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miércoles, 4 de diciembre de 2019

El adversario


Hay una película española del año 2002 protagonizada por José Coronado –él siempre tan preocupado de nuestra flora intestinal-, sobre un fulano que se jacta de ostentar un carguito en el Banco de España, aunque el tío no aparece por allí ni de visita. Tiene una familia perfecta, vive en un bonito chalet, conduce un cochazo y por tener tiene hasta una amante, pero nadie sabe que su vida está basada en la mentira. La película se titula “La vida de nadie” y está dirigida por Eduard Cortés. Es una historia terrible sobre la simulación permanente y el infierno al que normalmente está abocada, que se inspira en “El adversario” de Emmanuel Carrère. El mayor éxito del escritor y realizador parisino hasta la fecha.

Y es que cuando Càrrere publicó su novela un par de años antes, puso patas arriba el panorama literario del país vecino. Se trata de un relato escalofriante que fue comparado con “A sangre fría”, de Truman Capote, al contener una investigación rigurosa sobre un crimen y un criminal: Jean-Claude Romand, quien en enero de 1993 mató a su mujer e hijos, también a sus padres e intentó, sin éxito, suicidarse. La investigación reveló que no era médico, tal como pretendía y, cosa aún más difícil de creer, tampoco era otra cosa. Mentía desde los dieciocho años y a punto de verse descubierto, prefirió suprimir a aquellos cuya mirada no hubiera podido soportar. Fue condenado a cadena perpetua si bien, recientemente, salió en libertad condicional para realojarse en una abadía. Y es que, según parece, el criminal ha padecido una suerte de conversión religiosa en estos veintiséis años entre rejas. Confiando, supongo, que su momento final será algo mejor que el de sus padres.
“Para los creyentes, el instante de la muerte es aquel en que ven a Dios, no ya oscuramente, como un espejo, sino cara a cara. Incluso los no creyentes creen algo parecido: que en el momento de pasar al otro lado los moribundos ven desfilar en un relámpago la película completa de su vida, por inteligible. Y esta visión que hubiese debido poseer para los ancianos Romand la plenitud de las cosas cumplidas, había sido el triunfo de la mentira y el mal. Deberían haber visto a Dios y en su lugar habían visto, adoptando los rasgos de su hijo bienamado, a aquel a quien la Biblia llama Satán, es decir, el adversario.”

El autor, que estableció cierta relación por correspondencia con Romand e incluso lo visitó en prisión, trata de desentrañar el misterio. Nos ofrece algunas pistas que nos ayudan a comprender las descomunales mentiras y la incapacidad del sujeto a la hora de cortarle el paso a una bola de nieve que cada día era más grande. Pero deja abiertos un montón de interrogantes, como no podía ser de otra forma. Porque el caso se las trae. ¿Cómo fue capaz de mantener esa vida de soledad, de impostura y de ausencia durante tanto tiempo sin que nadie sospechara nada -o al menos lo suficiente como para desenmascararle-? Imaginar lo que bullía en su mente a lo largo de las horas muertas, cuando se suponía que estaba trabajando y en realidad pasaba el tiempo en parkings, bibliotecas, cafeterías o paseando por los bosques... Un engaño tremendo con el que no ocultaba nada más que el vacío más absoluto. Y es que, al final, “El adversario” es un cuento de terror y no solo por su desenlace.
“Una mentira, normalmente, sirve para encubrir la verdad, algo vergonzoso, quizá, pero real. La suya no encubría nada. Bajo el falso doctor Romand no había un auténtico Jean-Claude Romand.”

Antes he citado a Capote y “A sangre fría”, por aquello del paradigma de novela de no ficción sobre una investigación criminal, pero quizás el antecedente más cercano de “El adversario” sea otra novela, esta sí de ficción. Hablo de “El extranjero” de Albert Camus, también una historia sobre un asesino y su condena. Sobre todo porque la frialdad de Romand recuerda más a aquel Meursault  de glacial indiferencia para con el mundo que lo rodea y al que todo le da igual, que a la pareja de outsiders que asesinaron a la familia Clutter.

Por cierto que, aparte de la cinta mencionada al comienzo, hay al menos dos films más que se inspiran en la novela de Carrère. La primera es “El empleo del tiempo” y está dirigida por Laurent Cantet. No puedo hablar de ella porque aún no la he visto. No es el caso de “El adversario” (2002) de Nicole Garcia, la que pretende ser la adaptación más fiel y a la que le eché un ojo hace un par de días. Y para mi sorpresa está bastante conseguida. Pasando por alto que, quizás, me imaginaba a un Romand con una jeta diferente a la del gran Daniel Auteuil. Cuestión menor, lo sé. Quejarse de vicio lo llaman… Porque no vi una foto de Romand hasta después de leer el libro y la verdad es que tampoco me lo imaginaba como realmente es (o era).

Cuando uno está metido en ese engranaje de no querer defraudar, la primera mentira lleva a otra y es toda una vida (…) Cuanto más avanzaba la mentira, más dura era revelarla”

lunes, 2 de septiembre de 2019

Lo de las niñas de Alcàsser en Netflix


He visto lo de las niñas de Alcàsser en Netflix y lo primero que he sentido es pena. Bueno, también un poco de asco. Lo primero tiene que ver con los recuerdos y es que este menda se crió en un poblet de la Ribera que está a poco más de diez kilómetros del de Míriam, Toñi y Desirée. Encima tenía más o menos la misma edad que las niñas cuando desaparecieron, aquella fatídica noche de 1992. Recuerdo el revuelo generado en la terreta. Como la incertidumbre, la inquietud y después el miedo se expandieron por unas calles nada acostumbradas a este tipo de sucesos. Allí donde lo normal era morir de viejo o de aburrimiento, pero de pocas cosas más. Y todo por culpa de un crimen que ocupa un lugar destacado en la crónica negra nacional. Asociando el nombre de Alcàsser, el pueblo de alguno de mis amigos, a aquel lamentable episodio. También recuerdo de forma un tanto difusa, cuando fui con los del Soler i Godes hasta la plaza del Ayuntamiento para no sé bien qué. Visto lo instrumentalizado que estuvo todo, me temo lo peor.

A ver, antes de nada tengo que decir que el documental, cómo producto, no me ha parecido gran cosa. Ni la organización de los materiales, ni la secuencia cronológica, ni la forma de narrar… Nada de ello hace de este “El caso Alcàsser”, guionizada por Ramón Campos y León Siminiani y dirigida por este último, algo memorable. Sí que sirve para recordar cosas que no sé si quería recordar y confirmar lo hijos de la gran puta que pueden llegar a ser los medios de comunicación en este país. También constatar cómo tantos años después, seguimos siendo tan fáciles de engañar como entonces. O hasta más. Y es que el fenómeno “Esta noche cruzamos el Mississippi” se repite día tras día a través de los titulares tendenciosos cuando no directamente falsos de nuestra prensa libre. Y es que la popularidad del caso Alcàsser sirvió para estafar a millones de personas. Venderle a todo un país la existencia de una conspiración urdida por poderes ocultos y de la que formaban parte notables de la cosa pública y hasta el famoseo. Y compraron. O más bien compramos. ¿Esperar a los resultados de las investigaciones para señalar culpables? ¿¿¿Lo’qué???

Lo cierto es que lo sucedido en Alcàsser remite directamente a lo que nos cuenta el gran Billy Wilder en “El gran Carnaval”, una de mis pelis favoritas de siempre. Allí, un periodista al que interpreta Kirk Douglas, se topa con la exclusiva de su vida y el lamentable espectáculo que sobreviene nos lleva hasta Nieves Herrero y el programita que se cascó solo un día después de que se encontraran los cuerpos de las niñas. Un vergonzante momento televisivo recogido en “El caso Alcàsser” y que, visto hoy día, aún estremece. En la película, en un determinado momento, el director del periódico para el que trabaja el prota le comenta: “Entonces le preocupa poco la verdad...” A lo que el periodista contesta: “No como para pararme. Estoy en el camino de la gran noticia de mi vida y no me preocupa hacer tratos con un algún sheriff desalmado, y si tengo que aderezarlo con una maldición india y con una esposa desconsolada, tampoco me importa”. Algo parecido debió pensar la periodista buitre arriba mencionada o el coprófago de Pepe Navarro, conductor del “Mississipi”. Con la inestimable colaboración del criminal, que no criminalista, Juan Ignacio Blanco. Fallecido recientemente sin haber mostrado ni uno de esos vídeos que, según él, aclaraban todo. Una mentira más en la trayectoria de quien vivió de engañar y de la pasta de los crédulos hasta el fin de sus días.

Por otra parte, la miniserie de León Siminiani también sirve para corroborar aquello de que a una víctima, por el mero hecho de serlo, no le asiste la razón. Y es duro expresarlo así, pero vaya, que ser el padre de un asesinado por ETA no te convierte en candidato ideal al Ministerio de Justicia y supongo que se entiende. Porque al padre de una de las niñas se le fue la olla, lo cual es hasta razonable, pero de ahí a darle pábulo a cualquiera de sus ocurrencias… Como le leí a Joan Oleaque, autor de “Desde la tenebra”, “nunca llegó a creer algo que en los Juzgados se vive día a día: un niñato indeseable es capaz de hacer un mal realmente atroz. Propio de las películas de terror incluso. Por eso se dejó engañar por Blanco.” Y así fue como dio cancha a todas las conjeturas, especulaciones e hipótesis que este le susurraba al oído. A cada cual más rocambolesca, que todo hay que decirlo.  Y eso a pesar de que el juicio no dejó lugar a dudas sobre lo que pasó y quienes fueron los responsables de ello. Y es en este punto donde el documental anda más atinado, mostrando como se construyeron esas teorías. Al final y mal que le pese a alguno, no quedaron misterios importantes por resolver, más allá de el paradero de Antonio Anglés, responsable probado del crimen junto a su amigo Miquel Ricart. Me acuerdo de que en su momento se dijo nosequé de sí se había colado de polizón en un barco con destino a Brasil, el país de origen de su madre... Pero vete tú a saber. 
Una confesión ya para acabar. No muchos años después del suceso, tuve la suerte de asistir a clases con el fiscal responsable de la acción penal durante el juicio contra Miquel Ricart. Y no es que hablara demasiado del caso durante las clases, pero en aquellas pocas ocasiones y siempre refiriéndose en términos bastante crípticos, el hombre se mostraba bastante disgustado por todo. Incluso abatido. El caso es que aprendí bastantes cosas con él sobre cuestiones penales. Una de las que más recuerdo tiene que ver con esa estupidez tan repetida por los medios y cacareada en reuniones de amigos, del mito del psicópata brillante. Menuda milonga. Se la inventó el mismo que propagó aquello de que si te tragas un chicle, tardas siete años en digerirlo. O de que si te haces pajas te llenarás de granos, vaya. Y es que tan solo hace falta un hombrecillo asustado, crédulo, rencoroso o con un sentido equivocado de la épica para desatar el infierno. ¡Cuánto daño ha hecho Hollywood mondié! Ahora que lo menciono ya no estoy tan seguro que esto saliera a relucir durante sus clases. Sea como fuere, sigue siendo una verdad como un templo.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Soto Ivars, Foucault y Lewis Carroll

El otro día reflejaba por aquí cuan certero me había parecido el análisis que de la poscensura hace Soto Ivars en “Arden las redes”. Libro bien interesante cuya lectura recomiendo de nuevo. Me apetece recordarlo hoy, tras conocer que una mujer anónima ha perdido su empleo después de verter un comentario terrible sobre Inés Arrimadas en twitter. 

Comentaba el murciano que si alguien se ofende contigo por lo que cuelgues en las redes, te linchará digitalmente. Aunque no lo haga él directamente. Se bastará de sus acólitos quienes te insultarán una vez hayan reconocido la diana que tienes pintada en la frente. Si hace falta, hasta recogerán firmas para que te despidan. Para echarte del trabajo, que es exactamente lo que le ha pasado a una usuaria de twitter por culpa de un tuit machista y violento que no pienso reproducir aquí. En este, como en demasiados casos, la justicia la han dictado las redes y todos tan contentos. Y perdonadme si me acojona vivir en un país en el cual una turba de mónguers anónimos tras un teclado es quién dicta las sentencias. Debe ser por deformación profesional.

Quizás no recuerde demasiadas cosas de cuando estudiaba en la facultad, pero sí tengo grabado alguna cosita. Simplezas y naderías, como aquella que reza que en un país serio y democrático, la justicia la dictan los jueces y que los castigos deben ser proporcionales al delito cometido. Esto último se llama principio de proporcionalidad penal y exige un juicio de ponderación donde se valora tanto la gravedad de la pena como el fin que se persigue con ella. En definitiva, que un despido laboral por poner un tuit en tu perfil personal durante tu tiempo libre, por muy terrible que este sea, por muy execrable que sea lo que en el se manifieste, no es admisible para un Estado que se jacta de ser de derecho cada cuarto de hora.

Y luego hay otra cosa. Tiene que ver con otro comentario vertido en la misma red por un eminente miembro del PP el mismo día. Otro repugnante tuit, en este caso racista, dirigido al teniente de alcalde del Ayuntamiento de Barcelona a cuentas de su ascendencia argentina. No seré yo quien propugne un linchamiento digital y las consiguientes consecuencias en forma de cese o expulsión de este impresentable. Pero sí me llama la atención como aquí la maquinaria ha funcionado de forma diferente. Supongo que esto va un poquito más allá de lo que explica Soto Ivars en su libro. Un complemento al mismo que tiene que ver con las relaciones de poder. Aquello que decía Foucault de que la verdad la dictan los que mandan.

En un conocido pasaje de “Alicia a través del espejo”, la protagonista de la historia se sorprende de que las palabras puedan significar cosas tan diferentes. “La cuestión -zanjó Humpty Dumpty- es saber quién es el que manda…, eso es todo.” Pues eso. Y que miedo da todo, tú.

jueves, 8 de septiembre de 2016

Crímenes

Al parecer estos "Crímenes" son la primera obra literaria de Ferdinand von Schirach. Aunque bueno, viendo como escribe el gachón, es más que probable que ya pudiéramos incluir en esa categoría a sus alegatos de defensa.

Y es que estamos ante una compilación de relatos basados en la experiencia profesional de un reputado penalista alemán. Alguien que, en el ejercicio de su profesión, ha ejercido como defensor en causas penales muy conocidas en su país. Hablo de asuntos como el que afectó al miembro del servicio de inteligencia alemán Norbert Juretzko o los diferentes juicios a Günter Schabowski, aquel funcionario socialista que ganara fama mundial al propiciar, parece que accidentalmente, la caída del Muro de Berlín.

Las historias incluidas en "Crímenes" reflejan el aguzado instinto narrativo de su autor. Nunca resultan demasiado farragosas, ni por estructura ni por el abuso de términos jurídicos. En última instancia siempre nos llevan en búsqueda de la verdad judicial, lo que no obsta para que los crímenes en cuestión, los que le dan sentido al libro, sean expuestos con toda su crudeza. De ahí que el lenguaje empleado por Von Schirach sea sobrio y conciso, pero mucho menos técnico de lo que cabría esperar. Relatos que siempre están bien llevados, despertando interés y en los que, por ponerles un pero, se aprecia una excesiva preocupación a la hora de señalar las circunstancias atenuantes de los responsables.

Un libro que me ha sorprendido gratamente hasta el punto de haber despertado en mí, aunque fugazmente, aquellas motivaciones que me llevarían a matricularme en la Facultad de Derecho allá por el pleistoceno medio.

viernes, 4 de julio de 2014

La parte contratante

"Anuncio de la Junta de Contratación del Ministerio de Defensa por el que se hace pública la modificación del "Anuncio de la Junta de Contratación del Ministerio de Defensa por el que se hace pública la modificación del anuncio de la Junta de Contratación del Ministerio de Defensa por el que se hacen públicas las modificaciones de dos anuncios relativos a una misma licitación: El anuncio de la Junta de Contratación del Ministerio de Defensa por el que se convoca la licitación del acuerdo marco para el servicio de operador logístico para las Fuerzas Armadas en el Ministerio de Defensa y el anuncio de la Junta de Contratación del Ministerio de Defensa por el que se hace pública una modificación del anuncio de la Junta por el que se convoca la licitación para el acuerdo marco para el servicio de operador logístico para las Fuerzas Armadas en el Ministerio de Defensa."
Es evidente que el espíritu de los hermanos Marx se ha apoderado del Ministerio de Defensa. Así lo atestigua el BOE del pasado 18 de junio. Una auténtica genialidad que pasó medio desapercibida. Y no es justo. 
¡Viva Morenés y la madre que lo parió!

sábado, 15 de marzo de 2014

Uli Hoeness, el hijoputa

Así, titulado de la forma más vulgar que se me ha ocurrido. Pero es que el personaje no se merece otra cosa. ¡Menudo hipócrita! Porque ha caído... y eso que se jactaba de ser alguien de conducta intachable, la instancia moral de Alemania, el amigo de la Merkel, el ejecutivo honesto, aquel que predicaba las bondades del trabajo bien hecho y honrado frente al caradurismo, la vaguería y la mamandurria propia de los países del sur de Europa.

Pero “dime de lo que presumes y te diré de que careces”, que reza el refranero que es muy sabio. O mejor aún, “a cada cerdo le llega su San Martín”. Porque “una cosa es predicar y otra dar trigo”. Y Uli Hoeness el listo, el auto proclamado apóstol moral de la honradez, en realidad es un chorizo de la peor ralea. Cual Bárcenas nibelungo se dedicaba a especular con decenas de millones de euros desde su cuenta secreta en Suiza. Y así es como el Presidente del Bayern de Munich ha conseguido evadir la friolera de 27,2 milloncejos de ná... En fin, pa' que seguir. 

Ahora me acuerdo de aquellas sonadas declaraciones contra España: “Les sacamos de la mierda y sus clubs de fútbol no pagan” proclamaba el gachón. ¡Que rostro! Y no porque estuviese totalmente equivocado, sino por hipócrita. Que fácil es ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el nuestro.

A la cárcel cabrón. Y a ver si se te bajan los humos. 

miércoles, 8 de enero de 2014

Bush, out of my bush

Recuerdo la escena de un Telediario. Varias chicas completamente desnudas se manifestaban frente al Congreso de los EEUU portando unas pancartas en las que se podía leer “Bush, out of my bush” (Bush, fuera de mi “arbusto”) Obviamente la referencia al arbusto tiene que ver con el vello púbico de las mujeres. El segundo arbusto, porque el primero designa a esa planta leñosa que gobernó los EEUU -y por ende al Planeta- entre los años 2001 y 2009. Y es que justo en esos momentos, y os hablo del año 2003, en la Cámara de Representantes del Congreso se estaba aprobando la polémica ley contra el aborto impulsada por el gobierno de George W. Bush. Es ahora cuando por obra y gracia del ministro Gallardón y su asquerosa reforma de la ley del aborto española, recuerdo la escena. Una situación que entonces se produjo en Washington pero que hoy día podría darse aquí.

Sí amigos, estamos ante la obra de Gallardón “el progre”, el amigo de los sociatas según (des)Esperanza Aguirre, la gran esperanza blanca de los centristas de este país... lo queeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee???!!! ¿Que no va ahora el tipo y se destapa con una medida que nos equipara con lo más rancio y conservador del panorama político internacional? En fin... 
Desconozco si lo hace para congraciarse con el ala más conservadora de su partido, ahora que pintan bastos tras la revocación de la “doctrina Parot” por parte del TEDH, o simplemente porque es incluso más facha que su padre, ministro durante el franquismo -como afirmaba él mismo según la anécdota relatada por el profesor Gregorio Peces-Barba-. El caso es que por una cosa o por otra Gallardón ha decidido meterse en orificios ajenos y sin consentimiento previo. El tamaño del despropósito no lo da tanto el tamaño de su miembro viril, como los apoyos internacionales que ha recabado la medida: la ultraderecha de Jean-Marie Le Pen. Vamos, que no nos extrañaría que en los próximos días Gallardón fuera defendido por el presidente de la república islámica de Irán o por el ultracentrista primer ministro turco. Dicen que lo que Gallardón pretende con la medida, es que las mujeres españolas dejen de abortar como locas. Es cosa sabida que en España somos muy de abortar. Incluso hay chicas que lo hacen una vez después de cada polvo.

En fin, lo dejo aquí, que la cosa no está para muchas bromas cuando alguien pretende imponer su moral personal a la fuerza y con el respaldo del Código Penal. Espero que la medida no acabe saliendo tal cual la ha planteado el mónguer este. Aunque mucho me temo que sí lo hará, por lo que tan solo nos queda contar las horas que faltan hasta que nos quitemos de encima a toda esta purria de cristofascistas envalentonados y podamos, si es que nos dejan, revertir la situación. Unos tipos que se creen con el derecho de obligar a los demás al sufrimiento, justificándolo en arcanos e irracionales mitos y supercherías en los que, váyase usted a saber por qué motivos, creen. Por lo que a los demás nos toca, confío en que para las próximas elecciones conectemos el cerebro antes de depositar la papeleta en la urna. Aunque tampoco estaría mal que al final de la carrera, existiera ese hombre del espacio justo y redentor en el que todos los gallardones de este país fundamentan sus desmanes. Y estaría bien porque así podría bajar hasta la Tierra con su coro de ángeles y llevarse a todos sus adoradores en dirección a ese maravilloso cielo por el que tanto suspiran. Nos dejarían a los demás bastante más tranquilos. Amén.
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Ilustra la entrada “El origen del mundo” del maestro Gustave Courbet. 

domingo, 7 de julio de 2013

El indio volador

A ver chavalotes, esto es independiente de si nos cae bien Evo Morales o no, de si estamos de acuerdo con sus políticas y/o con las de otros mandatarios latinoamericanos de su cuerda, de si Maduro nos parece un cantamañas y la Cristinita una bocazas... Esto no va de eso, aquí estamos hablando de otra cosa mucho más seria. De algo muchísimo más importante.

Porque esto va de si nos creemos aquello de que existen unas reglas del juego, unos derechos, un ordenamiento jurídico internacional que protegen a un mandatario democráticamente elegido por su pueblo y que, por lo tanto, tiene todo el derecho del mundo a sobrevolar el espacio aéreo de la Unión Europea sin que ningún sheriff (o lameculos del sheriff -el primer sheriff negro de la historia-) se limpie el ojete con el papel de los acuerdos internacionales que nos hemos dado entre todos para que esta selva lo parezca menos. Y sí compadre equidistaní, esto va por ti, por si no te habías enterado. Más que nada porque, si permitimos que estos tipos cometan semejante tropelía con todo un Presidente (indio, sí, pero Presidente al fin y al cabo), ¿que no podrán hacer con un pringado como tú?

Otro día si queréis hablamos sobre las responsabilidades en este affaire, de si España actuó correctamente o no, pero creedme si os digo que esto último, comparado con la verdadera cuestión, no solo es un tema secundario, sino que es totalmente baladí. Y sí, Francia, Portugal e Italia nunca debieron cerrar su espacio aéreo. Ni España, que no lo cerró, debió enviar a un cónsul para “tomarse un café” en un avión presidencial retenido contraviniendo el derecho internacional.

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Pd. AVISO 
(Para mónguers de allende y aquende los mares incapaces de leer entre líneas)
El presidente de Bolivia es indígena y ha hecho gala de su condición en innumerables ocasiones. Cuando en el segundo párrafo hablo de que no debemos consentir lo que se ha hecho con el político boliviano por muy indio que este sea, no es en desconsideración a su condición de indígena, sino para criticar a todos aquellos hipócritas que ahora callan pero montarían en cólera si se lo hiciesen a otros presidentes más “respetables” dentro de su sesgada cosmovisión. Para entendernos, los que no entenderían que eso mismo se lo hubieran hecho a François Hollande, Pedro Passos Coelho o Enrico Letta, tan blancos ellos, o a Barack Obama, tan negro él. 
Es lo que tiene Monguérland, un lugar maravilloso pero plagado de mónguers.          

miércoles, 19 de junio de 2013

El parricidio de Córdoba

El asunto es el siguiente: José Bretón, un ex-militar cordobés de 38 años cuyo último destino conocido fue Bosnia-Herzegovina, asesina a sus dos hijos de dos y seis años para vengarse de su esposa, de quien estaba en proceso de separación. El señor Bretón quemó los cuerpos de las criaturas, a las que previamente había asfixiado tras adormecerlas con somníferos, en un especie de horno creado al efecto en la finca “Las quemadillas” de Córdoba. José Bretón es culpable y por eso la Audiencia Provincial de Córdoba debe imponerle la máxima pena que recoge el ordenamiento jurídico español para este tipo casos. 

Esos son los hechos. Los conocemos gracias a los medios de comunicación que, desde el inicio de este truculento asunto, saltaron sobre este caso como lo hacen las moscas sobre la mierda. Y adoptaron el papel que les corresponde, osea, el de fiscal, el de acusador particular, el de juez instructor y el de magistrado de la Audiencia. ¿El de informar imparcialmente? Bueno, ese rol es menos importante. Así que, 40 años de trullo para el parricida. No hay más que hablar.

Ayer se celebró la esperadísima comparecencia de José Bretón ante el juez. Según contaron los medios, que retransmitieron el momento como si se tratara de un asunto de máxima prioridad nacional, el acusado se mostró frío y manipulador e incurrió en numerosas contradicciones. Los "especialistos" apostados en los diferentes platós de televisión, atestiguaron que Bretón es un ser vil, que mató a sangre fría a sus hijos, que su intervención en sede judicial demuestra que es más falso que la falsa monea y que no hace más que interpretar un papel para tratar de suscitar la duda razonable entre los miembros del jurado. Osea, que el tipo es más culpable que Judas y punto. Que los mató y no puede haber dudas al respecto. Y que eso es así, por que ellos lo valen. 
Y a mí, que soy desconfiado de nacimiento, me vino a la mente el caso Wanninkhof. ¿Lo recordáis?

Rocío Wanninkhof, malagueña de diecinueve años, asesinada en octubre de 1999 en Mijas. Uno de los mayores ejemplos de despropósito judicial-mediático producidos en la historia de este país. Un caso de error jurídico grave en el que tuvo especial relevancia el ambiente de histeria popular creado por los medios de comunicación. Como consecuencia, Dolores Vázquez fue declarada culpable de la muerte de Rocío por un jurado popular que debió ver mucha tele y escuchar a demasiado indocumentado metido a periodista. Unos años después se descubrió el error al resolverse otro caso de desaparición, el de la joven Sonia Carabantes. Eso fue en agosto de 2003. Resulta que el ADN del asesino de Sonia coincidía con el ADN encontrado en las pruebas del caso Wanninhhof y no era el de Dolores Vázquez, en la cárcel por aquel entonces, sino el de un súbdito británico residente en la zona y con un amplísimo historial delictivo en su país.

Mirad, yo no sé si José Bretón es culpable o no. Es más, me da completamente igual. Posiblemente lo sea. Quizás estemos ante alguien tan vil como para matar a sangre fría a sus propios hijos. Ya. Pero esto no es lo que me preocupa del asunto. Que una persona se cargue a sus hijos, entre cuarenta y pico millones de personas que somos en este país, no me parece alarmante. Que los medios de comunicación utilicen la noticia como carnaza y que la vida y milagros de José Bretón, sus niños, su ex-esposa y la madre que los parió a todos aparezca hasta en la sopa, con la que está cayendo, sí me lo parece. Y si además eso implica un juicio paralelo en virtud del cual nadie tiene dudas sobre la culpabilidad de Bretón, aún cuando el caso permanece abierto y no hay sentencia judicial al respecto, pues ya me diréis.  

miércoles, 27 de febrero de 2013

I'm guilty but I didn't do it


La Declaración Alford, o doctrina del “I'm guilty but I didn't do it”, es una compleja artimaña legal aplicable en la justicia estadounidense, por la cual un infractor responde a cargos penales sin admitir culpa respecto al acto por el que se le acusa. Al acusado se le deja en libertad después de admitir que existen suficientes evidencias como para probar su culpabilidad más allá de una duda razonable. ¿Lo entendéis? Pues yo no mucho y me parece que Damien Echols, Jason Baldwin y Jessie Misskelley Jr tampoco.

¿Pero quienes son estos tres tíos? Pues se trata de “Los 3 de West Memphis”, involuntarios protagonistas de una de esas historias criminales meidinUeSei que ponen los pelos de punta. Sí, os hablo de uno de esos relatos que si lo viésemos en una película nos haría exclamar “’enga ya tíos!!! ¡Eso no pue ser verdá!” Pero lo es. Vaya si lo es. Y es que en ocasiones la realidad supera ampliamente la ficción.

Todo comienza un 6 de mayo de 1993 en West Memphis, Arkansas, América profundísima, con la aparición de los cadáveres de tres críos desaparecidos unos días antes. Los chiquillos, desnudos, maniatados con sus propios cordones y con evidentes signos de violencia, serán localizados en un canal de drenaje situado en una zona boscosa próxima conocida como Robin Hood Hills. A partir de aquí se desatará la psicosis en la zona, disparándose las alarmas entre una población white trash tremendamente conservadora, religiosa y prejuiciosa. El Departamento de Policía, también preso de los mismos males y harto de que lo acusen de ineficaz, dedidirá quitarse la cada vez mayor presión popular tirando por el camino más sencillo: Buscar cabezas de turco. Así es como todas las sospechas se dirigirán hacia unos inadaptados que no encajaban con los modos y costumbres del lugar. Tres pringaos menores de 20 años a los que les gusta el heavy metal y vestirse con ropa negra. Se les acusará de asesinos y satanistas y, en última instancia, serán condenados a dos cadenas perpetuas y a una pena de muerte en el transcurso de un proceso judicial plagado de inconsistencias, incongruencias y prejuicios.

Por suerte para nosotros (y para ellos) se permitió a los realizadores Joe Berlinger y Bruce Sinofsky de la HBO que filmaran un documental sobre el caso grabando el proceso judicial. Este primer documental se llamó “Paradise Lost” y conmocionó a parte de la opinión pública tras su estreno en los Estados Unidos.

Precisamente a causa de ese revuelo y tras la aparición de nuevas evidencias en relación con los infanticidios, el mismo equipo de la HBO se acercó hasta West Memphis para grabar un nuevo documental que titularían “Revelaciones”.

Mucho después aparecería un tercer documental al que llamaron “Purgatorio”, llegando a estar nominado al Oscar en la edición de la gala celebrada en 2012.

Al final de la carrera, gracias a estos tres documentales y a toda la gente que se indignó y se implicó tras su visionado (incluyendo a personalidades como Johnny Depp, Eddie Vedder, Henry Rollins o las Dixie Chicks), los tres condenados están en la calle. Obtuvieron la libertad el 19 de agosto de 2011 tras cumplir 18 años en prisión y tras acogerse a esa extraña declaración jurídica que os explicaba al comienzo.

Pero la historia aún no ha finalizado. Los chicos, ya talluditos y algo demacrados, siguen moviéndose para demostrar su inocencia y que se les resarza, si es que eso es posible, de los 18 años de cárcel que se han tenido que comer.

Echadle un vistazo los documentales, que son largos, ya lo sé, pero merecen la pena. En todo caso no os perdáis el primero y parte del tercero donde se concentra lo más interesante. Os advierto que son bastante duros por lo que se cuenta y por lo que se muestra (se muestra todo y el que dice todo es  t-o-d-o). De esa especie de resumen sobre el affaire que se estrenó el año pasado no os puedo hablar. Sé que se llama “West of Memphis” y que está dirigido por la interesante Amy Berg (la misma que dirigió el aclamadísimo documental “Líbranos del mal”), pero no lo he visto.

Esta historia merece ser conocida. Muy especialmente por todos aquellos paladines del sistema jurídico del Common Law que plagan las aulas de nuestras facultades de derecho. También está especialmente indicada para defensores a ultranza de la institución del jurado. Muchos de ellos afectados por un mal muy de nuestro tiempo: el buenismo. Solo así se comprende el que se hayan tragado el rollo de que con la participación de los ciudadanos en la administración de justicia, la justicia se convierte en más justa. Como si no tuviese ya suficientes fallos nuestro sistema, como para dejarlo en manos de esa aberración llamada pueblo.

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Mercy Ivanauskas.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Estafadores S.A.


El señor Joan Rosell, presidente de esa organización parasitaria, rémora para la economía y refugio del fraude fiscal llamada CEOE, ha vuelto a rebuznar contra el colectivo de empleados públicos. Y no contento con ello, el tipo también se ha atrevido a cuestionar las cifras del paro, sin dar más argumento que el ultramontano y caciquil “porque lo digo yo”.

Es gracioso que la CEOE, ese nido de empresaurios sin ideas ni propuestas serias, tan solo sea capaz de “aportar” al actual panorama de crisis soflamas demagógicas pensadas para alimentar a los sectores más reaccionarios de la sociedad. Lo que, al final de la carrera, tan solo puede suponer dos cosas, el que todo esto sea una cortina de humo para eludir sus responsabilidades en la entrada/salida de la crisis y la situación de desempleo masiva que padece este país (una situación que, por cierto, aunque en menor grado es endémica y algo de culpa tendrán estos paladines de la sacrosanta iniciativa privada). Y también –o quizás principalmente- tapar las miserias de esa nociva organización. Y es que a nadie se le escapa que aquello es un nido de chorizos. El antecesor de Rosell en el cargo, Gerardo Díaz Ferrán (aka Pufomán), está en prisión por alzamiento de bienes y blanqueo de dinero, y el vicepresidente actual, Ignacio González, está siendo investigado por presuntos pagos en negro que, de resultar probados, conllevarían la comisión de delitos societarios, fiscal y contra los derechos de los trabajadores.

Pero claro, esto carece de importancia. Todos los males de este país residen en el sector público. Así que con su privatización inmediata, todo quedaría resuelto. Porque mucho me temo que eso es lo que quieren estos listos de la CEOE. Asaltar la función pública para ir agenciándose cada organismo, departamento, dirección, servicio, sección, negociado, unidad y que estos pasen a formar parte de su entramado de obsoletas empresas, anticuadas, ineficaces y escasamente competitivas en un mercado global como el actual. Que idea más buena. ¡Fuera reguladores intermedios, fuera trabas, cautelas y controladores! Articulemos una selva en la que impere la ley del más fuerte, ¡nosotros!, el empresaurio (y sus secuaces). Y es que no hay problema que el despido libre no resuelva. O pagar en negro, que de eso también saben. Así la estafa sería mucho más sencilla.

En fin. A ver cuanto tarda en caer este pájaro. Y a ver con que cruz nos toca cargar después. Me cuentan que Mr. Mercadona está comprando muchos boletos para el sorteo. ¡Y encima es amigo de Fabra! Buena señal, don Carlo en estos asuntos es el puto namber uan. Tiempo al tiempo.

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La viñeta al inicio es de Malagón.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

martes, 17 de abril de 2012

Otra de patrioterismos


A ver como abordo el tema este para que quede claro cual es mi punto de vista...

...ok, ya lo he pensado…                     ...allá voy…

En primer lugar decir que el hecho de que YPF, filial de Repsol en Argentina, sea una compañía “española” o “argentina” me la trae bastante al pairo y me explico. Tengo bastante claro que Repsol es una empresa que no se representa más que a sí misma y a los intereses de sus accionistas. El supuesto interés de la multinacional por España y los españoles queda clarísimo a la vista de la residencia fiscal de la mayoría de sus filiales en las Islas Caimán, o en el hecho de que, porcentualmente, pague muchos menos impuestos en España que los que pagamos cualquier hijo de vecino. Ello por no hablar de que nos suban el precio de la gasolina cuando les rota, sin atender ni a mi interés ni al del resto de mis conciudadanos. En vista de lo cual ¿por qué habría de preocuparme a mí que el gobierno argentino decida “nacionalizar” la filial argentina de Repsol? Sin embargo, no por ello voy a justificar lo que ha hecho esa populista que va de izquierdosa pero no lo es, llamada Cristina Kirchner (así, con apellido hebraico que mola más que el vulgar Fernández) y que actualmente ocupa la Casa Rosada.

No comentaría nada al respecto si, al igual que han hecho con anterioridad otros gobiernos latinoamericanos, Cristina Fernández hubiese ejercitado el legítimo derecho que asiste a la República Argentina de nacionalizar los recursos naturales vitales para su desarrollo económico. Lo hago porque, a poco que hurguemos en la decisión tomada desde Buenos Aires,  estudiando los precedentes, se aprecia que la cosa no va tal cual nos la quiere vender el kirchnerismo dominante. La realidad nos indica que la expropiación decretada por Cristinita es una ley a medida que tan solo afecta al porcentaje del capital de YPF que estaba en manos de Repsol, no así a las acciones de los fondos de inversión estadounidenses ni tampoco a las que son propiedad de la influyente familia Eskenazi. También se excluye a otras multinacionales petroleras que operan en Argentina, como Shell, Petrobras o Exxon. Total que, como comenta Nacho Escolar en un interesante post, más que de “nacionalización” deberíamos hablar de una simple y llana estafa que, evidentemente, no está amparada por el derecho internacional. Y entre los estafados se encuentran principalmente los propios ciudadanos argentinos, a quienes se les está queriendo vender como beneficioso algo que probablemente no les perjudique, pero que difícilmente les va a hacer la vida mejor. Bueno a unos cuantos sí, a los nuevos “jefes” del petróleo beneficiados por el cambio de poderes y que responden a los apellidos Eskenazi o Kirchner.

Mención aparte merece la peripatética puesta en escena de la Kirchner con su séquito de dirigentes al servicio de sus intereses familiares, las soflamas patrioteras propias de otro tiempo (y otros regímenes) y demás tontás protagonizadas por el peronismo militante o las Damas de la Plaza de Mayo, que celebraron la decisión de la lideresa cerrando filas frente al "neocolonialismo" opresor de la antigua metrópoli. Tan sólo faltaba por allí Maradona o los nietos de Fangio para que este burdo intento de desviar la mirada de los ciudadanos argentinos fuese aún más ridículo. Supongo que esta escenografía patriotera le viene que ni pintada a la Presidenta, buscando un enemigo exterior para distraer y cohesionar al pueblo en un momento delicado, ocultando así las propias miserias. Comentaba esta mañana alguien en una tertulia radiofónica que Repsol es a Kirchner lo que fueron las Malvinas a Galtieri. Pues eso.

Y vale sí, también es cierto que la actuación del Ministro “baby Aznar” Soria, o la enésima desaparición de Mariano “el mudo”, también rozan el esperpento. Pero esa es otra cuestión incluso más interesante que el affaire en sí que me reservo para otro post. Este iba de histerias nacionalistas, “el último refugio de los canallas” en palabras de Samuel Johnson.

lunes, 27 de febrero de 2012

To pa' Nóos


Este fin de semana comenzó la esperada comparecencia del “indignado” Iñaki Urdangarín, Duque de Palma, ante los juzgados de Palma de Mallorca. El yernísimo ha tenido que responder durante dos días a las preguntas del juez, en calidad de imputado por presuntas irregularidades en el Instituto Nóos que presidía [que también tiene gracia que a un tipo que no pega un sello durante la semana le toque pringar todo el fin de semana]. El caso es que el interrogatorio nos ha deparado pocas sorpresas. Si acaso el que Urdangarín haya relacionado en la corruptela a gente de la terreta como al Doctor Paco Camps o a Doña Rita Barberá, aunque bueno, ¿a alguien le extraña que aparezcan estos dos pájaros? Por lo demás se ha quitado el muerto de encima echándole la mierda a otro, en este caso a su socio Diego Torres, de quien asegura era el encargado de los contratos. Además, ha definido como testimonial el papel que tenía la Infanta Cristina en el Instituto Nóos. Vamos que ni él sabía y mucho menos la Infanta, elevada a la categoría de tonta oficial del Reino que "dirige" su padre.

En fin, que no sé si al final nos harán comulgar con ruedas de molino y tendremos que tragarnos que estos dos pavos no son más que un par de pardillos a quienes han utilizado, ¡pero que más da! Porque lo realmente grave es que la pasta sustraída nadie la va a reponer, ni el tal Torres, ni Urdangarín, ni la Infanta, ni la Casa Real. Y corriendo los tiempos que corren, nos hubiera venido la mar de bien para destinarla a otros menesteres más claros. Pero esa es la tónica en este país multicolor, que la pasta nunca aparece y eso que es cosa conocida por todos que el dinero, como la materia, ni se crea ni se destruye, tan sólo se transforma.

Feliz lunes.  

jueves, 9 de febrero de 2012

Pacheco tiene razón, la justicia es un mojón


Para los más jóvenes del lugar os diré que Pedro Pacheco Herrera fue el alcalde de Jerez entre los años 1979 y 2003. Militante del Partido Andalucista, Pacheco ha sido la persona que más tiempo ha ocupado ese cargo y durante su largo mandato llevó a cabo un arduo proceso de transformación de la ciudad, ejecutando importantes proyectos como el circuito de velocidad o el parque tecnológico agroalimentario. Sin embargo la fama le llegó a don Pedro por otra vía. Fue en 1985, en rueda de prensa, cuando Pacheco gritó a los cuatro vientos aquello de “la justicia es un cachondeo”. Al parecer, el alcalde jerezano no encajó muy bien una resolución de la Audiencia Provincial de Cádiz a través de la cual se anulaba un edicto de demolición de un chalé propiedad Bertín Osborne. Pacheco pretendía así denunciar la existencia de una connivencia entre el juez y los abogados del (pseudo) cantante y presentador, lo cual le acarreó una serie de problemas legales que por poco no acaban con su carrera política. El caso es que la “hazaña” del gaditano le concedió cierta notoriedad entre sus paisanos y hasta hace relativamente poco no era difícil ver pintadas apoyando su causa.

Ya han pasado unos añitos desde aquello y no muchos se acuerdan del affaire, sin embargo la afirmación de Pedro Pacheco respecto a nuestra justicia está hoy más vigente que nunca. Porque ha sido hoy, día 9 de febrero del año 2012, cuando el Tribunal Supremo ha condenado al juez Baltasar Garzón por el caso de las escuchas de la Gürtel, expulsándolo de la Audiencia Nacional e inhabilitándolo para el ejercicio de la carrera judicial por un periodo de once años (en la práctica, hasta que se jubile, ya que el magistrado cuenta en la actualidad con 57 años de edad). En una sentencia durísima, que supura odio y vendetta por los cuatro costados, los jueces del Supremo achacan a Garzón el haber utilizado “prácticas propias de regímenes totalitarios”, causando “una drástica e injustificada reducción del derecho de defensa y demás derechos afectados anejos al mismo” y colocando con ello “a todo el proceso penal español, teóricamente dotado de las garantías constitucionales y legales propias de un Estado de Derecho contemporáneo, al nivel de sistemas políticos y procesales característicos de tiempos ya superados”. Se le condena por lo tanto por un delito de prevaricación.

Y vale sí, ya sé que en un sistema garantista como el nuestro todo no vale o, por seguir la jerga de los carcas que han redactado la sentencia, el fin no justifica los medios. Y que un juez ponga escuchas a un abogado para descubrir cosas sobre su cliente es absolutamente ilegal y atenta contra el derecho de defensa que consagra el artículo 25 de la Constitución. Pero que las escuchas sean ilegales no significa necesariamente que exista un delito de prevaricación, para ello ha de demostrarse la existencia de dolo o imprudencia grave y lo habitual en estos casos es que se certifique la ilegalidad de las escuchas y por lo tanto se anulen, pero absolviendo al juez. Pero a Garzón se la tenían jurada desde hace tiempo. El hombre había pisado demasiados cayos a lo largo de su trayectoria y su historial como juez estrella le había granjeado no pocos enemigos dentro y fuera del estamento judicial. Así que, acusado por los jefes del “te quiero un huevo” (Francisco Correa y Pablo Crespo) y en connivencia con “una casta de burócratas al servicio de la venganza institucional” (Carlos Jiménez Villarejo, ex fiscal anticorrupción, dixit), la carrera del juez Garzón se ha ido por el retrete. Como diría Supercrepus, el plan “suena brillante” Pero no lo es. Tan sólo es demente. Porque tiene cojones que sea precisamente el tipo que destapó todo el merder de la Gürtel, el primero y hasta el momento el único en caer. Y a través de una sentencia fruto de una sucia maniobra orquestada por corruptos y magistrados pendencieros que, en definitiva, supone un balón de oxígeno para la corrupción imperante en España y una coerción expresa a cualquier magistrado que decida acordar un sistema de investigación legítimo como son las escuchas telefónicas” (Jiménez Villarejo again). 

Para más INRI, durante el día de hoy también hemos conocido que la Comisión Disciplinaria del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) va a investigar al magistrado encargado de instruir el “Caso Urdangarín”, por las “filtraciones” producidas durante el proceso. Ya veremos si este no acaba también en el trullo, mientras que el yernísimo se sale de rositas… y con los bolsillos llenos.  

Pues sí amigos, esto es lo que hay. Eso y que Pacheco tenía razón. Siempre la tuvo. 

martes, 7 de febrero de 2012

Berenjenal nº 153. El caso Contador


Contador se ha dopado y por lo tanto merece una sanción, es lo justo. A quien infringe una norma se le ha de sancionar. Ese es el principio básico en el cual se sustenta todo este tinglado. La existencia de ese conjunto de reglas y normas que establecen el marco adecuado para las relaciones entre personas e instituciones, autorizando, prohibiendo y permitiendo acciones específicas que atiende al nombre de justicia. Un sistema que, como todo el mundo debiera saber, tiene un fundamento cultural pero también formal, o sea, que si bien se basa en un consenso amplio entre los individuos de una sociedad sobre lo que es bueno y lo que no lo es, además requiere una codificación en forma disposiciones escritas que han de ser aplicadas por personas especialmente designadas a tal efecto.

Hasta aquí bien. O sea, bien porque como sociedad entendemos que el doping en el deporte esta mal, por ser malo para la salud y para la competición deportiva. Ergo si te dopas, se te ha de sancionar. Y como ello viene recogido en algún código normativo, en el caso que nos ocupa el reglamento antidopaje de la Unión Ciclista Internacional (UCI), y se ha juzgado por órganos investidos de esa potestad como el TAS, máximo órgano judicial en el ámbito del deporte, pues no hay nada a oponer… ¿o sí? A partir de ahora viene lo malo.

Lo malo es que la sanción es exagerada. Es la sanción máxima que se le podía haber impuesto cuando, no hace falta ser especialista en nada, para darse cuenta que las circunstancias concurrentes distan mucho de ser las más graves que se pueden dar en este tipo de infracciones. O sea, que no puede ser lo mismo el dar positivo en un control aislado y por esa ínfima cantidad que el dar positivo tropecientas veces y en cantidades muy superiores, como así ha ocurrido en otros muchos casos en la historia reciente de este deporte. Hay una cosa llamada principio de proporcionalidad y en el caso que nos ocupa no parece que se haya aplicado. No es un asunto baladí, sin él la justicia es menos justa. Y sí, ya lo sé, se le sanciona porque existe la sospecha de que la existencia de esa pequeña cantidad de clembuterol en su organismo enmascara algo más grave. Ya. Pero habrá que demostrarlo, ¿no?

¡Pues no! Porque aquí juega la prueba diabólica, un asunto que me deja pasmado, sobretodo al ver que casi nadie de los medios se eche las manos a la cabeza ante semejante barbaridad. O sea, que corresponde al acusado el demostrar su inocencia y no a quien acusa el demostrar su culpabilidad. De ahí que la sentencia concluya diciendo más o menos que, bueno, no parece que haya habido intoxicación alimenticia aunque tampoco se descarta. Tampoco se puede aseverar que haya habido dopaje pero lo más probable es que la contaminación se deba a la ingesta de algún suplemento alimenticio… Wtf!? ¿Qué clase de aberración jurídica es esa? Vamos, que como yo, señor juez, no sé que carajo ha pasado y lo que tú me dices no me lo aclara, pues te sanciono duramente aunque ni siquiera yo soy capaz de asegurar nada. Pa’ mear y no echar gota.  En fin…

Y eso por no hablar del tema de la lentitud. ¡Más de año y medio para resolver! Sorprendente a la vista de la resolución. Si tan claro estaba, ¿a que Santo tanta demora? Estos señores deberían saber que la justicia lenta ni es justicia ni es nada.

Para colmo, según leo en algunos medios franceses (e italianos), las autoridades, los opinadores y los empresarios de la cosa ciclista se congratulan de la dureza de la sentencia porque es “ejemplificante”. Pues cojonudo. El problema es que el TAS está para juzgar y sancionar ilícitos de su competencia, no para “ejemplificar”. El que Contador sea un mal ejemplo para el ciclismo, el deporte o para la infancia, como los demagogos de turno se han apresurado a decir, no es labor de ningún tribunal. Más aún cuando el ciclista ya ha sido condenado moralmente y sometido a un linchamiento mediático orquestado principalmente desde Francia, con L’Equipe y Le Monde (con los organizadores del Tour de Francia detrás filtrando cosas a conveniencia) a la cabeza. Sólo hay que ver el “reconocimiento” al que fue sometido Contador durante la presentación de la pasada edición de la ronda gala. Eso sí, mucho actuar por detrás pero nada de ser coherentes en sus actuaciones. Si tan seguros estaban de su culpabilidad, si tantos indicios obraban en sus manos, lo lógico hubiese sido prohibirle participar en cualquier tipo de competición. Pero eso no interesaba, que una carrera sin el mejor escalador del mundo es menos carrera, menos audiencia, menos ingresos y un mal negocio ¿no señor Preudhomme? En fin, que por desgracia vivimos en un mundo en el cual juzga quien no tiene competencia para juzgar y a quien realmente le corresponde tan sólo ejecuta órdenes… o ejemplifica, que parece que de eso se trata.  

Y sí, de acuerdo, en España se han hecho las cosas rematadamente mal en asunto de dopaje, con episodios vergonzosos como la Operación Puerto. También es cierto que entre los pro-Contador existe un gran número de hoolligans que se suman a la causa tan sólo por patrioterismo barato u otros que se sienten víctimas de la  histórica envidia de los franceses cuando se ven superados en algo por el vecino pobre. ¡Pero coño!, eso no quita que todo este proceso sea un enorme despropósito que poco bien le hace al ciclismo y al deporte en general.

En fin, un desastre de consecuencias irreparables. Porque yo no descartaría que esto acabara en la justicia ordinaria y allí puede pasar cualquier cosa. El tiempo será quien dé o quite razones, pero la cosa pinta bastante mal. Por lo pronto, este deporte tan bonito y tan sufrido lleva años resintiéndose por sus escándalos y por la incompetencia de sus dirigentes, perdiendo adeptos a marchas forzadas. Y no parece que este affaire vaya a detener esa espiral autodestructiva. Bastante más gente se va a borrar, hasta yo mismo.

jueves, 26 de enero de 2012

El pueblo, esa aberración... (2ª parte)


Dicen que Albert Einstein fue quien acuñó aquello de que el mundo no está amenazado por las malas personas, sino por aquellas que permiten la maldad. Ayer tarde, en esta terreta maravillosa llamada Valencia, lastimosamente, tuvimos un claro ejemplo de esto. Obviamente hablo del caso de los trajes y del jurado popular, ¡más popular que nunca!, que ha decidido que el ex President de la Generalitat Francisco Camps y su fiel escudero "Richie" Costa tienen un alma inmaculada y están más limpios que una patena. Convendría recordar que, sorprendentemente, por los mismos hechos y en las mismas circunstancias los otros dos acusados en la causa, Rafael Betoret y Víctor Campos, se reconocieron culpables. Y que el propio Camps estuvo a punto de firmar una confesión de culpabilidad aceptando el cohecho impropio.

Vale tíos, lo sé, hay que respetar el sentido de las sentencias judiciales, pero honestamente, vistas las pruebas, escuchadas las patéticas conversaciones entre los actores de la trama, oídos los testigos y los peritos, vistas las reacciones de los acusados, ¿de verdad alguien se puede creer que estos dos se pagaron sus trajes? ¿o que detrás de todo no había unos tejemanejes de dudosa legalidad? Y hete aquí con una vergonzante realidad que se esconde detrás del veredicto de no culpabilidad: La existencia de una complicidad entre la ciudadanía y los corruptos, aquello de “que más da, sí tan solo se trata de tres trajes”; el aceptar que, bueno, un representante público puede ser amigo de un chorizo y recibir regalos de este i no passa res. Al fin y al cabo gran parte de esa ciudadanía hubiera hecho lo mismo en su situación. Picaresca hispana lo llaman algunos. Borreguismo lo llamamos otros. Como borreguismo es que, en las últimas elecciones autonómicas, una mayoría cualificada de valencianos decidieran que lo de Camps no era para tanto. Más o menos la misma mayoría (5 contra 4) que ha determinado el que Camps y Costa sean inocentes. ¿Comunidad Popular igual a jurado PPopular?  Ufff… heavy heavy.

Hablemos ahora de la institución del jurado. Sonará oportunista, lo sé, pero creo que hoy es un día ideal para despotricar sobre este sistema tan molón y que tanto juego da a los guionistas de Hollywood. A saber, el sistema del jurado popular es aquel en el cual el enjuiciamiento de los acusados le corresponde a un tribunal compuesto exclusivamente por personas legas en derecho, estando excluidos, por imperativo legal, cualquiera que haya estudiado derecho. En fin, los que me conocen saben que, desde mi época de estudiante, era contrario a la implantación de esa fórmula en España. Una institución que ya había demostrado sobradamente ser un fracaso en países como los EEUU. Sin embargo algunos juristas y demasiados políticos se agarraron a ella como si fuese un nuevo triunfo del pueblo, que ahora iba participar plenamente en el ejercicio del único de los poderes del estado que les estaba vetado -A vueltas con el pueblo… ¡El pueblo!… ese ente sobrevalorado donde los haya… ¡esa auténtica aberración!-.

No quiero explayarme demasiado en el tema, pero os diré que me sorprende el que, por parte de mucha gente, se acepte que cualquier gañán sin conocimientos técnicos pueda hacer de juez. Porque un jurado compuesto por personas legas no hace sino demostrar cuanto de prescindible, inútil y hasta peligrosa puede resultar nuestra participación en la complicada y técnica labor de enjuiciar una conducta o calificar un hecho. Y es que, con todos mis respetos para el ingeniero, para la hacendosa ama de casa, para el honrado dependiente de la tienda de ultramarinos y para el respetable sexagenario que acaba de aprender a leer y a escribir, a los que se les impone, bajo la amenaza de incurrir en un delito, la obligación de formar parte de un jurado, los principios sobre valoración de las pruebas y muchos otros establecidos por la jurisprudencia para garantizar los derechos a la presunción de inocencia y a la tutela judicial efectiva, su aplicación al caso concreto, y el enlace lógico de todo ello, es algo que no se puede aprender, por así decirlo, en tres tardes.

Y todo esto a donde nos lleva. Pues a ninguna parte. O mejor, al sinsentido más absoluto. Y a la desazón… y a la rabia. A la sensación, no con poco fundamento, de que con un jurado profesional el veredicto hubiera sido otro. A que se nos rían en la cara. A que políticos de medio pelo como el ex President de la Generalitat se salgan de rositas tras cagarla y encima se jacten de ello subrayando, como lo ha hecho hoy el mismo Camps, que “ha valido la pena ponerse frente al sistema”. ¡Con dos cojones! Camps against the machine!!! O a que la Presidenta de Castilla la Mancha y Secretaria General del PP, Mª Dolores de Post-Pedal, se cuestione cosas como quién repara ahora la honorabilidad del señor Camps. ¡Ale pues! Nómbrelo usted Presidente (y a Richie secretario) de la Comisión Nacional contra las Prácticas Corruptas en las Administraciones Españolas. Siendo tan honrados y capaces y habiendo sido tan injustamente tratados por España, no se entendería otra medida. En serio, esto es pa’ mear y no echar gota.

Pues eso es lo que hay. Aunque la cosa siempre es susceptible de ponerse peor. Valencia podría llegar a convertirse en un "paraíso judicial". Vamos, que no me extrañaría que los abogados del Gordi de Megaupload solicitaran ser enjuiciados aquí en Valencia y con jurado popular. Poca broma.

miércoles, 4 de mayo de 2011

El affaire Osama

El otro día leí como Nacho Escolar se reconocía un demócrata trasnochado, al no estar de acuerdo con las ejecuciones extrajudiciales. En esa misma línea, Iñaki Gabilondo en su videoblog, se cuestiona el que la liquidación de Osama Bin Laden haya sido calificada por casi todo el mundo como "una noticia excelente". Y no les falta razón a ninguno de los dos. 

No seré yo quien se ponga a defender al malo de la película, pero no creo que haya mucho que celebrar en todo este asunto. O sea, que sí, vale, lo acepto, que el amigo Osama es la más perfecta encarnación del mal, un sujeto con el diablo bajo el turbante, el hombre del saco que vaga por las calles cuando ya ha anochecido en busca de niños extraviados para llevárselos a su cueva… todo okay… pero tíos ¿no se merecía un juicio justo? O sea, ¿no se supone que es eso lo que nos diferencia de los malosos? Eso de la tutela judicial efectiva y demás chorradas que enseñan las facultades de derecho de medio mundo (incluyendo las americanas). 

Pues parece que no, ahora ya no es así. Corren nuevos tiempos en los que se impone el modelo Juez Dredd o Mr. Freedom. Ese en el cual hemos de aceptar como normal que los Seals -esos tiarrones armados hasta los dientes que a poco que se parezcan a como nos los muestra Hollywood hay pa’ acojonarse- se planten en la casa familiar de los Bin Laden y la emprendan a tiros contra todo bicho viviente. ¿No hubiera sido mejor detenerlo y llevarlo ante un juez? Más aún conociendo como conocemos que el tío ni siquiera iba armado. Joer, si hasta a Timothy McVeigh, el del atentado de Oklahoma, aquel que confesó haberse cargado a 168 personas en un edificio oficial…¡el puto Tim McVeigh! …con un pepino que ocasionó heridas de todo tipo a más de 500 personas… ¡el fuckin’ McVeigh!... ¡hasta él tuvo derecho a un juicio en el cual pudo defenderse! Pero Osama no… Why not Mr. Obama??? Tendremos que aceptar que Tim McVeigh era malo, incluso muy malo, pero no tanto como Osama Bin Laden. Porque hay que ser realmente malo para que te mate el Premio Nóbel de la Paz.

Respecto a la fotito con la que ilustro la entrada, no comment. Ahí tenéis a la plana mayor del país de las barras y estrellas asistiendo en vivo y en directo al fin de Bin Laden. Cualquiera diría que estaban presenciando el Barça – Madrid.  
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