuerdos perdieran completamente la razón."
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Como os mencioné ayer, este artículo venía en la ficha que de la película "Shutter Island" habían elaborado los responsables de los Cines Albatros y Babel de Valencia. Aunque buscando en la red, me he topado con que el mismo artículo aparece en la web "The Dreamers" firmado por un tal Nacho.

lunes, 22 de febrero de 2010

Shutter Island, Scorsese se saca la chorra y nos mea encima

Dependiendo del cariño que le tengáis a Martin Scorsese, del visionado de Shutter Island podéis extraer tres conclusiones bien diferentes. Si sois de los que pensáis que el director neoyorquino está claramente sobrevalorado, con esta película os reafirmareis en vuestra posición. Si os encontráis en el grupo de los que pensamos que la mejor época de Scorsese ya pasó, también os vendrá bien verla y así añorar aquellos tiempos en los que este tipo rodaba cosas como Taxi Driver o Toro Salvaje. Si por el contrario sois incondicionales del amigo Martin, al que consideráis un crack capaz de  convertir en oro todo lo que toca, pues una de dos, o salís de la sala pensando que hasta los más grandes tienen derecho a cagarla alguna vez, o bien aceptando la máxima de que los pedos de Scorsese huelen a flores, os ponéis la venda en los ojos y proclamáis a los cuatro vientos que Shutter Island” es una obra maestra. Si os hayáis entre estos últimos, siento comunicaros que los cuescos de Scorsese huelen igual de mal que los que nos echamos el resto de los mortales. En ocasiones incluso peor.  

Dicen los que saben de esto que el cine del neoyorquino es esencialmente formal y que cada una de sus nuevas películas supone un experimento en el cual tan importante es la historia como la forma de contarla. Sin embargo, lo que le salva del artificio es su pasión por los personajes, habiendo asumido que sin ellos no hay buen cine. Pues muy bien, como teoría me parece genial, el problema es que en su puesta en práctica patina a base de bien. Scorsese junta muchas imágenes supuestamente perturbadoras que no pasan, en el mejor de los casos, de desconcertantes pero en el mal sentido. Vamos, que uno tiene la impresión de que Scorsese ha jugado a ser David Lynch y no ha salido muy bien parado del experimento. Una decepción total.

Y la cosa no mejora si entramos a valorar la historia y los actores. Estamos ante un folletín detectivesco en el cual dos agentes federales acuden a una remota isla en la que se ubica un hospital psiquiátrico, para investigar la desaparición de una peligrosa asesina allí recluida. Hasta ahí bien, pero como la cosa va de los inescrutables senderos de la mente humana, el protagonista al tiempo que se enfrenta al caso, lo hace también a sus demonios interiores. Y eso justifica toda una serie de apariciones, alucinaciones y demás parafernalia onírico freudiana en forma de imágenes, que resulta bastante ridícula. Estas rayadas se corresponden con la distorsionada percepción que de la realidad sufre uno de los agentes, el prota de la peli, que está interpretado por el patético Leo di Caprio. Quien, como no podía ser de otra manera, lo hace de puta pena. Maldita sea la hora en la que Scorsese cambió a Robert de Niro por este niñato, ¿es que no había nadie mejor en el mercado? Y lo peor es que ni siquiera desentona en el conjunto, ya que sus compañeros de reparto Mark Ruffalo, Michelle Williams o Emily Mortimer, están incluso peor.

Vamos, que la peliculita es mala de solemnidad. Una paja mental que si recoge alguna buena crítica será única y exclusivamente porque viene firmada por este prestigioso director. O porqué parece inspirarse en la serie televisiva de moda “Perdidos” en algunos planteamientos y situaciones, lo cual habrá encantado al engreído de J.J. Abrams (“¿Scorsese copiándome a mi?”). Aunque, debemos ser justos y reconocer que, probablemente, toda la culpa no sea suya. Me han dicho que la novela de Dennis Lehane en la que se basa “Shutter Island” es canela fina. Eso sí, nadie le ha puesto una pistola en la cabeza para que escogiera adaptar esa mierda de libro. Y eso, para alguien que se jacta de entroncar con los clásicos en su condición de director que trabaja siempre con guiones ajenos, no es un pecado menor. Siendo uno de los pocos privilegiados que están en posición de permitirse hacer las películas que les salgan de la punta del nabo.

¡Ah! Y si habéis leído por ahí esas declaraciones en las que Scorsese confiesa referencias en su obra que van desde “Recuerda”(Alfred Hitchcock, 1945), a “La mujer pantera” y “Yo anduve con un zombie”(Jacques Tourneur 1942 y 1943, respectivamente), además de al cine expresionista alemán de los años 20 o a la literatura de Kafka, no les hagáis ni puto caso. ¡Este tío se ha vuelto loco! Vamos, que si algún gafapasta hace suyo semejante delirio y os recita estas palabras de viva voz, le escupís en la cara de mi parte.

En fin que, como comenta Mick LaSalle, crítico cinematográfico del San Francisco Chroniclela leyenda se interpone en el camino del artista (...) Scorsese debería dejar de intentar hacer obras maestras y probar a hacer buenas películas. Pues eso. 

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PD. Lo único interesante que encontré en Shutter Island” no es obra de Scorsese, sino de los responsables de los Cines Babel, la sala valenciana a la que acudí a ver la película. En la ficha informativa de la misma traspusieron un breve estudio sobre la historia de las instituciones mentales que, por su interés, enlazaré mañana. 

viernes, 19 de febrero de 2010

Amos, no me jodas (y van 3!!!!)

Gora Euskadi Ta Askatasuna... ¡¡¡y que viva el comando Facebook!!!

(La noticia, según El Correo) 


Entre la fotico, los comentarios en el perfil de Facebook, que a uno de ellos lo "desterraron" por fantoche (alardeaba de su pertencia a ETA) y esos colegas a los que pillaron por trapichear con drogas, uno tiene la sensación de estar ante el guión de la versión cañí de Austin Powers. ¡¡¡Con dos cojones, machotes!!!
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Addenda
Manel Fontdevila en el Público de hoy. 
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Gracias Laura.  

Abdominansar ataca de nuevo


Una historia que siempre me ha encantado es esa que cuenta el origen del gesto al que los ingleses se refieren como “to give the finger (fuck you)”, para nosotros el “jódete” de toa la vía o el “vete a tomar por culo”, o “sube aquí y verás París”, o “te vía poné mirando pá la Meca”, aunque este último supone una interpretación un tanto distorsionada... a la par que molona… je je je. No se si será cierta o es otra leyenda urbana que ha hecho fortuna entre la gente, pero hay quien cifra el nacimiento del gesto a mediados del siglo XIV, en el transcurso de la Guerra de los 100 años. Al parecer, en medio del fregado, los franceses se dieron cuenta de que estaban siendo derrotados por culpa de la precisión de los míticos arqueros ingleses. Y hartos de que los frieran a flechazos con su “lluvia de la muerte”, tomaron la resolución de que a cada arquero inglés capturado se le cortaría el dedo índice (con el que se tensa la cuerda del arco), para después mandarlo de vuelta a casa y que sirviera de escarmiento entre sus iguales. Como respuesta a ello, los ingleses inventaron el gestito de marras: levantar el dedo medio (o corazón) ante el enemigo y que significa, básicamente, “todavía me queda el dedo medio con el cual también puedo tensar la cuerda, así que, date por follao”… más o menos. Ante lo cual los franceses no se quedaron quietos. Así que resolvieron en cortarles los dos dedos, el índice y el medio, a ver si los muy cabrones se daban por vencidos de una puta vez. De ahí que la postura última para insultar al contrario, al menos en el Reino Unido, hayan sido los dos dedos en lugar de uno. Que me lo digan a mí, que por poco si no me sacan a hostias de un pub en Londres, por intentar pedir por gestos dos pintas de Bombardier.   

Todo esto rollo que os he puesto, es para arrojar un poco de luz sobre el gesto que parece complacer tanto al ex-Presidente Aznar. Algo que, por otra parte, comparte con otras grandes personalidades de la política, la cultura, la ciencia y la sabiduría en general. Véanse varios ejemplos: 
Mahmud Ahmanideyad, pacifista consumado y luchador incansable en pos de los derechos de las mujeres y los gays. (by Rainer Hachfeld, del Neues Deutschland
 Don Silvio Berlusconi, demócrata ejemplar, eminente pensador, siempre tan elegante él. 
George W. Bush, político visionario pero sobretodo hombre de bien, injustamente tratado por la historia.
Mini Yo, ídolo de Josemari.
El protagonista principal de "Gorilas en la niebla", el inspirador de Ánsar & Co.y, sin duda alguna, a quien yo elegiría de entre todos ellos si se enfrentaran en unas elecciones.  

Como veréis, un gesto que define mucho a estos personajes. Muy ilustrativo.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Amos, no me jodas!!!


¡¡¡Extra extra!!! ¡¡¡Últimas noticias!!!  Y es que en pleno miércoles de ceniza, fecha del calendario cristiano que da inicio a la Cuaresma, la prensa viene echando humo. Y no lo digo por las noticias relacionadas con la crisis económica y demás… o bueno sí, al menos en parte, ¿o sino como se explica que a un tipo lo hayan despedido de su trabajo por tirarse demasiados pedos? No va de broma, ha pasado en la “pérfida Albión”, ese país que da lecciones al mundo de cómo gestionar bien una crisis, concretamente en un poblacho que atiende al nombre de Burton-upon-Trent, en las West Midlands (esto último lo digo pa’ los que hayáis aprendido geografía británica gracias a los vuelos del Ryanair). En unos almacenes de suministro de esa localidad curraba un chaval que tenía facilidad para soltarse cuescos a diestro y siniestro. Sus jefes, ni cortos ni perezosos, han decidido desprenderse del “hombre metralleta” alegando “exceso de ventosidades en horario laboral”. Coño, esa si que es güena. ¡A donde vamos a ir a parar! Eso es un ERE encubierto y no lo de la SEAT. Menuda excusa de mal pagador para hacer recaer sobre el currela las consecuencias de la puta crisis. ¿No me diréis que el motivo de despido os parece normal?
Pero encima el empresario alega que el despido es procedente, "tras haber recibido 35 quejas" por las flatulencias que soltaba el menda. ¡35 quejas! Así que es un tema de cantidad. No es por que se haya peído en su jeta, no, ni porqué sus yufas huelan a rayos, sino por el número de veces que el chaval ha soltado lastre. ¿Pero quien decide cual es el número de pedos que uno se puede arrear antes de que lo despidan? O sea, ¿te puedes tirar 34 y sin problemas, pero al que hace 35 vas a la calle? ¿Quién fija ese límite? ¿Viene en el contrato? ¿En el convenio sectorial tal vez? ¿Y por qué emplear un criterio cuantitativo y no cualitativo? Ya puestos, ¿si huelen deberían contar doble, no? En fin, las cosas del empresariado que ya no sabe que inventar para joder a los pobres trabajadores.

Pero si os pensabais que esas cosas sólo ocurren en la Gran Bretaña, os equivocáis. El empresauriado patrio también sabe inventarse causas chorras de despido. Sin ir más lejos, durante el pasado año leí la noticia del despido de un cajero del Banco de Sabadell, ¡por exceso de bostezos! Fue en una sucursal de Ávila. Parece ser que la Dirección de RRHH de la entidad bancaria calificó el asunto de “faltas muy graves”. ¡Con dos cojones Mariloli! Si uno ya no va a poder ni bostezar en su puesto de trabajo, pues vamos apañados.

Y es que la cosa está mu malita y cualquier motivo es válido para despedir a la peña. Si hasta en los chistes de “un francés, un inglés y un español” han largado al inglés. No va de coña. Que lo escuché el otro día en “El club del chiste” de Antena 3. ¡Que han echado al inglés de los chistes y han puesto a un rumano! Tan sólo espero que le hayáis hecho contrato, panda de hideputas.


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Addenda (al affaire de los peos): “La firma que dirige el almacén de Waterstone y de la que depende la contratación de su personal, dijo que no era política de la empresa comentar la situación laboral de sus empleados o proveedores, por lo que dejarán que el asunto se diluya en el aire como una racha de viento más”. Sí, pero una racha de viento en la que no tiene cabida los efluvios anales de este pobre trabajador. ¡Cabronen!

martes, 16 de febrero de 2010

MTV Winter - Budweiser 2010

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Joder, no sé que poderes sobre el clima tienen los directivos de la MTV, pero siempre se las ingenian para que el MTV-Winter Valencia se celebre durante la jornada más fría del año en una ciudad poco acostumbrada a ponerse abrigo. Es como si Enlil, Tláloc y Zeus estuvieran a sueldo de la cadena musical y se conjuraran para que la celebración de este evento se enmarque en unas circunstancias ambientales que hagan honor a la estación del año en la que se celebra y que le da nombre.

Por lo que a mi respecta, tengo que reconocer que no tenía muy claro si acudir o no. Principalmente porque el cartel para la edición 2010 no me llamaba en absoluto, con los sobrevaloradísimos Artic Monkeys a la cabeza, y con dos teloneros “de lujo” que no los conocen ni en su casa. Y me da igual que  “Humbug”, el último álbum de los de Sheffield, aparezca en todos los listados de los mejores del año pasado, a mi no me dice nada, más de lo mismo… o como le gusta decir a un amigo mío, incluso menos (de lo mismo)… ja ja ja. Si a eso le unimos lo que os he comentado del frío ártico, muy adecuado para unos monos provenientes de aquellas latitudes, pero una putada para estar tres horas de plantón en un recinto al aire libre que, para más INRI, se sitúa entre las dos alas que conforman sendos edificios de “La Ciudad de las Artes y de las Ciencias”, generando un efecto similar al de un túnel de viento, pues os podéis imaginar lo mucho que me seducía el concierto. Y luego viene lo otro,  los males de la gratuidad y los efectos colaterales de la modernez impuesta por las tiendas de ropa y las cadenas comerciales de música y televisión. Consecuencia de esto último: Hordas de teenagers agolpándose en las entradas del recinto museístico.

Ese mismo sábado volvía yo de comer con mi familia y aprovechando que la reunión acabó muy pronto, me acerqué a una conocida librería del centro de Valencia. A la salida, aún mareado como un pato por culpa de la calefacción del local, me decidí por volver a pata hasta mi casa. ¡Joder que buena idea! Menuda rasca macho. Y encima todo el caminito padeciendo el sirimiri en la cara y con el moquillo colgando. Y eso que iba a marcha ligera y bien abrigadito, no como los chavales que, desde primera hora de la tarde, hacían cola en las paradas de las líneas de la EMT que llevan hasta la Ciutat de les Arts. Mala señal, pensé, sí a las 16:30, lloviendo y con un frío del carajo ya se ve semejante turbamulta de quinceañeros dirigiéndose al concierto, a la hora que tengo yo previsto acercarme me va a ser imposible acceder.

Bien, no se muy bien qué ni como paso, pero me levanté de la cama el domingo a mediodía, con la boca seca, rayos y truenos dentro de mi cabeza y lo que es peor, abrazado a una gigantesca botella de Budweiser. Uno es consciente que levantarse de esa guisa no dice nada bueno de lo acontecido la noche anterior. Alcohol, humo, música garrula, rotondas (sí ya lo sé, tengo una fijación con las rotondas… je je je), es de lo único que me acuerdo. Ah, y de que el concierto de los Artic Monkeys fue una puta mierda… o tal vez no, pero desde donde estábamos no se escuchaba muy bien. Eso sí, frío, lo que se dice frío, no recuerdo haber pasado. Pues eso... y que si queréis una crónica al uso del concierto, la buscáis en prensa… ¡o en el Internet coño!, que pa’ eso está. Hala, a mamarla!!!

lunes, 15 de febrero de 2010

Más vale tarde que nunca: El disco de los Manel

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Xé nano, mira que al principio la música de estos tipos me decía bien poco. En parte por que andaba embrutecido por los jodidos prejuicios, lo reconozco. El menda pensaba que Manel sería otra banda más de las que se benefician de cantar en catalán, motivo suficiente para que la TV3 y el resto de medios públicos y privados de Cataluña apuesten por ellos, independientemente de si son buenos o malos. Pues bien, no sé si están muy subvencionados o no, pero lo cierto es que cada vez que los escucho me gustan más. Y si han recibido todo ese apoyo, pues bienvenido sea, aunque sea sólo por esta vez. Y es que escucha tras escucha de “Els millors professors europeus”, que así se llama su disco de presentación, cada vez ando más prendado de su música. Hasta el punto de que he acabado por enamorarme de este peculiar cuarteto de Barcelona, sin duda alguna, lo mejor que ha salido en mucho tiempo de entre esa cosa que algunos llaman “rock en catalá”. Y ese es otro motivo por el cual me costó acercarme a los Manel. Mira que esa etiqueta (la de “rock en català”) le ha hecho daño al colectivo de músicos que emplean esa lengua como vehículo de expresión. Todo tiene cabida en ella, bueno, malo o regular, sea rock o no lo sea…tot bo!!!

Al principio, un amigo no hacía más que insistirme en que los escuchara, pero yo me hacía el loco. No quería perder el tiempo, una vez más, con algún engendro diarreico presentado en sociedad como “los nuevos Whiskyn’s” o con la enésima garrulada made in Gerard Quintana, Adriá Puntí o de algún otro eminente miembro de la secta. Porque mira que hay grupos malos que cantan en catalán. Sí, ya sé que eso también ocurre entre las bandas que cantan en castellano o en euskera, pero mientras que entre estas últimas el porcentaje de las que merecen la pena estará en torno al uno por cien, en el caso de las que cantan en catalán la ratio de “aprovechamiento” debe andar por una  entre millón, ¡como mínimo!

Pero mira tu por donde que, al final de la corrida, le hice caso a mi amigo… i a Déu gràcies!!! Por que los Manel, con esas canciones en las que mezclan pop, jarana y música tradicional catalana, merecen muchísimo la pena y, porque no decirlo, han conseguido darle un lavado de cara al rock en catalá. Coño si serán buenos que hasta las versiones, pese a las dudas que puedan suscitar a priori,  son chulísimas: el “No t’enyoro” de Els Pets, “La tortura” (“El broquil”) de Shakira, y muy especialmente el “Common people” (“Gent normal”) de los Pulp, que desde mi punto de vista (ohhhh, sacrilegio!!!) mejora la original. 

Ah!, y los videos cojonudos…no los enlazo aquí porque Youtube últimamente me está dando por saco... En fin, ojalá en breve se acerquen por aquí y así veremos como funcionan en directo.  

sábado, 13 de febrero de 2010

Fun home, de Alison Bechdel


Esta peculiar historia autobiográfica, escrita y dibujada por la norteamericana Alison Bechdel, fue incluida como una de los cien mejores libros del año 2006 por The New York Times. Con un sobrio dibujo a dos tintas, la Bechdel nos cuenta como transcurrió su infancia y adolescencia en el seno de una familia disfuncional como pocas. Con dos hermanos varones e hija de un profesor de inglés que dedica su tiempo libre a coleccionar antigüedades y a restaurar su casa victoriana y de una mujer, también profesora, que en ocasiones parece anulada por las extravagancias de su marido. Pero “Fun Home” es sobretodo una novela de reivindicación. Su autora homenajea a un padre distante que nunca hizo pública su condición homosexual, un aspecto que, por otra parte, comparten padre e hija. De lo que no nos quedan dudas es acerca de la admiración que la autora siente por su padre y eso que el texto está plagado de duros reproches hacia él.  

La historia es divertida y triste por partes iguales y eso no está nada mal, ahora, tiene un defecto importantísimo que lo desluce todo: es muy pedante... y pretenciosa. Todos esos paralelismos intelectualoides entre los miembros de la familia Bechdel y los protagonistas de “En busca del tiempo perdido” de Marcel Proust, el "Ulises" de Joyce o la propia vida de Oscar Wilde, acaban por abrumar al más pintado. Creo sinceramente que con menos reminiscencias literarias, este “divertido hogar” hubiera tenido más lustre. Por otra parte, me gusta mucho el que la autora haya sido capaz de presentarnos como una comedia, algo que se asemeja mucho más a una tragedia griega. O mejor dicho, a un puñetero drama, pese a que la pedantería omnipresente a lo largo de toda la obra consiga que, en ocasiones, nos lo tomemos a pitorreo. Y por eso digo que, al final, una obra que pintaba muy bien, se queda en un ejercicio de querer y no poder.

jueves, 11 de febrero de 2010

La carretera - The Road

A ver, no es que no me haya gustado la película, pero me esperaba algo más. Que sí, ya lo sé, que Viggo Mortensen y el chiquillo (bien guapo por cierto) lo hacen muy bien, que la fotografía al cargo de Javier Aguirresarobe se sale, que el trasfondo post-apocalíptico está muy logrado… pero es que el listón estaba muy alto, demasiado para un casi-debutante en estas lides como el australiano John Hillcoat. Probablemente, si estuviésemos ante una obra original, o una adaptación cinematográfica de la novela de algún manta, la hubiese valorado más. Pero es que “La carretera” se basa en la novela homónima escrita por Cormac McCarthy que ganó el Premio Pulitzer 2007. Y Mr. McCarthy pasa por ser uno de los mejores escritores vivos, ¡que coño!, juntamente al también norteamericano Philip Roth, los dos mejores que nos quedan. Así que, massa pa’ la carabassa Johnny!!!   

Y tenía muchísimas ganas de verla, la verdad. Fundamentalmente porqué me encantó la novela, por otra parte, como toda la obra de McCarthy. Pero es que además, mientras la leía, me parecía que podría salir una muy buena película de ella, a diferencia de lo que me pasa con otras obras suyas menos “cinematográficas” y de las cuales se anuncian inminentes adaptaciones al mundo del celuloide (en este sentido me tiene intrigado como el sobrevaloradísimo Todd Field va a resolver los problemas de adaptación que plantea la magnánima “Meridiano de sangre”). Concluyendo, que con “The Road (the movie)” me equivoqué. O se ha equivocado el señor Hillcoat.

Tampoco quiero ahuyentaros de las salas de cine, no sea cosa que el gremio de empresarios del sector vaya a por mí y me banee el blog. Ya os he comentado al principio del post que la película no me ha disgustado. Además, si no os habéis leído el libro, o sí, pero no sois fans del autor, es probable que os guste hasta mucho. Porqué la historia es inquietante, lúcida y te mantiene atado a la butaca del cine (o a la de lectura) hasta conocer el desenlace final. Y como os he dicho antes, los actores están bastante bien y las circunstancias “ambientales” que rodean esa desenfrenada huida hacia delante, de un padre y un hijo que luchan por sobrevivir en un ambiente hostil, también. Pero se echa en falta parte del sentimiento que transmite la novela. Y le sobran flashbacks explicativos de cosas que no hay necesidad de explicar. No hace falta decir que estos últimos son aportación personal del director.

En fin, haced lo que queráis. Aunque lo mejor sería que, independientemente de que vayáis al cine o no, os leáis el librito, que por cierto es bastante corto y te lo acabas en dos ratos. Y si queréis más sobre mi escritor favorito, ahí abajo dejo enlazado todo lo que escrito de él:



miércoles, 10 de febrero de 2010

De espíritus va la cosa


Como sabréis y si no os lo cuento yo, durante hoy y mañana se disputan los encuentros de vuelta de las semifinales de la Copa de SSMM el Rey de fútbol. En ellas parten con clara ventaja tanto el Atlético de Madrid, que le ganó 4 – 0 al Racing de Santander en el partido de ida, como el Sevilla FC, que le metió un 2 – 0 en su campo al Getafe CF. Es por ello que las directivas y el entorno de los dos clubs perdedores hayan lanzado campañas de apoyo a sus respectivos equipos, para que estos logren voltear la eliminatoria y disputen la final de Copa. Hasta aquí todo normal. El problema viene cuando vemos que lo han hecho ¡encomendándose a los espíritus! Concretamente al de Cocorotta y al de Obama.

La historia nos cuenta que el tal Corocotta fue un guerrero que vivió en el siglo I AC por las tierras del Cantábrico. Al parecer, se convirtió en un auténtico escollo para los romanos durante la disputa de las Guerras Cántabras. Así nos lo narra el historiador romano Dión Casio: “irritóse tanto [el emperador Augusto] al principio contra un tal Corocotta, bandolero español muy poderoso, que hizo pregonar una recompensa de doscientos mil sestercios a quien lo apresase; pero más tarde, como se le presentase espontáneamente, no sólo no le hizo ningún daño, sino que encima le regaló aquella suma.” Pues bien, es a este tío a quien se han encomendado los seguidores racinguistas para darle la vuelta a los cuatro goles de desventaja con los que parten en el encuentro de vuelta de las semifinales. Honestamente no creo que les llegue con la única ayuda del Cocorotta. Cuatro goles se antojan demasiada renta cuando tus delanteros se llaman Tchité y/o Xisco… o Canales, que el chaval será buenísimo, pero acaba de empezar en esto del fútbol. Así que, o Cocorotta se transforma en delantero-centro de los güenos, al estilo Luca Toni de antaño, y le cuela cuatro chicharros al Atleti, o los santanderinos se tendrán que conformar con ver la final por televisión.

El Getafe por el contrario, ha optado por no remontarse tan lejos en el tiempo e invocar a un espíritu más próximo: el de Obama… o para ser más exactos, al manoseadísimo “Yes we can”. ¡Cuanto partido le estamos sacando al latiguillo del actual inquilino de la Casa Blanca! Nos vale para todo, lo mismo da que hablemos de política que de deportes, da para un roto y para un descosido. Aunque en este supuesto, con todo lo difícil que debe ser ganarle al Sevilla, existen más posibilidades de que Obama ayude a los azulones, que Cocorotta (el calvorota) haga lo mismo con los racinguistas

Pos això...

...y que “en ocasiones veo muertos”.

El mercado de Bac Ha

Intentando organizar mi cada vez mayor archivo fotográfico, me he topado con este bonito recuerdo de un viaje que realicé hace unos años. En la foto, lanzada con mi pírrica cámara de por aquel entonces, se ve a un grupito de vendedoras en el mercadillo dominical de Bac Ha, al norte de Vietnam. Sita a unos sesenta kilómetros de Lao-Cai, frontera natural entre China y Vietnam, el poblado de Bac Ha se inserta en una zona montañosa alrededor de la cual hay numerosas aldeas habitadas por diferentes minorías étnicas. La diversidad es una característica del norte de Vietnam, en donde se congregan más de treinta etnias diferentes entre las que se encuentran los H’mong negros o floreados, los Dzao rojos o negros, los Zay, los Thai, etc.… Aunque sin ningún género de dudas, los más llamativos de todos ellos son los H’mong floreados, especialmente las mujeres, que van ataviadas con espectaculares trajes de colores, fabricados por ellas mismas con cáñamo y tiras bordadas. Precisamente a esta etnia pertenecen las señoras de la foto que da pie a esta entrada, omnipresentes en todo el mercado.

El mercado sólo se celebra los domingos y a él acuden gentes provenientes de aldeas lejanas que se acercan hasta allí con el propósito de comprar y vender todo tipo de productos: ganado, comida, tejidos… aunque las tribus de la Cochinchina son capaces de autoabastecerse de prácticamente todo lo que necesitan, con una única excepción: la sal. Pero el mercado no sirve tan sólo como zoco en el cual hacer negocio, la gente aprovecha para coincidir con sus familiares y amigos de otras tribus y fomentar las relaciones sociales. ¡Incluso es un lugar ideal para encontrar pareja! Al parecer los chicos jóvenes bajan hasta el mercado con esa intención y la tradición dicta que cuando les gusta una chica, se la llevan a su casa, en donde habrá de permanecer durante tres días sin salir, alimentada por los padres de él. Si la chica se come la comida, eso significa que acepta al chico, pero si no lo hace, al tercer día la dejan marchar y el chaval habrá de aceptar que le han dado calabazas. En fin, las cosas de las tribus 

lunes, 8 de febrero de 2010

Supercrepus es un crack!!!

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Joder, hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien en un concierto. Ha tenido que venir un tío desde Sant Joan Despí para que pasara. Y eso que el sábado nos acercamos hasta la sala Wah Wah con todas las reservas del mundo. En primer lugar porque ni servidor ni Ivanrojo, mi  compañero para la ocasión, somos especialmente fans de esta especie de  trovador tecno. Además desconfiábamos de encontrar entradas lo cual, para que os voy a engañar, no hubiera supuesto problema alguno porque veníamos reventaicos de casa. Supongo que algo tendrá que ver la “Fiesta Vinilo Valencia” y el “Post-party” del día anterior… y eso que no lo hicimos muy largo, pero es que los años no pasan en balde.

Bueno, vayamos por partes. Por escrupuloso “orden de entrada” primero toca referirse a la fiestecica del viernes. Se ve que doña Rita andaba contenta con el comienzo de la Copa América y se dignó a sufragar un apetecible concierto que habría de celebrarse en el Tinglado 2 del remodelado Puerto de Valencia. Por este escenario desfilaron, por este orden, La Habitación Roja, el cantautor asturiano Nacho Vegas y los incombustibles granainos de Los Planetas. Como todo concierto gratuito que se precie, el recinto se llenó hasta los topes desde mucho antes que comenzaran las actuaciones. Además, sé de buena fuente que para muchos universitarios ese día terminaban los exámenes, circunstancia que sin duda ayudó a completar el aforo. Aunque para mi desgracia y para la de algunos más, ninguna de las tres bandas sonó especialmente bien. Pero como la gente tenía ganas de farra y de pasarlo bien, poco importó.

Abrieron fuego La Habitación Roja, probablemente la banda más sobrevalorada que ha parido esta puta ciudad. Sí, lo siento chavales, pero no puedo con ellos. Cada vez que le veo el jeto al Pau ese, o escuchó la voz (o más bien la ausencia de voz) del tal Jorge Martí me dan arcadas. Y eso que, honestamente, he de reconocer que fueron los que mejor sonaron. A continuación le tocó el turno al gran Nacho Vegas por el cual servidor siente auténtica devoción. Y eso que mi idilio con el gijonés se remonta a hace bien poco, y es que antaño me costaba entrar en su rollo autodestructivo. Para mi desgracia es la vez que menos he disfrutado de su actuación, que como he dicho antes, estuvo bastante lastrada por la mala sonoridad. Esperemos que se desquite con prontitud en algún otro concierto, ofreciéndonos su extraordinario repertorio de canciones, incluyendo la particular versión del “Fare thee wheel, Miss Carousel” escrita originalmente por ese tejano mágico llamado John Townes Van Zant. El cierre de la velada lo protagonizaron Los Planetas, la sempiterna banda de Jota, ese hombre sin voz y con el pelo a lo afro (antes, porqué ya está medio calvo) al que debemos algunos de las mejores álbumes de la historia del pop español. Adoleciendo del mismo problema que sus dos predecesores, Los Planetas consiguieron ganarse a un público, ya de por sí entregado, incluyendo en su tracklist varias de sus mejores composiciones de ayer y de hoy. Yo disfruté especialmente con “Santos que yo te pinte”, aunque la verdad es que sus más de 10 años de carrera dan para un puñado de buenas canciones.

Ahora, si el concierto fue claramente mejorable, mejor ni hablamos de la post-party que los amigos de Vinilo Valencia montaron en el espigón (o espiJón) con La Habitación Roja DJ y Los Átomos DJ’s. Me asombra leer en algunas crónicas que fue la polla y no se cuantas cosas más, ya que, ni el local era el adecuado para este tipo de eventos, ni los DJ’s eran nada del otro jueves. ¡Que cojones! la sesión fue harto deficiente, digan lo que digan. Así que, otra vez será.

Y ahora vamos a lo bueno: la actuación de Joe Crepúsculo del día siguiente. Podríamos decir que la cosa comenzó bien. En un bareto justo al lado de la sala, mientras devorábamos un bocata y unas tapitas en la barra, coincidimos con Nacho Vegas chupándose una cazallas como un campeón. Lo más gracioso es que, justo a su vera, aunque sin reparar en la presencia del asturiano, se colocó Joe Crepúsculo con dos colegas que se limitaron a tomarse unas birritas, mientras observaban en el televisor como el Real Madrid pasaba por encima del RCD Espanyol. Un tipo peculiar el señor Crepúsculo. Personaje enanizado, con el pelo a lo Billy Ray Cyrus y con una bartola que haría las delicias de cualquier treintañero acomplejado de ver como el tiempo pasa y los cuerpos degeneran. Pero lo más grande de todo, es que tienes la impresión de estar ante un tío que se saca la chorra y nos mea a todos. Y como no podía ser de otra forma, haciendo gala de esa capacidad de micción, el tipo se subió sobre el escenario, tocó lo que le dio la gana y como le dio la gana, acabó cuando quiso sin bises ni pollas y nos ofreció un pedazo de concierto que recordaré durante muchísimo tiempo. Y la cosa tiene mérito, porque mira que el hombre canta mal y tiene peor aspecto, pero es salir y ganarse al público con su mera presencia. Carisma o magnetismo o como coño le queráis llamar… menudo crack esta hecho el barrilete cósmico. Así fue enlazando “Siento que muero”, “Todo lo bello es gratis”, Dirirí Dirididá”, “Escuela de Zebras” o “Suena brillante”, aunque lo mejor de todo lo dejó para el final. Como despedida y cierre eligió una versión tecno de “Al alba” de Luis Eduardo Aute, ¡de auténtica traca! La cancioncita mejora ostensiblemente la composición original y tiene visos de convertirse en el hit hortera de la temporada. En fin, que me lo pasé de la hostia.

Para terminar, una breve mención al personal presente durante la actuación de Supercrepus. ¡Jamás había visto reunidos tamaña cantidad de freaks en una sala de conciertos! Vamos, ni en un concierto de jevatas se junta lo que había allí. Y encima completamente entregados a la causa, dándolo todo como si la vida les fuera en ello, coreando todas y cada una de las canciones… increíble… un espectáculo digno de ser visto. Durante muchos años recordaré los bailoteos de “el barbas” y su colega “el quinceañero eunucoide”… o un oso pelanas que teníamos delante… ¿y que decir de “ricitos de oro” y sus colegas de la tercera edad?… En serio, lo más grande que he visto en mucho tiempo. ¡Viva Joe Crepúsculo y viva la madre que lo parió!      

martes, 2 de febrero de 2010

Neuromante, un cyber-lío de cojones



Cuando apareció publicada “Neuromante”, hablamos del año 1984, el mundo de la ciencia ficción se apresuró en elevarla a los altares, considerándola como obra cumbre de este género literario e introductora de un nuevo subgénero al que denominaron cyberpunk. Probablemente su autor, el norteamericano William Gibson, nunca llegó a soñar que con su primera novela alcanzaría semejante éxito, ni que iba a conseguir acaparar con una sola obra los tres principales premios del sci-fi: el Nebula, el Hugo y el Philip K. Dick de novela. Estas circunstancias han supuesto que el señor Gibson no tenga que padecer por su situación económica, ni la de sus hijos y nietos, de aquí a la eternidad. Y da lo mismo si el resto de sus obras son una basura, sus editores saben que con poner su nombre impreso en la portada del libro, este se convertirá en un gran éxito de ventas. También en el mundo del cine lo saben y lo han utilizado para dar lustre a películas que adaptan alguno de sus cuentos. Es el caso de esa obra maestra del séptimo arte titulada "Johnny Mnemonic", con el siempre expresivo Keanu Reeves en el papel principal. Léase con sorna lo de "obra maestra"… y lo del "expresivo" Reeves.

El caso es que si “Neuromante” es lo máximo que Gibson ha conseguido tras devanarse el cerebro, no quiero ni pensar en como serán el resto de sus novelas. Y no pienso comprobarlo, la verdad. Vale sí, que el tío escribiera la novelita a mediados de la década de los ochenta, anticipándose en varios años al impacto que causarían los temas relacionados con la realidad virtual, tiene su valor. Ahora, hubiera sido más meritorio que, con ese novedoso envoltorio, creara una historia mínimamente interesante y medianamente comprensible al lector. Porqué ahí radica el principal problema de “Neuromante”, en que no se entiende un pijo y lo poco que se deduce es una puta mierda. Un torrente de jerga indescifrable que se refiere a nebulosos e indefinidos mundos virtuales, con profusión de maquinitas fantasmagóricas y variedad de burradas a cada cual más grande, que no nos llevan a ningún sitio. Le quitamos el moderno embalaje cyberpunk y nos damos cuenta que lo poquito que se entiende es la misma historia (de mierda) mil veces contada, con mejor o peor fortuna, por otros tantos escritores. Un no parar de lugares comunes.

Y lo siento mucho si sois cyberpunkies (o como se diga) y consideráis que es un sacrilegio criticar a este pilar de tan glorioso movimiento. Pero es que siendo un habitual lector de novelas, muchas de las cuales son del género sci-fi, no acierto a comprender donde radica la gracia de “Neuromante”. Y me es imposible calificar como magnífico a un libro que lo único que hace es juntar frases y palabras, muchas de ellas inventadas por su autor, para al final no decir nada. Y nos tiene que dar igual que nos molen mucho las tecnologías de la información, la cibernética, la robótica, los nanoprocesadores y el resto de cachivaches propios del género, porqué esto es primera y principalmente literatura. Capish!!!

Para colmo, lo poco que se puede entender en la novela, tampoco es como para echar cohetes. La historia del prota, que se llama Case y es un “vaquero”, no mola nada. Por cierto que, lo de cowboy, poco tiene que ver con los míticos protagonistas de la pelis de John Ford. Aquí Gibson se refiere a unos desgraciados que se ganan la vida hurtando información en el ciberespacio, conectándose a unas consolas (no se concreta si es la Wii o la Xbox) lo cual les permite penetrar en “bloques de hielo” repletos de información. Y de la co-protagonista mejor ni hablar. La tal Molly es una especie de Lobezno en clave femenina. Aunque lo que más risa da de este personaje, es que lleva unas gafas implantadas quirúrgicamente. ¡Cojones!, tanto ciberespacio y tanta polla ¿y no han sido capaces de operarla de la vista como a la gente normal? ¿era necesario soldarle unas gafas en la cara? Ah! Y también mola mazo la visión que del futuro se nos da. Un carnavalito continuo que, por muy sombrío que nos lo quieran retratar, no da más miedo que cualquier película de Tim Burton. Eso sí, Norteamérica es representada como una única y gigantesca ciudad, el centro del mundo of course, mientras que Europa es un miserable vertedero. Aquí hay poca ciencia ficción, la misma visión que del mundo tenía Gibson en el 84, es compartida por sus compatriotas del presente. En fin, una novela bastante floja, la verdad.

Que coño floja, ¡¡¡infumable!!!
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