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martes, 3 de diciembre de 2019

La cosa esta de "The Irishman"


Vaya de entrada que no soy yo mucho de Scorsese, cosa de la que, supongo, ya os habréis dado cuenta los que me seguís por aquí. Aunque quizás debería especificar un poco, acotando la sentencia a la obra del último Scorsese. Vaya, que no se me escapa que le debo un huevo de alegrías al menda y que a poco que bucee entre su extensa filmografía me salen unas cuantas pelis con aroma a clásico. Si bien es cierto que, con lo de último, tampoco quiero ceñirme a lo más cercano en el tiempo, o sea, a esa cosa sobrevalorada titulada “El irlandés” de la que todo el mundo habla y de la que me dispongo a rajar. Y es que el deterioro del director de las gafotas viene de lejos. ¿He oído “Shutter Island”? ¿La verbena aquella sobre pandilleros del XIX? ¿Queréis que vaya más atrás? Pues eso. Además uno ya no está para cultos. Ese capítulo lo cerré hace veintitantos años con la esperable muerte del rubio de Aberdeen. Amén.

Pero entremos en materia ... “Netlix presenta… The Irishman, de Martin Scorsese”. Mal comienzo, lo sé. Terrible incluso. Mis peores pesadillas empiezan con un tu tuuún e inmediatamente después aparecen esas mayúsculas rojas sobre fondo negro. La cinta en cuestión está basada en un librito supuestamente biográfico escrito por un tal Charles Brandt. Publicado originalmente en 2004 bajo el título de “I heard you paint houses”, narra la historia de Frank Sheeran, veterano de guerra, estafador, sindicalista y sicario que trabajó junto a destacadas figuras de la mafia. La cosa viene producida por Netflix como ya he dicho, por si no teníamos bastante con el Alzheimer galopante de Scorsese. Y es que, como he dejado escrito alguna vez por aquí, lo del catálogo de la plataforma es para hacérselo ver. Que sí, que sí, que la suscripción es barata y al final tiene un montón de referencias disponibles -Casi todas ellas pura mugre-. Lo sé. Yo también lo pago y hasta lo uso. En todo caso, ¿os suena eso de que si la mierda tuviese valor, los pobres nacerían sin culo? Pensadlo. ¿Se me entiende?

-¿Ves esa mierda que viene por ahí?
Es el puto martes.
Ahora va el giro de guión habitual en todas las entradas del Suloki. A ver cómo lo digo para que no me zurréis… Eeeee… Pues vaya, resulta queeee… con todo… la peli tampoco es que me haya disgustado. ¡Ea! Ya lo he dicho. Eso no implica que compre toda la mierda que están vendiendo. Antes de verla me dijeron que era una puta obra maestra. También nosequé pollas del mejor Scorsese y que en su género igualaba y hasta superaba a la trilogía de “El Padrino” o “Uno de los nuestros”. Esta última comparación la hacen, supongo, por citar alguna de las tropecientas mil cintas de gánsteres firmadas por Scorsese y su crew. Que luego el tío se queja de franquicias y tal… En fin… En todo caso un mojón para todos ellos. Luego, cuando ya la estaba viendo y sobre las dos horas de metraje –minuto arriba o abajo-, un colega me comentó que tendríamos que editar la entrada de la Wikipedia con la palabra “sobrevalorado”, fijando una foto del oscarizado realizador. En eso estoy bastante de acuerdo. Hasta el diccionario de la R.A.E. debería añadir una segunda acepción…  
 “Sobrevalorado, da”
Del part. de sobrevalorar.
1. adj. coloq. Otorgar a alguien o algo mayor valor del que realmente tiene.
2. m. Relativo a Martin Scorsese.”
Sin embargo a él no le ha gustado nada “El irlandés” y a mí sí. Algo. Eso es lo que hay.

Ahondando en esto último me ha parecido que la peli está muy bien hecha, con unos actores –especialmente los secundarios- que resultan más o menos creíbles y una historia bien hilada que se sigue con relativo interés. Pero hay que ponerle empeño, que son tres horitas y media. Y ahí radica la primera de mis críticas, en el exceso de minutaje. ¿Hacía falta tanto Martin? ¿En serio? Y es que resulta inexplicable salvo que Scorsese lo haya hecho por joder a alguien con nombre y apellidos. Se me ocurre que también podría contener un recadito para George Lucas, a quien siempre se acusa de recortador. Aunque no lo tengo del todo claro. Quizás solo pretendía batir algún récord absurdo de duración. También es verdad que la historia nos lleva hacia esa última hora en la que se habla del ocaso, la devastación y hasta la pena de alguien que lo tuvo casi todo. Y es un final brillante. Pero hostia, ¿hacían falta tantos prolegómenos? ¿Esa puta hora y media inicial? ¿Ese inserto en clave “Trilogía de los bajos fondos” pero de baratillo?

¡Agarradme que lo reviento!
Y esa es la segunda crítica que le hago a “El irlandés”, que para fabular sobre el asesinato de Kennedy y la mafia de Chicago, de Castro, Bahía de Cochinos y demás oscuros episodios de la política estadounidense, prefiero los libros de James Ellroy. Encima tampoco es que haga mucho aporte aquí. Más allá de darle un poco de contexto a la trama o ahondar en la figura de Jimmy Hoffa, que al parecer es de quien realmente habla el libro. Pero vaya, que eso lo debería haber resuelto antes alguien con sobrados pergaminos como Scorsese. Por último hubiera seguido aquella máxima que reza “lo bueno si breve, dos veces bueno”. Por cierto que, respecto a esto último, la interpretación del mítico líder sindical al cargo de un Al Pacino a quien creía perdido para la causa, me ha parecido de lo mejor. ¿Pasado de rosca? Probablemente. Pero como le leí a algún crítico, ese es el Pacino que queremos. Nada que ver con la “fantástica interpretación” de Anna Paquin, que también se lo he leído a algún fenómeno. A ver compadre, que la niña de “El Piano” sale tres ratos y dice dos palabras. Que si cobrara por los minutos en pantalla aun le tocaría pagar a ella. ¿Qué gran interpretación ni que niño muerto?

...ese caballo que viene de Bonanzaaaa!!!
En todo caso lo peor de “El irlandés” es esa genialidad de agarrar actores setentones para hacer de cuarentones a base de maquillaje y paint. Porque los efectos de rejuvenecimiento digital los tienen que haber hecho con el desaparecido programita, sino no se entiende. Y lo siento mucho Martin, que sí, que lo de las máscaras de látex sería una mierda, pero esto es aún peor. Es que joer, hay escenas que dan vergüenza ajena. La de la paliza al tendero es digna de “Papá Piquillo”. No sé tío, haber utilizado a diferentes actores para cada época. Uno más joven para la primera parte y luego a Robert De Niro y a Joe Pesci, si es que tenían que ser ellos sí o sí. Y si no puedes, porque la producción exige a De Niro y a Pesci en pantalla hasta cuando hacen de bebes de teta, pues ponles un doble en las escenas de acción. ¡Que ya no están para muchos trotes, mon dieu! Que en la mencionada escena, De Niro parece un abuelo con apoplejía intentando zurrar a un notas que al mínimo roce se deja caer como un boxeador untao. ¡Que llega a resultar patético! O una parodia rollo “Goodfellas meet Cocoon”. Es tremendo. Lo mismo para todas esas secuencias en las que nuestro septuagenario favorito huye de la escena del crimen para deshacerse rápidamente del pistolón. Macho, que va a saltitos como si fuera el puto Chiquito de la CalzadaQEPD-. Eso por no decir que, ni con la mejor de las intenciones, te crees que ese viejo sea el padre de la chiquilla. ¡Suspensión de la incredulidad mis cojones! Parece un abuelo que va con su nieta a darle de comer a las palomas. O algo peor, un pederasta engatusando a una cría para hacer Dios sabe qué. Aunque eso pasa más con otra escena protagonizada por la versión digitalizada de Pacino. Sí, esa en la que toman helado juntos, mostrando una suerte de intimidad turbia que no se entiende demasiado bien.

Cuánto cabrón...
Pero lo mismo que te digo una cosa te digo otra. Y aunque en la paliza al frutero al “joven” De Niro no se le ve en buena forma, en la resolución del affaire “Crazy” Joey está soberbio. Esa sucesión de planos con las miradas cruzadas entre los protagonistas, es maravillosa. Y es que el hijoputa de Scorsese sabe. Y el que sae, sae, ya tu sae. Que el tipo es talentoso, obvio, no lo vamos a descubrir ahora. El problema es que está en una posición en la que hace lo que le viene en gana y nadie –pero nadie- osa rechistarle. Aun cuando de un tiempo a esta parte, le haya cogido el gusto a eso de cagar unas mierdas como un castillo de grandes. Se lo habrá ganado, no seré yo quien diga lo contrario, pero esto me suena a aquello del traje nuevo del emperador en clave cinematográfica. “Andersen meets Scorsese, da’ movie”. 

Y eso es todo, creo. Bueno, eso y que, contra lo que pudiera parecer, al final ni tan mal.
Al menos no sale Di Caprio. Puntazo de Scorsese.
También que para irlandés bueno, el café. Nunca la cosa cinematográfica. 

sábado, 12 de septiembre de 2009

La vida loca


Vi este documental sobre las maras salvadoreñas, después de conocer que su director -el franco-español Christian Poveda- fue acribillado a balazos en una zona rural próxima al municipio donde había rodado su obra póstuma. Para los que no lo sepáis, mara es el término con el que se conoce a las pandillas criminales en Centroamérica, México e incluso los Estados Unidos. Son un fenómeno en ascenso, fuertemente ligado a la pobreza, al tráfico de drogas y a la delincuencia gansteril, y sus actuaciones se caracterizan por el empleo de una violencia extrema. En su reportaje, Poveda se centró en el día a día de los miembros de una de estas bandas conocida como “La 18”, enemiga mortal de la “Mara Salvatrucha”.

“La vida loca” se erige como un documento de gran interés por lo que cuenta y por cómo se cuenta. Para ello Poveda -¡con un par de huevos!- se metió en el corazón de una de estas pandillas para mostrarnos cómo y porqué nace el monstruo. Y lo hace fijando sus ojos en las personas que la conforman, los mareros, una turba de inadaptados que huyendo de la miseria y el desarraigo se refugia en la única familia que habrán de conocer a lo largo de su corta vida. No es casual que el fenómeno social de las maras tuviera su origen en las batallas entre inmigrantes salvadoreños y mexicanos producidas en los barrios bajos de Los Ángeles. En un ambiente de marginalidad como ese, las frecuentes disputas entre expatriados les forzaron a organizarse, aunque inicialmente como grupos de autodefensa. Pero sabemos que la mejor defensa es siempre un buen ataque, así que no tardaron en convertirse en auténticas organizaciones mafiosas, enfrentadas por lograr la hegemonía en el territorio. Lo peor fue cuando estos inmigrantes fueron repatriados en bloque y de forma forzosa por el gobierno de los EEUU. Estamos a principios de los 90, se ha producido el fin de la guerra civil salvadoreña y los estadounidenses aprovecharán ese momento para quitarse de encima esta lacra… Y hundir más en la miseria a El Salvador.

No recuerdo donde leí que “La vida loca” no es una película sobre la realidad, sino que es la realidad filmada en una película. Me parece una descripción muy acertada. Y es que en la escasa hora y media de duración, vemos como varios de sus protagonistas van cayendo como moscas. Para mostrarlo, Poveda utiliza un recurso muy impactante. Se ve una última imagen del finado, feliz con su pareja, hijos o amigos para después realizar un fundido en negro, que suenen unos disparos de fondo y a continuación vemos la instantánea de unos policías junto a una sábana empapada en sangre que tapa el cuerpo el marero. Desgarrador. Sobre todo porque no hay trampa ni cartón. El horror que presenciamos es la vida de estas personas. Una cotidianeidad caracterizada por el horror y la muerte. Y es que, como dice uno de los protagonistas, sin muerte no hay mara y sin mara no hay vida.

Por cierto que, en agradecimiento a los servicios prestados, fueron varios miembros de la “Pandilla 18” quienes acabaron con la vida de Christian Poveda.
Eso y que si os interesa, aquí se puede ver:

martes, 7 de julio de 2009

Delitos a largo plazo


La portada del libro viene ilustrada con una famosa fotografí­a que David Bailey realizó en 1965 a los hermanos Kray. El motivo es doble. Por un lado estos tipos aparecen como personajes de reparto en esta primera parte de la trilogía sobre Harry Starks. El segundo tiene que ver precisamente con el señor Starks, personaje inspirado en la leyenda del fashionista y paranoico Ronnie Kray, el miembro más salvaje de esta familia de gángsteres, seguramente los más peligrosos de toda la historia criminal británica. 

Cuando Jake Arnott presentó “Delitos a largo plazo”, allá por el año 1999, era un autor completamente desconocido. Y con una trayectoria previa cuando menos peculiar. Arnott se habí­a ganado la vida como modelo para artistas, interprete para sordomudos, ayudante en la morgue del University College Hospital e incluso como figurante en películas como la horrorosa “La momia” (Stephen Sommers - 1999). La publicación de esta novela supuso un punto de inflexión en la vida de este londinense, al que algunos consideran desde entonces la versión británica de James Ellroy. Poca broma. Quizás exagerado. Si bien, he leído que está considerado entre los cien hombres más influyentes y poderosos dentro de la comunidad gay del Reino Unido y una estrella de las letras situada al mismo nivel que sus compatriotas Martin Amis, John Banville o Ian McEwan. Vamos, que hasta el puto David Bowie habla maravillas de los libros de este tío.

“Delitos a largo plazo” nos cuenta las aventuras y desventuras de un gánster londinense. Un tipo que no se priva de extorsionar, torturar y hasta matar a todo aquel que se interpone en su camino. Siempre por negocios, claro está. Ese es el mencionado Harry Starks, nacido en los bajos fondos londinenses. Un complejo personaje homosexual, fetichista, con algún problemilla mental y muy (pero que muy) violento. Le iremos conociendo a través de un collage de impresiones. Las causadas sobre los variopintos personajes que pululan a su alrededor y que se nos presentarán en cinco capítulos auto-conclusivos, pero interrelacionados unos con otros. Primero será por boca de uno de sus múltiples amantes, después a través de la extraña relación entablada con un Lord inglés ávido de dinero contante y sonante (inspirado en un caso real de un miembro de la Cámara de los Lores). Más tarde nos contarán su experiencia dos de sus subordinados, un matón atormentado que nunca se desprende de su sombrero y una aspirante a actriz que acabará por dirigir los espectáculos programados en el club de Harry.

Casi todos los episodios se desarrollan durante los años setenta, siendo uno de los logros del libro la perfecta reconstrucción de la época y sus modas. De hecho Arnott enraíza la ficción en el llamado Swinging London, incluyendo múltiples referencias socioculturales. Sin embargo, el quinto y último episodio transcurre en otro momento histórico y en otra ubicación. Diez años después y con Harry en prisión, huido a la Costa del Sol... Y no cuento más nada para no joderos el libro.

Deciros que me ha gustado bastante. Y que creo tiene trazas para una buena adaptación cinematográfica. Bueno, sé que existe una teleserie de cuatro episodios, realizada por la BBC en 2004, dirigida por Billy Eltringham. No la he visto. Y preferiría una versión destinada a la gran pantalla. Veremos.

domingo, 26 de abril de 2009

El poder del perro


“...libra mi cuello de la espada, y mi vida de las garras del perro.”

Así finaliza “El poder del perro”, la primera de las obras seleccionadas por Rodrigo Fresán para formar parte de la colección Roja&Negra de la editorial Mondadori. La serie pretende abarcar todas las texturas del género negro, buscando atraer a aquellos lectores que deseen acceder a novelas de calidad, pasando de esas burdas aproximaciones al género que han proliferado durante los últimos tiempos.

Lo primero que debo hacer es alabarle el gusto al señor Fresán. Es lo justo. Y es que solo gracias a eso he podido disfrutar de “El poder del perro”. Sin ningún género de dudas el mejor libro que me he leído en años. En vista de lo cual, pienso agenciarme un ejemplar de “Delitos a largo plazo” -del autor británico Jack Arnott-, que es el segundo título recomendado por el escritor y periodista argentino.

Ya entrando en materia, estamos ante un thriller épico y sangriento de 718 páginas que explora los rincones más oscuros de la miseria humana. A pesar de la extensión, una vez comienzas con él, no puedes parar hasta finalizar y de hecho te lo zampas en un plis plas. Y es que “El poder del perro” quizás sea la gran novela americana sobre el narcotráfico. No exagero para nada. Es tremendo. El mismísimo James Ellroy ha alabado este librazo de Don Winslow, un autor neoyorquino no muy conocido por estos lares. Hasta ahora, supongo. Lo cierto es que el tipo, ya curtido en estas lides por lo que veo, ha mezclado con absoluta maestría ficción y realidad. Recreando un complejo lienzo sobre el comercio de drogas entre los EEUU y México.

Así pues la cosa se enmarca en la guerra contra la droga en torno al Río Grande, frontera natural entre Texas y los estados mexicanos de Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas. Allí se darán cita la cruzada de un agente de la DEA poco escrupuloso con la legalidad, una prostituta de alto standing que tan solo busca sobrevivir, o un chico proveniente de los bajos fondos reconvertido en asesino a sueldo por puro azar. También un cura católico empeñado en ayudar al pueblo al coste que sea, una familia de narco-vaqueros obcecados en dominar el negocio a escala global y una pléyade de políticos y militronchos afanados en evitar el auge del comunismo en Centroamérica. Estos últimos no dudaran en establecer alianzas con quien haga falta, incluidos los propios narcotraficantes, para lograr su cometido.

La trama es vertiginosa y absorbente y es ahí donde Winslow demuestra su maestría. Desplegando una compleja historia que se desarrolla en diferentes planos y que contiene una poco disimulada denuncia a las implicaciones reales entre los narcos, los gobiernos, los guerrilleros, la Iglesia y diferentes grupos de poder. Y no sólo en México sino también en su país, los EEUU. De ahí que los protagonistas de la novela enmascaren, toscamente, a personajes como “El señor de los cielos”, “Don Neto” Fonseca, a los temidos hermanos Arellano, al cardenal Posadas, al mítico gánster del Hell's Kitchen Mickey Featherstone, al agente encubierto Enrique “Kiki” Camarena, al jefe mafioso Paul Castellano, al candidato a la presidencia de México Luis Donaldo Colosio y al coronel del cuerpo de Marines Oliver North (entre otros muchos). Y es que, por si había alguna duda, la novela tiene tanto de inventado como de cierto y en este sentido, como comenta la crítica norteamericana, “con que tan sólo un diez por ciento de lo que se cuenta sea verdad, ya sería insoportable”.

Según Rodrigo Fresán, quien también prologa la novela, México es la patria espiritual de los fugitivos y el encandilador agujero negro con picante perfume noir en el que, por lo general, los personajes caen para matar, enloquecer, iluminarse o morir… O como ocurre en “El poder del perro”, hacer todas esas cosas al mismo tiempo y no necesariamente en ese orden.

Un gran acierto, sí señor…
Libro monumental.  

lunes, 22 de diciembre de 2008

Il Divo


La controvertida figura del líder democristiano Giulio Andreotti, es objeto de estudio en una interesante película dirigida por el no menos interesante Paolo Sorrentino. “Il Divo” le valió al director napolitano el Gran Premio del Jurado del pasado Festival de Cannes, además de una ovación de varios minutos del público asistente. Y no es para menos.

Andreotti es el político, escritor y periodista de prestigio que dominó la escena política italiana durante más de cinco décadas, siendo siete veces Primer Ministro. Tras ser nombrado Ministro del Interior y más adelante de Finanzas, alcanzaría la presidencia del Gobierno de la República en 1972-1973, 1976 y 1978-1979. Tras un período al margen de la cosa pública, sería nombrado nuevamente Primer Ministro de un Gobierno de coalición en 1989. Tras dimitir en marzo de 1991, en abril de ese mismo año se le encargó la formación de un nuevo Gobierno con él a la cabeza. El último de sus siete gobiernos, por lo tanto, acabaría en el año de las Olimpiadas de Barcelona, trescientos sesenta y cinco días después de su formación. Además, en el año 91 fue nombrado senador vitalicio.

Será a partir de entonces cuando comience el declive de la figura de Andreotti, hasta entonces inmaculada. Sobre todo a raíz de los testimonios de varios arrepentidos de la Cosa Nostra, que le acusarán de estar relacionado con esta organización criminal. Como consecuencia, durante la década de los noventa pasara más tiempo en tribunales que en su domicilio o en la Iglesia -Andreotti es un cristiano devoto-. Ya en 1999 sería absuelto de todos los cargos por falta de pruebas. Sin embargo, tras las apelaciones, en 2003 se le acusaría nuevamente de “mantener lazos de amistad con la Mafia hasta la primavera de 1980”. Un delito del que también sería absuelto pero ahora por haber prescrito. También fue acusado como instigador del asesinato del periodista Mino Pecorelli, por el que primero fue declarado no culpable, luego sentenciado a 22 años de prisión y definitivamente absuelto por el Tribunal Supremo italiano en el año 2003.

De esta turbulenta etapa es de la que se preocupa “Il Divo”, resumiendo en ciento diez minutos de metraje el día a día de un personaje que dedica las veinticuatro horas del día a trabajar, escribir libros, moverse entre los círculos de moda y, por último aunque no por ello menos importante, a rezar. Maravillosamente interpretada por Toni Servillo, habitual colaborador de Sorrentino, el film destaca por ese retrato impasible del ex presidente italiano ante el infierno que le acecha. Incapaz de titubear ni de mostrar debilidad ante nadie, llámese Justicia, oposición o la propia mafia.

La película trata dos de los aspectos más perturbadores en la vida de este “hombre de estado”: su conexión con Totò Riina - líder histórico de la mafia siciliana- y la implicación en la logia P2 (Propaganda Due) de Licio Gelli - responsable de la “estrategia de tensión” a la que ya me referí en un post anterior-. En este sentido, la cinta alude a la figura de Aldo Moro, aquel líder democristiano secuestrado y asesinado por la Brigadas Rojas el 9 de mayo de 1978, cuya muerte pudo haber evitado nuestro protagonista.

Al final “Il Divo” supone un interesante acercamiento a este personaje poliédrico y aún más polémico, pero protagonista indiscutible de la historia reciente de Italia y, por extensión, de Europa. Alguien al que debemos frases tan ingeniosas como las siguientes:
“Lo leímos en los Evangelios, cuando a Jesucristo se le preguntaba lo que era la verdad, él nunca respondía”
“Sé que soy un hombre medio, pero cuando miro a mi alrededor no veo ningún gigante”
“Pensar mal de tu prójimo es un pecado, pero has acertado”
“No es fácil explicar nuestro país a los extranjeros. En Italia los trenes más lentos se llaman Rápidos y el Corriere della Sera (Noticias de la Tarde) sale por la mañana”

martes, 18 de noviembre de 2008

Gomorra


Con un impactante diseño de portada, el perfil de unos cuchillos en color rosa sobre un fondo negro -adaptación de un lienzo de la serie “Knives” de Andy Warhol-, se presenta ante nosotros el “viaje al imperio económico y al sueño de poder de la Camorra” realizado por el napolitano Roberto Saviano. Lo más impresionante de todo es que escribió este libro, su debut literario, cuando tan sólo contaba con 27 primaveras. Vaya, que decidió jugársela bien aun con toda una vida por delante.

Fruto de las conversaciones con vecinos y residentes en la Campania, algunos de los cuales son o han sido amigos suyos, además de un arduo trabajo de documentación y estudio de diferentes sumarios judiciales en casos abiertos por la fiscalía antimafia, Saviano ha sido capaz de denunciar la realidad de una sociedad secuestrada por las bandas organizadas de delincuentes. O mejor dicho, por la actividad delictiva en sí misma ya que detrás de todo lo que da dinero al sur de Italia están los clanes de la Camorra. Y a ese sistema te adhieres o mueres. O huyes, como bien sabe él.

Es así como nos va desgranando los diferentes negocios que hacen fuertes a los camorristas: el tráfico de drogas, el de armas, la extorsión a empresarios y políticos, el mercado de las falsificaciones y el de la alta costura “made in Italy”, las franquicias, la construcción, la captación fraudulenta de ayudas europeas, el juego y la prostitución... Y por encima de todo, para mi sorpresa, los enjuegues derivados del arte de hacer desaparecer residuos industriales de grandes empresas del norte de Italia. Resalto este último ya que, según parece, es el causante de que los clanes de Casal di Principe, hayan amenazado de muerte al escritor. Anunciando a bombo y platillo que no llegará a Navidades con vida. 

Lo cierto es que Saviano no se corta un pelo y en el libro ofrece con todo lujo de detalles los nombres y apellidos de los camorristas, así como las localizaciones en las que desarrollan su actividad delictiva. Cuenta lo que ha visto y vivido, lo que le han contado fuentes directas, lo que ha leído y ha descubierto, y lo hace sin ambages, con rabia, revelándose contra ese sistema que atemoriza a las gentes de Nápoles y alrededores. Su propia gente. No es casual pues que una de las consecuencias del éxito de esta novela haya sido que los clanes  pusieran precio a su calva.

Por si os da pereza leer, desde el pasado viernes está en nuestros cines la adaptación que de la novela ha realizado Matteo Garrone. Para ello, el director romano ha metido las cámaras en los lugares originales en los que se desarrollan cinco de las historias recogidas por el libro. Hablo de los conflictivos barrios de Nápoles conocidos como “las casas azules”, “las casas de los pitufos”, “los barrios españoles”… También en los talleres clandestinos de Secondigliano, en el puerto de Nápoles o en la localidad de Casal di Principe, capital de los temidos Casalesi. Premiada durante la pasada edición del Festival de Cannes con el Gran Premio del Jurado, la película supone un acertado complemento a la novela. Descarnada y fría, refleja en imágenes la dureza con la que se desarrolla la vida de aquellos a los que le ha tocado ser actores, voluntarios o no, de esta dictadura de los clanes. Una existencia abocada al silencio y al cumplimiento de las estrictas reglas y códigos impuestos por la Camorra. Esto es tan cierto como que dos de los actores amateur con los que contó Garrone, fueron detenidos durante el transcurso del rodaje acusados de asociación mafiosa.

Con todo no recomiendo el visionado de “Gomorra” si antes no habéis leído el libro de Saviano. Podría pareceros caótica e imprecisa, cuando la historia dista mucho de serlo. Supongo que por limitaciones variadas, Garrone solo desarrolla unas cuantas historias, sin cruzarlas, sin la profundidad que requieren y alcanzan en las páginas libro. Tengo la sensación de que esa frialdad que mencionaba arriba, es autoimpuesta. El director pretende reflejar, descarnadamente, pasajes de la vida de una serie de personajes reales inmersos en el universo de la Camorra y poco más. Y sinceramente creo que lo consigue. Si bien, entiendo que la película solo funciona como complemento al libro. Tal vez no se entienda todo sin haberlo leído antes.

El caso es que, a día de hoy, Roberto Saviano ha de moverse por el mundo rodeado por seis escoltas. No pudiendo permanecer más de tres días en el mismo sitio, cuestión que le ha llevado a tener que abandonar su tierra. Independientemente de lo que le depare un futuro incierto, suponemos que a este valiente napolitano, siempre le quedará el orgullo de lanzar al aire el grito con el que cierra “Gomorra”: 
“¡Malditos bastardos, todavía estoy vivo!”

Ya para acabar citaré unas líneas que se recogen en la página 233 del libro:
“El cemento. Petróleo del sur. Todo nace en el cemento. No existe imperio económico nacido en el sur de Italia que no pase por la construcción: licitaciones, contratas, obras, cemento, grava, mortero, ladrillos, andamios, obreros... Este es el instrumental del empresario italiano. El empresario italiano que no tenga la base de su imperio en el cemento no tiene esperanza alguna.”

Y a mí que todo esto me suena tanto...
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