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lunes, 26 de agosto de 2013

Reflexiones tras una noche de tormenta

1.Teófila Martínez es tonta del culo. Lo cual no sería demasiado grave de no ser porque la tipa es la alcaldesa de Cádiz (para vergüenza de los ciudadanos de esa maravillosa ciudad con la que tantos lazos me unen).
Aunque para ser sincero, prefiero creer que sus declaraciones son las de una inútil con cargo que no sabe ni de lo que habla, porque sino tendría que pensar que estamos ante una nueva aportación a la política social del PP condensada por el eslogán “si tienes twitter no pidas para comer”. Por otro lado se me ocurre que alguno dirá ahora que como no van a tener cuentas en Suiza ¡¡¡si los hay que las tienen hasta en twitter!!!

2. “Holy Motors” es un zurullo se ponga como se ponga Jordi Costa. Es pretenciosa, pedante y aburrida.
Parece ser que ahora la calidad de una película no se mide en función de los elementos que aporta, sino por la ausencia de esos mismos elementos en otras producciones a las que catalogaríamos de convencionales y/o menos arriesgadas (ergo malísimas). O sea, una especie de grandeza entendida a sensu contrario. Pues bien, que la mayor parte de las producciones actuales resulten previsibles no convierte al film de Leos Carax en una obra maestra. Como tampoco el hecho de que Arbeloa sea incapaz de hacer un centro en condiciones, convierte a Azpilicueta en Garrincha, capish??? Y es que “Holy Motors” no deja de ser un buen mojón. Y lo es porque no se entiende un cazzo de lo que cuenta, porque las escenas supuestamente impactantes no son para tanto y ni siquiera tan novedosas como se ha querido vender (todas ellas tienen referentes, algunos evidentísimos), pero sobretodo porque esa ambigüedad tan alabada por la crítica no es otra cosa que el manido recurso cinematográfico de director limitado que no sabe como contar algo y se escuda en aquello de “dejo la interpretación en manos del espectador inteligente”. Que sí, que la sobre-explicación es una mierda y no seré yo quien haga apología de ese mal made in Hollywood, pero uno ya empieza a cansarse del reverso a esa praxis: la nada-explicación pedante (también conocida como el “si no te enteras de lo que quiero contarte no es por culpa mía, sino tuya porque eres tonto”). Pues eso.

3. No sé si el “Tata” Martino también es tonto, pero desde luego un rato hipócrita y demagogo sí parece.
Que no suelta el tipo, en referencia al coste del posible fichaje de Gareth Bale por el Real Madrid, los números me parecen casi una falta de respeto para el mundo en general”. Por contra que tu estrella cobre más de 30 millones de euros anuales entre sueldo y contratos publicitarios y que, en menos de dos años, se le haya revisado al alza varias veces, es un ejercicio de coherencia acorde a los tiempos que corren. Como también lo es que, no contento con todo lo que percibe, le de por defraudar a Hacienda (ergo a todos). Y que tu presidente te haya traído a Neymar por la ajustadísima cifra de 57 millones de euros (de los que 42 se han perdido por el camino en comisiones y demás) está de puta Mulder... Obvio. Como que tus emolumentos por entrenar a 23 tíos en calzoncillos durante 2 horas al día y decir tonterías en rueda de prensa, dé para pagarle el sueldo a treinta o cuarenta médicos o profesores... Y es que eso es lo malo que tiene el escupir hacía arriba, que al final la ñapa te cae en la cabeza.

4. La única verdad que encierra el caso de Harry Quebert es que la editorial Alfaguara es capaz de convertir una mierda en ingentes cantidades de pasta para los bolsillos de sus accionistas. Completamente inexplicable lo de esta novela. No es que sea mala, es que produce vergüenza ajena. Y no hay más que hablar.

5. Sin ser tan mala como la anterior, “Cosmopolis”(de Don Delillo), también es basura. ¡Pero es que su adaptación cinematográfica es aún peor!
Dirigida por David Cronenberg, a quien uno le tiene tenía un respeto, “Cosmopolis -the movie- es un engendro infumable que no da ni para pasar el rato. Una paja mental en la que se nos ofrece una especie de vaticinio sobre como será el final del capitalismo, o yo que sé (ni quiero saberlo), y que únicamente denota la grave diarrea mental que padecen Cronenberg y/o Delillo. Pero es que encima, por si no había ya bastante, la cinta está protagonizada por el caramuerto de la saga Crepúsculo. Y la cosa podría haber sido aún peor si el veterano director de “Una historia de violencia”, “Promesas del este” o “Scanners” (¡quien te ha visto y quien te ve, David!) hubiese conseguido contratar a Colin Farrell para el papel, como parece que intentó (¡¡¡guata fak!!!).

6. Esperanza Aguirre es mu' mala. ¡Malísima! Una mala yerba de esas que nunca muere ni morirá. Una cucaracha capaz de sobrevivir a un holocausto nuclear. Una persona que cada vez que abre la bocaza es para faltarle al respeto a alguien y cuya mera presencia en pantalla provoca que muera un pony en la otra parte del mundo. A parte de eso también es la imagen gráfica de como en este país cualquier mediocre puede triunfar en política. Y es que no contenta con su coherente condición de liberal – funcionaria, a la señora marquesa le dio anoche por despacharse con el siguiente tuit:
En fin, debe ser que el jamón (como los sobres y el twitter) son solo para los neoliberales y los peperos. Y es que ya se sabe que no se hizo la miel para la boca del asno... ¡ni la del pobre! Trabajadores comiendo jamón, ¿a donde vamos a ir a parar? Que será lo siguiente, ¿que tomen cava? ¿Marqués de Cáceres? 
Supongo que ahora asistiremos al patético espectáculo de ver a sus acólitos justificándola. Puede ser que incluso salga el Carromero de turno quitándole hierro hasta a la enésima trama de financiación irregular de su partido. Lógico por otra parte y es que, ¿que importancia tiene ese asuntillo ahora que sabemos que en la sede de CCOO se come jamón?

En fin chicos, que queréis que os diga... ¿Veis esa mierda que se acerca? Pues sí. Es el puto martes que se anuncia aún peor que el lunes. Valor y fuerza.   

miércoles, 17 de agosto de 2011

El barro reposa... pero la sangre es vagabunda...



América: Espié cuatro años de nuestra historia. Fue una larga vigilancia móvil y un chantaje de patada en la puerta. Tenía licencia para robar y libertad de acción. Seguí a gente. Pinché teléfonos, grabé conversaciones y recorrí en elipses los grandes acontecimientos. Me mantuve en la sombra. Mi vigilancia enlaza el Entonces con el Ahora de una manera nunca antes revelada. Yo estuve allí. Mi reportaje se basa en rumores creíbles y en información privilegiada. Un enorme rastro de documentos permite su verificación. Este libro recoge expedientes públicos robados y diarios personales usurpados. Es una suma de aventura personal y cuarenta años de aprendizaje. Soy un albacea literario y un agente provocador. Hice lo que hice y vi lo que vi y de lo demás me fui enterando a lo largo de la historia. Veracidad de escritura pura y contenido de revista de escándalos: es esta conjunción lo que le da la chispa. Lleváis dentro la semilla de la credulidad. Recordáis el tiempo que abarca esta narración y captáis la conspiración. Estoy aquí para deciros que todo es verdad y que no es en absoluto como pensáis. Leeréis con cierta reticencia y al final capitularéis. Las páginas siguientes os obligarán a sucumbir. Voy a contároslo todo.
Con esta nota de Don “el pariguayo” Crutchfield comienza “Sangre vagabunda”, despedida y cierre de la Trilogía Americana de James Ellroy. La enésima obra maestra de quien muy posiblemente sea el mejor autor vivo del género negro. Ya han pasado dieciséis años desde que el angelino se embarcara en esta aventura con la publicación de “América, según el mismo reconoce, inspirado por la lectura de la novela Librade Don DeLillo. Al igual que ocurre en la segunda parte, Ellroy recurre a esa maravillosa prosa, casi telegráfica, trufada de frases cortas y palabras todavía más cortas, en ocasiones sincopadas, que se han convertido en su seña de identidad. En cada capítulo nos ofrece la visión de un nuevo personaje, una nueva localización, un nuevo acontecimiento protagonizado por supervivientes de Seis de los grandes, como Wayne Tedrow Jr o Dwight Holly, o por nuevos personajes incorporados a la trama como la activista Joan Rosen Klein o el miembro del DPLA Scottie Bennett, además de por los habituales personajes históricos -Edgar Hoover, los chicos de la Mafia con Carlos Marcello al frente...- que otorgan a “Sangre vagabunda” y a toda la Trilogía esa latitud histórica que tanto parece gustar a Ellroy. Como ocurría con las dos novelas anteriores, no es este un libro fácil de leer. La lectura es complicada y no nace del placer, sino de la obsesión por conocer, por saber, por comprender esta trama compuesta por cientos de micro-historias que van sobre sexo, mujeres, racismo, política, drogas, activismo, corrupción, crimen, poder, religión y hasta esoterismo. También nace de la atracción que suscitan sus poliédricos personajes... y por esa mágica manera de escribir que el Altísimo (¡o quien coño haya por ahí arriba!) le ha concedido a James Ellroy.

Recuerdo que con motivo de la presentación mundial de “Sangre vagabunda”, Ellroy concedió algunas entrevistas en las que hizo gala de su prepotencia. Llegando a afirmar que este libro es una puta obra maestra de la literatura. Vale que el tío es un gilipollas de tomo y lomo y que su pose de perdonavidas resulta inaguantable, pero como he dicho antes, escribe como los ángeles y “Sangre vagabunda” es un pasote. Imprescindible.

El barro reposa, pero la sangre es vagabunda;
y el aliento es un bien que no perdura.
Levanta, muchacho; tiempo habrá de dormir
cuando el viaje finalmente concluya.
[A. E. Housman]
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