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miércoles, 30 de diciembre de 2020

4 peaso tebeos, pa' rematar el año...

Antes de que acabe esta tortura y a modo de recomendación, para todos aquellos que aún anden buscando un buen regalo que pedirle a los Reyes, voy a referirme a algunos cómics que me he leído durante este 2020 y me han encantado.

Gipi, “La tierra de los hijos” (Salamandra Graphic, 2018)

Brutal. O sea, toda su producción es tremenda, pero es que esta novela, si no es lo mejor que ha publicado el pisano -y yo creo que lo es-, pues por ahí andará. El opus mágnum de Gian Alfonso Pacinotti viene a ser una visión de autor del apocalipsis. En un crudo blanco y negro. Y con su característico trazo. De alguna manera, “La tierra de los hijos“ cuenta el fin de nuestra civilización. Gipi esboza una distopía, un futuro descorazonador y no muy lejano. La humanidad ha sufrido una terrible involución que no parece imposible. No se ahonda sobre las causas del hundimiento, centrándose en la historia de un padre, sus dos hijos y en como éste los prepara para sobrevivir en un ambiente sumamente hostil. El desarraigo que provocan los conflictos, el fin de la inocencia, las complejas relaciones paterno-filiales, aquello de que las mentiras tienen las patas muy cortas... Y Mad Max encontrándose con “La carretera”, alla maniera di Gipi. De todo eso va la cosa. Imposible no terminársela del tirón.  

Emil Ferris, “Lo que más me gustan son los monstruos” (Reservoir Gráfica, 2018)

Precedida por un sinnúmero de buenas críticas y nosecuantos galardones, entre los que se incluyen tres premios Eisner, el ACBD Gran Prix, o al mejor cómic internacional del Salón del Cómic de Barcelona 2019. Y es que todo lo que se diga sobre este debut literario, se queda corto. ¡Si esto no es ya un clásico moderno, que baje Dios y lo vea! Un festival visual repleto de sorpresas y que combina referencias a la serie B, a las revistas pulp, al mejor noir y hasta un viaje a la oscuridad del pasado. Imitando un diario escrito en cuadernillos de espiral, Ferris proyecta su infancia en la de Karen Reyes. Aunque los hechos que se narran no sucedieran nunca. Su fascinación por los monstruos y su conversión simbólica en una niña-lobo detective, que, como tal, se dispone a resolver el misterio que rodea el asesinato de su vecina. Quien además se revelará como una persona rodeada de secretos, entre ellos, el haber sobrevivido al Holocausto. Una maravilla de historieta repleta de registros. Bellísima en el fondo y aún más en la forma.

Javier Olivares/Santiago García, “La cólera” (Astiberri Ediciones, 2020)

De estos dos ya me había leído “Las Meninas”, dejando mis impresiones plasmadas por aquí. Ya os digo, por si pasáis de pinchar en el enlace, que me gustó bastante. Pues bien, "La cólera" me ha parecido aún mejor que aquel. Basándose en “La Ilíada”, con ese expresionismo tan chulo que caracteriza la obra de estos ilustradores e historietistas madrileños, se nos cuenta la historia de Héctor y de la rabia de Aquiles. Quien, tras ser ofendido por Agamenón se cabrea como una mona. Y la ira del susodicho desencadena una serie de funestas consecuencias para él, sus compañeros de armas y la armada griega en general. Una fantástica adaptación del famoso poema homérico. Y una interesante reflexión sobre la importancia de contar hasta diez, antes que tomar decisiones gordas en caliente. 

Hans Hillmann / Dashiell Hammett, “Matamoscas” (Libros del zorro rojo, 2018)

Y ya, por último, esta adaptación de una historia del gran Dashiell Hammett. La de la muerte de Sue Hambleton y la investigación del cómo y los porqués al cargo del agente de la Continental. Su autor es Hans Hillmann, quien es considerado una suerte de Saul Bass del cartelismo cinematográfico europeo. Según he leído, este ilustrador nacido en Silesia, invirtió siete años de su vida en la realización de las doscientas cincuenta ilustraciones que conforman la edición original del cómic. Acuarelas repletas de efectos fotográficos, que se transforman en fotogramas a los ojos del lector. Un trabajazo que engrandece el relato del gran maestro de la novela hard-boiled, además de guionista del cine negro por antonomasia -junto al también escritor Raymond Chandler-. Con quien, por cierto, disfruté muchísimo durante la adolescencia, leyéndome casi todas sus novelas. Incluyendo ahí, por supuesto, la celebérrima “El halcón maltés” y también el resto de casos protagonizados por Sam Spade. O los del agente de la Continental, que es quien aquí nos ocupa, incluyendo “La maldición de los Dain” o la excelsa “Cosecha roja”. Este último, uno de mis libros favoritos. Y esto se lo debo al fader, quien atesoraba estas y otro buen puñado de novelas policiacas, en el domicilio familiar.

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Y esto sería todo. 
Feliz año.
A ver si, al menos, resulta mejor que este. 

lunes, 14 de diciembre de 2020

John Le Carré, in memoriam

Ha muerto John Le Carré a los ochenta y nueve años. Lo cual es terrible per sé, si bien, a efectos de este blog, supone algo más… La gota que colma... Y es que en las últimas semanas han fallecido unas cuantas figuras de la farándula y el artisteo a los que este menda debe mucho, sin que este espacio se haya hecho eco (Bueno, ni de esto, ni de nada y es que el TresCagallons está más muerto…). Me refiero a gente como el inimitable Richard Corben, ilustrador del Creepy y de innumerables posters de pelis de terror. Responsable directo de definir una estética que aun perdura. O la del cineasta coreano Kim Ki-duk, quien pese a esa deriva beata que me llevó a distanciarme de su última obra, es responsable de un par de joyitas como “Hierro 3”, o “Primavera, verano, otoño, invierno… y primavera” que todos deberíamos haber visto. Además de su importancia a la hora de poner al cine de aquel país en el candelero, antes que aparecieran en escena Bong Joon-ho, Park Chan-wook o Na Hong-jin. ¿Y qué decir de Diego Armando Maradona? El mago del fútbol mundial. ¡Barrilete cósmico! Posiblemente el mejor futbolista de la historia y desde luego el más icónico. Un personaje que, para bien o para mal, trasciende el ámbito deportivo. O en ese mismo terreno, el entrañable Paolo Rossi. La estrella del Mundial 82 y con el que algunos nos aficionamos al deporte rey. En mi caso, en la más tierna infancia.

Pero es que antes y también dentro de este fatídico 2020, nos dejaron personalidades como Juan Marsé, Olivia de Havilland, el gran Michael Robinson, Rado Antic, Lucia Bosé, Kobe, José Luís Cuerda, el loco de Limónov, Kirk Douglas, Sean Connery… O músicos talentosos a los que he seguido en mayor o menor medida en diferentes etapas de mi vida, como Eddie Van Halen, Juliette Gréco, Jota Mayúscula, Ennio Morricone, Justin Townes Earle, Little Richard, Florian Schneider, Lee Konitz, John Prine, Rafael Berrio, Bill Withers, Aute, Adam Schlesinger, Víctor Nubla, Manu Dibango, Eduardo Bort, el bataca de Rush, Mike Noga, Gabi Delgado-López, Genesis P-Orridge… El caso es que, exceptuando a estos dos últimos, tampoco me referí a ninguno más cuando tocaba… Más allá de vagas referencias derramadas en las redes. Penitenziagite.

Pues bien. Aunque con esto no voy a reparar todo lo anterior, sí me apetece homenajear aquí y ahora a Mr. John Le Carré. Aunque solo fuera por el número de horas de goce y disfrute que le debo a este escritor, antes diplomático y en algún momento espía. Que sí, que no es mito. David Cornwell, más conocido por su pseudónimo, antes de convertirse en un gran novelista con millones de lectores en todo el mundo, fue reclutado en Oxford por el MI6 británico, abandonando el servicio a principios de los años sesenta. Después se especializaría en movidas de espías ambientadas durante la Guerra Fría. Si bien, cuando cayó el telón de acero, fue capaz de adaptarse y desarrollar otros temas más o menos relacionados con aquel, como el terrorismo internacional. El caso es que, durante mi adolescencia, fui muy fan de este subgénero literario. Bueno, realmente de quien fui fan es de George Smiley, aquel espía algo descuidado, leal y escéptico, magistralmente dibujado por Le Carré en sus novelas más celebradas. No estoy seguro del orden exacto de lectura, aunque, supongo, comenzaría por “Llamada para el muerto”, que además fue su debut literario. Un libro bastante ameno que recuerdo con simpatía, pese a ser una novela negra ad hoc y no tanto una de espías que es por donde discurrió la cosa a posteriori. Como sí es el caso de la fantástica “El espía que surgió del frío”, donde el autor comienza su retrato de ese mundo turbio y enigmático al otro lado del muro. Y que es “la mejor novela de espías jamás escrita”, según Graham Greene. Y si lo dice él, ¿quién somos los demás para contradecirle? También me leí “El espejo de los espías”, obra posterior de la que guardo un recuerdo más vago. Y, como no, la sacrosanta gran trilogía en la que Le Carré desarrolla con maestría el meollo y el final de la Guerra Fría. O la muerte de las ilusiones, en palabras suyas. Estoy hablando, por supuesto, de “El topo” –mi favorita de entre todas sus novelas- “El honorable colegial” y “La gente de Smiley”. Tiempo después me acabé “El peregrino secreto” y “La casa Rusia”, y ya fuera de la serie Smiley, “El Sastre de Panamá”. Las dos últimas sin mucho entusiasmo, la verdad. De hecho, las reconozco más tras su paso por la gran pantalla.

Y esa es otra característica de la obra de John Le Carré: Su adaptabilidad al universo del celuloide. Esas tramas tan bien construidas, que se comprenden y siguen con suma facilidad pese a la densidad de las temáticas y lo complejo de las situaciones, hacen que las historias sean carne de adaptación. De ahí la gran cantidad de films basados en sus novelas. Comenzando por “El espía que surgió del frío”, dirigida por Martin Ritt allá por 1965 y con Richard Burton al frente del elenco actoral. Película que ha resistido divinamente el paso del tiempo. Un año después se estrenaría “Llamada para el muerto”, con factura de, ni más ni menos, Sidney Lumet. ¡Y con James Mason como Smiley! “El espejo de los espías” fue dirigida por Frank Pierson en 1969 y aquí al protagonista le pone cara un jovencísimo Anthony Hopkins. Después se rodarían “La chica del tambor”, dirigida por George Roy Hill (1984), “La casa Rusia” por Fred Schepisi (1990) y con la participación de Sean Connery, “El sastre de Panamá” de John Boorman (2001), la estimable “El jardinero fiel”, dirigida por Fernando Meirelles (2005), “El topo”de Tomas Alfredson (2011) … Y así hasta llegar a “El hombre más buscado” de Anton Corbijn. Cinta del año 2014 que, como curiosidad, supone la última interpretación de Philip Seymour Hoffman antes de su fallecimiento. Bueno, más recientemente se estrenó “Un traidor como los nuestros” (2016), bajo la rúbrica de Susanna White. Película que aún no he visto y en la que aparece, según veo, Ewan McGregor. Tampoco he podido ver las producciones de la BBC sobre el agente Smiley, alguna de ellas protagonizada por el mismísimo Alec Guinness.

Así pues, descanse en paz John Le Carré, que se lo ha ganao. Por ser positivos, el hombre se va a ahorrar el capítulo final del Brexit. Triste episodio en la historia de Gran Bretaña con el que siempre se mostró crítico.

domingo, 21 de abril de 2019

En ocasiones (también) leo cómics


Y es que no recuerdo la última vez que me sumergí en la lectura de algún eminente representante del mal llamado "noveno arte". Vale que aquí a la distancia me cuesta Dios y ayuda agenciarme las cosas que van publicándose y me interesan. Eso y que cuestan mucha pasta. Ya no sé si es por el impuesto aplicado o porqué los libros llegan nadando desde el Viejo Continente. 

El caso es que me he leído “El Árabe del futuro” del francés Riad Sattouf, ganadora del Gran Premio a la mejor obra en el Salón del Cómic de Angulema. La historia real de un niño rubio y de su familia en la Libia de Gadafi y en la Siria de Hafez el Asad. Poca broma. La primera parte, porque creo que ya tiene tres y aspira a una cuarta bajo la etiqueta “Una juventud en Oriente Medio”. Y es tremenda. Tras unas viñetas de tono bastante naif y en las que abundan los colores pastel, Sattouf nos habla del racismo, del destierro interior, del patrioterismo y de cantidad de temas en clave autobiográfica. No nos habla tanto del hecho de ser árabe como de la atípica infancia de alguien que es medio árabe y medio bretón. Aunque lo más chulo del álbum es como mezcla la gran historia con su historia. La calidez y la naturalidad con la que Sattouf nos da cuenta de las complejidades de criarse en aquellos parajes y en ese momento histórico. Con las revoluciones socialistas de fondo y en un periodo pre Al-Qaeda. Por supuesto mucho antes de ISIS. Resulta entrete, pero sobretodo, muy interesante. Así que, en cuanto pueda, me agencio las secuelas. Creo que merece la pena tenerlas.  

“Cuando empecé a escribir esta historia no me propuse hacer un exorcismo personal ni hablar así, en general, del mundo árabe. Tenía este proyecto en la cabeza desde hacía mucho tiempo pero no me atrevía a ponerlo en marcha, había ahí recuerdos dolorosos, y además me resulta bastante difícil eso de hacer un cómic autobiográfico. Quizá porque a mí, como lector, me gustan poco las historietas autobiográficas”.

miércoles, 18 de octubre de 2017

Maudit Allende

Me ha gustado bastante este cómic en torno a la figura de Allende –y la de Pinochet-, escrita por un francés e ilustrada por un argentino. El francés es Olivier Bras y fue corresponsal para medios francófonos en Chile, además de colaborar con Juan Guzmán en el libro “En el borde del mundo - Memorias del juez que procesó a Pinochet”. De ahí que tire de su experiencia personal en el país transandino para montar una historieta que bien podría ser real. La de un chaval nacido en Chile pero criado en el extranjero, a dónde emigró junto a su familia a comienzos de los años setenta. Hijo de pinochetistas, recibe una imagen de Allende que poco o nada tiene que ver con la realidad. Años más tarde y gracias a una relación sentimental, acaba viajando a su país natal donde descubre una visión de la historia completamente diferente a la que le contaron. En paralelo a este descubrimiento, asistimos al auge y caída del recordado presidente chileno y a la traición del golpista militar porteño.
 

Más allá de la trama, la parte gráfica al cargo de Jorge González es muy interesante. Combina carboncillos, pasteles y lápices con técnicas cercanas al collage, dotando de una personalidad propia a cada viñeta del álbum. Muy chulo todo.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Todo sobre Joselito

¿Un cómic sobre una vieja gloria de la España más casposa? ¿La historia del tipo aquel que competía en pechamen con actrices porno, aspirantes a modelo, profesionales del braguetazo y demás fauna depositada en una playa de Honduras? ¿Un libro prologado por ese engender llamado Jorge Javier? ¿¿¿Estamos locos???

Pues sí, mola.

Y mucho. 
 

Y es que la historia del niño de la la voz de oro - “el pequeño ruiseñor”-, es harto interesante y va mucho más allá de sus afamadas interpretaciones de “El Pastor”, “Campanera”, “Doce cascabeles” o “La malagueña”. No digamos ya de la retahíla de infumables películas que protagonizó entre los 50 y los 60, para suerte de Carmen Sevilla o la familia Campos y desgracia de un par de generaciones. ¡Hay mucho más! Vamos, que la odisea vital de este jienense afincado en Utiel no solo da para un cómic, sino para una película o hasta una serie. ¡De la HBO! 
 

Cómo siendo un chiquillo tuvo que arrastrarse hasta los confines de la provincia de Valencia, donde su hermano habría de participar en la construcción del Embalse de Benagéber a mayor gloria de Paquito Pantanos. O cómo llegó a cantar en medio mundo, dejando impresionado a distinguidos personajes como Maurice Chevalier o a Ed Sullivan, en cuyo Late Show participó dos veces. También cómo fue testigo de excepción de la Revolución Cubana, topándose con Fidel y el Che, o cómo más adelante se exilió en Angola en donde de alguna manera llegó a involucrarse con la guerrilla. Y cómo acabó siendo un capo de la droga en la Plana de Utiel. Cuestión esta por la que dio con sus huesos en la cárcel.


Pero no es solo la historia. Formalmente “Las aventuras de Joselito, el pequeño ruiseñor”, es una delicia. No se cuantos estilos diferentes se dan cita en el libro, hasta convertirlo en una especie de catálogo de la historia del noveno arte. José Pablo García elige uno diferente por episodio, siempre en función de lo que nos cuenta. Tenemos el estilo clásico de los tebeos de Bruguera, el de las revistas de chicas de los ochenta, gráficas que recuerdan a las aventuras de Tintín, a los superhéroes de Jack Kirby o a las historietas bélicas...


Un gran trabajo para contar la apasionante y desconocida historia de este personaje de la farándula nacional.

jueves, 25 de febrero de 2016

Rituales

Ya hace un par de semanas asistí a la presentación de la última creación surgida de la chola del historetista Álvaro Ortiz. Publicada por la siempre interesante Astiberri y titulada tal cual esta entrada, se trata de la cuarta novela gráfica firmada por el autor maño, incluyendo en el listado aquel coitus interruptus llamado “Fjorden” con la que inició su andadura en esto del noveno arte.

Aquí la historia comienza con dos amigotes buscando piso en Barcelona. Tras una larga búsqueda consiguen alquilar uno bastante céntrico y a precio razonable. Les han contado además que en el piso de abajo no vive nadie ya que es el almacén de un anticuario. Pero, el hecho de que, tras meses viviendo allí nadie entre ni salga de dicho almacén, empieza a inquietar a uno de los amigos, que acabará obsesionándose. 
En torno a ese punto de partida orbitan una serie de episodios, aparentemente independientes, conformando estos “Rituales”. Desarrollándose en diferentes lugares y momentos de la historia, e involucrando a personajes de lo más variopinto. Una seguida de capítulos breves sin título cuya única vinculación es, a parte del halo de misterio, la presencia de ese ídolo fálico que aparece en la cubierta del tebeo.

Una novela bien chula que atrapa conforme se va enmarañando a medida que aporta más y más información. Y con un final como mínimo desconcertante.

jueves, 12 de noviembre de 2015

Las Meninas

No voy a ponerme aquí a desgranar las grandes virtudes que atesora la creación más celebre de don Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, ni a relatar la influencia de este cuadro en la obra de unos cuantos artistas posteriores. Tampoco es mi intención ahondar en su condición de cumbre del arte barroco, ni resaltar el hecho - bien conocido por otra parte- de que estamos ante uno de los grandes momentos de la pintura occidental. Ni siquiera abordaré el asunto de los enigmas que el lienzo encierra, por mucho que resulte fascinante elucubrar sobre esos secretos ocultos -algunos no lo son tanto- que Las Meninas esconden a plena vista.

Durante siglos, el cuadro que representa a la familia de Felipe IV, ha inspirado a artistas y escritores, convirtiéndose en un verdadero icono cultural. Los últimos en caer rendidos han sido los madrileños Santiago García y Javier Olivares, guionista el primero, ilustrador el segundo, de ese fantástico tebeo titulado precisamente “Las Meninas” y que ha sido justísimamente galardonado con el Premio Nacional del Cómic 2015. El jurado lo ha elegido por, literalmente, “ser una obra que asume un riesgo en la estructura narrativa y en el planteamiento gráfico que se resuelve con brillantez, y por constituir un buen acercamiento a la figura de Velázquez, su época y su influencia en otros artistas”.

Y no es moco de pavo. Porque sumergirse en él y en la deconstrucción que de la figura de Velázquez y su proceso formativo/creativo que le habría de llevar hasta pintar "Las Meninas", es una de las mejores cosas que le puede pasar en estos momentos a un apasionado del mundo de la historieta. Y hasta del universo pictórico creado por el gran maestro sevillano, ¡que coño! 
 

lunes, 22 de junio de 2015

Retorno a aquel Mediterráneo tan feliz

Íñigo Domínguez es vasco y además reside desde hace mucho en la bella Italia. Es más, según parece, su relación con el país que le vio nacer, se limita a pasar las vacaciones en familia y visitar a los amigotes de la infancia. Cuando este corresponsal de El Correo en Roma decidió embarcarse en el proyecto del que ahora os voy a hablar, llevaba la friolera de siete años fuera del territorio nacional. Y según el mismo reconoce, apenas si conocía la costa mediterránea, más allá de que, posiblemente, alguna vez se halla rustizado en las playas de Salou o hasta zampado algún remedo de pintxo de los que se elaboran en las "tabernas vascas" de Benidorm. Al margen de todo eso, no existen dudas sobre que Domínguez se ha convertido y por méritos propios, en uno de los periodistas españoles actuales más interesantes. Un tipo con unos puntos de vista que no son solo respetables sino que además, en la mayoría de ocasiones, considero acertadísimos. Y sus proyecciones, nunca gratuitas, se acercan peligrosamente al concepto de premonición. Valga como ejemplo la nota previa a la primera edición de "Mediterráneo descapotable" (Libros del KO, 2015):
"Cuando iba y venía de vacaciones tenía una sensación creciente de que todo el mundo se estaba volviendo loco y mi país cada vez me gustaba menos. La degeneración del paisaje visual, el explícito, me parecía a mí, era resultado de un concreto paisaje moral, oculto, o no tanto. En verano ya se empezaba a sentir que algo no iba bien -ya habían saltado las primeras alarmas por el desplome de la venta de pisos- pero ni nos imaginábamos el auténtico significado de la palabra crisis, que íbamos a descubrir enseguida, en caída libre."

El viaje que da origen a este libro y consiguientemente a este tipo de reflexiones, se produjo durante el verano del 2008. Al poco tiempo quedaría oficialmente inaugurada la crisis que aún hoy día perdura, con la celebérrima quiebra de Lehman Brothers -el banco, que no los maravillosos diyéis-.
La idea inicial era recorrer parte de la costa mediterránea, visitando sus principales enclaves, en tan solo un par de semanas y a bordo del descapotable que se cita en el título. El viaje comenzaría por Collioure (Francia), desde la tumba en la que reposan los restos de Antonio Machado, para terminar en ese esperpento llamado Gibraltar. Estamos por lo tanto ante un libro de ruta, escrito de forma amena e incluso divertida, aún cuando lo que hay detrás tiene poco de gracioso. De ahí que muchos de los chistes y bromas recogidas enmascaren furibundas críticas. A fin de cuentas, el distanciamiento obligado del periodista respecto a las realidades que presencia, le permite captar con mayor objetividad los defectos de un país ya en plena crisis, aunque por aquel entonces casi nadie fuese consciente de ello. Así es como vamos asistiendo a una relación detallada de desmanes, que van in crescendo conforme descendemos por la A-7. Y es que, visto lo visto, las barbaridades cometidas en Lloret de Mar o Burriana palidecen ante los despropósitos y las corruptelas que han campado a sus anchas en diferentes enclaves de las provincias de Málaga y Alicante o la región de Murcia.

Pero lo más interesante de este road-book, viene al final del viaje. Íñigo Domínguez se ha peocupado de redactar un apéndice actualizado a fecha de anteayer, el cual podría resumirse con el profético a la par que castizo "de aquellos polvos, estos lodos". Las casi cien páginas en las que consiste esta especie de informe sobre la corrupción mediterránea, debería avergonzarnos a todos aquellos que somos y/o habitamos a la vera del Mare Nostrum. El sinfín de corruptelas, la cantidad de políticos chapuceros y el tamaño de las tramas de delincuencia financiera que han aflorado durante los últimos años en esta parte del país, son una cosa tremenda. Increible que hallamos consentido que se llegara hasta ese punto. Y todo por culpa de un concepto mal entendido de lo que supone es la mediterraneidad. Turismo de Sol y playa que muchos -¡demasiados!- interpretaron como turismo de pelotazo y a huir.

También podríamos ver este "Mediterráneo descapotable" como un cuento moral. Una lamentable historia de tontos y/o malos en la que se nos conmina a aprender de nuestros propios errores y a no volver a insistir en ellos. Aunque es más bien un deseo que un mandato. Basta con oír a ciertos políticos de la terreta para darnos cuenta de que el cambio de modelo y sobretodo de mentalidad aún anda lejano. 

En definitiva, una recomendable lectura veraniega. Casi fundamental para aquellos que siendo de por aquí, aún no se han aprendido la lección... 

Ah! Que no se me olvide... Me parece un gran acierto por parte de la editorial, el haber ilustrado cada uno de los diecisiete capítulos de este libro-viaje, con otras tantas viñetas firmadas por mi amigo Esteban. Una serie de ilustraciones marca de la casa que le van como anillo al dedo a este librico.

jueves, 16 de abril de 2015

El Paraíso Perdido, de Pablo Auladell

En la presentación de la colosal adaptación que de “El Paraíso Perdido” de Milton ha realizado Pablo Auladell, el propio autor nos confesó que durante el proceso creativo había intentado mantenerse absolutamente ajeno a las iconografías creadas tanto por Gustave Doré, como por William Blake. Fue hace más de un mes en la librería Bartleby de Ruzafa y en ese encuentro, el ilustrador alicantino remarcó que no lo hizo por una cuestión de soberbia, sino para evitar sentirse intimidado. Visto el resultado, muy bien por el alejamiento. Porque “El Paraíso Perdido” de Auladell es una obra dotada de una iconografía propia e independiente de la de otros, deliciosa en sus formas y colores y muy, pero que muy Auladell style. 

Y eso que el encargo tenía su aquel. No me quiero imaginar la dificultad que debió de suponer recrear en imágenes ese complejo universo poético-narrativo, tratando de respetar la estructura creada por Milton allá por el Pleistoceno Medio. Si bien, Auladell también se tomó sus licencias a la hora de contarnos el origen de la caída de Satán a las tinieblas y de los hombres en el pecado original. Otro gran acierto. 
He dicho que la obra nació fruto de un encargo pero no fue exactamente así. Y es que, a tenor de lo que nos explicó el propio autor, hubo varios encargos que se sucedieron en el tiempo. El primero se remonta al año 2010 y fue de la mano de Huacanamo. A esta editorial dedicada fundamentalmente al mundo de la poesía le debemos un primer tebeo, que se correspondería con lo que hoy es el primer capítulo de “El Paraíso Perdido”, titulado “Satán”. Los otros tres se gestaron tiempo después y a raíz de otro encargo, este de la editorial Minos. Su intención era que Pablo Auladell retomara la obra donde la dejó y concluyese la adaptación de este clásico de la literatura inglesa. Al final la cosa no funcionó demasiado bien. Lo que no quita que el ilustrador se lo currara y tras un denodado esfuerzo que se alargó varios años, concluyese la obra que ahora publica Sexto Piso.

Un enorme y bendito esfuerzo que ha dado como fruto una auténtica virguería literaria. Porque “El Paraíso Perdido” de Auladell es una puta maravilla. Libro referencial para cualquier amante de la buena literatura, independientemente de si profesa amor o no por el variopinto mundo de la historieta. Y es que “El Paraíso Perdido” se devora, deglute y hasta rumia con sumo placer. Enhorabuena pues para su autor y también a la editorial. El libro les ha quedado bien chulo.

martes, 3 de febrero de 2015

Cosmic Dragon... de Carlos Vermut


¡Todos juntos! 
¡Todos juntos!
Lucharemos sin fin
por un mundo amor
por un mundo de paz. 

¡Todos juntos! 
¡Todos juntos!
Lucharemos sin fin
por un mundo mejor
por un mundo ideal. 

Ira y destrucción
contra los enemigos
sin piedad acabaremos
contra el terror asesino. 

Con Boken y sus amigos
lograremos derrotar
a los seres del abismo
del mundo infernal. 
¡Cosmic Dragon!
¡Cosmic Dragon!

Tremendo. 

martes, 28 de octubre de 2014

Unastoria

Hoy hablaremos de una historia, de hecho “Unahistoria” -“Unastoria” en su original italiano-. Y lo hago por tratarse del esperado regreso del más popular historetista italiano de todos los tiempos tras unos añitos de voluntario silencio. Aunque bueno, esto último es una verdad a medias ya que Gipi se ha mantenido activo, pero alejado del noveno arte, precisamente para hacerse un hueco en el mundo del séptimo. Yo diría que lastimosamente. E incluso vergonzosamente, a la vista del resultado. Y es que el día que Gian Alfonso Pacinotti decidió guardar sus lápices y pinturas para ponerse a rodar, en algún lugar del mundo murieron cientos de gatitos y hasta un unicornio. Porque “L'ultimo terrestre”, el debut cinematográfico del pisano, es un auténtico espanto. Por mucho que su autor trate de defenderse con el argumento de que la peli fue nominada en los premios David de Donatello e incluso mencionada en el Festival de Venecia. Pero ni caso. Una bacalà infame.
Y por esa cagada el tío nos ha dejado en ascuas todo este tiempo. O sea, que si hubiese seguido dibujando a la vez que se ciscaba en el mundo del celuloide, pues no habría nada que reprocharle. Cada cual con su tiempo y dinero puede hacer lo que le salga del pié. Pero lo que no tiene perdón de Dios es que Gipi, uno de los grandes del cómic, se dedique a jugar a ser un artista total, un uomo del Rinascimento, sin ofrecernos nada decente a cambio que nos haga pasar por alto su delirio. ¡Tus ausencias se notan compadre! Y no creo que eso mismo lo estén diciendo en los despachos de Cinecittà.

Respecto al tebeo en sí tan solo decir que es fantástico. En el se nos cuenta la historia de Silvano Landi, un escritor de éxito que parece no discernir la realidad de la ficción. El tipo ha perdido la chaveta y consagra sus días a dibujar de forma compulsiva dos imágenes recurrentes: una estación de servicio y un gran árbol desnudo. Además está completamente obsesionado con el hallazgo de las cartas que su bisabuelo Mauro, soldado durante la Primera Guerra Mundial, escribía a casa desde las trincheras. Así es como Gipi nos hace participe de esta segunda historia que, como habréis deducido ya, se entrelaza con el presente de Silvano conformando así esa única historia a la que hace referencia el título.
Enorme. Como todas las cosas que hace este hombre. Okey... ya... eso sería antes de ver la peliculita de marras. Digamos que maravillosa novela gráfica como todas las novelas gráficas que firma Gipi. Así mucho mejor.  

Más Gipi aquí... y aquí...
El cagarro también esta disponible. Que Dios os pille confesaos...

jueves, 20 de marzo de 2014

Speak Low, de Javier Montesol

Nada mejor para sobrevivir a la resaca fallera que dejarse embargar por la cadencia jazzística de una canción como "Speak Low”. Compuesta en 1943 por Kurt Weill, con letra de Ogden Nash, para el musical de Broadway “Venus era mujer”, es posible que a algunos os suene. A los más cinéfilos del lugar casi seguro, si bien, la recordaréis gracias a la versión cinematográfica que de esta obra dirigió William A. Seiter en 1947. Por cierto, interpretada por una Ava Gardner en plenitud de facultades. “Speak Low” era y es aquel corte cargado de melancolía que nos hablaba/habla sobre el inexorable paso del tiempo. Un camino en el que siempre, ¡a Dios gracias!, aparecen desvíos hacia la felicidad. Aunque luego esta, como los ojos del Guadiana, aparezca y desaparezca con demasiada rapidez.

El pintor, ilustrador e historetista Javier Ballester Guillén (aka Montesol) se basó en esta bonita canción para retornar al mundo del cómic, después de más de dos décadas centrado en otros menesteres. No hay que olvidar que Montesol fue uno de los pioneros del cómic underground en España, gracias a su participación en revistas como El Víbora o Makoki. Y su vuelta ha sido notable, con una historia de dolor y esperanza, en la que un hombre ve como toda su vida se va a la mierda tras la muerte de un hijo, por culpa de un absurdo accidente de tráfico. Aunque más importante que la historia en sí, o mejor dicho, lo que hace que la historia sea más impactante, es como esta dibujada. Expresionismo puro. Intenso y descarnado, casi desnudo, de trazo guarro, tremendo.

Muy recomendable.   

lunes, 10 de marzo de 2014

Monster

Joer, me he tirado dos meses enteros en los que mis lecturas en el metro se han reducido a seguir los pasos del doctor Kenzo Tenma en la búsqueda de su monstruo. El bicharraco en cuestión responde al nombre de Johan Liebheart y no es más que un chaval alemán, bastante atractivo e inteligente, a quien el neurocirujano japonés salvó la vida cuando tan solo era un niño. Además lo hizo contraviniendo las órdenes de la superioridad, lo cual desembocó en la muerte del alcalde de Dusseldorf y, consiguientemente, en el final de la prometedora carrera del Dr. Tenma dentro del sistema sanitario alemán.

“Monster” es un manga escrito y dibujado por Naoki Urasawa que está compuesto por la friolera de treinta y seis tomos de unas 100 páginas cada uno. 3600 páginas de ná en las que uno acaba absorto, por más que las diferentes líneas/historias paralelas a veces nos hagan perder el hilo de la narración principal. Este es el principal hándicap de una novela gráfica que, por lo demás, me ha parecido bastante buena. Bueno, eso y el asunto de la extensión. Y es que estos japos se ponen a dibujar y son incapaces de parar. Lo de sintetizar parece que no va con ellos.

¿Dos meses para esta mierda de post? Pues sí tíos. Lo cogéis y os lo leéis...

...el manga digo.

Hala. 

viernes, 3 de mayo de 2013

Portugal, de Cyril Pedrosa


El Portugal creado por Cyril Pedrosa es un reducto idealizado y poético que le sirve a Simon Muchat, el prota de la historia, para reencontrase consigo mismo. El amigo Simon es un joven historetista que tras un exitoso debut sufre un bloqueo que le impide volver a escribir. Este bloqueo, además, se está llevando por delante su vida sentimental y todas sus ilusiones. Pero un buen día recibirá una invitación para asistir a un festival de cómics en Portugal y será allí, en el país de sus ancestros, donde renacerán en él las ganas de vivir y de crear.

Simon Muchat, de xicotet
“Portugal” es una novela gráfica que se compone de tres actos. El primero, de entorno urbano, nos presenta a Simon y su drama. El segundo, en el que el autor nos traslada a la Francia más rural, sirve de encuentro entre el protagonista, su padre y sus tíos y primos, aflorando puntos oscuros del pasado de los Muchat. En la tercera y última parte, nuestro dibujante se refugia en Portugal para retomar su trabajo creativo y recuperar viejos lazos de sangre.

Es un libro muy bello, un bonito regalo si tenéis alguien a quien regalárselo. Más allá de la historia en sí, un canto intimista y poético sobre la familia, la identidad y la libertad, “Portugal” destaca por su dibujo maravilloso, preciosista, incluso expresionista.

lunes, 22 de abril de 2013

Los ignorantes


Mi reencuentro con el mundo del cómic, tras un largo periodo en el que sin saber muy bien porqué me he mantenido al margen de viñetas y bocadillos, ha sido a través de “Los ignorantes” de Étienne Davodeau. Se trata de un libro atípico, harto recomendable para aquellos que seáis aficionados a la historieta y/o al vino, aunque también para aquellos quienes, como un servidor, tan solo sientan una vaga curiosidad por cualquiera de esos dos temas.

Como reza en el subtitulo de portada, “Los ignorantes” es el relato de una iniciación cruzada, la del propio autor -de quien aún no me había leído nada pese a que tengo algunas de sus obras en mi biblioteca- y la de su amigo el viticultor Richard Leroy, propietario del viñedo Les Noëls de Montbenault en la zona de Anjou. Porque Davodeau no sabe casi nada de vinos, ni del cultivo de la uva, ni del terruño, ni de las leyes de la biodinámica, mientras que Leroy apenas si ha leído cómics, pero como los dos están rebosantes de curiosidad, deciden juntarse para aprender. Eso les llevará a emprender un viaje de más de un año en el que trabajarán codo con codo en las viñas de Leroy, a la vez que establecen un plan de iniciación a la lectura de novelas gráficas. No hace falta decir que de esta experiencia da testimonio “Los ignorantes”, un libro ameno y divertido en el cual se abren muchas botellas y se leen bastantes cómics –aunque también se asiste a muchas bodegas y catas, editoriales y talleres de ilustración, festivales del cómic, etc…-.
Quizás lo más interesante del libro -al menos para mí- sea la sección de recomendaciones. Y es que Étienne Davodeau irá citando, a lo largo de las más de 250 páginas que tiene el libro, todos aquellos cómics que él considera como imprescindibles del género.

Es chulo.

martes, 2 de abril de 2013

Utopia


No soy yo muy de series. Eso de tener que esperar una semana o más para ver si Cenutrio se carga a Ceporro, o para descubrir si Merluzo es quien se oculta tras la figura de Marroner y por lo tanto es el responsable de los desplantes de Mónguer Guaper a Mostrenko, pues como que no me va. Por eso vi del tirón “Utopia”, serial conspiranoico británico de tan solo seis capítulos que fue emitido por el Channel 4 entre enero y febrero de este mismo año. Me dejé convencer por un amigo gracias a ese último dato y se lo agradezco, es chula y tiene un principio y un final al que se llega en un espacio de tiempo más o menos razonable (un poco menos de seis horas en total). Bien es cierto que, al abrigo del éxito obtenido en el Reino Unido, los productores de la miniserie ya anuncian una segunda parte. Con todo, supongo que “Utopia – 2º parte” no tendrá nada que ver con esta utopía y contará otra historia protagonizada por otros personajes. Es que sino, ya me explicarán los señores como se las van a ingeniar.

En fin… al jaleo. “Utopia” es una especie de thriller que gira en torno a la búsqueda de una novela gráfica de culto titulada “Los experimentos de Utopia”. Escrita y dibujada por un científico loco recluido en un psiquiátrico, la obra parece contener una serie de secretos y predicciones sobre ciertos eventos de catastróficas consecuencias. Como cabe esperar, son muchos los interesados en hacerse con el cómic y al coste que sea. Y aquí entran en juego nuestros protagonistas. Se trata de media docena de frikis que tan solo se conocen virtualmente en el entorno de un foro de Internet y que acaban viéndose envueltos en la carrera por conseguir el manuscrito. El problema es que no son solo ellos los interesados. La pugna la completan desde miembros de los servicios secretos británicos, altos cargos del Ministerio de Salud, organizaciones secretas de todo tipo y condición, amén de asesinos y maleantes más o menos independientes.

La historia es absorbente. Te mantiene en vilo gracias al juego de conspiraciones, identidades ocultas, malentendidos y revelaciones continuadas que se van concatenando a lo largo de la trama –sino de que me iba yo a chamar la serie casi del tirón-. También es verdad que, justamente a causa de esto último, acaba por ser un poco mareante, siendo, desde mi punto de vista, el principal hándicap de la serie. Y es que el uso y abuso de elementos sorpresivos enrevesan un producto al que, creo, le sobran historietas y sobretodo algún que otro giro argumental. Por todo lo demás “Utopia” me parece excelente. Especialmente en lo que se refiere al tratamiento de la imagen –sublime- y en la música. Una marcianada compuesta por un tal Cristóbal Tapia de Veer (gran nombre) que podéis escuchar aquí.

Lo dicho, una serie bastante chula y que engancha de la hostia.
…y que comienza tal que así:

domingo, 29 de abril de 2012

El hombre que se dejó crecer la barba


Mi condición de barbudo que gusta de dejarse crecer la barba y que los pelos que la conforman se distribuyan a voluntad, pero que además alardea de ello en cada ocasión que se tercia, llevó a que alguien muy próximo me regalara este bonito álbum del historetista e ilustrador belga Ollie Schrauwen. Se trata de una serie de historias, en concreto seis y una coda, cuyo nexo común es que están protagonizadas por hombres con barba. Bueno, también sus altas dosis de surrealismo, el empleo del humor absurdo, un erotismo bastante explícito y la exaltación, más o menos velada, de la creación y el proceso creativo a través del dibujo. La verdad es que el cómic es muy original, rebasando en mucho los límites que ofrece el género, al menos para alguien que es aficionado pero ni mucho menos especialista.
Schrauwen mezcla el dibujo y la pintura hasta difuminar los límites entre el cómic y las bellas artes, retornando siempre a los temas —erotismo y educación, principalmente— que mejor sugieren el fracaso del hombre que intenta establecer parámetros a lo primitivo. Pero no se trata de “entender” este libro, sino de adentrarse en él y de experimentarlo en toda su ferocidad.  (Noel Murray – The A.V. Club)
Me ha gustado mucho, sí señora. Cenkiuverimach…

miércoles, 25 de abril de 2012

Wimbledon Green


Wimbledon Green es un tipo obeso que siempre va ataviado con un traje anticuado y un ridículo sombrerito, al que nadie conoce demasiado bien. Sabemos de su pasión por los cómics, no en balde se autoproclama “el mayor coleccionista del mundo”, y también conocemos que consiguió zanjar el mejor acuerdo de intercambio de cómics de la historia del coleccionismo, pero poco más.

Siguiendo la misma técnica que perfeccionaría en “George Sprott: 1894 – 1975”, Gregory Gallant (aka Seth), fantástico historetista e ilustrador de quien ya os hablé aquí, recrea en esta novela gráfica un mundo bastante absurdo y con altas dosis de surrealismo en donde sus protagonistas, con Wimbledon Green a la cabeza, son esclavos de sus pasiones. Al igual que ocurría en “George Sprott…” estamos ante un falso documental sobre un tipo cuya historia vamos conociendo, de forma fragmentaria, a través de las opiniones emitidas por aquellos que lo conocieron o de alguna manera trabaron relación con él. Y es que los libreros especializados, los inversores norteamericanos o los coleccionistas rivales de Green siempre sospecharon de este hombre y de su fantabulosa colección. Ese es el motivo de que no se corten un pelo a la hora de disertar acerca de las intenciones del orondo personaje, de su significado papel dentro de la “escena”, de su enorme ego, e incluso lleguen a cuestionarse aspectos relativos a su identidad.

El problema es que la lectura de “Wimbledon Green” me ha llegado tarde y mal. Lo digo porque esta obra es anterior a “George Sprott: 1894 – 1975”, a la que se parece demasiado. Una novela gráfica que me encantó y que, según yo lo veo, es bastante mejor que esta. No sé que hubiese pensado si las editoriales españolas hubiesen seguido la secuencia lógica, editando primero esta novela –aparecida originalmente en EEUU a finales de 2005- y después "George Sprott...", pero lo que sí sé es que esa técnica documentalista y ese intento por contar una historia larga a través de numerosas historias cortas que tanto me impactó aquella primera vez, pues ahora ya no. Más aún cuando, tanto el protagonista como su historia, son mucho menos interesantes. Supongo que con “Wimbledon Green” Seth intentó experimentar nuevas formas narrativas y que, probablemente, de no haberlo hecho, no habría podido idear obritas maestras como la mencionada historia del señor Sprott. Lo cierto es que el resultado obtenido en “Wimbledon Green” no va más allá de un mero ejercicio iniciático, imperfecto, no carente de interés, pero bastante regulero. En definitiva, una obra menor de este interesante autor canadiense. Decepcionante.

lunes, 13 de febrero de 2012

Malo no, lo siguiente


El otro día me leí del tirón los siete números de Black Summer y os he de decir que es un cagarro de dimensiones considerables. Y es que Black Summer pretende ser un cómic sesudo de superhéroes, en la onda The Watchmen ya me entendéis, pero no se queda ni a mitad de camino. Más que nada porque no se entiende un pijo. Fatalmente escrito por Warren Ellis, el único interés radica en las ilustraciones del andaluz Juan José Ryp, si bien tampoco es que la cosa sea como para tirar cohetes. Es más, se aprecia un gusto del dibujante por el recargamiento visual, el abigarramiento de cosas y colores y ese horror vacui todavía ayuda menos a la hora de que pillemos de que va la historieta. Se supone que nos están contando las consecuencias de que un superhéroe bueno se cargue al Presidente de los Iuesei, no sabemos muy bien porqué. Obviamente este ficha no es el único con superpoderes en ese ridículo mundo ideado por el señor Ellis, también están los Seven Guns, otrora compañeros de aventuras y tropelías de John Horus -así se llama el faker asesino- y ahora ¿enemigos? ¿justicieros de la noche y del día? En fin, que así es como vas pasando las hojas y sigues sin enterarte de nada o te enteras de cosas que en realidad no llevan a ninguna parte, eso sí, desde el inicio eres consciente de que tanto los superhéroes güenos como el supermaloso son los personajes más mal trazados que has visto en tu vida. Y así hasta ese glorioso final… ¡Una pirueta digna del peor guionista de Hollywood! Vamos, que todo se va a tomar por culo y casca hasta el apuntador (¡¡¡Toma spoiler!!!). No os enfadéis, os he hecho un gran favor. Hacedme caso y no lo leáis.

Lo dicho, malo no, lo siguiente.

viernes, 20 de enero de 2012

Crónicas de Jerusalén


Jerusalén pasa por ser la ciudad más bizarra que he pisado en mi vida. Bueno, bizarra no sería la palabra que mejor definiría a la capital de Israel. Ese adjetivo se lo reservo a otros sitios en los que también he estado como Las Vegas, con sus millones de luces de colores iluminando el cielo de Nevada, Vilna con esa mezcla de edificios soviéticos, iglesias neoclásicas, casas tradicionales y barrios hippies, o Benifaió (Lupin sabe porqué... Mourinho no). Porque Jerusalén es más bien marciana. Pero marciana hasta decir basta. El único lugar en el mundo donde te puedes topar con un tipo paseando alegremente a sus hijos, vestido de sport y con una ametralladora de última generación colgada a la espalda. Yo anduve por allí hace menos de un año y a pesar del poco tiempo que permanecí, quedé tremendamente impresionado. Algo parecido, pero con mayor conocimiento de causa, debió de pasarle al historetista canadiense Guy Delisle. Al menos eso se desprende de la lectura de sus “Crónicas de Jerusalén”, en las que narra sus vivencias tras un año en la Ciudad Santa. Delisle nos muestra las numerosas peculiaridades, extravagancias y situaciones absurdas propias de Jerusalén, que el autor va descubriendo en sus vagabundeos: las restricciones a la libertad de desplazamiento, los cacheos e interrogatorios sistemáticos, los enfrentamientos entre las diferentes comunidades cristianas que gestionan el Santo Sepulcro… Aportando así su personal visión de uno de los conflictos más enquistados del planeta. Todo ello, como no podía ser de otra forma, siguiendo su particular estilo sobrio y haciendo uso de un agudo sentido del humor.
Ahondando en el asunto de la marcianidad como característica definitoria de Jerusalén, el autor realizó unas declaraciones a diversos medios de comunicación para promocionar su nueva obra afirmando lo siguiente: “Hay cosas que sólo he entendido al estar en Jerusalén. Y cuando descubro algo nuevo tengo la debilidad de creer que es interesante compartirlo. Por ejemplo, me parecía pertinente explicar cómo funcionan las colonias, de qué forma está dividida en dos la ciudad, este tipo de cosas…”.

Con todo y con eso, un servidor, devoto confeso de la obra de Monsieur Delisle, ha quedado un tanto decepcionado con estas crónicas. Y eso que su aparición en las estanterías de mi librería de cabecera supuso de un acontecimiento de primer nivel. No quiero decir con ello que el libro sea una mierda, no está tan mal, pero viene a ser más de lo mismo si ya te has leído “Pyongyang”, “Shenzen” o muy especialmente las “Crónicas birmanas”. Y es que el historetista canadiense ha continuado la senda emprendida con esta última, la de mostrar su lado más íntimo y hogareño. Hay que tener en cuenta que tanto en “Crónicas birmanas” como en estas “Crónicas de Jerusalén”, Delisle marcha al extranjero en calidad de cónyuge de una cooperante de Médicos sin Fronteras, para hacerse cargo del cuidado de los hijos en común. En fin un libro recomendable tan sólo para fans. Si queréis introduciros en el universo Delisle mejor cogeros "Pyongyang". 

Por cierto que las fotografías son mías. En la de más arriba podréis observar a tres judíos, cada uno con el atuendo que mejor representa su devoción, pegando cabezazos contra el archiconocido "Muro de las lamentaciones". Aunque la de abajo mola más. Se trata de un obrero descansando en la Ciudad Vieja, después de una agotadora jornada de trabajo. Y es que, como veréis, no solo en Espain pasan ese tipo de cosas...     
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