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jueves, 11 de febrero de 2010

La carretera - The Road

A ver, no es que no me haya gustado la película, pero me esperaba algo más. Que sí, ya lo sé, que Viggo Mortensen y el chiquillo (bien guapo por cierto) lo hacen muy bien, que la fotografía al cargo de Javier Aguirresarobe se sale, que el trasfondo post-apocalíptico está muy logrado… pero es que el listón estaba muy alto, demasiado para un casi-debutante en estas lides como el australiano John Hillcoat. Probablemente, si estuviésemos ante una obra original, o una adaptación cinematográfica de la novela de algún manta, la hubiese valorado más. Pero es que “La carretera” se basa en la novela homónima escrita por Cormac McCarthy que ganó el Premio Pulitzer 2007. Y Mr. McCarthy pasa por ser uno de los mejores escritores vivos, ¡que coño!, juntamente al también norteamericano Philip Roth, los dos mejores que nos quedan. Así que, massa pa’ la carabassa Johnny!!!   

Y tenía muchísimas ganas de verla, la verdad. Fundamentalmente porqué me encantó la novela, por otra parte, como toda la obra de McCarthy. Pero es que además, mientras la leía, me parecía que podría salir una muy buena película de ella, a diferencia de lo que me pasa con otras obras suyas menos “cinematográficas” y de las cuales se anuncian inminentes adaptaciones al mundo del celuloide (en este sentido me tiene intrigado como el sobrevaloradísimo Todd Field va a resolver los problemas de adaptación que plantea la magnánima “Meridiano de sangre”). Concluyendo, que con “The Road (the movie)” me equivoqué. O se ha equivocado el señor Hillcoat.

Tampoco quiero ahuyentaros de las salas de cine, no sea cosa que el gremio de empresarios del sector vaya a por mí y me banee el blog. Ya os he comentado al principio del post que la película no me ha disgustado. Además, si no os habéis leído el libro, o sí, pero no sois fans del autor, es probable que os guste hasta mucho. Porqué la historia es inquietante, lúcida y te mantiene atado a la butaca del cine (o a la de lectura) hasta conocer el desenlace final. Y como os he dicho antes, los actores están bastante bien y las circunstancias “ambientales” que rodean esa desenfrenada huida hacia delante, de un padre y un hijo que luchan por sobrevivir en un ambiente hostil, también. Pero se echa en falta parte del sentimiento que transmite la novela. Y le sobran flashbacks explicativos de cosas que no hay necesidad de explicar. No hace falta decir que estos últimos son aportación personal del director.

En fin, haced lo que queráis. Aunque lo mejor sería que, independientemente de que vayáis al cine o no, os leáis el librito, que por cierto es bastante corto y te lo acabas en dos ratos. Y si queréis más sobre mi escritor favorito, ahí abajo dejo enlazado todo lo que escrito de él:



lunes, 15 de diciembre de 2008

Mortensen - American Yakuza


Fue durante mis primeros años de Universidad, cuando iba loco recabando apuntes de todo quisque para completar unos temarios que tenían más agujeros que la declaración de la renta de Carlos Fabra. En algún momento y por recomendación de algún compañero, aparecimos en aquella reprografía cutre en la que se prestaban a fotocopiar no sólo apuntes, también libros enteros. Mientras hacíamos la cola nos dedicamos a comentar los curiosos pósteres de películas que, en forma de decoración, colgaban de las paredes del local. Nos pareció curioso el que, a diferencia de la mayoría de negocios que se deciden por este tipo de motivos, los carteles hiciesen referencia a films bizarros, desde luego bastante desconocidos. Por encima de todos destacaba uno con el jetón de un rubiales y en torno a él, unas enormes letras rojas que rezaban “M O R T E N S E N”, en la parte superior, y “A M E R I C A N   Y A K U Z A”, en la inferior. Que si hubiera sido P A C I N O  o  D E  N I R O -o cualquier otro actor más o menos célebre por aquel entonces- la cosa se hubiera quedado ahí. Pero al colocar como reclamo a un tal Mortensen, a quien no conocían ni en su casa cuando se acercaba a cenar, nos resultó cachondísimo. El asunto es que gracias a eso se nos quedó grabado el título de la peliculilla de marras y el apellido danés de aquel fulano. Y volvimos por allí un montón de veces poseídos por el embrujo de Mortensen y sus yakuzas americanos, no tanto para hacer unas fotocopias que podíamos agenciarnos más cerca y hasta barato. La cosa es que “American Yakuza” alcanzaría así la categoría de película de culto en nuestras mentes adolescentes. ¡Y eso que ninguno la había visto!

Pasados unos años y superada la edad del pavo, los complejos entresijos de la función pública valenciana determinaron que servidor recalara en la localidad alicantina de Petrer. Allí, durante mi primer mes de estancia, me alojaría en una especie de apartotel bastante asequible, que contaba con el aliciente de la tele por cable. Y mira tú por donde que, una tarde nada más volver del curro, se produjo el reencuentro con “American Yakuza” y el gran Mortensen. Por fin, tantos años después, conseguí ver esta joyita del cine de acción dirigida por un tal Frank A. Cappello en 1993. La cinta cuenta la historia de un agente del FBI –Mortensen- que se infiltra en una poderosa familia yakuza asentada en los Estados Unidos, con la intención de acabar con ella. A raíz de esto, el hombre se ve envuelto en una sangrienta guerra entre mafias. Vamos que hay tiros a mansalva y muere hasta el apuntador.

Como habréis deducido ese tal Mortensen no es otro que “Aragorn, hijo de Arathorn, heredero de Isildur, señor de los Dunedain, heredero del trono de Gondor, apodado Trancos, Capitán de los Montaraces del Norte…” A quien la fama le sobrevino al poco, así que mis colegas y servidor siempre podremos decir que le descubrimos antes que el populacho. Por lo demás tan sólo apuntar que “American Yakuza”, como película, es una mierda pinchada en un palo. Y el desempeño de Viggo Mortensen, así como la del resto de chinos esquizofrénicos que le acompañan en la aventureta, produce vergüenza ajena. Así que, si no la habéis visto, cosa probable, tampoco hace falta que os rompáis los cuernos buscándola… Dejadlo correr. En serio.

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PD. Por mucho que lo he intentado, no he podido dar con una imagen del cartel igual al que tenían colgado en la mítica reprografía. Me temo que alguno ya se habrá percatado… Y le sonará la música. Recuerdos de juventud lo llaman. Bendita juventud.
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