sábado, 29 de noviembre de 2008

Sir Thomas Aston junto a Casper (the friendly ghost)


Durante el siglo XVII y en la Inglaterra post-isabelina, se desarrolló una tipología pictórica consistente en la realización de grandes cuadros de caballete, con retratos del Rey Jacobo I y la Reina Ana -posteriormente serán de Carlos I, su heredero-, así como de otros cortesanos de la época. Una pintura que, vista en comparativa, dista mucho de lo que se estaba realizando por aquel entonces en Italia, España o Francia. Cuento esto para enmarcar esta mierda de cuadro con el que me he topado en un libro sobre el barroco inglés, mientras preparaba un trabajo para la Universidad. Algo que, por cierto, de barroco tiene bien poco.

Os lo he puesto porque a veces uno tiene la sensación de que hay cosas que se estudian únicamente porque son antiguas. Y es que parece obvio que esta cutrez carente de perspectivas y plagada de personajes ridículos dibujados siguiendo unas escalas absurdas, es obra de un artista mediocre y no la de un importante creador digno de ser reconocido por la historia del arte. Tened en cuenta que, en ese momento, en el concierto europeo habían surgido figuras como Velázquez, Van Dyck, Caravaggio o Rubens, por citar sólo a unos cuantos. Mientras tanto, en las islas, pues esto... Hasta que desembarquen por allá los grandes de la pintura flamenca.

Aunque bueno, cabe la posibilidad de que el perpetrador de esta basura fuese un cachondo mental. Alguien que, tirando de la célebre flema inglesa, estuviera burlándose de las élites de la Inglaterra setecentista y por extensión de todos los estudiosos del arte que con posterioridad habrían de analizar seriamente la obra. ¡Por qué no jodamos! Esto tiene que estar hecho a posta... Si no fijaos en la tipa muerta saliendo de la cama… ¿Qué es sino un claro antecedente del fantasmita Casper? Por cierto que el cuadrito de marras se titula “Retrato de Sir Thomas Aston junto al lecho de muerte de su esposa”. Fue pintado al óleo por John Souch allá por el año 1635. Ya ha llovido desde entonces…

Y eso nos enseñan en la Facultad de Historia del Arte. Así nos luce el pelo.

viernes, 28 de noviembre de 2008

Gira de Electric Six


Estos seis cabrones de arriba son los miembros de Electric Six, banda de Detroit liderada por el inefable Dick Valentine. Su carta de presentación es una versión del característico sonido garage de su ciudad natal, a la que añaden elementos propios del retrodisco

El caso es que en el transcurso de su gira 2007, tuvimos la suerte de verles en la Sala Durango. Pero como no todos los días son fiesta, ahora que vuelven a coger la furgoneta y rodar por las salas españolas, se han saltado Valencia para ir a parar al Auditorio de Murcia. En fin… Como no pienso acercarme hasta allá abajo, me quedo con los recuerdos y me consuelo revisando sus desopilantes vídeos. 

Dejo aquí aparcados los tres mejores: “Danger, High Voltage”, a la postre su primer “gran” éxito (con la curiosidad de que las voz de la chica es realmente la de Jack White de The White Stripes);  la archiconocida “Gay Bar”; Y el homenaje burlesco del clásico de Queen “Radio Ga Ga”.

Gay Bar 

Radio Ga Ga

Danger! High Voltage 

jueves, 27 de noviembre de 2008

Juventud Caníbal


Ya hace un tiempo colgué un post dedicado a dos libros de un mismo autor, que me habían gustado mucho: “No tengo miedo” y “Como Dios manda”. El escritor en cuestión era Niccolò Ammaniti, a quien la crítica de su país sitúa dentro del movimiento de “Los caníbales”. Pues bien, durante estos días me he leído la recopilación de relatos que dio nombre a este colectivo, “Juventud caníbal: Una antología del terror extremo”, en la que se recogen diez historias de otros tantos jóvenes escritores italianos. De hecho, he de reconocer que de todos ellos, apenas conocía al mencionado Ammaniti y a Aldo Nove, del cual llevo tiempo queriendo leer alguna cosita. En todo caso se trata de un colectivo muy heterogéneo en el que caben desde escritores noveles, a otros con bastante obra publicada e incluso algún premio, como en el caso de Andrea G. Pinketts, tres veces galardonado con el premio Mystfest. También aparecen realizadores de televisión, humoristas, periodistas o biólogos metidos a fabular en plan salvaje.

“Las páginas gritan sangre, la violencia explota con frialdad de laboratorio: más que escritores, nos encontramos ante científicos del horror y la frialdad. Aventurándose en la pesadilla, se sirven de la ironía como último refugio frente a la locura.” De esta forma nos anuncia la contraportada lo que vamos a encontrar en las páginas de un libro, que, cuando fue publicado en Italia hace ya trece años, supuso una auténtica conmoción en el panorama literario. Visto en perspectiva, podemos apreciar mejor la característica que comparten todos estos relatos. Más allá del canibalismo literario o de la supuesta juventud de sus autores -los hay desde veintiséis hasta cuarenta y pico-, todos tiran de un estilo directo que reconvierte el lenguaje escueto de la publicidad y del mundo audiovisual, para narrar sin tapujos sus historias truculentas. Lo de englobarlos a todos dentro de una misma corriente ya es más discutible, puesto que los caníbales son demasiado distintos por edad y contenidos como para constituir una generación o un movimiento.

El libro se estructura en tres partes. En la primera, subtitulada “Atrocidades diarias”, destacan el relato de apertura -“Nochecita” de Niccolò Ammaniti y Luisa Brancaccio – y el que le sigue -“El mundo del amor”- de Aldo Nove. También “Y Roma llora” de Alda Teodorani. El de Ammaniti y la Brancaccio es, desde mi punto de vista, el mejor del libro. Nos cuenta la noche loca de un niño pijo. Una especie de “Jo, qué noche” de Scorsese (1984) pero en versión salvaje. El relato de Aldo Nove es una rayada en la que dos hinchas embrutecidos mueren enlazados en una especie de sesenta y nueve lésbico tras castrarse por mero aburrimiento. Porque es domingo, no saben qué hacer y no tienen dinero para comprar un vídeo pornográfico decente. El de Teodorani es la historia de un eliminador de vagabundos a sueldo. La segunda parte “Juventud Caníbal”, llamada “Adolescencia feroz”, es quizás la más floja del libro. Aun así recoge el interesante relato “Cosas que yo no sé” de Matteo Galiazzo. La historia de una chica que se cartea con un recluso responsable de varios asesinatos y al que ella y su novio consideran una especie de profeta -“Santa Sangre” que diría Jodorowsky-. Un “ingenioso ensayo de subcultura teológica” tal cual fue definido por la crítica. La última parte incluye los dos relatos más extensos del libro: el tremebundo “El ruido” de Stefano Massaron y, a modo de despedida, “Día de paga en la calle Ferretto” al cargo de Paolo Caredda. El primero va sobre traumas infantiles, o de cómo a unos capullos caprichosos, responsables del suicidio de una niña gorda, la cosa les pasa factura tiempo después. El de Caredda es una historia de venganza narrada en primera persona por alguien cuyo trabajo consiste precisamente, en dar satisfacción a los agraviados con ansias de resarcimiento.

Así pues una tremenda colección de historias que me ha dado a conocer un buen puñado de autores a los que trataré de localizar. Además todo resulta muy actual. Y es que el paso del tiempo no ha restado frescura a unos cuentos en los que, citando a Aldo Nove, se presenta una imagen horrorosa de cosas que dan miedo, pese a que se viven con normalidad en ciertas conductas de masas y en determinados programas televisivos.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Danko Jones - Never too loud

Con cinco álbumes ya sobre las espaldas, Danko Jones lanzó este 2008 “Never too loud”, un buen disco de hard rock muy fiel a ese estilo cañero y macarra, rebosante de energía y fácil de escuchar para cualquier rocker de medio pelo. Según dicen la propuesta mejora en los directos. Ahí el gamberro músico canadiense y sus secuaces se dejan el alma e incluso algo más. Confiado de que alguna vez se presenten por estas tierras para comprobarlo, que mejor manera de esperar que con la escucha de este elepé. Editado por el sello sueco Bad Taste Empire, que tiene el honor de haber publicado sus dos mejores discos. Os hablo de este último y por supuesto de su antecesor “Sleep is the enemy”, en el que se incluía la archiconocida “First Date”.

Centrándonos de nuevo en “Never too loud”, decir que Mr. Jones se hace acompañar otra vez por John Calabrese al bajo y Dan Cornelius a la batería. Y el trío factura once temas repletos de sonidos afilados, certeros y totalmente compulsivos, marca de la casa. Aunque con menos decibelios y agresividad que antaño. De entre los cortes destacan “Code Of The Road”, single de presentación cuyo vídeo incrusto en el post, “King Of Magazines”, mi favorita, o la extraña “Forest For The Trees”, donde colabora el ínclito John García (Kyuss) y que para muchos es la mejor del álbum.

Lógicamente a quiénes ya seguíais a Danko Jones no os va a sorprender el disco. Pero al resto y muy especialmente a aquellos amantes de los sonidos más roqueros que no le conocierais, estoy seguro que os va a molar la peculiar propuesta de un tipo cuya personalidad y actitud no ofrece discusión. 


martes, 25 de noviembre de 2008

Asfixia


Hace un par de años -si no más- y por recomendación de mi compadre Ivanrojo, me aficioné a ese particular escritor nacido en Pasco y residente en Portland que atiende al nombre de Chuck Palahniuk. Entre la obra de este tipo se destacan varias novelas que son referentes de la literatura contemporánea. Si bien, en demasiadas ocasiones encontramos sus lanzamientos en la sección de nuevos escritores. Teniendo en cuenta que el tipo cuenta ya en su haber con una decena de novelas, la última a puntito de salir en castellano, no se entiende muy bien el criterio. Pero vaya, deben ser cosas del marketing utilizado por las editoriales y/o los libreros. La cosa suena aún más rara toda vez que Palahniuk es responsable de maravillas como “Superviviente”, “Nana”, “Rant” o esta “Asfixia” de la que a continuación os paso a hablar.

Y es que durante estos días se estrena en nuestras salas la adaptación que de “Asfixia” dirigió el hasta ahora guionista Clark Gregg. La historia de Victor Mancini. Aquel artista del timo y el engaño, adicto al sexo, figurante en un parque temático dedicado a la América colonial, hijo angustiado e insospechado héroe romántico que protagoniza la cuarta novela de Palahniuk. Junto a él y acompañándole en esta historia, se encuentra su amigo Denny, así como su madre Ida Mancini -una demente internada en un manicomio regentado por monjas, cuyos elevados costes suponen el origen de que Víctor se consagre profesionalmente al arte del engaño-.

Pues bien, poco convencido de la cosa, me acerque al cine para ver que ofrecía la película. Las dudas venían porque “Asfixia”, como toda obra de Palahniuk, me parece muy difícil de adaptar al universo del celuloide. De adaptar bien, se entiende, para sacarle todo el jugo. Además la única referencia que tenía de su director, era la participación como guionista en la nefasta “Lo que la verdad esconde” (2000) de Robert Zemeckis, así que... Pero vaya, una vez vista he de deciros que la cinta está bastante conseguida. No solo eso, sino que se erige desde ya como la mejor adaptación que de este admirable escritor se haya hecho hasta la fecha. Pasando por delante de la sobrevalorada “El club de la lucha” (1999), de David Fincher y a expensas de lo que nos deparé el estreno de “Monstruos invisibles”, que se anuncia para el 2010.

Así pues ya sabéis… Si os interesa pasar un buen rato viendo este alocado paseo por el mundo de las adicciones, los trabajos de mierda, la identidad indefinida y los más insondables anhelos del personal que puebla la América contemporánea, acercaos hasta el cine más cercano. Aunque ya puestos, mejor sería que le hincarais el diente a la excelente novela en la que se inspira. Y ya de paso, a cualquiera de las otras firmadas por Palahniuk.

Por cierto que, además de la acertada elección de Sam Rockwell en el papel de Victor, también destaca la labor de Anjelica Huston como Ida y la del propio director interpretando al Major del poblado colonial en el cual se desarrolla parte de la trama.
“Todo lo que hacemos es un intento de engañar a la gente para que nos quiera o se enamore de nosotros, y así mis personajes no son muy diferentes de la gente común y corriente” Chuck Palahniuk dixit. Amén.

domingo, 23 de noviembre de 2008

Damien Jurado en el Black Note - 21/11/2008


El pasado viernes noche tuve la suerte de ver en directo, por primera vez y espero que no la última, a uno de mis cantautores predilectos. Os hablo por supuesto del norteamericano Damien Jurado. La expectativa por tanto era muy alta. Más si cabe cuando el de Seattle acaba de lanzar su nuevo álbum, el noveno en apenas diez años de carrera. “Caught in the trees” que así se llama y que es, desde mi punto de vista, lo mejor que ha publicado hasta el momento. Un trabajo en el cual se respiran nuevos aires, sobre todo comparándolo con “And Now That I´m In Your Shadow”, su anterior entrega en formato quasi suicida. Bien es cierto que el cambio se refiere exclusivamente a lo instrumental, porque en lo que respecta a las letras “Caught in The Trees” es hasta más triste que aquel. O deliciosamente triste, para tirarme un pegote literario cual columnista de postín. Según parece, tiene que ver con el matrimonio Jurado, roto tras la friolera de trece años de felicidad. Cumpliendo con ese tópico que reza que los discos nacidos de un corazón partío tienen un algo especial que nos engancha y hace sentir como propias las desgracias ajenas. Esto sí que es un encuentro con el otro y no lo que contaba Kapuscinski.

Un poco antes que Damien, a eso de las diez y media, se plantó sobre el escenario el tal Llum, semidesconocido cantautor de la terreta. Y lo hizo a través de cinco o seis temas de folk desnudo y de habitación que no sonaron para nada mal. Para los que no lo sepáis, Llum no es otra cosa que el proyecto musical en solitario de Jesús Sáez, baterista de los valencianos Polar y también crítico musical. Inmediatamente después y tras saludar educadamente al respetable, salió a escena un Damien Jurado que de inmediato comenzó a desgranar los maravillosos cortes de su nuevo álbum. Empezando por “Gillian was a horse”continuando con “Paper Kite” y “Go first”, hasta alcanzar el clímax con “Caskets”, la mejor canción del disco y de la que os enlazo el bonito vídeo promocional.

La verdad es que, acudí al concierto sabiendo de la calidad de los cortes incluidos en “Caught in the Trees”, por lo que esperaba un bolo de padre y muy señor nuestro. Aun así la incertidumbre estaba en ver en qué plan nos visitaba su hacedor. Cuestión que quedó disipada tras los primeros acordes de “Gillian was a horse”. La cosa iba muy en serio. Damien y su grupo de acompañamiento vinieron a ofrecer un conciertazo, repleto de momentos mágicos a recordar durante años. Dignificando todos y cada uno de los trece cortes incluidos en el último trabajo. Teniendo tiempo para rememorar de forma brillante algunas cositas del pasado.

No he mencionado que la banda de acompañamiento estaba formada por Eric Fisher y Jenna Conrad, quienes intercambiaron instrumentos a lo largo de todo el show. De hecho, esta última se convirtió en una pieza fundamental en el engranaje del grupo, adquiriendo mayor protagonismo como cantante. Y es que su cálida voz funciona como un complemento ideal a la del maestro de ceremonias. El gran Damien Jurado. Un puto genio. Ojalá nos dure. 

jueves, 20 de noviembre de 2008

Como lágrimas en la lluvia



“Recuerdo la hipnótica y tenebrosa Blade Runner por su agobiante atmósfera, por su lírico sentido de la tragedia, por su nunca gratuita violencia, por Harrison Ford, hastiado y antiguo cazador de replicantes (...) por el romántico discurso que se larga el agónico Rutger Hauer...” (Carlos Boyero para el diario El Mundo).

Y no hay mucho más que añadir. Aquí os dejo esta secuencia mítica de “BladeRunner” (Ridley Scott - 1982). El discurso final del replicante Roy Batty:
“He visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir...”

martes, 18 de noviembre de 2008

Gomorra


Con un impactante diseño de portada, el perfil de unos cuchillos en color rosa sobre un fondo negro -adaptación de un lienzo de la serie “Knives” de Andy Warhol-, se presenta ante nosotros el “viaje al imperio económico y al sueño de poder de la Camorra” realizado por el napolitano Roberto Saviano. Lo más impresionante de todo es que escribió este libro, su debut literario, cuando tan sólo contaba con 27 primaveras. Vaya, que decidió jugársela bien aun con toda una vida por delante.

Fruto de las conversaciones con vecinos y residentes en la Campania, algunos de los cuales son o han sido amigos suyos, además de un arduo trabajo de documentación y estudio de diferentes sumarios judiciales en casos abiertos por la fiscalía antimafia, Saviano ha sido capaz de denunciar la realidad de una sociedad secuestrada por las bandas organizadas de delincuentes. O mejor dicho, por la actividad delictiva en sí misma ya que detrás de todo lo que da dinero al sur de Italia están los clanes de la Camorra. Y a ese sistema te adhieres o mueres. O huyes, como bien sabe él.

Es así como nos va desgranando los diferentes negocios que hacen fuertes a los camorristas: el tráfico de drogas, el de armas, la extorsión a empresarios y políticos, el mercado de las falsificaciones y el de la alta costura “made in Italy”, las franquicias, la construcción, la captación fraudulenta de ayudas europeas, el juego y la prostitución... Y por encima de todo, para mi sorpresa, los enjuegues derivados del arte de hacer desaparecer residuos industriales de grandes empresas del norte de Italia. Resalto este último ya que, según parece, es el causante de que los clanes de Casal di Principe, hayan amenazado de muerte al escritor. Anunciando a bombo y platillo que no llegará a Navidades con vida. 

Lo cierto es que Saviano no se corta un pelo y en el libro ofrece con todo lujo de detalles los nombres y apellidos de los camorristas, así como las localizaciones en las que desarrollan su actividad delictiva. Cuenta lo que ha visto y vivido, lo que le han contado fuentes directas, lo que ha leído y ha descubierto, y lo hace sin ambages, con rabia, revelándose contra ese sistema que atemoriza a las gentes de Nápoles y alrededores. Su propia gente. No es casual pues que una de las consecuencias del éxito de esta novela haya sido que los clanes  pusieran precio a su calva.

Por si os da pereza leer, desde el pasado viernes está en nuestros cines la adaptación que de la novela ha realizado Matteo Garrone. Para ello, el director romano ha metido las cámaras en los lugares originales en los que se desarrollan cinco de las historias recogidas por el libro. Hablo de los conflictivos barrios de Nápoles conocidos como “las casas azules”, “las casas de los pitufos”, “los barrios españoles”… También en los talleres clandestinos de Secondigliano, en el puerto de Nápoles o en la localidad de Casal di Principe, capital de los temidos Casalesi. Premiada durante la pasada edición del Festival de Cannes con el Gran Premio del Jurado, la película supone un acertado complemento a la novela. Descarnada y fría, refleja en imágenes la dureza con la que se desarrolla la vida de aquellos a los que le ha tocado ser actores, voluntarios o no, de esta dictadura de los clanes. Una existencia abocada al silencio y al cumplimiento de las estrictas reglas y códigos impuestos por la Camorra. Esto es tan cierto como que dos de los actores amateur con los que contó Garrone, fueron detenidos durante el transcurso del rodaje acusados de asociación mafiosa.

Con todo no recomiendo el visionado de “Gomorra” si antes no habéis leído el libro de Saviano. Podría pareceros caótica e imprecisa, cuando la historia dista mucho de serlo. Supongo que por limitaciones variadas, Garrone solo desarrolla unas cuantas historias, sin cruzarlas, sin la profundidad que requieren y alcanzan en las páginas libro. Tengo la sensación de que esa frialdad que mencionaba arriba, es autoimpuesta. El director pretende reflejar, descarnadamente, pasajes de la vida de una serie de personajes reales inmersos en el universo de la Camorra y poco más. Y sinceramente creo que lo consigue. Si bien, entiendo que la película solo funciona como complemento al libro. Tal vez no se entienda todo sin haberlo leído antes.

El caso es que, a día de hoy, Roberto Saviano ha de moverse por el mundo rodeado por seis escoltas. No pudiendo permanecer más de tres días en el mismo sitio, cuestión que le ha llevado a tener que abandonar su tierra. Independientemente de lo que le depare un futuro incierto, suponemos que a este valiente napolitano, siempre le quedará el orgullo de lanzar al aire el grito con el que cierra “Gomorra”: 
“¡Malditos bastardos, todavía estoy vivo!”

Ya para acabar citaré unas líneas que se recogen en la página 233 del libro:
“El cemento. Petróleo del sur. Todo nace en el cemento. No existe imperio económico nacido en el sur de Italia que no pase por la construcción: licitaciones, contratas, obras, cemento, grava, mortero, ladrillos, andamios, obreros... Este es el instrumental del empresario italiano. El empresario italiano que no tenga la base de su imperio en el cemento no tiene esperanza alguna.”

Y a mí que todo esto me suena tanto...

jueves, 13 de noviembre de 2008

Las crónicas de Narnia: El león, la bruja y su puta madre


“Las crónicas de Narnia: El león, la bruja y el armario” es una película no-dirigida por Andrew Adamson en el año 2005. Walt Disney Pictures en la producción, ¿cómo no? 
Lo más triste es que fui verla de estreno. Al Punt de la Ribera, si mal no recuerdo. Sí amigos y no fui acompañado por mi pareja, ni tenía entradas gratis, ni me amenazaron a punta de pistola… Vamos, que no hay ninguna eximente que justifique el haber tirado dos horas y pico de mi vida, además de los seis euros de rigor, a la basura. Se ve que en aquella época no había crisis. Tan sólo esgrimir en mi defensa que me acompañaban unos cuantos infelices más. Aunque ya se sabe que mal de muchos...

Y eso que la aventurita de estos cuatro hermanos que acceden a un mundo paralelo a través de un armario mágico mientras juegan al escondite, tenía una pinta malísima. Una adaptación de C.S. Lewis, el escritor más ñoña que ha parido madre. Pero es que además, en el trailer promocional salía un león parlanchín y eso nunca es buena señal. Grabadlo en vuestra mente: ¡No ir a ver cintas protagonizadas por animales que hablan! NEVER!!!

La cosa aún tiene más delito porque lo he vuelto a hacer. O sea, que he vuelto a ver “Las crónicas…” de los huevos. Si la primera vez lo puedo explicar -que no justificar- por cinefagia pura y dura, esta segunda no tiene perdón de Dios. Vale que uno tiene sobrinos pequeños y hay que hacer sacrificios cuando se está con ellos… ¡¡¡Pero no tantos, juer!!! En mi descargo diré que apenas le presté atención… ¿Cuela? Ya sé que no cabrones. Penitenziagite.

No voy a extenderme más. Reproduzco aquí el comentario que sobre la película colgué en su momento en la web del Filmaffinity. No me retracto de nada. Si acaso de quedarme corto a la hora de darle palos…
“Decepcionante película en todos los sentidos, ni entretiene, ni divierte, ni sorprende... ni se deja ver. Lenta hasta la saciedad, llena de forzadísimas situaciones, infumable en todos sus aspectos, fatalmente interpretada por unos niñatos a los que dan ganas de gasear y por una bruja mala que esperamos se dedique a partir de ahora a sus labores, por el bien del cine. Y por si no teníamos suficiente con todo este elenco de despropósitos, la película cae en los peores vicios de la factoría Disney, ñoñería, pasteleo, sensiblería barata... lo cual nos lleva a visionar una superproducción chusquera que se dedica a reproducir batallitas al estilo de las del Señor de los Anillos, pero en estas no muere ni el Tato... coño, parece un episodio del Equipo A!!!.Conclusión: Si quiere echar a la basura su tiempo y su dinero, si quiere castigar a sus hijos por portarse mal, o directamente si usted o sus hijos son gilipollas, pues vayan a verla....
P.D. Si alguien conoce la dirección de la bruja, los niños protagonistas y el director, o sabe de lugares que suelan frecuentar, por favor denles un par de hostias de mi parte...”

Vale… Voy a añadir un par de cosas:
1. ¿¡Que hostias hacía aquí la oscarizada Tilda Swinton, que va de buena actriz por la vida!?
2. ¿¡Cómo he podido aguantar un bodrio que dura 140 minutos dos veces?!

Mi próxima crítica será sobre “Las crónicas de Narnia: El prícipe Caspian”.

¡Y un huevo!

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Unforgiven


Cenando el pasado sábado, entre copita de Montsant y tercio de Alhambra, un amigo me hizo recordar una de las mejores escenas jamás filmadas. Pasaje icónico en la historia del séptimo arte, que supongo se estudiará en las facultades de cine de medio mundo. Y si no debería...  Se incluye hacia el final de esa obra maestra dirigida y protagonizada por el maestro Clint Eastwood allá por el 1992 y que se titula “Sin perdón”. Aquí os dejo esos gloriosos minutos de tamaño western crepuscular tal cual los he encontrado en el youtube. Sirva de modesto homenaje a un gran actor y excepcional director al que en algún momento echaremos de menos.
“- ¿Quién es el dueño de esta pocilga?
Tú, bola de grasa, contesta.
- Eh, yo soy el dueño de este local.
Se lo compré a Greely por 1.000 dólares.
- Será mejor que se aparte.
- Baje ese rifle, ¡quieto!
(¡¡¡BANG!!!)
- ¡Es usted un miserable y cobarde hijo de perra!
Ha matado a un hombre desarmado.

- Pues debió haberse armado cuando decidió decorar su Salón con mi amigo”
“- Ahora voy a salir, si veo a algún cabrón ahí fuera, le mataré, y si a algún cabrón se le ocurre dispararme, no solo le mataré a él, sino que mataré a su mujer, a todos sus amigos, y quemaré su maldita casa, ¿Me habéis oído? - Deberíais enterrar a Ned como dios manda... y como alguno de vosotros vuelva a maltratar a otra puta, volveré aquí y os mataré a todos, malditos hijos de perra”

martes, 11 de noviembre de 2008

Ladytron, “Velocifero”


Una de las agradables sorpresas musicales de este 2008, es lo último de los británicos Ladytron. Quién nos iba a decir en el 2001 que estos cuatro chicos de Liverpool, con pinta de aprendices de Kraftwerk y  nombre de canción de la Roxy Music, iban a volver con este pedazo de disco bajo el brazo. Y es que Ladytron están de vuelta con “Velocifero”, el cuarto trabajo en su aún corta trayectoria. Desde ya uno de los momentazos del año en lo que a lanzamientos se refiere.

El álbum se presenta como un perfecto cruce de melodías pop ochenteras, ramalazos de rock machacón y, sobretodo, bases electrónicas de todo tipo y condición. Más cañeras en el caso de “Runaway”, o tirando a lánguidas como en el de “Ghosts”. Es por ello que se haga difícil bautizar estilísticamente el nuevo artefacto. La receta se compone de diferentes elementos que, una vez mezclados y adecuadamente presentados, configuran un sonido propio con el que es complicado establecer comparaciones. No obstante, aunque parezca contradictorio y seguramente lo sea, escuchando algunos de los cortes me vienen a la cabeza mil grupos… Desde My Bloody Valentine, a Nine Inch Nails, pasando por Butterfly Messiah… Aunque luego los vas descartando uno tras otro.

Con todo, lo más interesante de “Velocifero” es como ahonda en esos sonidos teñidos de oscuridad, muy en la línea del electro-dark centroeuropeo, pero sin renunciar a las melodías dulces conducidas por la voz seductora de Helen Marnie. Tampoco a las distorsiones, a las potentes percusiones y a las guitarras, por supuesto. A mí lo que más me gusta es la contundencia rítmica en canciones como “Black Cat”, cantada en búlgaro por Mira Aroyo. También las siniestras atmósferas de “Burning Up”, a mi modo de ver, el mejor corte de todo el álbum. Sin perder de vista el que es y será el pepino promocional: “They Gave you a Heart, They Gave you a Name”.

Así pues y en resumen, gran retorno el de Marnie, la búlgara y los dos maromos a través de un gran disco que no decae en ningún momento durante sus trece canciones. Que no obtendrá el inmenso caudal de loas y parabienes de su predecesor “Witching Hour” y eso que, en varios aspectos, lo supera. Lástima no poder ver su puesta en escena y eso que lo tuve cerca. Hace unos meses pasaron por Valencia en el marco de su gira española y me los perdí. Otra vez será.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Pánico a una muerte ridícula


Hace un año o así me harté reír con “Un funeral de muerte”, comedia negra dirigida por Frank Oz. En ella asistimos a las peripecias de una mal avenida familia que se ve abocada a preparar el funeral del patriarca, recientemente fallecido. La cosa se enreda cuando en plena ceremonia aparece un desconocido que afirma ser el amante secreto del difunto. El sujeto, un enano interpretado por Peter Dinklage, se matará accidentalmente en el transcurso del sepelio. Lo cual, por las circunstancias y el contexto en el que se produce, resulta una muerte bastante ridícula. El asunto me recordó un caso real producido hace unos años en Ucrania y en un contexto similar. Allí el finado había pasado al otro barrio tras ingerir un licor casero adquirido en el mercado negro. Lo tronchante del asunto es que algún crack –no sabemos si amigo, enemigo, familiar o lo que fuera del difunto- tuvo la brillante idea de servir el mismo brebaje durante las exequias. El resultado no se hizo esperar: diez fallecidos entre los asistentes. Cumpliéndose aquello que reza el refrán que de un entierro salen diez más. Sucedió en la localidad de Zabolotye en junio de 1988.
Pero vaya, que lo del funeral ucraniano no es la excepción. Si buscas un poco por Internet puedes toparte con decenas de casos en los que personas, algunas de ellas ilustres, mueren de las formas más grotescas. Que hasta para morirse hay que hacerlo con dignidad, que la red es muy mala y se chotean de uno. Y eso no es nuevo, pasa de toda la vida, desde la antigua Grecia. O si no que se lo cuenten al dramaturgo Esquilo o al filósofo estoico Crisipo. El primero murió cuando un quebrantahuesos soltó un caparazón de tortuga sobre su cabeza, confundiéndole con una roca. Que hay que tener mala follá…  ¡Y puntería! Además de un buen melón para que el puto pajarraco lo divise desde las alturas. Del fundador de la gramática griega cuentan que murió partiéndose la polla de su burro borracho, cuando intentaba comerse unos higos. Esto sí que es morirse de la risa, literalmente. Lo curioso es que esa causal, causó furor en la antigua Grecia. A la muerte de Crisipo de Solos, hemos de sumar la del adivino Calcas, la del filósofo Quilón de Esparta, la del pintor Zeuxis o la del poeta cómico Filemón, todos por ataque de risa. Y es que estos griegos sí que sabían pasarlo bien.

Ya hace unos años la banda madrileña Def Con Dos sacaría un álbum que incluía un tema con este estribillo: “electrocutarte al cambiar una bombilla, suicidarte sin mirar la Primitiva, ahogarte en la piscina, de un barco, desnucarte en la bañera fornicando…” La canción se titula “Pánico a una muerte ridícula” y el álbum, “Alzheimer”, lanzado originalmente en 1989. En ella se habla de este tipo de sucesos, mencionando varios casos reales de extraños decesos a los que podríamos tildar de poco honrosos. Porque hay peña que tiene que montar el número hasta para morirse, como el amigo Kenneth Pynian, que falleció a causa de una peritonitis tras practicar sexo con un caballo. Al parecer, el tipo retrasó su visita al hospital, suponemos que por vergüenza, ya que se hubiera visto obligado a relatar el incidente. Lo curioso es que ese caso ocasionó que el estado de Whasington legislase y criminalizase la zoofilia. ¿Y que me decís del caso de Claude François? El popular “Clo-Clo”, ídolo de la generación ye-ye francesa junto a Dalida, Sylvie Vartan o Johnny Halliday. Y es que el espabilao tuvo la ocurrencia de ponerse a cambiar una bombilla del cuarto de baño, recién salido de la bañera y sin secarse. El resultado lo podéis intuir: “Clo-Clo” a la brasa… “electrocutarse al cambiar una bombilla…”

El mundo de la música ofrece varios casos dignos de mención. Y es que es una buena cantera de frikis y colgados de diferente gama, pelaje o condición. Uno de los fallecimientos más cómicos fue el de Mama Cass, la cantante grandota de The Mamas & the Papas. La buena mujer murió atragantada mientras se zampaba un sándwich, aunque algunos afirman que se trata de una leyenda urbana. Pero vaya, ¿no me digáis que no os viene a la mente el affaire de Bush y la galletita salada? Solo diré que morirse atragantado hubiera sido una muerte apropiada para un personaje tan indigno. Retornando a la cosa musical, como no hablar del guarrete de Michael Hutchence, cantante de los INXSque perdió la vida pajeándose. Mickey apareció asfixiado en la habitación de su hotel con una bolsa en la cabeza. Se la colocó para, según parece, aumentar el placer mientras se masturbaba. Que hay que ser inútil para morirte haciéndote una gallola, pero bueno, allá cada cual con su manera de aliviarse. Me pregunto si en el biopic que se está preparando, se hará mención al bochornoso episodio.

Más original fue lo del músico barroco Jean Baptiste Lully, uno de los introductores de la ópera en Francia. Murió por gangrena tras clavarse un bastón de compás en el pie, mientras marcaba el ritmo de una pieza musical. Como para que le echasen en cara falta de energía en la dirección. O Billy Murcia, miembro original de los New York Dolls, quien tras una noche de juerga, con pasote de todo tipo de sustancias, quedó inconsciente. Su novia, que también andaría bastante perjudicada, se acordó de que el café ayuda a espabilarse. Así pues, se fue a la cocina a preparar litros de café y cuando le pareció que ya tenía suficiente, cogió la cabeza de su novio, le abrió la boca y comenzó a abocarle el mejunje. Nada dañino, debió de pensar la muchacha, potencial premio Nobel de algo. Pues hombre, si estás inconsciente, te abren el gaznate y empiezan a meterte litros de café como si fuera agüita del río, lo normal es que la cosa no acabe muy bien ¿no? Vamos, que no hace falta ser un lince para entenderlo. ¿Y que me decís del bueno de “Poolie” Neuman? El conocido trompetista de Count Basie o Lionel Hampton, muerto por una hemorragia en el pene, tras reventarle algo por ahí abajo debido al exceso de presión.

También el mundo del cine ofrece su tributo a esta categoría de indignos fallecimientos. ¿Os acordáis de Divine, la musa obesa y travestida de John Waters? Pues murió por ahogamiento al verse impedida para darse la vuelta en la cama mientras dormía. Sin salirnos del universo cinematográfico, varias son las películas que han recogido algunos de estos casos con mayor o menor fortuna. Por ejemplo “Open Water” (Chris Kentis, 2004), angustioso film que relata las últimas horas de Tom y Hielen Lonergan, desaparecidos en 1998 al ser olvidados por la barcaza que los había transportado a la gran barrera de coral, para una práctica de buceo en grupo. El responsable de la embarcación alegó que los dejó accidentalmente, tras un conteo incorrecto. Impagable sería ver el careto de los dos buceadores al salir del agua y no ver la barquita… Debieron pensar, ¿esto es una puta broma? Y no. Otra cinta que cuenta una muerte ridícula es “Grizzly Man” (2005) de Werner Herzog. Este documental se centra en la figura del norteamericano Timothy Treadwell, un flipado que presumía de vivir entre los osos grizzly sin que le pasase nada. Pues va a ser que no era del todo cierto. Su obsesión por estos plantígrados le ocasionó la muerte a él y a su pareja Amie Huguenard. Y es que los osos alaskeños decidieron consumir la sabrosa carne y menudillos de tamaño colgado y señora. Que las amistades duran lo que duran…

Capítulo aparte merecen aquellos inventores que en su búsqueda por descubrir lo que sea, fueron capaces de someterse a todo tipo pruebas con fatales consecuencias. De todos los que he encontrado y os aseguro que se cuentan por centenas, mencionaré a Thomas Migdley, ingeniero y químico estadounidense. El hombre falleció en 1944 cuando, suponemos que accidentalmente, se enredó con las cuerdas de un aparato que había diseñado para poder levantarse de la cama. Que menuda mierda de invento, vaya. Así pues muerto por estrangulamiento. O muerto por la ciencia, al igual que el físico ruso Alexander Bogdanov, quien en búsqueda de una fórmula mágica para rejuvenecer, decidió que era una buena idea el realizarse una transfusión de sangre desde un paciente aquejado de malaria y tuberculosis. Como no podía ser de otra forma, murió a causa de la infección. Nadie debió de explicarle el porqué de que hubiera tantas ratas en el jodido laboratorio. Y ya por último este otro que si bien no es exactamente un inventor, “como si lo siriese”. Un coleccionista de cosas tecnológicas que se asfixió con una máscara de submanirismo estropeada. El tipo se agenció un equipo de los que utilizaban los hombres rana de la marina rusa y quiso repararlo, pero no le fue bien. Cuando lo probó en su habitación, simplemente se asfixió.

Paso a relatar unos cuantos casos más, bastante recientes. Afectan a desconocidos y es probable que os suenen, ya que han sido recogidos por diferentes medios. Primero el de una tipa que murió en California el pasado año, participando de un concurso radiofónico. El reto consistía en beber la mayor cantidad de agua posible en quince minutos y sin ir a orinar. La chica murió por hiperhidratación tras ingerir más de siete litros y medio de agua. El concurso tenía como reclamo “retén tu pipí por una Wii”. Concluiremos que eso sí que es morirse por conseguir una videoconsola y no lo de guardar cola en la puerta de la Fnac durante las Navidades pasadas. Ese mismo año, pero en la India, el Teniente de Alcalde de Delhi murió despeñado desde el balcón de su casa, tras ser pateado por una horda de furibundos macacos. Manda huevos que lo que no fue capaz de hacer ningún delhiense tuviesen que hacerlo unos putos monos. Y nosotros somos la especie superior… Ja. En mayo del presente año y en la civilizada Suiza, un joven murió al caer desde el balcón de su hotel, en el marco de una competición de escupitajos. Según parece el menda tomó demasiada carrerilla, perdiendo el equilibrio y precipitándose a la calle desde una altura de más de siete metros. Genio y figura el muchacho. Después dicen de los de pueblo. O aquel chorizo californiano que murió después de atravesar el techo de la tienda de bicicletas que intentaba robar. Lo hizo ensartado por la linterna que se había colocado en la boca, para dejar las manos libres… En fin…

Dos casos más ya para terminar. Además vienen con moraleja. El primero tiene que ver con Allan Pinkerton, fundador de la famosa agencia de detectives. Muerto a causa de una fuerte infección provocada tras morderse la lengua al resbalar y caer sobre la acera. La lección a aprender aquí es que cuando valláis por la acera, cuidadín de tropezar con los bordillos -¡o con las putas líneas del enlozado! Eso y que no vayáis con la lengua afuera, así no os la podréis morder. Hacedme caso, que lo ha dicho el médico cabrón de “Saber Vivir”. El segundo tiene como protagonistas a dos estudiantes universitarios de Houston, arrollados por un tren durante la noche del Viernes Santo de 1997. Al parecer, tras colocar unas monedas en los raíles, se alejaron para observar desde la distancia pero sin percatarse de que estaban colocandose sobre otro juego de vías y de que arribaba un tren de alta velocidad. La moraleja aquí podría ser que no hay que dejar pasta allí dónde no toca, pero no… Lo que yo concluyo de este asunto es que, hoy día, a cualquiera lo aceptan en la Universidad. Y es que macho, ¿qué hacían dos tíos con los huevos peludos poniendo moneditas en las vías? Eso los hacen los niños de diez años, ¡so mendrugos!

Y podría seguir ad eternum, porque casos hay para dar y tomar. Pero vaya, que si os interesa, los buscáis vosotros mismos, que yo estoy hasta los huevos de esta entrada. Así pues me despido con un caso ridículo que me queda cerca en términos de tiempo y espacio. Y es que las páginas del Levante-EMV recogen la noticia de un señor que ha fallecido por las quemaduras ocasionadas por el fuego de una paella. Que joder, mira que hay formas tontas de morirse, ¿pero achicharrarse haciendo una paella? También es verdad que no hay forma más valenciana de pasar a mejor vida que esa. Aunque bueno, yo por si acaso voy a dejar de hacer paellas, que tampoco soy tan valenciano. Y hasta de cocinar, no sea cosa que muera abrasado por el caldo del puchero. Veremos qué opina la parienta... Y ahora sí, punto y final. Hostia puta, que m'ha quedao largo…
“Onanismo casero desbocado
en la cocina del lord diputado.
Bolsa de plástico en la cabeza
y en el muslo las ligas de la asistenta.”

viernes, 7 de noviembre de 2008

El Plan Maestro, de Heather Pringle


Compré este libro hace ya más de un año y casi por equivocación. Pensaba que trataba la figura de Joseph Goebbels y no es así. Eso me pasa por no leer la contraportada. Lo cierto es que, más allá de ese pequeño detalle, el libro comienza muy bien y acaba no tanto. Y es que tengo la sensación de que a la autora le ha venido grande la empresa y pese a una increíble tarea de documentación e indagación, ha sido incapaz de llegar a conclusiones inteligibles. El estudio se acaba perdiendo entre una retahíla de datos más o menos conectados, algunos interesantes y otros no tanto, que aturullan hasta el lector más avezado. Hasta el punto de que en ocasiones, no se entiende bien que aportan al conjunto. Con todo, tras un año de lectura fragmentada, que se dice pronto, me he acabado el librito de marras.

“El Plan Maestro” se centra en la llamada arqueología fantástica al servicio del régimen nazi y en su principal responsable. Me refiero al jefe de las temidas SS, Heinrich Himmler, uno de los líderes nazis más emblemáticos. Pero más que en él, el libro se centra en la Ahnenerbe -Comunidad para la Investigación y Enseñanza sobre la Herencia Ancestral-. Una organización nazi fundada en 1935 por Herman Wirth, el teórico racista argentino Walther Darré y el propio Himmler, para realizar y divulgar investigaciones en apoyo de su ideología y de esas teorías que defienden la superioridad de la llamada raza aria. Según sus propios estatutos, esta organización era la responsable de “realizar investigaciones sobre la raza indogermánica del norte y divulgar sus resultados de una manera interesante al público”.

Sí que resulta interesante ver hasta qué punto los jerarcas nazis se rodearon de todo un grupo de personajillos, dispuestos a dar legitimidad científica a las absurdas teorías raciales del nacionalsocialismo. Y todo porque Himmler estaba convencido de que los arqueólogos habían ignorado durante siglos, los logros de esa raza primigenia de guerreros rubios y ojos azules de la que él se declaraba heredero. Unos ancestros que habían crecido en el Ártico, sobreponiéndose a un clima hostil y a unas condiciones de vida extremas, demostrando su condición superior. Y es que, según esas teorías, solo quedaban vestigios de esa raza en lugares especiales del mundo. Encontrar a los auténticos arios y eliminar a todas las demás razas se convirtió en la piedra angular del proyecto de Himmler.

Entre todos estos científicos de segunda, destacan figuras como la de Karl-Maria Wiligut, antiguo paciente psiquiátrico que entraba en trance y hablaba con los antiguos dioses germánicos de los Eddas. También Yrjö von Grönhagen, un veinteañero finlandés de maneras elegantes y porte aristocrático, sin formación alguna, pero bastante trepa. Alguien cuya aspiración era la de hacer carrera en el mundo del cine y que, por circunstancias azarosas, se vio metido en este fregao. Por no hablar del mencionado Herman Wirth, un arqueólogo fanático y manirroto al que las SS hubieron de sufragar deudas para que se pudiera dedicar a estos estudios. Así hasta completar una estrambótica combinación de aventureros, místicos y profesores, que fueron enviados en rocambolescas misiones hasta lugares como Irak, Finlandia, el Tíbet y aún más allá, con el apoyo del Tercer Reich. Y todo pese a las estrecheces económicas que se impusieron por causa de la guerra. Pero vaya, que con semejante material, uno hubiera esperado un libro mejor. Y es una pena. 
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