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sábado, 9 de julio de 2011

Annus Horribilis

Que no quiere decir que uno tenga un ano horrible, aunque posiblemente también, sino que éste 2011 está siendo un año de mierda para un servidor. Y eso que la cosa no pintaba nada mal. ¡Que coño!, pintaba realmente bien. Durante el presente ejercicio habían de producirse una serie de cambios vitales importantes, de esos que hacen que a uno le tiemblen las piernas, pero que acaba por asumir porque sabe que a la larga son tremendamente positivos y muy satisfactorios. Pero no ha sido así, chaval. Te jodes, como dijo Herodes… i tot per l’aire. Porque cambios ha habido, vaya que sí, pero a mucho peor.

Aunque si rompo mi largo silencio blogosférico no es para volver al monotema de las últimas entradas, esos problemillas en el plano personal que me tienen tocado (pero no hundido),  sino para hablaros de otros nuevos, igual de inesperados que los anteriores, pero circunscritos en este caso al ámbito estrictamente profesional. ¡Juer tíos! Ya lo sé, coño. Pintan bastos por doquier y, visto como lo está pasando la peña, lo mío no es más que una tormenta de verano, intensa pero limitada en el tiempo. ¡Pero joooooder! No hay tregua.    

El puto 2011, ¡coño! El peor año para la credibilidad de la economía española y uno de los más negativos para la bolsa. El año en que los ricos se han hecho más ricos y los pobres, pues más pobres. El año en el que la cola del paro la forman ya cinco millones de personas. El año en el cual mis convecinos han premiado la corrupción y el despilfarro con una nueva mayoría absoluta para el partido en el poder. Si home si, el Partido del Puchero… ese PP valenciano que tan a gusto se mueve entre el delito y el delirio. Esos mismos que después de ganar las elecciones por enésima vez, se ha dado cuenta que las arcas públicas están vacías y hay que recortar. Como si no fueran ellos los que las han vaciado mangoneando y disparando con pólvora de Rey para la celebración de encuentros mundiales de familias, competiciones automovilísticas, míticas cabalgatas conmemorativas, carretadas de facturas para pagar hierros blancos y trencadis y mordidas variadas para todos los amigos e hijos de, bien provistos ellos de enormes bigotes y pelazos engominados. Esos mismos que ahora deciden recortar un 30% el coste de la administración pública valenciana, por que es lo que vende entre el electorado ignorante y aborregado. Eso sí, sin que a ellos les afecte al bolsillo. Ni tampoco a sus hijos, amigos, conocidos, primos, vecinos, amantes, tunantes, informantes, cómplices, encubridores, pelotas, falleras mayores más putas que las gallinas, abubillas políticas y otros pardals de bajos vuelos…

Panda de hijos de puta… 

…y ahí es cuando echo mano de mí revolver.
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