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viernes, 4 de marzo de 2011

El sueño del celta


Precisamente ahora, en que otra absurda polémica se cierne sobre la figura del último premio Nobel de literatura, un servidor va a colgar una entradita sobre él. ¡Porque yo lo valgo! Pero si escribo sobre Mario Vargas Llosa no es por mero capricho, sino para dejar constancia de que su última novela, “El sueño del celta”, es una obra apasionante que me ha gustado un huevo y por lo tanto os recomiendo. 

El celta de quien habla la novela es Roger Casement, diplomático irlandés al servicio del Imperio Británico que, a comienzos del Siglo XX, se haría famoso al denunciar en sendos informes los horrores del colonialismo en el Congo y en la Amazonía peruana. Reconozco que no conocía a este fascinante personaje, un héroe para algunos y un traidor para otros, incluso para aquellos que le concedieron los mayores galardones por su trabajo. Porque Casement fue además una de las figuras más relevantes del nacionalismo irlandés y como tal, fue ajusticiado en Londres en 1916, tras los primeros alzamientos en Irlanda, acusado de alta traición. 

Al igual que hiciera en "La fiesta del chivo" (2000), el novelista peruano parte de hechos históricos bien documentados. Se trata en este caso de las crónicas de Roger Casement a quien acompañamos en su periplo vital a caballo entre África, Sudamérica y como no Irlanda. De como las circunstancias le llevaron a embarcarse desde Liverpool hasta El Congo Belga cuando apenas contaba con 19 años, trabajando a las órdenes de Leopoldo II. O como más adelante, en 1910, sería enviado al Perú como comisionado por la Foreign Office para investigar las denuncias recibidas contra la compañía cauchera peruana, de capital británico, Peruvian Rubber Company

Vargas Llosa se basa fundamentalmente en los diarios de Casement y en sus demoledores informes anticoloniales, además de otras muchas fuentes de la época, para estructurar una novela que divide entre capítulos pares e impares. Los impares recorren minuciosamente los tres meses anteriores a la pena de muerte de Casement y se centran sobretodo en sus reflexiones más personales, en sus anhelos y también en sus vicios más ocultos. Por contra los pares recorren las 2 expediciones de Casement en El Congo y en la Amazonía, sus investigaciones sobre la salvaje explotación del Congo por el gobierno Belga y sus compañías mercantiles, y la terrible explotación de los indígenas de la selva amazónica por las compañías caucheras; así como la participación de Casement en la insurrección independentista irlandesa de 1916.

Lo dicho, muy bueno.

viernes, 8 de octubre de 2010

Extrañas reacciones al Nobel

Como diría uno que yo me sé: ¿Qué tendrán que ver los cojones para comer trigo? O sea, que el día después de que se haya dado a conocer que Mario Vargas Llosa es el Premio Nobel de Literatura 2010, a algunos no se les ocurre otra cosa que discutir sobre “el sentido estalinista de la Cultura” y su “pírrica afición por la Literatura”. Y es que claro, Vargas Llosa por encima de buen escritor es un buen liberal… 

Alfonso Ussía lo resume en su última columna (¿diaria? ¿semanal? ¿mensual?...) para el periódico La Sinrazón: “El fascismo terminó, se diluyó por sí mismo, y cada uno voló hacia el nido que más le aconsejaba su sosiego. El comunismo, esa contradicción de la libertad, aún permanece, censura, sesga y prohíbe en todos los espacios del arte, la cultura y el periodismo. El gran Antonio Mingote lo resume en un brillante epigrama: Larga de elogios la lista/ que han dedicado a Pascual./ ¿Era acaso un gran artista?/ Era sólo comunista,/ que es igual”. Es cierto que el señor Ussía -al que no puedo evitar imaginarme con un Partagas en la boca y un copaso de Terry en la mano- no hace referencia expresa al escritor peruano y que la columna está fechada el mismo día en que se pronunció el jurado de los Nobel, pero da igual, ¿acaso hay dudas sobre de que pie cojea el veterano periodista madrileño?

Más aún cuando en el editorial de hoy del diario para el cual trabaja, aparece tamaña parida: Es muy probable que si Vargas Llosa no hubiera apostado tempranamente por la democracia y las libertades en Iberoamérica, frente al marxismo que impregnaba  casi toda la casta intelectual, hace años que habría sido galardonado con el Nobel. Sin embargo, fue de los poquísimos escritores y ensayistas que desde finales de los años 60 se alzó contra la tiranía castrista, que gozaba de los ditirambos de destacados mandarines intelectuales, y se arriesgó al estigma y la marginación de los poderosos que le tachaban de enemigo derechista y liberal, a pesar de que siempre estuvo en primera línea contra los espadones golpistas y dictadores de todo pelaje”. Y después de que su amigo Federico (Jiménez Losantos) haya argumentado en ese mismo sentido en los micrófonos de la radio que ahora le cobija.

Pero es que encima, la afirmación de que los Nobel premian a los rojos y sólo extraordinariamente a los azules, es más falsa que la falsa monea. Como muestra podemos fijarnos en los cinco escritores españoles que han recibido, hasta ahora, el Nobel de literatura.  Dejando al margen a los andaluces Juan Ramón Jiménez y Vicente Aleixandre, premiados en las ediciones de 1956 y 1977 respectivamente, los otros tres son más bien conservadores. El primero de ellos, José de Echegaray (premiado en 1904), cuya vida y aficiones deja pocas dudas respecto a su ideario. Nunca renegó de sus ideas políticas y económicas liberales que le llevaron a participar en la Sociedad Libre de Economía Política en defensa de las ideas librecambistas. También fue Director General de Obras Públicas, Ministro de Fomento y Ministro de Hacienda, desde donde se le daría al Banco de España el carácter de banco nacional con el monopolio de emisión de billetes. Por lo tanto se puede acusar a Echegaray de liberal y de republicano, además de ser el “más grande matemático español del siglo XIX”, pero no parece que fuera un comunista ni nada que se le parezca. Por no hablar de don Jacinto Benavente, Premio Nobel de literatura en 1922, cuya presencia en la Plaza de Oriente de Madrid en la gran manifestación pro-franquista de 1947, le convirtió en la niña bonita de las letras para el régimen. Bien es cierto que "nuestro ilustre comediógrafo", "nuestro preclaro autor teatral" o "nuestro gran Premio Nobel, Don Jacinto Benavente" tuvo un periodo inicial en el cual estuvo muy mal visto por el franquismo. Al parecer, porque durante la Guerra Civil permaneció en Madrid y luego en Valencia, donde las autoridades del Gobierno del Frente Popular le homenajearon repetidamente. Eso por no hablar de su manifiesta homosexualidad, algo que no debía de hacer mucha gracia a los jerifaltes de la dictadura. Con todo, una vez terminada la guerra, se apresuró a declarar en no pocas ocasiones que sus tomas de posición le habían sido impuestas por los rojos bajo amenaza de muerte.
¿Y que decir del gallego Camilo José Cela, premio Nobel en 1989? ¡Que este tío fue delator de opositores al régimen franquista y censor! Y vale que el tipo escribiera obras extraordinarias como “La familia de Pascual Duarte” o “La colmena”, pero muchos aún recordamos como alardeaba de facherío en sus artículos, columnas y/o intervenciones radiofónicas.
Así que, incluso incluyendo a Vargas Llosa entre el elenco de Premios Nobel españoles -por aquello de la doble nacionalidad del peruano-, nos salen cuatro derechistas frente a dos izquierdistas… aunque eso no lo dicen los chicos de Ansón.

No quiero alargarme más en este tema, pero si nos salimos del ámbito de “lo nacional” tampoco nos salen las cuentas. Así, a bote pronto, me vienen a la cabeza los nombres de algunos galardonados cuyas posiciones ideológicas distan mucho de ese “comunismo trasnochado  y chequista” que tanto “pone” a personajes como Jiménez Losantos. For example, Sir Winston Churchill, galardonado en 1953, que se declaraba a si mismo como “anti-socialista y constitucionalista”, por no hablar del Premio Nobel noruego Knut Hamsun (1920), colaboracionista activo con los nazis…

En fin, que me reitero en lo dicho ayer, enhorabuena a Mario Vargas Llosa, un dignísimo ganador del Premio Nobel de LITERATURA. 
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PD. La viñeta es de Ricardo y aparece en El Mundo de hoy. A veces una viñeta vale más que mil palabras. 

jueves, 7 de octubre de 2010

Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura 2010

En el día de hoy se ha hecho público el nombre del ganador del Premio Nobel de Literatura 2010 y tal honor ha recaído en el escritor hispano-peruano Mario Vargas Llosa. Sin parecerme mal la elección de este eterno aspirante al premio, me debato entre la alegría que supone el que por fin se reconozca a un escritor con mayúsculas y la tristeza de que ello conlleve que el gran Cormac McCarthy, mi autor favorito de unos años para aquí, se quede nuevamente sin premio.

Lo que nadie podrá decir es que la elección de Vargas Llosa es caprichosa, ni que obedece a cuestiones extra-literarias, como sí se ha insinuado respecto a algunas de las últimas realizadas por la Academia sueca (Le Clézio, Hertha Muller…) en las que, como me comentaba un amigo, parecía que en lugar de premiar a un escritor se premiaba a una minoría étnica o a un idioma... De hecho, me asusté bastante cuando unos días atrás leí que todo apuntaba a que el ganador de la presente edición de los Nobel sería un tal Ngugi Wa Thiong'o, keniata para más señas, seguramente un gran literato pero al que tan sólo conocen en su casa.

Yo de Vargas Llosa me he leído un par novelas de las que creo no haber hablado en este espacio. La primera fue “La ciudad y los perros”, allá por el pleistoceno medio, de la que guardo un recuerdo bastante difuso. Publicada en el año 1962, la obra nos sumerge en el interior de un colegio militar de Lima, donde los internos reciben formación escolar y disciplina militar. En ella se narran las diferentes historias, algunas ciertamente duras, de unos chavales que aprenden a convivir subyugados por una forma de vida militar, en la que se les somete y humilla. Lo interesante es ver como Vargas Llosa critica esa cultura castrense -que debió de padecer en sus carnes, ya que su padre le internó en una escuela militar a los 14 años-  en donde se potencian valores como la agresividad, la hombría, el machismo y que, a la fin y a la postre, mutilan el desarrollo personal de los muchachos. La segunda novela que me leí del Nobel peruano es “La fiesta del Chivo” (2000). De esta no hace tanto, por lo que aun recuerdo vivamente lo mucho que disfruté con ella. Aquí Vargas elabora un interesantísimo retrato sobre el asesinato del dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo y de las secuelas que ocasionó el magnicidio.

Asiduo colaborador del diario El País y de la revista cultural Letras Libres, Vargas Llosa ha destacado también como articulista y ensayista, tanto en el ámbito político como en el literario. Antes de este premio, el escritor peruano había recibido diversos galardones internacionales, entre los que destacan el Premio Internacional de Literatura Rómulo Gallegos 1967, el Premio Príncipe de Asturias de las Letras 1986, Premio Cervantes 1994 y el Premio Ortega y Gasset de Periodismo 1999. Además, había sido investido doctor honoris causa por las universidades de Oxford, Yale y Harvard, entre otras. Actualmente imparte clases de literatura en la prestigiosa Universidad de Princeton y desde 1994 es miembro de la Real Academia de la Lengua Española.

Mi más sentida enhorabuena.
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