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sábado, 17 de enero de 2009

Bastogne de Enrico Brizzi


Cuando Enrico Brizzi escribió la que es su segunda novela, contaba tan sólo con veintidós años de edad. Si bien, ya era un fenómeno en su país gracias a “Jack Frusciante ha dejado el grupo”, su debut literario, del que vendió más de un millón de ejemplares en Italia. El éxito de este boloñés de adopción -nació en Niza en 1974- consiguió traspasar fronteras y sus libros fueron traducidos a varios idiomas incluyendo el castellano. Aunque tras “Bastogne” se acabó la fiesta y nunca más consiguió traspasar los Alpes. Hasta el momento.

Hace un tiempo hablé por aquí de la Generación Caníbal a raíz de un post sobre un libro de relatos que me dejó Ivanrojo. Esta se compone de una serie de autores italianos cuya característica identificadora era su juventud –en aquel entonces-, su irreverencia y las formas salvajes. Como siempre pasa cuando se habla de colectivos o movimientos, hay algunos elementos más interesantes que otros. Entre los “buenos” surgen figuras como la de Aldo Nove, la de Niccolo Ammaniti –de quien ya os he hablado por aquí- o este Enrico Brizzi quien, curiosamente y pese a formar parte de esa generación, no tenía ningún cuento en la compilación de referencia.

Hablando ya del libro, decir que “Bastogne” es el nombre de una calle de Niza, que es además el escenario principal de esta novela. En ella viven cuatro amigos en torno a la veintena, unos macarras que sobreviven del trapicheo y que se divierten emborrachándose, colocándose y follándose lo que tienen a tiro. Todo ello amenizado por una nutritiva banda sonora en la que abundan temas de Public Image Ltd.Billy Idol o Afrika Bambaataa entre otros. Estamos a mediados de los ochenta y las cosas para nuestras protagonistas van relativamente bien. Todo cambiará cuando se vean envueltos en una espiral de violencia que tiene como objetivo todo aquello que odian de esa sociedad nizarda falsariamente alternativa y decente. Pasando de ser unos simples desertores escolares y unos delincuentes de medio pelo, a convertirse en atracadores profesionales, violadores sádicos y hasta en asesinos. Esta suerte de rebelión les obligará a tomar caminos diferentes y dejar atrás esos felices ochenta. Asumiendo con el tiempo que nada volverá a ser lo mismo.

Una novela bastante bestia. No me extraña que causara impacto en la Italia del momento. También es cierto que leída ahora, diez años después de su publicación, ha perdido algo de fuerza y vigencia. Y es que en ese tiempo hemos asistido al éxito de gente como Chuck Palahniuk, muy superior a Enrico Brizzi en cuanto a fondo y formas. Libro interesante y entretenido, pero poco más.

jueves, 27 de noviembre de 2008

Juventud Caníbal


Ya hace un tiempo colgué un post dedicado a dos libros de un mismo autor, que me habían gustado mucho: “No tengo miedo” y “Como Dios manda”. El escritor en cuestión era Niccolò Ammaniti, a quien la crítica de su país sitúa dentro del movimiento de “Los caníbales”. Pues bien, durante estos días me he leído la recopilación de relatos que dio nombre a este colectivo, “Juventud caníbal: Una antología del terror extremo”, en la que se recogen diez historias de otros tantos jóvenes escritores italianos. De hecho, he de reconocer que de todos ellos, apenas conocía al mencionado Ammaniti y a Aldo Nove, del cual llevo tiempo queriendo leer alguna cosita. En todo caso se trata de un colectivo muy heterogéneo en el que caben desde escritores noveles, a otros con bastante obra publicada e incluso algún premio, como en el caso de Andrea G. Pinketts, tres veces galardonado con el premio Mystfest. También aparecen realizadores de televisión, humoristas, periodistas o biólogos metidos a fabular en plan salvaje.

“Las páginas gritan sangre, la violencia explota con frialdad de laboratorio: más que escritores, nos encontramos ante científicos del horror y la frialdad. Aventurándose en la pesadilla, se sirven de la ironía como último refugio frente a la locura.” De esta forma nos anuncia la contraportada lo que vamos a encontrar en las páginas de un libro, que, cuando fue publicado en Italia hace ya trece años, supuso una auténtica conmoción en el panorama literario. Visto en perspectiva, podemos apreciar mejor la característica que comparten todos estos relatos. Más allá del canibalismo literario o de la supuesta juventud de sus autores -los hay desde veintiséis hasta cuarenta y pico-, todos tiran de un estilo directo que reconvierte el lenguaje escueto de la publicidad y del mundo audiovisual, para narrar sin tapujos sus historias truculentas. Lo de englobarlos a todos dentro de una misma corriente ya es más discutible, puesto que los caníbales son demasiado distintos por edad y contenidos como para constituir una generación o un movimiento.

El libro se estructura en tres partes. En la primera, subtitulada “Atrocidades diarias”, destacan el relato de apertura -“Nochecita” de Niccolò Ammaniti y Luisa Brancaccio – y el que le sigue -“El mundo del amor”- de Aldo Nove. También “Y Roma llora” de Alda Teodorani. El de Ammaniti y la Brancaccio es, desde mi punto de vista, el mejor del libro. Nos cuenta la noche loca de un niño pijo. Una especie de “Jo, qué noche” de Scorsese (1984) pero en versión salvaje. El relato de Aldo Nove es una rayada en la que dos hinchas embrutecidos mueren enlazados en una especie de sesenta y nueve lésbico tras castrarse por mero aburrimiento. Porque es domingo, no saben qué hacer y no tienen dinero para comprar un vídeo pornográfico decente. El de Teodorani es la historia de un eliminador de vagabundos a sueldo. La segunda parte “Juventud Caníbal”, llamada “Adolescencia feroz”, es quizás la más floja del libro. Aun así recoge el interesante relato “Cosas que yo no sé” de Matteo Galiazzo. La historia de una chica que se cartea con un recluso responsable de varios asesinatos y al que ella y su novio consideran una especie de profeta -“Santa Sangre” que diría Jodorowsky-. Un “ingenioso ensayo de subcultura teológica” tal cual fue definido por la crítica. La última parte incluye los dos relatos más extensos del libro: el tremebundo “El ruido” de Stefano Massaron y, a modo de despedida, “Día de paga en la calle Ferretto” al cargo de Paolo Caredda. El primero va sobre traumas infantiles, o de cómo a unos capullos caprichosos, responsables del suicidio de una niña gorda, la cosa les pasa factura tiempo después. El de Caredda es una historia de venganza narrada en primera persona por alguien cuyo trabajo consiste precisamente, en dar satisfacción a los agraviados con ansias de resarcimiento.

Así pues una tremenda colección de historias que me ha dado a conocer un buen puñado de autores a los que trataré de localizar. Además todo resulta muy actual. Y es que el paso del tiempo no ha restado frescura a unos cuentos en los que, citando a Aldo Nove, se presenta una imagen horrorosa de cosas que dan miedo, pese a que se viven con normalidad en ciertas conductas de masas y en determinados programas televisivos.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Niccolo Ammaniti, a la caza del Nivel 4


El grado de conocimiento que tenemos sobre un escritor y su obra se enmarca necesariamente en uno de los siguientes estadios: 1. Absoluto desconocimiento. 2. Le conocemos, pero no hemos leído nada de él. 3. Hemos leído al menos su obra clave. 4. Hemos leído toda su obra. 5. Lo hemos releído y/o volvemos sobre sus escritos a menudo. Respecto a los escritores importantes deberíamos estar, cuando menos, en el nivel tres. Si bien son pocos los que merecen llegar al cuatro o el cinco. Con los escritores poco importantes no debemos llegar ni al tres. Aunque ningún escritor, por insignificante que sea, se merece el uno.

No hace mucho y por pura casualidad, apareció en mi vida la figura de Niccolò Ammaniti. Fue a través de una novela titulada “Como Dios manda”, que encontré en la sección de novedades de una librería cercana a mi trabajo. Por supuesto que hasta este momento desconocía su existencia -Nivel uno-. Sin embargo me llamó la atención la portada del libro en cuestión, con tremendo rayo descargando sobre un fondo de tonos morados. Así pues me lo agencié y vaya si fue un acierto.

El autor es un biólogo de formación nacido en Roma en 1966. Forma parte del grupo de jóvenes escritores italianos conocido como “los caníbales” - por sus textos saturados de violencia, drogas y sexo- con los que ha publicado de forma conjunta. Sin embargo su nombre no comenzaría a tomarse en consideración sino a partir del éxito de “No tengo miedo”, su cuarta novela y que yo acabo de leerme -por lo que ya estoy en el nivel tres-. El libro, además, tuvo una discreta adaptación cinematográfica dirigida por Gabrielle Salvatores en el 2002. Eso sí, sirvió para acrecentar la fama del escritor dentro de su país y darlo a conocer más allá de sus fronteras.

“Como Dios manda” es la última novela de este escritor y a la que me refería al comienzo. Galardonada con el Premio Strega 2007, ofrece una visión desencantada de la Italia actual a través de un padre y un hijo. Ammaniti nos presenta a una serie de esperpénticos personajes, que no son sino un cúmulo de perdedores natos entre los que destacan Rino Zena -“borracho, violento e inútil”- y su hijo Cristiano. Junto a ellos conviven Danilo y “Cuatro quesos”, un asocial y un enfermo mental. Los adultos matan el tiempo bebiendo cerveza y copas de grappa, viendo películas porno y esperando que un día aparezca Robert de Niro o Al Pacino para explicarles la vida de mierda que lleva la gente normal. Esa anodina existencia va a cambiar durante una noche de tormenta. La elegida para llevar a cabo un espectacular atraco que los habría de sacar de la miseria. Todo se irá al garete por culpa del asesinato y violación de una joven. Y hasta aquí puedo contar. Con todo, por encima de la trama que es muy chula, más interesante resulta esa visión sórdida y vulgarizada de Roma. Ese suburbio de Varriano, tan alejado del esplendor imperial.

En “No tengo miedo” Ammaniti nos presenta otra versión de su país: la Italia rural y empobrecida del sur, representada por la imaginaria aldea de Acqua Traverse. Aquí la historia transcurre hace unos décadas, concretamente durante el verano de 1978. A través de los ojos de su protagonista, Michele, quien pasa las tardes montando en bicicleta, jugando al balón o haciendo carreras con sus amigos a través de los maizales. Pero un suceso poco habitual va a cambiar la vida del crío. En una de sus excursiones se topará con otro niño de su misma edad que vive escondido en un hoyo dentro de una casa abandonada. Un terrible secreto que cambiará su vida y desencadenará un final sorprendente e impactante.

Las dos novelas que he leído de Niccolo Ammaniti me han gustado mucho, por lo que seguiré a la caza y captura de sus escritos hasta completar el cuarto estadio de conocimiento. Llegar al quinto ya me parece más complicado. Tengo demasiadas lecturas pendientes como para perder tiempo volviendo a lo que ya he leído. Y es que siempre me costaron las relecturas, aun tratándose de mis faros literarios.
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