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viernes, 1 de marzo de 2013

El chanchullo

Warhol se inspiró después de un viaje relámpago por la piel de toro. El tío lo vio claro. Y aunque haya llovido desde entonces, seguimos igual.

martes, 18 de noviembre de 2008

Gomorra


Con un impactante diseño de portada, el perfil de unos cuchillos en color rosa sobre un fondo negro -adaptación de un lienzo de la serie “Knives” de Andy Warhol-, se presenta ante nosotros el “viaje al imperio económico y al sueño de poder de la Camorra” realizado por el napolitano Roberto Saviano. Lo más impresionante de todo es que escribió este libro, su debut literario, cuando tan sólo contaba con 27 primaveras. Vaya, que decidió jugársela bien aun con toda una vida por delante.

Fruto de las conversaciones con vecinos y residentes en la Campania, algunos de los cuales son o han sido amigos suyos, además de un arduo trabajo de documentación y estudio de diferentes sumarios judiciales en casos abiertos por la fiscalía antimafia, Saviano ha sido capaz de denunciar la realidad de una sociedad secuestrada por las bandas organizadas de delincuentes. O mejor dicho, por la actividad delictiva en sí misma ya que detrás de todo lo que da dinero al sur de Italia están los clanes de la Camorra. Y a ese sistema te adhieres o mueres. O huyes, como bien sabe él.

Es así como nos va desgranando los diferentes negocios que hacen fuertes a los camorristas: el tráfico de drogas, el de armas, la extorsión a empresarios y políticos, el mercado de las falsificaciones y el de la alta costura “made in Italy”, las franquicias, la construcción, la captación fraudulenta de ayudas europeas, el juego y la prostitución... Y por encima de todo, para mi sorpresa, los enjuegues derivados del arte de hacer desaparecer residuos industriales de grandes empresas del norte de Italia. Resalto este último ya que, según parece, es el causante de que los clanes de Casal di Principe, hayan amenazado de muerte al escritor. Anunciando a bombo y platillo que no llegará a Navidades con vida. 

Lo cierto es que Saviano no se corta un pelo y en el libro ofrece con todo lujo de detalles los nombres y apellidos de los camorristas, así como las localizaciones en las que desarrollan su actividad delictiva. Cuenta lo que ha visto y vivido, lo que le han contado fuentes directas, lo que ha leído y ha descubierto, y lo hace sin ambages, con rabia, revelándose contra ese sistema que atemoriza a las gentes de Nápoles y alrededores. Su propia gente. No es casual pues que una de las consecuencias del éxito de esta novela haya sido que los clanes  pusieran precio a su calva.

Por si os da pereza leer, desde el pasado viernes está en nuestros cines la adaptación que de la novela ha realizado Matteo Garrone. Para ello, el director romano ha metido las cámaras en los lugares originales en los que se desarrollan cinco de las historias recogidas por el libro. Hablo de los conflictivos barrios de Nápoles conocidos como “las casas azules”, “las casas de los pitufos”, “los barrios españoles”… También en los talleres clandestinos de Secondigliano, en el puerto de Nápoles o en la localidad de Casal di Principe, capital de los temidos Casalesi. Premiada durante la pasada edición del Festival de Cannes con el Gran Premio del Jurado, la película supone un acertado complemento a la novela. Descarnada y fría, refleja en imágenes la dureza con la que se desarrolla la vida de aquellos a los que le ha tocado ser actores, voluntarios o no, de esta dictadura de los clanes. Una existencia abocada al silencio y al cumplimiento de las estrictas reglas y códigos impuestos por la Camorra. Esto es tan cierto como que dos de los actores amateur con los que contó Garrone, fueron detenidos durante el transcurso del rodaje acusados de asociación mafiosa.

Con todo no recomiendo el visionado de “Gomorra” si antes no habéis leído el libro de Saviano. Podría pareceros caótica e imprecisa, cuando la historia dista mucho de serlo. Supongo que por limitaciones variadas, Garrone solo desarrolla unas cuantas historias, sin cruzarlas, sin la profundidad que requieren y alcanzan en las páginas libro. Tengo la sensación de que esa frialdad que mencionaba arriba, es autoimpuesta. El director pretende reflejar, descarnadamente, pasajes de la vida de una serie de personajes reales inmersos en el universo de la Camorra y poco más. Y sinceramente creo que lo consigue. Si bien, entiendo que la película solo funciona como complemento al libro. Tal vez no se entienda todo sin haberlo leído antes.

El caso es que, a día de hoy, Roberto Saviano ha de moverse por el mundo rodeado por seis escoltas. No pudiendo permanecer más de tres días en el mismo sitio, cuestión que le ha llevado a tener que abandonar su tierra. Independientemente de lo que le depare un futuro incierto, suponemos que a este valiente napolitano, siempre le quedará el orgullo de lanzar al aire el grito con el que cierra “Gomorra”: 
“¡Malditos bastardos, todavía estoy vivo!”

Ya para acabar citaré unas líneas que se recogen en la página 233 del libro:
“El cemento. Petróleo del sur. Todo nace en el cemento. No existe imperio económico nacido en el sur de Italia que no pase por la construcción: licitaciones, contratas, obras, cemento, grava, mortero, ladrillos, andamios, obreros... Este es el instrumental del empresario italiano. El empresario italiano que no tenga la base de su imperio en el cemento no tiene esperanza alguna.”

Y a mí que todo esto me suena tanto...

viernes, 18 de julio de 2008

Gótico Americano


No sé explicar bien porqué, pero esta pintura es una de las que mayor impresión me han causado desde siempre. Y eso que no he tenido el placer de verla de cerca, que ya me gustaría a mí. Una vez estuve a punto, de paso por Chicago en un viaje por la Costa Este, pero por algún motivo decidí no visitar ese The Art Institute en cuyas paredes cuelga. A ver si hay suerte y alguna obra social nos la trae en una de esas exposiciones itinerantes que montan para pagar menos impuestos. Necesito confrontarme a la imagen de estos dos personajes alargados, de mirada fría y gesto adusto, dispuestos en un cercanísimo primer plano recortado sobre un fondo de carácter rural, que no sólo impresiona sino que hiere. Como esos videos que circulan por Internet y que son capaces de focalizar nuestro interés a pesar de que aquello que muestran no es para nada agradable.

Seguro que a la mayoría os suena el cuadro, emblema de las artes norteamericanas y, según dicen, la obra pictórica más reconocida y reconocible por el americano medio. Y es que la representación de ese personaje masculino horquilla en mano, es un icono americano al nivel de la madre de Whistler, las latas de sopa de Warhol o el pavo de Acción de Gracias de Rockwell. Y no solo en su forma original, sino también a través de las innumerables versiones paródicas que, con diferente intención, se han realizado de ella. Disfrazando a los personajes como un par de terroristas, de borrachines, de modernos, de atletas, de votantes de tal o cual partido, de los Reagan, de los Nixon, de los Clinton u otras caras de la actualidad.

La tela fue pintada en 1930 por Grant Wood (1891-1942), artista conocido por sus cuadros de paisajes y caracteres propios del medio rural norteamericano. Siendo junto a John Steuart Curry y Thomas Hart Benton, los tres principales exponentes de un movimiento conocido como regionalismo -nada que ver con González Lizondo y su Unió Valenciana-. Wood pintó “Gótico Americano” en su ciudad de adopción, Cedar Rapids en el estado de Iowa, mostrándola al público sólo en una ocasión antes de venderla por una cifra cercana a los 300 dólares de la época. El título de la obra se debe a la tendencia arquitectónica de idéntico nombre que dejaría su impronta en el medio rural. De hecho, se aprecian varios elementos característicos de ese gótico americano en el ventanal apuntado de la casa representada al fondo y en las columnas del porche.

A diferencia de lo que alguna gente piensa, Grant Wood no era un paleto. Había estado cuatro veces en Europa, enseñó en varias universidades y estudió arte en París, Alemania e Italia. Fue un pintor excepcionalmente talentoso, aunque no lo desarrolló por demasiado tiempo, realizando casi todas sus obras entre 1930 y 1935. Y es que al hombre no le daba la vida cumpliendo labores de carpintero, tallista, decorador de interiores, creador de lámparas y objetos varios, diseñador de collares y vidrieras, manufacturas de metal… De hecho, su variada producción artística le hace ser considerado como uno de los principales exponentes del American Arts and Crafts.

En este sentido, la pintura fue gestada tras volver de uno de sus viajes por Europa. De Múnich concretamente, donde pasó temporadas en su primera época como pintor ya que, ciertos trabajos consistían en el diseño de murales y vidrieras para grandes ventanales que eran fabricados en aquella ciudad. Allí se impregnaría del movimiento artístico local formado por el grupo de Otto Dix, Max Beckmann, Christian Schad y George Grosz, conocidos como la Nueva Objetividad. También de la arquitectura de las catedrales y las pinturas góticas y renacentistas que pudo contemplar en los museos. De hecho y según el propio Wood, Alemania le influyó poderosamente en la creación de este cuadro.

Al parecer, en uno de sus habituales paseos Wood se topó con el edificio de madera que figura en el cuadro. Sorprendiéndole vivamente y tomando unos apuntes de él. Ya en su estudio, pensó en colocar a dos personas, hombre y mujer, con ropajes de la época. La labor de encontrar a quién quisiera posar fue complicada. Al final fueron la hermana menor de Wood y su dentista, quienes se animaron a quedar retratados con la promesa de no ser reconocibles. A la vista está...

Al dentista le vistió como a un auténtico granjero y a la mujer le colocó el mismo camafeo que lucía su madre en un retrato anterior titulado “Woman with plants”. Sin embargo, al observar la escena nos asaltan algunas dudas ya planteadas por la crítica de arte: ¿La mujer representa a la esposa del granjero, o es la famosa hija del granjero protagonista de innumerables chascarrillos? ¿Es una representación satírica o laudatoria? ¿Están sus personajes en el paraíso, donde todavía rigen las pioneras verdades del protestantismo o en un vecindario rural no muy lejos del Infierno? ¿Es una defensa de los valores perdidos? ¿Propugna una vuelta a la Arcadia feliz? Nunca lo sabremos al cien por cien. Lo que parece claro es que “Gótico Americano” está dotado de un fuerte contenido psicológico. Reflejo de ciertos valores cristianos fundamentales, como la sobria rectitud rural y el corroyente temor al sexo que “engrandecieron” a unos EEUU blancos y protestantes. Los peligros del acto sucio pueden no estar descritos, pero están presentes. Lo pecaminoso es sugerido por el mechón de pelo que se desliza por el cuello de la mujer para susurrarle en el oído, como una serpiente bíblica, o también por el pararrayos representado encima de la casa, de carácter eminentemente fálico. Y por supuesto por la horquilla de tres puntas, cual tridente de Satanás.

La calculada disposición de los elementos no es azarosa. Nada está fuera de lugar. Tampoco el metal brillante de la horquilla que se repite hasta tres veces, a la izquierda, por la distante aguja, el arco apuntado de la ventana y el afilado tejado a la derecha. Además rima con las costuras del mono del hombre. Y esta es otra de las cosas extraordinarias que impresionan de “Gótico americano”. Obra referencial en todos los sentidos.
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