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martes, 14 de enero de 2014

El Imperio, según Kapuscinski

Como os decía en la entrada que colgué ayer, muy mal titulada “El Roto vs Kapuscinski”, hoy toca hablar de este último. El motivo es obvio: la muestra fotográfica que actualmente y hasta finales de mes, se expone en el MuVIM (Museu Valencià de la Il.lustració i la Modernitat). La exposición, que se ha titulado aquí “Kapuscinski (Ryszard) - L'Ocàs de l'Imperi”, está compuesta por una serie de fotografías tomadas en diferentes repúblicas de la ex- URSS por el propio Kapuscinski durante el periodo 1989-1991. Parece ser que el mítico reportero tenía en proyecto organizar una exhibición con esas imágenes, tomadas en el marco de todos aquellos viajes magistralmente narrados en su obra magna “El Imperio”. Pero el hombre se murió sin concretar nada. Unos años después, algunas de las instantáneas seleccionadas fueron halladas entre su extenso archivo personal. Y de ahí salieron las cincuenta que se expusieron en la Galería Nacional de Arte Zacheta de Varsovia, reducidas aquí a treinta y cinco. Se ve que cincuenta aún les pareció demasiado a los encargados de esta cosa.

Como habréis deducido ya, la exposición me supuso una decepción mayúscula. Y es que quien suscribe estas líneas es muy fan del periodista polaco y se ha leído la mayoría de sus libros. Curiosamente el primero fue “El Imperio”, justamente en el proceso de “ambientación” que precedió a un bonito viaje que me llevaría a transitar por entre las tierras de los zares, hace la tira de años. 
Se supone que con la exhibición de estas fotografías se pretendía dotar de una dimensión personal a todo aquello que tan bien se contaba en el libro. Pero no. Y es que treinta y pocas imágenes, la mayoría de ellas sobre la marcha que tuvo lugar en Moscú frente al intento de golpe de Estado perpetrado por Guennadi Yanáyev, no dan para dimensionar nada. Y lo que es peor, no le hace justicia a un magnífico libro que cuenta como ninguno el como y los porqués del desmembramiento de la URSS. Porque “El Imperio”, pese a no ser más que un librito de viajes y anécdotas, cuenta ese periplo mejor de lo que hacen la mayoría de manuales de historia. Nunca un relato personal me había ayudado tanto a comprender un proceso histórico tan complejo. Bueno, matizo lo anterior, rayando a ese nivel de excelencia, aunque referido a otros procesos y localizaciones, también están los libros que Kapuscinski dedicó al Sha de Persia (“El Sha o la desmesura del poder”) y al puzzle africano (“Ébano). Y es que, como comentó en su día Salman Rushdie, “un Kapuscinski vale más que mil chupatintas con sus gimoteos y fantasías”

En fin, ¡lástima de exposición!

Por cierto que del genio de Pinsk ya os hablé aquí y también aquí. Y de la peligrosa moda instaurada en Valencia de montar exposiciones de mierda, justo aquí

lunes, 28 de junio de 2010

Carteles del futurismo italiano en el MuVIM


Si hay una vanguardia genuinamente italiana, esa es el futurismo. Mientras en Francia triunfaban los fauvistas y en Alemania los expresionistas, en la Italia de comienzos de siglo se gestaba uno de los movimientos artísticos más interesantes de toda la historia. Fue promovido por Filippo Tommaso Marinetti a partir de la afirmación "un automóvil de carreras, que parece correr sobre metralla, es más hermoso que la Victoria de Samotracia" (Manifiesto del Futurismo – 1909). Marinetti, estimulado por el rápido cambio social que se estaba produciendo, propugnaría una “revolución cultural” que debía abarcar todos los aspectos de la sociedad, partiendo del arte, para luego incluir las expresiones de la cultura y, más en general, los modos de vida.

Pues bien, durante estos días en el MuVIM, tan en boca de todos por culpa de oscuras cuestiones que no vienen al caso, se expone una interesante muestra de las novedades que el lenguaje futurista introdujo en el cartelismo publicitario italiano. Carteles en los que se asume el mito de la velocidad y el progreso de la tecnología como momentos fuertes de una sociedad que mira al futuro rechazando la tradición. Así vemos interesantes obras de Federico Seneca, Renato Bertelli, Ernesto Michaelles –Thayat-, Carlo Carrà o Giacomo Balla en las que se introducen todos los conceptos del movimiento en la publicidad de algunas de las principales marcas e instituciones italianas. También en favor del régimen fascista al que, desgraciadamente, secundaron la mayoría de futuristas desde la creación en 1919 de los “fasci italiani di combatimento” de Benito Mussolini. En esta línea fascista destacan varias esculturas presentes en la exposición, sobretodo una maqueta para un palco de Mussolini ciertamente curiosa. El furor por el progreso, la revolución tecnológica y el militarismo llevó al escultor a crear una cabecera en forma avión de guerra. Para mi gusto, la más chula de todas las obras expuestas.

En conclusión, “El espíritu del futurismo en la publicidad italiana” es una exposición breve pero ciertamente interesante. ¡Como no!, politiqueos al margen, hay que reconocer que la estética futurista es de lo más potente que nos dejaron las vanguardias artisticas de comienzos del siglo XX. 
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