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martes, 20 de abril de 2010

Vampiros de chichinabo

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Dentro de la variadísima oferta cinematográfica que Lufthansa ofrecía a los pasajeros del vuelo Nueva York – Dusseldorf, se encontraba el film “Luna nueva”, segunda parte de la saga de vampiritos de pasarela diseñada por Stephanie Meyer. Creada en el año 2005, la serie cuenta hasta el momento con cinco novelas y dos películas que adaptan a los dos primeras. Para desgracia de todos los amantes al cine, la literatura y al buen gusto en general, las productoras amenazan con llevar a la gran pantalla el resto. Bien. Pues que sepáis que el Sulo se la tragó enterita. ¡Lo que hace la desesperación! Y no es la primera vez que le pasa. Ya antes, creo recordar que fue en un viaje en tren desde Valencia hasta Madrid, también se deleitó con la primera parte titulada “Crepúsculo” y que es la que da nombre a la saga.

Así que, con la autoridad que me confiere el ser un conocedor de la obra crepuscular, lanzo al aire una serie de cuestiones, para ver si alguien me las sabe responder. ¿Qué atractivo le encuentra la peña a estas películas – libros? ¿Es sólo porque el Robert Pattinson ese está cañón? ¿Realmente les emociona el rollo que se llevan el Edward y la Bella esa? ¡Coño, si son un par de cagapenas! ¿Pero qué carajo les pasa a los adolescentes de hoy en día? Y es que no entiendo como esta mierda de historia tiene a tantísima gente enganchada.

Vayamos por partes. El Crepúsculo este va de una imbécil con angustia existencial, que se muda al poblacho más aburrido del mundo y en el cual no para de llover. Que digo yo, que llevando una vida tan gris y atormentada como la de esta chica, pues ni tan mal ¿no? El lugar perfecto para vivir. El paraíso de cualquier Emo. Pero no, la cosa se torna más complicada. Porque “su vida dará un giro excitante y aterrador una vez se encuentre con el misterioso y seductor Edward Cullen”. ¡Los cojones! ¡Que vuelco ni que niño muerto! El Edward este es otro cagapenas como ella, pero con colmillitos. Por eso la Bella esta quiere mogollón al Edward, hasta el punto de pretender convertirse en vampiro para pasar la eternidad con su amado… ohhhhhhh!!! ¡Es todo tan hermoso!... que diría la Leti. Pero de giro excitante y aterrador nada de nada. La tipa sigue siendo un muermo del patín, que se pasa los días llorando y amargándole la existencia a todo el que le rodea, incluido su noviete, el vampiro güeno que no jala humanos… que eso está muy mal, que eso es caca. Un chupasangres de mierda, con una familia de mierda y con unos clanes enemigos de mierda, que dan menos miedo que el panadero de Barrio Sésamo (Sí, lo reconozco, siempre tuve la sensación de que Chema escondía algo muy turbio).

Como veis la historia es más simple que el mecanismo de un chupete. Un romance adolescente entre dos personas que se quieren pero buscan miles de excusas para alejarse el uno del otro y así alargar el desenlace que, como todo el mundo sabe, acabará con los dos bien juntitos y muy felices. En este sentido, son especialmente ridículas las  justificaciones que dan pie a la separación de los dos tortolitos durante “Luna nueva”. La causa es la afición de Edward a la sangre, algo bastante comprensible teniendo en cuenta su naturaleza. Por eso y por su negativa en consentir que Bella acabe convirtiéndose en uno de ellos… “nuestro amor no es posible Bella… no quiero que pases por lo que yo… por eso me alejo de ti… te querré siempre aunque no pueda estar contigo… no me busques”.  Buah!!! Qué profundidá!!! Pero ya está. La peli no tiene nada más. Esa es la premisa y después… la nada… el infinitoooooooooooo. Ni un puto giro que propicie el que nos interesemos mínimamente. Al menos para una mente más o menos desarrollada, porque a las hordas de adolescentes parece que les atrae. Y no sólo eso, sino que les conmueve…ohhh!!!... que palabra más bonita. Será que nos hacemos mayores, porque después de ver las dos pelis lo único que siento yo es rabia y dolor… me duele el tiempo invertido y me da rabia que nadie coja a esos dos pre-mentales que protagonizan el film y los estrangule. A poder ser con cámaras por medio, o mejor aún, en plena premier. Eso sí que me conmovería. Fin de la saga y a tomar por culo.

Ya termino. A mi me parece muy bien que “elseñoralergicoalasvaginas” esté bueno de pelotas y que eso excite al personal pre-adolescente que se agolpa en las salas de cine. Pero por Dios, que alguien le asesore cuando se trate de estar frente a una cámara. Que no se puede mantener ese rictus marmóreo en todas las escenas. Esto es cine, consiste en interpretar, no en quedarse parado en medio de un decorado sin mover ni una puñetera ceja. Coño, ¡que parece una estatua del Partenón! ¡Ya tenemos al nuevo Richard Gere!

En fin, que si alguien es capaz de desvelarme donde esta la gracia de Crepúsculo, por favor que me lo explique. Lo agradecería mucho. O igual es que soy un insensible y por eso nunca llegaré a comprender "la poesía que encierra esta historia de amor".

PD. No he dicho nada del otro “amigo” de Bella, el licántropo, que viene a ser un hombre lobo de los de toa la vía pero con pretensiones. Que si yo fuera esta señorita me lo haría mirar. Para dos tipos que conoce, uno es un vampiro y el otro un hombre lobo… ¡hay que ser cenizo!

miércoles, 22 de abril de 2009

Déjame entrar


Seguramente habréis visto la imagen en diferentes lugares: El joven actor Kare Hedebrant cuchillo en mano, en una perturbadora escena de la película “Déjame Entrar”. La verdad es que el cartelito promocional, que pende de cientos de mamparas de la EMT, ha surtido efecto. Las salas valencianas se llenaron durante el pasado fin de semana para ver el estreno de la aplaudida cinta sueca de vampiros, dirigida por Tomas Alfredson. Y es que está muy bien elegido, reconozcámoslo. Porque si hay un adjetivo que defina esta revisión del género en clave amable es precisamente ese, perturbador.

Muy alabada por crítica y público, el film viene precedido de los premios logrados en más de veinticinco festivales, entre ellos Sitges, donde se ganó una sonora ovación. Como ya he dicho la historia es de vampiros, pero no sólo eso y ni siquiera principalmente. El protagonista es un chaval tímido que vive en un suburbio de Estocolmo. Su vida transcurre en absoluta soledad, sin amigos, con una madre que está siempre trabando y un padre ausente. Eso hasta que se hace amigo de una misteriosa vecina de su edad, cuya llegada al bloque de viviendas coincide con una serie de misteriosas muertes.

Dos grandes aciertos de la película son, por un lado, el deprimente telón de fondo: Estocolmo a principio de los ochenta, predominado por un ambiente color gris plomizo, con un paisaje absolutamente nevado e inmerso en un silencio absoluto. Además de las duras condiciones sociales, el acoso escolar y la violencia gratuita… Por otro parte el ritmo pausado que el director le ha imprimido a la película, complementado con una banda sonora de corte clásico.

De todas formas, una advertencia para aquellos que la vayáis a ver: No es esta una película de terror al uso, como podría deducirse tanto del cartel como del tráiler promocional. Como he mencionado más arriba hay vampiros y sangre, pero no es lo más importante. Creo que Alfredson -basándose en la novela de John Ajvide Lindqvist- ha dibujado una historia de outsiders luchando contra un mundo que no les comprende. También nos habla de la amistad, del sufrimiento y hasta de amor romántico. Precisamente es la difícil amistad entre los protagonistas, que ha de pasar por encima del lógico temor y la desconfianza, lo que salva a ambos. Regalándonos un bonito y esperanzador final.

Trabajo interesante y sobre todo, muy diferente a lo que nos suele deparar este género plagado de depredadores nocturnos.

lunes, 16 de junio de 2008

30 días de noche y oscuridad

"Barrow, Alaska, del 10 de mayo al 2 de agosto el sol nunca se pone. Y del 18 de noviembre al 17 de diciembre no sale nunca."

Así comienza “30 días de noche”, novela gráfica escrita por Steven Niles y dibujada por Ben Templesmith, publicada por la editorial IDW Publishing en el año 2002. Cuenta la historia de una pequeña localidad próxima al círculo glacial ártico, que todos los años padece un mes de oscuridad absoluta. Además goza de un clima extremo que la convierte en un destino turístico poco recomendable. Si bien, no todos ven en ello una circunstancia desfavorable. Habiendo para quienes, un pueblito aislado por el frío, la nieve y sumido en la más absoluta oscuridad durante treinta días, puede convertirse en un auténtico paraíso. Los vampiros, por ejemplo.

Con esta premisa los historietistas mencionados construyen un interesante álbum en el que el Sheriff Olemaun y un grupo de supervivientes deben ocultarse de la horda de vampiros que allí se dan cita, en busca de comida fácil. Mantenerse con vida hasta que vuelva a salir el sol unas semanas después. Con todo, más que la historia en sí, “30 días de noche” destaca por su impactante dibujo. A través de viñetas oscuras y con tintes expresionistas, en las que sobresalta el rojo vivo de una sangre muy presente a lo largo de la historia.


Con esta base, el director David Slade -quien debutara en 2005 con la interesante “Hard Candy”- ha ejecutado una interesante adaptación cinematográfica. Recreando fielmente los ambientes dibujados por Templesmith, sintetizando la historia de Niles de forma razonable y añadiéndole algunos aspectos que la convierten en un producto más atractivo al espectador. Consiguiendo, en definitiva, una entretenida película de terror. Además “30 días de oscuridad” da’ movie contiene una muy interesante fotografía oscura. Bellísima en las puestas de sol del comienzo y del final. Vaya, que pasando por encima de un Josh Harnett que siempre actúa de pena, la cinta no está nada mal. Y Danny Huston está perfecto en su vampírica interpretación.

Quizás lo único positivo de las malas críticas recibidas y de la tibia aceptación por parte del público, es que así esquivamos la tentación de adaptar la segunda y tercera parte del cómic. Dos libros que bajo el título de “Días Oscuros” y “Regreso a Barrow”, no hacen sino empañar el buen sabor de boca que queda tras la lectura de la primera parte. 
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